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miércoles, 11 de abril de 2018

GUARDIOLA SE DESCOMPONE

Aránzazu Gálvez

Una década llevaba el Liverpool sin jugar las semis de la ‘Champions’ desde que lo hiciese con Rafa Benítez en el banquillo. Otra época y otras costumbres para una entidad cuya historia ha vuelto reverdecer este martes. Así lo demostró ante un City cuya superioridad en el campeonato doméstico no le ha valido en Europa.

Y eso que los ‘citizens’ tuvieron el comienzo soñado. A los dos minutos el equipo de Pep Guardiola logró el 1-0 en una brillante acción de Sterling que acabó en botas de Gabriel Jesus. El brasileño no perdonó después de que Van Dijk regalase el balón en la salida. El escenario era perfecto para los de casa.

El City continuó con este ritmo infernal durante toda la primera mitad. Los ‘sky blues’ jugaron cada minuto del primer acto como si fuese el ’89, demostrando un nivel muy alto y pusieron su valentía como escudo. Sterling estuvo muy cerca del segundo y Bernardo Silva, que dio una exhibición, la estrelló en el palo con un disparo en el corazón del área.

Antes de la acción llegó la jugada más protestada del partido y que le acabó costando la expulsión a Guardiola. Sané marcó el segundo en posición legal y el árbitro del encuentro, el español Mateu Lahoz, señaló fuera de juego de manera incomprensible. Ni hubo falta, ni ‘offside’ y el Liverpool cogió aire justo antes del descanso.

Llegó entonces la expulsión de Guardiola, que mandó callar al colegiado y no terminó el partido. El de Santpedor tuvo que seguir el choque desde el palco y fue desde ahí donde vio el adiós de su equipo. Primero porque el fuelle no era el mismo después del gigantesco esfuerzo en los 45 minutos iniciales y segundo porque los de Klopp reaccionaron a tiempo.

Salah, la bandera del club de Anfield esta temporada, picó por encima de Ederson en un desajuste e impidió que su oponente tuviese más fuerzas. Este gol desactivó a un City que siguió teniendo la posesión, pero no pudo -siquiera- llevarse la victoria. Firmino se encargó de dejar sin historia al partido con el 1-2 tras un error en la zaga local.

Los de Guardiola siguieron buscando la portería rival, pero no hubo forma de añadir más honores al comportamiento de un City que mereció mucho más y que pagó muy caro sus despistes en la ida. El Liverpool, por su parte, sigue con paso firme y decidido, dispuesto a tocar la cima con las dos manos tras haber acabado con uno de los favoritos.

jueves, 5 de abril de 2018

UNA NUEVA DEBACLE


Pep Guardiola se está convirtiendo en un coleccionista de derrotas históricas en Copa de Europa


Antonio Blanca


Pep Guardiola tuvo su 0-4 contra el Real Madrid, su 3-0 frente al Barcelona, su adiós en semifinales a manos del Atlético de Madrid y su pesadilla en Mónaco. Tuvo todo aquello y tiene para añadir, este miércoles, otro batacazo: una derrota en Anfield, una caída con estrépito en Liverpool y, seguramente, otra eliminación en Champions. Su despedida, aunque quede la vuelta, está próxima. Después de gastar 528 millones de euros en dos temporadas, tras apuntalar con Laporte su equipo este invierno, con mejores jugadores que su rival,  ya lo dijo Jürgen Klopp en la previa (y con su lazo, ese que no falte…) Después de todo eso, se pegó un batacazo histórico. Su Manchester City sucumbió a un baño en la primera mitad, fue incapaz de cambiar la dinámica en el segundo tiempo y capituló en otra noche europea para el olvido.

Pero, claro, al otro lado estaba su némesis, su kriptonita, el tipo que había roto su racha de victorias en la Premier League, el entrenador que en su periplo germano le arrebató dos Supercopas de Alemania y lo eliminó en semifinales de Copa en el Allianz Arena. Jürgen Klopp sabía cómo ganarle a Pep. Ya lo había hecho. Y, esta vez, repitió planteamiento, estilo y resultado. Le dio a los suyos un par de directrices y ellos las pusieron en práctica a la perfección. El Liverpool le entregó la pelota al City en la primera mitad. No la quiso. No la necesitaba. Para qué, pensarían. Esperó en su campo… y se tiró al cuello de su rival con un Salah inconmensurable.

Con el City manteniendo el control, la estrella egipcia salió al contraataque, se la dio a Firmino y llegó para aprovechar el error de Walker y anotar el primero del partido. El Liverpool engrasó la maquinaria, la puso en marcha y no atentó con pararla en ningún momento. De hecho, incrementó el ritmo progresivamente y pronto se encontró con el segundo: Chamberlain le pegó desde fuera del área y la colocó en la escuadra: 2-0. Entonces, nadie se esperaba lo que estaba por venir: un tercero antes de que acabaran los primeros 45 minutos. Este último, de Mané, que remató de cabeza un centro de Salah y hundió al equipo de Guardiola antes del descanso. Un baño en toda regla.

Aunque el asedio, como era previsible, menguó por dos razones. Por un lado, porque el City salió mejor en la segunda mitad. De nuevo, se pidió tocar la pelota y mantuvo la posesión, pero fue incapaz de crear ocasiones. “De poco sirve tener el balón si no eres capaz de crear algo con él”, solía decir Guardiola en Alemania. Y eso, precisamente, es lo que le ocurrió a su equipo. Y, por el otro lado, el Liverpool se dedicó a defender el resultado. Sobre todo, después de la lesión de Salah, que se tuvo que retirar en los primeros compases de la segunda parte.

Importó poco. El conjunto 'red', inconmensurable en la primera mitad, aguantó el segundo tiempo. Dejó que el Manchester City tocara la pelota, que mantuviera la posesión y que creara ocasiones, pero como aquel Inter de Mourinho en el Camp Nou, se metió bajo palos y no dio ninguna opción al equipo de Guardiola. Y, finalmente, levantó los brazos. Se llevó un resultado que le debería valer para estar en semifinales. Está por ver. Al otro lado, también, está Guardiola, el equipo campeón de la Premier League. Sí, todo eso es verdad. Pero, salvo milagro, o salvo una nueva debacle, el conjunto de Jürgen Klopp debería clasificarse para semifinales. ¿Y Pep qué, otra vez no campeón de Europa?

lunes, 27 de marzo de 2017

TIEMPOS MALOS

El City de Pep Guardiola vive una situación delicada tras los problemas que arrastra en la Premier League y la eliminación de la Copa de Europa

Antonio Blanca

Marzo de 2017 no quedará inscrito entre los mejores meses en la historia del Manchester City, definitivamente. La entidad radicada en el Eithad Stadium no ha parado de concatenar reveses en las últimas semanas. Y es que los nubarrones no sólo se han constreñido al ámbito del dubitativo devenir del equipo en el verde, sino que el propio club, en su multiplicidad de esferas y estratos, se ha visto involucrado en incidentes extracurriculares que en nada han ayudado a revertir la marejada que aflige a los citizens en un tramo de curso en el que parece haberse esfumado cualquier tipo de esperanza por circundar la gloria en el primer año del proyecto Guardiola.

Si Pep ocupó buena parte de sus ruedas de prensa hasta enero de 2017 en evidenciar y verbalizar lo rudo y feo de la lógica del estilo futbolístico británico, y su incapacidad (o dificultad extrema, si se quiere) para adaptar su libreto al susodicho ("Yo no entreno cómo dar una patada o hacer entradas. Yo entreno para jugar al fútbol", llegó a decir en la cúspide de la discusión), el exitoso entrenador catalán ha ido dando su brazo a torcer en estos temas relativos a la adaptación a medida que su equipo ha ganado en consistencia, si bien el golpe monegasco ha terminado por mermar la energía del resignado preparador que hizo historia en Can Barça.

La improbable eliminación en octavos de final de Liga de Campeones, tras haber cosechado un 5-3 en la ida, uniformada como cataclismo en las islas -carnaza para la prensa amarilla y desasosiego para la nación citizen-, ha resultado la inauguración de unas decenas de días en las que el City se ha visto desprovisto de su fuelle en la Premier (producto de las lesiones de piezas nucleares como Gabriel Jesús y de la reiterada falta de puntería en ambas áreas), fuera de su mayor ambición y epígrafe subrayado en los objetivos que firmó el nuevo entrenador, y envuelto en dos acontecimientos que lindan con lo ilegal.

Al tiempo que la Premier nominaba como mejor técnico del mes a Craig Shakespeare (en un giro sublime de la fortuna que mantiene al Leicester como único representante inglés en la máxima competición continental a pesar del cuadro pintado en febrero), que ha ganado tres partidos ligueros y el que le enfrentó al Sevilla en un pleno inmaculado, y se dejaba fuera de la lista a Guardiola (al galardón optan Conte, Klopp, Pochettino, Howe, del Bournemouth, y Allardyce, del Crystal Palace), la UEFA multaba al City por los incidentes acaecidos el 21 de febrero en la ida ante el club del Principado. La Comisión de Control, Ética y Disciplina del organismo decidió sancionar con 18.000 euros al club por incumplir los artículos 11 (2) y 16 (2) de su Código Disciplinario, que hacen referencia al inicio retrasado de un partido y al lanzamiento de objetos al césped, así como de una invasión del campo por parte de aficionados.

Además, y de vuelta a las islas, la BBC publicaba este sábado que el equipo dirigido por el catalán ha sido multado por la FA (federación inglesa de fútbol) con motivo de sus reiteradas omisiones del cumplimiento de las normas de la lucha antidopaje que rigen en el balompié inglés. El monto de 35.000 libras, que escenifica de forma monetaria la gravedad de la falta, tiene por objeto sancionar tres infracciones cometidas en un periodo inferior a cinco meses.

La Asociación de Fútbol acusa y penaliza al Manchester City porque el 12 de julio no informó a la FA de una práctica no prevista, el 1 de septiembre se registró que un futbolista no completó el control antidopaje porque la información del hotel facilitada era errónea y porque el 7 de diciembre hasta seis jugadores no se sometieron los análisis sorpresa porque el club no había informado a la federación de que todos ellos estaban disfrutando de un día libre. El problema reside en que estos fallos programáticos (todos los profesionales que compiten en la Premier han de ofrecer de manera específica los horarios de cualquier actividad y el paradero de sus futbolistas) cubren de sospecha a un equipo que aumentó su rendimiento en febrero, cuando Guardiola fue designado el mejor preparador de la Liga.

jueves, 12 de enero de 2017

SOSPECHAS SOBRE EL CITY DE GUARDIOLA

Julio Candela

Que la aclimatación de Pep Guardiola a las ancestrales dinámicas futbolísticas y extradeportivas del balompié inglés está resultando especialmente particular se comprueba en cada expresión pública del técnico catalán. Sus ruedas de prensa han virado hacia una discusión, prácticamente perenne, entre dos concepciones de este deporte enfrentadas. El entrenador asegura que no cambiará su forma combinativa y técnica de entender este deporte y los periodistas le reprenden por no adaptarse al pelotazo, a las segundas jugadas y a pegar patadas.

Pues bien, fuera de la dialéctica meramente relativa al verde, Pep se ha encontrado este miércoles con una sorpresa desagradable que, probablemente, desencadenará otra de las vertientes punzantes de las islas en relación con el juego que inventaron en el siglo XIX. Luis Suárez entre otros muchos conoce bien cómo sienta ser sujeto pasivo del amarillismo de los rotativos ingleses dedicados al fútbol, y la Federación Inglesa de Fútbol (FA) ha añadido hoy un buen puñado de carnaza a dichas afiladas plumas con Guardiola como receptor y diana inesperado.

La FA publicó ayer miércoles que denuncia al Manchester City por incumplir sus normas antidopaje, susurrando que traslada los tenebrosos nubarrones de esas sucias prácticas a la entidad representada por Pep. "Manchester City ha sido acusado en relación con las normas antidopaje de la FA. Presuntamente, la información que proporcionó el club sobre la localización no era totalmente correcta, contrariamente al artículo 14(d) de la normativa", declaró la federación.


En concreto, el organismo dirigido por Greg Clarke señaló que hubo un error relativo a la exactitud de la comunicación de algunos datos que requieren, tales como el seguimiento de las fechas de los entrenamientos, ubicación o direcciones de sus futbolistas. Queda abierta la veda, pues, para que el técnico termine de paladear lo poliédrico de la mística del fútbol inglés y de por concluido su aterrizaje.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

NAUFRAGIO EUROPEO

Jordi Grimau

Si tienes a un equipo comandado por Sergio Agüero a tu merced, no le puedes perdonar la vida. El Barça brillaba como es habitual en el césped del Etihad Stadium gracias a un gol de Messi, el de siempre, pero un error en la salida de balón dio alas a los de Pep. La presión alta fue la consigna de los segundos 45 minutos y no cesó en ningún momento, arrasando al Barcelona. Un 3-1 que sacó a relucir las deficiencias del Barcelona cuando Busquets no puede aguantar al equipo por sí solo.

Con la lección aprendida del 4-0 de la ida en el Camp Nou en un partido en el que Messi destrozó al City, y con Agüero, esta vez sí, en el terreno de juego. Así salió el City de Guardiola en un choque calificado por el propio técnico como una final.

La presión asfixiante a la salida de balón del Barça se hizo patente desde el minuto 1. Del mismo modo que los azulgranas pusieron de manifiesto que robarles el cuero no iba a ser tan fácil.

En un duelo con planteamientos similares con el contraataque por bandera, el primero en crear peligro fue el City.

Agüero, omnipresente en los primeros minutos, regaló un pase atrás a Sterling. El internacional inglés no tiró de primeras pero sí le tiró un recorte a Umtiti antes de irse al suelo. El público del Etihad reclamaba penalti encolerizado, los jugadores 'citizens' más de lo mismo, pero el colegiado le mostró la amarilla al atacante por simular supuestamente. Y hay que recalcar el 'supuestamente', ya que el contacto existió entre ambos, siendo la acción muy dudosa.

El fútbol es un juego de contrastes. Cuando mejor estaban los locales (no por ocasiones pero sí por sensación de peligro), un contraataque azulgrana fue mortal.

Despejó Mascherano, el City cometió un error gravísimo sin dejar ningún jugador cerrando la réplica, Neymar corrió la banda y asistió a su mejor socio: Messi. El argentino llegó en carrera y asestó un golpe durísimo al City. Messi se su bestia negra con seis tantos en seis encuentros frente al equipo de los hermanos Gallagher.

Liam había elegido la lista de reproducción que sonó en el partido, pero con el gol del '10' los seguidores no tenían ganas de cánticos, y los jugadores, tampoco.

Si los de Guardiola habían sido un bloque, con el 0-1 se descosieron por completo. El Barça dominó a su antojo durante 15 minutos, tiempo en el que Suárez gozó de dos oportunidades para sentenciar el choque.

Sin embargo, los papeles se invirtieron. Si la diana azulgrana llegó en la cúspide futbolística 'citizen', el empate tenía que ocurrir a punto de tocar fondo, y así fue.

Un error en la salida de balón de Sergi Roberto lo recuperó Agüero en la frontal. El amigo de Messi abrió a la banda y Sterling centró al segundo palo para que Gundogan firmase el 1-1. Locura en el Etihad, que pudo ser más porque en la siguiente jugada un contragolpe cinco para tres pudo suponer el 2-1. Fútbol en estado puro.

Mentalizados a por la victoria. Así volvieron al terreno de juego los hombres de Pep. En tres minutos, dos ocasiones claras de Sterling y Agüero que fueron el preludio de una obra de arte con dos autores.

El Barça, superado en la medular en los contragolpes, cometió una falta en la frontal que le costó muy cara. De Bruyne colocó el cuero con mimo y decidió tirar al palo del portero. La pelota fue directa a la escuadra, sí, pero Ter Stegen pudo hacer más. El alemán también colaboró en la remontada 'citizen'.

A partir de ahí entró en escena un 'déjà vu' de Balaídos. El Barcelona se partió en dos como en la derrota por 4-3 ante el Celta, y el que más sufrió fue Busquets, su brújula.

Las transiciones rápidas de los de Guardiola se convirtieron en una pesadilla. Una tras otra llevadas en volandas por el 'Hey Jude' de la afición 'citizen'.

Agüero buscaba su gol con ahínco. Primero no conectó con la pelota en el segundo palo y después un cabezazo, ganándole el salto a Mascherano, pudieron aumentar la ventaja, pero no era la noche del argentino de cara a gol. En el juego estaba siendo clave para su equipo.

El repaso en la segunda parte del City estaba siendo equiparable a los 15 minutos mágicos de los culés en la primera mitad.

De Bruyne no empujó a gol el cuero por centímetros y solo un error de Stones propició un contragolpe azulgrana que terminó André Gomes con un disparo al larguero. Demasiada fuerza le imprimió el luso.

Sabedores de que aguantar una ventaja mínima ante el Barça es muy peligroso, el City siguió a lo suyo. El ida y vuelta se convirtió solo en ida y lo peor para los intereses españoles estaba por llegar.

De Bruyne dio un pase al hueco perfecto al recién entrado Navas. El español apuró la línea de fondo y le regaló el gol a Agüero, pero como ya dijimos no era su día. El papel protagonista lo llevaba Gundogan y el centrocampista aprovechó el rechace para hacer el 3-1. Justo premio para la espectacular temporada de un jugador que estuvo lesionado un año y medio.


Luis Enrique no encontró soluciones y el Barça claudicó. Tercera derrota de la temporada tras Alavés y Celta y dudas en el juego de posesión. El Barça especula más que juega, algo no habitual. Pep Guardiola ganó su final y, por fin, un partido al Barcelona de Messi. Y ojo, con el 41% de posesión de balón.

jueves, 20 de octubre de 2016

ENÉSIMA EXHIBICIÓN DE MESSI

Jordi Grimau

Llegó por fin una nueva edición del partido del morbo. La vuelta de Guardiola al Camp Nou, cuyo nombre sigue vetado por la directiva al anunciar por la megafonía los onces iniciales –que suelen acabar con el entrenador-. Ya volvió Pep con el Bayern en Liga de Campeones y perdió tres cero. El bagaje del City no es mucho mejor pues cuenta cuatro de sus cinco cruces anteriores con los azulgranas como derrotas. Para afrontar la primera gran cita de la temporada del City, Guardiola decidió dejar al Kun Agüero en el banquillo –autor de seis tantos en sus últimos tres partidos de ‘Champions’- por decisión técnica. EN busca del dominio en el centro del campo, optó por dejar a De Bruyne como referencia más ofensiva junto a Nolito y Silva en los costados.

Por su parte, Luis Enrique dispuso sobre el campo el mejor once disponible, con Mascherano haciendo de lateral derecho ante las dudas sobre su recuperación. Precisamente fue la zaga la que le dio más quebraderos de cabeza al entrenador azulgrana. Alba, que recibió por la mañana al alta médica tras caer lesionado con España, se resentía de su lesión a los ocho minutos. Digne entraba en acción desde la banda para sustituirle.

En cuanto al juego, la apuesta de Guardiola le estaba dando resultado a medias, pues tenía la pelota y el partido se jugaba en campo del Barcelona pero era incapaz de generar peligro más allá de la línea de tres cuartos.

Sabiendo del poco hambre arriba de su rival, el Barcelona esperaba su oportunidad. Acomodado atrás, a cada robo se lanzaba con velocidad hacia el área de Bravo. Así, en el minuto 17, un robo permitió a Messi comenzar una jugada cerca del lado izquierdo del centro del campo. Condujo el argentino hasta que vio el desmarque de Iniesta dentro del área, a donde le envió la pelota para que el manchego se la cediera de primeras hacia la izquierda para su llegada. El pase se quedó corto y todos daban por hecho que Fernandinho se haría con él. Sin embargo, el centrocampista se resbaló y ante la impericia de la zaga citizen, cuyos tres zagueros presentes se quedaron como estatuas observando la situación, apareció Messi para cazar la pelota, engañar a todos otra vez yendo a la izquierda en lugar de tirar y acabar con el hueco perfecto para marcar a placer.

Con el gol en contra, el City perdió la seguridad que tenía con la pelota y le permitió al Barcelona respirar con el esférico en los pies. Pero una entrada por detrás de Silva presionando la salida de balón de Piqué dejó al central tocado. Sin pedir el cambio, Piqué continuó jugando. Coincidiendo con la debilidad del “3” azulgrana, el Manchester City fue recuperándose poco a poco y volvió a tener la iniciativa. En los que fueron sus mejores minutos, Gundogan se erigió como mayor generador de peligro cuando en el minuto 38, de jugada individual, forzó los reflejos de Ter Stegen tras un increíble slalom.

Piqué, consciente de la situación, acabó por rendirse a la evidencia y pidió el cambio. Mathieu, que ya calentaba desde hacía diez minutos, entró en el campo.

Para el último tramo de la primera mitad el City siguió apretando. Un remate de cabeza de Stones estuvo a punto de convertirse en el empate pero se fue desviado a centímetros del poste. El Barcelona, que no perdona la mínima oportunidad, tuvo a continuación una ocasión clarísima con un tiro de Suárez a la media vuelta que acabó en córner tras una intervención en dos tiempos de Bravo. Este frenesí atacante de última hora concluyó con el pitido del árbitro tras un centro envenenado de Sterling obra y gracia de una mano que no vio el árbitro.

Ya en la segunda parte, el partido se reanudó como acabó la primera parte: con el City cerca de Ter Stegen. Sin embargo, a los diez minutos, el equipo inglés cometió un suicidio con el harakiri efectuado por Bravo, que recibió la tarjeta roja. El chileno, que salió de sus dominios para recoger un balón largo sin peligro, entregó la pelota nada menos que a Luis Suárez tras un error garrafal en su pase. El uruguayo vio una oportunidad de oro y mandó el balón por encima de su excompañero, que aun siendo consciente de estar fuera del área, desvió lo que era un gol seguro con la mano. Prefiriendo la expulsión al gol, el City se quedó con diez.

En medio de la locura que esto provocó, el partido quedó parado cinco minutos mientras Caballero calentaba y Zabaleta era atendido. En medio del caos, el defensa se dolía de una herida en el pie izquierdo. Clichy entraba en acción mientras su compañero se quedaba en la banda viendo brotar la sangre de la herida que provocó su sustitución.

Con el partido en estado de psicosis colectiva, entró en acción el jugador que mejor pesca en río revuelto. En el minuto 62, Iniesta recuperó un balón perdido por el City y lo cedió a la frontal donde Messi, sin pensarlo dos veces, mandó un tiro colocado al poste que significaba el 2-0.

El show de los horrores en el que se estaba convirtiendo la defensa del City siguió añadiendo números. En el minuto 69, un pase hacia atrás de Stones fue la fórmula perfecta para dejar a Suárez solo frente a Caballero. El uruguayo, que vio cómo por la derecha aparecía Messi, cedió la pelota al argentino para que firmara el ‘hattrick’.

El Barcelona no quiso ser menos en la sucesión de catastróficas desdichas en la que se había convertido el encuentro y Mathieu, tras una entrada sobre De Bruyne, igualó el número de contendientes sobre el césped al ver su segunda amarilla.

Los cambios no se hicieron esperar y, a la vez, Guardiola y Luis Enrique dieron entrada a Agüero por Nolito y a André Gomes por Iniesta, respectivamente, para los últimos diez minutos de partido.

A pesar de que ya eran diez contra diez, el peso del marcador decantaba el juego a favor del Barcelona, que seguía con hambre de gol ante una zaga a la que le temblaban las piernas. Así, en el minuto 86, una nueva internada de Messi en el área acabó con el argentino en el suelo tras una entrada mal medida de Kolarov. Neymar fue el encargado de lanzar la pena máxima, pero el brasileño siguió hundiendo la estadística de penaltis de su equipo y mandó la pelota a las manos de Caballero.

Sin que esto afectara lo más mínimo a su confianza, Neymar se redimió poco después con un jugada personal, engañando a tres defensas para encontrar el hueco justo para marcar el definitivo 4-0.


Y si las desgracias marcaron el partido con las lesiones, parecía que así debía terminar. Digne se sumó a Piqué y a Alba y se marchó del campo en la camilla. Con el Valencia como próximo rival, el anuncio del parte médico se aventura como el elemento clave de aquí al sábado.

jueves, 11 de agosto de 2016

DUELO EN MANCHESTER

Jaime Trevijano

Como si de una secuela de un película de superhéroes de Hollywood se tratara, los dos mejores entrenadores de fútbol del mundo vuelven a cruzar sus caminos, esta vez en la liga inglesa. Y para elevar su rivalidad a la máxima expresión, los dos archienemigos tendrán que convivir en la misma ciudad, la futbolera Manchester, convertida desde ahora en la capital mundial del fútbol.

Los dos técnicos se batirán en duelo en una Premier que arranca este sábado y que vive un verano de 'vacas gordas'. El gasto destinado a fichajes se ha disparado en el fútbol inglés a niveles récord, gracias a la inyección de dinero que ha dejado el nuevo contrato televisivo con Sky Sports y BT, y por el que los clubes recibirán la friolera de casi 7.000 millones de euros durante las próximas tres temporadas.

Los dos equipos de Manchester, con Mourinho y Guardiola a la cabeza, lideran el ránking de inversión. El City de Pep lleva ya desembolsados 190 millones para apuntalar la plantilla citizen con las contrataciones de John Stones (56 millones), Leroy Sané (50 millones), Gabriel Jesus (32 millones), Ilkay Gündogan (27 millones) y el español Nolito (18 millones), entre otros.

Pero Mourinho no se ha quedado atrás y mantiene el pulso con su histórico rival hasta en el mercado de fichajes. El manager portugués ha empleado otros 185 millones para reforzar al United, que busca recuperar la gloria perdida tras la marcha Alex Ferguson. La gran parte de este dinero ha ido destinada al fichaje del centrocampista francés, Paul Pogba, que ha roto todos los registros con el mayor traspaso de la historia del fútbol, valorado en unos 105 millones y que podrían ser más si se cumplen una serie de objetivos. El resto está repartido en las contrataciones de Mkhitaryan (42 millones), Eric Bailly (38 millones) y Zlatan Ibrahimovich (libre).

El dinero total que llevan invertidos en fichajes los dos equipos de Manchester, unos 375 millones, casi iguala los 390 millones que han gastado hasta ahora todos los equipos de La Liga española.

Los otros grandes equipos del campeonato también firman importantes desembolsos pero muy lejos de las astronómicas cifras de los equipos mancunianos. El Liverpool es el tercer club que más ha gastado con 80 millones, seguido del Chelsea (75 millones), Arsenal (52 millones) y el actual campeón de la Premier, el modesto Leicester City (48 millones).

En cambio, los que menos han invertido en nuevas contrataciones hasta la fecha son los recién ascendidos Hull City (0 millones) y Burnley (4,5 millones), junto al Sunderland (9,5 millones).

A falta de tres semanas para que se cierre el mercado, los clubes de la Premier han desembolsado más de 900 millones de euros, cerca ya del récord de 1.200 millones de la temporada pasada. "Pensar que hay una burbuja está totalmente justificado", reconoce Simon Chadwick, experto de industria futbolística de la Universidad de Salford en Manchester. Sin embargo, el experto cree que "no hay un peligro inminente de que vaya a estallar".

Además, los dos mánagers parecen tener imán para los problemas. Su desafío llega en una época convulsa en las islas británicas, tras la victoria de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en el referéndum del pasado 23 de junio. Un resultado que llena de incertidumbre la posición de dominio de la Premier sobre el resto de ligas de fútbol del mundo.

"Es probable que la posición competitiva de la Premier se vea erosionada en los próximos años tras el Brexit, dada la combinación de una libra débil y los problemas relacionados con los permisos de trabajo", advierte Chadwick.

El experto, que no descarta un escenario en el que La Liga española sobrepase a la Premier "en algún momento de la próxima década" por los efectos del Brexit, cree que el mayor impacto que dejará el referéndum en el campeonato será "la situación en la que queden los permisos de trabajo de futbolistas europeos".

Actualmente, la Federación Inglesa exige a los futbolistas no europeos haber disputado en los últimos dos años un mínimo de partidos con su selección nacional, dependiendo del ránking Fifa. Si se aplicaran estos criterios a los jugadores de la UE, hasta 400 futbolistas pasarían a considerarse extranjeros y podrían abandonar la Liga.

Esta situación afectaría a estrellas como el jugador del Arsenal, Mesut Ozil, el centrocampista N'Golo Kanté, del Leicester City o el francés Dimitri Payet, líder del West Ham. Los futuros fichajes también se verían condicionados por la nueva situación laboral.


La posible fuga de estrellas a otros campeonatos por los problemas con los visados de trabajo provocaría la pérdida de valor de una liga que lidera los ránkings por ingresos en Europa. Por eso, el experto ve probable que el nuevo gobierno que lidera Theresa May intente proteger la Premier por los importantes ingresos y empleos que genera para la economía británica. "La Premier ya ha demostrado en otras ocasiones su habilidad para obtener acuerdos especiales para preservar su posición y su estatus. Y creo que volveremos a verlo", señala Chadwick.

jueves, 5 de mayo de 2016

EL MADRID CAMPEA DE NUEVO

El Real Madrid venció al Manchester City y se clasifica para la final de Copa de Europa en un Bernabéu abarrotado en una de las noches mágicas europeas del club español

Antonio Blanca

En unas semifinales históricas para el debutante Manchester City, el Real Madrid hizo valer este miércoles en el Bernabéu su experiencia de campeón y se clasificó sin sufrir demasiado (aunque sin ningún alarde) a la final de la Champions League, una hazaña personal de Zinedine Zidane cuatro meses después de aterrizar en un banquillo desconcertado, en el que si a algún madridista o aficionado a otro equipo se le dice que el Real jugaría la final de la Copa de Europa allá por el mes de marzo se le habría tomado por loco.

El partido de anoche no fue mucho mejor que la ida, pese al lógico aumento de la tensión y el miedo al error. La lesión del capitán visitante, Kompany, en el minuto nueve fue la primera acción reseñable en una cita que comenzó con el mismo exceso de respeto que definió la ida. No había pasado prácticamente nada aún, pero el cambio obligado (entró Mangala) perturbó a los ingleses, que muy poco después recibieron el primer remate (cabezazo alto de Cristiano) tras una fluida jugada con centro de Carvajal, omnipresente en sus ayudas a Bale por la derecha.

La presencia sorpresiva de Touré en el once inicial pronto evidenció su propósito, ahogar a Modric, estrangular el juego blanco. A Kroos le dejaban sacarla, pero al croata no. Al menos en un principio. Los ingleses presionaban arriba y el Madrid respondía con verticalidad, por las bandas, con Cristiano tocando arriba y descargando para apuntarse directo al remate por alto. Fútbol directo contra un rival expectante en demasía.

Con los minutos Modric empezó a carburar, cambiando constantemente de lugar para zafarse de los marcajes, y hacia el minuto veinte el Madrid dominaba, aunque no mordiese. Tanto entraba Carvajal por la derecha que una internada suya terminó en un gol de Bale, cuyo remate sin ángulo desde línea de fondo fue punteado por Fernando convirtiéndose en un tiro envenenado imparable para Hart. El coliseo de la Castellana mudó en una fiesta completa en el penúltimo partido de una campaña inextricable. Nadie, ni Florentino Pérez en sus más dulces sueños pensaba con un escenario así a final de campaña.

No puede soslayarse la presencia de  Isco en el once titular sustituyendo al lesionado Casemiro. El malagueño tuvo mucha actividad en la medular, desahogado por la mayor vigilancia sobre sus compañeros, y conectó bien con los delanteros durante el tiempo que estuvo sobre el verde. Isco volvió a ser ese futbolista que encandiló al Santiago Bernabéu, y así se lo reconoció su afición con una cerradísima ovación en el cambio por James, que de nuevo estuvo ausente. Ronaldo fue otro que  trabajó duro y lo intentó continuamente, pero no estaba al 100%, aunque el gesto de compromiso del portugués con la entidad madridista ya es irrebatible. Jesé, por su parte, casi nada hizo como delantero centro pero es que el canario jugó el rol que Zidane le pidió, con un trabajo en la sombra sublime.

En el otro extremo del campo, Agüero parecía dormido, desactivado por un Pepe que vive una nueva juventud y Sergio Ramos, que ahora sí pide paso en el escalafón de mejores centrales del mundo. Si bien, tras los primeros cuarenta y cinco minutos, todo estaba en el aire, el 1-0 aún era corto porque un gol clasificaba al City, y cada vez que De Bruyne la tocaba en tres cuartos hacia Jesús Navas el estadio bajaba los decibelios.

No hubo grandes ocasiones hasta casi el descanso, aunque el equipo del silbado Pellegrini creció en posesión y al filo del descanso Fernandinho culminó una jugada colectiva con un disparo a la parte exterior del poste. Su única jugada peligrosa, pero un aviso contra cualquier complacencia en un equipo que defendía bastante replegado.

Tras la reanudación, solo una parte separaba al Madrid de una nueva final en su competición fetiche. La tensión crecía por el puro paso del tiempo y el Madrid seguía defendiendo atrás, concediendo posesiones largas, confiando en las salidas de sus laterales para enviar el balón definitivo a Ronaldo o aprovechar una carrera de Jesé.

Ambos equipos fueron intercambiando aproximaciones sin precisión como cromos y el partido dio la sensación de poder romperse al mínimo error. En uno de ellos, Modric se quedó solo frente a Hart, pensó que estaba en fuera de juego y no precisó un remate que era medio gol. El City no perdía la paciencia y tocaba hasta la frontal del área blanca. El Madrid seguía llegando por banda hasta la cocina, sin mucho veneno pero sin descanso, así Bale conectó un cabezazo que besó el travesaño, era el 2-0, era la calma, pero la fortuna no quería placidez para adquirir billete de grandeza.

Zidane recurrió a Lucas (por Jesé) para aumentar la presión. El City tocaba, pero Agüero era una isla. La entrada de Lucas y su asociación con Carvajal (Bale se mudó a la banda izquierda) reactivaron a su equipo y Ronaldo se benefició de balones al espacio que obligaban a intervenir a Hart, aunque no era el Cristiano del Wolfsburgo.

Sterling reemplazó a un cansado Touré. El manual de Pellegrini cambiaba y obligaba a fijar a los laterales blancos, en especial Carvajal, como peones en una partida de ajedrez. Un minuto después Bale remató un córner de cabeza al poste. No había dueño claro, pero el Madrid tenía más pólvora arriba. Modric seguía apareciendo por todas partes, en ataque y defensa. James entró poco después por un fatigado (y aplaudido) Isco. El segundo gol era imprescindible para evitar una tragedia fortuita en los minutos finales, el recuerdo del año pasado frente a la Juve sobrevolaba las cabezas merengues. Ninguna de las dos cosas ocurriría a la postre, aunque la incertidumbre protegió el espectáculo.

James entró con hambre de varios meses, algo nervioso. Pellegrini también quemó naves reemplazando a Navas por Iheanacho, mientras Agüero prolongaba su intrascendencia contra una zaga muy replegada. Retrasó su posición con la entrada del africano y comenzó a tocar balón en zona de creación. Modric se pegó a él. Cristiano estaba casi renqueante, Bale no explotaba su banda natural, James no participaba demasiado. El respeto se difuminaba y mandaba el instinto de supervivencia, la ley de la selva en un creciente desorden. Los jugadores ingleses se daban ánimos, no habían creado una ocasión en toda la segunda parte (y tampoco daba la impresión de ser tan difícil). Pero nunca lograban sobrepasar la última línea de cuatro hombres.

Agüero se colocó de mediocentro y Sterling probó a Carvajal por la banda, pero los rematadores nunca llegaban. El Manchester City añoraba a Silva, no había creado prácticamente peligro desde que el canario dejase la cancha a la media hora del partido de ida. Un golpe franco escorado desde la banda puso el alma merengue en vilo, aunque Keylor había tapado bien. El partido seguía vivo y equilibrado, algo insulso en el juego, caliente en las gradas ante cualquier dictamen arbitral desfavorable. Agüero rozó la escuadra desde lejos en el 88. Keylor tuvo que salir a achicar un minuto después y se hizo daño. Había menos fútbol en el campo que pasión en las tribunas. Aunque nada comparado con lo que se verá el 28 de este mes en Milán. Zidane ha obrado el milagro, el Madrid roza la Undécima ante un Atlético de leyenda.

miércoles, 27 de abril de 2016

VUELTA DE ESPERANZA

Aránzazu Gálvez

A pesar de que el Real Madrid mereció regresar a la capital con un resultado más favorable que el 0-0 ante el Manchester City, los precedentes históricos en Europa son muy positivos para el cuadro blanco. Y es que, en 7 de las 8 eliminatorias europeas en las que el Madrid ha cosechado un 0-0 en la ida a domicilio, ha pasado de ronda en el Bernabéu.
La primera vez, fue en la Copa de Europa, en 1959, cuando venció en cuartos de final por 7-1 al Wiener Sport Club de Austria. En el curso 1970/71, hasta en dos ocasiones se clasificó el Madrid en su estadio tras venir de fuera con un 0-0. Fue en la Recopa, primero en dieciseisavos ante el Hibernians, al que doblegó por 5-0 y después en las semifinales, en las que sufrió para acceder a la final y dejar en la cuneta al PSV (2-1).
El Dinamo de Kiev y los cuartos de final de la Copa de Europa de 1973 representaron la cuarta vez en la que el Madrid superaba el 0-0 inicial a domicilio. Pudieron con los ucranianos, entonces bajo la tutela de la URSS, por un esclarecedor 3-0. De la URSS también regresaron en la 1980/81 con un 0-0. Concretamente de Moscú, donde no pudieron marcar al Spartak. Luego, en el coliseo blanco, 2-0 y a semifinales de una Copa de Europa en la que el Madrid llegaría hasta la final, para caer con el Liverpool.
Antes de volverse a ver las caras en la máxima competición continental con el Spartak en la 90/91 y caer eliminados por 1-3 en el Bernabéu en cuartos, única vez que el Madrid no hizo bueno el 0-0 a domicilio, en la 82/83 venció 5-2 al Baia Mare rumano, en 1/16 de la Recopa de Europa.

Desde 1991 a 2015 nunca el Madrid había vuelto a cosechar un 0-0 en Europa en la ida a domicilio de una ronda eliminatoria. El Atleti era, hasta el partido con el City, el último ejemplo. El 0-0 del Calderón fue levantado por Chicharito en la vuelta, al borde del minuto 90. El Madrid se metía en semifinales de la Champions.

lunes, 12 de mayo de 2014

UNA PREMIER PARA EL CITY

José Antonio Moya

El Manchester City se ha proclamado campeón de la Premier League tras vencer este domingo al West Ham United (2-0) en el Etihad Stadium, en una última jornada de competición en la que el Manchester United certificó la nefasta temporada tras quedarse fuera de la Europa League al empatar contra el Southampton (1-1) y en la que Norwich City acompañará a Cardiff y Fulham en la Championship después de perder ante el Arsenal (0-2).

El conjunto de Manuel Pellegrini confirmó su papel de favorito para llevarse el título y conquistó la cuarta Premier League de su historia tras vencer en el Etihad Stadium al West Ham United (2-0). Los 'citizens', que necesitaban un punto para confirmarse en lo más alto de la clasificación, no especuló con el resultado y resolvió el encuentro con los goles de Nasri y de Kompany.

Con este resultado, los 'Sky Blues' hicieron inútil la victoria del Liverpool ante el Newcastle. Los 'reds' sufrieron más de la cuenta para llevarse acabar la temporada con una victoria ante su afición. El Newcastle se adelantó en el marcador con un gol de Skrtel en propia puerta, pero en la segunda parte, primero Agger y luego Sturridge le dieron la vuelta al partido y dejaron los tres puntos en un estadio Anfield que tendrá que esperar una temporada más para conquistar el ansiado título liguero.

Por su parte, la victoria del Tottenham ante el Aston Villa (3-0) certificó la presencia de los londinenses en la próxima edición de la Europa League, mientras que el empate del Manchester United en campo del Southampton (1-1) dejó a los de Ryan Giggs fuera de una competición Europea después de 24 años.

En la zona baja de la clasificación, la derrota del Norwich City ante el Arsenal (0-2) enviaron a los canarios a la segunda división junto a Cardiff y Fulham, que ya estaban en la Championship matemáticamente tras los resultados de la semana pasada y mantuvieron al West Bromwich Albion de Pepe Mel en la máxima categoría del fútbol inglés.

jueves, 20 de febrero de 2014

GOLPES DE AUTORIDAD A DOMICILIO


Dos buenos resultados los cosechados por Barcelona y Atlético de Madrid en la ida de los octavos de final de la Copa de Europa que les hacen ver con optimismo su pase a cuartos

Antonio Blanca

Anhelantes estaban todos los aficionados de fútbol de máxima categoría. Desde diciembre de 2013 la música de la Copa de Europa no sonaba y esta semana sus acordes fueron melodía celestial para el seguidor futbolero. La semana que viene se completan los partidos de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. En esta semana han quedado casi dilucidados tres de cuatro cuartofinalistas, Bayern de Múnich, Barcelona y PSG. El Atlético de Madrid lo tiene en su mano, si bien el partido de vuelta en el campeón será otra historia bastante dura, puesto que el Milán no cejará en su empeño de remontar el 0-1 final de ayer.

El martes el Barcelona asaltó y acalló el estadio del City. Los culés fueron superiores en la segunda mitad, cuando el Manchester City se quedó con un hombre menos por la polémica expulsión del argentino Demichelis tras derribar a Messi cuando este se marchaba a encarar a Hart. Penalti y expulsión. Error en lo primero que no en lo segundo. 0-2 se llevó el choque el equipo del “Tata” Martino ante los pupilos de Pellegrini que acabaron desquiciados. La eliminatoria la empezó a perder el chileno con un planteamiento cobarde, poniendo al equipo a defender y a esperar las acometidas catalanas. Los blaugranas supieron manejar el choque y acabaron por sobrepasar por todos los flancos a los ingleses. Los cuartos de final esperan al Barça tras imponerse en la ida de la eliminatoria estrella de la Champions.

Con un cabezazo impecable de Diego Costa conquistó el Atleti de Simeone San Siro. Cayó el Milán sin merecerlo por 0-1 pero perdió y se le pone bastante oscuro su discurrir en la Copa de Europa. Los de Seedorf dominaron en la primera parte, hasta tres veces se topó el balón con la madera, impidiendo a los italianos adelantarse. Los palos tuvieron protagonismo así como Courtois, que con una parada magistral insufló a sus compañeros valor para salir a por su rival en la segunda mitad. Todo parecía abocado al 0-0 y a resolver el pase en el Vicente  Calderón, pero en los instantes finales del encuentro apareció la figura del hispano brasileño Diego Costa, que se lució y marcó el único gol del partido. Delirio rojiblanco. El Atlético está a noventa minutos de reencontrase con los cuartos de final. 2014 ha sido el año del adiós definitivo de Luis Aragonés a este mundo, quién sabe si el destino le tiene un gran tributo para que desde el cielo lo vea.

El otro equipo español en liza jugará el próximo miércoles ante el Schalke 04.

miércoles, 19 de febrero de 2014

EL BARÇA Y EL ÁRBITRO DESQUICIAN AL CITY

Jordi Grimau

Estaba cantado. Fue la jugada que decidió el partido y unos y otros se liaron ‘a golpes’ dialécticos. Mientras en las filas azulgranas todos consideraban que el colegiado había acertado sin discusión, Pellegrini y los suyos no tuvieron dudas en subrayar todo lo contrario. En la caseta del City se denunció que la jugada que dio origen al penalti señalado a Messi, fue precedida de una falta de Busquets a Navas. Además, lógico, se subrayó que la falta de Demichelis a Messi fue fuera del área. En el vestuario del Barcelona se dijo todo lo contrario

El más claro fue Pellegrini. Tipo correcto y educado donde los haya, saltó en cuanto le preguntaron por la jugada en cuestión. El entrenador chileno no se cortó y dijo abiertamente que “el árbitro ha decidido el partido. Busquets hizo una falta muy clara a Jesús Navas en el centro del campo y a renglón seguido nos han pitado un penalti cuando Demichelis derriba a Messi fuera del área. Repito, el colegiado ha decidido este partido a su gusto, no hubo imparcialidad”.

Pellegrini insistió y afirmó que “son detalles importantes que al final tienen su influencia en el resultado. El City completó un buen partido, incluso cuando estábamos con diez jugadores. El Barcelona no tuvo ocasiones de gol hasta el último momento, cuando marcó Dani Alves. Mi equipo se marcha con la cabeza muy alta”.

El sudamericano se siguió cebando con Eriksson, el encargado de repartir justicia, afirmando que "no tuvo ningún control sobre el partido en ningún momento. Fue una mala decisión poner un árbitro sueco en un partido tan importante".

El Tata Martino, consciente de que la jugada va a ser objeto de debate en las próximas horas, señaló en Canal+ que “tengo la sensación de que cuando las jugadas son contra el Barcelona se revisan 17 veces. No se trata de ir de víctima, simplemente es lo que veo”. Centrado en el partido, ya en rueda de prensa, indicó que "jugamos de una manera algo diferente al hacerlo con un centrocampista más. Lo hicimos para tener más posesión y correr menos. Creo que hicimos un buen partido. Hemos ganado la primera parte de un partido de 180 minutos”.

En los micrófonos de TVE, Andrés Iniesta dijo que "en el terreno de juego se ha visto claramente que es penalti. Ha sido claro porque era el último defensa y le ha barrido”. El manchego añadió que “este resultado es muy bueno para nosotros. Queríamos tener la posesión del balón para generar ocasiones y al final el plan ha salido”.

Por contra, Jesús Navas manifestó en Canal+ que "la primera parte fue muy pareja. En la segunda empezamos mejor que el Barcelona. En esos momentos tratábamos de llegar al área de Valdés. Sin embargo, ha habido una jugada que ha marcado el partido y ha sido una pena. Ahí están las imágenes para ver qué pasó".

Kompany, capitán del Manchester City, resaltó que “yo no sé si fue penalti o no; yo no lo vi. Eso sí, el colegiado señaló un montón de faltas que no fueron, acciones normales que suceden en todos los partidos. Es duro porque no sentimos que ellos fueran superiores a nosotros”.

Álvaro Negredo, por su parte, tiene claro que "todo hubiese sido distinto si el árbitro no hubiera señalado penalti en la acción de Demichelis y Messi, y sí la falta cometida sobre Navas. Sabemos que ahora todo está mucho más difícil, pero viajaremos a Barcelona para darle la vuelta a la eliminatoria. Después de su primer gol el partido cambió por completo y ellos tuvieron el dominio".

Dani Alves, siempre claro ante los medios de comunicación, manifestó que "ya están otras personas para hablar de estas cosas. Nosotros tenemos suficiente con hacer nuestro trabajo. Eso sí, siempre se habla de los árbitros cuando gana el Barcelona. Se trata de desmerecer a nuestro club”.

Cesc fue un poco más allá y afirmó que "alguno tendrá que callarse la boca en los próximos días. Hemos conseguido un gran resultado en un campo muy difícil. Los aficionados ponen tanta presión y le dan tanto ambiente que lo hacen muy especial. Teníamos que demostrar algo, y eso es lo que hicimos, y más de la manera más bella".