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miércoles, 7 de marzo de 2018

NAPOLEÓN MADRID

Julio Candela


PSG y Real Madrid desarrollaron este martes una pugna con sabor a vértigo. Los primeros interpretarían una eliminación prematura, en los octavos de final de la Liga de Campeones, como un fracaso absoluto después de la inversión realizada, sobre todo este verano; y los segundos no querían conocer cómo resulta de erosivo transitar hasta junio sin más ambición que cerrar una plaza entre los cuatro primeros de la Liga. Después de haber concatenado dos Copas de Europa, un torneo liguero y las Supercopas (de España y de Europa) y los Mundiales de Clubes correspondientes. Por tanto, la presión que afligía al aspirante a aristócrata y al vigente campeón era notable y se dejó sentir en la apertura de este tenso segundo capítulo del cruce.

El Parque de los Príncipes asistiría a un nuevo salto de página de Zidane. El técnico merengue decidió no arriesgar el físico de Modric y Kroos. Además, apostó por ganar en consistencia y seguridad defensiva, entregándose al repliegue y al contragolpe. Dejó en la banca a Isco y Bale y acompañó a Casemiro con Kovacic, Asensio y Lucas Vázquez. Le saldría redondo el planteamiento hasta el descanso, pues el once de Emery (Di María, Cavani y Mbappé como tridente, Rabiot, Verratti y Motta en la medular) no superaría el reto que le fue entregado, llevar la iniciativa, controlar la posesión y traducir ese dominio del cuero en peligro sobre la meta de Navas.

El bloque en ventaja empezaría alternando presiones elevadas con achiques intensos en cancha propia e iría virando, al comprobar que la salida de los parisinos no fue tan fulgurante como se esperaba, hacia el modelo de la espera contemplativa, pero concentrada, y la pesca de una transición provechosa. Sin riesgos. Las ayudas de la delantera a Kovacic y Casemiro (doble pivote del 4-4-2) y las de Asensio y Lucas Vázquez a Marcelo y Carvajal taponaron los intentos de jugar entre líneas o de ganar superioridades en banda del sistema local. Le exigían los visitantes velocidad combinativa a los representantes de la Ciudad de la Luz, que no detectaban las rutas de acceso al meta 'tico'. No obstante, el fluctuar de Di María y Mbappé hacia el interior, en la zona de la mediapunta, no alcanzaría a herir la cohesión lineal bien implementada por el defensor del título.

No obstante, la jurisdicción del peligro, de la escueta producción de llegadas, pertenecería al vuelo madridista. Areola sería el primero en estrenar los guantes. Lo hizo en el minuto 10, al atrapar un centro de Asensio que desvió Dani Alves. Y el que fuera guardamenta del Villarreal vería cómo un envío en profundidad del balear sería culminado por Benzema con un zurdazo que se fue a córner. Éste era el primer aviso del poder del contragolpe visitante -minuto 16-. Ramos remataría el saque de esquina consiguiente para que Areola salvara a los suyos, en la oportunidad más nítida del atenazado primer acto. Lucas Vázquez conduciría otro relámpago, en pared con Ronaldo, para que Karim volviese a provocar un córner.

Una falta lanzada desde 30 metros y a la barrera por Di María (minuto 26( representaría la primera jugada atacante culminada por un equipo que no mutaba su horizontalidad combinativa en verticalidad. Sólo las imprecisiones españolas alimentaban su convicción. De hecho, de una de ellas nació el centro-chut de Mbappé. Como respuesta, el Madrid evidenciaría la ruptura del dibujo de Emery tras pérdida o si su presión no era del todo coordinada, Marcelo imaginó y ejecutó un pase parabólico, y desde la cueva, que dejó a Benzema en un mano a mano angulado que solventó Areola (el mejor de su vestuario). Carvajal finalizaría la superioridad madrileña en chuts con una volea sin la dirección justa.

Pero antes y después del intermedio desataría algo más sus exigencias tácticas el preparador vasco. La prioridad de no recibir un gol a domicilio que sentenciara su anhelo encontró en ese intervalo una ventana para arriesgar. En consecuencia, el PSG amortizaría el cansancio mental de un gigante esforzado sólo en defender e inquietaría a Navas, por vez primera, con seriedad. En el 42, Verratti ganó un balón dividido (parámetro en el que gobernó el Madrid) y abrió para que Di María centrara con veneno. Keylor se anticiparía Cavani; en el 43, Asensió no cumplió en su cobertura, Alves se disparó y filtró hacia el desmarque y chut de Mbappè que Navas diluyó; y en el 47, en la reanudación, Motta mandó a las nubes un rechace.

Había vuelto al césped el conjunto francés con más intensidad y vehemencia. Se jugaba en la frontal del área española. Éste se asemejaba al momento estudiado por los locales para entrar en ebullición y tratar de sacar de eje a la entidad visitante. Pero lo que acontecería sería que los ultras parisinos pararían el ritmo al encender bengalas en su fondo. Acto seguido, la pegada merengue recalcaría su renacido magnetismo, Asensio recibió en la izquierda, con Benzema como aliado, y puso un pase genial vertical que fijó a Lucas Vázquez sobre la línea de fondo. El gallego lanzaría un centro hacia el segundo poste que Ronaldo embocó a las mallas en el minuto 50.

La diana del luso atragantó lo pretendido por los locales. Antes ya habían concedido un testarazo del Balón de Oro que lamió la madera y les costó salir del 'shock' ante la multiplicación de la montaña a escalar. A partir de ese punto de inflexión se desplegaría un ajedrez en el que los de Chamartín querrían más posesión para redondear la maniobra de anestesia, sin descartar, ni mucho menos, horadar a la contra a una táctica cada vez más abrasada. Verratti retrataría la fragilidad mental de su escuadrón ganándose la roja (segunda amarilla, por protestar). Con espacios, no perdonarían los que gestionaban el 0-1 con placidez.

Emery se la jugó, como no podía ser de otro modo, y sentó a Motta para incluir a Pastore. Se quedó sin mediocentros defensivos y cosechó el empate al engatillar a la red Cavani un balón suelto, a la salida de un saque de esquina embarullado. Ese tanto y otro centro punzante de Yuri que Navas atajó asomaban como el abrazo a la épica por parte del PSG. Nada más lejos. El desenlace conllevaría un dulce decantar para un Madrid que chutaría dos veces al poste (una de Asensio y otra de Lucas Vázquez). Y en el 80, Casemiro daría carpetazo a la primera victoria de su equipo en el feudo parisino. Lo hizo con un derechazo que se coló, manso, en la meta de Areola tras tocar en Marquinhos.

El portero local reforzaría su condición de líder en el rendimiento de su trinchera, abortando intentos de Ronaldo, Benzema, Lucas Vázquez y Bale. Kroos, el galés e Isco darían descanso a Kovacic, Benzema y a Asensio al tiempo que Draxler y Lass también comparecerían en la debacle gala. Mbappé, sustituido, pasó indavertido por mor de la solidaridad en fase defensiva de los merengues. 

En definitiva, pesó más la ausencia de Neymar que la de Modric y la puesta en práctica más comprometida de una plantilla bajo sospecha amaneció el día en que debía hacerlo. Ya en la siguiente fase, cuesta localizar el techo del Real Madrid irregular pero imperial cuando riman concentración, trabajo y calidad. La tarjeta de tiros lo refrenda: cedieron ocho remates (dos a puerta) y emitieron 21 intentos (seis entre palos).

jueves, 15 de febrero de 2018

HISTORIA DE UN AMOR

Envuelto en la atmósfera de la noche de San Valentín de 2018 el Madrid en el Santiago Bernabéu volvió a reencontrase con su competición fetiche y demostró estar enamorado como siempre de la Copa de Europa

Antonio Blanca

Rodilla derecha genuflexa apoyada en el pasto verde, ataviado con sus mejores galas, ramo de rosas rojas en una mano, en la otra asiendo fuerte la de su amada, ojos brillosos, flecha del “Cupido del fútbol” al corazón de su niña más bonita, su joya más preciada, para volver a recordar que nunca dejo de amarla, que siempre la quiso, que siempre la querrá, la mimará y la cuidará. El Real Madrid escribió anoche una página histórica en su torneo, el que más le motiva, el que le despierta las mayores pasiones.

Vibró el coliseo de la Castellana con su equipo, que salió enchufado desde el primer segundo que rodó el cuero en el partido estrella de octavos de la Champions League, el Real Madrid-PSG, final anticipada, pero para gozar en ciento ochenta minutos. Ayer se agotó el primer acto y vaya si hubo espectáculo.

Fue un partido abierto, fiel al estilo de ambos contendientes. Zidane se puso el traje de entrenador (y de hombre justo) y alineó contra pronóstico a Isco, que lució más en labores defensivas que en ofensivas, sobre todo en el primer tiempo, pues en el segundo el cansancio le hizo mella.

A este golpe de timón del astro galo, debe sumársele el de la presión en todo el campo, sobre todo en la zona de salida de pelota del cuadro de Emery, y el que cambiaría el sino del choque a quince minutos del final, cuando las piernas empezaban a flaquear a los jugadores de ambas escuadras, Zidane puso las alas al avión merengue. Lucas Vázquez en la derecha, Asensio en la izquierda, Casemiro fuera, la retaguardia para Kroos y Modric (ambos sobresalientes anoche, sobre todo el croata), decisión valiente con 1-1, pues en la Copa de Europa no hay paz para los cobardes.

A Unai Emery, magnífico entrenador, puede aplicársele esta última aseveración. En un partido de ida y vuelta, en una segunda parte sin medio campo, su temeridad le hizo prescindir de Cavani para dar entrada al lateral derecho Meunier, en la búsqueda de taponar la herida sangrante de la banda izquierda, con Marcelo campando a sus anchas. El míster vasco no contó con Asensio y tal decisión le condenaría anoche, ¿quién sabe si en la eliminatoria?, ¿quién sabe si en el banquillo del multimillonario PSG?

No todo fue beber champagne y comer bombones de chocolate la noche de San Valentín, el amor tiene sus momentos duros. El Madrid hubo de sufrirlo. En la primera parte, cuando la balanza de inclinaba hacia el lado de Neymar (el mejor del PSG), Rabiot hacía el 0-1 aprovechando uno de los fallos defensivos habituales de los blancos. Antes, Ronaldo había tenido dos ocasiones clarísimas, pero una la envió a la cara del meta parisino, la otra a las nubes. Pudo resarcirse Ronaldo de tales errores, marcando un tanto de penalti al filo del descanso, apareciendo de nuevo en un momento vital, 1-1, todo por decidir.

Con un segundo período de idas y venidas, con ocasiones para españoles y franceses, con buenas intervenciones de Navas y Areola, fue Marco Asensio el que volvió a llamar a la puerta del olimpo del fútbol. Dos puñaladas por la izquierda, medidas, una a Ronaldo, otra a Marcelo, para poner la eliminatoria muy favorable al Madrid, 3-1, para que el próximo 6 de marzo se rubrique este amor tan grande entre la Copa de Europa y el Real, hasta ese día, el PSG tendrá vida, y desde luego todo queda por dilucidar. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

ANTE EL TODO O NADA

Aránzazu Gálvez

Chamartín se engalanará este miércoles para asistir a la prueba de fuego definitiva que la visita del PSG en los octavos de final de la Liga de Campeones supone para el Real Madrid. La tribuna de Concha Espina se dispone a contemplar la mejor versión de un escuadrón bajo sospecha, del que ya sólo se espera que ofrezca su cara más jerárquica, comprometida y efectiva en el torneo del que es vigente campeón. Porque su travesía liguera y copera sólo ha dejado al madridismo un argumento al que aferrarse para mantener su fe en la plantilla merengue: esa mística que les uniforma como depredadores en el territorio de la antigua Copa de Europa.

Por ello, lo venidero para el camarín de los españoles es el encuentro que puede definir la temporada como un fracaso y una de las peores de su centenaria historia o constituir un espaldarazo. Lo que está claro es que la ida de esta fase, final anticipada, representa un punto de inflexión irrebatible en el devenir capitalino. El campeón de casi todo, que ha aparentado estar empachado de gloria desde agosto, se medirá a un hambriento aspirante a aristócrata, que viene herido después de haber perdido la Ligue 1 ante el Monaco y de ser sujeto pasivo de una de las remontadas más memorables de este torneo -en el Camp Nou-.

Hace un amplio puñado de semanas que a Zinedine Zidane se le pregunta más por su futuro que por su presente. Casi el mismo margen de tiempo en el que Unai Emery ha regateado los fantasmas de la salida del club. Los madridistas, a estas alturas del calendario, viajan a 17 puntos de la cima de La Liga y los franceses son punteros, con un plácido colchón de 12 puntos sobre el conjunto del Principado. Esto es, sus inercias son contrapuestas, en favor de los visitantes. Pero el Madrid se juega todo a esta carta. Y este mismo combinado, rebosando urgencia y en el Bernabéu, ya ha sido capaz de relativizar la lógica de los precedentes.

El doble campeón de Europa alineará, salvo sorpresa, al once que le dio la Duodécima en Cardiff, con Bale e Isco intercambiando roles. Sólo la sensible baja de Carvajal (entrará Nacho) supondrá una variante en el plan previsible. La idea ha de ser evidenciar una precisión en la manutención del cuero y la creación de juego en estático tan afinada como la capacidad de achique y de contragolpe. La supervivencia madrileña pasará por el nivel de la intensidad en ambas fases del juego, la solidaridad en el esfuerzo y la atención a la táctica. Ha de sembrar con trabajo el 4-4-2 o 4-4-3 que disponga Zizou para que la calidad y el físico manden. En definitiva, la altura del combate no permitirá apagones de concentración de ninguna pieza.

La tendencia a padecer fuera de casa, en este mismo ejercicio, del PSG podría beneficiar a un gigante español que debería estar dispuesto a incendiar el ritmo desde el inicio. Pero la sutura de las grietas a la espalda de su trivote -Modric-Casemiro-Kroos- será uno de los parámetros determinantes. Si la presión no es coordinada y el equipo vuelve a partirse tras pérdida, entonces se pondrá de manifiesto la categoría punzante de la ofensiva francesa. Entre Neymar, Cavani y Mbappé han anotado 74 tantos (por los 38 del tridente local). En la trinchera española Benzema (Isco o Asensio) habrá de brillar como mediapunta y enlace entre líneas, esquivando la acostumbrada e inocua acumulación de centros laterales.

Los dirigidos por Emery han salido de la primera fase como el club más goleador del torneo (25 dianas, 16 más que el Barcelona) y con tres goles encajados menos que Keylor Navas y compañía. El técnico vasco, que maneja a una delegación con sed de venganza y que observa este cruce como la "oportunidad" idílica para asaltar, al fin, un hueco entre los grandes continentales, duda solamente en las tres piezas de la medular. La baja de Motta deja el mediocentro vacío. La elección del nombre que acompañará a Verrati y a Rabiot o Draxler -el estratega ex del Sevilla habló en la previa de Lass Diarra y de Lo Celso- dictará la ambición y el tipo de planteamiento. Si bien la batalla por la superioridad en los carriles se antoja nuclear y deliciosa (Lucas Vázquez y Di María serán estiletes en este escenario).
Porque los parisinos bien pueden competir abordando la amortización del valor doble del gol a domicilio, a pesar de exponerse algo más de lo característico en el preparador español, o pautar una salida precavida, que saque tajada del modelo de repliegue y transición, con sus tres o cuatro flechas atacantes, y crecer en iniciativa con el paso del minutaje. En esta dirección tomará un peso trascendental el factor mental. Y es que el ajedrez de este primer capítulo de los octavos conlleva mucha más presión para los locales, y los franceses jugarán con eso.

Diecisiete partidos lleva el Madrid sin perder en casa y en competición europea y nunca ha perdido Zidane una eliminatoria de Champions desde el banquillo merengue. Pero esas estadísticas, como las anteriores, se pondrán en tela de juicio cuando se descubra quién es el que mejor ha estudiado las debilidades ajenas y propias, quién ocupa mejor los espacios, qué estilo es el más pragmático para salir a flote de camino al Parque de los Príncipes y si Neymar, Mbappè, Ronaldo, Modric, Bale, Draxler, Di María, Marcelo, Dani Alves, Isco o Cavani vencen a la neutralización táctica mutua, también factible. Los dos técnicos tienen razones para cubrirse con más peones en el ecuador del terreno y así preponderar el equilibrio.


La consistencia creciente que pregonan los visitantes y de la que adolecen los locales se entremezclarán en un enfrentamiento que promete fuegos artificiales, con el Ronaldo más certero del curso y Neymar como maestros de ceremonias. El PSG, cuya directiva interpreta este partido como el que ha esperado desde que aterrizara en la capital gala, ganó y perdió con el Bayern hace meses, en los test más concluyentes. Fuera de casa cayeron, redundando en esas dudas lejos de casa. Por todo ello, las espadas están en alto, con la cabeza de los entrenadores como tributo a la decepcionada entidad que salga perdiendo en este lance.

jueves, 8 de febrero de 2018

AUDITAR AL PSG

La UEFA ha decidido llevar a cabo una inspección de las cuentas del club francés tras el gasto en fichajes pergeñado durante el pasado mercado estival

Antonio Blanca

El organismo de control contable de clubes de la UEFA ha ordenado una auditoría independiente de los contratos que el París Saint-Germain (PSG) tiene con entidades qataríes, dentro de la investigación abierta a ese club para determinar si cumple con las reglas del juego limpio financiero.

Según publica L'Équipe, esa auditoría puede evaluar a la baja esos contratos, lo que obligaría al conjunto francés a buscar una cantidad superior a los 75 millones de euros inicialmente demandados para equilibrar sus cuentas.

Es el fruto de la investigación abierta por la Instancia de Control Financiero de los Clubes (ICFC) de la UEFA después de que el PSG desembolsara 222 millones de euros para fichar al brasileño Neymar y otros 190 millones por el francés Kylian Mbappé, cifras astronómicas que sorprendieron al mundo del fútbol.

En el punto de mira de ese organismo están los contratos con el banco Qatar Nationial Bank, el operador de telecomunicaciones Ooredoo, el canal de televisión beIN Sports, el organismo de promoción turística de Qatar (QTA) y la clínica deportiva Aspetar. Como los contratos con esas empresas superan el 30% de los ingresos de patrocinio del club, la ICFC ha aplicado el reglamento que le obliga a revisarlos, señala el rotativo.

Esa auditoría deberá determinar si esos contratos reflejan el precio real de mercado y, en caso contrario, corregirá a la baja su impacto en los ingresos del club. Si eso se produce, el PSG verá aumentar el desequilibrio contable de sus cuentas, valorado inicialmente en 75 millones de euros.

No es la primera vez que el equipo de la capital francesa ha visto cómo la UEFA revisaba sus contratos de patrocinio. En 2014 evaluó el contrato firmado con QTA en 100 millones de euros, la mitad de lo declarado por el club. Entonces, la UEFA impuso al club una multa de 20 millones de euros, además de limitar a 25 el número de jugadores que podían disputar la Liga de Campeones, y de controlar sus traspasos durante varios meses.

Preventivamente, siempre según L'Équipe, el PSG había inscrito en sus cuentas para esta temporada 100 millones de euros de ingresos de QTA, pese a que el contrato real es de 175 millones. Por el momento, el club francés debe generar unos ingresos de 75 millones antes del final de temporada.

El PSG ha generado hasta ahora sólo los 28 millones de euros del traspaso del brasileño Lucas Moura al Tottenham, lo que le obligará a vender más jugadores en el próximo mercado de fichajes. Además, el club cuenta con mejorar los contratos de patrocinio que tiene con otras empresas gracias a la mayor notoriedad que ha adquirido el equipo tras los fichajes de Neymar y Mbappé.

Según L'Équipe, el equipo espera negociar al alza los 25 millones que le paga la firma deportiva Nike, que también patrocina a los dos fichajes estrella de esta temporada. Igualmente confía en aumentar los 25 millones de euros que la aerolínea Emirates le abona por figurar su marca en la camiseta del club.

jueves, 1 de febrero de 2018

NEYMAR GENERA TENSIÓN

La estrella brasileña del PSG con su comportamiento con rivales y su propia entidad empieza a ser desdeñado por el fútbol francés

Antonio Blanca

La relación entre Neymar Junior y el París Saint Germain es francamente mejorable. El brasileño no lleva ni medio año en París y ya acumula un buen puñado de focos conflictivos abiertos con su club. El último se llama Lucas Moura. El mediocampista (también brasileño) ha dejado la capital francesa para enrolarse en las filas del Tottenham Hotspurs. Un adiós que ha hecho daño a Neymar y ha provocado su enfado hasta abrir una nueva brecha en su vínculo con el club.

No ha sido una grieta íntima. Ha sido una grieta pública. Bien visible. Ante los medios de comunicación. Después del duelo ante el Rennes, ése en el que el '10' ridiculizó a varios rivales y que le ha valido el reproche público del rival, Neymar habló. Opinó. Criticó.

"En lo que se refiere a Lucas, estoy triste. Perdemos a un compañero de mucha calidad. Creo que ha sido poco utilizado y pienso que ha sido una injusticia. Es un amigo y le deseo lo mejor en su nuevo equipo", empezó a argumentar con tono serio.

Neymar se fue calentando poco a poco. "Espero que marche muchos goles y que juegue muy bien y que pueda estar con la selección porque no es solamente un amigo", continuó antes de lanzar, ahora sí, un duro mensaje al PSG.

"Con las cualidades que tiene podría haber sido muy útil al PSG, pero yo no soy el propietario del club. Si hubiera dependido de mí, jamás se hubiera marchado", advirtió en un claro y nada oculto mensaje a la directiva francesa.

Lucas Moura fue, precisamente, uno de los motivos por el que Neymar fichó por el PSG. Además del dinero o la búsqueda de un rol líder en un equipo importante, el atacante hizo las maletas por la colonia de amigos brasileños que tenía allí asentada. Marquinhos, Thiago Silva o el propio Lucas Moura, a los que luego se unió Alves por consejo de Neymar.

Con el adiós de Lucas, 'Ney' pierde un motivo para quedarse en París y siente un 'empujoncito' para salir, quién sabe, rumbo al Real Madrid.

viernes, 4 de agosto de 2017

EL MÁS CARO DE LA HISTORIA

Jaime Trevijano

"El Paris Saint-Germain está muy feliz de anunciar la llegada a su efectiva de Neymar Jr. El delantero brasileño ha firmado un contrato de cinco años en presencia de los representantes del club y del jugador. Neymar Jr está desde ahora unido al club de la capital hasta el 30 de junio de 2022", reza el comunicado del equipo galo.

El PSG califica al brasileño como "uno de los tres mejores futbolistas del planeta" y como "la aparición más brillante al más alto nivel en los cinco últimos años". "Acogemos a Neymar Jr en el seno del Paris Saint-Germain con inmensa alegría y mucho orgullo", señaló el presidente del club, Nasser Al Khelaifi.

Para el dirigente catarí, "su profunda cultura de la victoria, su gran fuerza de carácter y su sentido de liderazgo lo hacen un jugador grandísimo. Nos va a aportar una energía muy positiva". "Hoy, con la llegada de Neymar Jr, tengo la convicción de que nos vamos a acercar, con el fiel apoyo de nuestros aficionados, a la realización de nuestros mayores sueños", añadió Al Khelaifi.


Según el diario L'Équipe, Neymar viajará este viernes a París, donde sería presentado ante la prensa en un acto en torno a las 13:45. Con un vídeo que tiñe a la Torre Eiffel con los colores de la bandera brasileña y que acaba con un elocuente "¡Viene!", el Paris Saint-Germain celebra ya en las redes sociales el fichaje de Neymar, el más caro de la historia del fútbol.

miércoles, 15 de febrero de 2017

HUMILLACIÓN HISTÓRICA

Jordi Grimau

El PSG se puso con un pie y medio en cuartos de final de la Liga de Campeones tras hacer una exhibición descomunal de fútbol ante el Barcelona en el Parque de los Príncipes de París. Con Di María y Draxler imperiales en las bandas, dirigidos por la brújula Verratti en el centro del campo, el equipo francés anuló a un Barcelona inerte y le endosó un 4-0 en la ida que dejó a la capital francesa en estado de éxtasis.

Hasta la noche de este martes, Unai Emery, a los mandos de Almería, Valencia, Spartak de Moscú y Sevilla, había disputado 23 partidos contra el Fútbol Club Barcelona. El balance: un triunfo, seis empates y 16 derrotas. Hoy, con el PSG, se anotó un segundo triunfo. Uno que al lado de las estadísticas palidece ante la frialdad de los números, pero que para todo aquel que fuera testigo, quedará como uno de esos partidos que difícilmente se olvidan.

Llegaba Emery a este partido con críticas por tener a un acomodado París Saint Germain en el segundo puesto de la Ligue 1, en apariencia un ultraje para el equipo que ha arrasado en los últimos cuatro campeonatos. Por el contrario, tras la clasificación para la final de Copa y la goleada al Alavés, el Barcelona se plantaba en París recuperando la confianza perdida.

Advertía Emery que este partido serviría "para superar un escalón" y que "lo más importante serán los duelos colectivos e individuales", advirtiendo que "somos dos equipos que vamos a buscar al adversario por todo el campo".

Así lo dijo. Y así ocurrió. Una vez el colegiado polaco Szymon Marciniak pitó el comienzo del partido, sólo un equipo apareció en el campo. Presionando en toda la cancha, el PSG se propuso dominar desde el primer momento. Ya el primer susto lo dio Cavani en el minuto seis cuando recibió un gran pase de Di María dentro del área. El uruguayo estuvo lento en el control y, de estar solo ante el portero, pasó a dar tiempo a la defensa y a Ter Stegen a colocarse para abortar la ocasión.

Sin conservadurismo alguno, con Verratti sujetando a su centro del campo para liberar a un Matuidi desatado, omnipresente en las dos áreas y con sus llegadas que insuflaban aún más energías a un ataque con los eléctricos Draxler y Di María en las bandas.

El alemán y el argentino se iban turnando a la hora de generar dolores de cabeza a la zaga azulgrana. El dominio era abusivo. Sólo exsitía un equipo y ese era el PSG. El mediocampo del Barcelona, superado por completo. Ni André Gomes ni Busquets ni Iniesta eran capaces de parar la pelota y combinar.

El gol local rondaba y acabó llegando en el minuto 19. Umtiti derribó a Draxler en el borde del área. Un lanzamiento quizás demasiado cercano, pero que usando la estrategia sirvió a Di María para abrir la cuenta goleadora el día de su cumpleaños. Con dos compañeros incrustados en la barrera, Di María apuntó a esa zona. El salto de los defensas en la barrera quedó inservible ante la puerta abierta y el balón entró en la portería bajo la mirada de Ter Stegen al espacio que debía ser protegido por sus zagueros.

La demostración física del PSG era excesiva y ya con el marcador a favor decidió dar un paso atrás. Lo que para cualquier otro equipo hubiera sido un suicidio, entregar la pelota al Barcelona apenas cambió el estatus del partido. Bien colocado, el equipo parisino apenas sufrió en este cambio de papeles. El Barcelona era incapaz de encontrar el camino al área de Trapp. El primer chut, por así decirlo, fue una falta lejana que bloqueó la barrera en el minuto 26.

Dos minutos después llegó la gran oportunidad del Barcelona. Aprovechando el espacio dejado por Kurzawa en su banda, André Gomes apareció por la derecha para quedarse en un mano a mano con Trapp. Sin embargo, el portero teutón supo desviar la única ocasión en la que se vio obligado a desplegar sus talentos.

Cómodo, el PSG seguía a gusto sabedor de que con Draxler y Di María, sus contraataques podían hacer daño. El teutón, en el minuto 34, volvió a forzar la intervención de Ter Stegen para evitar el segundo.

Tal era la desesperación del Barcelona que Messi volvía a multiplicar labores acudiendo a su campo para ayudar en la creación. Sin embargo, no era el día para nadie en el lado visitante. Y en una de estas bajadas del argentino, en su propio campo, perdió la pelota ante la insistencia de Rabiot. El balón le cayó a Draxler, que se lo cedió a Verratti para que el italiano abriera el camino hacia el área de la manera más sencilla: en línea recta. Cerca de la frontal, volvió a entregar el esférico a Draxler, que desde la derecha y dentro del área, no perdonó en esta ocasión mandando la pelota al fondo de la red con un chut raso, fuerte y cruzado.

Con el marcador alumbrando el 2-0, el partido se marchó al descanso. Ese paso atrás dado por Emery en el tramo final de la primera mitad no fue más que una forma de tomar aire. La esperada reacción visitante no llegó y se reanudó el encuentro de la misma manera que comenzó. El huracán PSG borraba del mapa al Barcelona. Con el mediocampo inexistente, y los laterales desbordados, la misión de Piqué y Umtiti era achicar el agua de un trasatlántico hundiéndose con las dos manos. Era pues, una misión imposible.

Del trío de ataque, de los nombres que hacían decir a Thiago Silva que sólo se les podía parar "rezando a Dios", apenas se pudo destacar a Neymar, el único que generó algo de peligro. Un "premio" otorgado más bien por incomparecencia del resto. Messi, superado y Suárez, desaparecido. Sin caer en la intervención divina, el mérito era de la pizarra de Unai Emery.

El PSG seguía a lo suyo, aunque ya pecando de prisas ante un Barcelona incapaz de reaccionar. Ante esa apatía azulgrana, Di María se vino arriba. Tras recibir en tres cuartos de campo y quedarse solo con un amago de los suyos en los que parece que la pelvis se le iba a desencajar, se sacó un disparo desde 25 metros de distancia que acabó dentro de la portería.

Era el minuto 55 y, ya con el 3-0 en contra, Luis Enrique decidió hacer los primeros cambios. Entró Rafinha por André Gomes. En respuesta, Emery no se amilanó y relevó al héroe de la noche, Di María, dando entrada a Lucas Moura. Más madera al ataque local.

De poco sirvió el movimiento azulgrana, pues minutos después la situación seguía siendo igual de desesperada. Busquets, en una entrada de puro desahogo, veía la amarilla tras derribar a Verratti con una fea patada.

Sin que tuviera relación, pues fue debido a un mal gesto en una caída, la brújula del PSG, Marco Verratti, se retiraba lesionado en el minuto 69. El joven Nkunku, de 19 años, salía al gran escenario de la Liga de Campeones para tratar de igualar el espectacular papel desempeñado por su compañero.

Con brújula o sin ella, atacar al Barcelona parecía cosa sencilla. Así lo vio Meurier, lateral derecho de metro noventa de altura, que desde su campo, y en su banda, se marchó de Neymar y andó. Recorrió 40 metros sin mayor oposición que la mirada de Iniesta a unos metros de dsitancia. Llegó al borde del área y con un toque sutil asistió a Cavani, que pese a fallar numerosas ocasiones anteriores, se sacó un remate de primeras con tal fuerza que poco pudo hacer Ter Stegen para que el cañonazo se colara sin remilgos en la portería.


Minuto 72. El electrónico del Parque de los Príncipes señalaba el 4-0. Y más allá de ver algún atisbo de reacción, un gol que forzara la esperanza de una remontada en la vuelta, lo que parecía más cercano era el quinto. 16 tiros a puerta del PSG por 3 del Barcelona en 75 minutos de partido. Umtiti en el 84 rozó el gol con un remate de cabeza al poste, pero no era más que un espejismo. Este martes, en el Parque de los Príncipes, sólo hubo un equipo. En el partido número 24, por fin, Emery espantó los fantasmas del Barcelona. Su PSG encarrila el tramo decisivo de la temporada dejando al Barcelona al borde del KO europeo. Con rematar la faena en 15 días, el equipo francés habrá demostrado que, quizás, 2017 sea el año de contentar al jeque con el sueño de la Champions.

martes, 16 de agosto de 2016

PROYECTO EMERY

Aránzazu Gálvez

Ha pasado poco más de un mes desde que Unai Emery tomó las riendas del PSG, pero el técnico de Hondarribia empieza ya a dibujar las líneas maestras de lo que ha de ser su hoja de ruta en esta nueva y apasionante aventura en la que se ha embarcado junto a su grupo de trabajo de confianza. La puesta de largo del nuevo proyecto no ha podido ser más positiva, con un triunfo solvente sobre el Olympique de Lyon en el Trofeo de Campeones (Supercopa de Francia) y una trabajosa victoria ante el Bastia (0-1) en la jornada inaugural de la Ligue 1, partidos que han servido al hombre que devolvió la gloria al Sevilla en el último trienio para calibrar el potencial de una plantilla con grandes nombres, pero también con futbolistas menores que podrían acabar jugando un papel importante en el transcurso del ejercicio recién estrenado.

Si algo tiene claro Unai es la importancia de la gestión de los minutos en un plantel que rebosa calidad, y también personalidad, por los cuatro costados. Mucha estrella anda suelta por el vestuario del Parque de los Príncipes, sobre todo de medio campo en adelante, y sólo once plazas a cubrir en cada partido. En cualquier caso, el preparador guipuzcoano está encantado de la vida con el grado de implicación de sus nuevos pupilos en las sesiones de trabajo. Gente como Verratti, Cavani, Di María o Matuidi son auténticos ‘machacas’ que disfrutan cada minuto en los entrenamientos y no pierden ojo a las indicaciones y consignas que reciben de un Emery obsesionado con la presión constante sobre el rival cuando su equipo haya perdido la posesión del esférico. El equipo está asimilando a pasos agigantados su forma de entender el fútbol y también su idea de usar sistemas diferentes en función de los mimbres que ponga en liza y, por supuesto, del enemigo que tenga enfrente. Por lo visto hasta la fecha, la propuesta táctica del PSG oscilará entre el 1-4-2-3-1 habitual en los conjuntos dirigidos por Unai, y el 1-4-3-3 utilizado por Blanc y Ancelotti en las campañas precedentes.

En ambos casos, la idea del entrenador hispano es otorgar protagonismo a sus dos máximas figuras: Ángel Di María y Edinson Cavani. El argentino está llamado a ser el hombre que tape el vacío dejado por Ibrahimovic. Sus 122 goles en poco más de 100 partidos con la elástica del cuadro 'parisién' y, por encima de todo, la enorme ascendencia que tenía el atacante sueco dentro del grupo representan un desafío capital para ‘El Fideo’, aunque Emery está convencido de que tiene capacidad de sobra para asumirlo y salir airoso del envite. En la consecución del primer título de la temporada, ante el Lyon, Di María demostró con claridad meridiana que, estando al 100%, es un futbolista inabordable. Para lograr esa implicación del exmadridista en el nuevo proyecto serán necesarios muchos mimos y tenerle motivado de manera permanente. De momento, la cosa marcha viento en popa.

El Real Madrid presentó a Álvaro Morata como un galáctico más. A falta de un fichaje sonado y estelar, el club le demuestra al canterano que le valora como un grande
Algo parecido sucede con Cavani. El objetivo del entrenador vasco desde el primer día ha sido recuperar el hambre competitivo de un goleador que no pudo ejercer como tal desde que llegó a París por culpa de Ibra. Con el sueco ya lejos del Parque de los Príncipes, Emery no ha dudado en dar galones al uruguayo, haciéndole ver que el '9' será suyo si responde con otro carrusel de goles como el que le hizo célebre en la Serie A. Tanto es así que el preparador español no ha querido reforzar esa posición específica y ha apostado por un Ben Arfa que, aunque esté ocupando el lugar del charrúa mientras se repone de sus problemas físicos, es en realidad un mediapunta versátil que hará las veces de comodín en los puestos de vanguardia.   

Todo lo contrario a lo que busca en el ex del Niza sucede con Jesé. El extremo canario, a la sazón una debilidad de Unai desde que explorara en las filas del Castilla, ha llegado al campeón francés con una misión muy concreta: dar amplitud y desborde al equipo por un costado izquierdo ya de por sí es potentísimo con el lateral Kurzawa y Di María. Claro está que el canterano merengue tendrá que sacar a pasear todo su arsenal futbolístico, oculto desde que el bosnio Kolasinac se cruzara en su camino hace un par de años, para ganarse la confianza de su nuevo míster y un sitio en el once. No va a resultar en absoluto sencillo, pero Emery está convencido de que Jesé tiene capacidad para superar el reto que le ha puesto con la motivación y el cariño adecuados, amén del compromiso del canario para hacer nuevamente del fútbol su vida, evitando cualquier tipo de distracción. En este sentido, el cambio de país y de ciudad, espera su técnico, sea una ayuda añadida para que el recién llegado ponga toda la carne en el asador y dé al fin la razón a todos aquellos que en Valdebebas le veían no hace demasiado como el sucesor natural de Cristiano Ronaldo. 


La ausencia de algunos pesos pesados por lesión en estos lances iniciales de temporada (léase Cavani, Verratti o Thiago Silva) ha propiciado la entrada en escena de algunos jóvenes talentos marca de la casa que han seducido (y mucho) al cuerpo técnico español del campeón galo. Empezando por Presnel Kimpembe, un imponente central zurdo de origen congoleño y 21 años que está respondiendo a las mil maravillas como pareja de baile del siempre discutido David Luiz. El extremo izquierdo Nanitamo Icone, Christopher Nkunku y el exquisito volante central Lorenzo Callegari, los tres con 18 primaveras, han demostrado a su nuevo ‘jefe’ a lo largo de la pretemporada que están listos para arrimar el hombro en cuanto Unai se lo pida. Otro JASP más conocido, Adrien Rabiot, le tiene ya en el bote. El hondarribiarra se ha quedado prendado con la ingente calidad del campeón del mundo sub 20 en 2013, que a buen seguro va a disfrutar de muchos minutos en una larga campaña cuya meta no es otra que la de seguir con vida, allá por el mes de mayo, en la Liga de Campeones.

miércoles, 22 de abril de 2015

TRIUNFAL NEYMAR

Jordi Grimau

Primera parte brillante del Barcelona, que arrancó el partido con una seriedad que daba la impresión de que era el equipo que debía remontar. Presión asfixiante a la zaga francesa, que apenas sabía qué hacer con el balón y era incapaz de pasar del mediocampo. Así, con las recuperaciones, lanzaba contras a la velocidad que marcaran Neymar o Suárez.

A los 13 minutos, fue Iniesta el que tomó el balón y dio comienzo a una jugada que recordó los mejores tiempos del manchego. Con una conducción perfecta, se deshizo de sus marcadores con la elegancia que le dan sus quiebros de cintura. En el horizonte, Neymar se desmarcaba de un despistado David Luiz. La jugada era clara para el espectador que lo veía desde la tele y también para Iniesta, pues sirvió un pase milimétrico al brasileño para que se quedara solo ante Sirigu, driblara al portero italiano y marcara el primer tanto de la noche a placer.

Pese a contar con Ibrahimovic y verse con el marcador en contra, el PSG apenas cambió la dinámica del partido, incapaz de sacarse de encima el dominio aplastante de los azulgrana. Con ese déficit de competitividad, fue cuestión de tiempo que llegara el segundo gol de la noche. Y así pasó a once minutos del descanso.

En una de las múltiples jugadas en las que el Barcelona movía la pelota de un lado a otro, Alves acabó amagando varias veces con el centro hasta quedarse al borde del vértice del área, donde se volvió a repetir el esquema anterior: despiste de David Luiz en su marcaje de Neymar, que a la espalda veía el hueco justo para llegar y rematar de cabeza al fondo de la red el envío de Alves. Doblete del brasileño y fiesta en el Camp Nou. Si Luis Enrique no quería confianzas, sus jugadores tomaron nota despejando cualquier duda sobre el pase en una primera parte perfecta.

Tras la exhibición de los locales, la segunda parte sirvió para hacer control de daños. En el vestuario se quedó Iniesta, que se perdió el partido contra el Valencia por un golpe en la rodilla en el encuentro de ida. Su hueco fue ocupado por Xavi. Y como un reloj, diez minutos después fue Sergi Roberto el que dio relevo a Busquets.

El juego quedó anestesiado por un Barcelona controlador ante un PSG entregado, que apenas creó peligro con un tiro de Verratti desde el interior del área en el minuto 58 que mandó fuera y otro chut fuerte aunque lejano de Ibrahimovic en el 72 que provocó la intervención de Ter Stegen. Era el primer tiro a puerta del equipo francés.

El mayor interés se centró en saber si Messi sería capaz de anotar, pues sus compañeros trataron de facilitar el tanto del argentino, que a puntoestuvo de llegar cuando un tiro suyo fuera dio pie al pitido final. Quien se llevó la ovación del público fue Luis Suárez. La grada premió el gran partido del uruguayo en París mientras cedía su puesto a Pedro.

Con este resultado, el Barcelona logra el pase a su octava final de Liga de Campeones en diez años. El PSG, por su parte, deberá esperar otro año para cumplir los sueños de grandeza del jeque.

jueves, 16 de abril de 2015

SEMIS A LA VISTA

Jordi Grimau

Llegar, ver y vencer. Con la premisa de tomar el Parque de los Príncipes y optimizar el beneficio ante las bajas de su oponente afrontó el Barça su visita al coliseo parisino, convertido en escenario de contrastada competitividad por obra y gracia de los petrodólares. El bloque catalán gozaba de la oportunidad de asestar un golpe de autoridad y confianza en el panorama continental y, de paso, allanar el trayecto hacia semfinales de la Liga de Camepones, asegurando, de este modo, reducir las distracciones de cara a la pugna por la Liga. El rival de esta factible empresa era el heróico vestuario que levantó, con 10, la eliminatoria al Chelsea de Mourinho, escribiendo una página legendaria de esta elitista competición. Que, además, atraviesa el punto álgido del proyecto faraónico, sabedor de la urgencia de tocar techo con un trofeo ilustre ante la siempre latente amenaza de despiece y retirada de sus pomposas figuras, por mor del mercado.

Luis Enrique apostó por el sistema con que el ha consolidado el mejor rendimiento colectivo de su plantilla. El 4-3-3 habitual con la columna vertebral tradicional, culminada por el tridente arrollador. Porque, el técnico asturiano relativizó la afrenta pública de Neymar otorgándole la titularidad, sabedor de la importancia de su desborde en transición. No hizo lo propio con Mathieu y, sobre todo, con Dani Alves. Mascherano regresaba al centro de la defensa ante la velocidad local y sobre Montoya, gran sorpresa, recaía el marrón de taponar y equilibrar el esquema. La fluidez en la posesión de balón, el control de la situación tras pérdida y la verticalidad después de robo, elementos clave blaugrana para este partido.

Laurent Blanc, que sufría las ausencias de Ibrahimovic, Verrati, Motta y rescató a David Luiz para el banquillo -en un plazo de recuperación récord: cuatro semanas de baja recetadas y nueve días de reposo en la práctica-, optó por afianzar la idea de cierre intenso y salida entregando el mando del frenesí a Pastore. El argentino contaría con la flecha guerra Lavezzi y la devastadora astucia de Cavani. Por detrás, como red e seguridad, el físico de Matuidi y Rabiot y la sensatez táctica de Cabaye. Una medular de circunstancias que quedaba protegida por la última línea del repliegue, comandada por Thiago Silva, Marquinhos y apuntalada por los carrileros Van der Biel y Maxwell. De la cohesión en el achique y la precisión en la posesión, ya sea vertical o en estático, dependería la supervivencia del PSG en este duelo. El balón parado permanecía como variable fija en un pentagrama de esfuerzo solidario sin mirar a portería.

Con la incógnita de la intención del Barça en la profundidad del manejo de la pelota y la altura de la presión o encierro francesa arrancó la ida de este delicioso cruce. El equipo catalán impuso desde el inicio sus condiciones, exhibiendo personalidad: dominaba en monopolio el esférico y ahogaba la salida templada de pelota gala con ardor en la presión. Los franceses permanecían cómodos, agazapados con las líneas muy juntas y amenazando, desde el primer minuto, con salidas frenéticas a la contra. El ritmo quedaba definido bajo por la horizontalidad, demasiado pausada, de la asociación culé.

Con el control de daños como preferencia mutua, sin combinación que supere líneas del Barça, se quemó el primer suspiro, una situación que se tornó en espejismo para desgracia parisien. La presión blaugrana provocaba imprecisiones locales y el vuelo en transición penalizaba los espacios que dejaba el regreso de los centrocampistas locales -ninguno de ellos poseía el rol de peón defensivo- y Messi avisó en el 13 con su marca registrada, el chut con rosca al segundo poste desde la frontal. Su intento se estrelló en la madera como muesca pronosticadora. Dos minutos más tarde, Neymar remataba muy desviado un mal despeje de Maxwell e indecisión generalizada.

Con el sistema catalán colapsando la intención de ganar líneas y oxígeno de los pupilos de Blanc, Busquets tapó el regate en la banda de Rabiot para lanzar una contra que abría la puerta al veneno español. La pelota llegó a los pies de Messi que condujo por el centro, dividió y dejó en mano a mano al punta brasileño. El 11 cruzó con clase abriendo el marcador y empezando a decantar la cosecha tras los primeros méritos de cada cual. Acto y seguido, la fortuna retorcía la capacidad de épica del PSG y Thiago Silva se retiraba lesionado. Andando con la pelota en juego. David Luiz debía volver a la zaga en la peor tesitura imaginable, con 0-1 y sin horizonte.

Con el guión de partido ya fijado -dominio visitante total de la pelota-, el primer acto se disparó hacia el intermedio con el control del Barça decididamente lento. La circulación no peligraba por el encierro rival y los minutos se consumieron con la eficacia de la idea de Luis Enrique de la presión y el estatismo con balón. Tan solo la conexión de los tres puntas cambiaba el ritmo y Neymar concluyó con disparo desviado el único acercamiento hasta el descanso. Mascherano tapó la única contra clara de la que dispuso el Paris Saint-Germáin con una anticipación sublime que condenó a un Cavani que, con suma dificultad, realizó el solitario intento -de cabeza- para que Stegen estrenara los guantes. Sobrevivió el bloque francés a 45 minutos torcidos gracias, en parte, al descenso de la intención vertical catalana, que terminó por caer en la temida pasividad controladora a través de la que creció el oponente. Sólo Matuidi encontraba soluciones en campo contrario.

Reaccionó Blanc con gallardía, sumando intensidad a la fórmula de siesta blaugrana. Subió líneas para empezar a incomodar la circulación española y fruto de la diferencia de ritmo competitivo dispuso de dos ocasiones precoces: un chut centrado desde el pico del área de Pastore que se sacó de encima Stegen, con una pizca de inseguridad, y un remate tímido de Rabiot desde el perfil contrario. Antes del 50 de juego se había matizado el paisaje y el Barça empezaba a necesitar un aumento en las pulsaciones. Sin embargo, el partido avanzaba con el esfuerzo mínimo con pelota visitante -nunca cedió en el compromiso tras pérdida-. La siesta parecía convenir a un Barça que vio cómo Iniesta se retiraba lesionado y Xavi entraba en escena. Blanc apostó entonces por el suicidio ofensivo sacando de la hierba a Rabiot y sacrificando el equilibrio en pos de la velocidad en banda de Lucas Moura -tan gris como en su experiencia europea-.

Y lo pagó el técnico galo. Los espacios se multiplicaron a la espalda de la medular parisina. El primero en dar buena cuenta de ello resultó ser Luis Suárez, que aniquiló la eliminatoria de la única manera que dibujaba su equipo, en solitario. Recibió pegado a la cal, sentó a David Luiz con un túnel, dribló a Marquinhos y retrató a Sirigu con el segundo gol del partido. En el 66 parecía dar carpetazo al partido el uruguayo, que despertó a los suyos de la autocomplacencia.

Se abrió el duelo y Ter Stegen selló su portería con una estirada de foto al cañonazo de Cavani tras saque de esquina en el 69. Respondió Messi en vuelo con un slalom de seda que realizó un agujero en el centro del repliegue francés para chutar muy desviado desde la frontal. En plena efervescencia ofensiva, con el PSG partido, Rakitic dejó su sitio a Mathieu -Mascherano apoyaría a Busquets en el control de las contras locales- y el sacrificado delantero centro culé, sacrificado y acertado -protagonista decisivo del enfrentamiento- trazaría otro túnel a David Luiz para colocar la pelota en la escuadra en el 78. Subía el 0-3 que lucía la pegada catalana por encima de la ambición como colectivo y la seguridad defensiva del brasileño subrayaría, de nuevo, su nivel.

Antes del desenlace de este partido -que no de la eliminatoria, concluida en el 66 de juego- Montoya dejó su sitio a Adriano y Mathieu desvió el chut de Van der Biel para cerrar el 1-3 definitivo. La anestesia blaugrana impuso su ley y los fogonazos de calidad de su delantera resolvió un partido plácido. Cavani y Messi gozaron de opciones postreras para sumar un gol a sus respectivas mochilas sin éxito. El Barça jugó con seriedad y manejó con éxito una situación demasiado pesada para el mermado conjunto galo. El Camp Nou vivirá una fiesta intrascendente -salvo catástrofe- en el punto en que el sistema de Luis Enrique ha exhibido mejor eficacia en defensa. España contará con dos semifinalistas.