jueves, 5 de mayo de 2011

TODA UNA VIDA

Con toda probabilidad el jugador del Schalke 04 en la actualidad y ex capitán del Real Madrid durante más de tres lustros jugó ayer su último partido de Copa de Europa

Antonio Blanca

Miércoles 4 de mayo de 2011. Esa fecha, el día de ayer tiene visos de quedar marcada en la historia del fútbol, en el currículo del mejor futbolista español de todos los tiempo, Raúl González Blanco. El eterno capitán merengue ahora en las filas de un humilde equipo germano cayó apeado de la Champions League por un Manchester United sublime, que barrió tanto en la ida como en la vuelta a Raúl y sus compañeros. El propio ‘7’ añil lo recalcó, hay una diferencia de nivel colosal.

Lo grande de esta temporada ha sido que contra pronóstico, haciendo añicos las casas de apuestas, el Schalke 04 haya firmado la mejor temporada de su historia en la “Orejona”, eliminando al Valencia y al Inter de Milán, y cayendo dignamente, 0-2 y 4-1 contra el United de Ferguson, que se encontrará en Wembley al Barcelona para revivir una posible “vendetta” de la final de Roma de 2009, aunque aquí dejo constancia y por motivos en los que no entraré hoy, el Barça va a ganar sí o sí esta edición de la Champions.

Se fue Raúl, siempre con el halo de esperanza que queda de volver a verle en una noche grande europea, pues hasta que un futbolista de su talla no cuelga las botas, siempre hay un resquicio que puede permitirnos volver a verle perforar redes. Pero, por su comportamiento durante todo el choque, sí que dio la impresión de que hasta el propio Raúl conocía el punto y final de su carrera europea.

Desde luego, que mejor escenario que Old Trafford, el “teatro de los sueños”, nombre maravilloso para un estadio, para despedir al jugador con mejores estadísticas del fútbol europeo, por delante de talentos como Müller, Inzaghi, Van Nistelrooy, auténticos “killers” del área, devoradores del gol, a los que Raúl ha ido batiendo, dejando atrás, con profesionalidad, genialidad y goles, con actuaciones memorables en la competición más bonita del fútbol. Por eso digo que Old Trafford ha sido el mejor escenario para escribir el adiós. Un campo, una afición que sufrió en sus carnes al mejor Raúl, decir Old Trafford, Madrid y Raúl, es remontar la memoria al Miércoles Santo de 2000, cuando el Real conquistó la octava dicha temporada y ese día Raúl subió a los altares para dejar fuera al United en los cuartos de final, junto con Fernando Redondo.

Tras verse forzado a abandonar el pasado verano el club de sus amores (con una despedida vergonzosa tributada por la directiva madridista para quien ha sido y es todo un símbolo del Madrid), Raúl, lejos de buscar un retiro dorado, ha liderado la proeza del modesto Schalke, que por primera vez en su historia ha logrado colarse en unas semifinales de Copa de Europa con 5 tantos del ex capitán de la selección española.

A pesar de la contundente eliminación, el eterno jugador madrileño se ha despedido a lo grande del torneo en el que escribió páginas de oro, y que lo aupó al Olimpo de los grandes talentos del continente. Aunque Europa pierde a uno de sus grandes iconos, la leyenda del '7' seguirá viva por mucho tiempo en la retina de profesionales y aficionados del 'Viejo Continente'.

El '7' del Schalke, y el legendario capitán del Madrid, dice así adiós a la que sin duda ha sido su competición predilecta, de la que es además el máximo goleador con 73 tantos, desde que la Copa de Europa adoptara el nuevo formato 'Champions' en 1992 y en la que se ha proclamado tres veces campeón con el Real Madrid, marcando en dos de las tres finales. Europa echará de menos a Raúl, la historia por fortuna ha dejado constancia de su paso.

miércoles, 4 de mayo de 2011

'ARBITRAZO'

Daniel Iglesias

Real Madrid y Barcelona afrontaron el partido de vuelta de las semifinales de la Champions League desde diferentes perspectivas. Los madrileños evitaron todo comentario sobre cómo iba a jugar su equipo en el Camp Nou en las jornadas previas al “clásico” de ayer martes. Guardiola, por su parte, apostó por la posesión de balón y aseguró que la eliminatoria no estaba cerrada todavía, tesis contraria a lo defendido por Mourinho y Karanka.

Pero el partido arrancó con un guión novedoso ya que el entrenador portugués dispuso en el once inicial a Kaka y Higuaín y tan sólo un mediocentro defensivo, por lo que trató de imponer el control de balón y el ataque para remontar la eliminatoria. El Barça colocó a Puyol en el lateral izquierdo y a Pedro en la delantera, desechando el control táctico que aporta Keita.

Los primeros minutos estuvieron protagonizados por el Real Madrid que ejercía una presión asfixiante sobre la salida de balón blaugrana y hacía circular la pelota con precisión y eficacia. Con los papeles cambiados, el Madrid jugaba al fútbol y el Barça contraatacaba con veloces ataques. Los primeros intentos del encuentro corrieron a cargo de Iniesta (con un disparo en el minuto 6) y Busquets (minuto 11).

El combinado madrileño aplicó velocidad e intensidad y consiguió ahogar el juego local. Ronaldo y Di María protagonizaron los intentos madridistas con balones a la espalda de la zaga catalana. Víctor Valdés se mantuvo muy atento para salir de su área y cortar los pases profundos, descartando el atisbo de gol tempranero del Madrid.

La lucha por la posesión del balón se convirtió en el argumento de la primera mitad y los equipos se olvidaron de las porterías. La batalla se libraba por recuperar y dominar la posesión para dejar pasar el tiempo (Barcelona) o combinar con velocidad para llegar a la portería rival (Real Madrid).

Sin embargo, a partir del minuto 30, el Barça consiguió desestabilizar el orden aprovechando un bajón físico de los merengues, y comenzó una tormenta de ocasiones que situaron a Casillas como el mejor de su equipo. Messi lo intentó con disparo desde la frontal, desde el área grande o asistiendo a Villa y Pedro, que enviaron sus intentos fuera. Los pupilos de Mourinho trataban de aguantar con el marcador a cero hasta el descanso y los blaugranas buscaron el gol de la tranquilidad en los últimos instantes del primer tiempo.

La segunda mitad arrancó con una jugada que pudo cambiar el partido y la eliminatoria. Ronaldo aprovechó un robo de balón en campo blaugrana para arrancar en solitario y ceder a Higuaín en el último instante. El argentino remató desde dentro del área y batió a Valdés. Pero De Bleeckere anuló el gol por una más que dudosa falta de Ronaldo a Mascherano, que se dejó caer al notar un contacto del portugués, si es que lo hubo (que venía trastabillado por una falta de Piqué). Era el minuto 47 de partido. El Madrid noqueado por el arbitraje y la sombra de la UEFA sobre los blancos y “Mou”.

Con los jugadores del Madrid en plena protesta ante la decisión arbitral Iniesta recibió el balón en el medio campo, recortó, y envió un pase a Pedro que le dejaba solo ante el marco madrileño. El canario culminó la gran contra del Barça y batió a Casillas con una brillante eficacia en el minuto 54.

Tras el gol y la polémica decisión del colegiado, los madridistas no dudaron en seguir peleando y fruto de esa brega llegó el tanto del empate. Xabi Alonso robó en campo blaugrana, Ronaldo cedió a Di María y el argentino envió su chut al poste, tras un gran regate sobre Alves. El extremo madridista recogió el rechace y cedió para que Marcelo hiciera el 1-1. El encuentro volvía a estar empatado diez minutos después. Sin embargo, el Madrid debía anotar dos goles más.

Karanka decidió dar entrada a Adebayor por Higuaín y a Özil por Kaka para tratar de acercar la remontada. Guardiola dio entrada a Keita por Villa para asegurar la pelea por el medio campo y volver a equilibrara a su equipo, que había cedido el balón al Madrid.

El último tramo del partido se desarrolló con el Barça tratando de asegurarse el control del balón para que el tiempo se consumiera y con el Madrid volcado en la presión, atacando con más corazón que claridad. Ronaldo lo intentó sin fortuna y los cambios no funcionaron.

El encuentro terminó con empate en el marcador y con la gran noticia de la vuelta a los terrenos de juego de Eric Abidal, que entró en sustitución de Puyol. El Barça vuelve a jugar la final de la Champions League dos años después con el árbitro belga ejerciendo de jugador número 12 y el Madrid de Mourinho dio la cara. El luso tendrá argumentos para avivar la polémica arbitral pero ya no tiene la oportunidad de conquistar ningún trofeo más. Buen partido de fútbol, sin apenas juego violento y un equipo español tendrá la posibilidad de dar otra Copa de Europa al palmarés de nuestro balompié.

martes, 3 de mayo de 2011

LA ÚLTIMA BATALLA

Carlos de Blas

El Camp Nou acoge este martes por la noche el último 'clásico' entre Barça y Real Madrid, sin duda el de más trascendencia por tener como premio un billete para la final de Liga de Campeones de Wembley, el próximo 28 de mayo, y en el que los blaugrana parten como favoritos dado el 0-2 de la ida.

Después de muchas ruedas de prensa y declaraciones en las que ambos bandos se han metido en una guerra que no debería haberse iniciado, llega la hora de la verdad, la hora en que el mejor fútbol se llevará el premio de poder luchar por la tan ansiada 'Orejona'.

La UEFA ha mediado entre ambos contrincantes y ha desestimado tanto el expediente del Real Madrid (que pretendía dejar al Barça en cuadro por sanción de hasta siete jugadores) como la reclamación del FC Barcelona, que pedía unas medidas contra José Mourinho que estudiarán, de todas formas, el próximo viernes.

Lejos de esta parte oscura del deporte rey, el Viejo Continente se prepara para una batalla futbolística que, por ser la última, se espera que sea la que presente un mayor abanico de juego ofensivo y ocasiones. El Madrid las necesita, para remontar el 0-2 de la ida, y el Barça, por filosofía, no sabe vivir sin ellas.

Así, el ya famoso trivote ideado por Mourinho (que, sancionado, verá el partido desde la grada) podría dar lugar a una modificación del mismo esquema pero más ofensiva. Sin Pepe ni Sergio Ramos, sancionados, ni el poderoso Khedira por lesión, el once blanco variará por obligación.

El seguro de Casillas es inamovible, la defensa apunta a Arbeloa y Marcelo en los laterales con la pareja Albiol y Carvalho (sancionado en la ida) en el centro. En la medular, Lass y Xabi Alonso combinarán con un Özil que sería el encargado de abastecer a una delantera imponente con Di María, Cristiano Ronaldo y Adebayor. Poderío físico, verticalidad y pegada en su máxima esencia para intentar la complicada remontada.

Por contra, el Barça afronta el partido con bastante bajas por lesión, y deberá volver a apostar por una defensa poco habitual para volver a dejar a cero el marcador blanco. Y es que el Real Madrid lleva tres visitas ligueras al Camp Nou sin 'mojar' (2-0, 1-0 y 5-0).

El conjunto azulgrana cuenta nueve victorias consecutivas en Europa como local, y de batir a los madridistas, instaurará un nuevo récord. Además, también contará con el aliciente de que si Leo Messi bate una vez más a Casillas, superará el récord de goles en una temporada en 'Champions' que ostenta el ex madridista Ruud Van Nistelrooy con 11 dianas.

Por ello, será titular acompañado por Pedro y Villa en punta. Andrés Iniesta, cuya participación depende del último entrenamiento previo, será titular si supera la prueba pero podría dejar su puesto a Keita o Thiago, en función de si prevalece el músculo a la creación, con ventaja para el africano, que dio solidez al medio en el Bernabéu. La línea más conflictiva será la defensa, que podría estar formada por Alves, Mascherano, Piqué y Puyol.

Son los últimos 90 minutos (salvo prórroga) de una eliminatoria que pese a no mostrar un gran juego ha tenido de todo. El Camp Nou será una olla a presión desde el inicio, con una pancarta que agradecerá al equipo lo hecho hasta el momento, y el ambiente que se respira en la capital catalana es el de las grandes citas. El nuevo Wembley, construido sobre los cimientos donde el Barça consiguió su primera Copa de Europa, espera a azulgranas o madridistas.

domingo, 1 de mayo de 2011

SESTEO ANTES DE LA ÚLTIMA TORMENTA

Pinchazos en liga de Real Madrid y Barcelona que dejaron malas imágenes ante Zaragoza y Real Sociedad respectivamente

Antonio Blanca

Tensión, nervios y desconcentración. Lo vivido el pasado miércoles en el Santiago Bernabéu han afectado más de la cuenta a los dos equipos que allí combatieron, porque más que un partido de fútbol, aquello pareció una batalla tanto en el plano físico como en el dialéctico. Real Madrid y Barcelona se juegan mucho en la Champions League, pero entre los dos duelos (posiblemente los más importantes de la temporada) el calendario tenía fijado un compromiso liguero que ambos no parecían ni contemplar. El partido del pasado miércoles no terminó en el minuto 90 ya que continuó en los despachos, por lo que desconectar del clásico europeo no está siendo fácil. Se presumía que el estado de ánimo iba a ser determinante y así ha sido.

Los blancos no levantan cabeza y cedieron su segundo triunfo en casa ante un necesitado Zaragoza, y el Barça, cuando tenía el camino despejado para sentenciar la Liga y los culés ya entonaban el “Campeones” en las gradas, sorprendió a todos al salir derrotado de Anoeta. El Madrid perdió la ocasión de meter más presión al líder y los de Guardiola tuvieron en su mano la posibilidad de abrir una brecha que hubiese sido de once puntos. Esa es la lectura del ‘lo que pudo ser y no fue’ que centró las conversaciones tras los dos encuentros de ayer. Todo sigue igual en la clasificación pero no en el ambiente que se respira en ambos vestuarios.

Esta vez Mourinho no culpó de la derrota de su equipo ni a los árbitros ni a la nube que pasaba por allí, y eso que no le pitaron un penalti y volvió a quedarse con diez. Asumió toda la responsabilidad y se calificó a sí mismo como el único culpable. “Hoy no he sido capaz de motivar lo suficiente a mis jugadores”, dijo el luso al término del encuentro. Reconoció su fallo, pero defendió el once y los cambios posteriores: “Había calidad más que suficiente para ganar. No ha sido cuestión de escoger jugadores".

El efecto ‘Copa del Rey’ le ha durado al Real Madrid una semana, exactamente el periodo de tiempo que transcurrió desde la alegría por la consecución de su primer título de la temporada al desastre de la ida de Champions. Lo que se vio en el Santiago Bernabéu el pasado miércoles fue un equipo con una sola idea: dejar de ser el Real Madrid para no dejar ser al Barça. Un planteamiento muy diferente, sin embargo, al once ofensivo que arrasó al Valencia en Mestalla y a esa mentalidad ganadora que sí consiguió doblegar al Barcelona en la final de Copa durante gran parte del duelo. Ese Madrid, el que sus seguidores y los aficionados al fútbol en generan anhelan, se desvaneció en cuestión de días.

Tras el 0-2 de la Champions, el Real Madrid parece muerto, abatido, pero psicológicamente hablando, porque portentos físicos tiene unos cuantos. La derrota le complicó (por no decir sentenció) la eliminatoria y el palo que ha supuesto para la plantilla se notó ayer sobre el césped del Bernabéu. Ni siquiera el plan B de Mourinho, el que pone en el campo a Granero, Kaká, Benzema e Higuaín, dio el resultado de otras ocasiones. Solo cuando fue consciente de que iba por detrás en el marcador por más de un gol de diferencia y que la derrota sería una realidad de no reaccionar a tiempo, el equipo blanco se puso a trabajar. Eso fue con Marcelo, Özil y Di María ya en el campo. Como dice Mou, lo que falló fue la concentración y la motivación.

El Barcelona también se llevó una lección. Así es como definió Guardiola la derrota de su equipo en rueda de prensa. Y es que a Pep le entraron sus típicos agobios. “Tengo la sensación de que pasaremos momentos malos durante el partido y será muy duro”. El cuadro azulgrana no solo se fue a casa con otra derrota en su impecable currículum, sino que también salió de San Sebastián con dos lesionados (Milito y el canterano Montoya).

De nuevo, es hora de volver a pensar en un Barça-Real Madrid. Será el último de los cuatro clásicos y aunque parezca que está hecho, Pep sabe muy bien eso de que un equipo herido es doblemente peligroso.

jueves, 28 de abril de 2011

MESSI Y STARK PONEN RUMBO A LONDRES

Brillante actuación del crack argentino en la ida de las semifinales de la Copa de Europa junto con una actuación perjudicial del colegiado alemán que acercan al Barcelona a la final

Antonio Blanca

Lo mejor del partido afortunada o desgraciadamente fue la posterior rueda de prensa de Mourinho. Genial, en estado puto, soltando verdades como puños. Estoy de acuerdo en casi todo lo que dijo. Casualidades de la vida o no, al Barça los colegiados, esa grey que viste de funesto negro, presagio de sus actuaciones, tanto en Liga española como en Europa le benefician. No digo con ello que lo que han logrado sea por los árbitros, faltaría más, pero sí que cuando peor lo pasan (véase segundo tiempo mejores momentos del equipo blanco), aparecen para echar una mano clara, que no “manita”. No es lo mismo jugar contra once que contra diez. Y en eso el Barcelona frente al Madrid ya está tomando experiencia, puesto que incluso en la final de la Copa del Rey, los merengues han terminado todos sus partidos con un hombre menos.

Se quejaba Guardiola, antes de la designación oficial por parte de la UEFA del colegiado para ayer, Proença, portugués, que por declaraciones o no del míster culé no pitó. Sí lo hizo Wolfang Stark, alemán y declarado admirador de Leo Messi. ¿Quién no admira a este talento? Pero un juez ha de ser imparcial, y pedirle la camiseta a un jugador al que has arbitrado me resulta poco objetivo. A lo mejor tengo un rasero excesivo, como lo tuvo Stark con Pepe, al que mostró una roja rigurosísima que volteó la eliminatoria. Salvo milagro, que no se producirá en el Camp Nou, el Barça irá a Londres, 19 años después para casi al cien por cien erigirse en campeón de Europa.

Buen primer tiempo del Barcelona ayer en el Bernabéu. Segundo tiempo calmado a raíz de esa decisión favorable a sus intereses, la expulsión de Pepe, el castigador del ataque culé. El hombre que él solo desbarataba cualquier intento de ofensiva catalana. Stark lo echó, de paso adquirió aún más fama mandando a “Mou” a la grada. Con Pepe fuera de combate, el Madrid no tiró de arrebato, de noche europea de sabor loco, al contrario se desquició, como Ronaldo (jugó el peor partido de blanco). Aspavientos, desbarajustes, poca solidaridad, desorden… un guirigay que aprovechó Afellay para darle a Messi el primero. El segundo se lo fabricó el argentino solito aprovechando el pasillo de la defensa Real. El balón se lo quedó Puyol, la camiseta de Messi, tal vez Stark. Así la objetividad en el ejercicio de su profesión desde luego no puede ser tomada en consideración cuando se tiene tal grado de idolatría hacia una parte.

0-2 definitivo. Londres a noventa minutos. Un partido y una eliminatoria que como la de octavos de final de los años sesenta se recordará por el duro y mal arbitraje que sufrió el Madrid y que llevó al Barcelona a disputar la final de la Copa de Europa. Ahí queda eso.