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jueves, 20 de septiembre de 2018

EL MADRID DELEITA

Brillantísimo partido del cuadro de Julen Lopetegui en su estreno en Champions League

Antonio Blanca

El Real Madrid, dominador de las tres últimas ediciones de la Copa de Europa, inició un nuevo camino a la historia con una exhibición de fuerza en su mejor encuentro con Lopetegui, con un fútbol coral que atropelló a un semifinalista de la pasada edición, la Roma, tumbado por Isco, Bale y Mariano amen de un Modric sencillamente excelso.

Su primer examen no era sencillo. La Roma, que llegó a semis el año pasado, está ahora en la búsqueda de un estilo propio, añorando las figuras de Nainggolan y Strootman en su centro del campo, donde tampoco ayudó la baja de Pastore. Le quemó el balón y no encontró salida nunca a la presión madridista. Modric adelantó unos metros y al unísono se movieron las líneas para recuperar balón en terreno contrario y generar peligro continuo.

Hasta dieciséis remates madridistas precedieron al primer gol. Cuando Olsen se erigía como el héroe de la noche y clavado sobre el césped, seguía con la mirada el toque de magia de Isco de falta. Suave para caer muerto a la red tras superar la barrera y hacer justicia en el último suspiro del primer acto.

Lopetegui devolvió la portería a Keylor Navas y el debate se incendió por su firmeza. El castigo a un portero que este año no ha fallado habría sido excesivo en caso de quedarse solo con la Copa del Rey tras ceder el testigo a Courtois en Liga. Campeón de las tres últimas Champions disfrutó de una gran noche, la primera en la que Marco Asensio comenzó en el banquillo. No entran todos e Isco tras dos suplencias consecutivas, llamaba a la puerta.

Un Real Madrid comprometido, unido en el esfuerzo, trabajado tácticamente con retoque de Julen para dar al fin libertad a Isco, dejándole disfrutar por el centro, a costa de renunciar a su tridente.

Jugar con dos arriba dio mayor libertad a Modric para inventar, dejó solo a Isco en un mano a mano que salvó con manopla abajo Olsen, a Kroos para probar suerte con continuos disparos desde la frontal y Bale tuvo espacios para correr y soltar disparos peligrosos. Ramos se sumaba siempre peligroso en sus remates a balón parado. Los laterales Marcelo y Carvajal acariciando el gol. El recital de ocasiones llegaba por todos los flancos, hasta 10 disparos en menos de media hora.

Se mantuvo en pie lo que pudo el conjunto italiano, que cuando llegó a área rival se topó con Keylor. Nzonzi era el primero en probar la seguridad de un portero que no bajará los brazos. Arrancaba el segundo acto con un paradón a zurdazo de Under cuando el Roma adelantó metros y comprobó los registros que maneja el nuevo Real Madrid.

Tan cómodo con el balón como al contragolpe, la sentencia llegó con espacios que devora Bale en una acción que lo define a la perfección. Había perdona la primera contra, el travesaño evitaba su tanto en otra ocasión y a la tercera, tras mostrar su velocidad punta, definió pegado al poste imparable para Olsen.

El madridismo se divirtió tanto como sus jugadores sin que un solo espectador se acordase del rey destronado. Pedía el Balón de Oro desde la grada para Modric, despedía en pie a Benzema y Bale, de silbados hace meses a admirados, se asombraba ante gestos de Isco y Asensio y recibía con honores a Mariano en su estreno.

Mientras, Keylor seguía a lo suyo con tres paradas más que frenaban cualquier atisbo de reacción italiana y Olsen se lucía ante Kroos y evitando el tanto de la noche. Asensio dejaba una ruleta en área chica y tocaba con delicadeza el balón buscando el broche que puso Mariano mostrando su hambre de éxito, con rosca a la escuadra, en una noche de esperanza renovada para el campeón.

miércoles, 11 de abril de 2018

RIDÍCULO HISTÓRICO DEL BARCELONA

Jordi Grimau

Mano de hierro en Liga, con una diferencia inalcanzable para el segundo, invicto tanto en casa como en Europa y con una ventaja de tres goles para la vuelta. Con este bagaje, el FC Barcelona se presentaba en el Olímpico de Roma para poner el sello al pasaporte y pasar al bombo del sorteo de semifinales. Un guión escrito hace siete días y que hubo que hacer pedazos.

¿Se presentó el futurible campeón de Liga española hoy en el Olímpico? La respuesta no parece afirmativa. La Roma, que se marchó el fin de semana entre pitos de su afición tras perder, arrasó al Barcelona. El 3-0 y el pase no sólo pareció justo sino que incluso se pudo quedar corto teniendo en cuenta lo que se vio sobre el terreno de juego. Exhibición de los de Di Francesco ante un equipo azulgrana inédito. Un muñeco de trapo en manos de los romanos, inertes en el césped mientras eran zarandeados e incapaces de electrificar una mínima reacción ante el abismo que se abría ante ellos.

Dzeko abrió el marcador en el minuto 6 adelantándose a la espalda de la zaga azulgrana dando rédito a un fenomenal pase vertical de De Rossi. El arreón romano era esperable e, incluso, un gol aceptable. Pero la energía de la Roma no encontraba límite y las llegadas se sucedían una detrás de otra. Balones aéreos desde los laterales, donde Florenzi y Kolarov, dueños de ambos carriles, bombardeaban el área buscando los dos "tanques" de la delantera. Cada pelota alta, un drama para el Barcelona.

El 3-5-2 de Di Francesco ahogaba el centro del campo de Valverde, que apostó por el mismo once de la ida, el del 4-1. Messi, anulado por la agresiva presión de la Roma, cedió protagonismo a Ter Stegen, salvador una derrota aún más sonrojante.

La intensidad y atrevimiento de la Roma continuó en la segunda. Si se dijo "querer es poder" en el vestuario, llevaron al límite el ejemplo sobre el campo. Aún el esfuerzo no estaba recibiendo el premio merecido, pues quedaban dos tantos de diferencia y la posibilidad de recibir alguno.

La pasividad del Barcelona tocó techo cuando Dzeko recibió de espaldas dentro del área y, mientras daba la media vuelta, fue derribado con claridad por Piqué. Penalti. De Rossi, que lleva once penas máximas consecutivas anotando, no perdonó con su infinita carrerilla en la 12ª ocasión. El marcador ya tenía el 2-0 y las 56.000 almas del estadio atronaban para llevar en volandas a su equipo.
Valverde miraba a la banda y no terminaba de decidirse por los cambios. Dembelé y Paulinho amagaban con prepararse pero eran enviados de vuelta a calentar. Dudas por un lado y empecinamiento por otro. No perdonaba la Roma, que metía aún más desborde con la entrada de Under y El Shaarawy.

El egipcio tuvo en sus pies el 3-0, pero de nuevo surgió la figura de Ter Stegen. Under tuvo su protagonismo cuando poco después, ya en el minuto 83, envió un córner donde Kostas Manolas, anticipándose a todos -en especial Semedo-, remató de cabeza en el primer palo para decantar la balanza con el anhelado y merecido 3-0.

Ahora sí, mientras caía por el abismo, el Barcelona trató de asirse al borde del precipicio con un toque de corneta. La Roma se parapetaba y el Barcelona chocaba ahora contra un muro. La historia, hoy, le dio una página dorada al conjunto italiano, que no cruzaba esta frontera en la competición desde 1984.

jueves, 6 de julio de 2017

PRIMERAS MEDIDAS DE 'MONCHI' EN ROMA

El gaditano ya ejerce su nueva labor en la capital italiana y en una semana ha generado para las arcas del equipo romano cien millones de euros

Antonio Blanca

Todavía no han transcurrido dos meses desde que Ramón Rodríguez, Monchi, se comprometiera con la Roma para las próximas cuatro temporadas. Después de llorar a lágrima viva en el Sánchez Pizjuán, el ejecutivo y ex futbolista se fue a Italia a construir un proyecto a largo plazo que permita a los 'giallorossi' luchar por fin un 'Scudetto' a la Juventus, a la que siempre persigue pero jamás alcanza. No le ha costado implantar en aquel lugar extraño para él su forma de trabajar, su capacidad para sacar oro de donde no lo hay. En apenas una semana ha colocado a tres futbolistas romanistas y ha obtenido más de cien millones de euros para, ahora sí, reinvertirlos en una nueva plantilla competitiva.

Monchi, junto con el resto de estamentos del club, puso al Sevilla en el mapa del fútbol europeo. Esta temporada abandonó la disciplina hispalense en busca de nuevos retos.
Para Monchi no era sencillo abandonar el Sevilla. No es solo una cuestión de sentimientos, profundos hasta llegar al alma del ex portero hispalense, que vivió en ese club más de la mitad de su vida. Salir de ese lugar donde había encontrado una estabilidad profesional y un reconocimiento internacional suponía enfrentarse a su propia reconstrucción, a afrontar el inmenso reto de aplicar su sensacional método en otro lugar y obtener los mismos o mejores resultados. Al firmar por la Roma aceptó ese desafío sabiendo de antemano que le iban a juzgar desde el primer momento. En Sevilla había paciencia porque conocían su funcionamiento, en la capital italiana no tienen por qué esperar a ver los réditos de su fichaje.

Sus primeras decisiones han contribuido a mantener su fama de creador de fortunas. La Roma tenía una plantilla potente, al menos desde el punto de vista de la Serie A, así lo dicta su subcampeonato. Lo que no parecía posible era sacar tantísimo por tres futbolistas. La semana pasada, el extremo egipcio Mohamed Salah confirmó su fichaje por el Liverpool. Los 'reds' pagaron por él 42 millones de euros, cifra que podría aumentar hasta los 50 millones dependiendo de unos determinados objetivos a cumplir. Salah fichó por la Roma del Chelsea el verano pasado por 15 millones, después de haber pasado la temporada anterior ya cedido en el club romano. Es decir, en un año, su valor se ha triplicado.

La plusvalía con las otras dos ventas, todavía no oficiales, es incluso más importante. El Zenit de San Petersburgo está ultimando los detalles con la Roma para el fichaje conjunto de Konstantinos Manolas y Leandro Paredes por 60 millones de euros más 7 de bonus, según la información que ofrece Gianluca di Marzio, un experto en el mercado de fichajes. Dos futbolistas importantes dentro del esquema de Luciano Spaletti, ex entrenador romanista, ahora en el Inter, pero lejos de tener un mercado tan significativo que pudiera ofrecer tanto rédito. El griego arribó a la Roma en el verano de 2014 a cambio de 13 millones, mientras que el argentino fue fichado de Boca Juniors en 2015 por 6 millones. Entre los dos suman una inversión de 19 millones, lo que hace una plusvalía de 41 millones, que puede llegar a ser de 48.

Parte de la magia de Monchi ya está hecha: obtener liquidez a través de jugadores revalorizados dentro del campo. La otra mitad del método mágico del gaditano es contratar a jugadores relativamente poco conocidos que den un rendimiento fantástico que, en un futuro próximo, puedan ser traspasados a cambio de una millonada. O no, porque el objetivo de la Roma no es ese, sino el de crecer, el de ser capaz de mantener a futbolistas con la construcción de un proyecto atractivo y ambicioso.

La primera (y hasta ahora única) adquisición de Monchi es un viejo conocido de la Liga española. El mexicano Héctor Moreno llega a la Roma desde el PSV Eindhoven por 5,7 millones de euros. Moreno jugó durante cuatro años en el Espanyol a un buen nivel y es uno de los capitanes de México. Un prototipo de fichaje de Monchi que en unos años multiplicará su valor. Pero claro, están por venir muchos más. En Italia apuntan a que necesita, al menos, tres futbolistas que puedan ser titulares. Y el ex sevillista está en ello.

lunes, 29 de mayo de 2017

ROMANCE DE ROMA

Francesco Totti colgó las botas tras toda una exitosa carrera en el club que fue a nivel deportivo el amor de su vida

Antonio Blanca

El 28 de mayo de 2017 quedará inscrito en los evangelios del fútbol italiano, europeo e internacional. Sobre todo en los de la Roma. Tras empezar su último día en la oficina del Olímpico de Roma en el banquillo, Francesco Totti incendió el nivel emotivo cuando salió a calentar. Se descorcharía, en el minuto 54 del partido que su equipo disputaba ante el Génova y en el que se jugaba su futuro en la Liga de Campeones, un acto masivo y catártico que comprendió en similar proporción nostalgia, lágrimas y sonrisas afectivas. Así como satisfacción por haber sido coetáneo del suplente ilustre y coyuntural. El respetuoso honor debido al emblema (en la máxima intensidad imaginable del concepto) que se retiraba de la trinchera coparía cada pulgada del coliseo romano. En consecuencia, el resultado final (3-2 agónico) pasaría a un segundo plano. El descarnado y grave adiós al ídolo absoluto, desde la entraña, se desplegó con todas sus consecuencias.

Totti ha sido y es la Roma. Más de tres cuartos de hora estaría caminando en torno a la pista olímpica el ‘10’ inolvidable e irrepetible cuando hubo finalizado el último de los 786 partidos en los que defendió la elástica giallorossa, durante los últimos 25 años. La ovación restalló atronadora y sedosa, como sus palabras en el discurso postrero. Como la actitud de los otros dos chicos de la ciudad que pugnan en el primer equipo y que no pudieron mirar a los ojos a la leyenda en su último baile. El alma desbordada de Danielle de Rossi y Alessandro Florenzi, dos internacionales de peso, no les permitió cruzar la mirada con el jefe de su manada cuando éste ingresó en el verde, en plena competición. Esa estampa permanecerá en la retina del tifosso de cualquier latitud transalpina como un reflejo de las ruinas de una época pasada. El imperial respeto y lealtad casi fraternal no son sencillos de observar en estos tiempos.

"Tengo miedo, esta vez soy yo quien necesita vuestro apoyo. El apoyo que siempre me habéis dado. Me quedaría otros 25 años. Ser el capitán de este equipo ha sido un honor, mi corazón estará siempre con vosotros", proclamó, micrófono en mano, antes de mandar al fondo sur (su íntimo y radical compinche con el que gastó más de una broma pesada a la Lazio) un balón en el que había escrito "Te echaré de menos". La ofrenda mutua, revestida de una energía que subía del césped a la tribuna y bajaba de nuevo, concluiría con il capitano (otra vez atendiendo al grado sumo de la acepción del término) desanudando el brazalete y entregándoselo a un juvenil. La cesión del timón había sido oficializada en su ámbito, el pasto. Y roto, con borbotones emocionales que se expresaban en el fluir perpetuo e incómodo del llanto, regaló los últimos saludos antes de entrar en la negritud del túnel de vestuarios. Ante un teatro que deglutía, con dolor, lo sangrante del inexorable paso del tiempo.

Pero il Pupone (niño), como es apodado, ya se había despedido el 31 de agosto de 2016. El The players tribune (la plataforma que pone papel y lápiz a los deportistas de élite para que compartan sus reflexiones) publicó aquel miércoles una carta en la que el último trecuartista exquisito esbozó su saludo oficioso a la institución y la hinchada que le acompañó a lo largo de un cuarto de siglo. En ese texto expuso cómo, cuando contaba con nueve años y su natural talento ya resplandecía, su madre negó a los directivos del AC Milan el fichaje del niño que se comprometería, desde entonces, con una camiseta. Sólo Paolo Maldini puede mirar a los ojos a Totti en el desarrollo del sentido de pertenencia, de patria chica irresoluble, a un equipo de fútbol en el cambio de siglo. "Mi abuelo Gianluca -proseguía- le transmitió el sentimiento romanista a mi padre y él, a su vez, hizo lo mismo con mi hermano y conmigo. La Roma ha sido siempre más que un club de fútbol, es parte de nuestra familia, de nuestra sangre y de nuestras almas".

El máximo goleador de la historia de la entidad capitalina (307 dianas) contaba en la misiva pública que como el fútbol no era retransmitido con asiduidad por la televisión en los 80, su padre decidió llevarle a la cancha cuando tenía 7 años. Para que viera aquello de lo que le hablaba con ritualismo religioso. "Todavía puedo cerrar los ojos y acordarme de lo que sentí. De los colores, las canciones y el humo de los petardos que explotaban. Sólo era un niño, pero rodeado de los aficionados de la Roma se me encendió algo que no sé cómo describirlo", narraba. Y de inmediato expuso la raíz de su conexión con cada hincha giallorosso, en tanto que terruño compartido, y con una amplia mayoría del Bel Paese, en tanto que espacios compartidos que devienen en cultura. "No creo que ningún vecino del barrio de San Giovanni me haya visto alguna vez sin un balón. Jugábamos en todas partes: sobre adoquines, al lado de una iglesia o en callejuelas", presume. En efecto, esa es una de las pocas ligazones que vertebran norte y sur en Italia. Y por eso Totti es tan respetado y celebrado. Por eso habrá emocionado a acólitos de otras tribus. "Totti ha unido a una ciudad y un país que se divide por cualquier cosa", aseguró De Rossi horas antes del epílogo.

Por eso se comparte y justifica la alegría socarrona cuando este portador de un gladiador arquetípico tatuado en el hombro derecho hace una mención al sexo oral en dialecto y en plena retransmisión de la celebración por la conquista del Mundial de 2006. Es esa empatía propia de la socialización primaria la que justifica la radicalización de la rivalidad en una nación que necesita poco para que prenda un incendio.

Francesco, que maneja una dialéctica y tono que denota sencillez y cercanía, no ha amainado nunca el folclore barrial en sus expresiones genuinas (aceptando, con humor, la burla coloquial hacia su inteligencia que terminó por tornarse en lugar común), más allá de los foros en los que se reconoce como referente de una población. De un país presa de sus pasiones, en el que el balompié se sienta en un trono sagrado. Por todo ello excede la exclusividad romanista y la pasión que transmite, límpida e instintiva, germina dondequiera. Y su profunda e implicada labor solidaria en pos de la comunidad infantil cohesiona todo lo anterior.

En lo relativo al coqueteo con la pelota, Totti es un futbolista testimonio de la evolución de ese deporte. Entró en los juveniles de su único club con 12 años y debutó en el primer equipo con 16, en 1993. Su idolatría hacia Giuseppe Giannini, mediapunta escultor en medio de una fábrica de tornillos en los 80 italianos, no es casual: con él comparte esquemas y paradigmas con los que convive, choca y sobresale. Porque el cimiento virtuoso de la Roma nació durante los últimos coletazos del modelo anatómico del balompié. Aprendió a sortear la dictadura de los preparadores físicos que cribaban a los jugadores por su altura y morfología biométrica antes que por sus condiciones técnicas. La revolución tacticista que se gestó en los 70 y colocó a la Serie A en la cima mundial (con las huestes poderosas que lucieron el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y la Juventus de Platini) se estiraría hasta la apnea romántica del cambio de siglo. Y el ‘10’ recién retirado debió adecuarse a tales presupuestos, con la técnica depurada y la creatividad como flotadores. Su irreverencia en la finta, la clase que emanaba cada improvisación, lo portentoso de su lectura del juego y lo afilado de su toque (en concreto de su primer toque, ora para distribuir, ora para golear) taparon la boca a los que le exigían la preponderancia del sudor. De hecho, con el ortodoxo de la vieja escuela Capello ganó su único Scudetto (2001). Ya en el rol de gobernador.

En vivo, la genialidad atraviesa la ideología y la diluye. Así, cuando su nivel tomó altura al galope de la permisividad de los entrenadores y la asunción de la predisposición ofensiva como una herramienta valiosa y no como una argucia escapista, su esencia le llevó a salir ovacionado del Bernabéu perdiendo (en 2004) y ganando (en 2008). En plenitud, Totti pastoreaba el tempo de cualquier envite y ante cualquier oponente. Incluso caminando. Como lo haría Pirlo (otro superviviente de la era de reclusión de la inventiva, como Roberto Baggio, Roberto Mancini o Alessandro Del Piero) cuando fue retrasado de la mediapunta al mediocentro organizador. Y casi siempre compitió en inferioridad de condiciones, pues el presupuesto de la Roma jamás se ha correspondido con su hiperbólica autoestima (sólo dispone de tres títulos ligueros y se concibe como un grande), pero ello no le desvió de su camino. Nunca se movería de allí. Florentino Pérez bien lo supo en 2004, cuando trató de cautivarle con la siembra del terreno pomposo sobre el que acumular Balones de Oro. Su fe, anacrónica para cualquier directivo, sólo le permitió la tibia duda. La decisión de permanencia granítica siempre estuvo presente, fruto y nutriente de esa relación de consanguineidad para con la ciudad deportiva de Trigoria y su paisanaje. Con ello, sus vitrinas únicamente lucirían la mencionada Liga, dos entorchados de la Coppa, dos Supercopas domésticas y la Bota de Oro que le arrebató al Van Nistelrooy madridista (en 2007, con 25 goles). Pero, ¿cuánto espacio ocupa en una estantería el amor eterno y recíproco?

"Francesco maravilloso, te deseo un feliz cumpleaños. Y disculpa porque en el 2000 te quité el Balón de Oro. Tú lo merecías, un abrazo". Con este tuit le felicitó el 40 cumpleaños Luis Figo hace meses. Ese chascarrillo, con foto adjunta en compañía de Marco Delvecchio (delantero con el que ganó el Scudetto junto a Batistuta, Cafú, Emerson y demás, y con el que llegó a la final de la Eurocopa del 2000), define la consideración que los profesionales reservan a Totti. Y, aunque sea un absurdo resaltar la unicidad de alguien en tanto en cuanto se antoja obvia, merece la pena regresar a aquel Europeo de Bélgica y Países Bajos, de triunfal salida para la Francia de Zidane. Allí, con toda la presión de los tulipanes (anfitriones) sobre los hombros y aquejado, se supone, por la tensión propia de una tanda de penaltis decisiva, dibujó un lanzamiento a lo Panenka que inmortalizó a Van der Saar como víctima y arrancó, con sedosa factura, un estatus distinguido que le perseguiría siempre.

Y es que este fuoriclasse agigantaba su calidad y trascendencia en los desafíos más elevados. Juventus, Milan, Inter, Nápoles y Lazio han sido acribillados con delicioso carácter impío por este amante de la estética. Voleas de zurda y diestra, sin dejarla caer, que se colaban por la escuadra del palo corto o largo; vaselinas insultantes, por lentas e irrebatibles, que cincelan sonrisas en los rivales seducidos. Un control orientado bastaba para detectar lo distinto de su magnetismo.

Todo ese legado está registrado en hemerotecas y videotecas, con la estadística esputando que se va como goleador más mayor en la Liga de Campeones y segundo máximo anotador de la historia de la liga italiana. Y también está contenido en los anuarios que su retirada estaba pensada para 2016, pero su fulgurante tramo final de curso (con dos goles en cuatro minutos, el 86 y el 89, para la remontada épica ante el Torino o la aportación al viraje urgido del marcador ante el Génova) y su papel de tutelaje en el vestuario terminó por regalar otro año a una mente que arrastra un cuerpo muy mermado por una lumbalgia recurrente, una dolencia en el ligamento cruzado anterior o una fractura de peroné que desplazó los ligamentos del tobillo (y que a punto estuvo de privarle de la justicia poética que constituyó la consecución del Mundial 2006). "Hace un año muchos decían que era un futbolista acabado y que había sido convocado por la selección sólo por mi pasado. Pero las críticas me han traído fortuna ya que he ganado la Copa del Mundo, he sido máximo goleador liguero italiano, conquistado al Copa de Italia, y ahora la Bota de Oro", declaró en 2007. Una década después, su fragancia se ha secado.

Ese caminar erguido, elegante y siempre dispuesto a desbaratar cualquier línea defensiva, con el punzón escondido bajo el frac, como los perfiles de futbolista de su clase y como su lealtad, se extingue. A ver quién sacrifica, en el presente, el éxito y la acumulación por el triunfo. A ver quién presume de ganar partidos caminando con una legitimidad que difumina tal chulería. Totti, ya es leyenda del fútbol. 

jueves, 18 de febrero de 2016

RONALDO PELEA POR EL MADRID EN ROMA

La estrella portuguesa se echó al cuadro de Zidane a la espalda y con una buena segunda parte dejaron la eliminatoria muy encarrilada

Antonio Blanca

Zinedine Zidane y Luciano Spaletti, ambos llegados en enero para revitalizar equipos en riesgo de caída libre, afrontaban estos octavos de final con objetivos diferentes. El francés, sustituto de Benítez, tiene la misión de trasladar la alegría y fortaleza demostrada en el Bernabéu fuera de casa. La Roma, primer rival de entidad tras su llegada al banquillo, supone la primera piedra de toque para Zidane.

Por su parte, Spaletti frenó la racha negativa de Rudi Garcia y, con más fortuna en el marcador que en el juego, llega al cruce con cuatro victorias consecutivas en la Serie A. Además, el conjunto italiano cuenta con el bagaje de la tremenda estadística negativa del Real Madrid frente a equipos italianos en Europa. Nada menos que el Nápoles de Diego Armando Maradona, allá por 1987, fue el último equipo transalpino eliminado por el conjunto blanco en Europa. Desde entonces, las ocho eliminatorias disputadas han caído del lado del ‘Bel Paese’.

En cuanto a los onces titulares, Zidane despejó las dudas en torno al lateral izquierdo y alineó a Marcelo, dejando sobre el campo el mejor equipo posible ante las bajas seguras de Pepe y Bale. Spaletti, por su parte, acabó dejando en el banquillo a De Rossi, llegado a tiempo tras recuperarse de una lesión en un tobillo, y a Dzeko, que acabó el viernes con una racha sin marcar desde el 24 de noviembre.

Con estos mimbres, el miedo de la Roma a recibir un gol en casa transformó la primera parte en un páramo de fútbol. Parapetado en su área, los ‘giallorossi’ sólo tenían una única manera de lanzarse al ataque: toda contra iba a pasar por los pies de Salah, que impresionó tanto por su velocidad como su falta de precisión con él en los pies.

El Madrid, por su parte, sólo tenía en Marcelo el único valiente en tratar de desenmarañar la defensa romanista. Muy estático, los errores en el pase a medida que se incrementaba la desesperación daban vida suficiente a la Roma para tomar aire en ataque.

La ausencia de calidad y la imposición de la defensa local sobre el ataque blanco provocaban que tanto Navas y Szczesny se convirtieran en espectadores de lujo y que jugadores como Modric y Pjanic fallaran pases que jamás habrían errado.

La oportunidad más clara de la primera mitad llegó a la media hora, cuando Cristiano se inventó una asistencia a Marcelo con un globo y éste continuó la inventiva con una volea de primeras que acalló al Olímpico al marcharse fuera a escasos centímetros del palo largo.

Con los mismos protagonistas sobre el terreno de juego, la segunda parte cambió los bostezos de la primera por más emoción y alternancia en ataque. Las ganas mostradas por la Roma en los últimos instantes del primer tiempo continuaron en la reanudación, mientras que el Madrid pareció dejar la concentración en los vestuarios.

La Roma aprovechó la situación para tomar el control del balón y lanzarse hacia la portería de Navas, pero lo más que lograba conseguir eran córneres a favor. Aun así, el costarricense estuvo providencial para adelantarse a El Shaaraway cuando se encontró con un balón mandado a la espalda de Carvajal.

De la acción, a la reacción. Como si el susto sirviera de acicate para despertar al equipo, los dos mejores de la primera parte, Marcelo y Cristiano, revolucionaron el partido. El brasileño mandó un balón largo al espacio para el portugués, que lo llevó hasta el pico del área para que con un frenazo y un control de espuela se quitara de en medio a Florenzi y encontrara el camino para preparase un chut que se coló por la escuadra con la ayuda de un toque del zaguero.

El Madrid lograba el 0-1 en el minuto 57. A partir de ese momento, el partido se transformó en una locura de ida y vuelta que hizo olvidar por completo el orden militar contemplado en los primeros cuarenta y cinco minutos.

Spalletti trató de espolear a los suyos con la entrada de Dzeko por El Shaaraway mientras que Zidane buscó dar pausa a su centro del campo con la llegada de Kovacic por Isco, ambos cambios en el minuto 63.

A pesar de los intentos de los entrenadores, el toma y daca continuó, quedando muchas veces la defensa blanca en minoría ante las acometidas locales. Salah siguió dando dolores de cabeza a Ramos y Marcelo, incapaces de frenar a la bestia egipcia, que se marchaba por velocidad en cuanto quería. En una de esas logró por fin conectar un centro peligroso, pero Varane apareció por los suelos para evitar el remate de Dzeko cuando el delantero ya estaba relamiéndose con el gol.

La Roma siguió apretando y una dejada de Dzeko en la frontal permitió a Vanqueur lanzar un misil que se marchó fuera por poco. De la falta de pólvora en el ataque romanista se pasó a un Kovacic y un James excelsos en el pase, mandando el peligro al otro lado de la balanza aunque Benzema lo lograra conectar con la cabeza los envíos de ambos.

De Rossi se olvidó de su tobillo y acabó entrando para algo menos de un cuarto de hora, cambiando el esquema a tres centrales y permitiendo la subida de los laterales. Poco después, Zidane dio la alternativa a Jesé por James y la jugada le salió redonda.

El canario, en solitario, encaró con el balón en los pies a la defensa, haciendo que recularan poco a poco hasta quedarse a distancia de tiro. Ahí Jesé no se lo pensó y tras mandar la pelota entre las piernas de su marcador acabó anotando el definitvo 0-2 en el minuto 86.

Aún sin rendirse pero teniendo en cuenta la dureza del marcador, Spaletti decidió continuar con el homenaje al ‘capitano’ y permitió a Totti disputar los, quizás, últimos minutos en Liga de Campeones en el Olímpico del “10” de la Roma.

Al final, el descontrol de la segunda mitad acabó beneficiando al Madrid, que pese a salir despistado ante una Roma que lo trató de tú a tú en la segunda parte, dos goles en momentos clave dejan al borde del ko al equipo italiano, quedando el Real Madrid a un paso de los cuartos de final y de dejar a Totti como ilustre sucesor de Maradona en la racha blanca contra equipos italianos.

jueves, 6 de agosto de 2015

EL BARÇA ADQUIERE SENSACIONES POSITIVAS

Jordi Grimau

Era el último ensayo antes de enfrentarse al conjunto hispalense, y Luis Enrique decidió alinear por primera vez en esta pretemporada al famoso tridente formado por Messi, Neymar y Luis Suárez.

Se trataba de que los tres fueran recuperando sensaciones y automatismos, con vistas al primer partido oficial del curso, y desde el primer minuto dejaron claro que su 'feeling' sigue intacto.

Messi, a pase de Suárez, puso por primera vez a prueba a Szczesny nada más empezar el partido y, a partir de ahí, las ocasiones se sucedieron por el bando azulgrana.

Neymar llegó tarde a un centro de Alves cuando solo tenía que cabecearlo al fondo de la red, y Szcesney volvió a lucirse en una doble ocasión de Messi y Rafinha y en un disparo cruzado de Rakitic desde fuera del área.

El Barça había empezado como un vendaval y la Roma se desperezó con un par de llegadas en las que merodeó la portería de Ter Stegen. Una de ellas finalizó con un disparo alto del ex azulgrana Iago Falqué.

Esa fue la oportunidad más clara del conjunto italiano, que aguantó el empate veintiséis minutos, hasta que Messi agarró un balón en la línea de tres cuartos, se la puso a Mathieu y éste la tocó de primeras para que Neymar controlara el esférico y anotara el primero justo después de dejar sentado al meta visitante.

Messi, aun más motivado tras un absurdo pique con Mapou, haría el segundo cuatro minutos antes del final de la primera parte, al culminar una precisa combinación entre Alves, Luis Suárez y Neymar, dentro del área.

Pero el Barça aun podía haber hecho el tercero antes de llegar al descanso, porque Suárez tuvo un mano a mano con Szczesny y a Rafinha se le fue por poco una rosca con la zurda que buscaba la escuadra derecha del meta polaco.

Se lo pasó en grande, durante esta primera mitad, el público del Camp Nou, al que hoy acudieron más de 94.000 aficionados ávidos de aplaudir el arranque de curso de su equipo.

Algo menos se divirtieron en la segunda, cuando decayó mucho el ritmo del choque. La culpa la tuvo el rosario de cambios de ambos equipos, tan habitual en estos amistosos de pretemporada, y también el que el Barça, con el partido ya ganado y la mente puesta en Tiblisi, levantara el pie del acelerador.

Así que el segundo acto sirvió para que el Camp Nou coreara el nombre de Pedro, que rondó el gol en par de ocasiones y que hoy quizá disputó su último partido como azulgrana para fichar por el Manchester United.

También para aplaudir al exazulgrana Keita, que regresaba a la que fue su casa durante cuatro años hoy además como capitán, cuando abandonó el terreno de juego para ceder su puesto a Totti.

Y sobre todo, para ver uno de los golazos de la pretemporada: el obús por toda la escuadra que firmó Rakitic -designado mejor jugador del partido- para cerrar la cuenta del conjunto local.

La nota negativa fue la lesión muscular, a un cuarto de hora del final, de Jordi Alba, cuyo gesto contrariado a la hora de pedir el cambio dejaban entrever que se perderá la final de la Supercopa de Europa de dentro de seis días.