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jueves, 16 de agosto de 2018

EL ATLÉTICO APROVECHA LOS FALLOS DEL MADRID

Jaime Trevijano

Tercera final europea entre Real Madrid y Atlético de Madrid. Dos Champions y esta Supercopa de Europa. Y en todas ellas, los noventa minutos no valieron para decidir al ganador.

La igualdad entre ambos conjuntos de los últimos años volvió a quedar reflejada este domingo en Tallin. Aunque en esta ocasión, pasar al tiempo extra no supuso sufrimiento para los pupilos de Simeone.

El argentino introdujo a los recién llegados Rodrigo y Lemar en el once titular. Y ambos dieron señales de ser excelentes refuerzos para la temporada que aquí empezó. Por su parte, Lopetegui, en el año I post-Cristiano Ronaldo, apostó por lo visto hasta ahora en pretemporada. A falta de que Modric coja ritmo, con el croata en el banquillo Isco pasó a la zona de creación y la línea de ataque estuvo formada por Bale, Benzema y Asensio.

Lo que no se pudo conocer con exactitud fueron los planes iniciales de ambos conjuntos. Diego Costa se encargó de dinamitar la final a los 57 segundos de partido. En ese intervalo, el delantero convirtió un pase largo desde la zaga hacia su posición en un gol para enmarcar. Aprovechó que tanto Ramos como Varane no tenían la cabeza en Tallin descartando al primero con un sombrero con la testa y al segundo con un autopase para plantarse en el área de Navas. Pese a estar casi sin ángulo, Costa sacó un trallazo al palo largo de Navas para inaugurar el marcador.

Con el viento a favor, el Atlético entregó la iniciativa al Real Madrid, que asumió el papel sin remilgos y lo intentó con insistencia, aunque sin inquietar en demasía a Oblak. Los blancos se apoyaban en las combinaciones en banda izquierda de Marcelo, Isco y Asensio, dejando el carril derecho para la velocidad de Bale.

Fue precisamente el galés, en una de esas llegadas, el que avanzó lo suficiente para entregar un centro blando al segundo palo que Benzema convirtió en el empate tras no tener piedad de las dudas de Oblak ante el envío. Era el minuto 25 y el Madrid veía recompensado su dominio con el empate.

Tras aquellos diez minutos grogui por el tanto en contra, el Real Madrid desplegó su mejor juego. Tras lograr el empate, siguió contando con claras ocasiones, como una de Asensio con la pelota en los pies en solitario dentro del área que quedó anulada por la falta de decisiones del balear.

Tras el descanso, aun empezando con los mismos protagonistas, la dinámica se fue igualando. Rodrigo en la medular dejaba constancia de la buena decisión en su fichaje mientras que Lemar hacía lo propio fajándose en las ayudas para enjaular a Bale.

Lopetegui y Simeone reaccionaron a la vez al borde del minuto 60 para dar los primeros relevos. Modric entró en el lugar de Asensio y Correa en el de un desaparecido Griezmann. La estrella francesa pasó por el césped de Tallin como un fantasma, sin generar apenas nada.

Poco después de estos relevos llegó el revés para los colchoneros. En un córner, Juanfran sacó demás la mano y acabó cometiendo un penalti claro. En ausencia de Ronaldo, el primer lanzador que apareció por el punto de los once metros fue el capitán Sergio Ramos, quien convirtió el 2-1.

Simeone debía cambiar algo y esa decisión le llevó a sacar a Vitolo por Rodrigo. Poco después,, con una lesión de Casemiro, Lopetegui dio entrada a Ceballos en lugar del brasileño.

Con Kroos haciendo de “stopper”, sumado al toque de corneta rojiblanco, las costuras blancas se tensaron y los errores volvieron a producirse. Esta vez, el intento de Marcelo de evitar un saque de bando con un sombrero se transformó en un pase a Juanfran para que este se introdujera en el área y sirviera a Thomas en línea de fondo para poner un pase de la muerte a Diego Costa, que no perdonó el empate a diez minutos del 90.

Los aquelarres hacia Ramos en la hora bruja desviaron su atención hasta Marcelo, que en el último segundo del descuento tuvo su momento para la redención con un balón puesto por Bale. Sin embargo, el brasileño erró en su intento de volea y la final se marchaba a la prórroga.

En plena pretemporada, los esfuerzos físicos suelen costar a los jugadores en estos límites. Pero donde otros desfallecían, la figura de Costa se agigantaba. La lucha del delantero desquició a los zagueros rivales, de tal manera que llegó el tercer error de la defensa blanca. Varane no se decidió entre un despeje o un pase y su fallo puso la pelota en las botas de Thomas dentro del área, que volvió a asistir a uno de los suyos. Esta vez, a Saúl, que cuenta sus tantos en grandes ocasiones como golazos. Y esta vez no fue una excepción.

Cuatro minutos después, con Mayoral usado como revulsivo, el Atlético dio el golpe final con un tanto de Koke después de otra exhibición de lucha de Costa. Los errores, demasiados, costaron la derrota a un Real Madrid que gustó mientras no le corrían prisas y que desencantó en cuanto tuvo que ir a por el partido.

miércoles, 15 de agosto de 2018

EL DERBI MÁS CASTIZO

Jaime Trevijano

Real Madrid y Atlético de Madrid acaparan una vez más la atención en el fútbol mundial, enfrentados esta vez por la Supercopa de Europa en el derbi en Tallin, sobre el césped del estadio Lillekula, con 12.500 espectadores en sus gradas, con el condicionante que supone una pretemporada atípica, con futbolistas casi recién aterrizados de sus vacaciones después del Mundial 2018, pero con la dimensión que siempre tiene un derbi, más aún en una final, una más entre ambos.

Nunca antes se han enfrentado dos equipos de la misma ciudad en una Supercopa de Europa, al igual que nadie lo había hecho en una final de la Liga de Campeones hasta la edición de 2014, repetida de nuevo en 2016, cuando el Atlético y el Madrid también tomaron todo el protagonismo del fútbol europeo, con sendos triunfos blancos.

En Lisboa, en 2014, en la prórroga por 4-1, con aquel gol salvador de Sergio Ramos en el minuto 93 para el Real Madrid, cuando el Atlético ya sentía suya la primera Copa de Europa de su historia; en Milán, en 2016, en la tanda de penaltis, después del empate a uno con el que concluyó el tiempo extra en San Siro.

Dos años después, como campeones de la Champions, el equipo blanco, y de la Liga Europa, el rojiblanco, vuelven a cruzarse los destinos de dos bloques gigantes, dos aspirantes a todo para el nuevo curso, aunque ya no estén Cristiano Ronaldo o Zinedine Zidane, en el Real Madrid, ni Gabi o Fernando Torres, en el Atlético.

Keylor Navas, Thibaut Courtois, campeón de rojiblanco y fichado ahora por el club blanco, Dani Carvajal, Sergio Ramos, Marcelo, Toni Kroos, Luka Modric, Marco Asensio, Isco Alarcón, Gareth Bale o Karim Benzema contra Jan Oblak, Diego Godín, Filipe Luis, Saúl Ñíguez, Koke Resurrección, Thomas Lemar, Antoine Griezmann o Diego Costa.

Y Julen Lopetegui, en su estreno en el equipo blanco, contra Diego Simeone, ante su última barrera europea, ante el rival que más le ha ganado en la Liga de Campeones, el equipo que le frustró en cuatro de las cinco ediciones que ha disputado su conjunto en el último lustro y el que le apartó de conquistar dos Copas de Europa.

El Real Madrid aspira a su quinta Supercopa de Europa, la tercera consecutiva; el Atlético, infalible hasta ahora en este torneo, a la tercera de su palmarés, la más reciente en 2012 cuando destrozó todos los pronósticos con una victoria memorable por 4-1 contra el Chelsea en el estadio Luis II de Mónaco, ya con Simeone de técnico.

Es el inicio de una nueva era en Tallin para el club blanco. Un reto mayúsculo para Lopetegui, enterrado el dolor de verse fuera del Mundial de Rusia con una selección española que clasificó de la forma más brillante por firmar el contrato de sus sueños con el Real Madrid más difícil de dirigir. El listón altísimo de Zidane, la ausencia del devorador de récords Cristiano Ronaldo.

A la espera de que Florentino Pérez guarde un as en la manga para los últimos días de mercado, el proyecto de un equipo que escribió historia con tres 'Champions' consecutivas, parece mermado sin los goles del astro portugués y la ausencia de un fichaje de relumbrón. El liderazgo recae sobre Gareth Bale y el paso al frente que deben dar Isco Alarcón y Marco Asensio.

La Supercopa de Europa marcó a los tres. En 2016 disparó a Asensio cuando con un golazo al Sevilla demostró que era jugador para altos vuelos. En la última edición, Bale se cerró las puertas del Manchester United tras su decisión de jugar e Isco dejó una exhibición para el recuerdo. El Real Madrid repetía como campeón sin Cristiano en el once. Esta vez no podrá entrar los últimos siete minutos como en Skopje.

Con la llegada de Courtois, que aún no ha debutado y será suplente de Keylor Navas en el inicio de un pulso que marcará el año blanco en portería, Álvaro Odriozola para mejorar el lateral derecho que se pierde la cita por un problema muscular, más la esperanza depositada en el brasileño Vinicius, se espera que hasta nueve jugadores del once repitan respecto a la conquista de la última Copa de Europa y no haya ninguno de los fichajes en las dos novedades.

Sin Cristiano tan solo Luka Modric, finalista en el Mundial y con un ritmo menor de entrenamiento, parece el único con opciones de caerse respecto al que fue inesperado último once de Zidane. El resultado del primero oficial de Lopetegui será el que dictamine si el Real Madrid renuncia a un gran desembolso o ve lagunas para lanzarse al mercado por un 9 de garantías.

Enfrente, le desafía el Atlético, con el proyecto quizá más ambicioso de su historia, con la capacidad para retener a sus mejores futbolistas, Jan Oblak o Antoine Griezmann, este último con una oferta rechazada al Barcelona, y de complementar su plantilla con seis incorporaciones, entre ellas Thomas Lemar y Rodri Hernández.

Ambos son los únicos dos fichajes que entrarán en la alineación para la Supercopa de Europa; el campeón del mundo francés en la banda derecha. "Tiene un talento que el equipo lo necesita", recalcó el pasado sábado Simeone sobre el internacional galo, que ha demostrado detalles, pero aún requiere quizá más adaptación.

Rodri, en su vuelta al Atlético tras triunfar en el Villarreal, lo hará en el medio centro, como compañero ahí de Saúl Ñíguez, ya sin Gabi Fernández, una referencia en ese puesto. A la izquierda estará Koke Resurrección; por delante Diego Costa y Antoine Griezmann, el líder del equipo por quinta temporada consecutiva.

Hace una semana, el lunes 6 de agosto, el francés comenzó la pretemporada y nueve días después, este miércoles, formará desde el principio en el ataque, según las pruebas de Simeone. Un ejemplo más de la transcendencia y la condición de indispensable e indiscutible en el once del mejor goleador rojiblanco en cada una de los cuatro años anteriores.

Por detrás, el portero Jan Oblak y los defensas Juanfran Torres, José María Giménez, Diego Godín y Filipe Luis completan la probable alineación titular de Simeone, que cumplirá el tercero de sus cuatro choques de sanción en Europa y que sufrirá el partido fuera del banquillo y desde un palco del estadio Lillekula, como ya le ocurrió en la final de la Liga Europa. Su balance en esa tesitura es de nueve triunfos, dos empates y dos derrotas en trece encuentros.

miércoles, 9 de agosto de 2017

ISCO SOBRESALE EN UNA NUEVA SUPERCOPA EUROPEA PARA EL MADRID

Julio Candela

El Real Madrid no se cansa de ganar títulos. Después de los malos resultados cosechados en pretemporada, el conjunto blanco venció en su primer partido oficial al Manchester United de Mourinho para proclamarse supercampeón de Europa por segundo año consecutivo. Casemiro adelantó a los suyos en la primera parte e Isco amplió la ventaja nada más comenzar la segunda, trasformando en goles el dominio sobre su rival. Lukaku recortó distancias aunque no se vio a un United capaz de arrebatarle una Supercopa más al Madrid de Zidane.

El United sorprendió de inicio al Madrid con su disposición táctica pero con el paso de la primera parte el conjunto de Zidane se hizo dueño y señor del choque hasta tal punto de monopolizar la posesión y encerrar al rival en su campo. La defensa con tres centrales y dos carrileros diseñada por Mourinho hizo dudar al principio a los jugadores blancos que sufrieron en defensa con balones largos dirigidos hacia Lukaku. En uno de ellos Mkhitaryan aprovechó para internarse hacia el área pero se dejó caer tras echarse el balón largo y árbitro no picó el anzuelo del armenio.

Más asentado en el campo, el conjunto blanco empezó a dominar sin complejos, elaborando largas jugadas y dejando al Manchester sin argumentos, encerrado en su campo y sin capacidad de dar tres pases seguidos. En la fiesta madridista apareció un invitado inesperado. Casemiro protagonizó las dos ocasiones más claras para los suyos en la primera mitad. En una estrelló un cabezazo al larguero y en la segunda remató al fondo de las mallas un preciso centro colgado por Carvajal. El centrocampista brasileño hacía justicia al gran primer tiempo del equipo de Zidane.

El Madrid amplió la ventaja nada más comenzar la segunda mitad gracias al gol de Isco, que definió con tranquilidad en el mano a mano con De Gea después de combinar una magnífica pared con Bale. El campeón de la Liga de Campeones estaba mostrando su superioridad y Mourinho debía cambiar algo si quería tener con opciones de disputar la Supercopa. El técnico portugués dio entrada a Rashford y Fellaini, los dos atacantes fueron un soplo de aire fresco para los ingleses porque con ellos el equipo subió la línea de presión y empujó en ataque con balones directos. Fue Lukaku quien materializó ese cambio en el guión del partido. El delantero belga sólo tuvo que empujar el balón para recortar la distancia tras un rechace concedido por Keylor Navas al tiro de Matic.

Con el nuevo marcador y la necesidad del United de ir al ataque, el partido se abrió y se vieron más jugadas de peligro. Fue el momento de los porteros, tanto De Gea como Keylor se lucieron para medir su respectivo nivel, muy alto en ambos casos. El costarricense repelió con reflejos un disparo de Rashford que podía haber supuesto el empate y la complicación del primer título de la temporada.


El Madrid también dispuso de varias ocasiones hasta el final del encuentro, una de las más claras la tuvo el recién entrado Asesnsio pero De Gea se estiró para desbaratar el que podía haber sido el gol de la sentencia. Cristiano Ronaldo jugó unos pocos minutos para dejar claro que está de vuelta y que sigue siendo el referente en ataque de su equipo aunque en tan poco tiempo no puedo llevarse su gol. Al final, el Madrid volvió a cosechar un título más para las vitrinas del museo del Bernabéu, un título de prestigio ante un prestigioso rival que sirve para dejar atrás las dudas de pretemporada y encarar con confianza la nueva temporada que comienza.

lunes, 7 de agosto de 2017

DE GEA Y POGBA ANTE EL POSIBLE QUE NO FUE

Julio Candela

Aquella noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2015 fue una de las más largas en las oficinas del Santiago Bernabéu. Tras un año en blanco, con nueva cara en el banquillo (Rafa Benítez) y en el verano en el que se fue Casillas, el Real Madrid se fue a por David de Gea, el considerado mejor portero español y posiblemente en el top3 del fútbol mundial. Y lo fichó, pero no a tiempo.

A las 23.59 horas del 31 de agosto, es decir, en el último minuto del mercado de fichajes, el Manchester United mandó los papeles del fichaje del meta toledano, algo que imposibilitaba, porque ya no daba tiempo, a que el Madrid lo inscribiera en la LFP, paso imprescindible para poder fichar al jugador. Al final, De Gea se quedó en Old Trafford y, porque no quedaba otra, Keylor Navas, que también había dado el ok al trueque, tuvo que seguir en Madrid. El fax (y el tiempo) impidieron el movimiento.

Un año después, con un Madrid ya campeón de Europa por undécima vez, los blancos quisieron contratar al deseado en aquel verano, el francés Paul Pogba, con el problema de que su fichaje no solo reventaba el mercado (120 millones de euros), sino que también rompía toda la escala salarial instaurada en el Real Madrid. Su agente, el controvertido Mino Raiola, reconoció el interés blanco pero acabó por decir que "el Manchester United es más fuerte con Pogba. El Real Madrid no lo sería". El equipo inglés lo acabaría fichando.

Mañana martes, Real Madrid y Manchester United abren, de forma oficial, la temporada futbolística con una descafeinada, por la fecha, Supercopa de Europa (martes, 20:45 horas). Varios años siendo los clubes más ricos del mundo, dos grandes del fútbol se enfrentan en Skopje (Macedonia) en circunstancias diferentes: los blancos siendo el mejor equipo del mundo, los red devils ganando una competición menor a lo que corresponde su historia.

Para el Madrid hay muchas historias de pasado y futuro en su duelo ante el United, el equipo que tiene aquello que quisieron los blancos y que no consiguieron. Y, además y con el tiempo como juez, aquello que no necesitaron, porque sin fichar o sin retener a los pilares hoy de los ingleses ganaron dos Copas de Europa, una Liga, recuperaron el dominio europeo...

El Manchester United tiene a David de Gea, el portero con el que soñó el Madrid en aquel verano de 2015 e incluso alguno más, y al que nunca le llegó a añorar, porque Keylor Navas acabó mostrando gran nivel en el Bernabéu, con dos Copas de Europa en sus guantes y haciendo olvidar a Iker Casillas, al que también al que se supone que tenía que sustituir, en forma de heredero en el Madrid y España, David de Gea.

Tiene también el United a Pogba, el fichaje galáctico de 2016 que acabó en Manchester y no Madrid y que todavía no ha llegado a demostrar que vale los 120 millones de euros que pagaron. Zidane le quería, él admiraba a Zizou, pero ambos no se llegaron a encontrar a pesar de ser el gran protagonista del pasado verano. Cada día había un rumor sobre Pogba. Tampoco acabó el Madrid necesitando al francés.

Al contrario. Otra filosofía, la de tener una plantilla de jugadores jóvenes y apostar por fichajes no excesivamente caros y con proyección por delante, le hizo al Madrid ganar el histórico doblete. Pogba, en su primera temporada en Old Trafford, se quedó muy lejos del nivel exhibido por centrocampistas del Real Madrid como, entre otros, Modric, Kroos o Marco Asensio.

El actual United es una especie de aquello que quiso ser el Madrid: tiene esas piezas por las que pelearon los blancos y que les arrebató el equipo inglés, aunque el tiempo acabaría señalándoles a los madridistas que no se tenían que echar las manos a la cabeza, que habían triunfado sin esos jugadores.

Y, sobre todo, los red devils a José Mourinho, que es el claro protagonista del duelo de la Supercopa de Europa. Será la primera vez que el técnico portugués se enfrente, en partido oficial, a su exequipo. Mourinho también fue el espejo en el que se quiso mirar el Madrid, pero, a diferencia de los anteriores mencionados, el entrenador luso sí que acabó en el Bernabéu. Y, como saben, se fue en 2013.

El Madrid tiene este martes su sexta final europea en tres años (tres de Champions y tres de Supercopa de Europa), el mismo periodo de tiempo que estuvo Mourinho en el Madrid sin alcanzar ninguna. Con 'Mou', al igual que se quiso con De Gea y con Pogba, aunque con sus claras diferencias (uno estuvo, los otros no, y no solo se debe medir la aportación por los títulos), el Madrid también quiso ser campeón de Europa, no lo fue y acabó lográndolo una vez sin todos ellos.


El primer título en juego esta temporada enfrentará al Madrid que fue contra el Madrid que nunca llegó a ser. Afortunadamente para los blancos, y rizando más el rizo, eligió el camino correcto y no necesitó a las piezas fundamentales del United de hoy para mejorar su plantilla. Se ahorraron mucho dinero y ganaron muchos títulos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

AVE FÉNIX REAL MADRID

Carlos de Blas

El curso futbolístico 2016-17 inauguraba su oficialidad este martes, 9 de agosto, por gracia del suculento reparto del botín televisivo, entre otros factores. Lo hacía, con permiso de relevancia, ya que las series clasificatorias para la Liga de Campeones se vienen disputando desde julio, empujando a escena a los triunfadores continentales del pretérito ejercicio, ese que concluyó hace un mes. Real Madrid y Sevilla, víctimas de su éxito y de la relación de fuerzas financieras que gobiernan el balompié y estrujan las fechas, aterrizaron en Noruega para competir, en territorio del Rosemborg, en pos de la Supercopa de Europa. Sólo medirían precocidad e incertezas ambos proyectos. Demasiada altura y exigencia para un intervalo del calendario en que se acomoda mejor el relato del regreso de Pogba a Old Trafford, los sollozos de Neymar y la Canarinha en los Juegos o los retazos finales que compondrán las plantillas definitivas. El Lerkendal Stadion acogía, sin embargo, el prematuro parto del nuevo proyecto sevillista y la primera punzada al cansancio y la competitividad de un vestuario madridista desprovisto de descanso -a caballo entre la Eurocopa, la Copa América y la colonización de pretemporada-. La UEFA decretó batalla para este día y "dar la cara", axioma para el duelo verbalizado por Sergio Ramos, se convertía en la esencia del planteamiento. No cabía lucir, sólo sobrevivir. Y ganar.

"Nos falta tiempo, eso no lo podemos arreglar, pero no será excusa", explicó Jorge Sampaoli, que enfrentará a Madrid y Barça en las próximas semanas y en un contexto espinoso, pues su varita se encuentra en pleno proceso de transmisión de nuevos conceptos a un equipo acostumbrado a una fórmula de juego menos ambiciosa. Descerebrado tras la venta de Banega y con su sustituto, el fino y estiloso Ganso, convalenciente, el técnico argentino habría de componer un esbozo de emergencia de lo que pretende. Sin el sostén Krychowiak -en París para reforzar las huestes de Emery-, el arquitecto de la mejor selección chilena conocida abrió el espacio experimental alineando a Mariano, Franco Vázquez, N´Zonzi e Iborra en la medular, con la velocidad de Kiyotake y Vitolo flanqueando la movilidad de Vietto. Por detrás, Kolo, Pareja y Carriço abrigarían a Sergio Rico y ofrecerían la manutención del control del esférico. Apostó por matizar el vértigo el nuevo preparador de Nervión, cediendo físico. La riqueza táctica que se le presupone contemplaba una variante diversa a los tres centrales para tomar el cuero con superioridades exteriores y en el ecuador del terreno. Se estrenaba con la intención de "jugar sin miedo" sobre esquemas de funcionamiento "más valientes", relativizando, por el momento, la rapidez rítmica del Viejo Continente y la fogosidad de la transición oponente. Anunció bemoles y actuó en consecuencia. La discusón por la posesión no resultaría más un elemento accesorio en el líder histórico de la Europa League.
 
Zinedine Zidane alimentó el estatus anacrónico del momento en que llegó la pugna por este trofeo y secundó las probaturas iniciadas por su homólogo. El galo empezó su primera temporada completa en la regencia de un club profesional sorteando los infortunios (Cristiano Ronaldo -héroe en la edición de 2014-, Toni Kroos, Pepe y Gareth Bale) y arriesgando. Parecería que el gurú de la inesperada Undécima reclamara galones y su alineación se evidenciara rebosante de mensajes. Modric y James cayeron a la banca para dar la alternativa a Marco Asensio y Matteo Kovacic. El croata se sumaría la pareja Casemiro-Isco y el talentoso balear ocuparía la mediapunta de rol creativo, para surtir a la potencia de Lucas Vázquez y nutrir el retorno de Morata. El entrenador quiere que sus elecciones titulares se queden en Valdebebas, para aflicción del colombiano. Carvajal, Marcelo, Ramos y Varane conformaban la línea más reconocible, con Kiko Casilla bajo palos. Se le presentaba a este coloso con gesto de circunstancias el grosor de la presión de saberse favorito y arrinconado hacia la obligación de alzar la copa, pues el par de fiascos cosechados ante Chelsea y Galatasaray en el cambio de siglo han colocado a ese torneo, desde entonces, en distinguido lugar. A pesar del contexto. La mixtura entre las novedades y la estructura habitual ofrecían desajustes inherentes a la falta de acople de las piezas para un Sevilla de colmillo afilado. Necesitaba el mejor club de 2016 reproducir un despliegue competitivo de seriedad y esfuerzo para no sufrir un atragantamiento tempranero.
  
El partido que auguraba la potencialidad del punto y aparte sevillano y la continuidad exigida del gigante de Chamartín dio comienzo contagiado por la impía lluvia que adoptó el marco del evento. Se retaron, desde el principio, dos filosofías ofensivas que interpretaron el pentagrama lento como oportunidades para ensayar la activación de presiones efervescentes. Así, la pelota y la creatividad verían su asiduidad en el protagonismo del devenir reducida a mínimos, por mor del rígido amarre táctico. Con el paso de los minutos, el respeto fue apoderándose de la escena para confirmar el carácter controlador que dictaría el pelaje del envite. Sólo dos llegadas asomaron el los 10 minutos iniciales. Las ejecutó un Madrid que, por el contrario, claudicaba en el debate por la posesión. Un córner botado en corto por Isco y centro de Asensio abrió fuego -minuto 7- para el cabezazo de Sergio Ramos, desde el segundo poste, que sacó, in extremis, Mariano. Algo más de 120 segundos más tarde se disparó una combinación certera en transición, operada por Morata, Kovacic e Isco. El cambio de sentido dejó a Asensio en mano a mano y la perla concretó la acción con un zurdazo raso que atajó Rico.

El tacticismo impuesto por Sampaoli desde el prólogo contagió al pomposo transatlántico madridista, que, primero quiso responder con circulaciones que le devolvieran el cuero tras robo y, en segundo término, se uniformó de contragolpeador, cediendo metros y la iniciativa. Sin respiro para la sorpresa, la nueva cara andaluza asumía riesgos a las espalda y exigía concentración defensiva a su ilustre rival. Cuatro piezas lucían escalonadas entre líneas, con N´Zonzi e Iborra como boyas. Vietto, Kiyotake, Vitolo y el 'Mudo' Vázquez fuctuaban por el sector central, con Mariano y Kolo como soluciones de incorpración permanente. Tal disposición e impronta le otorgó el patrón de la batalla al técnico argentino, que, aunque sujetaba con ardor las salidas en vuelo madrileñas, no alcanzaba a vigilar cada chispazo en transición. El desborde de Marco Asensio a la espalda de Mariano en el minuto 16 avisó de lo venidero. Encaró y centró, tenso, desde el pico del área. El desmarque de Lucas Vázquez no conectó con el envío por poco.

Las imprecisiones pugnaban con las asociaciones timoratas, complicando la gestación de peligro, aunque ninguno de los púgiles se encerraban. Alternaban repliegues intensos en cancha propia con presiones elevadas, lo que, en este escalón de engrase, terminó por filtrar cauces para la explosión de la clase. Y el jóven mediapunta balear madridista gritó la legitimidad de su titularidad. Un balón suelto, tras el cuerpeo aéreo ganado por Casemiro en el centro del campo, cultivó la situación idónea para el brillo de Asensio, que recibió y dejó correr el cuero. Oteó el arco, calculó la distancia y amortizó la hoquedad sevillana sobrevenida para golpear de empeine exterior un latigazo que se coló por la escuadra. Ocupó el espacio del 10 para refrescar el poder de la calidad en este deporte y empezar a significarse como trascendental. Corría el minuto 22 y se adelantaba un Madrid concienzudo sin balón y laborioso en rasgos generales. 

Acusó el golpe y empezó a partirse tras pérdida el Sevilla, generando el ecosistema para el crecimiento de la conexión Isco-Kovacic-Asensio. En consecuencia, se descomprimía el pentagrama y las ocasiones debían multiplicarse hacia una vertiente más espectacular y despreocupada. Pero los indicios no superaron el aspecto de espejismos, y Sampaoli recompuso el rictus con un acercamiento y la prolongación de la exhibición de mando. Desbordó el 'Mudo' Vázquez por la izquierda, a la espalda de Carvajal, Kovacic no llegó a la cobertura y el centro del argentino localizó a la soledad de Mariano en el segundo poste. La volea del brasileño se marchó a las nubes -minuto 27-, pero cruzada la primera media hora el registro de la posesión se desnudaba esclarecedor. La renovada piel del escuadrón del Pizjuán disfrutó del 60%. Los pupilos de Zidane se limitaban, entonces, a gestionar su ventaja edificando una línea de cinco en el centro de la cancha para cerrar, con Morata adelantado en el achique y Kovacic con permiso para soltarse. 

Contemporizaba el Sevilla. No parecía preocuparle la densidad y horizontalidad controladora de su guión ni la comodidad replegada capitalina. Carriço ganó la posición a Morata, recuperó en plena salida madridista y descerrajó un chut cruzado que desvió a la esquina Casilla -minuto 30- en la primera llegada con solera que anunciaba la definitiva reacción de jerarquía andaluza, que afrontó la recta final antes de intermedio con más autoridad en el tempo y las sensaciones, mejor equilibrado, y ahogando la salida combinada del equipo en ventaja. Una encerrona de tres piezas sobre Casemiro a punto estuvo de desembocar en tiro claro sobre la meta merengue. Asimismo, el balance del sistema de Zidane, que basculaba con eficacia, contrarrestaba la enmienda global y negaba el avance interior a un Sevilla constreñido a acumular centros laterales. Con ello, la influencia de Vietto o Vitolo se nubló y la ausencia de velocidad y profundidad se hizo irremisible. 

Pero lo imprevisto se alió con el bloque andaluz para alcanzar las tablas. Sin metamorfosis del ritmo encontró un agujero en la línea defensiva y Kiyotake centró desde la derecha con dirección hacia la frontal. Vitolo recepcionó, ideó un sombrero trompicado que Vázquez tradujo en el uno a uno. Golpeó sobrado de técnica con la zurda y hacia el palo largo -minuto 41-, castigando el conformismo en el planteamiento de Zidane. Abandonó la pugna por la iniciativa sin despeinarse, confiado en la solidez que le hizo campeonar en Europa y la jugada se le reviró al borde del descanso. El desmarque de ruptura de Lucas Vázquez que leyó Carvajal en el 43 clausuró el primer acto. Regate de seda del gallego, que sentó a Carriço, y centro para el cabezazo tímido de Isco. Morata y Vietto eran víctimas de la filosofía del partido. Sampaoli había anestesiado la final y dominado a un Real Madrid contento con implementar su faceta más especulativa. Con el partido por jugarse y un reparto asimétrico de sensaciones se encaminaron a vestuarios ambos colectivos.
 
Sin sustituciones arrancó la reanudación, pero sí con cambios. Buscó proseguir su obra de dirección el Sevilla, pero el Madrid saltó al verde con la intención de alzar sus revoluciones. De este modo se fue perturbando la seguridad combinativa andaluza y el equilibrado desarrollo táctico erosionó su hieratismo. El disparo arriba de Lucas Vázquez en el minuto 47 hizo hincapié en la voluntad contragolpeadora radicalizada de los jugadores dirigidos por Zidane. La activación defensiva merengue, más incisiva, contribuyó al peor intervalo de inestabilidad sevillana. Cada error o imprecisión disparaba el contraataque madridista, con Vázquez y Asensio como puñales exteriores. Disfrutaba con la pelota por primera vez el club capitalino y el optimismo creativo de Sampaoli parecia quedar expuesto a la salida de eje ante la tardanza en el regreso de sus piezas centrales.

Por el camino Carriço -impedido- dejó su lugar a Rami y 'Zizou' incluyó a Benzema en el ajedrez -minuto 61- y sustituyó a un Morata desconectado de la dinámica. Con la entrada del galo pretendía el Madrid afilar la transición y la asociación, en la apertura de un movimiento que añoraba la adquisicion del mando del partido. El chut desviado de Mariano ejerció como preludio del centro de Lucas y testarazo desviado de Benzema, cerca del poste. De inmediato, en la consiguiente jugada, Ramos remató a las manos de Rico. La inercia dibujaba claridad para la vuelta de tuerca del banquillo capitalino, que cambió a Isco por Modric, en busca, al fin y de manera decidida, del balón. Sin embargo, el anunciado reencuentro con el dictado de la trama no resultaría sencillo, pues este Sevilla se aferraría a su identidad con voraz pulsión competitiva. El preparador argentino sentó a un desacertado Vietto y dio entrada a Konoplyanka, su atacante en mejor estado de forma. La validez de la propuesta, alcanzada ya en el camino previo al desenlace, elevaría su regocogida de frutos. Con menor fragor en el orden táctico, el Madrid había vuelto a verse encerrado en su frontal y la circulación sevillana brillaba, con el 'Mudo' Vázquez en presentación sublime y faro. Y Vitolo imaginó e hizo tangile la guinda. El canario mostró el anzuelo a Ramos en el pico del área y el central picó. Recortó el extremo y el defensor entró, lento y torpón, sin reflexión. Penalti -minuto 71-. Konoplyanka realizó una pintura en su transformación: engañó a Casilla y definió con lentitud pasmosa, éxremada hasta el ridículo. Sangró el Sevilla el proceso de viraje de las intenciones madridistas, aprovechando el impás de desajustes estratégicos. Sin el fondo físico necesario y con todo por mejorar en cuanto a automatismos, Sampaoli completó el cambio de imagen y puso contra las cuerdas faraónico oponente.

En tal agónica tesitura, Zidane desdijo su intencionalidad inicial y refrescó su confianza en James, en un escorzo forzado que sentó a Kovacic para un último cuarto de hora a contrarreloj. A su vez, Iborra abandonó su escaño -todavía en fase de rodaje con respecto a sus nuevas atribuciones- por Kranevitter. Sostenía el parámetro energético un Sevilla que buscaba el cierre de la prestigiosa victoria por la vía de la ordenada cesión de iniciativa. El ex mediocentro del Atlético, apuesta infructuosa de Simeone, se ajustaba a la reclusión a la que le abocaría un Madrid en orgullosa tromba ofensiva. Pero la incorporación de Carvajal, que desbordó y chutó, angulado, para el despeje de Rico -minuto 80- constituiría toda la producción merengue de cara a portería. La tratativa, bajo las riendas de Modric y con James tomando, de forma intermitente, el papel de Asensio -vacío en el segundo acto- no conseguía, en deseperado esfuerzo, alterar la convicción de un batallón andaluz plácido en el candado. Sin embargo, en una suerte de deja vu prototípico del perfil imprevisible de la Undécima, la Supercopa de Europa guardó hasta su minuto 93 el punto de inflexión. Los extremos blancos, con Carvajal y Marcelo construyendo superioridades, lo habían intentado de forma impenitente sin éxito. Y en el descuento hicieron caja. El extremo gallego se coló y centró una parábola que superó a Benzema, Rami y Sergio Rico, pero concetó con el remate a la red de Sergio Ramos. El central, descolgado hacia la posición goleadora, enmendó su pifia previa para enviar el duelo a la prórroga. 

El tiempo extra asistió a un nuevo partido. El Madrid asumió el monopolio del ritmo y acosó a un Sevilla que había de idear rutas de superviviencia. El derroche físico y la autoestima inherente a anotar sobre la bocina se aliaron con un equipo capitalino que se adueñó de la medular. Modric y James provocaban la fluidez combinativa que Vázquez, Benzema, Carvajal y Marcelo decantaban en frenesí. Producto del movimiento de presión y ejecución de los pupilos de Zidane, Rico se vio comprometido en el tramo inicial. Benzema recibió de James, encaró a tres rivales y filtró un chut hacia el segundo poste que detuvo el arquero en el 90. Lucas regateó en línea de fondo a Kolo y este le derribó, ganándose la segunda amonestación y Modric chutó arriba después de una circulación lucida antes de que los andaluces amortiguaran la herida de la inferioridad numérica y el cansancio. Incluso Ramos anotó su segunda diana, anulada por el colegiado, en este trance. Pero el guerrero sevillano matizó el burbujear atacante blanco y empezó a estirarse, pasado el minuto 100, hasta descollar con el disparo, fuera de tino, de Konoplyanka. La pelota volaba pintada de merengue y las opciones a la contra eran jurisdicción sevillana.

Los 15 minutos finales se iniciaron con un Sevilla diferente. De nuevo retomaba su querencia por la posesión, a pesar de contar con uno menos, añadiendo épica a la puesta en práctica de la filosofía de su técnico. Kiyotake, Váquez, Vitolo y Konoplyanka debían, entonces, asomar tras un universo de denodado sudor defensivo. Y surgió Benzema para refrescar la amenaza del aristócrata. Controló en la frontal, fintó con maestría y engañó a todo el mundo, amagando un cambio de sentido, para dejar en mano a mano a James con Sergio Rico. El colombiano no pudo superar al portero pero el Madrid volvió a rebatir el dominio del esférico. Un pase vertical del cafetero, tras cesión de creativo francés, encontró el remate de Lucas Vázquez. Rico desvió, esléndido, y Pareja sacó bajo palos. Se extinguía la final con ambos contendientes dispuestos a desfallecer con las botas puestas, aunque los capitalinos parecían disponer de más fuelle. No obstante, el sistema de Sampaoli todavía enlazaba posesiones dotadas de criterio y valor, dado el nivel de asfixia a 9 de agosto.


Vázquez repiqueteó de nuevo en banda para el derechazo de James que Rico atrapó -minuto 115- y el Madrid pidio penalti de Kiyotake a Modric, con el campo inclinado sobre la portería andaluza. El lanzamiento desde media distancia de Casemiro no disimulaba el carácter de asedio en el que navegaba a final. El Sevilla terminó contemplando la tanda de penaltis como una victoria parcial y era el Madrid el que pretendía encontrar agua en el desierto. Y lo hizo apostado en lo ajeno a pronósticos: Carvajal recuperó la pelota en su cancha y se lanzó a un slalom maratoniano que le colocó en el interior del área. Rico, providencial hasta entonces, salió a su encuentro pero el lateral ajustó al poste su golpeo de exterior de la bota para el paroxismo de un Real Madrid (mal) acostumbrado a pasear, sonriente, en el filo de la fortuna. El empate hurtado en el descuento resultó definitivo ante un Sevilla renacido en cuanto a sus presupuestos, pero que heredó la dignidad con señorío. No concedió su oxígeno hasta el final del final en un esperanzador desempeño. Zidane sigue coleccionando títulos a pesar de la revolución nominal emprendida en este envite. Supo guarecerse como sujeto pasivo en fases de amplio dominio ajeno para estallar como campeón desde el trabajo, la astucia y la puntería. Sergio Ramos sigue cincelando su estela inmaculada cuando se juegan las lentejas y el ganador de la Liga de Campeones vuelve a sonreir en este delicioso aperitivo de la temporada. La tercera Supercopa de Europa madridista redundó en la escenificación del patronaje español del balompié.

martes, 9 de agosto de 2016

EL MADRID DIEZMADO SE ENFRENTA A LA GARRA DEL SEVILLA

Carlos de Blas

El Real Madrid, vigente campeón de la Liga de Campeones, y el Sevilla, que repite reinado en la Liga Europa, dirimirán la supremacía continental en Trondheim (Noruega), en la reedición de la final de la Supercopa de Europa de hace dos campañas, en la que pelean el primer título oficial de la temporada.

Con el antecedente de la final de 2014 en Cardiff (Gales), que el Real Madrid ganó por 2-0 al Sevilla, el francés Zinedine Zidane y el argentino Jorge Sampaoli encaran su primera prueba de fuego tras sendas pretemporadas en las que los madrileños han proseguido con la línea que les llevó a la 'Undécima' la pasada temporada y los sevillanos han optado por una nueva etapa de la mano de Sampaoli.

Zidane cambió el rumbo de un Real Madrid a la deriva con Rafa Benítez a mitad del pasado curso, para acabar guiándolo a la conquista de la undécima Copa de Europa. El título más especial para el madridismo le permite comenzar por primera vez un curso, condicionado por las bajas por lesión y de jugadores recién incorporados tras disputar la Eurocopa, pero con la oportunidad de volver a hacer historia.

Tiene en su mano el técnico francés convertirse si conquista su segundo título como entrenador, en el quinto que consigue la Supercopa de Europa como jugador y técnico. Antes lo firmaron Carlo Ancelotti, Diego Pablo Simeone, Pep Guardiola y Luis Enrique.

Para ello tendrá que modificar su idea de equipo tipo. Condicionado por la baja de su máxima estrella, el portugués Cristiano Ronaldo, lesionado en la final de la Eurocopa. Y por los descartes de jugadores como el galés Gareth Bale, el alemán Toni Kroos o el portugués Pepe, todos ellos titulares. Como el costarricense Keylor Navas, baja al estar en la recta final de su recuperación que cede el puesto a Kiko Casilla.

El Real Madrid busca su tercera Supercopa -perdió dos ante Chelsea y Galatasaray y ganó a Feyenoord y Sevilla-, con un solo fichaje en el equipo titular, Álvaro Morata, que regresa a su casa tras su paso por el Juventus. Integrará el tridente ofensivo junto a Lucas Vázquez y un recuperado Karim Benzema, ausente de los triunfos en pretemporada ante Bayern de Múnich y Chelsea. La única duda del once por despejar es la apuesta de Zizou por James Rodríguez o Isco Alarcón en el centro del campo.

Mientras, el Sevilla, único equipo que disputa la final de la Supercopa de Europa tres años consecutivos, afronta un inicio de temporada vertiginoso, con la opción de conquistar dos títulos, sumado al duelo ante el Real Madrid el de la Supercopa de España frente al Barcelona. Es el arranque de la ambiciosa apuesta por Sampaoli tras el exitoso periplo en Nervión de Unai Emery, saldado con tres títulos consecutivos de Liga Europa.

El técnico santafesino ya ha anunciado su declaración de intenciones para este partido al señalar que su idea frente al Real Madrid es "buscar la manera de incomodarlos y vivir un partido distinto a lo que están acostumbrados", basado en "convivir más en campo rival que en el propio".

Esta apuesta atacante del técnico argentino por un 3-4-3, de presión total por todo el campo, se ha contado por victorias durante la pretemporada y tendrá en Trondheim su reválida con los muchos peones nuevos que la dirección deportiva sevillista ha puesto en manos de Sampaoli para sacar adelante su arriesgada y ambiciosa apuesta.


El técnico sevillista dispondrá ante el Real Madrid de su "armada argentina" al completo -Gabriel Mercado, Luciano Vietto, Franco Vázquez, Joaquín Correa, Matías Kranevitter y Nico Pareja- junto a las otras novedades de la plantilla sevillista esta temporada, el brasileño Paulo Ganso, el japonés Hiroshi Kiyotake, el español Pablo Sarabia y el francotunecino Wissam Ben Yedder.

miércoles, 12 de agosto de 2015

FINAL ÉPICA CON PROTAGONISTA PARA EL RECUERDO

Jordi Grimau

El fútbol fue justo para Pedro pero no para un Sevilla que no se rindió y dio la cara hasta el final. Un tanto del canario, que no fue titular tras comunicar que abandonaría el club, dio al Barcelona la Supercopa de Europa en un partido para la historia donde el Sevilla remontó un 4-1 en el marcador después de que Messi anotara dos tantos espectaculares de falta.

Se podría esperar tedio en Tiflis por lo efímero del calendario y el calor propio de un mes no idóneo para finales donde el orgullo está en juego. Pero con Sevilla y Barcelona sólo se puede esperar electricidad y vértigo. Casi no hay palabras para describir los primeros 15 minutos de la final. Ni el mejor guionista lo hubiera previsto. 

La primera parte de la excelente película vista en Tiflis emergió en el minuto 2. Reyes buscó la espalda de la zaga culé, llegó al borde del área y Dani Alves arrolló por detrás al extremo. Falta y primer gol. Banega se plantó delante de Ter Stegen, elevó el balón suave por encima de la barrera e hizo el primero para el Sevilla. Los de Emery estaban por delante a los dos minutos de partido. Ni en sus mejores sueños. 

Cuando el Sevilla lo tenía todo a su favor y el técnico vasco soñaba con un partido de contras y defensas, Messi, como sucedió con asiduidad a lo largo de la temporada pasada, apareció para poner las cosas en su sitio con dos goles que los libros de historia recordarán con el paso de los años. Primero, emulando a Maradona, colocó un balón en la escuadra izquierda de Beto con un tiro sutil y anotó otro tanto de matrícula transformando una falta desde más de 35 metros. Ver para creer. En tan sólo 10 minutos Messi lo había vuelto a hacer. 

Causó tanto impacto en los dos equipos el doblete de Messi, que tras la explosión de júbilo, el partido cogió un tono gris y ambos equipos se dedicaron a especular hasta que Luis Suárez se plantó sólo contra Beto pero el luso desbarató el mano a mano. En la misma jugada, el Barcelona ganó el rechace y Rafinha, que había entrado al campo en detrimento de Pedro, anotó el tercer tanto del Barcelona. El que valía una Supercopa de Europa.

Tras el descanso el Sevilla asumió riesgos y lo pagó. Otro error defensivo en la salida de balón fue la sentencia para los de Emery. Tremoulinas erró y Luis Suárez acabó con cualquier posible remontada definiendo ante Beto. A la segunda no falló el uruguayo que volvió a sacrificarse por el equipo como el que más. 

Todo parecía sentenciado pero si algo ha caracterizado al Sevilla de Emery en estos años es que nunca renuncia a la guerra. 'Dicen que nunca se rinde', reza el himno del Sevilla. Y no se rindió.  Da igual si se perece en el intento. Así, Reyes, el máximo exponente de un Sevilla técnico que se esmera en lo físico y táctico, recortó distancias en el marcador. Habían dos goles de diferencia pero para este Sevilla campeón de todo no existe lo utópico.

Los hispalenses lo intentaron con vehemencia hasta que volvieron a ver la luz después de un penalti cometido por Dani Alves sobre Vitolo. Gameiro fue el encargado de transformar la pena máxima y de paso meter miedo a un Barcelona que había perdido el control. Ahí el Sevilla hizo un All-in. O todo o nada. 

Y el milagró llegó. La insistencia del Sevilla tuvo su premio en un balón que rebaño un Konoplyanka que disputaba su primer partido oficial con el conjunto hispalense. 4-4 y el drama se atisbaba en el horizonte. Y este llegó para un Sevilla que pereció a falta de cinco minutos para los penaltis.

Murió en la orilla por culpa de un Pedro Rodríguez, que en sus últimos minutos con la camiseta del Barcelona, tenía una cita con la historia. El canario, en su despedida, anotó el tanto de la gloria a falta de cinco minutos. Fue el punto y final para un Sevilla y para la trayectoria de un Pedro Rodríguez que abandonará el Barcelona con una copa en las manos. Pedro dejó su huella.

martes, 11 de agosto de 2015

EL BARÇA COMO CLARO FAVORITO

Jordi Grimau

El Barcelona empieza este martes, en el Boris Paichadze Dinamo Arena de Tiflis (Georgia), el camino hacia el 'sextete', que pasa por derrotar al Sevilla en la Supercopa de Europa, ganar también la Supercopa de España la semana que viene y rematar el pleno de títulos en un año natural con el Mundial de Clubes en diciembre.

Por su parte, el Sevilla aspira a refrendar que es uno de los más laureados del continente en la historia reciente, puesto que si gana acumularía en apenas nueve años cuatro Ligas de Europa y dos Supercopas.
Si el Barça se impone al conjunto hispalense, lograría, además de su quinta Supercopa de Europa, vengar la humillante derrota en la final de esta competición de 2006, cuando los andaluces le endosaron un contundente 3-0 que supuso el inicio del ocaso del Barça de Rijkaard.

Smaría, además, su decimonoveno título internacional, superando en el palmarés a Real Madrid, Milan y Boca Juniors, con los que actualmente está empatado con dieciocho trofeos.

Consciente de la importancia de esta nueva final, el técnico del Barcelona, Luis Enrique Martínez, se ha llevado a Georgia a toda la plantilla, a excepción del delantero Neymar da Silva, que estará dos semanas apartado de los terrenos de juego a causa de unas inoportunas paperas.

La de Neymar no es, sin embargo, la única baja importante del conjunto azulgrana, que no podrá contar con Jordi Alba por una lesión muscular que sufrió durante el amistoso contra el Roma en el Trofeo Joan Gamper.
Luis Enrique, por tanto, tendrá que reconstruir el flanco izquierdo del equipo, con Pedro como sustituto de Neymar en la posición de extremo y Mathieu como la solución a la baja de Alba en el lateral.

El resto del once azulgrana será el de gala. Ter Stegen le ha tomado la delantera a Claudio Bravo, que se 
acaba de reincorporar a la pretemporada, Alves sigue siendo el amo y señor del lateral derecho, tras su renovación, y Piqué y Mascherano, se mantienen como la pareja titular de centrales.

El centro del campo será el habitual, formado por Sergio Busquets, Rakitic, que ha empezado el curso como un tiro, e Iniesta, mientras que Messi y Luis Suárez completarán un tridente ofensivo en el que Pedro hará de Neymar.

El técnico del conjunto azulgrana tampoco podrá contar con el defensa Douglas Pereira, lesionado, ni con los dos fichajes de esta temporada, los centrocampistas Aleix Vidal y Arda Turan, que no pueden jugar hasta el 1 de enero de 2016 por la sanción de la FIFA al club catalán.

Si el Barcelona tiene las bajas del brasileño Neymar y Jordi Alba, el Sevilla no podrá contar con el portugués Daniel Carriço ni el galo Steven N'Zonzi, pero los tetracampeones de la Liga Europa quieren emular la campanada que dieron el 25 de agosto de 2006 cuando, en la mencionada primera de sus cuatro finales de la Supercopa, ganaron 3-0 (Renato, Kanouté y Maresca) al todopoderoso equipo azulgrana.

De entonces no queda nadie en la plantilla sevillista, donde sí siguen nueve jugadores que conquistaron las dos últimas Liga Europa seguidas, en un equipo renovado este verano con ocho fichajes y que llega a su octava final continental mejor ensamblado que el pasado verano, cuando perdió esta misma Supercopa con el Real Madrid (2-0).

El equipo de Unai Emery afronta esta nueva cita histórica con la ilusión de sumar su segundo título en esta competición y el sexto en Europa, pero consciente de la gran dificultad que supone superar al Barça, al que no gana desde hace casi seis años -6 de enero de 2010- y al que, sin renunciar a nada, concede la vitola de favorito.

El técnico vasco tiene serios problemas en la zaga por las bajas por lesión del luso Carriço, la sabida del argentino Pareja y la duda de los centrales galos Timotheé Kolodziejczak y Adil Rami, tras varios días sin entrenar por una gastroenteritis causada por salmonela que impedirá, además, jugar la final al francés N'Zonzi.

Así, deberá alinear como defensa al polaco Grzegorz Krychowiak con Rami, el más recuperado de los afectados por gastroenteritis, o bien, si este no está apto, pasar al lateral Jorge Andújar 'Coke' al eje de la defensa; con Iborra y el danés Krohn-Dehli posiblemente en el medio; el argentino Banega en el tridente ofensivo con el ucraniano Konoplyanka y Vitolo; y el francés Kevin Gameiro arriba.

Emery se enfrenta a su "bestia negra" al no haberle ganado nunca al Barcelona en 19 partidos (trece derrotas y seis empates con el Almería, Valencia, Spartak de Moscú y Sevilla), pero ha resaltado la gran ilusión y ambición de los suyos, que llegan "mejor" a Tiflis que el año pasado a Cardiff (perdió 2-0 ante el Real Madrid), pese a advertir que el rival es "posiblemente el mejor equipo del mundo".

La 41 edición de la Supercopa que se disputará en Tiflis será la tercera entre equipos españoles. La ya citada primera, precedente directo del encuentro de mañana, la ganó el Sevilla en 2006 al imponerse al Barcelona por 3-0 y la más reciente fue en 2015 con victoria 2-0 del Real Madrid, precisamente sobre el Sevilla.

miércoles, 13 de agosto de 2014

LISTOS PARA LA GRAN BATALLA

Carlos de Blas

El Real Madrid se ha proclamado campeón de la Supercopa de Europa después de vencer al Sevilla por 2-0 en la final disputada en Cardiff (Gales), en un choque en el que el protagonista fue el portugués Cristiano Ronaldo, autor de los dos tantos de un partido que el actual campeón de Europa dominó de principio a fin.

En un escenario en el que parecía predestinado a reinar Gareth Bale, Cristiano demostró que su hambre sigue intacta y fue crucial para que la Supercopa europea viajase a Madrid por segunda vez en la historia. Un trofeo que corona la vitrina personal del luso, ya que era el único que no había ganado a nivel de clubes.

El actual Balón de Oro desniveló la balanza con dos tantos, uno en cada parte. En el primero aprovechó un gran centro de Bale, que a pesar de no marcar -Beto se lo impidió en el minuto 93- fue una amenaza constante con su potencia y velocidad; el segundo, en el inicio de la segunda parte, el '7' madridista reventó a Beto con un disparo marca de la casa.

Y pudo acabar con un 'hat-trick', unos minutos antes del primero, en una acción en la que fueron cruciales dos de los mejores jugadores del Real Madrid en el partido: Toni Kroos y Karim Benzema. El alemán, con solo una semana de entrenamientos, dio una clase magistral de fútbol en su debut como jugador blanco; el galo hizo lo que siempre hace: asociarse, combinar, asistir y crear peligro.

A Kroos y Benzema se les unieron un gran Luka Modric desde su posición de interior y un buen James Rodríguez en su debut -también jugaría el malagueño Isco en la segunda parte- para que el Madrid mostrara una versión dominante desde la creencia de tener el balón, de dominar el juego y de ser protagonista.

Eso sí, sin renunciar al contraataque, su arma más letal de los últimos años y en la que Cristiano y Bale siguen siendo armas nucleares. La buena noticia para los blancos es que el juego veloz y vertical, de seguir sobre la línea trazada en Cardiff, seguirá siendo importante pero no será el único as en la manga de los de Ancelotti.

Solo pasó problemas el campeón de Europa en los momentos posteriores al primer gol. Después de media hora buscando el primer tanto, los de Carlo Ancelotti se relajaron y el Sevilla pasó los siguientes minutos cerca del área madridista. En ese rato los andaluces tuvieron una clara ocasión para conseguir el empate.

Pero apareció Iker Casillas. Después de una final de Liga de Campeones, un Mundial y una pretemporada desacertadas, el guardameta mostoleño hizo en la Supercopa lo que ha hecho en la mayor parte de su carrera: aparecer cuando su equipo le necesitaba. El capitán madridista salvó un mano a mano a Carriço, que se quedó delante de él después de un error defensivo de Coentrao.

Más allá de esos minutos, y de un tramo muy al final en el que se volcó sobre la meta blanca para hacer el gol del honor, el Sevilla mostró en Cardiff lo que había dicho su entrenador que harían en la rueda de prensa del lunes: ambición, sobriedad y seriedad defensiva y ánimo de atacar cuando tenía la oportunidad.

A falta de un hombre que sustituya a Ivan Rakitic en la generación del juego y quizás de un lateral que supla a un Alberto Moreno, que se va al Liverpool y que se despidió llorando de su equipo al final del partido, el campeón de la Europa League vuelve a tener mimbres para dar mucha 'guerra' a los grandes en España y en Europa.

Sin embargo, este martes, sus armas no fueron suficientes para evitar que el Real Madrid empiece el año en la temporada en la que afronta el reto de ganar seis títulos. De momento, los blancos han tachado el primero de la lista. El Madrid, doce años después, vuelve a ser supercampeón de Europa.

martes, 12 de agosto de 2014

PRIMER GRAN TEST

Carlos de Blas

El Real Madrid y el Sevilla dirimirán hoy noche en el estadio Cardiff City la pelea por el primer gran título de la temporada, la Supercopa de Europa, un partido donde el teórico favoritismo del conjunto blanco, abanderado por Gareth Bale, se compensa con el mayor rodaje del hispalense, todo un experto en finales.

Como sucediera el pasado 24 de mayo en Lisboa, con el duelo por la ‘Champions’ entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, ahora es Cardiff, en menor medida eso sí por la mayor distancia y la fecha, la que se teñirá de aficionados españoles que buscan dar brillo a una competición que llega antes que en sus anteriores ediciones, cuando se jugó a finales de mes. Los aficionados locales también ayudan por su cariño a Gareth Bale, el ‘Expreso de Cardiff’, que ha levantado pasiones en la ciudad por verle.

En lo deportivo, el Real Madrid busca iniciar el camino de su exigente inicio de temporada del mejor modo posible, después de una pretemporada discreta, con la ausencia de sus estrellas y nuevos fichajes, mientras que enfrente estará un Sevilla, ansioso por seguir acumulando trofeos y por aprovechar que lleva más tiempo ganado al madridista, una ventaja física y táctica que desean aprovechar los de Unai Emery para sumar su segunda Supercopa de Europa.

Carlo Ancelotti apenas ha podido trabajar con todas sus piezas, a excepción de la última semana cuando se incorporaron todos los mundialistas que faltaban. El campeón de Europa retornó de los Estados Unidos con sensaciones agridulces, después de ser incapaz de ganar ninguno de sus tres partidos de la International Champions Cup, empatando únicamente ante el Inter y cediendo ante la AS Roma y el Manchester United, en estos dos últimos ya con un once plagado de jugadores de la primera plantilla.

De todos modos, si hay algo positivo de la gira ha sido el rendimiento que ha dado Gareth Bale. El galés no pudo hacer el año pasado pretemporada, pero su no presencia en Brasil le ha hecho trabajar desde el inicio y llega a la cita a muy buen nivel y dispuesto a ser protagonista en su localidad natal, un escenario que le motiva.

El de Cardiff quiere volver a ser protagonista como en las dos anteriores finales del equipo, la Copa del Rey, donde anotó en el instante final el gol de la victoria ante el FC Barcelona en una explosión de todas sus cualidades, y la de la Liga de Campeones, donde hizo el 2-1 en la prórroga ante el Atlético.

El extremo parece ser el que más fino está de toda la pléyade de estrellas madridistas y liderará la ofensiva del campeón de Europa, acompañado por Karim Benzema, recién renovado, y a la espera de ver si Cristiano Ronaldo es de la partida. El luso acabó la campaña pasada entre algodones y apenas participó, salvo una presencia testimonial ante el United por su pasado ‘red devil’, en la pretemporada, pero parece que estará listo para este primer reto.

Ya sin dudas en la portería, con Casillas titular, y una defensa con Fabio Coentrao en el lateral izquierdo, la principal ausencia para Ancelotti será la de Xabi Alonso, sancionado por su invasión de campo para celebrar en Da Luz el 2-1 de Bale. La gran novedad, anunciada por el técnico italiano, será la introducción de James Rodríguez en su lugar, junto a Luka Modric y Toni Kroos.

En el Sevilla también existen dudas. Coke y Alberto Moreno están ‘tocados’, pero deberían ocupar los laterales, mientras que arriba, Unai Emery no podrá contar con el francés Kevin Gameiro y debe decidir si da la titularidad al colombiano Carlos Bacca, a menor nivel físico que el resto de la temporada.

En caso contrario, Iago Aspas y Denis Suárez, más talentosos pero con menos gol, podrían liderar el ataque, aunque ninguno de ellos dos son delanteros puros, lo que podría provocar algún cambio a la hora de jugar del campeón de la Europa League, que llevan preparando más de un mes esta cita que quiere que les sirva como trampolín para el año.

El conjunto hispalense, que ha perdido a una de sus piezas claves en la figura de Ivan Rakitic, se ha reforzado bastante para afrontar un año donde quiere volver a ser protagonista y tratará de aprovechar su mayor rodaje para presionar de un modo efectivo e incomodar al Real Madrid, aunque sabe que el equipo madridista tiene como alternativa su letal contragolpe.

En el recuerdo está la victoria liguera en el Sánchez Pizjuán (2-1), donde el equipo andaluz le dio la pelota a su rival y se pertrechó efectivamente atrás, y también el buen hacer sevillista en las grandes citas. El Sevilla disputa su sexta pelea por un título continental en los últimos ocho años con un balance que desea alargar ya que ha ganado cinco. La única derrota fue en la Supercopa de Europa de 2007 ante el Milan de Carlo Ancelotti, un partido marcado por el fallecimiento días antes de Antonio Puerta.

sábado, 31 de agosto de 2013

BAYERN SUPERCAMPEÓN

Carlos de Blas

El Bayern de Múnich conquistó este viernes en Praga (República Checa) la primera Supercopa de Europa de su historia tras derrotar al Chelsea en un agónico partido resuelto en la tanda de penaltis, después de que Javi Martínez empatase a dos en el último minuto del tiempo extra (2-2), con el Chelsea resistiendo heroicamente con diez hombres el asedio germano.

El Chelsea, derrotado el pasado año ante el Atlético, acarició la Copa gracias al oportunismo de Hazard y al inconmensurable Cech pero su resistencia encontró un amargo final en el tiempo extra, con el Bayern hallando un gol que derivaría en un triunfo en penaltis, después de que Lukaku errase el único penalti de la tanda (5-4).

La victoria supone el primer título de Pep Guardiola con el Bayern, después de no haber podido conquistar la Supercopa alemana ante el Borussia Dortmund. Y lo consigue además ante un viejo conocido, con el que vivió mil batallas en España.

Y es que como si nada hubiese cambiado en partidos con ambos técnicos, el duelo comenzó con el balón para el equipo dirigido por Guardiola y una presión muy arriba de los pupilos de Mourinho. Distintos equipos, mismo guión. El Bayern asumió el peso del partido queriendo hilar cualquier acción desde atrás mientras el Chelsea esperaba aguardando ataques directos.

Mandzukic, incansable todo el duelo, avisó con un remate de cabeza en el minuto dos. Pero el que golpeó primero fue el Chelsea. Letal al contraataque, como anticipó Guardiola en la previa. El conjunto inglés no necesitaba el balón, sí los espacios. Y los tuvo cuando Hazard arrancó con el Bayern corriendo hacia atrás, encontró a Schürrle en la derecha y éste la puso al centro del área.

Allí estaba Fernando Torres, en el sitio del 'nueve', dispuesto a engordar su relación de amor con las finales. El madrileño enganchó un remate inapelable teledirigido a la escuadra izquierda de Neuer. El Chelsea no avisó, golpeó. Pero el contexto no iba a cambiar.

Ribéry, premiado este jueves como 'Jugador del Año' en Europa, cogió las riendas del partido y buscó a Cech de forma personal. No fueron uno ni dos sino tres los remates desde el perfil izquierdo al palo largo que intentó en la primera mitad. Sólo el primero de ellos obligó a un esfuerzo vital al meta checo pero su insistencia acabaría teniendo recompensa.

El Chelsea, ordenado hasta el infinito, parecía estar cómodo con un escenario en el que el Bayern vivía prácticamente en su frontal del área, pero sin hallar resquicio para perforar su muralla. La respuesta estaba en disparos lejos y Ribéry, omnipresente, la acabó encontrando.

A los dos minutos de la reanudación el francés, iniciando de nuevo desde el perfil izquierdo del ataque, buscó un remate lejano, esta vez al palo corto, que niveló el partido. Bofetón a los 'blues' con toda la segunda mitad por jugar y antesala a los minutos más brillantes del conjunto de Guardiola, un huracán de fútbol durante los siguientes quince minutos sin el premio del gol.

El Bayern no desniveló el partido y el Chelsea se agrandó. Aplacó la brillantez de su rival y disfrutó de ocasiones para noquearlo, todas a balón parado. Primero Ivanovic, rematando al travesaño, y luego David Luiz, con un cabezazo a bocajarro que salvó Neuer, tuvieron la victoria en sus cabeza.

Con los alemanes en un momento bajo, el brasileño Ramires se encargó de hacerles un favor cuando el partido se dirigía a la prórroga. Una salvaje entrada del centrocampista del Chelsea supuso su segunda amarilla y derivó en un paso atrás descarado de su equipo, por pura necesidad. Mourinho convirtió entonces a sus jugadores en guerreros dispuestos a sobrevivir. Y lo hicieron.

Con uno menos y el Chelsea dispuesto a meter ya ocho hombres en su área para aguantar, Hazard creó contra pronóstico una maravilla que parecía valer un título. El belga arrancó desde la izquierda y soltó un latigazo que sorprendió a Neuer a los dos minutos del comienzo del tiempo extra.

El escenario se radicalizó, con el Chelsea atrincherado y el equipo de Guardiola repitiendo una historia ya vivida, asedio absoluto sin el gol. Petr Cech se hizo gigante y lo contuvo todo, remates de todos lados incluida una falta a Ribéry a tres minutos de final. El Chelsea vio la Supercopa de cerca, la tocó incluso con las manos, pero resultó no ser suya.

En seguramente su última acción de ataque, el Bayern encontró a Javi Martínez solo en el segundo palo para, con la izquierda, esfumar el triunfo del Chelsea. El 2-2 con el tiempo casi cumplido fue un regalo para los alemanes que veían imposible superar a Cech y un castigo terrible para los londinenses, hipercompetitivos.

La tanda acabó desnudando la juventud de Lukaku y dando al Bayern el honor de 'Supercampeón' ante un Chelsea que vendió carísima su derrota y mostró el 'sello Mourinho' en todo momento. El Bayern, aún en proceso de aprendizaje con Guardiola, cierra agosto con una victoria que alimenta su esperanza.

sábado, 1 de septiembre de 2012

FALCAO SE CORONA ANTE LOS OJOS DE EUROPA

Daniel Iglesias

El Atlético de Madrid ha vuelto a conquistar el viejo continente al convertirse en el nuevo 'Supercampeón' de Europa en un mágico partido en el que los rojiblancos le dieron un baño de fútbol y goles a un inoperante 'Chelsea', que no supo reaccionar al 'hat-trick' que Radamel Falcao firmó en el primer acto.  

Más de 6.000 aficionados atléticos fueron testigos en el estadio Louis II de Mónaco de la fiesta rojiblanca. Los de Simeone querían volver a reinar en Europa conquistando su cuarto título continental en dos años y tan sólo necesitaron 45 minutos para cumplir el sueño de todos los atléticos en una primera parte para enmarcar.  

El Atlético salió como un vendaval. Muy serio en defensa, tocaba y tocaba hasta que todas las jugadas rompían en la meta de Cech. Desde el primero hasta el último, los madrileños se mostraron como un equipo sólido, bien plantado atrás, con un centro del campo creativo y un Adrián en estado de gracia.

Pero si algún nombre merece ser escrito en mayúsculas es el de Radamel Falcao, el autor de tres obras de arte que convirtieron al Atlético en un digno vencedor de esta Supercopa. Sólo habían transcurrido cuatro minutos de juego cuando el 'Tigre' puso a todo el estadio en pie con la primera gran ocasión del partido.

El colombiano recibió un pase de Filipe Luis y, sin pensárselo dos veces, sacó un disparo que se topó con la madera. En la misma jugada, el colegiado pudo pitar un posible penalti cometido sobre Koke, que fue derribado al ir a recoger el rechace.

Poco pudieron protestar los aficionados colchoneros esta acción. Sólo tres minutos después, volvió a aparecer Radamel Falcao, esta vez, con más fortuna. El delantero rojiblanco recibió un pase de Adrián y, con templanza, picó la bola ante la mirada atónita de David Luiz, que no pudo hacer nada para evitar el primer tanto de los madrileños.

Ésta no sería la única vez que el meta checo tendría que sufrir la mirada depredadora del 'Tigre'. En el minuto 19, Falcao hizo una oda a la final de Bucarest con un golazo idéntico al que le endosó al Athletic en aquel partido. Recepción, control y golazo por toda la escuadra.

A falta de diez minutos para el final de la primera parte, Falcao volvió a encontrarse con la madera al cabecear un rechace que venía de un error de Adrián. Pero el colombiano no quería marcharse al descanso sin su triplete. Así que, con el tiempo prácticamente cumplido, aprovechó una contra bien dirigida por Arda Turan para fusilar a Cech y ponerle al Atlético el triunfo en bandeja.

El Chelsea no podría haberse imaginado un final peor que éste. El vigente campeón de la 'Champions League' no existió en el campo. El conjunto de Di Matteo quedó muy tocado tras el primer gol y desapareció completamente del partido en el siguiente. El reencuentro de 'El Niño' con su Atlético quedó como una anécdota y Courtois, que se midió a su equipo y a su ídolo, Peter Cech, se tomó la noche de descanso.

La pesadilla de los 'blue' aún iba a prolongarse en el segundo acto. Un inconformista atlético aprovechó el descanso para cargar pilas y continuar con su particular monólogo. Para desgracia de los ingleses, el conjunto rojiblanco no se relajó y siguió acechando la portería de Cech.

En el minuto 60, Miranda, con mucha picardía, aprovechó un 'regalito' de la defensa británica para establecer el 0-4 en el marcador. Pocos minutos después, Cech, que evitó que la goleada fuera mayor, envió a córner un disparo con rosca que Koke envió con mucha intención.

Con todo decidido, el Chelsea maquilló el resultado con el tanto de Cahill, aunque no sirvió para consolar a un equipo que acabó 'muerto'. Filipe Luis, a falta de cinco minutos, y Luiz, con un lanzamiento en propia puerta que se estrelló en el palo, pudieron lograr una 'manita histórica'.

viernes, 31 de agosto de 2012

FALCAO ANTE EL CHELSEA DE TORRES

Julio Candela

El Atlético de Madrid y el Chelsea buscarán este noche en el Stade Louis II de Mónaco su segundo título en esta competición, en un partido marcado por el reencuentro de Fernando Torres, que se medirá por primera vez al equipo en el que se formó como futbolista.

Y es que el 'Niño' desde que dejó en el verano de 2007 la entidad de la Ribera del Manzanares no ha conseguido enfrentarse a su exequipo hasta ahora. La mala suerte, vestida en forma de lesión, obligó al fuenlabreño a perderse los duelos europeos ante el Atlético cuando defendía la elástica del Liverpool.  

Fernando Torres, campeón de Europa y del Mundo y de la Liga de Campeones, ya ha avisado que éste es el "partido más especial" de su carrera deportiva al enfrentarse por primera vez con el equipo que le dio la oportunidad de brillar en este deporte y tras convertirse en el estandarte de los rojiblancos.

Un Atlético de Madrid que regresa tres años después al Stade Louis II de Mónaco, de grato recuerdo para los rojiblancos cuando sorprendieron al Inter de Milán para llevarse su primera Supercopa de Europa, por lo que encaran esta cita con moral y con ilusión para seguir haciendo historia en la competición continental.

Además, los últimos resultados cosechados por el conjunto rojiblanco son más que alentadores tras golear (4-0) al Athletic de Bilbao el pasado lunes y comprobar como su máximo referente ofensivo, el delantero colombiano Radamel Falcao, encara esta cita en un gran momento de forma y con ganas de volver a lucirse en Europa donde vivirá un espectacular duelo ante el 'Niño'.

Un duelo que si es especial para Fernando Torres al medirse al equipo que le dio la oportunidad de destacar en el fútbol, también lo será para el meta belga del Atlético de Madrid. Thibaut Courtois se enfrentará al equipo que posee sus derechos, un Chelsea que le tiene en calidad de cedido en el conjunto rojiblanco, pero que ha avisado que se medirá a los 'blues' con la ambición de levantar otro trofeo como colchonero ante uno de sus ídolos, Peter Cech.

En el aspecto deportivo, el 'Cholo' Simeone, que contará con la baja por sanción de Tiago que fue expulsado precisamente por el esloveno Damir Skomina en Valencia, podría disponer el mismo once que sumó el triunfo el lunes ante el Athletic de Bilbao con la posible novedad de Adrián, que podría ocupar el puesto de Koke.  

Enfrente el vigente campeón de la Liga de Campeones, que al igual que el Atlético de Madrid sueña en ganar su segunda Supercopa de Europa, ya que han pasado muchos años, desde 1998 cuando levantaron el título, sin disputar esta prestigiosa competición.

Unos 'blues' muy españolizados, no sólo por Fernando Torres, que intentará mostrar su mejor versión ante 'su' equipo, sino por la presencia de Juan Mata, César Azpilicueta y Oriol Romeu, que dan el toque nacional a un equipo que ha visto como para esta temporada ha perdido a algunas de sus estrellas como Didier Drogba.

Además, el técnico italiano Roberto di Matteo tampoco podrá disponer para este importante encuentro con el veterano John Terry, que a pesar de ver reducida su sanción tras lo ocurrido en las semifinales de la 'Champions', tendrá que ver este partido desde la grada del estadio monegasco ni con el lesionado Marco Marin.

Por lo que el actual líder de la 'Premier', que firma pleno de triunfos, buscará mantener el buen momento de un más que motivado Fernando Torres junto a la veteranía de los Lampard, Cole o Cech, unido a la savia nueva que están mostrando los Mata o Hazard para lograr el segundo entorchado continental e intentar 'reinar' en Europa. 

sábado, 27 de agosto de 2011

GIGANTE

Jordi Grimau

Esta era la única competición oficial en la que el astro argentino Lionel Messi no había podido añadir una muesca más a su revolver y el Luis II todavía era hasta hoy un terreno virgen para su voracidad sin límite y su ansia de gol.

Él, que vistiendo la camiseta azulgrana había marcado en Wembley, en los Olímpicos de Roma y Atenas, en el Santiago Bernabéu, en el Celtic Park de Glasgow, el Saint Jakob Park de Basilea, en el Gerland lionés y el José Alvalade lisboeta, en el Weserstadion de Breme, en el Parken Stadion de Compenhagen, en el RSK Olimpiyski y Donbass Arena de Donetsk, en el Lobanosky Dynamo Stadium de Kiev y en el VfC Arena de Stuttgart.

Esta tarde, en el principado monegasco, Lionel Messi resolvió este asunto menor. Otro reto superado para el mejor futbolistas del planeta, quién sabe ya si el mejor de todos los tiempos.

Messi solucionó una espesa primera mitad del Barcelona con un gol de oportunismo al filo del descanso, un regalo de Guarín en un mal despeje que el de Rosario recogió cuando ya tenía encima a Helton. Otro se hubiera precipitado en la definición y hubiese estrellado el balón en el cuerpo del portero. Él no. Controló la pelota, sentó al meta del Oporto con un requiebro imposible y lo empujó a placer al fondo de la red.

Hasta entonces el equipo luso había incomodado a su rival con su defensa adelantada, mucho empuje arriba y una presión asfixiante que los azulgranas, sin Piqué en el eje de la zaga y Busquets en el pivote defensivo, le costaba superar saliendo con el balón jugado desde atrás.

Un disparo de Moutinho que obligó a Valdés a sacar la primera manopla de la tarde y un par de jugadas por la izquierda de Hulk(la estrella indiscutible del equipo tras la marcha de Falcao) no tuvieron la recompensa del gol. El Barça casi se encontró con el suyo gracias al primer regalo de la zaga lusa, que Pedro, solo ante Helton, no aprovechó al picar el balón por encima de la portería.

Pero el campeón de Europa es un motor diesel especialista en esperar a que baje el suflé. El del Oporto bajó a los veinte minutos y los de Guardiola, aunque les costó más que de costumbre, se hicieron con la manija del choque en cuento empezaron a recuperar el balón más arriba y a hacerlo circular con mayor fluidez.

Un par de subidas amenazantes de Alves, un par de apariciones de Iniesta, que a la postre acabaría siendo nombrado por la UEFA mejor jugador de la final, y un par de fogonazos de Messi -con gol de pillo incluido- bastaron para tomar el mando -del marcador y del juego- antes de llegar al descanso.

El Oporto no se rindió ni mucho menos tras la reanudación. Pereira adelantó la defensa veinte metros y Moutinho, Guarín y Souza trabajaron a destajo para abarcar los máximos metros posibles en el centro del campo.

Motuinho y Guarín lo probaron de lejos y Villa también tuvo la suya antes de ser sustituido por Alexis. El Barça, con muchos espacios delante, pudo matar el partido. Pero en pleno mes de agosto es más difícil hacerlo que, por ejemplo en enero, y Pedro, en un par de acciones en las que se quedó sin fuelle pudo dar fe de ello.

Los catalanes vivieron un último susto, cuando un error de Abidal al proteger un balón casi le cuesta un disgusto al campeón de Europa a diez minutos para el final. Un Guerín encolerizado pidió penalti por la entrada del francés, pero el árbitro lo único que hizo fue mostrarle tarjeta amarilla.

Cuando el partido llegaba al final, Messi volvió a aparecer para fabricar el segundo, una conducción desde la línea de tres cuartos que acabó con un quiebro y un centro preciso sobre la llegada de Cesc, que mató el balón con el pecho y, sin dejarlo caer, fusiló sobre la salida de Helton.

Con éste ya van doce los títulos que ha logrado el Barça en la era Guardiola en solo tres años. El propio Cesc ya ha ganado dos (los mismos que en todas su carrera en el Arsenal) en dos semanas como azulgrana.

sábado, 28 de agosto de 2010

NEPTUNO OTRA VEZ DE FIESTA

Daniel Iglesias

El Atlético de Madrid se ha proclamado campeón de la Supercopa de Europa al derrotar al Inter de Milán (0-2) gracias a los goles de Reyes y 'Kun' Agüero que confirmaron la superioridad de los 'rojiblancos' en un partido celebrado en el estadio Louis II de Mónaco.

El Inter, que buscaba su quinto título seguido e igualar al FC Barcelona con el 'sextete' logrado hace dos temporadas, apenas inquietó al conjunto 'colchonero', que se mostró sólido y supo aprovechar la candidez de la defensa de los de Rafa Benítez para llevarse su primera Supercopa de Europa, tres meses después de levantar la Europa League.

Los 'rojiblancos' salieron un poco agazapados ante la ofensiva del Inter y las primeras ocasiones llegaron para los italianos, con un fuerte disparo de Sneijder que se marchó alto y otro de Milito que Godín despejó a saque de esquina, todo ello antes de los primeros cinco minutos.

Sin embargo, el Atlético se soltó la presión interista y con un par de toques en el centro del campo y una entrada por la izquierda de Simao, que superó a Maicon con un 'túnel', centró para que Agüero rematase, pero el argentino pareció ser derribado por Chivu cuando iba a impactar con el balón.

Los españoles reclamaron penalti en la jugada, pero el colegiado suizo Massimo Busacca no quiso meterse en problemas y dejó seguir el juego. El experto defensa rumano supo tocar al 'Kun' lo justo para evitar que el delantero rematase a apenas dos metros del guardameta Julio César.

El juego se fue espesando y ninguno de los dos equipos era capaz de hacerse con el control del juego, y sólo con ramalazos individuales su ponía algo de picante al encuentro. Eto'o y Agüero, con sendos disparos, tuvieron buenas oportunidades, pero sus lanzamientos se desviaron ligeramente.

La afición del Atlético también quiso formar parte de la final y comenzó a corear sus habituales cánticos, que espolearon al equipo y propiciaron una jugada con un par de paredes que el 'Kun' finalizó con un disparó que se fue demasiado alto cuando se quedaba sólo ante Julio César.

Tras la reanudación, el ritmo apenas varió y el Atlético siguió teniendo mayor posesión de balón y no le perdía la cara al partido. De hecho, en un contragolpe llevado por Forlán, muy desaparecido en la primera mitad, el balón acabó en los pies de Reyes que avisó a Julio César de lo que le iba a llegar un minuto después.

Y es que el sevillano recibió un balón dentro del área superando a Maicon, que perdió por primera vez la posición en todo el partido, y dejó libre al '19' 'rojiblanco' que con su pierna izquierda fusiló al portero brasileño, que rozó el esférico. El júbilo llegó a la grada 'colchonera' que estalló con el gol de Reyes.

El gol del 'Atleti' dejó grogui al Inter que sólo se limitaba a despejar balones sin sentido cada vez que se acercaban los delanteros 'rojiblancos'. Además, los 'neroazzurri' no eran capaces de crear jugadas y el técnico 'interista', el español Rafa Benítez no vislumbraba una posible reacción.

El Inter empezó a desesperarse y a regalar más espacios. Fruto de ello Simao entró por la banda izquierda hasta el fondo y centró con total facilidad, para que el 'Kun' hiciera el segundo tanto entrando por el centro del área y completamente sólo para rematar el partido y asegurarse su segundo título continental en tres meses.

Sin embargo, el destino tenía preparada una nueva sorpresa para que De Gea tuviese su momento. Raúl García hizo un penalti absurdo en el último minuto, pero el meta canterano detuvo de manera espectacular el lanzamiento de Diego Milito, que de haber marcado, hubiera puesto tensión a la recta final del encuentro.

Al final se hizo justicia y un Atlético que fue mejor que el actual campeón de Europa, que apenas demostró la consistencia que les había llevado a ganar cuatro títulos seguidos. De esta forma, el conjunto rojiblanco se hizo con su segundo título continental en tres meses y levantó su primera Supercopa de Europa.