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domingo, 27 de mayo de 2018

EL REAL MADRID ES INMORTAL

Tercera Champions League consecutiva que logra una hazaña nunca vista en la Historia del deporte y se hace eterno

Antonio Blanca

Limpio y blanco. No empaña. Leyenda viva. El mito del mejor club del siglo XX y de aquellos años dorados no es sino una realidad, plausible, poética, celestial, blanca, muy blanca, sin mácula, las deidades siempre fueron así. Decimotercera realidad. Fútbol épico en racional época. El maldito número 13 duró noventa minutos, en los que el Real se reafirmó como la institución deportiva más grande de todos los tiempos, por lo siglos de los siglos, al menos del pasado y del presente. Desde Valhalla y Hammurabi a la hazaña blanca. La Copa de Europa que vence al maldito aquelarre. Costó años ganar dos seguidas. La tercera consecutiva ya es historia. 3-1 frente al Liverpool. Pura vida. Gareth Bale. Diosa Cibeles, o lo que es lo mismo, Madre Tierra, Diosa del madridismo, la tierra que da la vida al fútbol. 

El galés llegó a tiempo. Para levantar la Décima y para desafiar a la luz y su velocidad. Se suspendió en el aire para emular a su colega portugués (menos estética, más compleja) y encaminar a su club a la gloria. También se valió de Karius, que tendrá el perdón de los suyos, y la impía inmisericorde memoria. Su calamitoso partido allanó el camino, el primer gol roza el vergonzoso honor del más ridículo de la historia del balompié. 

El Trece, o el 12+1 que decía el malogrado Ángel Nieto, que anoche desde el cielo festejaría la proeza. Judas se sentó en la mesa e hizo de la última cena 13 comensales. Maldito número 13. Doce bis en los aviones y mortal cifra para las noches de Sandro Rey. Paraskevidekatriafobia la llaman unos y puta mala suerte los mal hablados. Los haters que deben andar como vulpejas. Miren si no a Bale y Benzema. Tres seguidas y van 13. Cuánta gloria.


Balder, el favorito de los dioses, cayó ante Loki, el decimotercer asistente al banquete sagrado escandinavo. Y muy loquis estarían los que hace diez años pensaran en algo así. Hasta que llegó Mourinho, la Champions era el vía crucis merengue. La behetría de Chamartín puso en Cristiano Ronaldo sus esperanzas. Acertaron, vaya que si lo hicieron. Ronaldo, el mejor jugador del mundo, Ronaldo el mejor jugador en la Historia del mejor equipo del deporte de todos los tiempos. Ronaldo tan transparente, tan sincero, tan a destiempo. Las palabras se las lleva el viento, la huella de Ronaldo en el Madrid es perenne, por siempre. Al portugués hay que entenderlo, como a los hijos rebeldes, regañarle porque se equivocó y redimirle merced al perdón pedido. 

El antimadridismo hipertrófico ha degenerado, como diría Juan Belmonte, en insultante superioridad. No fue el año mejor en Liga. El Tottenham les pasó por encima. Se tildó al PSG de favorito. Al final, lo de siempre. Como no te voy a querer, si fuiste campeón de Europa ya no se sabe ni cómo decirlo, una y otra vez. Dos chilenas y dos fallos de los arqueros. Cuatro goles que han amasado un nuevo éxito para Zidane, tan cuestionado, tan burlado, tan bueno, tan gigante... Zizou no debe tener una flor, pues es el encargado de regar el Jardín del Edén, como los seres de leyenda, Zidane goza de preferencia con alguien allí arriba, está tocado por la varita.

El partido no creará escuela, es lo que pasa en las finales. Fue tedioso y se hizo largo. La lesión de Salah se antojó dádiva y la caída de Carvajal ralentizó aun más el choque. Se salió del guion la final. Huyó de alegorías el Madrid. Cuatro Copas de Europa en cinco años. De verdad que resulta complicado hacerse a la idea. La retrospectiva del tiempo hará valorar la proeza de este equipo, porque sí, llegará un día en el que el Madrid no gane la Copa de Europa.

La mitad de la plantilla ya suma cuatro trofeos, Ronaldo se alza pentacampeón, y la epidemia sarnosa se aproxima en diciembre a quienes les gusta de cuestionar al astro de Madeira si gana el sexto balón de Oro. Ronaldo, amenaza con irse o con, simplemente, dar respuestas. Quizá quiera hablar de que sigue siendo el rey o quiera felicitar a Bale. O decirle a Florentino que dorar la píldora a Neymar es craso error cuando el ‘7’ está destrozando los anales de la estadística del Madrid. Anoche, la emersión del galés volvió a ser decisiva. Entró por un Isco que estuvo gris, un disparo al larguero fue su clímax. Los genios tienen estas cosas y no siempre se frota la lámpara.


Otro que tal baila es francés y tiene más temple que un burel mejicano. Karim Benzema abrió la lata. Con ayuda, sí, pero andaba por allí para continuar emulando a Raúl González Blanco “el Gran Capitán”, y recordar la obra de pillería de Glasgow, como hizo con una portentosa chilena Bale a pase de otro brasileño, no Roberto Carlos, sino Marcelo, en deferencia al hoy su entrenador, de la volea sempiterna de Zidane al imperecedero de Bale. Todo sea por continuar agrandando la leyenda. Marcando época, como la final de Navas (una parada felina de un profesional intachable), la soberana actuación de Ramos y Varane en defensa, y Modric, que es un vino excelso, pasan los años y su reserva cada vez es mejor.



En general, una plantilla exitosa que ha hecho historia. Lo que fue un mito se ha hecho logos. Lo que negó la ciencia del fútbol lo ha forjado en razón un francés y su ejército de leales peloteros. Reivindicaciones aparte, el Real Madrid es una leyenda y el mundo del fútbol y el deporte da gracias. Trece Copas de Europa. Desafiando al mal fario. Desde 1956 hasta 2018, del Madrid de Di Stéfano, al Madrid de los años 10, al Madrid de Zidane, al Madrid de Cristiano Ronaldo. 

LA LEYENDA DEL MADRID DE LOS AÑOS 10

Carlos de Blas


Las delanteras ganan partidos pero las defensas conquistan campeonatos. Esa es la máxima futbolística que se han empeñado en negar Real Madrid y Liverpool en esta edición de la Liga de Campeones, jugada especialmente sobre el parámetro goleador. No obstante, en el Olímpico de Kiev se daban cita dos de los equipos con mejor ratio anotador que jamás haya visto esta competición. Ese era el guión fundamental y resplandeciente, que prometía espectáculo a la afición y nerviosismo a los técnicos, ya que las zagas no han lucido regularidad, ni mucho menos. Por ello, se presagiaba que este duelo entre aristócratas continentales iba a activar una traca colorida.

Por ello, Zinedine Zidane apostó por tratar de domar la pelota y, con ello, bajar el ritmo disparatado en el que tan cómodo se han sentido los británicos. Ese planteamiento controlador justificaba la presencia en el once de Isco y Benzema, dos peones destinados a regar de fluidez la pretendida asociación perenne. Apostó por un 4-4-2 más equilibrado el técnico galo, en contraposición a Jürgen Klopp, que eligió repetir el 4-3-3 y su arriesgada y ambiciosa puesta en escena. Con el explosivo tridente en punta y Wijnaldum como alternativa al lesionado Oxlade-Chamberlain y al renqueante Emre Can. Unos anhelaban un compás técnico y los otros, físico. Y los dos estrategas morirían con las ideas que les ha conllevado la supervivencia hasta este peldaño.

El prólogo desnudó respeto. Los españoles pretendieron congelar el tempo, con circulaciones largas y achique en campo propio. Y los redspresionaron muy arriba, desglosando su verticalidad característica. En esta fiscalización mutua inicial avisarían los ingleses con robos adelantados y relámpagos proporcionados por la lectura al espacio de Firmino y Milner. Cada imprecisión iba a representar un paseo por el abismo si los de Chamartín no se activaban tras pérdida. Keylor Navas estrenó sus guantes en el quinto minuto saliendo para tapar el desmarque de Manè. Karius había hecho lo propio ante la distribución que desembocó en centro de Carvajal hacia el remate de Isco.

Mandaba en las sensaciones un Liverpool que ocupaba mejor los espacios y alcanzaba a cortocircuitar el plan madridista. Aún así, Marcelo abrió las hostilidades con el primer disparo global, demasiado desviado y desde media distancia -minuto 11-. Ante esa tesitura, en la que asomaba el vendaval británico, se apresuraron los vigentes campeones a concatenar pases desprovistos de riesgo. 
Sin embargo, les costaba afinar el toque, alimentando la comodidad del aspirante, siempre dispuesto a dejar a Salah, Manè y Firmino en tres para tres con Ramos, Casemiro y Varane. Mas, un error de Robertson (novato en estas lides) regaló al favorito una contra rematada por Ronaldo -minuto 16-. No sin dificultades, los madrileños recordaron su amenaza. Sin ganar peso.

Van Dijk, en un córner provocado por una concesión de Carvajal, inauguró la relación de intentos roja -minuto 19-. Advirtió el millonario fichaje, con ese testarazo desorientado, del poderío a balón parado de su escuadrón. Necesitaba el Madrid que Benzema, Isco, Modric y Kroos se asociaran, pues la presión ajena distanciaba mucho a la medular y a la delantera merengues. Y el devenir trabado y tenso se puso serio con el derechazo de Alexander-Arnold. Cruzado y raso, potente, obligó a Navas a recalcar sus reflejos -minuto 24-. No podía el centro del campo y la zaga españoles ni pestañear si la redonda estaba en las botas de los lanzadores de transiciones contrincantes.

Y cuando se atravesaba la media hora sobrevino un punto de inflexión: Mohamed Salah se tendió sobre la hierba, lesionado del hombro. El egipcio, candidato a entrar en el podio del Balón de Oro, se hizo daño en un cuerpeo con Ramos y abandonó la dinámica llorando. Abatido. Sus 44 goles fueron sustituidos por Adam Lallana, un mediapunta corrompido por las lesiones. Se mermaría el frenesí del tridente y también lo ardoroso de la ejecución de un bloque de Klopp golpeado anímicamente. Y en el 34 la mala fortuna empató su distribución: Carvajal, que llegó entre algodones, se rompió. El lateral se fue hundido y entró Nacho, en el cierre de un tramo grotesco que arrebató un puñado de los fuegos artificiales de un plumazo.

Entonces, bajó líneas el cuarto clasificado de la Premier League y subió enteros la posesión madridista. La iniciativa recayó, finalmente, en una delegación española complacida al respirar con más tranquilidad. El testimonio de ese cambio en la dirección del viento fue el centro de Isco y el cabezazo de Ronaldo que tapó Karius con una reacción de foto -minuto 43-. Benzema anotaría pero el colegiado lo anularía por fuera de juego. Y el delantero francés cruzó un centro maravilloso al que Nacho dio continuidad descerrajando una volea que deglutió el lateral de la red. El Liverpool pasó de asustar a tratar de ganar el intermedio. Lo conseguiría, a pesar del latigazo de Benzema que lamió la madera -minuto 47-.

Se encaminaron a vestuarios los guerreros con más trabajo para Klopp. El técnico germano ordenó repliegue tras el infortunio de su estrella, pero perdió por completo la facilidad previa con la que salían en vuelo y se encerraron. El aspecto del envite arrinconó a la preponderancia anatómica que les interesa y puso en primer plano a la calidad técnica. Modric, Kroos, Marcelo, Isco y Benzema brotaron, por consiguiente. La menor fiabilidad de su fondo de armario y el cansancio eran argumentos que habría de neutralizar ante la perspectiva creciente. El 65% de posesión madrileña, sobre todo en terreno inglés, y el repunte de aproximaciones al arco defendido por Karius eran síntomas absolutos.

Y el segundo capítulo de esta confrontación entre experiencia y rebeldía nació con una pérdida en la salida de juego británica que, después de un par de rebotes, le cayó a Isco. El malagueño voleó, rebosante de clase, al travesaño -minuto 48-. Y en el 51, Kroos filtró un pase bombeado y al espacio demasiado largo. Karius atrapó el cuero y cometió un error de índole histórica. El meta teutón neutralizó el centro, pero cuando se dispuso a sacar en corto Benzema se cruzó para adelantar al Madrid. Para alborozo de la tribuna y como premio al despliegue pleno de personalidad y confianza con el que afrontó la reanudación el dibujo de Zidane.

No iba a resultar sencilla la faena de entrar en la leyenda como un proyecto dinástico. Varane salvó a los suyos desviando un centro de Milner que tenía a Firmino salivando en el segundo poste. Y en el córner posterior -minuto 55-, el centrocampista activó un córner que ganó Lovren a Ramos y que usó Mané para adelantarse a Navas y firmar las tablas. La competitividad y fe de los de Anfield salió a relucir para apagar la euforia merengue.

A la punzante respuesta automática inglesa acompañó un pico energético red. Pero Isco volvió a pinchar con un control sin hueco y un remate a la media vuelta que Karius sacó de la cepa del poste -minuto 61-. Y Zizou sentó al malagueño para dar entrada a un Bale enrachado en Liga. El galés debía ser centrocampista para evitar el contragolpe rival y puñal en fase ofensiva. Se mantenía el 4-4-2 con algo más de aliño físico. Y el zurdo le regaló a su entrenador la legitimidad de la decisión con una chilena dirigida a la escuadra -minuto 64-. Centró Marcelo, desatado, y el ex del Tottenham empalmó el escorzo delicioso desde el punto de penalti. Imparable para Karius. Otra vez se adelantaba el defensor del título y examinaba la consistencia británica.

Quiso redoblar su monopolio del esférico el equipo en ventaja, al tiempo que Klopp llamaba a sus trabajadores a despertar del shock. Quedaban 20 minutos por jugarse cuando Ramos, al límite, sacó un pelotazo a la espalda de los centrales que esperaba Manè para encarar a Navas. Y el senegalés, multiplicado, restalló en la madera de Keylor un zurdazo desde la frontal. Recalcando el pelaje ganador y guerrero de su camarín. El meta 'tico' cerraría un centro resbaladizo de Alexander-Arnold, seguidamente.

Morirían de pie los del río Mersey. Subirían líneas sin complejos, sin importarles el precipicio que se presentaba si el Madrid cazaba una contra. De hecho, Ronaldo perdonó una nítida al estar lento en el cara a cara con el guardameta. Alexander-Arnold, in extremis, rescató a su club en una acción defensiva soberbia. La jerarquía de los isleños generó dudas en un conjunto español que recurrió a la asociación horizontal para aplacar sus miedos. Y un cambio de ritmo, con pase distinguido de Bale y volea de Benzema, a punto estuvo de sentenciar. Karius voló para negar tal escenario -minuto 82-. 
Mas, segundos después, permitió al galés erigirse en protagonista. Un cañonazo centrado y desde muy larga distancia del zurdo dobló las manos del titular en detrimento de Mignolet. Tres a uno. El arquero germano se tornó endeble en la peor fecha.

El desenlace, mucho más templado de lo que susurraba la trama, vio participar a Emre Can -por Milner, máximo asistente del torneo- y a Marco Asensio -por un Benzema redimido-. Y se endureció el cuadro antes de la apoteosis madridista. Ronaldo, plomizo, acumularía su quinta Copa de Europa y el proyecto de Zidane dio otra vuelta de tuerca a su prestigio al uniformarse como un equipo único: el primero en alcanzar concatenar tres Ligas de Campeones. En un marco más alejado, se señala a este lustro como el del monopolio continental merengue. Bañado de un pedigrí de especialista en este torneo sin par. El fútbol español, con el triunfo del Atlético en la Europa League, vuelve a mandar con rutilante superioridad.

sábado, 26 de mayo de 2018

A UN PASO DE LA ETERNIDAD

Julio Candela

El Olímpico de Kiev descorchará este sábado el colofón a la edición de la Liga de Campeones que ha terminado por certificar la supremacía total del colorido estilo atacante, después de años de tenaz mandato de la consistencia y la táctica. Real Madrid y Liverpool han sobrevivido a batallas sobresalientes en la fase eliminatoria, evidenciando semejantes huidas goleadoras hacia adelante y capacidad agónica para salir a flote en base a ese arriesgado planteamiento. Sea como fuere, con una senda salpicada de polémicas, los dos ilustres púgiles que se repartirán el cetro continental han dibujado una merecida oda al espectáculo.

La atmósfera despliega un choque de inercias, pero el césped desprende dos libretos casi gemelos. Al primer punto pertenece el oficio del vestuario llamado a hacerse dinástico (ganaría tres Champions seguidas, hito histórico que le uniformaría de dominador del balompié en este lustro) y la ardorosa urgencia por recobrar el sabor de la gloria de un club acostumbrado a ser punzante en el Viejo Continente y matizado en la Premier. En definitiva, este combate ha reclutado a dos consumados especialistas en esta competición, reconocibles tanto en su irregularidad doméstica como en su consistencia competitiva en cruces a ida y vuelta. Y la distribución de estatus presente no les incomoda -los españoles son favoritos, mientras que los ingleses resultan aspirantes en las apuestas-.

Y en torno al segundo prisma, el estrictamente futbolístico, en efecto, está por desatarse el duelo ante el espejo de los dos contendientes. Con un rendimiento defensivo y continuidad en la concentración bajo sospecha, merengues y reds disfrutan de un adn híbrido: el contraataque es su mejor escenario pero se manejan bien en la elaboración en estático o la horizontalidad cuando toca. Bien es cierto que lo que atrae los focos es la posible explosión por la vía de los relámpagos tras robo que ha dejado en la cuneta a Manchester City, Bayern, Roma, Juventus y Oporto, mas la aplicación de ráfagas ambiciosas de presión también figura en los guiones.

El desglose de la trama susurra que a los de Zinedine Zidane les convendrá conducir a los isleños hacia un tempo más templado. La posesión, atención después de perder el cuero, convicción en la idea jerárquica y la precisión en el pase constituirán, entonces, ingredientes básicos. Pero -aquí yace la riqueza en las variantes que ha llevado al Bernabéu tres de las últimas cuatro Ligas de Campeones en disputa-, esa situación pausada y controlada también arribaría si ceden metros y, con ello, relegan al tridente fulgurante ajeno a detectar cavidades entre líneas y bajo una reducción de espacios -paisaje más incómodo-. El técnico galo "se comerá el marrón" de calibrar en qué momentos gritar iniciativa y cuándo rehuirla.

Jürgen Klopp, por su parte, sería feliz si sus pupilos desbaratan el ritmo y empujan a la delegación madrileña a un cuerpeo de índole física. De ida y vuelta. En ese compás han tocado las melodías irrebatibles que noquearon a Pep Guardiola, para sorpresa de propios y extraños. Y sobre esas pautas aceleradas llevan al límite a cualquiera. Ojo, no sólo regala veneno este Liverpool saliendo desde la cueva como rayos, sino que es su estudiada red de presión la que les ha conllevado un buen número de recuperaciones adelantadas que, entre otras consecuencias, acomplejan al más pintado que pretenda sacar la redonda jugada desde su portero. Al fin, un colectivo ha superado en verticalidad y pegada al Madrid.

La entraña del ajedrez final subraya que aquel que sepa neutralizar mejor a su némesis vencerá. Saldrá victorioso, aunque a lo largo del minutaje los colosos se aboquen al frenesí. Porque en múltiples contextos un solo pase de Henderson, Milner, Modric o Kroos ha bastado para que Ronaldo, Mané, Firmino y Salah destrocen en un cuarto de hora al oponente. No obstante, los ingleses presumen de ser el bloque más goleador (40 dianas, por las 30 firmadas por los vigentes campeones). Y en sus filas están los jugadores ofensivos más productivos: Salah (10 goles), Firmino (10 tantos) y Mané (9 dianas) son los que persiguen el pichichi de Ronaldo (15 goles) y Milner y el delantero brasileño son los que más asistencias han dado de todos los equipos participantes (9 y 7 pases de gol, respectivamente).


Ese monto estadístico pone de relieve la obligación de guardar el equilibrio para un escuadrón madridista que no ha contemplado ese parámetro como una prioridad en este curso. Por eso, es pronosticable un viraje prudente hacia el 4-4-2 de Zidane, con Casemiro como ancla y Modric y Kroos esforzados en las coberturas exteriores. La inclusión de Bale (o Lucas Vázquez) iría en esta línea, con el fin de tapar la amenaza exterior roja y ayudar a Marcelo o a Carvajal (ante las felchas Salah y Manè). Isco, Asensio o Benzema, por el contrario, simbolizarían una apuesta más querente de protagonismo. Estas son las incógnitas que describirán cuál es la idea del galo para superar este resbaladizo escollo y elevar el estándar de excelencia en Concha Espina.

Ha querido el preparador guardarse la carta, como no puede ser de otro modo. Que Klopp deshiciera su 4-3-3 representaría un cataclismo, pero que Zizou eligiera incluso a Kovacic y un dibujo calcado, aceptando el desafío goleador, no sería interpretable como un movimiento extraño. Porque el otrora mediapunta exquisito ya ha tocado esa partitura riesgosa ante otros aristócratas durante su gobierno. 
Y es que cuenta con un ramillete más florido de peones en el banquillo si hubiera que trazar un volantazo para congelar o incendiar las revoluciones. La profundidad de nombres disponibles, y su morfología poliédrica, es el antídoto a la pujanza anatómica que enfrentará.

Las muescas en el currículo de Marcelo, Carvajal, Varane, Sergio Ramos y Keylor Navas fiscalizarán la preeminencia de la experiencia sobre la rebeldía de los jóvenes carrileros Alexander-Arnold y Robertson, de los zagueros Lovren y Van Dijk, y del meta Karius. Ninguno de estos últimos ha respirado la presión de una altura parecida. Y de estas dos líneas defensivas -desdobladas en atacantes por sus extremos y el balón parado- pende un par de dianas. Klopp ya ha señalado a la espalda del zurdo brasileño como el objetivo explítico a sangrar, pero su zaga le proporcionó un poderoso susto ante una Roma no especialmente frondosa en cuanto a puntería (la vuelta de semis les vió caer por 4-2 y acariciar la debacle).

Por último, se desenmarañará el verdadero estado de cocción de piezas como Emre Can, James Milner, Dani Carvajal e Isco, todos ellos recuperados para la causa a última hora; Salah dirimirá su escaño en el podio del Balón de Oro frentre a la voracidad de un Ronaldo que tiene a tiro su récord de goles en una edición de la Copa de Europa (está a dos dianas de los 17 anotados en 2014); y Klopp derramará sudor para eludir la sombra de entrenador perdedor de finales que le acucia (con la trascendental baja de Oxlade-Chamberlain) al tiempo que Zidane deberá negar los fantasmas de indolencia que han limitado su gestión en esta temporada para redondear su candidatura a que le esculpan una figura de mármol en Chamartín.

"Los jugadores del Real Madrid son de hielo". De esta sintética manera definió el preparador germano cómo ha sido posible que su contrincante haya pasado ronda tras ronda con el corazón en un puño. Y Zidane, que sorprendería si alinea a la BBC de inicio (no ha compartido ni un minuto en esta Champions), ha establecido el diagnóstico más aproximado a lo esperable: "El fútbol, para mí, es sencillo. Hay dos equipos y tienes que entender lo que te puede hacer daño, controlarlo y luego, cuando tienes el balón, intentar con tu filosofa de juego hacer daño. Hemos tenido momentos difíciles y en la final vamos a tener más. Intentaremos que sean mínimos, sufriendo sin balón y atacando, pero seguro que vamos a sufrir".

miércoles, 11 de abril de 2018

GUARDIOLA SE DESCOMPONE

Aránzazu Gálvez

Una década llevaba el Liverpool sin jugar las semis de la ‘Champions’ desde que lo hiciese con Rafa Benítez en el banquillo. Otra época y otras costumbres para una entidad cuya historia ha vuelto reverdecer este martes. Así lo demostró ante un City cuya superioridad en el campeonato doméstico no le ha valido en Europa.

Y eso que los ‘citizens’ tuvieron el comienzo soñado. A los dos minutos el equipo de Pep Guardiola logró el 1-0 en una brillante acción de Sterling que acabó en botas de Gabriel Jesus. El brasileño no perdonó después de que Van Dijk regalase el balón en la salida. El escenario era perfecto para los de casa.

El City continuó con este ritmo infernal durante toda la primera mitad. Los ‘sky blues’ jugaron cada minuto del primer acto como si fuese el ’89, demostrando un nivel muy alto y pusieron su valentía como escudo. Sterling estuvo muy cerca del segundo y Bernardo Silva, que dio una exhibición, la estrelló en el palo con un disparo en el corazón del área.

Antes de la acción llegó la jugada más protestada del partido y que le acabó costando la expulsión a Guardiola. Sané marcó el segundo en posición legal y el árbitro del encuentro, el español Mateu Lahoz, señaló fuera de juego de manera incomprensible. Ni hubo falta, ni ‘offside’ y el Liverpool cogió aire justo antes del descanso.

Llegó entonces la expulsión de Guardiola, que mandó callar al colegiado y no terminó el partido. El de Santpedor tuvo que seguir el choque desde el palco y fue desde ahí donde vio el adiós de su equipo. Primero porque el fuelle no era el mismo después del gigantesco esfuerzo en los 45 minutos iniciales y segundo porque los de Klopp reaccionaron a tiempo.

Salah, la bandera del club de Anfield esta temporada, picó por encima de Ederson en un desajuste e impidió que su oponente tuviese más fuerzas. Este gol desactivó a un City que siguió teniendo la posesión, pero no pudo -siquiera- llevarse la victoria. Firmino se encargó de dejar sin historia al partido con el 1-2 tras un error en la zaga local.

Los de Guardiola siguieron buscando la portería rival, pero no hubo forma de añadir más honores al comportamiento de un City que mereció mucho más y que pagó muy caro sus despistes en la ida. El Liverpool, por su parte, sigue con paso firme y decidido, dispuesto a tocar la cima con las dos manos tras haber acabado con uno de los favoritos.

jueves, 5 de abril de 2018

UNA NUEVA DEBACLE


Pep Guardiola se está convirtiendo en un coleccionista de derrotas históricas en Copa de Europa


Antonio Blanca


Pep Guardiola tuvo su 0-4 contra el Real Madrid, su 3-0 frente al Barcelona, su adiós en semifinales a manos del Atlético de Madrid y su pesadilla en Mónaco. Tuvo todo aquello y tiene para añadir, este miércoles, otro batacazo: una derrota en Anfield, una caída con estrépito en Liverpool y, seguramente, otra eliminación en Champions. Su despedida, aunque quede la vuelta, está próxima. Después de gastar 528 millones de euros en dos temporadas, tras apuntalar con Laporte su equipo este invierno, con mejores jugadores que su rival,  ya lo dijo Jürgen Klopp en la previa (y con su lazo, ese que no falte…) Después de todo eso, se pegó un batacazo histórico. Su Manchester City sucumbió a un baño en la primera mitad, fue incapaz de cambiar la dinámica en el segundo tiempo y capituló en otra noche europea para el olvido.

Pero, claro, al otro lado estaba su némesis, su kriptonita, el tipo que había roto su racha de victorias en la Premier League, el entrenador que en su periplo germano le arrebató dos Supercopas de Alemania y lo eliminó en semifinales de Copa en el Allianz Arena. Jürgen Klopp sabía cómo ganarle a Pep. Ya lo había hecho. Y, esta vez, repitió planteamiento, estilo y resultado. Le dio a los suyos un par de directrices y ellos las pusieron en práctica a la perfección. El Liverpool le entregó la pelota al City en la primera mitad. No la quiso. No la necesitaba. Para qué, pensarían. Esperó en su campo… y se tiró al cuello de su rival con un Salah inconmensurable.

Con el City manteniendo el control, la estrella egipcia salió al contraataque, se la dio a Firmino y llegó para aprovechar el error de Walker y anotar el primero del partido. El Liverpool engrasó la maquinaria, la puso en marcha y no atentó con pararla en ningún momento. De hecho, incrementó el ritmo progresivamente y pronto se encontró con el segundo: Chamberlain le pegó desde fuera del área y la colocó en la escuadra: 2-0. Entonces, nadie se esperaba lo que estaba por venir: un tercero antes de que acabaran los primeros 45 minutos. Este último, de Mané, que remató de cabeza un centro de Salah y hundió al equipo de Guardiola antes del descanso. Un baño en toda regla.

Aunque el asedio, como era previsible, menguó por dos razones. Por un lado, porque el City salió mejor en la segunda mitad. De nuevo, se pidió tocar la pelota y mantuvo la posesión, pero fue incapaz de crear ocasiones. “De poco sirve tener el balón si no eres capaz de crear algo con él”, solía decir Guardiola en Alemania. Y eso, precisamente, es lo que le ocurrió a su equipo. Y, por el otro lado, el Liverpool se dedicó a defender el resultado. Sobre todo, después de la lesión de Salah, que se tuvo que retirar en los primeros compases de la segunda parte.

Importó poco. El conjunto 'red', inconmensurable en la primera mitad, aguantó el segundo tiempo. Dejó que el Manchester City tocara la pelota, que mantuviera la posesión y que creara ocasiones, pero como aquel Inter de Mourinho en el Camp Nou, se metió bajo palos y no dio ninguna opción al equipo de Guardiola. Y, finalmente, levantó los brazos. Se llevó un resultado que le debería valer para estar en semifinales. Está por ver. Al otro lado, también, está Guardiola, el equipo campeón de la Premier League. Sí, todo eso es verdad. Pero, salvo milagro, o salvo una nueva debacle, el conjunto de Jürgen Klopp debería clasificarse para semifinales. ¿Y Pep qué, otra vez no campeón de Europa?

jueves, 19 de mayo de 2016

EL IMPERIO DEL SEVILLA

Portentosa actuación del cuadro andaluz en la segunda parte de la final para remontar al Liverpool, sumar su tercera Liga Europa consecutiva y la Quinta de su historia

Antonio Blanca

El público congregado en el St. Jakob Park de Basilea (Suiza) volvió a presenciar este miércoles una de esas finales europeas que pasan al imaginario colectivo. El renacido Liverpool de Jürgen Klopp, en busca de recuperar la gloria europea (en la competición menor) en un año en el que escaló hasta la octava posición de la Premier tras la llegada del técnico alemán. Frente al equipo que se ha apoderado de la competición en once años, el Sevilla.

Los onces iniciales propuestos por ambos técnicos dejaban claro las intenciones de cada uno. Klopp, poniendo sobre el césped a cinco jugadores con marcado carácter ofensivo como lo son Milner, Lallana, Firmino, Coutinho y Sturridge. Emery, siendo previsor, tiró de pizarra moviendo a Coke al centro del campo dejando la banda derecha a Mariano para tratar de contrarrestar la efusividad atacante del Liverpool.

A pesar de las intenciones del técnico sevillista, el planteamiento de los ‘red’ sobrepasó por completo al equipo español. El despliegue físico de los ingleses, presionando en todo el campo y moviendo la pelota con velocidad endiablada, era de tal intensidad que un Sevilla que usó las últimas tres jornadas de Liga para dar descanso a los titulares fue incapaz de igualar.

En medio de la batalla de intensidad en la que se convirtieron los diez primeros minutos, Carriço se convirtió en protagonista por partida doble. Primero, cuando con una chilena bajo la línea de gol despejó un remate de cabeza de Sturridge que ya cantaba la afición ‘red’ como el primero de la noche. Segundo, un minuto después cuando cometió un penalti claro por mano en el que el árbitro principal, el de área y el linier se convirtieron en la excepción a los testigos que lo presenciaron en todo el estadio.

La final era un monólogo del Liverpool, el Sevilla apenas generaba peligro más allá del balón parado y centros lejanos. La calma y tino de Banega con la pelota era insuficiente para sobrepasar el agobio al que eran sometidos los de blanco por la presencia continua de un jugador rival alrededor.

Pese a su inferioridad manifiesta, el Sevilla logró dar un susto a la media hora cuando Gameiro se inventó la ocasión más clara para los suyos con una chilena dentro del área cazando un balón perdido y mandándolo a escasos centímetros del poste bajo la atenta mirada de un Mignolet que poco hubiera podido hacer de tener algo más de puntería el ariete galo.

Sin embargo, el dominio del Liverpool acabó por tener recompensa en el minuto 35 gracias a un espectacular remate con el exterior de Sturridge desde la zona izquierda del interior del área que hizo inútil la estirada de David Soria.

El 0-1 dejó grogui al Sevilla, ya de por sí dominado, y permitió al Liverpool pasar a una fase de acoso y derribo. Un posible 0-2 fue anulado cuando Sturridge, en fuera de juego claro, amagó por tocar un remate de cabeza de Lovren que iba claramente al interior de la portería del Sevilla.

Lo mejor para el Sevilla en la primera parte acabó siendo el pitido del árbitro para señalizar el descanso y el propio colegiado sueco que birló otro penalti a los de la ciudad de los Beatles, por mano clarísima de Krychowiak. El 0-1 se quedaba corto para el Liverpool teniendo en cuenta la diferencia abismal en el juego a favor de los de Klopp.

La charla de Unai Emery al descanso debió ser de la que servirían de guión en una película con aires del Hollywood más comercial tipo Al Pacino arengando a los suyos en un vestuario protagonizado por Channing Tatum, pues el cambio que dio el Sevilla de una mitad a otro es de los que quedan escritos en los anales de la competición.

No bastaron sino diez segundos para demostrar los renovados aires en el Sevilla. Mariano cazó un rechazo de Alberto Moreno, se fue del mismo Moreno con un caño y enfiló la portería por banda derecha para ceder con un pase raso a Gameiro el honor de anotar el gol del empate.

La euforia inundó tanto a equipo como afición y los papeles de la primera mitad se intercambiaron en la segunda. La mística del Liverpool en finales europeas, donde nunca antes había sido remontado, palideció ante la del Sevilla, de la que no escasea ni mucho menos.

Gameiro gozó en el minuto 48 de un mano a mano claro, pero la velocidad de Touré hizo aparición para desviar el balón a córner.

Poco a poco todos los jugadores fueron entrando en calor, y si Banega segui mandando en el centro del campo, se le sumó un Vitolo imperial en banda izquierda. El canario se ofrecía a para el pase y el desborde. Y gracias a ello actuó como punta de lanza en la jugada del segundo tanto. Tras hacer tres pareder con diferentes compañeros, Vitolo se plantó en el balcón del área. Justo cuando parecía que el balón se le escapaba con un toque largo, apareció por detrás a la velocidad del rayo Coke para mandar un testarazo al fondo de la red. Ahora sí, con el 2-1 en el minuto 64, el estadio ya cantaba en un solo idioma.

Klopp trataba de reaccionar metiendo más madera en su ataque. Si ya de por sí su once inicial era ofensivo, con la entrada de Origi, Benteke y Allen acabó por depositar toda su fe para lograr la remontada que acabó como imposible.

En el minuto 70, el lateral enviado al centro del campo con la misión de tapar a Coutinho acabó siendo el héroe de la noche cuando acabó rematando solo cerca del área pequeña un balón para transformar el definitivo 1-3. Entonces la confusión fue la que dominó esos instantes, pues mientras Coke se iba a celebrarlo los jugadores del Liverpool miraban al linier que marcaba fuera de juego. Sin embargo, en una buena decisión, el colegiado señaló saque de centro pues el balón le llegó a Coke por un despeje fallido de un defensa. Así pues, no había fuera de juego y, por lo tanto, la quinta corona europea estaba ya más cerca.

Los infructuosos intentos del Liverpool no movieron un ápice la determinación del Sevilla, que ante el toque de corneta inglés llegó a contar con espacio y ocasiones para aumentar más las diferencias.

El 3-1 quedó como marcador definitivo en la quinta Liga Europa del Sevilla, la tercera consecutiva en un domino iniciado en 2005. Con Reyes levantando el trofeo, el conjunto hispalense certifica su presencia en la fase de grupos de la Liga de Campeones y suma una fecha más a su calendario de finales. Tras la de Copa del domingo, suma la Supercopa de Europa a la de España como citas obligadas del verano.

miércoles, 18 de mayo de 2016

EL LIVERPOOL DE KLOPP ÚLTIMO ESCOLLO PARA LA 'QUINTA'

José Antonio Moya

El Sevilla FC y el Liverpool FC pelearán este miércoles (20.45 horas) en el estadio St.Jakob Park de Basilea (Suiza) por la conquista de la Europa League y el consiguiente doble premio del billete para la fase de grupos de la próxima Liga de Campeones, una final que se presenta igualada y en la que el halo de ‘gigante’ continental que despide el conjunto ‘red’ es el último obstáculo para que los de Unai Emery entren en la historia del fútbol continental.

El equipo sevillista repite por tercera vez en la final de la segunda competición europea, que ya ha ganado en un récord de cuatro ocasiones, con el objetivo de tumbar ahora a uno de los clubes más laureados para sumar la quinta en el breve espacio de diez años desde la consecución de la primera en Eindhoven (Holanda), en aquella final contra también un rival inglés, el Middlesbrough.

El actual campeón busca un éxito más que le consagre entre la elite europea. Sin el gran prestigio que da una Copa de Europa, algo de lo que sí puede presumir su rival y en gran cantidad (5), el equipo andaluz ha formado un idilio con este torneo y para el que ha consagrado casi todo su tiempo desde el mes de febrero, ansioso por reeditar su corona e igualar a equipos como el Bayern, Ajax o Real Madrid, los únicos capaces de conseguir ganar tres años consecutivos la misma competición, en este caso la antigua Copa de Europa.

Estos tres son considerados ‘gigantes’ del fútbol del Viejo Continente, lo mismo que el Liverpool, pentacampeón de Europa y triple ganador de la antigua Copa de la UEFA, la última en 2001 en aquella espectacular final contra otro equipo español, el Deportivo Alavés. A estos títulos, hay que añadirle tres Supercopas de Europa para conformar un palmarés europeo de prestigio de un conjunto, sin embargo, que ha perdido un protagonismo que desea ahora recuperar y así igualar a su rival en títulos.

Será una lucha también entre dos equipos muy parecidos, más a gusto en el contragolpe que en la posesión y ambos con talento en sus filas, y dirigidos por dos de los técnicos más carismáticos de la actualidad como Unai Emery y el alemán Juergen Klopp.

El Sevilla se enfrenta a una de sus semanas más importantes de su historia, con la disputa en cinco días de dos finales de relevancia, porque el domingo tendrán que medirse al FC Barcelona en la final de la Copa del Rey, poco tiempo para gestionar todo lo que a nivel emocional suponen dos partidos así.

Por ello, los de Emery quieren llegar al Vicente Calderón como campeones de la Europa League, sabedores de que este miércoles su favoritismo puede ser mayor que el domingo ante los de Luis Enrique Martínez. “Sólo los elegidos pueden tener dos finales en una semana y ganar las dos ya sería una barbaridad de alegría”, advirtió José Castro, presidente sevillista.

El técnico vasco tendrá que decidir si optar por repartir algún esfuerzo entre una final y otra, aunque todo hace indicar que pondrá ante el Liverpool su mejor once, con la única ausencia de los lesionados Krohn-Dehli y Trémoulinas, y con la presencia en la portería de David Soria, dispuesto a vivir lo que le pasó a Sergio Rico el año pasado cuando fue el elegido por delante de Beto para la final ante el Dnipro, y con Coke, como ante el Shakhtar, adelantar su posición y Mariano Ferreira jugar de lateral.

Después de dar descanso desde hace tiempo en liga a sus principales jugadores, se espera la mejor versión de jugadores como Krychowiak, Banega, Vitolo y, sobre todo, el goleador Gameiro, en su mejor estado de forma y dispuesto a emular al ya no añorado Carlos Bacca, clave hace un año con su doblete en Varsovia, para enviar un penúltimo mensaje a Didier Deschamps.

Por su parte, en el Liverpool, en su segunda final del año tras perder en los penaltis ante el City la Carling Cup, Klopp tiene alguna duda sobre su once, sobre todo por el estado físico de uno de sus puntales en el centro del campo, el capitán Jordan Henderson, que volvió a la acción el pasado fin de semana tras recuperarse de una lesión. También parece que estará listo el belga Divock Origi, pero el puesto de delantero sería, en principio, para Daniel Sturridge.


El Sevilla tendrá que vigilar sobre todo el talento que reside en los dos brasileños del equipo, Coutinho y Firmino, ambos futbolistas desequilibrantes, y salir airoso de la ‘batalla’ física que se presenta en el centro del campo, donde es poderoso un rival, avalado también por haber eliminado a United, Dortmund y Villarreal y sólo haber encajado una derrota, donde será titular un ex sevillista, Alberto Moreno, campeón a las órdenes de Emery hace dos años.

martes, 17 de mayo de 2016

HINCAR LA RODILLA POR PRIMERA VEZ

Jaime Trevijano
En 2015, el Sevilla se convirtió en el primer y hasta la fecha único club en ganar cuatro títulos de la Copa de la UEFA-Europa League. Un hito que puede igualar en este 2016 el Liverpool, rival del propio Sevilla en la final de este miércoles 18 de mayo, que se celebrará en el estadio St. Jakob-Park, en Basilea. Si gana el Sevilla, sumaría se tercer entorchado consecutivo y, con cinco trofeos, marcaría más distancia con Liverpool, Inter de Milán y Juventus, los equipos que tienen tres Copas de la UEFA-Europa League.
Pero una cosa que sucederá seguro será que uno de los dos finalistas de esta edición de la Europa League será subcampeón por primera vez en su historia. Y es que tanto Liverpool como Sevilla han ganado las siete finales de la competición que han disputado. El Liverpool venció en 1973 al Borussia Mönchengladbach y en 1976 al Brujas, en 2001, en la más dolorosa para los aficionados españoles, doblegó al heroico Alavés.
El Sevilla, por su parte, venció en las final del 2006 al Middlesbrough F. C. y en la de 2007 al Espanyol, convirtiéndose en el segundo equipo, tras el Real Madrid, en sumar dos títulos consecutivos. Gesta que repitió en 2014 y 2015, al tumbar al Benfica y al F. K. Dnipro Dnipropetrovsk, respectivamente.
Si el Liverpool gana el miércoles, sería el segundo equipo en ganar cuatro títulos e igualaría al Sevilla. Por el contrario, si lo hacen los andaluces, no sólo se quedarían más solos al frente del palmarés con cinco éxitos, sino que romperían otra marca al convertirse en los primeros en ganar tres Copas de la UEFA-Europa League de forma consecutiva. 

viernes, 29 de abril de 2016

ANFIELD PARA CONFIRMAR UN SUEÑO

Jordi Grimau

El Villarreal se impuso 1-0 al Liverpool en El Madrigal con un gol de Adrián y toma ventaja en la semifinal de la Europa League, aunque sigue abierta y se decidirá en Anfield Road dentro de una semana. El 'Submarino amarillo' está solo a 90 minutos de disputar su primera final europea, pero la tarea no será sencilla.

El equipo local sumó su séptimo triunfo en siete partidos en su estadio este curso en la Europa League, lo que les deja llamando cada vez con más fuerzas a las puertas de la final.

El Liverpool demostró estar un escalón por encima en cuanto al tema físico y con la presión adelantada ahogó durante muchos minutos del partido la salida de balón del equipo de Marcelino.

La ocasión más clara para el Villarreal la tuvo Bakambu recién iniciada la segunda mitad cuando cabeceó un córner al palo. Firmino puso la réplica y también estrelló el balón en la madera de Asenjo.

El Villarreal creció en los últimos minutos de partido y Mignolet desbarató una nueva ocasión de Bakambu, está vez al contragolpe. En la jugada siguiente fue el español del Liverpool Alberto Moreno el que estuvo a punto de conseguirlo, con un disparo con la izquierda que se fue fuera por muy poco.


Pero los partidos no acaban hasta el pitido final y ya en el tiempo añadido, Bruno lanzó una contra y Denis Suárez apareció para poner en bandeja un gol a Adrián  que acerca al Villarreal a la final de Basilea.

viernes, 15 de abril de 2016

UNA LIGA DE FÚTBOL EN ESTADO PURO

Julio Candela

Jornada de marcapasos en la Europa League, con multitud de goles y choques agónicos en busca de las semifinales. El Liverpool remontó un partido imposible al Dortmund y ganó 4-3 sobre la bocina, en el mejor encuentro de esta edición del torneo, para alcanzar de forma heroica una siguiente ronda en la que estarán el Villarreal, que arrasó al Sparta Praga (2-4), el Shakhtar (ganó 4-0 al Braga) y el Sevilla, que necesitó los penaltis para acabar con el Athletic.

El fútbol se vistió de gala en Anfield para ofrecer un espectáculo digno de la élite europea. Liverpool y Dortmund se enfrentaron a cara de perro en un choque loco de los que crean afición y que finalmente se llevó el cuadro inglés en las postrimerías, después de voltear un marcador casi imposible de forma heroica.

Los hombres de Jürgen Klopp, auténtico artífice de este Liverpool incansable, no dejaron de creer en sí mismos y, casualidades de la vida, el técnico que brilló en el Dortmund se encargó de echar de la competición a su ex equipo de forma cruel. Y es que, después del 1-1 del choque de ida, todo estaba por decidir en tierras inglesas.

Los tantos del armenio Henrikh Mkhitaryan y de Pierre-Emerick Aubameyang en los diez primeros minutos del duelo, parecieron finiquitar los cuartos de final. Además, los lograron de forma contundente, sobre todo el segundo gol, un pelotazo a la escuadra del francés que hizo temblar la portería del Liverpool.

Todo se ponía más de cara para los alemanes cuando el marcador lucía un 1-3 en el minuto 57. Se movió gracias al 1-2, obra de Divock Origi, y al 1-3, de Marco Reus, que de nuevo hizo un golazo tras una jugada excepcional del Dortmund. En ese momento, todo parecía cerrado. Pero, entonces, apareció la épica para envolver de magia a Anfield.

Primero golpeó Coutinho y el público del Liverpool empezó a murmurar; a diez minutos del final, en el 80, apareció el francés Mamadou Sakho para hacer el 3-3 ante la locura de la hinchada inglesa; y, ya en el descuento, un cabezazo de Dejan Lovren, puso el 4-3 entre el éxtasis británico. El Liverpool, sigue vivo. A lo grande. Con Klopp en el banquillo.

El otro foco de la noche estaba puesto en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El Sevilla quería mantener su sueño de lograr su quinta Liga Europa de su historia. A priori, lo tenía más fácil que su rival, el Athletic, que perdió 1-2 en San Mamés y tenía que remontar la eliminatoria.

Por eso salió a por el partido y siempre fue un escalón por encima que su rival. Primero, avisó Aduriz en la primera parte con un remate al palo y después, el delantero del Athletic, ya en el segundo acto, hizo el primero de la noche con un remate desde fuera del área.

El francés Kevin Gameiro apareció instantes después para devolver una tranquilidad que el Sánchez Pizjuán perdió con el gol de Raúl García cuando el partido fallecía. La prórroga no aclaró nada y los penaltis encumbraron al portero David Soria, que detuvo un penalti al mejor del partido: Beñat Etxebarria. Su fallo, o el acierto de Soria, dejó con vida al Sevilla.

Mientras, en Praga, el delantero francés del Villarreal Cédric Bakambu del Villarreal volvió a arrasar en la Liga Europa y colaboró con un doblete en el paseo del Villarreal ante el Sparta Praga, que perdió 0-4 con una exhibición del cuadro castellonense.

Bakambu fue el primero en marcar en una noche loca de goles. El francés está en un estado de forma excepcional. Suma nueve dianas en el torneo y 22 goles en 44 partidos oficiales este curso. Sin duda, un auténtico acierto de fichaje para el equipo de Marcelino García Toral.

Su tanto inicial lo consiguió como él bien sabe hacer: pase de Manu Trigueros en profundidad, potencia y resolución perfecta para el 0-1 y el fin de la eliminatoria. Ese tanto mantuvo al Villarreal tranquilo y, justo antes del descanso, Samu Castillejo, con un zurdazo al borde del área, y David Lafata, en propia meta, hicieron un 0-3 que ya era definitivo.

El segundo acto sirvió para ver de nuevo a Bakambu en otro arranque de potencia con el que demostró tener su olfato goleador intacto. Aprovechó una asistencia de Denis Suárez e hizo el 0-4. Después, Borek Dockal y Ladislav Krejci maquillaron el marcador y el Villarreal volverá a optar a jugar una final europea después de las otras tres que disputó. La más dolorosa, aquella que perdió frente al Arsenal en el curso 2005/06 de la Liga de Campeones.

También sin sobresaltos alcanzó las semifinales el Shakhtar Donetsk ucraniano. Con medio trabajo hecho en Portugal, donde ganó 1-2 al Braga, volvió a ganar con solvencia con una goleada contundente en su estadio: 4-0.


El culpable de la victoria fue el atacante Viktor Kovalenko. El jugador del Shakhtar fue un incordio y provocó el penalti del primer gol obra del croata Darilo Srna, hizo el tercero y estuvo cerca de los errores de Ricardo Ferreira, que se marcó un par de goles en propia meta para jolgorio del público presente en el Arena Lviv. Las semifinales esperan al Shakhtar.

jueves, 23 de octubre de 2014

EL MADRID ENAMORA LIVERPOOL


Exhibición del equipo blanco en uno de los templos del fútbol que acaba en goleada en la Copa de Europa

Antonio Blanca

El Real Madrid mandó un mensaje al Barcelona de cara al clásico liguero del próximo sábado tras golear, sin piedad ni condescendencia, al Liverpool por 0-3 en lo que fue un golpe de autoridad del vigente campeón de Europa, resolutivo, práctico y embaucador gracias a la presencia de 2Isco” en el once titular, uno de los más destacados con su apertura del tarro de las esencias.

Los blancos, que nunca habían marcado en Anfield, dieron un puñetazo encima de la mesa en uno de los templos del fútbol continental. Un triunfo, además, que deja a los de Ancelotti virtualmente clasificados para los octavos de final, así como atado el primer puesto del grupo B de la Liga de Campeones.

No hubo dudas en los blancos, que salieron con una excelente versión de James Rodríguez (cada vez más metido en la dinámica de juego del equipo) y de Benzema, otra vez ejerciendo de pieza fundamental para enhebrar las arrancadas de Cristiano y el talento del centro del campo. Ahí nació el primero, obra del portugués, que ya se queda a un tanto de Raúl González para ser el máximo goleador en la historia de la Champions League.

El de Madeira aprovechó un pase delicioso de James, al que no llegó Skrtel por un pelo, y no dejó escapar la oportunidad de marcar en un estadio que no estaba en su lista de víctimas pese a su larga estancia en la Premier League. Cristiano sonrió y adelantó a los suyos en tan insigne escenario, el mismo en el que “Isco” ya estaba haciendo de las suyas.

El malagueño no ha costado 80 millones de euros y su proyección (a niveles de marketing) está lejos de los 'cracks' que identifican a su equipo. Afortunadamente para los blancos y, para los amantes del fútbol, el andaluz dio una clase en Anfield aportando el sacrificio que tanto se le reclamaba semanas atrás, en las que no tenía la continuidad que sí le ha dado la lesión de Bale y las rotaciones.

En ese momento, Benzema ya se había sumado a la fiesta con un doblete, el primero que le hacía nadie al Liverpool en su feudo (en menos de media hora) en la máxima competición continental. El francés, primero de cabeza (remate colosal), y luego tras un rechace, demostró su calidad, su buen posicionamiento en el campo y sus ganas por seguir demostrando su titularidad pese a los goles del siempre preparado 'Chicharito'.

Con el colchón que daban los tres goles, el Real Madrid arrancó la hoja del calendario y comenzó a pensar en el Barcelona. Casillas sacó una mano milagrosa a dos minutos para el descanso (el día que igualó a Xavi como jugador con más partidos en la competición, 143) y Ancelotti empezó a idear sus cambios en vistas a lo que ocurrirá al sábado en Liga.

Retiró a Cristiano Ronaldo a quince minutos para el final y siguió el guión que ya marcó la noche de antes Luis Enrique. La estrella, con todos los cuidados, tras un partido que tenía todo decidido. Ni Lallana, ni Balotelli, que fue sustituido al descanso, pudieron batir a un Casillas que sólo sufrió con un lanzamiento lejano de Coutinho que fue al palo.

No hubo tiempo para más, al margen del baile de Isco (también en la segunda parte) y de los minutos para los jóvenes Nacho e Illarramendi. Se enterró aquella eliminatoria de los octavos de final de 2008-2009 (4-0), la del 'chorreo' del presidente Boluda, y demostró su condición de vigente campeón de Europa en lo que fue la mejor carta de presentación para el 'clásico' del próximo sábado.