miércoles, 22 de abril de 2015

TRIUNFAL NEYMAR

Jordi Grimau

Primera parte brillante del Barcelona, que arrancó el partido con una seriedad que daba la impresión de que era el equipo que debía remontar. Presión asfixiante a la zaga francesa, que apenas sabía qué hacer con el balón y era incapaz de pasar del mediocampo. Así, con las recuperaciones, lanzaba contras a la velocidad que marcaran Neymar o Suárez.

A los 13 minutos, fue Iniesta el que tomó el balón y dio comienzo a una jugada que recordó los mejores tiempos del manchego. Con una conducción perfecta, se deshizo de sus marcadores con la elegancia que le dan sus quiebros de cintura. En el horizonte, Neymar se desmarcaba de un despistado David Luiz. La jugada era clara para el espectador que lo veía desde la tele y también para Iniesta, pues sirvió un pase milimétrico al brasileño para que se quedara solo ante Sirigu, driblara al portero italiano y marcara el primer tanto de la noche a placer.

Pese a contar con Ibrahimovic y verse con el marcador en contra, el PSG apenas cambió la dinámica del partido, incapaz de sacarse de encima el dominio aplastante de los azulgrana. Con ese déficit de competitividad, fue cuestión de tiempo que llegara el segundo gol de la noche. Y así pasó a once minutos del descanso.

En una de las múltiples jugadas en las que el Barcelona movía la pelota de un lado a otro, Alves acabó amagando varias veces con el centro hasta quedarse al borde del vértice del área, donde se volvió a repetir el esquema anterior: despiste de David Luiz en su marcaje de Neymar, que a la espalda veía el hueco justo para llegar y rematar de cabeza al fondo de la red el envío de Alves. Doblete del brasileño y fiesta en el Camp Nou. Si Luis Enrique no quería confianzas, sus jugadores tomaron nota despejando cualquier duda sobre el pase en una primera parte perfecta.

Tras la exhibición de los locales, la segunda parte sirvió para hacer control de daños. En el vestuario se quedó Iniesta, que se perdió el partido contra el Valencia por un golpe en la rodilla en el encuentro de ida. Su hueco fue ocupado por Xavi. Y como un reloj, diez minutos después fue Sergi Roberto el que dio relevo a Busquets.

El juego quedó anestesiado por un Barcelona controlador ante un PSG entregado, que apenas creó peligro con un tiro de Verratti desde el interior del área en el minuto 58 que mandó fuera y otro chut fuerte aunque lejano de Ibrahimovic en el 72 que provocó la intervención de Ter Stegen. Era el primer tiro a puerta del equipo francés.

El mayor interés se centró en saber si Messi sería capaz de anotar, pues sus compañeros trataron de facilitar el tanto del argentino, que a puntoestuvo de llegar cuando un tiro suyo fuera dio pie al pitido final. Quien se llevó la ovación del público fue Luis Suárez. La grada premió el gran partido del uruguayo en París mientras cedía su puesto a Pedro.

Con este resultado, el Barcelona logra el pase a su octava final de Liga de Campeones en diez años. El PSG, por su parte, deberá esperar otro año para cumplir los sueños de grandeza del jeque.

lunes, 20 de abril de 2015

EL BARÇA AGUANTA Y EL MADRID SE ROMPE


Complicado triunfo del cuadro de Luis Enrique ante un Valencia que mereció mucho más para mantener los dos puntos de distancia al Real Madrid que se desangra fruto de las lesiones

Antonio Blanca

Que la Liga le puede costar la Champions y también la competición doméstica al Madrid de Ancelotti se comprobará este miércoles cuando la tarde deje paso a la noche y la batalla prenda en el Bernabéu. Bale, Modric y a esta hora Benzema están descartados. Tres titulares, tres hombres importantes, no van a estar en el gran partido de los blancos esta temporada. Un golpe físico y también psíquico para un vestuario que empezaba a recuperar sensaciones futbolísticas, un temblor para Ancelotti que veía como la presión del pasado mes se convertía en meliflua y casi obviada. De nuevo otra vez su planificación deportiva a la palestra, su reparto de minutos, hasta sus preparadores físicos y cuadro médico. Vivir en sus carnes lo de Guardiola en Múnich. Hasta esa flor, la del trasero, que tanto le ha valido parece que le abandona. El Barcelona salvó en su casa un importantísimo match ball casi sin merecerlo. El Valencia fue rival y fue mejor, pero no tuvo gol y arrastró la losa de encajar un tanto en el primer minuto de choque y fallar un penalti y así es muy complicado sacar algo positivo del Camp Nou. Luis Enrique, otro muy cuestionado durante la temporada empieza a sonreír. No parecía posible en enero de 2015, pero casi a finales de abril, el Barça está en la final de Copa, en semis de Liga de Campeones y a falta de seis partidos para concluir la Liga es líder. Un panorama que por ahora nadie puede rebatirle. Habrá que ver como se escribe el final de la Historia, para unos pinta mejor que para otros.

El viernes que comenzaba la jornada, el Espanyol tuvo la victoria en el Ciudad de Valencia en sus manos, pero el Levante que no quiso dejar de no creer en sus posibilidades peleó hasta el final y con un tanto de Víctor Casadesús a tres minutos del noventa anotó el definitivo empate a dos. Un punto que le sabe a gloria al equipo de Alcaraz que evita caer en puestos de descenso. Los de Sergio González siguen en mitad de tabla y la posibilidad de Europa no se esfuma aún.

Ya el sábado, la sobremesa se vestía de gala para un gran partido con el liderato en juego, Barça contra Valencia. 2-0 para los de Luis Enrique, con un gol, de Luis Suárez al comienzo del choque, minuto uno, y otro al final, de Messi en el noventa y tres. El Barcelona sobrevivió a los de Nuno, que sobre todo en la primera parte se hartaron de fallar ocasiones de gol. Parejo se permitió el lujo de fallar un penalti, muy mal tirado. Tres puntos de oro para el Barça que sigue líder y salva uno de los partidos más complicados que le quedan de aquí al final de la temporada. El Valencia dejó pasar una gran oportunidad para asaltar un complicado campo y la tercera plaza se le va quedando lejana.  

El Atlético de Madrid no desaprovechó la oportunidad de meter tierra de por medio con el Valencia. Los del “Cholo” consiguieron los tres puntos en Riazor gracias a un espectacular Griezmann. El francés volvió a demostrar el gran estado de forma en el que se encuentra marcando un doblete en la primera parte. El Deportivo fue una marioneta en manos del Atleti, hasta que el técnico argentino movió el banquillo pensando en la Champions. Retiró a Griezmann y Arda, algo que notó muchísimo el equipo rojiblanco que tuvo que acabar pidiendo la hora, ya que Oriol Riera recortó distancias dando alas a los locales. El resultado no se movió, 1-2, y el Atlético se afianza en la tercera plaza. El Depor mira ya directamente a los ojos del descenso.

El Real Madrid sufrió y no falló ante un correoso Málaga en el Santiago Bernabéu. Los de Ancelotti consiguieron los tres puntos sin mucha brillantez. Sergio Ramos adelantó a los suyos en posición dudosa, resultado con el que se llegó al descanso. En el segundo acto Cristiano falló un penalti (al palo), pero casi acto seguido apareció James pocos para con un golazo poner el 2-0. Todo parecía estar bajo control, hasta que un fallo defensivo de los blancos lo aprovechó Juanmi para recortar distancias. El 2-1 hizo espabilar a los locales, que tuvieron minutos en los que sufrieron, hasta que en la última jugada “Chicharito” asistió para que Ronaldo marcara el 3-1 definitivo. Lo peor para Ancelotti fueron las lesiones de Bale y Modric que ponen mucha sombra al partido del miércoles en Copa de Europa.

El Athletic de Bilbao venció con contundencia aparente al Getafe, pues Mateu Lahoz se inventaba un penalti (que fue fuera del área) y expulsión de Velázquez al filo del descanso que desequilibró la balanza del choque. Con uno más el Athletic en la segunda parte hizo lo que quiso con los madrileños, y poco a poco fue desgastando a su oponente, anotando el definitivo 4-0.  Resultado que permite a los de Valverde seguir soñando con Europa, mientras que el Getafe continua teniendo un colchón bastante cómodo respecto a los temidos puestos de descenso.

En la matinal del domingo  el Rayo ganó 2-0 en Vallecas a un flojo Almería. De cara a la galería el enfado de Paco Jémez en la rueda de prensa posterior para criticar a los suyos, puesto que el Rayo Vallecano apenas si se sintió inquietado por su rival. Los de de Sergi Barjuán son carne de segunda y solo el laudo del TAS que no le quite los tres puntos que ganó en el césped le arrebatarían la esperanza de continuar en Primera.

Empate a un gol en el Nuevo los Cármenes de Granada que no sirve a ninguno de los dos contendientes. Granada y Sevilla se repartieron los puntos y no logran con ello alcanzar sus respectivos objetivos. Para los de Resino salir del descenso, y para los de Emery acercarse a Champions.

0-0 entre el Villarreal y el Córdoba. Los de Marcelino García Toral merecieron mucho más y si no son por las paradas de Juan Carlos y los tres palos que dieron los castellonenses la goleada les hubiera sido certificada. Al final un punto peleado con tesón por los andaluces que de poco o nada les vale en su milagroso intento por permanecer en Primera hasta que las matemáticas dicten lo contrario.

Fin del domingo de fútbol que no de la jornada en Éibar. 0-1 perdieron los de Garitano ante el Celta de Vigo que asaltó Ipurúa con tanto de Nolito. Los vascos empiezan a dar gracias a esa primera vuelta colosal que cerraron porque si no es por ella, los números de la segunda son de claro candidato al descenso. Aún así, pueden acabar inmersos en la pugna por evitarlo. El Celta por su parte sigue nadando en aguas calmas y ya espera el final de la temporada con los deberes cumplidos.

Esta noche en Elche, los de Escribá y la Real Sociedad finiquitan la trigésimo segunda jornada de la BBVA.

jueves, 16 de abril de 2015

A LO QUE MARQUE EL BERNABÉU


Empate sin goles en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones en el derbi madrileño que se le ha atragantado al Madrid que lleva siete partidos sin vencer al Atlético en una misma temporada

Antonio Blanca

Se vistió el Calderón con su traje de aforo completo para acoger el derbi más trascendental de la presente temporada. Se conjugaba, en el ambiente y sobre el césped, una suerte de intercambio de revanchas (final de Lisboa y balance sin victoria merengue en los enfrentamientos en los que va de ejercicio) y el cruce de inercias y sensaciones antagónicas. El Atlético cumplía un año natural sin caer en su coliseo en competición continental y un bagaje goleador de 7-0 en las visitas del enemigo íntimo en Liga, Copa y Supercopa. El Madrid arribó como el conjunto más afinado a domicilio en el torneo del viejo continente y con el ánimo reconstruido tras volver a recortar la distancia con la cima de la batalla doméstica, situándola en dos puntos. El envite, más cerrado e igualado que nunca, con ambos técnicos disponiendo de todas sus piezas en plantilla, sobrevino para medir la consistencia de uno y el punto de rehabilitación de otros.

Diego Pablo Simeone apostó de inicio por el resguardo físico de Mario Suárez en detrimento de Tiago, colocando, además, a Siqueira en el lateral izquierdo, en un claro movimiento en busca de ganar superioridad en banda y buscar las cosquillas en transición. Arda, Koke y Griezmann se encargarían de hilvanar entre líneas, por delante de la zaga visitante y Mandzukic ocuparía el centro del área en busca de lograr la indigestión aérea de los centrales oponentes. Una combinación de intensidad en el despliegue e intentona de disputar la pelota con puntiaguda coherencia. Sin descuidar esta última faceta, para controlar el tempo, la pizarra no cedía terreno en el guión del “Cholo.

Carlo Ancelotti, por su parte, jugó la baza sobre el papel de 4-3-3, con James, Modric y Kroos en una medular creativa obligada a esmerarse en el cuidado del equilibrio y el achique de las contras rojiblancas. Varane ocupaba el escaño de Pepe, que no llegó en plenitud física al choque, cayéndole una nueva prueba de fuego a su seriedad en la faena defensiva. El mensaje oficial apuntaba que la intensidad y compromiso de los artistas en la cobertura no significaba ya un problema y, con el mantra de que cada pérdida penaliza, el Madrid disponía un esquema destinado a batallar por la posesión y adaptarse a un viraje hacia el robo y salida si fuera menester. La pericia para encontrar caminos por el carril central no resultaba baladí comprobada la horizontalidad del pretérito 4-0. Isco esperaría su lugar como revulsivo, de nuevo el italiano siendo injusto. De nuevo el italiano demostrando que no sabe ganarle la partida a Simeone.

Arrancó este partido elitista con la línea de presión y la altura de los laterales como incógnitas a solventar, factores decisivos en la pugna por ganar el centro del campo, con el paso de los minutos. Se desató una maravillosa conversación de alta tensión por la preponderancia táctica: la presión de ambos esquemas buscaban ahogar la salida de pelota con vehemencia. Exhibió personalidad el Madrid para esquivar el brío local con asociaciones lúcidas que le otorgaron, además del control del cuero, las primeras llegadas a puerta: Carvajal resultó el primero en probar los guantes de Oblak con un chut cruzado tras pase de James y mal rechace colchonero, en el dos de juego; en el 8, Ronaldo encañonó de falta directa desde larga distancia para la atajada del meta esloveno; y, por el camino, en el 3 de duelo, Godín pifió un despeje franco para dejar a Bale en mano a mano con el portero local. El galés condujo su carrera hasta perdonar en las primeras de cambio. El sustituto de Moyá aguantó para tapar con seriedad.

Pasado el fogonazo del primer cuarto de hora, el escenario dibujaba un Atlético intenso que bajada grados en la altura de su presión. La posesión merengue, horizontal, bastaba para atemperar la atmósfera y la amenaza sufrida provocó cierto repliegue colchonero. Sin embargo, la trompicada verticalidad merengue no descontroló el orden de los pupilos de Simeone, que se activaron en faceta ofensiva con las primeras dos acciones a balón parado y una galopada de Griezmann en contragolpe que desbordó la anatomía de Ramos.

Atravesado del ecuador de primer acto, el sistema de Ancelotti poseía en monopolio el cuero y controlaba, con resbalones aislados, el riesgo de transición atlética. La vigencia del peligro en el robo y salida permanecía latente y los madridistas no subieron decibelios en su intención. Les bastaba con manejar la asociación con fluidez, con Kroos, Marcelo, Modric y James en rol destacado. El ritmo de juego cayó, si bien la tensión competitiva no cedió pulgada alguna.

El último cuarto de hora tomó cuerpo con la primera posesión prolongada y con llegada en banda del Atlético. Siqueira ganó espacio en combinación con Mario para centrar sin consecuencias. Un oasis que aceleró las revoluciones de creación y atacante de los de Chamartín, que multiplicaron su productividad de ocasiones hasta el descanso disparados en las pérdidas de la medular local. Bale abrió fuego con un disparo rotundo desde media distancia que Oblak acertó a sacarse de encima en el 30, Modric probó desde la frontal tras robo y salida sin encontrar la diana en el 39, James remató una contra tras mal saque de esquina rojiblanco obligando al héroe ante el Leverkusen a estirar sus reflejos y Benzema cerró el bagaje con un cabezazo alto en el peor momento del Atlético.

El conjunto del “Cholo” parecía desestabilizado en la recta final, buscando en el encierro ganar el intermedio. Tan solo un fallo en la salida de pelota de Ramos que recogió Griezmann y Casillas enjugó y el testarazo final del galo a centro de Siqueira desperezaba al portero visitante. Concluyeron 45 minutos de sobriedad merengue, que no remató las situaciones generadas cuando gozó de espacios. El cuerpo técnico local debía modificar su argumentación para volver a suponer una amenaza a la plácida combinación del campeón europeo.

Se quemaron los primeros 20 minutos de segundo acto bajo un paisaje similar. El Madrid combinaba sin encontrar pasillos entre líneas y el Atlético se entregaba al achique y balón aéreo al gigante croata en busca de la segunda jugada. Del pentagrama trató de salir un inoperante Arda -sacrificado por la causa-, asociando su talento al de Griezmann, intentando abrir fisuras entre líneas, y encontró un cabezazo desviado a centro de Juanfran en el 49. Sin embargo, el tempo pertenecía al Madrid. Un golpe de Ramos a Mandzukic que tuvo al croata fuera de juego por emanación de sangre fue aprovechado por Simeone para tratar de perder tiempo lanzando botellas de agua a la hierba. Una estratagema que denotaba el estado de ánimo del intervalo de partido.

Si consiguió el bloque colchonero reducir las opciones de remate merengues, que quedaron limitadas a un disparo lejano de Kroos que atajó Oblak con seguridad, en el 56 de juego. La combinación visitante no alcanzaba a superar el plano horizontal y los espacios para la transición se minimizaron en coherencia con el eficaz rendimiento del encierro local.

Percibió el bloqueo Ancelotti que dio entrada a Isco en la hoja de ruta. En el 74, Benzema, privado de balón y hueco, salía de escena para poblar el centro del campo de piezas que no permitieran variación en la superioridad en la medular. Simeone reaccionó apostando por Raúl García y sacando a Griezmann, apuntalando la segunda jugada y el juego directo.

Llegaba el advenimiento del desenlace de este primer asalto con el Atlético buscando adelantar líneas, complicar la salida asociativa rival y ocupar los espacios para mayor respiro del esfuerzo. Isco, frío, perdió una pelota que condujo sobre terciopelo Arda para encender el Calderón ante el bajón físico madridista.

La volea desviada de Raúl García tras el saque de banda profundo de Siqueira confirmaba el boceto de aire fresco rojiblanco. Torres sería el siguiente movimiento vertical de Simeone, que leía el descenso de fuelle del rival y sacaba a Koke para tratar de cosechar una victoria en el cuerpo a cuerpo, con o sin balón. Ancelotti incluía a Arbeloa en la ecuación, por Carvajal, para aportar pulmones.

La recta final ofreció la cesión del Madrid en el mando sobre la pelota y el ritmo de juego, con una perspectiva salpicada de interrupciones que aliñó el Atlético con una ración de brío que generó indecisión en la zaga merengue, que regaló saques de esquina que no encontraron éxito por el cierre in extremis de Casillas (que tuvo su preceptiva cantada de cada derbi) y Arbeloa. Sufriendo, sin la pausa que le granjeó comodidad en buena parte del cruce, se deshacía la calma de los de Ancelotti, superados por el ascenso energético efervescente rival, con Torres trazando slaloms imposibles. Un chut de Modric alto tras despeje de la zaga rojiblanca, después de un saque de esquina en el 86, representó el balance estadístico de ocasiones hasta que James cedió para el chut cerrado de Ronaldo en el tiempo añadido.

El 0-0 bajó el telón de un partido de sublime intensidad y ortodoxia al guión particular de cada púgil. La calidad en las facetas ofensiva y defensiva, que minimizó la variable de los errores, deja el billete a semifinales para la disputa del Bernabéu. Ancelotti logró ganar el centro del campo, asignatura pendiente, y el Madrid completó un duelo competitivo que denota la cohesión perdida tras la fiesta marroquí. El Atlético, que negó la opción de batallar por la posesión, supo jugar sus cartas físicas hasta apurar el descuento con opciones de hacer daño. Delicioso enfrentamiento en el que cada cual exhibió virtudes. El derbi no decepcionó en su igualdad pronosticada para delicia y alimento de la tensión que le es inherente.

SEMIS A LA VISTA

Jordi Grimau

Llegar, ver y vencer. Con la premisa de tomar el Parque de los Príncipes y optimizar el beneficio ante las bajas de su oponente afrontó el Barça su visita al coliseo parisino, convertido en escenario de contrastada competitividad por obra y gracia de los petrodólares. El bloque catalán gozaba de la oportunidad de asestar un golpe de autoridad y confianza en el panorama continental y, de paso, allanar el trayecto hacia semfinales de la Liga de Camepones, asegurando, de este modo, reducir las distracciones de cara a la pugna por la Liga. El rival de esta factible empresa era el heróico vestuario que levantó, con 10, la eliminatoria al Chelsea de Mourinho, escribiendo una página legendaria de esta elitista competición. Que, además, atraviesa el punto álgido del proyecto faraónico, sabedor de la urgencia de tocar techo con un trofeo ilustre ante la siempre latente amenaza de despiece y retirada de sus pomposas figuras, por mor del mercado.

Luis Enrique apostó por el sistema con que el ha consolidado el mejor rendimiento colectivo de su plantilla. El 4-3-3 habitual con la columna vertebral tradicional, culminada por el tridente arrollador. Porque, el técnico asturiano relativizó la afrenta pública de Neymar otorgándole la titularidad, sabedor de la importancia de su desborde en transición. No hizo lo propio con Mathieu y, sobre todo, con Dani Alves. Mascherano regresaba al centro de la defensa ante la velocidad local y sobre Montoya, gran sorpresa, recaía el marrón de taponar y equilibrar el esquema. La fluidez en la posesión de balón, el control de la situación tras pérdida y la verticalidad después de robo, elementos clave blaugrana para este partido.

Laurent Blanc, que sufría las ausencias de Ibrahimovic, Verrati, Motta y rescató a David Luiz para el banquillo -en un plazo de recuperación récord: cuatro semanas de baja recetadas y nueve días de reposo en la práctica-, optó por afianzar la idea de cierre intenso y salida entregando el mando del frenesí a Pastore. El argentino contaría con la flecha guerra Lavezzi y la devastadora astucia de Cavani. Por detrás, como red e seguridad, el físico de Matuidi y Rabiot y la sensatez táctica de Cabaye. Una medular de circunstancias que quedaba protegida por la última línea del repliegue, comandada por Thiago Silva, Marquinhos y apuntalada por los carrileros Van der Biel y Maxwell. De la cohesión en el achique y la precisión en la posesión, ya sea vertical o en estático, dependería la supervivencia del PSG en este duelo. El balón parado permanecía como variable fija en un pentagrama de esfuerzo solidario sin mirar a portería.

Con la incógnita de la intención del Barça en la profundidad del manejo de la pelota y la altura de la presión o encierro francesa arrancó la ida de este delicioso cruce. El equipo catalán impuso desde el inicio sus condiciones, exhibiendo personalidad: dominaba en monopolio el esférico y ahogaba la salida templada de pelota gala con ardor en la presión. Los franceses permanecían cómodos, agazapados con las líneas muy juntas y amenazando, desde el primer minuto, con salidas frenéticas a la contra. El ritmo quedaba definido bajo por la horizontalidad, demasiado pausada, de la asociación culé.

Con el control de daños como preferencia mutua, sin combinación que supere líneas del Barça, se quemó el primer suspiro, una situación que se tornó en espejismo para desgracia parisien. La presión blaugrana provocaba imprecisiones locales y el vuelo en transición penalizaba los espacios que dejaba el regreso de los centrocampistas locales -ninguno de ellos poseía el rol de peón defensivo- y Messi avisó en el 13 con su marca registrada, el chut con rosca al segundo poste desde la frontal. Su intento se estrelló en la madera como muesca pronosticadora. Dos minutos más tarde, Neymar remataba muy desviado un mal despeje de Maxwell e indecisión generalizada.

Con el sistema catalán colapsando la intención de ganar líneas y oxígeno de los pupilos de Blanc, Busquets tapó el regate en la banda de Rabiot para lanzar una contra que abría la puerta al veneno español. La pelota llegó a los pies de Messi que condujo por el centro, dividió y dejó en mano a mano al punta brasileño. El 11 cruzó con clase abriendo el marcador y empezando a decantar la cosecha tras los primeros méritos de cada cual. Acto y seguido, la fortuna retorcía la capacidad de épica del PSG y Thiago Silva se retiraba lesionado. Andando con la pelota en juego. David Luiz debía volver a la zaga en la peor tesitura imaginable, con 0-1 y sin horizonte.

Con el guión de partido ya fijado -dominio visitante total de la pelota-, el primer acto se disparó hacia el intermedio con el control del Barça decididamente lento. La circulación no peligraba por el encierro rival y los minutos se consumieron con la eficacia de la idea de Luis Enrique de la presión y el estatismo con balón. Tan solo la conexión de los tres puntas cambiaba el ritmo y Neymar concluyó con disparo desviado el único acercamiento hasta el descanso. Mascherano tapó la única contra clara de la que dispuso el Paris Saint-Germáin con una anticipación sublime que condenó a un Cavani que, con suma dificultad, realizó el solitario intento -de cabeza- para que Stegen estrenara los guantes. Sobrevivió el bloque francés a 45 minutos torcidos gracias, en parte, al descenso de la intención vertical catalana, que terminó por caer en la temida pasividad controladora a través de la que creció el oponente. Sólo Matuidi encontraba soluciones en campo contrario.

Reaccionó Blanc con gallardía, sumando intensidad a la fórmula de siesta blaugrana. Subió líneas para empezar a incomodar la circulación española y fruto de la diferencia de ritmo competitivo dispuso de dos ocasiones precoces: un chut centrado desde el pico del área de Pastore que se sacó de encima Stegen, con una pizca de inseguridad, y un remate tímido de Rabiot desde el perfil contrario. Antes del 50 de juego se había matizado el paisaje y el Barça empezaba a necesitar un aumento en las pulsaciones. Sin embargo, el partido avanzaba con el esfuerzo mínimo con pelota visitante -nunca cedió en el compromiso tras pérdida-. La siesta parecía convenir a un Barça que vio cómo Iniesta se retiraba lesionado y Xavi entraba en escena. Blanc apostó entonces por el suicidio ofensivo sacando de la hierba a Rabiot y sacrificando el equilibrio en pos de la velocidad en banda de Lucas Moura -tan gris como en su experiencia europea-.

Y lo pagó el técnico galo. Los espacios se multiplicaron a la espalda de la medular parisina. El primero en dar buena cuenta de ello resultó ser Luis Suárez, que aniquiló la eliminatoria de la única manera que dibujaba su equipo, en solitario. Recibió pegado a la cal, sentó a David Luiz con un túnel, dribló a Marquinhos y retrató a Sirigu con el segundo gol del partido. En el 66 parecía dar carpetazo al partido el uruguayo, que despertó a los suyos de la autocomplacencia.

Se abrió el duelo y Ter Stegen selló su portería con una estirada de foto al cañonazo de Cavani tras saque de esquina en el 69. Respondió Messi en vuelo con un slalom de seda que realizó un agujero en el centro del repliegue francés para chutar muy desviado desde la frontal. En plena efervescencia ofensiva, con el PSG partido, Rakitic dejó su sitio a Mathieu -Mascherano apoyaría a Busquets en el control de las contras locales- y el sacrificado delantero centro culé, sacrificado y acertado -protagonista decisivo del enfrentamiento- trazaría otro túnel a David Luiz para colocar la pelota en la escuadra en el 78. Subía el 0-3 que lucía la pegada catalana por encima de la ambición como colectivo y la seguridad defensiva del brasileño subrayaría, de nuevo, su nivel.

Antes del desenlace de este partido -que no de la eliminatoria, concluida en el 66 de juego- Montoya dejó su sitio a Adriano y Mathieu desvió el chut de Van der Biel para cerrar el 1-3 definitivo. La anestesia blaugrana impuso su ley y los fogonazos de calidad de su delantera resolvió un partido plácido. Cavani y Messi gozaron de opciones postreras para sumar un gol a sus respectivas mochilas sin éxito. El Barça jugó con seriedad y manejó con éxito una situación demasiado pesada para el mermado conjunto galo. El Camp Nou vivirá una fiesta intrascendente -salvo catástrofe- en el punto en que el sistema de Luis Enrique ha exhibido mejor eficacia en defensa. España contará con dos semifinalistas.