Mostrando entradas con la etiqueta Violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Violencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de marzo de 2018

OTRA VEZ LA VIOLENCIA

Aránzazu Gálvez


No corren buenos tiempos en lo que la relación entre seguridad y fútbol se refiere. El recuerdo de la actuación de los hooligans en la pasada Eurocopa francesa, los incidentes protagonizados por varios grupos ultras dentro del balompié español, la lamentable muerte del ertzaina que trabajaba para bloquear el enfrentamiento entre radicales del Athletic y del Spartak de Moscú y el trato de favor que el PSG ha dado a la rama más violenta de su afición confeccionan un panorama tenebroso. Y más si se atisba que el Mundial 2018 se desarrollará en Rusia.

Pues bien, este sábado el rotativo galo L'Équipe ha publicado una información que todavía embarra aún más la permisividad que el club parisino habría tenido con sus ultras en el marco de la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones ante el Real Madrid, Y es que, además de lo investigado por la UEFA en el expediente abierto (se está escudriñando el control de acceso a los asientos por el escándalo explícitado por las bengalas que fueron encendidas durante el partido), se ha filtrado un informe todavía más inquietante que la laxitud en la seguridad del Parque de los Príncipes.

Según la prestigiosa publicación francesa, la directiva catarí del PSG habría entendido como lógico que la Policía no escoltara al autobús del Real Madrid de camino al recinto donde se iba a disputar el choque. Todo dentro de hacer hostil el trámite a Ronaldo, Benzema y compañia. Como ha hicieron al lograr que hubiera un lapso nocturno en el que sus ultras pudieron atronar el sueño de los futbolistas merengues. El hecho es que el club pidió a las autoridades de la capital gala que no brindaran escolta policial al bus español en el camino desde el hotel hasta el estadio.

La narración cuenta que el PSG trasladó esa petición formal a la sede de la Policía en París durante el mismo día del partido, el martes pasado. El trayecto entre el distrito 8 y el coliseo habría de ser sin medidas de seguridad. Una imprudencia proverbial que fue solicitada por mor de incomodar al máximo al rival deportivo. Las autoridades, como no puede ser de otro modo, se negaron de forma tajante. Hay un protocolo establecido legalmente y ni los petrodólares pudieron con su cumplimiento en territorio francés. Sin duda, este apartado bien puede ser añadido al expediente que prepara la UEFA.

Pero, sin salir de Francia, este sábado se vivió otro escena lamentable. El Lille, ese club de nuevo propietario que echó a Bielsa por saltarse las normas del internas -con motivo de viajar a Chile para despedirse de uno de sus mejores amigos-, viaja confirmado en posiciones de descenso en la Ligue 1. Lo que parecía un proyecto con tintes continentales al comienzo del curso se ha tornado en una pesadilla. Y su facción más radical de la hinchada, ubicada en el fondo norte del estadio Pierre-Mauroy, no se contuvo tras el empate a uno registrado ante el Montpellier.

Las imágenes resultan un tanto inquietantes. Decenas de ultras saltaron las vallas de seguridad y se adentraron en el verde en cuanto que el árbitro pitó el final del enésimo empate casero. Desde el fondo norte descendieron exaltados que lanzaron objetos, amenazaron e insultaron a sus propios futbolistas. De hecho, alguno de los profesionales llegó a ser zarandeado en la escaramuza colectiva. Las fuerzas de control se vieron obligadas a conformar un cordón policial que garantizara la salida a vestuarios sin más ataques a los deportistas.

Y al otro lado del Canal de la Mancha también se degustó el amargor del hoolinganismo. Londres acogió el el 0-3 que asestó el Burnley al West Ham en el Estadio Olímpico, Ese recinto ejercería como marco de otra escena dantesca. El club se encuentra tres puntos por encima del descenso y sus ultras se erigieron en protagonistas del día.

Primero, justo después del 0-1 anotado por Ashley Barnes -minuto 66- saltó al campo un personaje que entró en batalla con el capitán del equipo local. Mark Noble, icono de los 'Hammers' terminó por echar al desubicado a golpes. En segundo lugar, tras el 0-2, obra de Chris Wood, otro tipo saltó a la hierba, sacó un banderín de córner y corrió hasta el centro del campo, donde clavó el mencionado palo. Y tras el tercer tanto visitante (doblete de Wood) varios ultras más entraron en la cancha y corretearon antes de ser placados, completando un rocambolesco retrato del presente futbolístico en el Viejo Continente.

jueves, 23 de marzo de 2017

XENOFOBIA ANTE LA VISITA DE ISRAEL

Diversas plataformas anti sionistas de calado eminentemente discriminatoria han organizado para mañana concentraciones contra la selección de Israel

Antonio Blanca

El encuentro que España disputará ante Israel en Gijón sigue adquiriendo tintes políticos con el paso de las horas. Así, la plataforma Tarjeta Roja a Israel, compuesta por quince entidades asturianas, se manifestará en la ciudad gijonesa mañana contra el "comportamiento del Estado de Israel" coincidiendo con el partido que ambas selecciones disputan clasificatorio para el Campeonato del Mundo de Rusia 2018.

La manifestación dará comienzo a las 19:00 en la plaza de Jovellanos para finalizar en el parque de Cocheras, el lugar más cercano al estadio de El Molinón al que les permiten acercarse. El portavoz de la plataforma, Ángel Alonso, aseguró ayer que la selección de Israel representa en el terreno deportivo "a un Estado que comete violaciones contra el derecho a jugar al fútbol de otros pueblos", pero reiteró el carácter "pacífico" de la convocatoria.

La marcha tiene como lema "Ayer Sudáfrica, hoy Palestina" y a su vez esta plataforma ha solicitado a la FIFA la expulsión de la selección de Israel mientras el país continúe con su actual forma de actuar. "La sociedad civil tiene que caracterizarse por la defensa de los derechos humanos y Gijón ha dado muchos ejemplos de ello y el viernes lo volverá a dar", añadió Alonso. Al margen de la manifestación la plataforma repartirá miles de cartulinas rojas para que el público que acuda al partido las muestren en los minutos 17 y 48 del encuentro, minutos elegidos en conmemoración de dos fechas, 1917 y 1948, en las que las potencias occidentales concedieron a Israel los terrenos palestinos. En relación con este asunto, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Gijón, gobernado por Foro, ha recordado que el pasado 9 de marzo el Pleno municipal aprobó una moción que revocaba la iniciativa aprobada previamente de apoyo a una campaña internacional de boicot, desinversiones y sanciones a Israel.

Mientras tanto, el combinado que entrena Julen Lopetegui siguió con la preparación del choque en un entrenamiento en el que Carvajal no pudo ejercitarse al sufrir un proceso gripal, mientras que Pepe Reina continuó al margen con molestias en un gemelo que siguen teniendo en el aire su continuidad. El sitio del portero del Nápoles lo ocupó de nuevo Kepa, que no viajó junto al resto de compañeros de la selección española sub 21 a Murcia, y está a la espera de la evolución del guardameta madrileño para saber si se queda en la absoluta como tercer portero.

El seleccionador español estará pendiente de la evolución de Carvajal para decidir el lateral derecho. El madridista iba a ser titular frente a Israel y en caso de que no esté recuperado su sitio lo ocuparía Azpilicueta.

jueves, 16 de junio de 2016

LA VIOLENCIA DE LA EUROCOPA

Demasiados actos violentos los que vienen acaeciendo desde el comienzo de la Eurocopa de Francia que aumentan la inseguridad en el país francés

Antonio Blanca

Las peleas se organizan a las afueras de la ciudad, habitualmente en descampados, en bosques o a las orillas de alguna carretera. El motivo de alejarse de la civilización es evitar así el control policial y las cámaras de seguridad. Los propios organizadores son los encargados de grabar los combates, para posteriormente encontrar las fortalezas y debilidades de los grupos combatientes. Previamente se fijan una serie de reglas entre las que la más importante es que la lucha sea cuerpo a cuerpo: nada de armas. Una vez que todo está en orden, cientos de hooligans con una estricta preparación física y amplios conocimientos en artes marciales comienzan una verdadera batalla campal, que, bajo la careta del fútbol enmascara profundos motivos políticos. Ni siquiera a David Fincher se le ocurrió someter a tal locura a Brad Pitt, Edward Norton y compañía en su célebre 'El Club de la Lucha'.

Decía George Orwell que el fútbol internacional no tiene nada que ver con el juego limpio. Que más bien está ligado con el odio, los celos, la jactancia y el placer sádico de presenciar la violencia. Es como la guerra pero sin los tiros. La ampliación de la Eurocopa de Francia de 16 a 24 equipos no solo ha tenido el efecto de que algunas selecciones poco potentes han disminuido el nivel futbolístico del torneo, sino que además ha abierto la puerta a una multitud de países del Este poco acostumbrados a estos eventos, muy violentos y, lo que es peor, con muchas cuentas pendientes entre sí.

No había comenzado la Eurocopa, pero los violentos ya estaban dispuestos a arruinarla. Como ya pasase hace 18 años, cuando en Francia lo que se celebró fue el Mundial, los hooligans ingleses aterrizaban en Marsella y desde el inicio comenzaban las hostilidades. Insultos a personas árabes, sillas que volaban y quema de banderas tunecinas. En 1998 los disturbios duraron tres días y dejaron más de 100 detenidos, pero estos nuevo ultras británicos no son como los de hace dos décadas: no están en forma, beben hasta perder el sentido, van armados y, lo más importante, no están acostumbrados a combatir.

Y eso es precisamente lo que más enerva a los hooligans rusos. Consideran que sus hinchas matriz se han desnaturalizado y, en cierto modo, han traicionado a su forma de vida. Por eso los rusos los odian. Cuando éstos llegaron a Marsella llegaron a un pacto de no agresión con los ingleses para combatir unidos contra los hooligans locales, defensores de los árabes. Pero esa alianza pronto se terminó cuando los rusos también comenzaron a golpear a los ingleses, desatando el terror por la ciudad con unos ataques de 300 hombres organizados más bien como un comando militar que como un grupo de aficionados al fútbol. Y las amenazas de la UEFA no les quitan el sueño, ya que ellos, como ellos afirman: "los ingleses siempre dicen que son los únicos hooligans. Hemos venido aquí ha demostrar que son unas niñas".

Desgraciadamente, el via crucis de los ingleses no acaba aquí. Ya el pasado jueves, con ocasión del Gales-Inglaterra, los hooligans volvieron a ser atacados por hinchas galeses provocando incidentes de menor categoría. Solo un preludio de lo que les espera. El último partido de este auténtico grupo de la muerte les enfrentará a Eslovaquia, otra selección del Este que se ha visto beneficiada del nuevo formato del torneo y que tiene muchas cuentas pendientes con los hooligans. Concretamente de 2004, cuando durante un choque de eliminatorias para la Eurocopa entre ambas selecciones dos ingleses resultaron muertos en Bratislava después de enfrentamientos físicos entre sendas aficiones. Los Yellow Green Hearts, extremistas eslovacos del Zilina, ya preparan una auténtica "caza del inglés" en Saint-Étienne en la que "el fútbol será solo una excusa".

Pero no todo se reduce a Inglaterra y sus malas relaciones. De hecho, apenas hemos empezado a tratar la nómina de aficiones ultras que ya están en Francia, o bien están a punto de desembarcar en el torneo.  De Alemania también ha llegado su propia delegación de radicales. Muy jóvenes y con ideologías de extrema derecha, se han paseado por Lille  con esvásticas, brazos en alto en clara alusión al nazismo y cántitos xenófobos e islamófobos. 18 de ellos fueron detenidos en Dresde con banderas del imperio prusiano cuando trataban de cruzar la frontera que separa su país de Francia.

Por su parte, los polacos tampoco se quedan atrás. Ya organizaron una pelea pactada con los rusos antes de entrar en Francia, y posteriormente atacaron a los aficionados de Irlanda del Norte poco antes del debut de ambas selecciones en el torneo. Nacionalismo, antisemitismo y repulsa de las ideologías de izquierdas, sus señas de identidad son muy parecidas a las de los alemanes, pero las evidentes connotaciones históricas hacían del Polonia-Alemania del pasado jueves uno de los partidos más temidos por la organización.

Sin embargo, había un posible partido especialmente temido por la UEFA, un eventual Ucrania-Rusia en Octavos de Final. Tanto temen los organizadores este posible enfrentamiento con tantas y tan recientes cuentas pendientes que ya adulteraron el sorteo original para impedir que estos malos vecinos pudiesen enfrentarse en la primera ronda. Pero algo se les pasó: el azar unió el destino de ambos grupos en la segunda ronda del torneo, que además es eliminatoria, por lo que un enfrentamiento entre rusos y ucranianos era bastante probable. El mal desenvolvimiento de ambos conjuntos ya ha descartado esa posibilidad y, aunque aún podría darse el enfrentamiento en posteriores ronda, es poco probable que ambos superen sus choques previos.

El partido que la UEFA sí que tendrá que afrontar será el Polonia-Ucrania de la tercera jornada de fase de grupos que se disputará en el Vélodrome de Marsella el próximo martes. Los ucranianos han desplazado ultras neofascistas e incluso veteranos de la guerra con Rusia. Ya protagonizaron algunos incidentes con los alemanes en la previa que enfrentó a ambos partidos, y el riesgo de fuertes choques con los radicales polacos es alto.

La prueba de que en todos estos enfrentamientos poco importa el fútbol es la anunciada llegada de nacionalistas serbios, pese a que Serbia no se clasificó para la Eurocopa. El único objetivo sería atacar a los radicales albanos, país con el que les enfrenta un fuerte conflicto político y bélico desde La Guerra de Kosovo, en la que Albania se independizó de la antigua Yugoslavia. Los últimos combatientes de esta especie de guerra callejera son los húngaros. Después de 30 años, Hungría regresa a una Eurocopa, y con ellos llegan sus ultras. Con cánticos en contra de los gitanos de su país vecino Rumanía y a homenajes a generales húngaros de extrema derecha, además los húngaros ya protagonizaron incidentes homófobos en el choque que enfrentó a su selección con la de Austria, y en la que mostraron pancartas ridiculizando a la artista austriaca Conchita Wurst.

Se espera que ataquen a los ultras rumanos en el Rumania-Albania de la tercera jornada de la fase de grupos que se disputará en Lyon. Los rumanos, de hecho, se podría decir que son los ultras más peligrosos del torneo. No por ser especialmente violentos, sino porque sus ideologías y procedencias están tan mezcladas que ya han protagonizado varios altercados y peleas entre ellos mismos, por las que fueron detenidos hasta nueve de sus miembros en París.

Lo cierto es que debido a su gran mezcla racial, Francia es un país acostumbrado a la congregación de hooligans racistas y violentos en sus torneos. En 1984 el país galo ya organizó una Eurocopa que terminó ganando y en la que los aficionados ingleses causaron destrozos innumerables por París. El equipo local eliminó a Inglaterra por dos goles a cero y eso desató la ira de los hooligans, que causaron daños en la capital francesa de más de 200 millones de pesetas. Peleas en las gradas, coches destrozados y decenas de aficionados ingleses detenidos por las autoridades francesas fueron el resultado. Ese mismo año, en la final de la Copa de la UEFA, un aficionado del Tottenham inglés había fallecido de un disparo y más de 200 fueron detenidos. También los radicales alemanes de Alemania Occidental protagonizaron incidentes racistas con los hinchas de Portugal en los momentos previos al partido que les enfrentó a ambos. Los alemanes fueron detenidos y deportados a su país ese mismo día gracias a una ley especial aprobada por el Parlamento francés antes del torneo.

En 1998 Francia volvió a organizar el Mundial de fútbol de la FIFA y de nuevo Marsella volvió a ser el principal foco de violencia por los enfrentamientos entre los hooligans ingleses y los aficionados tunecinos en la previa del Inglaterra-Túnez de la fase de grupos, que dejaron un bagaje de más de 100 heridos y 150 detenidos. Nuevamente los alemanes fueron los segundos protagonistas, al provocar fuertes altercados con la policía parisina antes del enfrentamiento de su selección contra Estados Unidos. Un trasfondo de odio, xenofobia y racismo que sigue acompañando a los ultras del fútbol europeo más de 30 años después de los primeros incidentes.

jueves, 8 de enero de 2015

JE SUIS CHARLIE


La libertad de expresión es uno de los bienes más preciados con los que contamos todas las personas y que nada ni nadie puede socavar 

Antonio Blanca

Lo dijo el director del semanario francés Charlie Hebdo, Stéphane Charbonnier, fatídicamente asesinado en la mañana de ayer a manos de tres islamistas radicales, “prefiero morir de pie a vivir de rodillas”. Este adalid de la libertad, llevó su premisa hasta las últimas consecuencias. Ejerció su libertad de expresión, y hete aquí que ofendió a una parte del Islam, la fundamentalista, y cual torero aguantó valiente los distintos lances en forma de amenazas a su vida, porque quiso vivir de pie, con dignidad y valor. Dos principios extensibles a todo el equipo de la revista cómica francesa.

El ataque repentino, el asesinato siempre es vil y canalla, cobarde en sus cotas máximas. Este repugna más todavía porque las balas atacan a las palabras, porque se mata a la libertad. “La muerte de Charlie” nos debe hacer más libres, no puede quedar en vano, de nada servirá llorarla sin honrarla.

Que en la segunda década del siglo XXI haya seres humanos que maten a otros iguales por usar la palabra, en este caso, la caricatura o el dibujo, para expresar su opinión, es un síntoma de deshumanización terrible. Los periodistas de Charlie Hebdo eran culpables de pensar y manifestar su pensamiento. Discrepar de forma tan contundente con quienes se manifiestan en contra de lo que consideramos nuestra libertad, no nos concede el derecho a desear que desaparezcan. Que no existan. Que no escriban. Que no piensen de forma distinta.

Porque desear que no se expresen es tanto como tratar de callar palabras que no nos gusta oír. Ocho años de amenazas del extremismo islamista contra 'Charlie Hebdo', han concluido con una masacre vil y repugnante. Todos los días mueren de forma violenta y cruel seres humanos en nombre de una idea, de un Dios, de una verdad única e implacable. En el día a día nos debemos obligar a reflexionar sobre varios aspectos de la libertad de palabra y pensamiento.

Que la evolución del hombre nace en esa discrepancia. Que el periodismo es una profesión que ha de defender esa discrepancia. Que el respeto incluso a lo que no nos agrada es la demostración más saludable de nuestros ideales y principios y que no tenemos derecho a usar ningún tipo de violencia para defender nuestra libertad. La violencia trata de inculcarnos el miedo que nos impida expresarnos. Los 12 muertos desestimaron tenerlo y seguir dibujando. Olé por ellos.

¡Viva la libertad!

Nota: hoy mi artículo deportivo ha sido un homenaje a los que ayer perdieron la vida en nombre de la libertad de expresión. Solo se puede darle las gracias y llorar su pérdida. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA IDEOLOGÍA VIOLENTA DEL FÚTBOL


Antonio Blanca

Después de once años el fútbol español volvió a vestirse de luto de nuevo por el derramamiento de sangre entre aficionados. Mismos protagonistas con distinta víctima, si bien en esta ocasión no fue un antecedente de hecho similar al del asesinato del aficionado de la Real Sociedad, Aitor Zabaleta que acudía al Vicente Calderón a ver un partido de fútbol con su novia y fue apuñalado en el corazón de una manera cobarde y vil por un miembro del “Frente Atleti”, Ricardo Guerra que le atacó sin mediar palabra solamente por el hecho de vestir una camiseta de su equipo y tener la osadía de mancillar el honor del campo del Atlético de Madrid, o cuando Manuel Ríos fue asesinado por un Riazor blues en 2003 al defender a un chaval que portaba la camiseta del Compostela de una paliza. Así debe funcionar una mente enfermiza que no enferma, porqué toda esta banda de criminales y asociaciones pseudo terroristas saben y quieren realizar perfectamente todos los actos que llevan a cabo, lo que en Derecho penal se conoce cómo dolo.

Digo bien que lo que pasó el 30 de noviembre de 2014 dista bastante del crimen en 1998 de Aitor Zabaleta o del de Manuel Ríos en La Coruña, porque quién perdió la vida de modo gratuito y absurdo no fue un señor que pasaba por un lugar tranquilamente y se vio sorprendido, atacado sin poder pedir auxilio para poder salvar su vida. Quede claro que cualquier muerte es digna de ser condenada, pero no se puede tratar de convertir en mártir a quién se baja de un autobús tras hacerse quinientos kilómetros con la única intención de pelearse con otro “simio” de igual pelaje que le andaba esperando en los alrededores.

Fue una batalla campal entre miembros del “Frente Atleti” de ideología ultraderechista y aficionados del Atlético de Madrid contra los “Riazor blues”, seguidores del Deportivo de la Coruña, de extrema izquierda y que contaron con ayuda de los ultras del Rayo Vallecano (“Bukaneros”) y del Alcorcón (“Alkor Hoolingans”), según ha dado a conocer la policía.

Una cita vía whatsapp que desembocó en la fatal muerte de Francisco Javier Romero Taboada, alias “Jimmy”, miembro de la facción más dura de los “Riazor blues”, con antecedentes penales a sus espaldas por delito contra la salud pública, o lo que es lo mismo y popularmente conocido como tráfico de drogas y por malos tratos también. Un hombre al que no le importó salir a matar o morir. Una verdadera lástima que deje huérfano a un niño de 4 años y una joven de 19. Se debe dar el pésame a la familia y preguntarse las causas que llevan a un señor de 43 años a comportarse así, porque si bien “Jimmy” perdió la vida, él salió con intención de arrebatársela a miembros del grupo contrario.

¿Minuto de silencio? Lo siento pero no. Sin paños calientes, no es un aficionado de a pie, sino un ultra, identificado y con delitos a sus espaldas, no puede tener homenaje público pues no se lo merece, ya que representa todo aquello que da origen a lo que se quiere erradicar. El más sentido pésame y respetar su pérdida por la familia que deja, eso sin duda alguna.

No se trata ahora de tomar medidas en caliente, sino de tomar medidas efectivas sí o sí. Se deben evitar muertes, agresiones, situaciones violentas, o poner todos los medios posibles para ello.
De este caso y la existencia de los grupos ultras vinculados a ideales políticos extremos y clubes de fútbol hay que preguntarse si es un hecho aislado o es algo común. Parece que en los últimos tiempos se están haciendo públicas actuaciones de distintos grupos, “Frente Atleti”, “Riazor blues”, “Biris”… que rememoran a los años 90, cuando también el “Frente”, “Boixos Nois” y sobre todo “Ultras Sur” campaban a sus anchas por el fútbol español. Por lo tanto se puede aventurar que nos encontramos ante un incipiente problema so pena de enquistarse si no se pone remedio.

El fútbol per se, como el deporte en general, no es violento, no fomenta la violencia, si bien y en la mayoría de ocasiones se viste de un lenguaje belicista que invita a la “guerra”, entiéndase siempre metafóricamente. Porque si al deporte rey se le quiere cargar con la execrable lacra de ser portador de valores violentos, lo mismo se podría argumentar respecto al cine, los videojuegos, el teatro, la literatura, incluso la pintura.

Bien es cierto que el fútbol levanta pasiones, emociones, genera tensiones y eleva en dos o tres grados más el temperamento de la genta. Sin embargo son hechos esporádicos los violentos que ocurren entre la afición común y corriente, no revistiendo menos gravedad por ello, merecedores de pena obviamente.

Así, el fútbol que no deja de ser un deporte y también un negocio, no fomenta la violencia, aunque los grupos ultras a los que dudo fehacientemente que les guste el fútbol, lo usen como excusa perfecta para tal fin, actuando bajo el paraguas del anonimato como asociaciones ilícitas, usando la violencia como coacción, diversión y justificación de sus métodos y pensamientos, subsumibles dentro del tipo penal del artículo 518 del Código Penal.

La violencia existe y precisamente por eso, el fútbol, sus instituciones y todos aquellos que forma parte del mismo no pueden mirar para otro lado como si nada. La ejemplar decisión de Joan Laporta, casi lo único reseñable positivamente del ex mandatario blaugrana, expulsando a los Boixos Nois del Camp Nou, o la tomada por Florentino Pérez más recientemente, poniendo de patitas en la calle a los descerebrados de Ultras Sur, tienen que ser imitadas por todos sus colegas. Miguel Ángel Gil Marín ha dado un paso al frente, y ha decidido eliminar como peña del Atlético al Frente (no puede disolverlo como asociación, pero sí expulsarlo de la militancia colchonera), pues bien, la medida debe conllevar igualmente la salida de dicho grupo del estadio Vicente Calderón, para poder disfrutar en su plenitud del fútbol y de la mejor afición de España.

Estas tropas en ocasiones paramilitares en lo referente a su organización, ya tengan la ideología que tengan, comenten hechos delictivos fuera del fútbol igualmente. ¿Seguidores de equipos? Defensores de ideologías como la fascista, nacional socialista o comunista, que cargan con millones de inocentes asesinados a sus espaldas. Como aquéllos que hacen apología del terrorismo batasuno y otras justificaciones a causas fanáticas, ¿pueden entrar a un evento deportivo, de verdad? Esta escoria integrista de la violencia sobra del fútbol, sobra de la sociedad, sobra de cualquier parte.

Por ello, los clubes de fútbol como sus dirigentes a la cabeza, deben funcionar a la voz de ya, y en colaboración y coordinación con la Real Federación Española de Fútbol (que vergüenza produce que su Presidente no haya tenido la gallardía de dar la cara y andar escondido cual rata de alcantarilla ante la magnitud de lo sucedido), la Liga de Fútbol Profesional y las Autoridades para echar de una vez por todas a los sectores ultras de cada equipo.

En nuestro ordenamiento jurídico existe una Ley nacida al albur de la violencia en el deporte que trata de limitarla y acotarla, la Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Aquí se prevén unas medidas de carácter obligatorio para los organizadores de eventos deportivos y para el público asistente. Medidas con fines preventivos: erradicar determinados comportamientos; controlarlos al menos; y, evitar que se manifiesten en espectáculos deportivos. Como vemos, están dirigidas a todo aquello que sucede en el interior de un estadio deportivo.

Así, cuando una persona no se comporte adecuadamente y altere el orden público entonando cánticos xenófobos, intolerantes o que inciten a la violencia y al terrorismo, lance objetos a la grada o al terreno de juego, irrumpa en este último, porte armas de cualquier clase o productos fumíferos, corrosivos o inflamables no podrá acceder o permanecer en el recinto deportivo. Por tanto, si esa persona es un grupo importante todo el grupo fuera del campo. Aquel forofo extremo que quiera permanecer en un campo que se comporte debidamente. Ley en la mano, se puede ser ultra pero no radical, y si no se realiza ningún hecho delictivo o contrario a la Ley, con total seguridad y garantía podrá permanecer en el estadio, porque el hecho de formar parte de un grupo de personas genérico, que lleva a cabo actuaciones calificables de delito con ocasión de un acontecimiento deportivo, no genera responsabilidad penal de todos los sujetos identificados en el mismo grupo.

Ahora bien si se quiere expulsar a los grupos ultras, para evitar esto último, sería una buena medida calificar a todos los grupo ultras violentos por el artículo 515 en relación con el 518 del Código Penal, como asociaciones ilícitas.

Por el contrario, los hechos que han originado este tsunami de reacciones se han producido fuera del recinto deportivo, no obstante no dejan de guardar relación con el mundo del fútbol.

En España, las autoridades disciplinarias llevan de un tiempo a esta parte sin estar a la altura exigida. El estadio Vicente Calderón no fue cerrado por el “mecherazo” a Ronaldo la pasada Copa del Rey, Mestalla imagino que tampoco lo será por el “botellazo” a Messi.

Decisiones desacertadas iniciadas allá por el 2001 cuando el Camp Nou no se cerró ante un espectáculo bochornoso vivido cabeza de cochinillo incluida la noche que Figo volvió a Barcelona vistiendo la elástica merengue, que premian ya no la puntería, sino la efectiva producción del daño. Estas conductas violentas dentro de un campo de fútbol merecen ser sancionadas por su mera comisión, por su actividad, no solo penar su resultado si logran producir lesión, que también.

Esto no es castigar a justos por pecadores, pues el que realiza la acción ilegal es uno o unos pocos y no la mayoría, pero con la medida de cerrar estadios a modo de sanción se hace entender a los responsables de los equipos de fútbol que deben vigilar y dotarse de mayores medidas de seguridad. Ya que como dispone la Ley 19/2007, el incumplimiento de sus medidas provocará responsabilidad civil o administrativa por su falta de prevención o de diligencia cuándo no se hayan adoptado las medidas de prevención establecidas.

Medidas preventivas para evitar la entrada al estadio  de determinados objetos peligrosos y establecer controles de seguridad tanto para su acceso como en zonas aledañas, estableciendo para ello la comunicación entre clubes, policía y autoridades gubernativas, hecho que en la mañana del 30 de noviembre falló estrepitosamente. Ya no desde esa misma mañana, sino la semana de antes cuándo el Comité Anti violencia no catalogó al partido Atlético de Madrid-Deportivo de la Coruña como de “alto riesgo”, no teniendo en cuenta que ambos clubes tienen un sector ultra de aficionados que son totalmente antagonistas.

No por esta no declaración ocurrieron los actos salvajes y vandálicos, pero se podrían haber solventado con mayor celeridad de lo que se hizo si la policía hubiera estado alertada. Con esto no se pueden cargar las tintas y echar culpabilidades ni a clubes, ni autoridades ni a Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los primeros y máximos responsables de lo acaecido fueron los ultras-delincuentes participantes miembros del Frente Atleti y de Riazor blues.

La responsabilidad de los clubes en este caso es difícil de atribuir, salvo que el club visitante, Deportivo, hubiera dado las entradas directamente a los Riazor blues y hubiera contribuido a su desplazamiento, algo que desde el club coruñés se niega tajantemente. Aunque no deja de ser cierto, que el Atlético de Madrid les otorgó un número de entradas para que las distribuyeran entre la afición deportivista, y que el Deportivo se lo dio a la Federación de Peñas que supuestamente se lo dio a Riazor blues, una cadena de traspasos sin custodia, que evidentemente tiene que cesar y cambiar. Debería ser obligatorio saber el origen y el destino de todas y cada una de las entradas, como si de una cadena de endosos mercantiles se tratara.

Los hechos no tuvieron lugar en el Vicente Calderón, y por ende la responsabilidad civil de los clubes en este caso queda exenta, salvo en lo mencionado en el párrafo anterior.

Existe distinción entre lo que ocurre dentro y fuera del recinto deportivo. La pregunta entonces es, sabiendo que son los organizadores los encargados de la seguridad en el interior, ¿a quién corresponde fuera? ¿A los clubes organizadores? Difícil exigir a un equipo que despliegue todo un protocolo que a su vez sea efectivo para controlar lo que ocurre en la calle, sobre todo por dos motivos, primero porque implicaría una inversión económica notable y dificultosa de llevar a cabo por todos los equipos, y segundo, porque una entidad privada no puede ejercer una actividad de policía fuera de su propiedad, careciendo de competencia para ello.

De este modo, no se pueden cargar las tintas a los equipos de fútbol del comportamiento de los grupos ultras identificados con el propio equipo fuera del estadio. Sí se les puede exigir colaboración, pero no acusarles. No se puede olvidar que los verdaderos y únicos responsables son los aficionados radicales.

De la distribución de las entradas, de ciertas subvenciones a peñas, de la obligación legal de llevar un libro de registro que contenga información genérica e identificativa sobre las actividades de las peñas y asociaciones de aficionados que prestan su apoyo y adhesión a la entidad en cuestión, el club sí que es responsable, directo o subsidiario. Igualmente lo es del control de acceso al estadio.

A la actuación de los clubes de fútbol, hay que sumar el control que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen que realizar, con suma importancia para lo que vaya a suceder en las afueras del campo, en colaboración estrecha con los clubes bajo las directrices de la autoridad gubernamental, incluso con equipos de psicólogos para poder hacer frente a las conductas de estos grupos de criminales.

Que todos estos hechos revisten meridiana importancia para la sociedad se refleja en que el Código Penal recoge como tipos delictivos específicos los actos vandálicos y violentos en el artículo 557. En su segundo apartado, se señala un tipo agravado justificado, para cuando los actos  de violencia sean con ocasión de espectáculos deportivos y se realicen colectiva o individualmente.

Estamos ante un delito común de posible comisión por cualquier persona. En el apartado primero se habla de actos que tienen que ser realizados en grupo, claro que no es necesaria la pertenencia de dicho colectivo a una estructura asociativa previa. Es un delito de resultado, requiere el daño a la paz social y al orden público de modo grave.

Con todo lo expuesto, ya existen en la Ley 19/2007 soluciones a este fenómeno violento, que dañan a la imagen interior y allende de nuestras fronteras del fútbol patrio. Si bien se pueden aportar más todavía para evitar tanto la actividad como la existencia de los ultras.

El cierre parcial de la gradas; establecer un carnet identificativo para los aficionados que quieran viajar con su equipo a los partidos de fuera de casa; la prohibición de los desplazamientos de las aficiones rivales, es decir, que no exista venta de entradas entre clubes; obligar a quién tenga la prohibición judicial de entrar a un evento deportivo a que acuda a la comisaría más cercana de la ciudad en la que se encuentre durante el mismo (como ocurre en Reino Unido); mayor video vigilancia; entradas nominativas con justificación e identificación si se cede o vende a un tercero; y lo más importante, la educación, que bien puede parecer una perogrullada, es todo lo contrario. En la sociedad española actual, tan desnortada en sus principios, que llora la muerte de un perro y se mofa de la de una anciana (por muy aristócrata que fuera), impregnar a los más jóvenes de los verdaderos valores del deporte y de la vida, inculcárselos desde pequeños para evitar el nacimiento de nuevos ultras, es una tarea principal a acometer por toda la comunidad.

Definitivamente, no querer reconocer que en nuestro fútbol hay actitudes violentas es contribuir a ella por omisión. Desde las redes sociales, a la calle y más grave al interior del estadio, la hay. ¿Acaso no es violencia la apología de ETA que se hace en San Mamés todos los partidos? Evidentemente no por todo el estadio pero sí por una minoría sonora. También es violencia los exabruptos racistas que se oyen en ciertos estadios y que sufren algunos jugadores, que por cierto para otros sí que parece tener venia a recibir insultos y soflamas y encima no pueden decir ni mu. En casi todos los campos de Primera división se entona contra Cristiano Ronaldo, “ese portugués, que hijo puta es”. ¿Es eso violencia o como es a Ronaldo ya no lo es? Basta ya de tolerar esto.

Si realmente se quiere erradicar todo tipo de violencia (verbal, física o gestual), se necesita más control, una mayor aplicación taxativa de las leyes y más mano dura para con todo aquel que quiera, fomente o ejerza la violencia. Sin excepción y suma con rotundidad.

No en vano, todas las personas son respetables, pero no todas sus opiniones.