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lunes, 17 de septiembre de 2018

A MEDIAS

El Real Madrid no encontró la senda definitiva para tumbar al Athletic en San Mamés y se queda a dos puntos del Barcelona que venció en Anoeta

Antonio Blanca

El Real Madrid aterrizó en San Mamés con la idea de seguir el ritmo del Barcelona, que este sábado conquistó Anoeta y se destacó en el liderato de LaLiga. Además, los madrileños gozaban de la posibilidad de alejar al Atlético a siete puntos. Para lograrlo habrían de amortizar la irregularidad que había mostrado en las jornadas precedentes un Athletic que no despega. El pleno de triunfos era la carta de presentación de un favorito que se encontraba en este brete con la resaca de las citas de selecciones y el advenimiento de la Liga de Campeones.

Esta tesitura condujo a Julen Lopetegui a arriesgar rotando. El técnico dejó en el banquillo a Casemiro y a Isco. Dani Ceballos fue su apuesta para acompañar a Modric y Kroos, en un once en el que Courtois repetía titularidad como cimiento del esquema y la alineación más reconocible de los merengues -Asensio, Bale y Benzema en punta-. Por otro lado, Eduardo Berizzo movió a sus fichas y dio la alternativa a Beñat -por vez primera- y a Íñigo Martínez. Aduriz comenzaría en el banquillo, por detrás de Muniain, Susaeta, Raúl García y Williams. En juego se deplegaban tres puntos de trascendencia precoz.

No tardó el guión en desnudar la batalla de estilos. Los rojiblancos partieron un esfuerzo anatómico denodado de presión intensa que pretendía robar y salir volando a la contra. Los capitalinos, por su parte, jugarían con el cuero para domar la pretensión rival e ir creciendo con el paso de los minutos. Siempre anhelando salir en combinaciones fluidas y certeras que neutralizaran el estudiado ardor táctico ajeno. Por tanto, cada imprecisión supondría una autopista para el área de Courtois.

Con el 61% de posesión, los de Chamartín localizaron a Kroos como ancla, con Ceballos y Modric soltándose entre líneas. El croata abriría la relación de intentos, con Marcelo apuntalando otro chut antes del tercer minutos. Respondió Raúl García, a centro de Yuri, en una clara declaración de intenciones: los vizcaínos competirían de tú a tú. Antre su tribuna, los vascos iban al límite en cada balón dividido para hacer olvidar a su hinchada la imagen dada ante el Huesca. Y la superioridad numérica en la medular que activó Berizzo funcionaría, constriñendo a la horizontalidad controladora al Madrid. La mejor cara del Athletic frutificaría antes del intermedio.

Pocos toques y relámpagos eran los conceptos con los que los bilbaínos atacaban. Sus transiciones verían a Williams chutar demasiado cruzado -minuto 16- y a Susaeta encañonar un envío que lamió el larguero. Sólo un remate desviado de tino de Benzema -tras participación de Modric y Marcelo- aparentaba incomodar al punzante repliegue vasco. Y la descoordinación en el centro del campo merengue empezaría a avisar al meta belga. La presión no era equilibrada y Carvajal y Marcelo sufrían. Esta circunstancia mentalizó a los visitantes de lo idílico de ceder metros en torno a la media hora. Courtois atraparía un remate trompicado de Yuri.

Pero los de Concha Espina no soltarían con facilidad el timón de la redonda. Y llegaron al arco de Unai Simón con el centro-chut de Carvajal y el zurdazo con rosca de Asensio. El balear y Gareth Bale habían pasado desapercibidos, para vanagloria del estudio de Berizzo y su cuerpo técnico. El centrocampismo fue la frontera que frenó a los de Lopetegui al tiempo que los rojiblancos localizaban caminos de avance. Bien por el envío largo hacia Raúl García y Wiliams, bien por las construcciones aceleradas.

Precisamente de una de estas asociaciones rápidas en cancha contraria nació el primer tanto del anochecer. El cuero viajaba desde Beñat hasta el perfil izquierdo. Pero un cambio de banda retrató a Marcelo, que se dejó ganar la espalda. De Marcos arribó y centró, sorprendiendo a todo el sistema de achique visitante. Iñaki Williams disparó y Muniain -muy activo- abrió el marcador bajo palos -minuto 34-. Acusarían el golpe los jugadores en desventaja. No en vano, Raúl García hizo el 2-0 en una acción a balón parado, aunque la diana fue anulada por fuera de juego. Y hasta el camino a vestuarios el Madrid no evidenciaría alternativas a su plan predilecto -e inocuo-.

Únicamente las rupturas, en conducción, de Sergio Ramos desestabilizaban al dibujo local de tenso y valiente desempeño defensivo. Un chut de Modric que sacó Unai Simón bajaría el telón, con deberes para Lopetegui. El tempo no figuró entre sus conquistas y el dominio del balón se tornaría estéril ante sus desajustes en fase defensiva. Por ello, leyó el riesgo y sentó a Ceballos para dar entrada a Casemiro antes de que arrancara una reanudación en la que confiarían que el tipo de ejecución rival les penalizara con cansancio tarde o temprano.

Una acción individual, favorecida por la calidad de Beñat y rematada por Williams advirtió de la voluntad local de continuar la obra según sus presupuestos -minuto 47-. Se lesionaría Muniain a las primeras de cambio -sustituido por Ander Capa- en el segundo acto de creciente y lenta aparición de espacios (por el paso al frente merengue y la tardanza vizcaína en llegar a las coberturas). Y Bale inauguró la producción de su camarín con un remate fuera a la salida de un saque de esquina efectuado por Kroos. Berizzo colocaba a dos laterales diestros con el fin de protegerse cuando Marcelo, Kroos y Asensio se aliaran.

Una falta rematada por Bale y el rechace capturado por Sergio Ramos elevaron la figura de Unai Simón y antes del minuto 60 Isco saltó al verde -por el gris Modric-. Apostaba el otrora seleccionador español por acumular piezas en la mediapunta, restando control. Al menos ese era su proyecto. Y el galés volvería a asomar con un intento desprovisto de certeza, a pase de Carvajal, y fabricando el empate que firmó Isco. Centro soberbio y testarazo del malagueño -minuto 63-. De inmediato, el zurdo desaprovechó un disparo en posición franca.

Había mutado la dirección del viento. Parecería que el fuelle bajó mucho más en la convicción local que en la visitante y Varane y Ramos contaban con la ayuda de Casemiro para abortar las transiciones vascas. Un pase vertical del capitán merengue dejó a Asensio con todo a favor, pero Unai Simón recalcaría su estatus infranqueable -minuto 69-. Fue el mejor del enfrentamiento y sólo un desborde de Capa estiraría a sus compañeros en este largo tramo de atrincheramiento. Antes de que Ramos cometiera un error por desconcentración que regaló a Williams un lanzamiento fallido y oxígeno a un Atjhletic que se atrevió a adelantar líneas en manera racheada.

El desenlace se desarrollaría con Lucas Vázquez -entró por Bale-, San José -por Williams- y Mikel Rico -por Beñat-. Berizzo elevó los centímetros para alcanzar alguna salida que fracturara el mando contrincante. El espigado mediocentro presionaría arriba y se colocaría como faro aéreo junto a Raúl García, según el escenario En la otra trinchera el Madrid exhibía paciencia y posesión. Se cruzaría el 80 con ambos escuadrones buscando de victoria. Eso sí, los visitantes con la batuta y los locales con vértigo. Marcelo, San José, Asensio y Mikel Rico agotarían el intercambio de llegadas que terminó por repartir, con justicia, los puntos.

viernes, 6 de enero de 2017

LA VISTA EN LA VUELTA

Jordi Grimau

Los dos equipos con más Copas del Rey se enfrentaban en San Mamés y eso es sinónimo de espectáculo. A un Athletic arrollador en la primera mitad (2-0) respondió un Barça enrabietado en la segunda (2-1), y por el medio un Fernández Borbalán que debió expulsar a Aduriz, que no señaló un penalti sobre Neymar y envió a la caseta a Raúl García e Iturraspe. El partido de vuelta promete.

En la noche de los Reyes Magos solo podía quedar en pie un Rey de Copas. El Athletic, consciente de la importancia de sacar una buena ventaja para poder pasar la eliminatoria en el Camp Nou, salió a por todas con una presión a todo campo que, como es habitual, incomodó al Barça.

Tuvieron que pasar casi 10 minutos hasta que los azulgranas trenzaron una jugada que terminó con un chut de Messi desviado desde la frontal.

Los de Luis Enrique se fueron acomodando al partido paulatinamente y dominaron la pelota, pero sin crear peligro.

Los 'leones', espoleados por su público, siguieron ejerciendo esa presión espectacular y como buenos Reyes ofrecieron el primer regalo a sus allegados rojiblancos.

Iniesta, por mucho que cueste creerlo, fue el culpable en la facción azulgrana. Perdió un balón en su propio campo y el Athletic armó un contragolpe mortal.

Aduriz condujo, abrió para Raúl García y este puso un centro al segundo palo desde al línea de fondo. ¿Quién andaba por allí con la caña? El propio Aduriz para cabecear a gol y llevar la locura a las gradas.

Era la primera piedra de lo que se presumía como un costoso trabajo, pero cuando el roscón de los Reyes está de dulce, se puede esperar mucho más.

Otro robo dio lugar a un pase hacia Aduriz. Esta vez el delantero estaba escorado, pero soltó la espuela para asistir a un Williams que con un zapatazo batió a Ter Stegen.

Golazo en el minuto 27, el mismo en el que la grada homenajeó a Yeray que presenció en la grada el choque al estar recuperándose de un cáncer testicular.

Todo estaba encarillado pero pudo irse al garete por Aduriz. El ariete golpeó en el cuello a Umtiti en un córner. Fue una acción de roja que Fernández Borbalán no vio.

El Barcelona volvió al terreno de juego dispuesto a revertir la situación. El Athletic comenzó a sufrir el esfuerzo físico de la presión de la primera mitad y los azulgranas crearon peligro sin cesar.

No sería en una acción combinativa sino en un libre directo como el Barça recortaría distancias. Messi engañó a todos, incluido a Gorka Iraizoz, con un chut muy lejano en una posición más propicia para el centro.

Gorka corrigió su posición pero no lo suficiente. Tocó la pelota y su despejé se fue al larguero para botar dentro de la portería y volver a salir. Tras unos segundos de incertidumbre, Fernández Borbalán dio el gol. Esta vez sí acertó.

El camino se allanaba. El campo se inclinó completamente hacia la portería de Iraizoz, que tuvo que despejar un disparo desde la frontal de Neymar que tenía la escuadra en su punto de mira.

Valverde buscó la reacción en el banquillo. Muniain saltó al campo con la ovación de sus fieles, aunque poco pudo hacer.

Raúl García, que ya tenía una amarilla, pecó de agresividad sobre Neymar con una patada al talón que le costó la segunda y, por ello, la expulsión. Al Athletic le quedaban 15 minutos de sufrimiento.

Messi gozó de una ocasión en el punto de penalti pero se durmió justo antes de que el Athletic se quedase con nueve. Otra vez una falta sobre Neymar costaba una expulsión. Iturraspe enfilaba el túnel de vestuarios antes de tiempo.

Con dos filas de cuatro más Gorka Iraizoz, los jugadores del Athletic defendieron como auténticos leones. La 'MSN' más Alcácer lo intentaron de todas las maneras pero no fue posible.


El triunfo fue más agónico sabiendo que en el último minuto el Barça estrelló un balón en el palo. Todo que abierto para la vuelta. Llegar a cuartos de final estará caro.

viernes, 15 de abril de 2016

UNA LIGA DE FÚTBOL EN ESTADO PURO

Julio Candela

Jornada de marcapasos en la Europa League, con multitud de goles y choques agónicos en busca de las semifinales. El Liverpool remontó un partido imposible al Dortmund y ganó 4-3 sobre la bocina, en el mejor encuentro de esta edición del torneo, para alcanzar de forma heroica una siguiente ronda en la que estarán el Villarreal, que arrasó al Sparta Praga (2-4), el Shakhtar (ganó 4-0 al Braga) y el Sevilla, que necesitó los penaltis para acabar con el Athletic.

El fútbol se vistió de gala en Anfield para ofrecer un espectáculo digno de la élite europea. Liverpool y Dortmund se enfrentaron a cara de perro en un choque loco de los que crean afición y que finalmente se llevó el cuadro inglés en las postrimerías, después de voltear un marcador casi imposible de forma heroica.

Los hombres de Jürgen Klopp, auténtico artífice de este Liverpool incansable, no dejaron de creer en sí mismos y, casualidades de la vida, el técnico que brilló en el Dortmund se encargó de echar de la competición a su ex equipo de forma cruel. Y es que, después del 1-1 del choque de ida, todo estaba por decidir en tierras inglesas.

Los tantos del armenio Henrikh Mkhitaryan y de Pierre-Emerick Aubameyang en los diez primeros minutos del duelo, parecieron finiquitar los cuartos de final. Además, los lograron de forma contundente, sobre todo el segundo gol, un pelotazo a la escuadra del francés que hizo temblar la portería del Liverpool.

Todo se ponía más de cara para los alemanes cuando el marcador lucía un 1-3 en el minuto 57. Se movió gracias al 1-2, obra de Divock Origi, y al 1-3, de Marco Reus, que de nuevo hizo un golazo tras una jugada excepcional del Dortmund. En ese momento, todo parecía cerrado. Pero, entonces, apareció la épica para envolver de magia a Anfield.

Primero golpeó Coutinho y el público del Liverpool empezó a murmurar; a diez minutos del final, en el 80, apareció el francés Mamadou Sakho para hacer el 3-3 ante la locura de la hinchada inglesa; y, ya en el descuento, un cabezazo de Dejan Lovren, puso el 4-3 entre el éxtasis británico. El Liverpool, sigue vivo. A lo grande. Con Klopp en el banquillo.

El otro foco de la noche estaba puesto en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El Sevilla quería mantener su sueño de lograr su quinta Liga Europa de su historia. A priori, lo tenía más fácil que su rival, el Athletic, que perdió 1-2 en San Mamés y tenía que remontar la eliminatoria.

Por eso salió a por el partido y siempre fue un escalón por encima que su rival. Primero, avisó Aduriz en la primera parte con un remate al palo y después, el delantero del Athletic, ya en el segundo acto, hizo el primero de la noche con un remate desde fuera del área.

El francés Kevin Gameiro apareció instantes después para devolver una tranquilidad que el Sánchez Pizjuán perdió con el gol de Raúl García cuando el partido fallecía. La prórroga no aclaró nada y los penaltis encumbraron al portero David Soria, que detuvo un penalti al mejor del partido: Beñat Etxebarria. Su fallo, o el acierto de Soria, dejó con vida al Sevilla.

Mientras, en Praga, el delantero francés del Villarreal Cédric Bakambu del Villarreal volvió a arrasar en la Liga Europa y colaboró con un doblete en el paseo del Villarreal ante el Sparta Praga, que perdió 0-4 con una exhibición del cuadro castellonense.

Bakambu fue el primero en marcar en una noche loca de goles. El francés está en un estado de forma excepcional. Suma nueve dianas en el torneo y 22 goles en 44 partidos oficiales este curso. Sin duda, un auténtico acierto de fichaje para el equipo de Marcelino García Toral.

Su tanto inicial lo consiguió como él bien sabe hacer: pase de Manu Trigueros en profundidad, potencia y resolución perfecta para el 0-1 y el fin de la eliminatoria. Ese tanto mantuvo al Villarreal tranquilo y, justo antes del descanso, Samu Castillejo, con un zurdazo al borde del área, y David Lafata, en propia meta, hicieron un 0-3 que ya era definitivo.

El segundo acto sirvió para ver de nuevo a Bakambu en otro arranque de potencia con el que demostró tener su olfato goleador intacto. Aprovechó una asistencia de Denis Suárez e hizo el 0-4. Después, Borek Dockal y Ladislav Krejci maquillaron el marcador y el Villarreal volverá a optar a jugar una final europea después de las otras tres que disputó. La más dolorosa, aquella que perdió frente al Arsenal en el curso 2005/06 de la Liga de Campeones.

También sin sobresaltos alcanzó las semifinales el Shakhtar Donetsk ucraniano. Con medio trabajo hecho en Portugal, donde ganó 1-2 al Braga, volvió a ganar con solvencia con una goleada contundente en su estadio: 4-0.


El culpable de la victoria fue el atacante Viktor Kovalenko. El jugador del Shakhtar fue un incordio y provocó el penalti del primer gol obra del croata Darilo Srna, hizo el tercero y estuvo cerca de los errores de Ricardo Ferreira, que se marcó un par de goles en propia meta para jolgorio del público presente en el Arena Lviv. Las semifinales esperan al Shakhtar.

viernes, 8 de abril de 2016

REMONTADA GRANDE

José Antonio Moya

Abrió el marcador Aritz Aduriz, nada más iniciarse la segunda mitad, con un perfecto cabezazo a contrapié para David Soria, a un centro no menos primoroso de Iker Muniain desde la derecha.

Era el gol número 33 del Athletic esta temporada, el 31 con la camiseta del Athletic y el noveno en la UEFA Europa League, de la que es el máximo goleador.

Empató el Sevilla poco después con un tanto del francés Timotheé Kolodziejczak, tras un error en una cesión de Iker Muniain que aprovechó Ever Banega para dejarle el gol hecho al central francés; y completaron la remontada los de Unai Emery con una diana casi sin querer de Vicente Iborra tras un gran pase de Kevin Gameiro a la espalda de la defensa local.

Fue la de este jueves la primera victoria fuera de casa del conjunto hispalense en lo que va de temporada en todas las competiciones y la primera derrota del Athletic en esta edición de la Liga Europa, que empezó con dos previas antes de la Fase de Grupos.

Se notó en el arranque que ambos equipos tenían claro que la eliminatoria es de 180 minutos, ya que se tantearon durante los primeros minutos. Unos temerosos del juego aéreo de Aduriz y los otros de las contras de Gameiro.

Fue precisamente el delantero francés el que empezó a animar el choque con un remate alto a la media vuelta en el segundo palo, tras un córner raso de su equipo, en el minuto 10.

El Sevilla recibió el primer revés, ya Tremoulinas se lesionó pronto y tuvo que ser relevado en el minuto 12 por Fazio, con lo que Kolodziejczak pasó a lateral derecho.

Y lo caldeó Banega en el 22, con un fuerte disparo lejano que entre Herrerín y el palo evitaron que entrarse entre los tres palos.

Pero lo de más enjundia de la primera mitad ocurrió en el último cuarto de hora, que abrió Williams con un desmarque de ruptura de Williams, servido por De Marcos, que no terminó en gol porque se interpuso Soria en una buena intervención.

Parecida, pero mejor, fue la parada de Iago Herrerín tres minutos después ante un Vitolo que tenía mucho mejor ángulo que Williams para superar al portero.

Y, ya llegando al descanso, apareció Aduriz como seria amenaza para los visitantes con dos remates de cabeza en el primer palo. En el primero, a centro de Williams, se le interpuso Fazio para forzar un córner; y, en el segundo se le fue al palo un golpe franco de Beñat en el que se adelantó a su marcador.

Un disparo cruzado de De Marcos ya dentro del área que se fue a córner dio paso al descanso con todo por decidir y en el que la afición del Athletic se acordó por primera vez de Fernando Llorente. "¿Y Llorente, que?", coreó cierta parte de la grada, sin demasiado seguimiento del resto.

La segunda mitad empezó con un Athletic decidido a abrir el marcador y lo hizo rápido, el minuto 47. Con un gran cabezazo a contrapié de Aduriz a un centro desde la derecha no menos meritorio de Muniain.

Se creció el Athletic en los siguientes y el Sevilla lo pasó mal. Tanto que vio como un cabezazo de Etxeita pudo llegar el 2-0. Pero David Soria respondió a la confianza que le ha otorgado Emery con una excelente parada.

Se veía más un segundo gol local que el empate visitante cuando un grave error en una cesión de Muniain que permitió a Kolo equilibrar el electrónico. El pequeño extremo no le dio la fuerza que debía al balón para que llegase a Herrerín y se interpuso Banega para servir a Kolo, en el área por una jugada de estrategia anterior, para que el francés marcase casi a puerta vacía.

Se paró el partido ante el golpe recibido por el Athletic y lo positivo del resultado para el Sevilla, y la sucesión de cambios en ambos equipos.

Pero, cuando todo parecía quedar para el Sánchez Pizjuán, el Sevilla enlazó una contra a raíz de una pérdida local en ataque, Gameiro se fue deshaciéndose de rivales y encontró a Iborra por detrás de la defensa visitante para que el valenciano batiese, casi sin proponérselo, a Herrerín en su salida.


No dio más el partido, a pesar del empuje del Athletic para empatar y las ganas del Sevilla de cerrar con el 1-3 una eliminatoria que, en todo caso, tiene claramente decantada para vivir una nueva semifinal en su competición fetiche.

viernes, 11 de marzo de 2016

VILLARREAL Y ATHLETIC ENFILAN LOS CUARTOS DE LA LIGA EUROPA

Julio Candela

Cuatro equipos españoles continúan vivos en los octavos de final de la Europa League, pero solo tres podrán avanzar a los cuartos, ya que el Athletic y el Valencia se miden en esta ronda. Los rojiblancos han tomado ventaja en la ida como el Villarreal ante el Leverkusen. El Sevilla empató sin goles ante el Basilea y todo se resolverá en el Pizjuán. En el resto de eliminatorias destacan los triunfos del Liverpool y el Dortmund, dos de los candidatos al título.

Un solitario de Raúl García fue suficiente para que el Athletic doblegara a un Valencia en horas bajas, pero que ha logrado mantenere vivo en una eliminatoria que se decidirá en Mestalla con el público a su favor.

El equipo rojiblanco fue mejor en un estadio de San Mamés totalmente embarrado debido a las fuertes lluvias caídas en Bilbao en las horas previas al partido. El gol del Raúl García llegó a balón parado, una de las mejores opciones según estaba el terreno de juego. Beñat botó una falta al primer palo y el navarro cabeceó por encima de Ryan.

El Valencia apenas inquietó la portería de Iago Herrerín y pudo irse con dos goles en contra su Aduriz no llega a fallar un mano a mano cuando ya iban dos minutos de tiempo añadido.

Bakambu se ha convertido en el gran protaginonista de la noche en El Madrigal. El delantero congoleño anotó un doblete para que el Villarreal ganara por 2-0 al Bayern Leverkusen, uno de los cocos de la competición después de ser eliminado de la Champions.

La dupla Soldado-Bakambu en la delantera hizo diabluras con bastante inmediatez, errando el valenciano una clara ocasión, de la que se rehizo con una asistencia magistral para plantar a su compañero congoleño sólo ante Leno. Bakambu no perdonó.

Con la línea defensiva volcada también en ataque, Bakambu, todo potencia y velocidad, comandó un contraataque teledirigido hacia la portería alemana, definiendo entre las piernas del guardameta rival tras una jugada propia de un auténtico velocista.

El equipo de Marcelino está en un gran momento y tiene todo de cara para eliminar al equipo alemán tras dejar en la cuneta al Nápoles. Mucho mérito del 'submarino amarillo'.

El Sevilla no ha sido capaz de penetrar la férrea defensa del Basilea (0-0), en un duelo poco vistoso, en el que el poderío aéreo no fue suficiente para desequilibrar la eliminatoria. Los sevillanos se acogieron a las acciones a balón parado para generar peligro, buscando con insistencia a Coke y N'Zonzi, en un partido que parecía que se decidiría por mera cuestión de centímetros.

Los locales, a pesar de dejar la iniciativa al cuadro hispalense, no permitieron que los jugadores de Unai Emery jugaran con comodidad y tranquilidad, intentando devolverle las ocasiones al Sevilla con la misma moneda, tomando la cabeza del gigantón Janko como principal baza ofensiva.

El Sevilla, dueño y señor de la posesión, llevó el peso del partido, pero pecó de falta de ideas en una primera mitad espesa. Entre el cansancio y la frustración ante los continuos choques contra el muro suizo, el Sevilla perdió cierta presencia, lo que favoreció a una soltura rival hasta entonces inexistente. El resultado de esta situación fueron unos minutos finales en el que ambos conjuntos gozaron de oportunidades para romper la equidad en la eliminatoria, un gol que supondría un gran paso en la competición para los favorecidos y un duro mazazo para quien lo sufriera, sin apenas tiempo de reacción.

El fantasma sevillista fuera de casa les persiguió también en Europa, siendo incapaces de sobreponerse a una pésima racha como visitante, un rol en el que en Liga aún no han conseguido estrenar su casillero de victorias. El idilio entre el Sevilla y la Europa League dependerá de lo que dicte el Sánchez Pizjuán, que dictará sentencia después del trabado choque de la ida.

Resto de resultados en la ida de octavos de final

Borussia Dortmund 3-0 Tottenham

Shakhtar 3-1 Anderlecht

Fenerbahce 1-0 Braga

Liverpool 2-0 Manchester United


Sparta Praga 1-1 Lazio

martes, 18 de agosto de 2015

LOS LEONES SE COMEN AL BARÇA

Jordi Grimau

Treinta y un años después de su último título, el Athletic Club conquistó la segunda Supercopa de España de su historia al hacer valer en el Camp Nou el 4-0 de la ida, ante un Barcelona que nunca dio la impresión de poder remontar y que, al final, ni siquiera fue capaz de derrotarle en su estadio (1-1).

La solvencia táctica y el despliegue físico que el conjunto bilbaíno exhibió durante todo el choque resultó determinante, más incluso que la expulsión de Piqué, cuando todavía quedaban por disputarse 35 minutos de partido.

Quizá el signo de la final podría haber cambiado si, a los seis minutos, el larguero no hubiera escupido un remate del propio Piqué a la salida de un córner.

Esa fue la mejor ocasión del Barça hasta que, a falta de dos minutos para acabar la primera mitad, Rakitic colgó un balón al área, Luis Suárez lo bajó con el pecho para Messi y éste fusiló a Iraizoz para hacer el 1-0.

Entre una jugada y otra, el equipo de Luis Enrique fue el claro dominador del partido, con un Iniesta muy inspirado al mando de las operaciones.

Sin embargo, a los locales, arropados hoy por un Camp Nou enrarecido y repleto de turistas, les faltó pegada y precisión en los metros finales. Luis Suárez y Pedro, ansiosos por resolver al espacio, incurrían constantemente en fueras de juego y Messi parecía incapaz de librarse de la jaula de oro diseñada esta noche por Ernesto Valverde.

Porque donde no llegaba Balenciaga, lo hacían Susaeta o Beñat, siempre dispuestos a ayudar a su compañero para que el astro argentino, hoy muy gris, no encontrar espacios donde combinar.

El Athletic, muy bien colocado sobre el terreno de juego desde el pitido inicial, con la defensa adelantada y las líneas muy juntas, presionaba solidario a su rival, muy arriba, como en la ida de San Mamés, y tuvo siempre el partido bajo control.

Esta vez no encontró, no obstante, tantas facilidades en la zaga azulgrana, por más que intentaba buscar la espalda de los centrales para que Aduriz cazara alguna balón que dejara sentenciada la final.

Eraso tuvo la única ocasión visitante en toda la primera mitad, y ésta vino propiciada de una incomprensible perdida de balón de Pedro en el minuto 38. El centrocampista del Athletic se quedó solo frente a Bravo y disparó contra el exterior de la red en lugar de ceder el esférico a Adúriz para que el '9' rojiblanco marcara a placer.

Luego llegaría el gol de Messi y una tangana entre el portero del Athletic, Rakitic y Pedro, quienes intentaban recoger rápido la pelota del fondo de la red para ir a buscar el segundo.

Velasco Carballo optó por no alargar más el primer acto y señaló el camino a los vestuarios. Pero la tensión entre ambos equipos fue en aumento tras la reanudación.

Salió el Barça dispuesto a arriesgar más y el Athletic lo intentó aprovechar. Susaeta golpeó flojo a las manos de Bravo tras un pase de Aduriz y el propio Aduriz chutó a los pies del meta chileno en la jugada siguiente.

Piqué, encendido, se fue a recriminar al asistente que no señalara fuera de juego del punta visitante en esa jugada, y Velasco Carballo expulsó al central azulgrana.

Quedaban 35 minutos de partido por disputarse y el Barcelona se queda con diez. Pero fue entonces cuando los locales, con la final prácticamente perdida se dejaron ir.

Pedro, Rakitic y Suárez tuvieron tres ocasiones casi consecutivas, pero la pelota no entró. Y el Athletic volvió a rehacerse para no sufrir más en la recta final del partido.

Luis Enrique sacó a los jóvenes Sandro y Munir por Pedro y Rakitic, en una acción desesperada, pero a falta de un cuarto de hora para el final, Aduriz, el hombre de la final, enterraría definitivamente al Barça.

Un balón colgado sin ningún peligro desde el centro del campo rojiblanco acabó con un mal rechace de Mathieu y Aduriz necesitó dos intentos para batir a Bravo. El enésimo error individual de los jugadores del Barcelona en la final resumía a la perfección lo que ha sido para ellos esta Supercopa.

sábado, 15 de agosto de 2015

GOLEADA ESCANDALOSA

Jordi Grimau

Mikel San José, con un impresionante golazo desde el medio campo que abrió el marcador, y Aritz Aduriz, con un 'triplete' para la historia del equipo vasco, han liderado una noche de ensueño del Athletic Club ante el FC Barcelona, un choque que ha terminado 4-0 y ha dejado más que encauzada la Supercopa de España para el conjunto rojiblanco de cara a la vuelta.

San José marcó desde casi 50 metros, desde el círculo central, en los minutos de dudas de Ter Stegen en la primera mitad y Aduriz apuntilló al Barcelona con tres goles de todos los estilos, con uno de sus estratosféricos cabezazos, oportunista en el área grande y de penalti. Todos ellos con Dani Alves como desgraciado protagonista. Los errores del lateral brasileño no hicieron sino penalizar el mal partido del plan 'b' de Luis Enrique de la delantera hacia atrás y hacer casi imposible el que hubiese sido el quinto título del ansiado sextuplete blaugrana.

El Athletic se ha redimido así de sus numerosas decepciones en finales de los últimos años, la mayoría de las veces además ante el Barcelona, y que se ve con la posibilidad de sumar su primer título en 31 años. Curiosamente, el último también fue una Supercopa, la primera que obtuvo. La que sumó sin jugar en su condición de campeón de Liga y Copa. Curiosamente, también, lo que es ahora el Barcelona.

Arrancó el partido con una posesión eterna del Barcelona, diez primeros minutos en los que el Athletic no hizo sino correr tras el esféricos y unos jugadores visitantes que, no obstante, no lograban profundizar. Se diría que el los de cules pretendían domar el ímpetu en la salida al campo de los leones. Ya así fue durante un rato. Hasta que los locales consiguieron merodear con peligro la primera vez la meta de Ter Stegen.

Sería precisamente el meta alemán quien con sus fallos en una suerte que domina como pocos, el juego con balón, el que diera aire al Athletic con su primer error de calado. Un mal despeje que acabó con un disparo de Eraso al lateral de la red, ajustado al palo, que él mismo despejó a córner. Agobios para los cuatribarrados en el primer saque de esquina y apuros también en el segundo. Se instalaron las dudas entre los de Luis Enrique a la hora de sacar el balón desde atrás, cada vez más agobiados por una presión rojiblanca cada vez más ajustada e intensa.

Dudas sobre todo en la cabeza de Ter Stegen, que despejó ya fuera del área de una manera un tanto ingenua, hacia el centro y a la zona más poblada del campo, el círculo central. Allí, donde lo único que suelen darse es disputas y más disputas, San José se relamía con el bombón que le caía a los pies y, raudo pero con la pausa precisa, mostró el buen golpeo de balón del que dispone. El disparo, perfecto, buscó la escuadra derecha de la meta de un Ter Stegen que pronto vio que no llegaba al despeje. Un golazo de los de deleitarse con él viéndolo muchas veces.

Un codazo de Suárez a Balenziaga en una disputa ya fuera del campo aunque con el balón por medio dio paso a unos minutos de afirmación local y cierta sorpresa visitante, con dos contras desaprovechadas por Susaeta y Sabin. Pero Pedro, este viernes titular, se quería reivindicar y le buscó las cosquillas a la defensa local en las dos jugadas más peligrosas de su equipo en jugada. En la primera, ya en el minuto 27, le apuró Iraizoz y su centro a la zona de máximo peligro lo despejó San José a córner; y en la segunda Beñat tuvo que cortar su colada irremediable hacia un mano a mano con el meta local.

Consecuencia de ello, la primera y única aparición de Messi antes del descanso. A balón parado. El astro argentino quiso emular su excelsa tarde de Tiflis en la estrategia y buscó la escuadra derecha de Iraizoz, que respondió con un paradón enorme. Despejó a córner el navarro, pero ni se sacó porque González González mandó a todos por primera vez a los vestuarios.

Salió espoleado el Barça en la segunda mitad y lamió el 1-1 en dos grandes oportunidades. La primera, tras un despeje defectuoso de Laporte, Pedro la estrelló en el larguero; y en la segunda, Messi, que recibió de Suárez, se encontró por segunda vez con Iraizoz.

Cuando todo se encaminaba a que se restableciese la igualada inicial, entre el canterano Sabin y Aduriz se fabricaron el 2-0, otro golazo, y el Barça, en una noche especialmente aciaga para Alves, protagonista negativo en los tres goles que significaron el increíble desplome de su equipo. Al lateral brasileño se le fue Sabin por la banda y por la banda y la línea de fondo para que Aduriz mostrase una vez más su vocación de piloto de helicóptero con un cabezazo en las alturas por encima de Mascherano.

De un más despeje de Alves a un centro desde la derecha de Susaeta llegó el 3-0. La anduvo suelta un rato por el área hasta que le cayó a Aduriz, que la mandó de nuevo a la red. Como hizo también con el penalti de la frustración que cometió, casi irresponsablemente, Alves en un córner.

Fueron quince minutos de ensueño para un Athletic que llegó a este partido falto de gol, pero con Aduriz, que en esa máxima expresión del fútbol es una garantía. Y un seguro para un choque de vuelta al que arribarán los de Valverde después de vivir, por una vez, una noche mágica ante el Barcelona. Que parecía imposible.

lunes, 1 de junio de 2015

LA PITADA DE LA VERGÜENZA


Desde que se supo el escenario de la final de Copa del Rey entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, los pitos al himno de España eran algo más que sabidos

Antonio Blanca

Que el pasado sábado la Marcha Real española iba a ser pitada en el Camp Nou lo sabía hasta el más ingenuo de los niños de una guardería de hasta tres años. Pasó en 2009 en Valencia y en 2012 en Madrid (Vicente Calderón), ¿cómo no iba a ocurrir en Barcelona, cuándo desde marzo se había instaurado un ambiente propicio para ellos? Las dos primeras fueron en presencia de don Juan Carlos I, la del sábado de don Felipe VI. ¿Está en el sueldo del jefe del Estado, que representa a todos los españoles (también a los que no quieren serlo, de momento) aguantar que se ofenda a todos y los que sentimos como propio uno de nuestro símbolos? Me aventuro a decir que no. Pero claro, don Felipe tiene más educación que todos los “chifladores” del sábado juntos sentido común. Me temo también que no será la última vez que se pite el himno cuando se junten equipos de tales ideologías más que nacionalistas independentistas, anti españolas.

En 2012 la Audiencia Nacional dijo que silbar el himno no se incardina en el artículo 543.2 del Código Penal, el cual no reproduciré para no convertir el tema en un monográfico jurídico. Claro que por encima de todo debe residir la libertad de expresión del individuo, pero ¿hasta qué punto? Tu libertad llega hasta donde empieza la mía. Porque si alguien lanza silbidos, soflamas u ofensas contra los símbolos de otro, si ese otro responde de la misma manera, ha de estar amparado del mismo modo por dicha libertad de expresión, ¿no?

Este uso maniqueo y torticero de la libertad de expresión, busca su justificación en no poder decir nada a quienes pitan el himno, y de paso ofenden al resto de habitantes de un país que lo sienten como propio. Quizá reclamar independencia durante los noventa minutos de la final, gritar Visca Cataluña o reivindicar lo suyo sin mancillar lo de los demás sí sea libertad de expresión, como desear que Madrid o Atlético o Sevilla pierdan sus partidos por ser representantes de España, así como la selección de fútbol o Rafa Nadal.

Este uso de libertad de expresión lo han venido defendiendo el Barcelona (sí, ese equipo imputado por fraude fiscal y cuya estrella es un avezado futbolista así como evasor de impuestos), el Athletic de Bilbao, la Real Federación Española de Fútbol, los gobiernos autonómicos de Cataluña y País Vasco, así como representantes de ambas sociedades.

No se trata de buscar razones, es una trampa. Al final se trata de la demostrada incapacidad que tenemos los españoles (y los que no quieren serlo) para respetar lo que significan los símbolos, algo tan intangible y a la vez tan importante como eso, los símbolos y lo que representan. Ya sea la Marcha Real, Els Segaors o la Marsellesa.

Aquí, que hicimos presidente a un hombre cuya primera decisión que se le recuerda en materia internacional fue permanecer sentado al paso de una bandera, se puede repetir que España es un país de pandereta y llegar a creérselo incluso. Pero cuidado con que alguien diga algo de nuestro aceite de oliva, nuestro vino o la Virgen de nuestro pueblo. Y más aún si ese alguien viene de fuera. Incoherencias sólo a la altura de prohibir los toros en Cataluña, pero cuidadito con tocar los corre bous. En este escenario tan típicamente nuestro, la sonora pitada del Camp Nou no aporta muchas cosas nuevas a un país acostumbrado a valorarse poco a sí mismo. Incluso puestos a escandalizarse, escandaliza más que se silbe un minuto de silencio por un asesinado de ETA como pasó en San Mamés tras la muerte de su paisano Isaías Carrasco (2008).

De nada sirve tratar de convencer a quienes silbaron el sábado que sientan como propio ese himno. Ni siquiera es necesario, de hecho. Aquí sólo se está hablando de educación y respeto. De nada sirve tampoco tratar de explicar que ese “chunda chunda” representa mucho más que a un rey o a unos políticos más o menos honrados. Que junto a la bandera o la Constitución representa un Estado de Derecho y unas leyes, cosa no menor en algunos puntos de España como el País Vasco hace no mucho tiempo. Ni siquiera daría resultado apelar entre los silbadores a esa reacción tan humana como es la de ponerse en el lugar del débil, que evidentemente en este caso fue Felipe VI. En la más absoluta soledad aguantó estoicamente el insulto nada espontáneo de decenas de miles de personas mientras a su derecha un Artur Mas de sonrisa giocondina parecía aguantar las ganas de blandir con sus propias manos al monarca y ofrecerlo a la enfervorecida masa oprimida. El gesto de satisfacción de Mas viene a poner de manifiesto un odio a España que su discurso oficial siempre ha tratado de disimular entre promesas de buena vecindad al final de su natural y supuestamente nada revanchista proceso de independencia. O de Aduriz, del que espero ya nunca más sea convocado por España, al sonreír durante la pitada al himno.

Un sentimiento que debería mostrar congruencia y tanto Barça como Athletic no deberían participar ni en la Copa del Rey de España ni en la Liga Española, pues no se entiende que a tanta repulsa se participe.

domingo, 31 de mayo de 2015

CON LA COPA CAMINO AL TRIPLETE

Jordi Grimau

La pugna por el trofeo, el tramo final y último peldaño del recorrido que arrancó en septiembre, trajo a la escena principal el clásico copero. El Barça-Athletic de este sábado ofrecía varias incógnitas relativas a la altura de calendario, relevancia otorgada a este envite e, incluso, ese pliegue folclórico transformado en costumbre que sobreviene cuando el himno nacional resuena. Este último apartado resultó el primer punto en resolverse: los 10.000 silbatos repartidos por organizaciones independentistas cultivó la reproducción de los episodios registrados en 2009 y 2012. En lo relativo a las otras dos variables a despejar, quedarían los 90 minutos como pentagrama interpretativo. La presunta divergencia en motivación del Barça con la final de Champions a una semana y el cansancio de ambas plantillas, a análisis.

Ernesto Valverde no dudó en implementar la versión que ha confluido en el tramo final sobresaliente del bloque vasco. La inercia energética y purificación del estilo anatómico de robo, salida y juego áereo debía desplegarse ante el juego de posesión y líneas de pase verticales del coloso a enfrentar. De este modo, los leones apostaron por solidificar su cohesión entre líneas y capacidad de amenaza en transición. San José acompañaba a la creatividad de Beñat -lanzador privilegiado de contras recuperado para la causa- con Iraola más empeñado en el tapón defensivo que Mikel Rico, en los extremos. Aduriz y la movilidad de Williams coronaban el sistema de esfuerzo y espera astuta. Tan sólo la inclusión de Bustinza en el lateral izquierdo desentonaba de la armonía usual. Herrerín debía apoyar la labor de repliegue de la red de solidaridad expuesta por el técnico extremeño.

Luis Enrique, por su parte, mostró coherencia con su mensaje previo: "yo no preparo dos finales, preparo una". Es decir, no se dibujaba hueco para la especulación. Así lo refrendó desde su apuesta inicial. El refrescante campeón de Liga asaltaría su doblete con la estructura, remaches y nombres prototípicos del ascenso a la leyenda que está rematando el Barcelona en este epílogo del primer año de la era del preparador asturiano. Messi, Neymar y Suárez volvían a formar el tridente asociativo, desequilibrante y venenoso que ha catapultado la candidatura blaugrana. Por detrás, Rakitic e Iniesta se repartirían labores de repliegue y alimentación de la fluidez, con Busquets como ancla equilibradora de la ambición ofensiva de Alba y Alves. Piqué-Mascherano recuperaba su categoría de preeminente con Ter Stegen, en fase de despegue, bajo palos. La esencia significaba la relevancia del rendimiento propio por encima de cualquier variante ajena. Si la pelota circulaba con ardor, la verticalidad de los extremos del tridente permanecían tan afilados como de costumbre y la implicación tras pérdida seguía rebosante, no se esbozaba problema en el horizonte para alzar la Copa.

Pero empezó el Athletic reclamando la palabra en la conversación. Los vizcaínos igualaron la trascendencia de la calidad del oponente con la intensidad y valentía en la presión. La pelota no circulaba con la claridad prototípica de los culés gracias a la capacidad táctica de un Bilbao mejor plantando que el bloque local. Además, las contras generadas a través del robo o imprecisión rival disparaban a un Mikel Rico destinado a llegar al balcón del área, con Aduriz y Williams como diana de los balones aéreos, una de las facetas en las que los visitante podían morder al Barça. La pulsión competitiva jugaba una mala pasada al favorito, que, antes de descubrirse disputando el duelo ya había suspirado por un error de Stegen en la salida de pelota producto del despliegue estratégico bilbaino.

Se quemaron los primeros diez minutos con un desenlace que susurraba el verdadero escenario de la confrontación: Messi, con el espacio vital trompicado por la ayudas en banda, se deshacía de sus marcadores encontrando en el segundo poste la volea de terciopelo de Neymar. Todo un golazo en el nueve de juego anulado por un presunto fuera de juego del carioca. Parecería que este fogonazo desperezaba a la fiera argentina al tiempo que sus compañeros de centro del campo empezaban a descifrar los caminos para asociarse con mayor naturalidad. Acto y seguido Suárez prosiguió la pintura marrando un mano a mano ante la salida de Herrerín y tras el fino pase filtrado por Rakitic.


El cuero y su circulación se tenían de azulgrana para provocar la cesión de metros y encierro del Athletic, mutilado de la opción de representar amenaza a la contra. Esta tesitura, profundizada por la posición, pegada a la cal de Messi y Neymar, anunciaba la disolución por acoso de la red de seguridad vasca. Gana en confianza el club catalán, elevando los decibelios de la intensidad, mientras el 10 leía su contexto en el mar de ayudas rivales que trataban de anestesiar su clase.

Sin embargo, en el 19 se desató el enésimo intervalo exquisito de talento individual. Un ejercicio de sublimación solitaria que provocaba la explosión colectiva que estiraría su onda hasta el intermedio. Recibió Messi la pelota en la banda derecha de la medular. Perseguido por Rico, Beñat y Balenziaga, eficaces ejecutores del movimiento ideado por Valverde, encuentra pasillos en su conducción frenética para acceder al pico del área. En este punto del slalom frenó para volver a acelerar y sacar de eje a Laporte. El resto de esta pincelada excelsa fue un latigazo a la cepa del primer palo. Una expresión soberbia del liderazgo del argentino en este y cualquier partido del Barcelona.

Con la lata abierta de par en par y los niveles de seguridad en valores antagónicos, se desató el huracán blaugrana: Messi robó en la salida de Balenziaga, detectó el desmarque de Suárez, que centró al punto de penalti con la zaga vasca descolocada pero Herrerin tapó el remate de Neymar in extremis -minuto 25-; despejó también el remate de Piqué en falta lateral -minuto 26-; Neymar controló con seda un envío de Alves para encontrar el lateral de la red con su disparo -minuto 27-; y Suárez no remató por poco un centro de Alba tras el cambio de juego sobresaliente de Messi -minuto 30-.

Herrerín había salvado a los suyos, que despertaron del shock, o lo intentaron, adelantando líneas para tratar de volver a incomodar el dulzor de la exhibición catalana. No hubo resultado. Rakitic trazó una combinación en la frontal con Messi con la defensa vizcaína desordenada. El croata encontró a Suárez que, de nuevo, buscó a Neymar en el segundo palo. En esta ocasión no llegó Herrerín y el 2-0 se alzó, a placer, en el marcador del coliseo barcelonés. Un gol que superó el récord del tridente madridista Ronaldo-Higuaín-Benzema (118 goles) en favor de los puntas barceloneses. Se culminaba otro ascenso en la exigencia de la excelencia combinativa blaugrana en el 36.

Tardó en reaccionar a este nuevo golpe el Athletic y el Barça rebajó revoluciones. Descendió tanto la tensión de los pupilos de Lucho que de un fallo de concentración pudo nacer el regreso competitivo de los visitantes. Alba firmó una peligrosa pérdida por indolencia en la salida de pelota. Robó San José, que puso en vuelo la carrera de Williams. El joven punta encañonó una volea que se estrelló en el larguero en el 40. La mejor y única opción clara rojiblanca.

Hubo tiempo antes del decreto del descanso para que Herrerín volara para sacar la falta directa ajustada al travesaño botada desde media distancia por Messi y para comprobar en la práctica el lamento y desorientación vascas. Valverde confesaba en voz alta "no sale nada, nada" y Balenziaga acabó efectuando un añejo marcaje al hombre al argentino en toda la cancha. Todo un homenaje al cariz clásico de este partido y una muestra de desconcierto y entrega a la superioridad del 10 que había roto el duelo. Los datos remarcaban el amplio dominio emocional y estadístico barcelonés: la posesión se repartía en relación de 76 a 24 por ciento y los intentos entre palos reflejaban un siete a dos.

Buscó la reacción desde el prisma de la gallardía el txingurri. El segundo acto abrió fuego sin oportunidades de remate entre los tres palos pero con el envite más equilibrado. El Bilbao se entregaba a la valentía en busca de la remontada, robando metros y comodidad terrenal al Barça, atreviéndose a eludir el encierro a través del fisico y la salida. Subía líneas e intensidad pero tan sólo cosechó saques de esquina inocuos. Parecía aprovechar el descenso de concentración catalana, pero los locales apostaban entonces por guardar la pelota y congelar el tempo de partido para sentenciar la final, en primer término y guardar fuerzas, en última instancia.

Se disparaba la competencia hacia su epílogo con los pupilos de Luis Enrique cómodos en el achique para explotar a la contra. La primitiva combinación bilbaína no inquietaba. Empezó a abrir el capítulo de rotaciones el técnico asturiano sacando de escena a Iniesta para dar entrada a Xavi. Las molestias del manchego aceleraron el proceso. Susaeta entraba por Iraola -último partido con el Athletic- para apostar por la velocidad ofensiva del extremo en lugar del lateral convertido en carrilero. Valverde todavía creía en la oquedad que abriría marcar y apretar el marcador. Sólo una acción individual de Neymar culminada lejos de la meta de Herrerín figuraba en el balance hasta el 70 de partido.

Tres minutos más tarde emergió un Messi con freno de mano en el segundo acto para sentenciar el duelo. Un fallo de concentración de la zaga vasca allanó el terreno para un Alves que desbordó y centró para que el argentino rematara en el primer poste sin oposición. El ritmo de juego permanecía controlado por el Barça que redondeaba su doblete con calma y brillo repartidos por ambos tiempos.

Hasta el pitido final se desarrolló el carrusel de cambios -Mathieu por Alba, Pedro por Suárez, Ibai por un intrascendente Beñat e Iturraspe por Mikel Rico- y el astuto remate con peinada de un centro lateral de Williams, que firmó el 3-1 en el 79, abrió espacio para la demostración de actitud vasca en el tramo final. Ibai y San José mandaron a las nubes sendos balones sueltos en la frontal en pleno arreón vasco. Una muestra de orgullo postrero sin resultado pero aliñado de valía competitiva reconocible en la sangre que brota de este club. Y Xavi puso el punto y final elegante con una falta frontal que rozó la red en su legendaria despedida del coliseo condal antes de que se ensuciara un partido de guante blanco por el estilo relamido en dribbling de Neymar y la reacción rival en ese momento y resultado.

Vigésimo séptima Copa del Rey para un Barcelona que presenta una dirección encendida hacia la final de Berlín. La calidad salpicada de compromiso se impuso para cerrar el duelo en 36 minutos para paladares exquisitos. Nada pudo hacer el bloque vasco, impotente, como en sus dos últimas contiendas ante el gigante catalán. La batalla continental espera en el mejor punto de cocción física y emotiva de la temporada.

jueves, 2 de octubre de 2014

UN ATLETI QUE PUEDE


El Atlético y Real Madrid enmendaron el miércoles ganando sus respectivos partidos la mala imagen dada por Barcelona y Athletic el martes en Champions League

Antonio Blanca

El miércoles fue mejor que el martes, a priori y mirando resultados, porque ateniéndonos al desarrollo sobre el césped, solo el Atlético de Simeone se salvó de la quema. Los otros tres representantes de la BBVA en la Liga de Campeones rayaron el esperpento en algún caso y la desidia más apática en otra. En ambos casos, Barça y Madrid respectivamente, la soberbia del que se piensa superior o que de verdad lo es, se esfuma en el tú a tú del partido, en el momento de la verdad los números y la teoría de nada valen en un deporte si tu actitud te hace acreedor de una mala aptitud. En el caso del Real Madrid por su rival es más comprensible que en el de los pupilos de Luis Enrique, que en París fueron superados por todos los flancos por su rival. El Athletic no le toma el pulso a la “orejona” y si la tercera semana del décimo mes del año, no lo arregla, la Champions empezará a darle las gracias y hasta otra.

En el Parque de los Príncipes solo Neymar y Messi a ráfagas mantuvieron el nivel para que el Barcelona perdiera el primer partido de la temporada y encajara sus primeros goles. 3-2 venció el PSG que sacó no solo las vergüenzas de la defensa, también puso en un brete el entramado defensivo del mediocampo, Rakitic estuvo buscándose y aún sigue, y Ter Stegen, el portero que en dos de los tres tantos pudo hacer muchísimo más. Fue un partido bonito, más de ida que de vuelta, el Barcelona siempre a remolque, sin esperarse tal intensidad por parte de los de Blanc, que no contaron con Zlatan Ibrahimovic pero que no les hizo falta. Partido clave que puede hacerse muy malo en el Camp Nou si el Barça no vence y supera en goles, ya que no es lo mismo estar en el primer bombo que en el segundo en los octavos de final. Revolcón inesperado que hará que Luis Enrique analice muy mucho su táctica defensiva.

El BATE Borisov le dejó claro al Athletic que en Europa de nada vale ir de favorito y que se nota cuando juegas de local o de visitante. Bielorrusia fue un infierno para los de Valverde que querían usar la Copa de Europa como balsámico para un desastroso comienzo liguero. El Bilbao estuvo mal en ataque, mal creando y muy mal defendiendo, en los tres casos cerca de la calamidad. Es difícil encontrar explicación palpable a un equipo que maravilló en la previa de esta competición frente al Nápoles y que mes y medio después se desinfla con la facilidad de un globo sin anudar. Hay margen para la reacción, Valverde gran entrenador es capaz de ello y su plantilla también.

El Madrid visitó Bulgaria, aunque por lo visto era para hacer turismo y no para jugar un partido de fútbol. Gran imagen la mostrada por el Ludogorets que puso en bastantes momentos en dificultades de los de Ancelotti que estrenaban camiseta, la negra del dragón pero que poco garra pusieron, si acaso “Isco”, el mejor del Madrid anoche y Ronaldo que sigue con esa voracidad de killer y que ya tiene los mismo goles que Raúl González Blanco en Copa de Europa. El portugués autor de un gol de penalti, marró antes otro. Ambos lanzamientos para empatar a uno, porque anteriormente casi al inicio del choque otra vez a balón parado (el Real lleva en mes y pico de competición los mismos goles encajados en esta suerte que en toda la pasada temporada), la defensa falló cual efecto dominó y Marcelinho adelantó al Ludogorets. Otro fallo de concentración, otro lapsus que manifiesta una soberana falta de concentración de todos absolutamente todos. El Madrid con gol de Benzema certificó la remontada, 1-2, tres puntos y a otra cosa. Casi sin motivación, el caso más flagrante el de Bale, el galés está en un momento delicado, los dragones se impusieron, suman cinco victorias consecutivas pero siguen sin saber a qué jugar.

Gran partido en el Vicente Calderón. 1-0 venció el Atlético de Madrid que aprovechó la ayuda del Malmöe sueco que ganó a Olympiakos para poner el grupo A apretadísimo. Los cuatro equipos con tres puntos. Ganó el equipo de Simeone a la Juventus de Turín con gol de Arda Turan. Venció por coraje, por orden, por ganas, por fútbol. El Atleti fue mejor en la segunda mitad, en la primera primó la igualdad. La Juventus de Allegri se daba por contenta con un punto, el Atlético no, que no cejó en su empeño hasta lograr ese gol que le hacía valedor de los tres puntos y que le devolvía toda la vida para afrontar el resto de la liguilla. Los rojiblancos encuentran sensaciones y lo más importante victorias. Paso a paso las cosas vuelven a parecerse a la pasada campaña.