martes, 10 de julio de 2018

UN SELECCIONADOR POLÉMICO

Jaime Trevijano

El técnico asturiano, tras un año sabático, sustituye a Fernando Hierro tras la gran decepción que supuso la eliminación de España en el Mundial de Rusia 2018. El técnico, según anunció el presidente Rubiales, no tendrá cláusula de rescisión.

"Ha tenido ofertas tremendamente importantes, económicamente era imposible que nosotros llegáramos a sus números. Ha puesto mucho de su parte porque si no hubiese sido imposible. Quería ser seleccionador y liderar estos dos próximos años. Esperemos que lo haga con el mayor de los éxitos", declaró Rubiales ante los medios respecto a la disposición del asturiano por sentarse en el banquillo de la Roja.

La elección de Luis Enrique se confirmó apenas una semana después de la eliminación de la selección española del Mundial de Rusia en octavos de final, tras caer en los penaltis ante el equipo anfitrión, y la confirmación ayer de la marcha de Fernando Hierro, quien ocupaba la dirección deportiva y asumió el cargo para el campeonato. Sus compromisos inmediatos serán los de España en la nueva Liga de Naciones, en la que la "Roja", incluida en el grupo 4 de la Liga A, debutará el sábado 8 de septiembre en Inglaterra frente al combinado inglés y luego recibirá a Croacia el día 11 en Elche.

Dice que en sus equipos siempre él es el líder y lo demuestra día a día, con sus decisiones en el banquillo y su dialéctica en la sala de prensa, Luis Enrique Martínez García (8 mayo 1970, Gijón) será el nuevo seleccionador español, seguramente el carácter que necesita 'La Roja' para volver al punto de salida perdido desde la marcha de Luis Aragonés y Vicente del Bosque. Está acostumbrado a los grandes retos y no le tiembla el pulso. Llegó al Barcelona en el verano de 2014 con la idea de recuperar las sensaciones perdidas, tras el paso del 'Tata' Martino por el vestuario del Camp Nou y en el primer curso firmó un triplete histórico.

Como técnico barcelonista resistió tres temporadas, en los que su equipo consiguió ocho de los diez títulos en juego; tres cursos en los que transformó el juego del equipo azulgrana, que dejó de lado el fútbol de toque de la escuela La Masía para buscar un juego más directo.

Pero en la nómina de delanteros azulgrana se encontraban por aquel entonces tres de los mejores del mundo: Leo Messi, Neymar jr y Luis Suárez, que batieron año tras año récords de anotación. Tácticamente casi siempre optó por mantener el dibujo histórico del Barça, con cuatro defensas (dos de ellos abriendo los carriles), un mediocentro (Sergio Busquets), dos medios de diferente perfil (uno más creativo, otro más de contención) y libertad para los tres delanteros, especialmente en el caso de Leo Messi.

Curiosamente cuando en el Barça se atrevió a cambiar el tradicional 4-3-3 por otro dibujo, las victorias se repitieron y por goleada, utilizando el doble pivote (4-2-3-1), una defensa de tres (3-4-3) y un poco habitual 3-4-2-1 en situaciones excepcionales. En su presentación como entrenador del Barcelona tenía aprendidos dos conceptos: "ilusión y motivación", que repitió durante su discurso y llamó la atención que se refirió a sí mismo como "el líder" del proyecto, pese a que sabía que en el Barça solo hay un líder que es Leo Messi.

En su carrera como técnico siempre ha trabajado con un psicólogo, Joaquín Valdés, quien hasta le acompañaba en las ruedas de prensa. "No os preocupéis que el psicólogo me lo traigo para mí. También lo puede utilizar algún periodista si lo necesitáis", dijo en sus primeras días en el Camp Nou.

Como entrenador del filial barcelonista, Roma, Celta de Vigo y en el Barcelona, Luis Enrique contó con Robert Moreno como entrenador ayudante, también con Rafel Pol como preparador físico y su mano derecha siempre ha sido Juan Carlos Unzué. Luis Enrique es un tipo muy exigente, más un 'ironman' que un deportista. Cuando se retiró del fútbol (2004), empezó corriendo maratones y se obsesionó con bajar de las tres horas, lo consiguió a la tercera en Florencia, tras no conseguirlo en Nueva York ni en Amsterdam.

Pasada esta pantalla se dedicó a los triatlones, después participó en un 'ironman', en el 'Marathon des Sables' (250 kilómetros, 6 días por el desierto del Sahara) y en multitud de carreras ciclistas, la última este mismo año en Sudáfrica (Cape Epic). Obsesivo con el trabajo físico, dicen que uno de los peores momentos para sus futbolistas era someterse a las sesiones de peso antes del inicio de la temporada y comprobar que el índice de masa muscular (IMC) y el peso del técnico era el mejor de toda la plantilla. Ahora añade un reto más a su carrera.

lunes, 9 de julio de 2018

SE HARTÓ DE RUBIALES

En un gesto de honradez y sentido común, Fernando Hierro ha dejado su cargo como seleccionador así como cualquier tipo de vinculación con la Real Federación Española de Fútbol

Antonio Blanca

A veces la importancia en un mensaje no solo está en lo que se dice, sino en cómo se dice. La Real Federación Española de Fútbol explicó por todos sus medios que Hierro dejaba de ser director deportivo de la entidad, pero para hacerlo no se limitó a un título enunciativo sino que utilizó una construcción alambicada y con mensaje añadido en la forma. "Fernando Hierro y la RFEF comunican que, pese a tener contrato en vigor como Director Deportivo, declina seguir en el cargo". No es una frase simple, todo lo contrario, y busca exponer una cordialidad y enfatizar el hecho de que la decisión no es traumática. El nuevo departamento de comunicación, llegado de la política, y la neolengua.

Se despide un director deportivo -y seleccionador- en una mañana de domingo, en pleno verano, con el Mundial aún por concluir y sin conferencia de prensa conocida para exponer los motivos de lo que, al final, es una ruptura. Más o menos amistosa, con mejor o peor forma, pero una ruptura. El comunicado es elogioso con el técnico, incluso cercano, de un modo no muy diferente al que lo fue Rubiales con Lopetegui en la comparecencia en la que le destituyó, hablando de los valores deportivos y humanos del profesional pero, finalmente, anunciando el fin de este camino. Hierro, como le ocurría a Lopetegui, nunca fue del equipo del nuevo presidente sino parte de la herencia recibida, término muy común en política y algo extraño para una federación que llevaba 28 años bajo la misma batuta.

La relación era profesional, pero distante. Rubiales no lleva ni dos meses en el cargo y tampoco tenía espacio para maniobrar en la parcela deportiva con el Mundial de Rusia echándose encima. Hierro y Lopetegui eran de otra época, y la transición a lo nuevo fue dura desde el primer día, especialmente para el director deportivo. Porque a los pocos días de llegar Rubiales, Hierro vio como uno de sus principales apoyos en la casa recibía la rescisión de contrato. El nuevo presidente atacó como prioridades las áreas de comunicación y márketing, y en esta última cayó su director, Vicente Casado.

No le gustó nada a Hierro ese movimiento, pues en Casado tenía un amigo y, de algún modo, un aliado. Ambos se conocieron en el Málaga del jeque, cuando aún tenía dinero y proyecto. El de Vélez era director deportivo, Casado director general y ambos congeniaron mucho y trabaron amistad. Que Rubiales decidiese, sin mucha consulta, destituir al dirigente, escamó a Hierro. Por el hecho en sí y también por el mensaje que se mandaba sobre la institución y la valoración de las capacidades profesionales de los ejecutivos.

Porque además Casado, como le ocurría al propio Hierro, no era producto del villarismo sino de la etapa posterior, con Larrea, en la que se vivió una transición 'light' con la entrada de algunos ejecutivos que, se creía, tenían prestigio suficiente para ser de consenso. Casado, antes de desembarcar en la federación, había sido jefe de relaciones externas de La Liga -no terminó amigablemente con Tebas-, director general del Málaga, directivo en el master de tenis de Madrid y, antes, en Francia, responsable de la fundación Platini y jefe de proyecto de Le Tour de France du Sport Populair.

La sustitución, a los pocos días de llegar Rubiales a la oficina llevó al cargo a Rubén Rivera, que previamente había trabajado con el nuevo presidente en AFE y había activado el patrocinio de la Copa Coca Cola, pero al que fuentes conocedoras del sector señalan como un perfil inferior al de Casado que hasta este momento no había tenido responsabilidades de esta altura. Es más, se llegó a especular sobre la posibilidad de que llegase un jefe de departamento por encima de Rivera, pero no llegó a aparecer. Al menos no de momento.

Aquello escamó a Hierro que tomó distancia desde el primer instante. Claro que, del mismo modo que le ocurría a Rubiales, el entonces director deportivo tampoco tenía tiempo para cambiar demasiado las cosas. Llegaba el Mundial de Rusia y, con él, el terremoto de Lopetegui. Hierro, como cualquier otro engranaje de la federación, vivió el proceso con estrés, como no puede ser de otro modo cuando la concentración previa al gran evento cuatrienal salta de repente por los aires. A Hierro no le gustó la decisión de Lopetegui ni la manera de llevar a cabo el anuncio, y de aquello quedó constancia en unas imágenes televisivas en las que el director deportivo reprendía al entrenador.

Aceptó la decisión del presidente y tomó las riendas de un banquillo que, solo unos días antes, no veía como suyo. El Mundial salió como salió y desde el mismo momento en el que acabó, en los penaltis contra el anfitrión, se asumió que no seguiría como entrenador. Lo otro, la dirección deportiva, no estaba asegurado, pero ni él quería seguir ni Rubiales pretendía mantenerle, pues no es uno de los suyos y en poco más de un mes la convivencia ya había tenido los suficientes altibajos como para pesar que esa entente no podía ser cordial.

El vodevil de estas semanas ha tenido, además, una consecuencia inesperada en la federación, y es que Luis Rubiales tendrá las manos libres para hacer suyo el proyecto deportivo. Porque desde el principio tuvo claro que podría cambiar, y cambiaría, toda la estructura institucional, comunicativa y comercial, pero en principio los contratos señalaban que Lopetegui seguiría al menos dos años más, como de hecho ambos rubricaron al desembarcar el nuevo presidente, y que Hierro se mantendría supervisando el área deportiva. Ahora podrá aspirar a otros nombres que sean propios y no heredados.

Este lunes hay junta directiva de la federación y, en teoría, se analizarán nombres para los dos puestos que han quedado vacantes. La planificación deportiva de estas instituciones se ha demostrado imprescindible. Antes, hace años, era solo tener un seleccionador, pero de un tiempo a esta parte equipos como Alemania, Bélgica, Francia o Inglaterra, así como la propia España, han demostrado que todo funciona mejor con una estructura sensata que trabaje el conjunto de las categorías y acomode a los jugadores a la selección. Con un modo racional de hacer las cosas, el que ejerció Hierro en su primera etapa en la casa, el camino al éxito es más sencillo. Buscarlo es competencia de Luis Rubiales, que no tenía pensado este cambio pero se lo ha encontrado por el camino.

jueves, 5 de julio de 2018

LAS OCHO MEJORES DEL MUNDO

Pasados los octavos del Mundial de Rusia el cuadro de cuartos de final no arroja grandes sorpresas salvo la ya consabida de España

Antonio Blanca

Este Mundial, antes de que se disputen los cuartos, será recordado por el adiós prematuro de Alemania, por el VAR o por el adiós inesperado de España en octavos. Pero, sobre todo, por ser el torneo de las sorpresas. Sólo así se explica que la anfitriona, Rusia, haya llegado tan lejos. O que Suecia, sin Ibrahimovic, se postule como posible campeona. O que Croacia, poco a poco, se lo crea. O que Japón, en octavos, fuera capaz de plantarle cara (y perder en el último minuto) con la Bélgica de Roberto Martínez (¿futuro seleccionador español?). Todo eso ha derivado en un cuadro de cuartos descompensado, donde las selecciones fuertes están destinadas a eliminarse unas a otras y las más débiles tienen una oportunidad única para hacer algo grande.

El destino ha querido, además, que todas las teóricas favoritas se vean las caras el viernes. El día lo inaugurarán Francia y Uruguay. La primera, candidata a todo después de pasar por encima de Argentina y, sobre todo, tras ver explotar a Mbappé (provocó un penalti e hizo dos goles) en un Mundial. La segunda, a pesar de ver caer a Cavani (se lesionó en el choque frente a Portugal) con la vitola de ser un bloque fiable, solvente y extremadamente complicado de batir. Con una defensa que es un muro y un ataque donde Luis Suárez cogerá galones para intentar clasificar a los suyos para semifinales.

El otro choque que se disputará el viernes será el Brasil – Bélgica. De la canarinha, posiblemente, está todo dicho. Han ido de menos a más en el torneo, han visto ya brillar a Neymar (asistencia y gol frente a México) y tienen calidad, fundamentos tácticos y fútbol como para ganar el campeonato. Al otro lado, comparecerá una selección llamada a hacer grandes cosas. Los ‘Red devils’ cuentan con un equipo como para levantar la Copa del Mundo, pero necesitan confirmarlo en el terreno de juego. Sobre todo, después de estar al borde de la eliminación ante Japón (se hicieron con la victoria en el último minuto).

Ese es un lado del cuadro, el que deparará que se enfrenten en semifinales dos de estas cuatro selecciones: Uruguay, Francia, Brasil y Bélgica. Es decir, tres favoritas y una candidata firme al título. Tres campeonas del mundo a lo largo de su historia y una por estrenarse pero con jugadores de mucha entidad.

Al otro lado, sin embargo, comparecerán las selecciones más débiles. Ambos partidos se disputarán el sábado. La jornada la abrirán Rusia y Croacia. Es decir, la anfitriona (con un chute de moral importante tras eliminar a España) contra una de las selecciones que mejor fútbol está haciendo en este torneo.

Para terminar, Suecia e Inglaterra. O lo que es lo mismo: una auténtica sorpresa y una selección histórica que lleva la friolera de 52 años sin saber lo que es ser campeona del mundo. Para cualquiera de las dos selecciones será histórico estar en semifinales, igual que para Croacia y Rusia. Su objetivo, por tanto, lo han cumplido, ¿pero quién se niega a soñar cuando está a tres partidos de levantar una copa del mundo?

miércoles, 4 de julio de 2018

EL ADIÓS DE INIESTA

Jordi Grimau

Andrés Iniesta se va. Abandona la selección española después de haber salido del F.C. Barcelona, por lo que su presencia en el devenir del balompié nacional ha quedado ya abortado. El héroe del Mundial de Sudáfrica y pieza angular del fútbol que proporcionó dos Eurocopas a España ha visto cómo su despedida del combinado que es jurisdicción de la RFEF se ha truncado casi del peor modo posible. Incluso él mismo se ha mostrado molesto con las críticas vertidas tras la fase de grupos.

Ahora, ya en plena resaca de la eliminación ante Rusia, el interior irrepetible atisba su aventura en Japón y antes de tomarse unas merecidas vacaciones ha escrito una carta abierta para despedirse de los aficionados, compañeros y directivos. Un texto en el que ha repasado su larga y exitosa trayectoria en la élite, casi dos décadas en las que ha portado la bandera del estilo combinativo que tanto esplendor a entregado al club culé y a la selección.

"Hace 14 años que me puse por primera vez la camiseta de nuestra selección. Tenía 15 años y nunca olvidaré ese momento. Era el sueño de mi vida poder defender los colores de mi país. Es algo muy especial, no solo un sueño, también una gran responsabilidad. Durante todos estos años he intentado ser consciente de lo que significa y de dar lo máximo para que os sintierais orgullosos", arranca el escrito del manchego.

Con respecto a sus colegas de vestuario desarrolló la siguiente reflexión: "Creo que he tenido la suerte de poder vivir una de las mejores etapas del fútbol español, con una generación de jugadores que han sido y son excepcionales en todos los sentidos. Hemos logrado grandes éxitos, cosas que todos soñábamos cuando éramos pequeños, pero también hemos tenido grandes decepciones y hemos vivido momentos muy difíciles. A todos, muchas gracias por hacerme mejor compañero y mejor futbolista. Ha sido un orgullo poder compartir con todos vosotros todos estos años".

"Ahora es el momento de dar un paso al lado. No ha sido una decisión nada fácil, al contrario, llevo muchos meses pensando en ello. La ilusión y las ganas de continuar son totales, pero siempre he dicho que terminaría haciendo lo mejor para la selección. El futuro es apasionante, con un grupo de jugadores que son increíbles y que a partir de ahora me tendrán como un aficionado más, apoyándolos incondicionalmente. No tengo ninguna duda de que lo que viene por delante será maravilloso y que se cosecharán grandes éxitos. El grupo que hay es impresionante", remarcó.

A partir de este punto, el albaceteño expone su punto de vista sobre la esfera federativa, con elegancia. "Me gustaría dar las gracias a toda la Federación por el apoyo y trato que me han dado siempre durante estos últimos 19 años; a todos los presidentes, directivos y empleados con los que he podido convivir durante todos estos años". No ha querido entrar en el despido de Julen Lopetegui, aunque sí ha repasado la influencia que en él han tenido otros técnicos y seleccionadores.

"He tenido la suerte de tener grandes entrenadores durante toda esta etapa, con especial cariño a Luis Aragonés, que me hizo debutar en mi Albacete, y con quien conquistamos la primera Eurocopa en un torneo soñado. A todos ellos gracias por contar conmigo, por vuestra confianza y por cambiar el sentido del fútbol español: Luis, Vicente, Julen, Fernando y también Juan Santiesteban, Iñaki Sáez, Ufarte y Ginés", subrayó el excelso lector de fútbol.

Y se despidió en esta misiva abierta expresando su agradecimiento a la hinchada que tantas ovaciones le ha dedicado en esta década. "A todos vosotros, afición, gracias, muchas gracias por vuestro apoyo y cariño. "¡Siempre con la ROJA!", ha escrito para concluir dirigiéndose a su ámbito íntimo: "Por último, me gustaría agradecer especialmente a mi familia; gracias por vuestro apoyo incondicional y por estar siempre a mi lado. Perseguimos un sueño y lo alcanzamos. Un abrazo muy especial".

martes, 3 de julio de 2018

BÉLGICA SALVADA SOBRE LA CAMPANA

Julio Candela

Un gol en la última acción del partido de Nacer Chadli, que había salido en la segunda parte, consumó la épica remontada de Bélgica ante Japón, que llegó a tener dos goles de ventaja al inicio de la segunda parte. La última jugada, una demostración de contraataque conducida por Kevin De Bruyne, Eden Hazard y Thomas Meunier, autor del pase definitivo, situó a Bélgica por tercera vez en su historia en los cuartos de un Campeonato del Mundo.

El equipo de Roberto Martínez, que se verá en cuartos con Brasil, y que reaccionó a tiempo, frustró a Japón. El conjunto nipón difícilmente tendrá tan cerca hacer historia. Nunca sobrepasó octavos. En Rusia estuvo a un paso pero no logró mandar para casa a un equipo que contempla esta edición como la última de su generación dorada. Vio la penumbra que sometió a Alemania, Argentina, España o Portugal. Y escapó a última hora, como pudo.

Japón quiso dar la sensación de advertir a su rival que no tenia complejos. Arrancó con una presión alta. Suele hacerlo el conjunto de Akira Nishino que busca dejar lejos al adversario, al menos de inicio. Como una declaración de intenciones. Incomodó la puesta en escena a Bélgica y un mal despeje de Vincent Kompany, apuesta defensiva de Roberto Martínez, fue recogido por Shinji Kagawa, que disparó fuera.

Bélgica tomó el balón y la iniciativa en los mejores momentos de Dries Mertens, que intervino en cada acción del ataque de los 'diablos rojos'. Se movió bien el jugador del Nápoles, el único que supo encontrar espacios entre la maraña nipona. También Eden Hazard convirtió en amenaza cada movimiento.

Romelu Lukaku tuvo un par de intentos. Nada limpios. Interrumpidos casi siempre por un defensa japonés. Bélgica no estaba bien. En pocas veces su dominio incomodaba al contrario y el portero Elji Kawashima solo era tenido en cuenta para despejar alguno de los centros laterales europeos.

Estaba al acecho Japón. Pendiente de las lagunas belgas. Takashi Unai puso a prueba a Tobi Andereweireld cuando la intensidad de Bélgica bajó, poco antes del descanso. Un tiro de Yuto Nagatomo, aparentemente inofensivo, sobresaltó a Roberto Martínez. Se le escapó bajo las piernas a Thiboaut Courtois, que reaccionó a tiempo.

Pero fue en un latigazo de esos donde Japón marcó. Fue tras el arranque del segundo acto. Un buen centro del jugador del Getafe dejó en evidencia a Jan Vertonghen que no pudo evitar que el balón llegara a Genki Haraguchi y cruzara la pelota a Courtois. Bélgica se descompuso. Pudo empatar con una respuesta de orgullo de Hazard que se estrelló en el palo. Pero fue Japón el que volvió a golpear.

El equipo de Roberto Martínez perdió el rumbo. Descolocado sintió la presión. Un nuevo error defensivo, un mal rechace de Kompany, cayó a pies nipones en la media luna. En los de Shinji Kagawa que vio a su lado a Inui. El jugador del Eibar paró el balón, miró a Courtais sin que nadie le amenazara y soltó un latigazo que superó al portero del Chelsea. A falta de 38 minutos los diablos rojos tenían dos goles de desventaja. El sistema tan elogiado de Roberto Martínez estaba hecho trizas en ese momento. Los tres centrales eran puestos en evidencia por la velocidad japonesa. Especialmente de Haraguchi, Shibasaki e Inui.

Romelu Lukaku, del que no habían habido noticias, estuvo cerca de marcar al rematar de cabeza un centro de Hazard a la hora de juego, justo antes de que Martínez pretendiera un golpe de timón con un doble cambio. Marouiane Fellaini y Nacer Chadli sustituyeron a la vez a Dries Mertens y Yannick Ferreira Carrasco.

Antes de que diera tiempo a plasmarse sobre el campo Bélgica acortó distancias en una jugada que delató las carencias niponas. Una mala salida de Kawashima, un despeje al tuntún y un centro de cabeza de Vertonghen que se cuela en la portería. El gol espoleó definitivamente a Bélgica, que con poco estaba de vuelta al partido. Hazard apareció. Asumió el reto. Puso el balón en la cabeza de Fellaini, que empató a falta de un cuarto de hora del cierre.

Elji Kawashima evitó que Bélgica lograra la remontada con tres intervenciones salvadoras pero no la del final. Un contraataque de manual que echó por tierra las esperanzas niponas y llevó a Bélgica con Brasil en cuartos de final.

lunes, 2 de julio de 2018

GRACIAS RUBIALES

España se despide del Mundial de Rusia tras una pobrísima actuación ante la anfitriona en un partido en el que salieron a relucir todas las carencias de un equipo que echó muchísimo de manos a “su” entrenador

Antonio Blanca

España dijo adiós al Mundial en octavos de final tras caer ante la anfitriona (jamás hemos ganado a uno) en la tanda de penaltis después de empatar a uno en el tiempo de juego. Ignashévich en propia puerta en el minuto 12 adelantó a España. Una mano infantil y torpe de Piqué al filo del descanso provocó el penalti que transformó Dzyuba para igualar el marcador.

De nuevo ante un muro defensivo de un rival que le regaló la pelota desde el pitido inicial, España fue incapaz de generar peligro. Se recreó en el pase, más de mil, pero sin velocidad ni verticalidad quedó atrapada en la frontal del área ante una Rusia satisfecha de su papel contemplativo. Cero tiros en los primeros cuarenta y cinco minutos (los primeros llegaron en el descuento obra de Diego Costa) atestiguan el bloqueo español en ataque. Isco, solo el genio del Real Madrid lo intentó por activa y por pasiva, pero fue imposible, él solo contra un muro.

Llegó España a este partido de octavos de final arrastrando tres problemas de la fase de grupos: endeblez defensiva, concentración cuestionable y déficit anotador ante rivales cerrados. Hierro buscó soluciones dando entrada a Nacho, Asensio y Koke. Iniesta, Carvajal y Thiago, titulares ante Marruecos, verían el partido desde el banquillo.

De esos tres problemas, con Koke en el medio acompañando a Busquets, se logró estabilizar los desajustes en la zaga. Pero a la vez, ese miedo a las contras que tanto daño han provocado en la fase de grupos, congeló la velocidad del pase. Asegurando que no hubiera fallo, España daba a Rusia el tiempo suficiente para parapetarse. Falto de velocidad y desborde para atacar la telaraña defensiva, España se enquistaba.

Sólo el balón parado dio aire a España. Asensio, desde una falta lateral, convirtió la pelota en una golosina enviada al corazón del área donde Ramos, ya cayendo al suelo con Ignashévic, provocó que el defensa tocara la pelota lo suficiente como para desviar la pelota al interior de la portería. Recién pasados los diez minutos España lograba ponerse por delante.

El tempranero gol en contra no cambió la estrategia rusa. Cherchesov tenía claro su plan, esperar encerrada buscando una contra o un error. Y el error llegó. El segundo de los problemas de España: la concentración. Así, en el minuto 41, Piqué saltó para bloquear un remate de cabeza con las manos en alto. La pelota acabó chocando en ese brazo en alto y Kuipers no lo dudó, penalti. Dzyuba desde los once empataba el partido. Haciendo menos que nada, Rusia veía recompensada su propuesta.

Con el dominio total y absoluto de la pelota, quedó expuesto el tercero de los problemas, la falta de gol. Cero tiros a puerta en los primeros cuarenta y cinco minutos de partido. Mientras el estadio coreaba y se entusiasmaba con cada balón largo lanzado a la nada por Afinkeev y con cada córner o saque de banda que tenían los anfitriones, España se regodeaba con toque, toque y toque. Del central al medio, del medio al media punta y de vuelta para atrás. Isco gambeteaba y se asociaba, pero los jugadores se “autoanestesiaban” yendo a una velocidad de trote cochinero. Jugar andando e incluso hasta parados.

Salvando los estímulos de los dos goles, el partido fue en sí mismo una oda al sopor. Un equipo entregado a la nada y otro incapaz de tirar a puerta. Hierro buscó aprovechar a Iniesta con la zaga rusa cansada y el héroe de Johannesburgo entró al borde del minuto 70 por un Silva desaparecido en combate. El canario, vital en la fase clasificación, se marchaba del partido, y a la postre del Mundial, con nula relevancia sobre el terreno de juego.

Ya en el ochenta, fue Aspas el que relevó a Diego Costa. El gallego dio otro aire a España y en esos diez minutos fue cuando mayor peligro se logró generar. Sin embargo, las jugadas que abría Aspas en la banda para centrar se encontraban con que no había rematador en el área. Precisamente, la conexión entre Aspas e Iniesta fue la que protagonizó la mejor ocasión de España en la segunda mitad.

Si los 90 minutos habían sido los más soporíferos del Mundial, la recompensa para el espectador neutro fue tener treinta minutos más de prórroga. Más tiempo para seguir igual, con el exponente de que Rusia ansiaba en esa situación los penaltis. Hierro aprovechó la posibilidad de estrenar la nueva norma de la FIFA con el cuarto cambio en caso de tiempo extra. Así, Rodrigo apareció en el campo para sustituir a Asensio.

El delantero del Valencia se inventó una ocasión haciendo algo que sorprendió a propios y extraños, correr. Dejó atrás a su marcador con un amago y se introdujo como un rayo en el área, su tiro fue rechazado por Afinkeev y el rebote le cayó a Carvajal, que no acertó con su disparo en segunda instancia.

Recuperada de la novedosa iniciativa del delantero, España volvió a chocar con el muro ruso. El tiempo se agotó y la suerte de Rusia y España quedaba a expensas de los penaltis.

Rusia anotó los suyos. España, no. Koke, el tercer lanzador, erró su tiro, al igual que Aspas en el quinto. España quedaba eliminada del Mundial en octavos de final. De nuevo, cruzarse con la anfitriona resultó fatal. Un Mundial que se torció 48 horas de nuestro debut ante Portugal con la inesperada, burda a la par que absurda, presa de un ego supino y una necedad inmisericorde de Luis Rubiales, que echó a Lopetegui, el hombre que llevó a España al Mundial ganándolo todo merced a un ataque iracundo de soberbia, porque el entrenador vasco había firmado por el Real Madrid, ni que eso fuere a entorpecer las decisiones del seleccionador. Una decisión contraria al ánimo general del vestuario, de sus jugadores, poniendo un parche con Hierro, que demasiado hizo pues él no es entrenador, y que ha costado la participación en Rusia. Gracias Rubiales.

viernes, 29 de junio de 2018

OCTAVOS DEL MUNDIAL

Aránzazu Gálvez


La consecución del final de la primera fase de este Mundial ruso estuvo protagonizada por la épica y el destierro histórico de Alemania. Los germanos sufrieron la maldición del defensor del título (los últimos cinco campeones han sido eliminados en la fase de grupos de la siguiente edición). Ni el golazo de Kroos sobre la hora ante Suecia valió para relanzar la confianza de un bloque de jugadores que ha desnudado la falta de relevo a los ganadores en 2014 y el mal momento de algunos de aquellos jugadores referenciales (Khedira y Özil han sido señalados). Con todo ello, estos favoritos se fueron para casa al caer ante Corea del Sur.

Esta primera vez en la que una selección alemana no pasa a la fase eliminatoria de una cita mundialista evitó que en los octavos de final se desatara la venganza de las semis de 2014. Brasil, irregular pero ganadora, esperaba a los teutones en el lado más complicado del cuadro. Pero, finalmente, Neymar y compañía se medirán al rendimiento de una selección mexicana que arrancó sorprendiendo y que se ha atascado en la tercera jornada.

En esa parte de la senda hacia la final se ha confeccionado un cruce sensacional. Porque el primer duelo de cuartos de final del torneo saldrá de los ganadores de los enfrentamientos entre Portugal y Uruguay, y entre Francia y Argentina. El gol agónico de Macos Rojo ante Nigeria hizo titubear a los bipolares galos, al tiempo que el chut al lateral de la red del jugador iraní -en el descuento- confirmó la clasificación lusa para competir contra la mejor defensa. La altura de esos dos duelos acapara todos los focos.

Precisamente, de aquel respingo dibujado por el humilde seleccionado entrenado por Carlos Queiroz se benefició una selección española que acabó primera de grupo y saltando, automáticamente, al otro lado del río. Porque los pupilos de Fernando Hierro han evitado, con una carambola de acontecimientos sensacional, a todos los equipos mencionados hasta el momento y, además, a Bélgica. Los pupilos de Roberto Martínez se confirmaron este jueves como candidatos, al tumbar a Inglaterra y enviar a los británicos al combate ante una Colombia no menos agónica que Messi o Ronaldo.

Así las cosas, en la senda del conjunto nacional, todavía con mucho trabajo para sanar los males defensivos que le aquejan y que a punto estuvieron de conllevarle una derrota ante Marruecos, se ha despejado. Jugarán con Rusia en octavos, un brete nada sencillo por la condición de anfitrión del rival, y, después, los contendientes más potentes hasta la hipotética final -sobre el papel- son Croacia e Inglaterra o Colombia. Los balcánicos o Dinamarca se cruzarían en cuartos y el vencedor del Suecia-Suiza guerreará con el del cruce anglo-colombiano para dibujar al rival en semis.

Emparejamientos definitivos de los octavos de final y sus fechas
- Sábado 30 junio:

16.00: Francia - Argentina (Kazan).
20.00: Uruguay - Portugal (Sochi).

- Domingo 1 julio:

16.00: España - Rusia (Moscú Luzhniki).
20.00: Croacia - Dinamarca (Nizhny Novg).

- Lunes 2 julio:

16.00: Brasil - México (Samara).
20.00: Bélgica - Japón (Rostov).

- Martes 3 julio:
16.00: Suecia - Suiza (San Petersburgo).
20.00: Colombia - Inglaterra (Moscú Spartak).