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lunes, 5 de junio de 2017

LA DUODÉCIMA POR TODO LO ALTO

Aránzazu Gálvez

Tras los protocolarios actos en las sedes de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, la plantilla del Real Madrid mantuvo su fiel cita con la diosa Cibeles una vez más. Llegados a una plaza abarrotada con miles de aficionados en un autobús descubierto, los jugadores se dirigieron a la plataforma montada alrededor de la fuente al ritmo del himno del club.

Los dos capitanes del equipo, Ramos y Marcelo, acudieron con el trofeo hasta lo alto de la estatua para vestir a la diosa con una bufanda del Real Madrid, una bandera de España con el escudo del club y coronarla con el trofeo ganado en Cardiff la noche del sábado. Para despedirse, con uno a cada lado, propiciaron sendos besos a las pétreas mejillas.

Una vez saciado el ánimo de los aficonados que llevaban horas esperando a sus ídolos, los jugadores regresaron al autobús para culminar el día con la gran fiesta preparada en el Santiago Bernabéu.

Ya en el estadio, liberados de los compromisos, la apoteosis se desató ante una afición que llenó la grada. Con un espectacular escenario e iluminación, la comunión entre público y jugadores fue total mientras se iban sucediendo los cánticos y agradecimientos. El tramo final de la celebración echó a andar al ritmo de la canción de Luis Fonsi "Despacito". Las luces se apagaron y solo el resplandor de los teléfonos móviles y las imágenes de las pantallas del escenario propiciaban algo de iluminación a la situación.

El año de cada una de las doce Copas de Europa logradas por el club asomaron en medio del tablado instaurado en el centro del césped del recinto.

Fue el momento en el que uno por uno fueron apareciendo, reclamados por Miki Nadal y alumbrados por un magnífico juego de luces. Zinedine Zidane y el resto del cuerpo técnico fueron los primeros en alcanzar el escenario preparado. Después cada jugador. Cristiano Ronaldo, Marcelo y Sergio Ramos fueron los últimos en ser llamados por el locutor. El portugués fue el más ovacionado. El brasileño apareció con el trofeo de Liga, que también fue ofrecida a la afición. El capitán, Ramos, puso el cierre a la relación de integrantes de la plantilla. Irrumpió con la Duodécima en sus manos y una corona con SR4 inscrita, en su cabeza.


Con el plantel al completo los jugadores elevaron los trofeos acompañados por el "We are de champions" para dar paso a los discursos de Zidane, Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo, para el que el público pidió un nuevo Balón de Oro.

lunes, 16 de mayo de 2016

GANAR LA LIGA POR DOS VECES

El conjunto entrenado por Luis Enrique venció sin problemas en Granada para conquistar su vigésimo cuarto entorchado liguero después de haberlo tenido en la mano a finales de marzo

Antonio Blanca

Canaletas, plaza tectónica del sentir barcelonista, amanece inflamada de azulgrana en este crepúsculo del calendario futbolístico nacional. La delegación construida y patroneada por Luis Enrique, que enfrentaba este determinante sábado a un Granada bajo sospecha -de manera reiterada y a la sombra de la lupa de las instancias que miman la competencia en el deporte-, supo conducirse hacia el vigésimo cuarto entorchado liguero de la faraónica entidad catalana. Consiguió el técnico asturiano que su vestuario interiorizara la abstracción del ambiente que envolvía el envite postrero, inyectando a sus subordinados la motivación necesaria para conquistar la ciudad nazarí, con seriedad en el compromiso, sencillez en los propósitos y regusto en la ejecución. Sin escatimar y alineando a los titularísimos. Los goles (0-3) de Luis Suárez, que le convirtieron en pichichi con certificación oficial, con 40 dianas en el zurrón, cinco más que las acumuladas por Cristiano Ronaldo, y afianzó su ventaja en la brega por la Bota de Oro, vinieron a descorchar la gloria merecida para una plantilla que arrancó resuello, intensidad y finura a tiempo. Antes de que la apnea de rendimiento padecida, que nubló la perspectiva histórica de repetir trono en el Viejo Continente hasta convertirla en una tenebrosa ensoñación, contaminara todo el cuadro. Debía ganar un partido de fútbol. Y gozaba de la unicidad de su tesitura: con cumplimentar la exigencia endógena le bastaba, sin afligir su voluntad con las cadenas de la dependencia del rendimiento del otro gallo. Tal circunstancia condicionaba al Real Madrid, el inesperado aspirante sorpresa, que lució traje de gala, sudor y resolución en Coruña (0-2) en un esfuerzo que, lejos de significar futilidad, ahonda en el sustento de la autoestima de cara al baile milanés del 28 de mayo. Los urgidos tres puntos en liza, recolectados de forma simultánea por ambos colosos, cifraron el epílogo del torneo en una distancia de un punto (91 firmó el Barça y 90 el conjunto capitalino).

El paroxismo culé clausuró uno de los cierres del campeonato doméstico de resolución más equidistante que evocan los anuarios. El desamarre de última hora del Atlético, que restó compresión al tenso devenir que había confeccionado el renacimiento de la paridad entre los aspirantes -tras el monopolio incendiario desatado por el advenimiento del icónico tridente blaugrana en el pasado curso- y ascendido el nivel competitivo en torno al título hasta el pedigrí legendario con que se arribó a la trigésimo séptima jornada, regaló la escena al dúo cuyas inercias protagonizarían el relato del ejercicio 2015-16. Porque esta Liga que baja su telón remarcando el predominio barcelonés en el palmarés del presente siglo (ha alzado ocho de las 16 ediciones en juego, por cinco merengues, dos valencianistas y una atlética), con récord de goles del trío Messi-Neymar-Suárez en su dorada temporada (130), el subrayado de la tendencia que dictaba que el Barça nunca perdió el trofeo en la fecha final y con Jan Oblak emparejando el registro de Liaño como guardameta menos goleado en 38 partidos (18 veces recogió el cuero de sus redes el arquero gallego entre 1993 y 1994), premió la capacidad de supervivencia, en un paradigma de maltrecha regularidad, del púgil más consistente en la manutención temporal de sus presupuestos. Preponderó el afiance del diseño de plantilla e interpretación del juego y penalizó el proceso de asimilación y acomodo de las estructuras que quisieron insuflar renovado aire estival -o vendaval- en la transición entre ejercicios. Así, copó el liderato el club entrenado por el Lucho en 27 jornadas (en trazo ininterrumpido desde la vigésimo primera ronda), resaltando la coherencia en la confección de sus peones y los roles consiguientes, quedó apeado el bipolar desempeño madridista, de turbulento recorrido, y se le escapó la guinda de entre las cenizas del fragor de laboratorio al escuadrón de Diego Pablo Simeone, defensa más granítica de Europa, que concluyó con triunfo casero ante el Celta y un soberbio y pionero currículo de 24 duelos competidos sin encajar goles, además de una relación descriptiva en sus derrotas: en los seis fracasos cedidos cayó por un sólo gol de diferencia.

Barcelona, Real Madrid y Atlético, ilustre podio que pinta los matices estilísticos en los que navega el reluciente éxito del balompié patrio en el escaparate internacional -en una escala pendular que va desde la ortodoxia ofensiva, el híbrido de corte vertiginoso y el regreso al enriquecido rigor defensivo-, esbozaron trayectorias antagónicas a lo largo del viaje, fruto de las decisiones remachadas hasta agosto de 2015. Así, la continuidad catalana se desmarcó de la vuelta de tuerca colchonera y el viraje, con aspecto de metamorfosis, adoptado por la esfera dominante en Concha Espina.

Al tiempo que las oficinas de Can Barça se veían constreñidas a limitar su enfosque de las oquedades del vigente campeón de todo -que tragó sólo un imprevisto en su paseo triunfal, en la Supercopa de España y con Aduriz uniformado como gudari futbolístico- a las incorporaciones de Arda Turan y Aleix Vidal (dos transacciones desprovistas de legitimidad práctica que tradujeron el bagaje del banquillo catalán, tétrica lesión de Rafinha e irrupción de Sergi Roberto mediantes, hacia una tendencia al vacío de contenido que elevaría sobremanera la exigencia jurisdicción del once arquetípico), la ribera del Manzanares asistió a un salto de página: el libreto del Cholo habría de localizar espacios de acomodo para el desembarco de la calidad de nuevo cuño. Óliver, Vietto, Carrasco, Correa y Jackson fichaban cada mañana en el Cerro del Espino, ocupando los escaños de elementos divergentes como Mario Suárez o Raúl García. Apostó el club indio por incluir el cortejo de la pelota como una herramienta central y desterrar la concepción accesoria protagónica hasta entonces, y el proceso de aprehensión se activó con la templanza, denodada pasión por el estudio y laboriosidad característicos. No iba a resultar sencilla la maniobra de mutación, pues “la identidad no se negocia” -según verbalizó el acompañante de Germán Burgos en el timón rojiblanco-. Tardó en tomar altura, pero, en el entretanto, Antonine Greizmann (que daría carpetazo a su ficha con su marca más redonda anotadora, los momentáneos 32 goles), Saúl, Yannick y el efectivo retorno de Filipe Luis sostenían el puntaje de los suyos. A la espera de que la receta alcanzara un punto de cocción que, al fin, se destaparía en un 2016 que les ha disparado hacia su segunda final de Liga de Campeones en tres años. Amaestrando a Barcelona y Bayern de Munich. Con más variantes nominales (Augusto, Kranneviter, Lucas, Thomas y Fernando Torres) y estratégicas. Sin embargo, el crecimiento bajo los fogones pacientes y meticulosos de Simeone no estiró su rédito más allá del objetivo grabado como mantra a comienzos de la carrera: el tercer puesto quedó autografiado con un buen puñado de semanas de antelación (y un abismo de 21 puntos para con el cuarto clasificado, el brillante Villarreal).

En un distrito más condecorado y norteño que el que acoge al Atlético, el Real Madrid decidió que Rafa Benítez tomara posesión para “curar los vicios heredados” de una plantilla que se había desinflado de indolencia y desatención a lo colectivo en el último estertor del mandato de Carletto, y que ya no se despegaría de la latente sensación de sospecha. Ni siquiera ahora que saborean la presunta antesala de la Undécima. La ruptura de líneas y la agrietada vigilancia de la espalda propia sangraba, de forma impía, el buqué de la candidatura capitalina. Así, ante la imposibilidad de revertir el ánima, lo inesperado aconteció de manera sistemática hasta convertir esa acepción en sistémica, en paradigmática de la temporada en su conjunto. La aridez con la que algunos pesos pesados transigieron con la regresión a sistemas más enfocados al equilibrio y la evolución a partir del repliegue que al mandato anárquico de la improvisación ofensiva como ecuación global, convulsionó la temperatura del vestidor. En dirección antitética con la congruencia entre el aparataje filosófico del cuerpo técnico y el de los futbolistas que deleitaba el silente desarrollo de los otros dos pretendientes del éxtasis final, se desplegó en Valdebebas una soberana guerra de guerrillas, con trincheras intestinas y externas, sabotajes en todas direcciones y dialécticas alejadas de la placidez buscada en la firma del técnico campeón de Europa con el Liverpool. Los guarismos, menos pomposos de lo reclamado extramuros, aliñaron un hirviente plato abrasivo que encontró en Benítez el sujeto pasivo. La víctima propiciatoria. Los jugadores ganaron una batalla ideológica que parecería condenar, en enero, cualquier atisbo de horizonte pomposo. El cambio de entrenador en pleno transcurrir, propio de empresas infructuosas adolecentes de sutura provisional, designó el debut de Zinedine Zidane como la tirita que salvara el tipo, la honra aristocrática maltratada por la relación de fuerzas que se hizo notoria con el affaire Mourinho-Casillas, y, de paso, transmutara en válida la teorización de la exigente Copa de Europa como clavo ardiendo. Como flotador que disimulara un naufragio del que no escapaba ni la zona noble ni la hierba.

Se propuso el técnico galo “intentar hacerlo lo mejor posible” en su presentación, con tímido tono y sonriente promoción de una ilusión, entonces, impostada. Acudió el acuciado mandatario a Zizou, el simbolismo ganador madridista personificado, para reenganchar a la tribuna, al palco y al vestuario con lo identitario de la entidad. Con el fin, en segundo término, de congraciar a todos los actores envueltos en un epílogo sobre el que el entrenador extremaba su economía del lenguaje para prometer que “lucharían hasta el final”. Pues bien, sobre los cimientos de un replanteamiento físico, la probatura de la mezcla de piezas en la medular, algún que otro rapapolvo dialéctico de puertas para dentro susurrado en público y la digestión de las repetitivas lesiones de alfiles nucleares, el Madrid del elegante mediapunta metido a preparador interino fue ganando confianza en casa y seriedad a domicilio. Granjeándose callo en visitas que dejaron sangre y costra. Todo ello hasta alumbrar el término medio aristotélico, teatralizado en el ascenso de Casemiro a ancla indispensable. La asignación de secundario irrebatible al carioca de oscura y eficiente labor victimizó a la calidad técnica de artistas como Isco y James. En una directriz rebosante de valentía.

Entre los ecos de los vociferantes altavoces integristas de la concepción frugal y ofensiva de este deporte, henchidos con la cabeza de Benítez, Zidane narró sus primeros renglones de autoridad. Lucas Vázquez, Jesé, Danilo, Nacho, Kovacic y Pepe se subieron al galope de la inercia, en un dibujo que propulsaba la potencialidad de Modric y Kroos, situados, al fin, en sus espacios naturales. Fuera de los correajes del mediocentro que no eran y habían sido forzados a ser. El repunte goleador de Benzema (24 dianas), de la influencia jerárquica de Bale, de la propulsión autogenerada de Marcelo, Carvajal, Ramos y Keylor Navas y el escorzo decisivo de un Ronaldo que gritaba respeto a comienzos de año y sonreía reconocimiento a finales del curso, coronaron un paisaje que cuajó la mejor versión madridista en el cierre de temporada. Con doce triunfos concatenados en los últimos eventos del calendario liguero (36 puntos sobre 36, récord de otra era futbolística que retrotrae a los años 50), la certificación de la séptima edición del campeonato consecutiva en que pone broche a la cosecha con la centena de goles acumulados (hito que cuenta con la persecución del Barça, que alcanzó su quinta acumulada) y la sexta ocasión en que el cuestionado delantero luso, de estadística hipertrofiada, descerraja lanzamientos que besan las mallas contrincantes más de 30 veces. Lo que se antojaba como un paréntesis de transición en la inauguración del ejercicio, y que hubo de ser repensada en el ecuador del mismo, ha apurado cada pulgada en disputa para cobrar estatus, presionar a su eterna némesis y, quién sabe si estableciendo un nuevo estándar en lo que a renacimientos deportivos se refiere. El totum revolutum desatado se descubrió desanudado, para sorpresa de propios y extraños, sin suponer un retraso irresoluble para el acometido de los anhelos merengues. Aunque los fantasmas no hayan cicatrizado. Del todo. La rosa que floreció entre el fangoso empedrado alude, en estos días de entreguerras y arranque de la fiscalización estacional, al posible brote de la contratación de un nuevo entrenador oficial, de pleno derecho y potestad, para el transatlántico madridista. Llamado Zinedine Zidane.

El campeón, de resaca recién sembrada, llegó a la orilla por mor de la continuidad, reafirmación y profundización de la fórmula y ecuación que les lanzó hasta hacer cima con el triplete de 2015. Abrió fuego la travesía barcelonesa tomando el rebufo del fútbol madrileño hasta adoptar el carácter monopolizador reconstruido por Luis Enrique. Refrescó el equipo culé la verticalidad e intensidad sin pelota, enseña diferencial del legado de Lucho en el intervalo post-Guardiola, dispensando una solidaridad de empeños que redundaba en la cohesión grupal, regando el pentagrama para que la calidad ejerciera su rítmica exquisitez y patrocinara la deflagración que encontró a esta edición del Fútbol Club Barcelona aposentado en la excelencia. De nuevo. Arrasando y ofreciendo una amalgama delicada de registros imponente, que tocó techo con el récord de goles anotados en un año natural, cifrado en 180 tantos en 65 partidos (superando la marca del Madrid de Ancelotti, que alcanzó los 178), conquistó el Mundial de Clubes con suficiencia y rozó el nirvana circundado los 40 partidos consecutivos sin morder el polvo que marcó el Nottingham Forest en los 70. Fueron 39 los duelos amontonados, cuya frontera se topó en el punto de inflexión que revolucionaría el interés competitivo de la pugna por el alirón.

La vuelta del Clásico (venganza del 0-4 que aceleró el paso de los blaugrana en la primera vuelta) cortó la ráfaga antes de que degustara lo histórico y terminó por significar toda una afrenta que activaría la introspección que deshilachó el itinerario sobresaliente catalán. El Madrid, desterrado en las predicciones, remontó para imponerse en territorio comanche por 1-2. Con uno menos tras la expulsión de Ramos. La catarsis madridista recibió el diagnóstico posterior de Gerard Piqué, profundo conocedor de los automatismos espirituales de su nido: “Hay que seguir adelante. Que no nos caigamos, que no caigamos en un bajón, porque estamos en una posición única y tenemos que seguir adelante”. No obstante, el golpe consiguiente a saberse 13 puntos por delante de los perseguidores, de manera virtual y después del gol inicial del central-portavoz, y no llevar nada a la boca al final del día más que el amargo sinsabor inherente a caer frente al enemigo, concebido en plano inferior, precipitó una debacle anatómica, de confianza, lucidez con balón y ardor en el repliegue, que esfumó el colchón en cuatro jornadas.

Tan sólo las dolorosas tablas en el trompicado derbi ante el Espanyol -que supuso una tormenta hiperbólica que empapó al camarín perico- se había cruzado en el devenir convencido del líder, pero la derrota ante un Madrid en rehabilitación, precedida por el 2-2 con perfume a derrota experimentado en El Madrigal, dio paso al apagón generalizado que contempló los fracasos en Anoeta (0-1), en la recepción del irregular Valencia (1-2) y en el cruce continental frente al Atlético. La inquietud quedó instalada, en una brecha de rendimiento cada vez más angustiosa, y el gigante azulgrana requería una reacción que relativizara la depresión post traumática (identificada en la negación de destacarse como un bloque único en el escenario mundial, repitiendo gloria en la Champions League). El técnico asturiano buscó una suerte de entente cordiale con sus pupilos, para alcanzar el rebate de la zanja resultadista acontecida, y el Barcelona empezó a jugar por reclamar el respeto a su ascendencia, contra la tenue imagen mostrada. Y la exuberancia previa recobró vigencia y escena, con Suárez en papel ejecutor y Messi, parado dos meses y afianzado en las atribuciones creativas del mediapunta, volvería a gobernar los partidos de la recta final con deliciosa visión y ejecución. Entre ambos se repartieron los elogios (imaginaron un penalti indirecto que rindió homenaje al eterno Johan Cruyff) y los réditos estadísticos (con 15 pases de gol por barba, máximos asistentes). Se sobrepuso el flamante campeón a sus demonios, con un final de trayecto rutilante que desencadena la sexta rua victoriosa por las calles de la Ciudad Condal en los últimos ocho años. Mereció el entorchado la consistencia más estable del ganador, que sólo desnudó sus costuras en un trance escueto, a pesar de verse limitado por el deficiente fondo de armario. Grita con justicia el barcelonismo en este ilustre oasis de celebración antes de la traca colosal de finales que se avecina.

"Estamos en una dinámica ganadora", reconoció el preparador barcelonista minutos después del término del curso, hecho por el que pidió "disfrutarla y valorarla, ya que cuesta mucho ganar títulos". "Aunque haya mucha gente que está mal acostumbrada", sentenció como despedida a un intenso y prolongado sendero que confluyó en la agonía del combate a tres. El año uno después de la retirada competitiva de Xavi Hernández se salda sin variación en el trono nacional. Iniesta, la otra pata de la leyenda y pieza esencial en el desengrase coral, redondeó sus vitrinas con su trigésimo título.

domingo, 8 de mayo de 2016

CON AQUEL "TAMUDAZO" EN EL RECUERDO

Carlos de Blas

La historia es de sobra conocida. Un 9 de junio de 2007 el Barcelona se plantó en la penúltima jornada ante el Espanyol igualado a puntos con el Real Madrid y todo acabó en drama en el Camp Nou gracias a un gol de Raúl Tamudo que a la postre haría al conjunto blanco campeón.

Todo sucedió hace nueve años pero la situación en la que llegan los tres candidatos a la penúltima jornada es similar. En aquel campeonato Real Madrid y Barcelona encararon la jornada como colíderes con 73 puntos y el Sevilla como tercero en la tabla con 71. Algo parecido a lo que ocurren en la presente temporada donde Barcelona y Altético (85 puntos) son colíderes y el Real Madrid (84) es tercero a un punto.

Y para más inri el Espanyol volverá a cruzarse en el camino del Barcelona. Como en 2007. En aquella tarde-noche, que será recordada para siempre en los libros de historia del fútbol español, sucedieron cosas increíbles.

En el minuto 88 de la conclusión de los partidos el Barcelona ganaba su partido y el Real Madrid tropezaba pero en 30 segundos todo cambió. Un gol de Van Nistelrooy puso las tablas en el marcador en la Romareda y en el mismo minuto el sonido de los transistores apareció desde Barcelona para informar de que Tamudo marcaba un tanto decisivo que hacía al Real Madrid virtual campeón. Los de Capello se harían con el título de Liga una semana después tras vencer al Mallorca (3-1) en el Bernabéu con remontada incluida. 

El Barcelona es el único de los tres equipos que luchan por la liga que puede ser campeón esta jornada. Una victoria de los culés en el derbi sumado a una derrota del Atlético de Madrid y un empate del Real Madrid haría a los de Luis Enrique campeones.

Luis Enrique Martínez, negó que exista una "situación delicada", antes del encuentro de la penúltima jornada de Liga BBVA en la que el líder recibirá al Espanyol en el derbi barcelonés en el Camp Nou (17.00 horas), dependiendo de sí mismo para proclamarse campeón, si vence en las dos jornadas ligueras restantes, e indicó que el 'Tamudazo' que les costó la Liga en 2007 no le interesa "lo más mínimo".

El conjunto perico acude al derbi después de la polémica suscitada en los anteriores enfrentamientos de Copa del Rey y Liga BBVA donde Piqué faltó el respeto a la afición españolista.

De los tres aspirantes el Atlético de Madrid es el equipo que a priori tiene un partido más asequible. Después de meterse en su segunda final de Champions en tres temporadas, el conjunto de Simeone se enfrenta a un Levante que certificó su descenso a la Liga Adelante el pasado lunes tras caer ante el Málaga con un gran polémica arbitral. 

"Nuestro entusiasmo, ilusión y perseverancia en busca de llegar con opciones hasta la última jornada siguen intactos. Me imagino un Levante competitivo, con deportistas compitiendo de la mejor manera contra un rival importante como el Atlético de Madrid", declaró el técnico en la rueda de prensa previa al duelo.

En el camino del Real Madrid hacía el pleno en Liga aparece un Valencia que ha puntuado en sus últimos enfrentamientos en el Bernabéu. En la temporada 2011-12 sacó un 0-0, en la 2012-13 empató (1-1), en la 2013-14 también hubo tablas (2-2) y el año pasado el equipo de Ancelotti dijo adiós a dus opciones de Liga tras otra igualada a dos.


"Llevamos diez partidos seguidos ganando. Los que nos quedan son como dos finales de Liga. Sabemos que estamos un punto por detrás, el objetivo era alcanzar al segundo, somos capaces de hacerlo. Mientras queden minutos tenemos que creer en nuestras posibilidades", declaró un Zidane que podrá contar con Casemiro y Benzema pero no con Bale y Navas.

martes, 3 de mayo de 2016

EL SUEÑO DEL LEICESTER

Julio Candela

Hace año y medio los Schmeichel, Mahrez y Vardy celebraban en el ayuntamiento de Leicester el campeonato de Championship y el consecuente ascenso a la Premier League. El célebre 'We are the champions' resonó por todo lo alto en una ciudad que no se imaginaba lo que ocurriría en 2016. El Leicester, ese equipo humilde que en 2015 sufrió hasta el final para mantener la categoría, sería campeón de la Premier League.

Los goles de un extrabajador de una fábrica, la magia de los regates de un desconocido argelino, y el trabajo de un francés 'bajito' se alinearon bajo la batuta de un entrenador italiano. Un hombre que ha saboreado el éxito al final de su carrera y con la hazaña más complicada entre manos. Sí, el Leicester y Ranieri son campeones de Inglaterra matemáticamente gracias al empate a dos entre Chelsea y Tottenham.

La aspiración del Leicester de Ranieri a principio de temporada era mantener la categoría. El equipo se reforzó con 10 jugadores tras vender a cinco y perder otros tantos jugadores cedidos.

Entre las nuevas incorporaciones estaba Okazaki, buen futbolista japonés, y otros con menos nombre como Fuchs y Kanté.

Lo dicho, salvar la categoría se firmaba al inicio de curso. Lo que pasa es que cuando en la jornada 13 vas primero con solo una derrota en tu haber, tu caché empieza a subir.

"Se va a caer, tarde o temprano", "no va a durar", decían las voces de multitud de analistas deportivos a nivel mundial. No les faltaba razón porque en el primer encuentro serio de la campaña, el Leicester había claudicado en el King Power Stadium por 2-5 ante el Arsenal.

Sin embargo, los chicos de Ranieri siguieron impasibles basándose en una gran defensa y en un estilo de juego muy italiano. Esperar atrás y aprovechar el combate arriba de Vardy y la velocidad en la banda de Mahrez. Todo salió a la perfección, y el 6 de febrero el Leicester se dio cuenta de que podía ser campeón.

Tras ganar al Liverpool 1-0 en casa, los 'foxes' visitaron el Etihad Stadium de su mayor perseguidor, el Manchester City.

El Leicester rindió demostrando de lo que era capaz y asaltó uno de los feudos más complicados de la Premier League. Huth en dos ocasiones y un golazo de Mahrez sellaron un 1-3 para una historia que estaba destinada a terminar bien.


Después de perder ajustadamente ante el Arsenal, 9 jornadas con siete victorias y dos empates dejaron al Leicester al borde del milagro.

Old Trafford era el escenario ideal, pero en un cuento de hadas no todos los momentos tienen por qué ser perfectos. Un empate con gol del capitán Wes Morgan aplazó el final feliz un día más.

La historia tiene tanto encanto que hasta Ranieri estaba en un avión de vuelta a Inglaterra cuando el Tottenham jugaba en Stamford Bridge y no podía conseguir la victoria. Ese resultado de 2-2 hacía campeón al Leicester por primera vez en sus 132 años de historia. El mayor éxito del fútbol moderno en el que tiene mucho que ver un tal Vichai Srivaddhanaprabha.

El millonario tailandés Vichai Srivaddhanaprabha, rey de los 'duty free' de su país, es el hombre en la sombra que ha construido la gran temporada del Leicester, club que compró cuando nadie apostaba por él en 2010 invirtiendo 40 millones de euros.

Este amante del polo, de 58 años, forma parte de la élite de Tailandia, pero pese a su fortuna acostumbra a mostrarse cercano con los hinchas del fútbol, regalando cerveza y aperitivos en el estadio del club, el King Power, un lugar al que ha llegado en ocasiones para ver partidos directamente en helicóptero hasta el círculo central.

A pesar de su gran popularidad, Vichai es un personaje algo enigmático y que tiene poco contacto con la prensa. Prefiere dejar a su hijo Aiywatt, conocido con el apodo de "Top", en la primera línea mediática.

"Hace apenas dos o tres años dijo que quería que el equipo consiguiera buenos resultados en la Premier League y aquí están", explico su hijo Aiywatt recientemente.

Su fortuna, construida a partir de una primera única tienda en Bangkok, está estimada actualmente en 2.900 millones de dólares.

Desde que compró el Leicester en segunda división, ha ido inyectando decenas de millones de euros, sin hacer mucho ruido ni comprar grandes superestrellas, una estrategia diferente a la de otros equipos adquiridos en los últimos años por millonarios.

El plan ha funcionado a la perfección y sino que se lo digan a los Mahrez, Vardy y Kanté.

En verano de 2015, el Leicester hacía oficial la destitución de Nigel Pearson como entrenador. El técnico que propició el ascenso y que había salvado a los 'foxes' consiguiendo una décimo cuarta posición, abandonaba el club por diferencias con la directiva.

También pudo influir decisivamente el escándalo sexual que varios jugadores del Leicester protagonizaron en Tailandia celebrando la permanencia. Tres futbolistas fueron fulminantemente despedidos del club, entre ellos James Pearson, hijo del entrenador Nigel Pearson.

Llegó Ranieri casi sin tiempo para formar un equipo a su medida, pero se adaptó a lo que había. Con él y su estilo sobrio pero efectivo, Vardy consiguió 22 goles y fue nombrado mejor jugador del año para la prensa inglesa.

Asimismo, el honor de ser el mejor jugador de la Premier fue para el argelino Riyad Mahrez, una de las actuales perlas del fútbol mundial con 18 goles y 11 asistencias esta campaña.

Junto a ellos la solidez de Drinkwater y Kanté en el centro del campo, la dirección del capitán Morgan desde la zaga y la seguridad de Schmeichel en portería, han hecho posible la mayor hazaña de la historia del fútbol.

jueves, 28 de abril de 2016

LA JUVENTUS NO TIENE RIVAL

Quinto Scudetto consecutivo del equipo transalpino que tras su bajada a los infiernos vuelve a ser el conjunto más grande del país de la bota

Antonio Blanca

La primera división del fútbol italiano ya tiene campeón de Liga. La Juventus de Turín ganó su quinta liga consecutiva de forma práctica y precisa. Los blanquinegros dominan con una hegemonía pasmosa por quinto año consecutivo la Serie A.

La “Vecchia Signora” se reinventó por enésima vez en los últimos años. Esta temporada pintaban bastos para el equipo más importante de Italia, debido a la marcha de varios jugadores claves en la estructura del equipo Juventino. Vidal, Tévez y Pirlo abandonaron la escuadra del norte de Italia dejando al equipo cojo en ciertas posiciones fundamentales. Pero la “Novia de Italia”, como llaman cariñosamente los tifosis italianos a la Juventus de Turín, se volvió a reinventar fichando a varios jugadores que suplieron de forma perfecta la baja de las viejas glorias que abandonaron el equipo. La llegada de Paulo Dybala, Mario Mandzukic y Sami Khedira a la Juventus de Turín esta temporada ha sido fundamental para que el mítico equipo del norte de Italia volviera a coronarse campeón de la Liga Italiana. El fichaje que sin duda más repercusión ha creado esta temporada en Italia fue el de Paulo Dybala procedente del Palermo. Dybala recaló en las filas del equipo más grande de Italia creando muchas dudas al inicio de temporada. Su venta dejó en la isla de Sicilia treinta y dos millones de euros que se convertirán en cuarenta millones por los objetivos cumplidos por la joven perla Argentina. Pero esas dudas se disiparon tras los primeros partidos del joven jugador argentino. El extremo de la Juventus de Turín se convirtió esta temporada en el mejor jugador italiano de la Serie A gracias a su tremenda habilidad con ambas piernas, su habilidad con los regates y su perfecta definición en los metros finales. Dybala es el futuro de Argentina.

Otra razón del éxito de los blanquinegros esta temporada fue el gran momento por el que pasa la vieja guardia de Turín. Buffon, Chiellini, Barzagli y Bonucci han sido importantes en el éxito de esta temporada. El mejor portero del mundo, Buffon, nunca se cansa de ganar y de dominar su portería protegido por los tres centrales de la selección Italiana y de la Juventus de Turín, Chiellini, Barzagli y Bonucci. Estos días todos hablan de la efectividad defensiva del Atlético de Madrid, pero sin duda los esquemas defensivos de Diego Pablo Simeone tienen que aprender mucho de la “Vecchia Signora”.

El juego de la Juventus de Turín de esta temporada fue un estilo muy particular, pero efectivo. Los pupilos de Allegri, entrenador de la Juventus de Turín, jugaron de forma muy efectiva, compacta y con pocas florituras. Tras un inicio de temporada escalofriante en donde la “Vecchia Signora” no ganaba y ocupaba la última posición de la tabla clasificatoria, los jugadores blanquinegros consiguieron darle la vuelta a la situación y ganar la liga con una gran remontada a tres jornadas del final de temporada. En las últimas jornadas de Liga, el equipo de Turín anotó cincuenta y seis goles y recibió sólo nueve goles en contra. La Juventus de Turín ha crecido y madurado como equipo a través de las adversidades y dificultades. El fútbol defensivo y de precisión de la Juventus de Turín vuelve a dar sus frutos y por quinta temporada consecutiva vuelve a ganar el Scudetto. 

miércoles, 20 de abril de 2016

EL CUCHILLO ENTRE LOS DIENTES

Julio Candela

El Fútbol Club Barcelona mantenía una velocidad constante en su travesía y nada parecía desviarle de su objetivo, pero en las cuatro últimas jornadas ha sumado un punto de doce posibles y la distancia con los que le perseguían ha desaparecido. La Liga se ha convertido en una lucha sin cuartel en la que ya poco importa recrearse en el pasado.

El equipo azulgrana llegaba al intrascendente Clásico, que al final resultó muy trascendente, con un margen que todo el mundo daba por válido para ganar la Liga. Sin embargo, aquella derrota abrió una herida que poco a poco se ha ido haciendo más grande, lo que ha atraído a los tiburones de la capital.


El Atlético de Madrid y el Real Madrid han olido la sangre azulgrana y no se han dado por vencidos en su batalla por dar caza a su presa. Al final le han cogido, y ahora los tres deberán disputar un torneo a cinco fechas en el que el mejor saldrá vencedor. En caso de empate, el Barcelona será campeón por los enfrentamientos directos.


A pesar de que ante el Valencia ofreció una versión mucho mejor de la vista en Anoeta o el Calderón, el Barcelona no consiguió detener la hemorragia y hasta que no taponen del todo la herida, esta puede hacerse cada vez más grande. Ante el Deportivo deberán ganar sí o sí, pues de perder o empatar, se antoja complicado remontar la Liga con una moral por los suelos.


La ventaja que tiene el Barcelona, además del average, es sin duda el calendario. Mientras que el Madrid tiene la complicada visita a San Sebastián y el encuentro ante el Valencia en el Bernabéu (llevan cuatro años sin perder en Liga en el feudo blanco), el Atlético tiene dos visitas muy duras. San Mamés nunca regala los puntos y en Orriols se están jugando la vida. 

Por su parte, el Barcelona tiene tres jornadas sencillas y dos últimas peligrosas, con la llegada del Espanyol y el fantasma del “Tamudazo” y una última visita a un Granada que podría estar jugándose la permanencia.


Lo normal es que los tres equipos se dejen puntos en algún momento, por lo que el Barcelona tendría que pinchar dos veces en ese caso para perder la Liga. Parece poco probable, pero todos daban la Liga por acabada en marzo y ahora no sólo está viva, sino que lo va a estar hasta el final. Los tiburones han olido la sangre, y no tienen intención de desperdiciar la ocasión.

lunes, 11 de abril de 2016

NUEVO PANORAMA MERCED AL APAGÓN CULÉ

Carlos de Blas

Había disparado el Barcelona su rendimiento hasta bordear el récord de partidos encadenados sin conocer la derrota, en propiedad del Nottingham Forest. Sin embargo, el gol de Ronaldo que evocó el silencio en el Camp Nou, el pasado fin de semana, frenó la inercia en 39 duelos invicto consecutivos y, para desgracia culé, no resultó la afrenta más que la confirmación del síntoma. Una semana antes vio el líder cómo el Villarreal le remontaba un 0-2 a pesar de la polémica actuación arbitral que enervó sobremanera a Marcelino, el técnico asturiano del conjunto castellonense. La fresca derrota en Anoeta que consumó la apnea de rendimiento -un punto de los últimos nueve en liza- subrayó el punto de cocción que atraviesa la plantilla blaugrana a estas alturas de calendario. Con el billete para las semifinales de la Liga de Campeones adquiriendo un aliño épico, el cansancio y la relajación en fase defensiva de buena parte del tercio ofensivo catalán ha confluido para dibujar una tesitura indigesta para los pupilos de Luis Enrique, pero deliciosa para los perseguidores capitalinos, que han amortizado el descenso de vatios del coloso barcelonés para ajustar la distancia con la cima liguera a tres y cuatro puntos -gol average mediante-, respectivamente, con seis partidos por disputar. Es decir, 18 puntos.

Nunca había padecido el Lucho un intervalo de tres partidos sin ganar desde que tomó las riendas del Barça. No obstante, para detectar un paréntesis semejante en el seno del exponente de la Ciudad Condal hay que remontarse a la infructuosa aventura del Tata Martino. En aquella temporada, de descalabro de compromiso, los candidatos a todo no superaron las tablas en las tres últimas jornadas, contemplando cómo el Atlético sacó cosecha del 1-1 postrero para arrancarle el título de las manos en casa. Para más inri. Como entonces, Leo Messi, elemento gravitacional, esbozó un halo de autocomplacencia que olvidó el rigor en la presión y pasó de achicar espacios con frugalidad a caminar, contaminando al resto del esquema. La Pulga ha abrazado dicha actitud, junto a Neymar, en las últimas fechas, quién sabe si para volver a tomar impulso cuando más urja. Pero, en reflejo de 2014, la falta de fuelle de un vestuario que adolece de fondo de armario de garantías –Busquets, pieza angular, no posee un recambio que le otorgue respiro, con Mascherano obligado a competir como central- termina por desnudar la endeblez táctica tras cada pérdida propia y contragolpe rival. Por esta vía sucumbió la obra del Tata y por el mismo cauce ha dilapidado esta edición azulgrana buena parte de su renta.

Munir, Aleix Vidal, Sergi Roberto, Vermaelen, Mathieu o Arda Turan –que sigue jugando más lento de lo que debiera, fuera de afinación con respecto a la orquesta general- no han aportado lo necesario para que las sustituciones alcen la energía competitiva del grupo y la decisiva pegada del tridente también se ha visto nublada, excepción hecha del imperecedero hambriento Suárez (26 goles). Así, pareciera que, salvo Iniesta, el punta charrúa y Piqué, el Barcelona haya empezado a experimentar el peso de la acumulación de citas y la abrasión de la exigencia de excelencia continuada. En el peor momento posible. Con la circulación de pelota más lenta y horizontal de lo que deseara el técnico asturiano, el púgil de turno, tenga mucho o poco que jugarse en este tramo final de ejercicio, complica a los culés si efectúa un número de repliegue intensivo y salida. Han emergido las costuras sistémicas del vigente campeón y de los ajustes técnicos y el despertar de la intensidad de los artistas en plantilla dependerá la resistencia en la gestión de la ventaja catalana. De momento, el primer y trascendental escrutinio acontecerá en el ardiente Vicente Calderón. El próximo miércoles. La fiscalización del compromiso y la pulsión competitiva en grado sumo. 

En la ribera del Manzanares se atrinchera, precisamente, el ingrediente picante de la fórmula que ha refrescado el interés de la lucha por el título del campeonato doméstico. El proyecto de Simeone, que ha navegado sobre la marejada de la redefinición de la identidad propia, superó la indecisión del ecuador de curso para trazar un repunte de rendimiento en las jornadas actuales y reengancharse, como si de un motor diesel se tratara, a su firme ritmo, sin exuberancias, al rebufo del líder. Descolló en el Bernabéu para volver a arrodillar a su enemigo íntimo y, desde entonces, el granítico equipo diseñado por el Cholo ha lucido más colorido en su paleta al tiempo que solidificaba el estatus de mejor defensa del Viejo Continente -Oblak, digno relevo de Courtois, sólo ha recogido el esférico de sus redes en 16 ocasiones, lo que constituye 11 y 13 dianas menos que sus ilustres oponentes-. Arriba a este punto la entidad rojiblanca con sólo cinco puntos cedidos en los últimos diez encuentros ligueros desde que claudicara, con dos jugadores menos, en el recinto blaugrana (2-1). El recorrido manifiesta ocho victorias (cinco de ellas habiendo acertado entre palos tres o más veces), un empate ante el escurridizo Villarreal (0-0) y la derrota en el Molinón (2-1), influenciada por la resaca de la agonía continental (el resbalón aconteció días después de desembarazarse del PSV en los penaltis).

El caso es que, recién comenzado abril, el segundo clasificado susurra el acondicionamiento de las características de la plantilla consiguiente al pasado mercado estival con la filosofía de juego. De este modo, el incremento de la calidad y la cesión de músculo planteó un desafío a la dupla Simeone-Burgos que ha conducido a su sistema hacia la inclusión de la pelota como herramienta protagónica, y no accesoria, en amplias fases de sus partidos. Vietto y Correa, todavía por explotar, han ejercido como intermitentes complementos al tiempo que Fernando Torres efectuaba un respingo goleador, Griezmann -siete jornadas seguidas haciendo diana, a un partido de igualar el récord de Diego Forlán y Pruden Sánchez, para un total de 20 goles- se mantenía como referencia anotadora y Carrasco ganaba legitimidad como arma de desborde. El advenimiento de Augusto y el camaleónico acomodo de Koke y Saúl ha encontrado la estabilidad en los presupuestos dominantes colchoneros para edificar un muro en el repliegue y engrasar la fluidez creativa cuando toca. La pelota circula más por el verde que en vuelo y, amén del agradecimiento de la tribuna, confirma el enriquecimiento de la propuesta. Incluso el hiératico mantra ya ha virado hacia un discurso más ambicioso, que reconoce la batalla por la gloria cercana como un objetivo asimilable al presentismo. A pesar de no depender de sí mismo, el Atlético goza de la mejor puesta a punto anatómica, un elemento que, conducido bajo el paradigma de juego indio, puede resultar determinante en este último esfuerzo que afrontan. El calendario, con cuatro duelos de seis en casa, efectúa un guiño para que el gris y responsable trabajo de laboratorio diario, sin altavoces y como complacido tapado, vuelva a coquetear con el paroxismo.

Tercero navega un Real Madrid de contrastado carácter bipolar. La imposibilidad de sanar los “vicios heredados” –denominación con que el presidente del club retrató la indolencia de buena parte del vestuario para con las labores defensivas- que abortó el mando de Rafael Benítez de panera precoz ha proseguido la sangría merengue lejos de Chamartín, también con Zinedine Zidane al frente. La erosiva decrepitud más reciente, la experimentada en el baile con el Wolfsburgo, refuerza el vaivén perpetuo con el que, sin embargo, el club capitalino ha subsistido para afrontar la recta final del curso con opciones de doblete, por remotas que éstas parecieran hace diez días, cuando la brecha con el Barça superaba la decena de puntos. La goleada asestada al Eibar este sábado no hace sino profundizar en la doble cara de compromiso y pericia de un sistema que ganó consistencia tras la inclusión fija de Casemiro como ancla. El sacrificio de los mártires desenfocados James y Isco deshizo el desafío a los fundamentos del balompié que venía poniendo en práctica y retratando a los madridistas desde el desembarco de Ancelotti. La negación del equilibrio como raíz nuclear de la construcción de un equipo costó el liderato y la paciencia al conjunto de Concha Espina pero, como en tantos otros parámetros psicológicos que yacen sobre una incertidumbre latente, todavía está por testar si los ajustes han llegado a tiempo y han calado en el devenir del vestuario.

El chispazo acontecido en la victoria granjeada en el combate frente al Barça no encontró ligazón de coherencia en la consiguiente cita europea, de amargo sabor, por lo que, una vez más, lo que pareciera una catarsis quedó matizada con rotundidad cuando se exigía regularidad y profesionalidad. El sentido de lo colectivo, de la solidaridad de esfuerzos, no acaba de florecer como norma entre los miembros de la plantilla y la estructura ha adherido el sufrimiento sistémico a su funcionamiento. Le cuesta mucho recupera la pelota y, con ello, mantener el ritmo anhelado a los pupilos de Zidane si la atención en las ayudas y la táctica no permanece regular en las voluntades de los artistas. Hecho, este, que redunda en el perfil contragolpeador de la nómina de jugadores que acuden a Valdebebas. Ronaldo (30 goles) y Bale se alimentan al espacio y padecen en estático, a pesar del crecimiento del galés. Benzema, lesionado de nuevo, se antoja elemental para que el juego entre líneas favorezca la gestación de llegadas y remates de forma sostenida. Marcelo vuelve a asumir la salida de pelota y el desequilibrio ahora que el fuelle de Modric rezuma sequía. Kroos, transparente en defensa, cede protagonismo al frenesí de Jesé y Lucas Vázquez en una relación de equilibrios que sólo justifica el dispendio económico si la intensidad de todas las piezas revierte en la cohesión coral. Es por ello, por la dificultad para descollar en ambas fases del juego –desafío verdadero el planteado por el encierro y salida del púgil alemán que constriñó al gigante a la épica de la remontada- que propios y extraños se sorprenden de descubrirse con opciones en Liga. Zidane, Ramos y otros miembros de la delegación merengue sentenciaron sus posibilidades hace semanas. Pero podría caber espacio para suturar las oquedades y honrar, además de abrazar cuando toca, al espíritu de Juanito.


Así, la Liga española distribuye efervescencia en cada tramo de su clasificación para las últimas seis jornadas. La lucha por la superviviencia, por alcanzar los escaños con acceso a participación en competiciones continentales y la relativa a hacer cima en el balompié nacional toma altura a seis partidos del ocaso. La señal dialéctica inherente a la tensión por la situación presente, pimienta sobrevenida, tomó cuerpo por la vía de cruce de punzadas virtuales. El sábado de saeta para Madrid y Atlético y Via Crucis culé tuvo reflejo en las redes sociales por parte de sus enconados portavoces. "La verdad duele. Gran película! Will Smith es uno de los mejores actores de todos los tiempos", publicó Gerard Piqué tras el sonrojo madridista en Alemania. Minutos después del fiasco catalán en San Sebastían, Arbeloa devolvía el gancho por el mismo cauce, Twitter. “¡Qué difícil es ganar contra once! ¡Partidazo de Illarramendi y enorme Granero, promesa cumplida! ;) ¡Enhorabuena Pirata!", proclamaba el lateral merengue, en clara referencia a la polémica victoria del Barça ante el Atlético en Liga de Campeones. La temperatura en este arreón final ya ha ascendido y esto es lo que aguarda a los tres gallos en disputa, con horizonte más despejado para los dos primeros.

jueves, 14 de enero de 2016

COMO ESTÁ EUROPA EN ENERO

Jordi Grimau

Enero es mes de analizar la primera mitad de la temporada, mes en el que todavía se está a tiempo de enmendar errores (en la mayoría de los casos). En este tiempo de competición liguera, se han dado grandes sorpresas y se han vivido estrepitosos fracasos. Repasamos cómo está cada liga a estas alturas de la temporada.

Liga BBVA
A falta de jugarse el partido aplazado del FC Barcelona ante el Sporting de Gijón por motivo del Mundial de Clubes, el Atlético de Madrid encabeza en solitario la Liga BBVA, con 44 puntos, tras su victoria en la última jornada ante el Celta de Vigo en Balaídos (0-2). El equipo del Cholo Simeone, un año más, se ha metido en la lucha por el campeonato liguero históricamente dominado por Real Madrid y Barcelona gracias a su solidez defensiva (tan solo ha recibido 8 goles en 19 partidos).

El Barcelona, su inmediato perseguidor con 42 puntos, suma una racha de 20 encuentros sin perder y tiene en su ataque a los dos futbolistas que comandan la tabla de goleadores de la Liga. Luis Suárez y Neymar, con sus 15 tantos cada uno, están siendo piezas claves para que el conjunto culé le esté disputando el liderato a los colchoneros.

El tercer equipo en discordia, el Real Madrid, ha tenido unos meses plagados de turbulencias, que se saldaron finalmente con la destitución de Rafa Benítez el 4 de enero y la llegada de Zinedine Zidane, con quien el equipo blanco busca cambiar el rumbo de juego y resultados y ganar la partida a sus dos rivales directos. A día de hoy, navega tercero con 40 puntos.
  
Premier League
La Premier League inglesa tiene dos claros protagonistas esta temporada: Leicester y Chelsea. El primero por su espectacular temporada, que le llevó incluso a ocupar la prestigiosa posición de líder durante varias jornadas, y el segundo, vigente campeón, por su nefasta trayectoria estos meses, que le costó el puesto a José Mourinho (en favor de Hiddink) y provocó que se acercase peligrosamente a la zona de descenso.

Liderado por Vardy y Mahrez, el conjunto de Ranieri, que el año pasado jugó con fuego con el descenso, está a tan solo dos puntos del Arsenal, actual rey de la clasificación (42 puntos). Acechando al Leicester y a los gunners, está el Manchester City, con 39 puntos.

El Manchester United, eliminado de la Champions, está viviendo una temporada muy irregular (9 victorias, 7 empates y 5 derrotas), con un juego que, hasta su propio entrenador, Louis Van Gaal, ha reconocido que en ocasiones le aburre: "Hay partidos que no me han gustado. Y hay otros en los que me he aburrido mucho y enfadado, ya que no lográbamos desorganizar la defensa del rival.

El Liverpool tampoco está atravesando su mejor temporada. De hecho, en octubre decidió cambiar de entrenador en busca de un nuevo aire. Brendan Rodgers dejó su puesto a Jürgen Klopp, con el que, según 'The Guardian', el equipo corre más (6 km más por partido).

Serie A
La última vez que el Nápoles fue campeón de invierno el equipo italiano conquistó el Scudetto. Ocurrió el 17 de diciembre en 1989, Diego Maradona en sus filas. El conjunto de Mauricio Sarri se hizo con el título honorífico tras la derrota del Inter de Milán en su estadio ante el Sassuolo (0-1).

Pero la disputa por el Scudetto está muy apretada. Al Nápoles (41 puntos) y a la Fiorentina (38), cuarta, les separan 3 puntos. Entre medias, Juventus, que pasó de estar a 11 puntos de lo más alto a colocarse segunda, e Inter buscan desbancar a los azzurri de Gonzalo Higuaín, uno de los delanteros del momento, con 18 goles en la competición liguera.

La Roma, aunque no está a una distancia insalvable (34 puntos), tiene complicado proclamarse campeón. Para intentar enderezar el rumbo, desde el club romano han apostado hoy mismo por cesar a su entrenador, Rudi García, y colocar a un viejo conocido, Luciano Spalletti, que entrenó al equipo giallorosso entre 2005 y 2009.

El AC Milan, por su parte, está muy lejos de la 'fiesta'. Los de Mihajlovic, de quien ya suenan sustitutos, vagan en octava posición con 29 puntos.

Bundesliga
Salvo catástrofe, la Bundesliga tiene su campeón sentenciado. Con 15 victorias, 1 empate y 1 derrota, Guardiola tiene todos los números para irse de Alemania rumbo a la Premier League con un título liguero bajo el brazo (como mínimo).

El Borussia Dortmund, a 8 puntos del líder, es el único equipo que podría poner en un aprieto al Bayern Múnich (46 puntos), pero, viendo la victoriosa dinámica del equipo de Pep, parece poco probable. El Hertha de Berlín y el Borussia Mönchengladbach les siguen con 32 y 29 puntos, respectivamente.

Ligue 1
Si el Bayern Múnich lo tiene todo de cara para ganar su liga, más aún lo tiene el París Saint-Germain, que saca al segundo la increíble cifra de 20 puntos cuando llevan jugadas 20 jornadas. El conjunto de Laurent Blanc, que suma unas estadísticas impecables (con 17 triunfos, 3 empates y ninguna derrota) está muy cerca de conquistar su cuarto campeonato liguera consecutivo.


La intachable campaña de los Ibrahimovic, Cavani, Di María, Verrati y compañía no debe nublar la excelente actuación el Angers, un recién ascendido que campa en segunda posición, por encima de equipos de la talla de Mónaco (3º, 33 puntos), Olympique de Lyon (6º, 29) y Olympique de Marsella (11º, 26).

domingo, 18 de mayo de 2014

¡QUÉ MANERA DE GANAR!

Julio Candela

El Atlético de Madrid se proclamó ayer en la tarde del sábado campeón de la Liga BBVA, dieciocho años después, al lograr un empate en el Camp Nou ante el FC Barcelona (1-1) en un partido que resumió lo sucedido durante la temporada y sobre todo en los duelos directos entre ambos, con un Barça apático e incómodo y un Atlético trabajador, sacando provecho de sus armas para lograr un título del que, por pundonor, es justo vencedor.

Fue un partido, hablando de fútbol, que ofreció poco. La base del juego blaugrana fue la impotencia, el no poder crear su juego ante un Atlético que es su bestia negra. Por parte 'colchonera', un juego inteligente, sabiendo en cada momento dónde estaban, y sacando provecho de su juego aéreo y su poderío defensivo. Pero sin destellos, sin magia, tan solo los nervios a flor de piel por lo mucho que había un juego, una Liga en 90 minutos.

Al final, quien destapó las botellas de cava no fue el Barça, sino el Atlético, a domicilio y cerrando una Liga en que nadie parecía ganar, y que hoy es rojiblanca en una final que acabó con el Camp Nou en pie aplaudiendo la entrega del Atlético, ovacionando al campeón y a un manteado 'Cholo' Simeone, despidiendo con silbidos a los suyos. El mundo al revés.

El Barça se adelantó, fue campeón de Liga durante apenas 16 minutos, pero sin dar la sensación de poder rematar la faena, sin estar cómodos, sin poder ayudar a la afición a creer y a animarles. Además, salió con la segunda marcha puesta tras el descanso y el Atlético, si la hubiera en coches normales, con la séptima. Lo pagaron los blaugranas encajando el empate, y a partir de ahí el color de este duelo era rojiblanco, total y absolutamente.

A diferencia de otros encuentros, no hubo tantas ocasiones, pero la diferencia es que el Atlético quería esto, sabía que le beneficiaba y que podía llevarles a ganar el título de Liga 18 años después, mientras que el Barça, que buscaba revalidarla, no encontraba el camino. Ni los jugadores, que tanto han ganado, ni un Martino que no revolucionó nada desde la banda.

Los últimos minutos del partido, con 1-1, buscaron la épica. La Liga quería poner un broche de oro, pero el Barça no lo supo encontrar, y el Atlético solo pensaba en cantar el alirón aunque para ello tuviera que encerrarse atrás y poner un 11-0 defensivo junto a Courtois. La Liga la gana el equipo que la merece, la ha luchado como el que más el Atlético de Madrid, y la ha ganado. Además, saliendo ovacionado del Camp Nou, a gritos de 'Atleti, Atleti' y no solo por parte de sus aficionados.

Pasada la media hora de juego, y sin buscarlo demasiado el Barça, se pusieron por delante. Cesc templó el balón al interior del área para Leo Messi, que intentó controlar con el pecho pero se le fue largo, presionado por Godín. No obstante, el balón llegó de cara a Alexis, que no se lo pensó dos veces y construyó el que es seguro uno de los mejores goles de su carrera, por belleza y escenario. Su misil con la derecha voló directo a la escuadra izquierda de Courtois, que cubría ese palo pero no pudo detener el trallazo.

La sensación de que el Barça parecía estar cerca de pedir la hora en el descanso, pese a ir ganando 1-0 y el palo brutal de las lesiones de Costa y Arda Turan, se confirmó nada más salir los equipos del descanso. Como si todavía no lo hubiera hecho el Barça, dormido y perdido en su propia casa, sucumbió ante un Atlético que en cinco minutos tuvo dos buenas ocasiones a pies de David Villa, desafortunado el 'Guaje' ante su anterior equipo, y el gol de Diego Godín, toda una muestra del poderío atlético en las jugadas de estrategia, rematando picado abajo un córner libre de marca.

Con el empate el equipo 'colchonero' volvía a ser virtual campeón, y tenía el partido controlado. Además del gol, del previo palo de Villa que bien podría haber sido el empate, tenía más el balón, presionaba arriba, atrapaba al Barça en su impreciso juego, y en definitiva tenía las riendas del juego. Por contra, el Barça parecía no saber encontrar la tecla de la revolución, en la sexta vez que jugaban contra Simeone, sin haber ganado nunca antes.

Además, Leo Messi estaba ausente, sin tocar apenas el balón y cuando lo hacía era sin peligro, ni sensación de poder crearlo. Cuando Busquets pidió el cambio, por molestias, Martino decidió dar entrada a Song, no a Xavi, sin arriesgar nada pese a necesitar cambior el resultado y el guión del encuentro. Finalmente, el de Terrassa entró por un desaparecido Cesc Fàbregas, pero casi 20 minutos después.

No obstante, en un momento de bajón físico del Atlético, para coger aire más que por no poder más, el Barça se fue un poco arriba, con algo menos de media hora por delante, a la busca del gol, pero sin tener ninguna ocasión más allá de un tanto anulado, bien, a Leo Messi por fuera de juego y un disparo lejano de Alves, que por lo menos hizo que apareciera Courtois, seguro. Con el tiempo, este arreón catalán se fue difuminando, pese a que Neymar entró y animó el cotarro.

No tuvo muchas apariciones el brasileño, pero fijó a Juanfran en la derecha y provocó que los 'colchoneros' tuvieran que dividir sus esfuerzos defensivos. Esto se incrementó cuando Gerard Piqué, en los últimos diez minutos, se fue arriba en cuanto podía, haciendo de '9' buscando el juego aéreo. Y es que el 4-5-1 con el que acabó el 'Atleti', con entrada de Sosa por Adrián, cerró más los espacios, dando por bueno el empate el 'Cholo' y buscando una contra que no hizo falta que llegara.

La peor de la noticias para el Atlético llegó mucho antes del gol en contra y en forma de lesiones de dos hombres clave como son Diego Costa y Arda Turan. En 22 minutos les perdieron, con siete minutos entre un cambio y el otro. Com en Liga de Campeones, el delantero hispano-brasileño pidió el cambio obligado por molestias musculares, esta vez al esprintar para salir a la contra.

Costa se fue al banquillo entre lágrimas, consciente de que además de esta final podría perderse la del próximo sábado, cuando el Atlético de Madrid se jugará la Liga de Campeones contra el Real Madrid en Lisboa. En cuanto a Turan, también se fue muy tocado con un golpe en la zona de la cadera, pensando también en el duelo de la capital lusa.

sábado, 17 de mayo de 2014

A LIGA O MUERTE

Julio Candela

El FC Barcelona y el Atlético de Madrid juegan este sábado una auténtica final en el Camp Nou, a las 18.00 horas, en 90 minutos que decidirán al nuevo campeón de la Liga BBVA, título que defienden los blaugranas pero con ventaja para el actual líder, un Atlético que consiguiendo un empate tendría suficiente para ganar el primero de los títulos que tiene en juego.

Con el telón de la Liga preparado para cerrar la campaña, en cuanto a la lucha por el título, éste se alzará para dar la bienvenida a Barça y Atlético, los dos equipos que más han liderado la tabla hasta el momento, en un Camp Nou que dictará sentencia esperando que sea su equipo el que acabe cantando el alirón, que sería el quinto de los últimos seis años.

Para ello, y para revalidar un título que todos los jugadores y miembros del club quieren dedicar al fallecido 'Tito' Vilanova, deberán encontrar el camino hacia la perforación del muro atlético. De momento, en los cinco enfrentamientos previos entre ambos esta temporada, solo han logrado dos goles, obra ambos de un Neymar que ha recibido el alta este mismo viernes y del que es duda su presencia en el equipo titular.

Con cuatro empates y una única victoria que cayó del lado rojiblanco por la mínima, la igualdad ha sido la tónica esta temporada entre los de Martino y el 'Cholo' Simeone. Si bien es cierto que el Atlético se jugará la Liga de Campeones ante el Real Madrid a costa del Barça, a quien eliminó en los cuartos, el equipo catalán ganó el pulso contra los 'colchoneros' en la Supercopa de España, primero de los dos títulos que se habrán jugado entre ambos.

Esta Liga, de mucho más valor y peso, espera tener dueño, espera a alguien que se haga con ella pese a que en las últimas jornadas tanto unos como otros hayan hecho méritos para regalarla. Quien menos la ha querido es un Real Madrid que ya no lucha por ella, pero el Barça se ve ahora capaz de conquistarla pese a haberla dada por perdida. Por contra, el Atlético busca su primer alirón desde 1996.

Los empates ante el Getafe (2-2) y en Elche (0-0) bien podrían haber dado el título al Atlético de Madrid, pero no ha sido así por la derrota ante el Levante (2-0) y no pasar del empate en casa contra el Málaga (1-1). En la última jornada, los rojiblancos podrían haber sentenciado la Liga, acabar con esta pugna y haber ido tranquilos al Camp Nou, pero Willy Caballero acabó con esta esperanza con su gran parada ante Adrián, que este sábado se disputa un lugar en ataque con David Villa.

Y es que pese a su lesión y molestias, Diego Costa será un fijo en el 'once' de Simeone en Barcelona. El ariete hispano-brasileño es clave para el Atlético, por su lucha y entrega, su brega, y su poderío ofensivo aunque no haya podido demostrarlo todavía ante el Barça, que se le resiste igual que a Messi, recién mejorado su contrato, se le resiste Courtois, un muro infranqueable para él.

Habrá innumerables duelo individuales, pero ganará quien consiga imponer su estilo. Hasta el momento, pese al título de Supercopa blaugrana y los cuatro empates, parece que el Atlético lleva iniciativa en este punto, pues ha anulado el 'tiki taka' blaugrana, ha impedido que les lleguen y les creen ocasiones, que han llegado a cuentagotas. Así, Martino, que podría dirigir su último partido como blaugrana, no ha dudado en asegurar que intentarán hasta el final sorprender al equipo madrileño.

De los tres resultados posibles, dos son favorables al Atlético, pues de ganar o empatar será campeón en casa del rival. Al Barça solo le vale ganar, pero tiene el Camp Nou a su favor. En 90 minutos, habrá campeón en una atípica e inusual final por el título de Liga, una competición en que gana el más regular en 38 jornadas y que se disputará en una batalla final entre ambos aspirantes, en una contienda igualada que pondrá los nervios de unos y otros a flor de piel.

domingo, 12 de mayo de 2013

CAMPEÓN DESDE CASA

Jordi Grimau

El FC Barcelona se proclamó campeón de la Liga BBVA este sábado, por vigésimo segunda vez y a falta de tres jornadas para la conclusión del torneo y antes de disputar el encuentro de este domingo frente al Atlético Madrid, después del traspié del Real Madrid en Cornellà-El Prat ante el Espanyol (1-1), con lo que conquista un título marcado por el mejor arranque de la historia y con la posibilidad de igualar el récord de los 100 puntos y superar los 121 goles a favor que logró el conjunto de José Mourinho la pasada temporada.

Tras una etapa gloriosa con Pep Guardiola como entrenador, donde el conjunto blaugrana sumó tres Ligas, dos 'Champions', dos Copas del Rey, tres Supercopas de España, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes, su marcha provocó un antes y un después. Tras 14 títulos, el banquillo quedaba huérfano y el reto más complicado era buscar un relevo adecuado para mantener un estilo único y glorioso.

Se precisaba de una persona con carácter, con estilo, con personalidad, con tranquilidad y con compromiso con el club. Un hombre de la casa que entendiera y sintiera la entidad catalana y supiera transmitir esa filosofía a unos jugadores engalanados de triunfos y convertidos en el referente del balompié mundial.

Siempre a la sombra de Pep Guardiola, Tito Vilanova pasaba a la primera fila y suponía una apuesta por la continuidad. Pronto consiguió el primer desafío: sumar 13 victorias en las primeras 14 jornadas de la Liga BBVA y superar el récord del Real Madrid de la temporada 1991/92 con Radomir Antic como entrenador. Antes, ya había igualado el registro de Louis Van Gaal de la campaña 1997/98 en la que arrancó la Liga con ocho triunfos y un empate.

Cobijado en la humildad y sin escatimar en inconformismo, el Barça terminó la primera vuelta con un balance de 18 victorias y un empate, ante el Real Madrid (2-2) en la jornada 7. Tras el parón por las vacaciones navideñas, Tito Vilanova se vio obligado a abandonar el banquillo para seguir en Nueva York con el tratamiento para erradicar el tumor de la glándula parótida que le había obligado a pasar dos veces por el quirófano.

Antes de su marcha, llegaba el primer revés en Anoeta tras perder en el descuento ante la Real Sociedad (3-2). Con el espíritu de un Lionel Messi inconmensurable y bajo la batuta de Jordi Roura, segundo entrenador del equipo catalán, el equipo se veía obligado a estar más unido que nunca. Tras el varapalo de Eric Abidal, víctima de un tumor en el hígado, el Barça recibía otro golpe más.

El conjunto blaugrana comenzó a sufrir fuera de casa. Empató en Mestalla ante el Valencia (1-1) en la jornada 22 y volvió a sucumbir en el 'Clásico' frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu (2-1) en la 26. Tras firmar las tablas en Balaídos frente al Celta de Vigo (2-2), donde se vio frenada la racha de Lionel Messi de 19 jornadas consecutivas marcando, el Barça volvió a la senda del triunfo y acumularía tres jornadas seguidas ganando antes del empate en San Mamés y después de su último triunfo ante el Levante en el Camp Nou (4-2).

Eliminado de la Copa del Rey a manos del Real Madrid en semifinales y apeado de la 'Champions' por el Bayer Múnich, el Barça suma el primer título de la temporada con una aval de 28 victorias, 4 empates y 2 derrotas y sumando 105 goles a favor y tan solo 37 en contra. Por delante, aún cuatro partidos en los que el Barcelona podrá igualar los 100 puntos del campeón al que relega, el Real Madrid de José Mourinho.

viernes, 4 de mayo de 2012

CIBELES DE FIESTA

Carlos de Blas

El capitán madridista, Iker Casillas, se ha aupado a la diosa Cibeles para brindar el trigésimo segundo título de la Liga Española conquistado por el conjunto blanco, en presencia de miles de aficionados madridistas que atestaron los aledaños de la Plaza de Cibeles.

El guardameta mostoleño se subió, por segunda vez en su carrera en condición de capitán de la entidad de Concha Espina (tras la Copa del Rey obtenida en Mestalla hace un año ante el FC Barcelona), a la efigie granítica para anudar una bandera con el escudo del Real Madrid en el cuello de la diosa Cibeles. Cuatro años después, la deidad blanca volvía a recibir a una plantilla campeona de la Liga.    

Antes del momento cumbre de la celebración, el cancerbero fue aupado al cielo de Madrid por Granero y Arbeloa en una pasarela en la que los jugadores recibieron los parabienes de los aficionados, fueron vitoreados y botaron al ritmo que dictaba la megafonía. Minutos después, Casillas quiso demostrar ante todo el mundo la complicidad que mantiene con Cristiano Ronaldo, situándole en solitario ante las hordas de seguidores blancos que alentaron a sus ídolos.

Especialmente activos se mostraron el propio Iker Casillas; Sergio Ramos, ataviado en todo momento con una bandera de España con la estampa de un toro; Higuaín, que se fundió en un sentido abrazo con Herrerín, mítico delegado de campo del Santiago Bernabéu; un campeón del mundo como Xabi Alonso, que aún no había saboreado las mieles del triunfo en la Liga Española; y una de las sonrisas del vestuario blanco, Marcelo.

La expedición merengue llegó hasta el concurrido punto de encuentro en lo alto de un autobús descapotable, donde los integrantes de la comitiva blanca no pararon de abrazarse, de ondear sus bufandas al aire madrileño y de inmortalizar con sus móviles el momento de entrega y devoción del madridismo para con sus ídolos. El mismo autobús en el que los jugadores blancos se despidieron de su afición, no sin antes citarse para la temporada que viene con la diosa blanca.

domingo, 15 de mayo de 2011

EL MANCHESTER YA ES MEJOR QUE EL LIVERPOOL

Aránzazu Gálvez

El Manchester United se ha proclamado campeón de la Premier League por decimonovena vez en su historia, después de empatar (1-1) en su visita al campo del Blackburn Rovers, consiguiendo así el punto que les faltaba a los 'reds' para ser campeones.

Brett Emerton adelantó al Blackburn en el minuto 20 de partido y con lo mal que estaba jugando el Manchester parecía que tendría que esperar una semana más para ser campeón. En el descanso, algo cambió en la mentalidad de los 'diablos rojos' y jugaron mucho más sobrios en la segunda mitad.

Los 'reds devils' se acercaron en varias ocasiones a la portería contraria, pero no hubo suerte hasta que el árbitro pitó un penalti en el minuto 73. Wayne Rooney transformaba la pena máxima e igualaba el encuentro, consiguiendo un punto que le daría a la postre el título al United.

El conjunto de Ferguson dejó el título sentenciado el pasado domingo, al imponerse en Old Trafford al Chelsea (2-1), pero le faltaba aún un punto por sumar a falta de dos jornadas. Con este empate en casa del Blackburn, los de Alex Ferguson cierran matemáticamente la Premier y podrán festejar el título la próxima semana con su público ante el Blackpool. Además, podrán tener tiempo para preparar la final de la 'Champions League', que jugarán en Wembley contra el Barcelona el próximo 28 de mayo.

De esta forma, el Manchester vuelve a recuperar el cetro inglés, después de que la temporada pasada fuera el Chelsea el que levantó el trofeo, y conquista su cuarto título en los últimos cinco años. Además, los 'reds devils' suman su decimonoveno campeonato liguero, superando al Liverpool, que cuenta con 18, y se sitúan como el equipo con más títulos.

jueves, 19 de agosto de 2010

MADRID-BARÇA, TANTO MONTA, MONTA TANTO

José Antonio Montoya

¿Quién ganará esta temporada la Liga? En Alemania, todos darán como máximo favorito al Bayer Munich. Pero al gigante muniqués le suelen salir molestos acompañantes de última hora, como el Wolfsburg, que ganó una Bundesliga hace dos años; o el VFB Sttugart, hace cuatro temporadas; como el Werder Bremen o el Borussia Dortmund, que llegó incluso a conseguir una Champions. En Italia, el Inter acapara títulos en el último lustro, sustituye en el ciclo a la Juventus, como antes hizo el Milan o en ocasiones la Roma. ¿Y en España? ¿Quién de los dos monstruos ganará la Liga esta temporada: el Real Madrid o el Barcelona?

Porque en España, desde hace demasiado tiempo, solo hay dos equipos aspirantes a llevarse el torneo de la regularidad, Madrid o Barcelona. Nadie más. En la próxima temporada no sucederá nada extraordinario que no sea un relevo de podio: o blanco o azulgrana. El presupuesto de uno de los dos equivale a la totalidad del presupuesto de los dieciocho equipos restantes, porque, entre otras cosas, estos dinosaurios de nuestro fútbol se embolsan la mayor tajada del pastel televisivo. Los restantes, las migajas. En números, 300 millones entre ambos, el resto de los clubes mortales se lleva lo mismo. O sea, 300 a repartir entre 18.

En la Premier League, el equilibrio entre los equipos es incuestionable, por lo que los ganadores se alternan. El último campeón fue el Chelsea, un año antes el Manchester United. No hace mucho lo fue el Arsenal. Esta temporada el Mancheser City va a por todas.

El Real Madrid se regodea de haber gastado este año en fichajes “solo” 83 millones (incluyendo a Canales por 10), muchos lo interpretan como un afán cínico de no sacar pecho en época de crisis. Con los seis fichajes realizados, el club de Chamartín aspira a desbancar al Barça, cuya resaca ganadora le hizo tambalear el pasado sábado en Sevilla.

España se encuentra en estos momentos en lo más alto del mundo del fútbol. En nuestra Liga BBVA habitan los mejores futbolistas, la Liga es de manera definitiva la Liga de las Estrellas, pero esta dictadura de dos y la consiguiente falta de competencia con el resto desembocarán pronto en aburrimiento, y el aburrimiento acarreará a medio plazo una Liga descafeinada. Como en Portugal, con el Benfica campeón tras una hegemonía de años del Oporto, porque el tercero en la discordia, el Sporting lisboeta, se quedó sin cuartos hace tiempo. Ahora emerge el Sporting de Braga, que el año pasado se aprovechó de la pájara de su vecino portista para ser segundo. Pero ahí quedó y quedará. En Escocia sólo existen el Glasgow Rangers y el Celtic, los demás solo alcanzan el grado de mirones en el baile monocorde de música rallada entre católicos y protestantes.

Miguel Rico, celebrado cronista, ha escrito que el pasado sábado Keita, Daniel Alves y Adriano, hoy barcelonistas, se enfrentaron a su ex equipo, el Sevilla, que se llevó por el traspaso del trío al Barça la nada despreciable cifra de 65 millones de euros. Keita costó 14 millones; Alves 41 (incluyendo bonos) y Adriano 9,5, que pueden llegar a 14 si se cumplen requisitos mínimos. Por estos tres futbolistas, el club de José María Del Nido abonó en su momento poco más de siete millones.

El artículo del analista es un buen ejemplo que dibuja la opulencia de unos y la sagacidad que otros utilizan para sobrevivir. Monchi y su equipo de eruditos peinan el mercado Mundial durante años y, una vez encontrado el diamante, lo trasladan a la Ciudad Deportiva hispalense para pulirlo. No tarda tiempo en salir la joya. No sólo son Adriano y Dani Alves, ahora se encuentran en la lanzadera los argentinos Federico Fazio y Diego Perotti (800.000 dólares entre ambos). El Real Madrid también pescó en los caladeros sevillistas con Julio Baptista y Sergio Ramos. Inteligencia, suerte, mucha paciencia y un buen puñado de horas, cuatro requisitos que combinan los técnicos del club nervionense para que su equipo siga dando brazadas en el agitado mar de nuestro fútbol y salir indemne de los tiburones.

Ojalá los patronos de la LFP echen redes antes de que los equipos se hundan en la miseria.

lunes, 17 de mayo de 2010

LÓGICO CAMPEÓN DE RECORD

Segunda liga consecutiva del Barcelona de Guardiola que se convierte con 99 puntos en el equipo que más puntos logra en una liga y con mayor número de victorias 32


Antonio Blanca


Ya tiene el Barcelona en sus vitrinas la liga número 20. En redondo, la vigésima, ante su público cumpliendo con el guión, haciendo que la lógica y teórica del fútbol se impusiesen sin dar cabida a susto o posible milagro. El equipo catalán hizo sus deberes, y ya lleva dos BBVA seguidas, habrá que ver que ocurre en 2011, pero es para sacar pecho, para presumir y para sentirse orgulloso, como dice Laporta. No seré yo sospechoso de apoyar y coincidir en algo con este sujeto, un bellaco de la calaña de Laporta, pero sí lleva razón Joan al decir que está orgulloso. Es para estarlo, de Messi, bota de oro y pichichi, de Valdés, de Piqué, de Puyol, de Iniesta, Xavi, Pedro, Bojan… todos canteranos, un equipo no basado en la chequera, sino en los valores de un escudo y una camiseta. Concretamente los valores que el Madrid echando aquel infausto 2003 perdió con Del Bosque y que no ha sabido recuperar, aunque hayan mediado dos ligas, la de Capello y la de Schuster.

Los de Guardiola han firmado una memorable temporada, y como siempre defiendo y digo, al cabo de 38 partidos, ganando 32 de ellos, empatando 5 y solo habiendo perdido 1, ¡ese Atleti campeón de la Liga Europa!, el Barcelona sin dudas es el merecedor de llevarse la liga, acreedor total a ello. Una liga cara, histórica, peleada hasta la última jornada, porque el Madrid hay que agradecérselo después de la derrota en el Bernabéu ante Messi y los suyos, se empeñó en no arrojar la toalla y en creer en un milagro que esta vez no resultó. Curiosamente la meta de los Pellegrini (no entiendo que debate quiere abrir Valdano ahora, el chileno no debe durar ni dos días más en la casa blanca) los 98 puntos, no les sirvió para coronarse, primero porque el Barça ha llegado a los 99 y segundo porque ellos se han quedado en 96. Unos números que hubieran valido en cualquier otro año, en cualquier otra liga, pero no en la española, donde al final el tiempo ha dado la razón, el campeón se ha dirimido en el enfrentamiento directo Barcelona-Real Madrid, los dos transatlánticos de nuestro deporte rey, en el que los catalanes han sido mejores. Estamos ante el mejor Barcelona de toda su ya más de centenaria historia. Mi más sincera enhorabuena campeón.

Jornada final de la liga, que como no, aparte de arrojar luz sobre el campeón final, viene marcada por las sonrisas y las lágrimas de quienes logran sus objetivos, se salvan o se clasifican para niveles mayores, y quienes toman el ascensor hacia los infiernos, no han logrado cumplir el objetivo marcado, el talonario se resentirá, y la temporada se puede catalogar de fracaso. Por ejemplo, todo el mundo lo piensa ahora mismo leyendo estas letras. El Real Madrid, claro. 250 millones de euros invertidos para firmar una temporada en blanco. De los fichajes se salva únicamente Ronaldo. Alonso, Arbeloa y Albiol han estado bien pero podrían haber dado mucho más. De Benzema y Kaká mejor ni hablamos, un rotundo engaña bobos ambos jugadores. Muchas lesiones y poco juego. Un timo, como el de la estampita. Pellegrini no se ha visto con mayor traje en todos los días de su vida profesional y claro, le ha quedado anchísimo. Octavos en Copa de Europa, el mayor ridículo en la historia merengue ante el Alcorcón y sí pugna por la liga hasta el último momento pero siempre a remolque, no ganando los dos duelos clave, Nou Camp y Bernabéu. Temporada suspensa para el Madrid, que ahora volverá a tirar de cartera, se comenta que ya hay 200 millones de euros para ser invertidos, y eso que estamos en crisis, será por dinero con Florentino.

La jornada venía partida en dos. El sábado duelo por la Liga Europa. En el Calderón, su afición rendía honores a los campeones el miércoles pasado de la antigua UEFA. Impresionante ver al estadio del Manzanares en comunión perfecta con los suyos. El Getafe que también guardó pleitesía al Atlético no tuvo piedad en el partido y goleó a domicilio 0-3 a los de Quique, que tenían la cabeza puesta en pasado mañana en la final de Copa del Rey ante el Sevilla. Magnífica temporada de los de Michel que se meten dos años después en Europa. Chapó Geta y el Atleti a por su doblete catorce años más tarde.

Dijo adiós y vaya adiós. Etxeberria, “Etxebe” para San Mamés se retiró del Athletic de Bilbao el sábado. 2-0 en el homenaje vencieron los de Caparrós al Deportivo de la Coruña que cierra una deplorable segunda vuelta. Se quitó para siempre la zamarra rojiblanca un histórico de la banda derecha, emocionante adiós, que marchó por la puerta grande como los buenos toreros.

Iba el Villarreal a Zaragoza buscando meter la cabeza en la Liga Europa por vía directa, pero no lo logró. Gran espectáculo de goles entre los de Gay y Garrido. Hasta seis hubo, 3-3 en un divertidísimo partido para despedir el fútbol en Zaragoza hasta el agosto que viene.

19 años tiene, nombre Rodrigo Ríos “Rodri”. Héroe del sevillismo. Gol en el minuto 93, con empate a 2 en Almería, un resultado que mandaba fuera de la Champions a los andaluces, pero en esas que su gol, pasará a la historia del Sevilla, ponía el 2-3 en los Juegos del Mediterráneo y clasificaba para la previa al equipo capitaneado por Antonio Álvarez.

2-0 venció en su campo el Mallorca al Espanyol que durante mucho rato se vio en Copa de Europa, pero no pudo ser. Temporada de diez la que Gregorio Manzano y sus chicos han realizado con el conjunto isleño, que se verá premiada con paseo europeo pero no por la gran competición, un sabor algo amargo el que al final se le quedó a una ensaimada cocinada por largo rato y con mucho esfuerzo.

Quedaba para ayer domingo ver quien ganaba la liga, Barcelona o Madrid, y quien se iba al descenso, Xerez, Málaga, Tenerife, Racing o Valladolid. Ganó el Barça de Guardiola y cayeron “Adelante” Xerez, Valladolid y Tenerife.

En Santander, los locales se jugaban la categoría ante sus vecinos del Sporting, ya salvados, que alinearon un equipo plagado de suplentes y canteranos. El monólogo racinguista se hizo extensible en la primera parte, donde Tchité aprovechó un balón en el área para abrir el marcador. Y fue de nuevo el africano el que aprovechó una jugada embarullada en el área para sentenciar el partido y dejar al Racing un año más en Primera.

Por su parte, el Xerez apuró hasta el final las remotas opciones de quedarse en la máxima categoría pero no pudo pasar del empate a 1 frente a Osasuna en el Reyno de Navarra. Los de Néstor Gorosito se vieron sorprendidos por los navarros que, a pesar de no jugarse nada, salieron a por los tres puntos y pusieron en aprietos a los andaluces. De hecho, fue Osasuna quien se adelantó en el marcador con un gol de “Daddy” que con un potente disparo sorprendió a Renan. Sin embargo, el Xerez volvió a hacer gala de amor propio y se lanzó al ataque. Las llegadas se vieron recompensadas con el gol de Antoñito y el empuje de los andaluces les llevó a rozar al victoria, que finalmente no se cumplió y les devolvió a la categoría de plata un año después.

Tampoco fue capaz de ganar el Tenerife, que necesitaba una victoria en Valencia, pero se encontró con una derrota (1-0) que cerró el sueño de los insulares de alcanzar la permanencia. Alexis remató a los tinerfeños con un certero remate de cabeza en el minuto 90 del encuentro y dejó los tres puntos en manos de los levantinos, que concluyen la temporada terceros. El Tenerife volvió a ofrecer su habitual imagen fuera del Heliodoro Rodríguez López y no fue capaz de reaccionar, a pesar del empate del Málaga ante el Real Madrid.

En el pulso entre Barcelona y Real Madrid con invitados jugándose la vida como Valladolid y Málaga, quien salió perdiendo fue el equipo de Clemente, goleado en el Camp Nou, 4-0 y eso que durante los primeros quince minutos los pucelanos pusieron nervioso a más de uno en Barcelona, pero no pudo ser, y la lógica se impuso al milagro que sería que Javier Clemente se convirtiera en un icono para el madridismo. Venció el equipo de Guardiola que una vez por delante en el marcador remó a favor de corriente y se llevó fácilmente un partido que a su vez ponía en segunda división al Real Valladolid tras muchos años en la categoría dorada del fútbol patrio.

En la Rosaleda el Málaga sufrió hasta el final, empate a 1 con el Real Madrid que condenó a los blancos a quedarse sin título, aún ganando no lo hubieran logrado. Duda adelantó en la primera parte a los malacitanos, y Van der Vaart (ese holandés al que Pellegrini lo le hablaba y que ha resultado cuasi imprescindible en la fase final de la liga) puso las definitivas tablas. “Guti” jugó su último partido con la camiseta que le ha visto llevar el ‘14’ los últimos 14 años. Se va un genio al que la cabeza no le ha acompañado. Pudo romper el cuadro, ser uno de los mejores de la historia, pero se conformó con dejar pinceladas imborrables en el cuadro. Donde vaya mucha suerte Gutiérrez. El Real Madrid echará en falta a su mediapunta, y deberá poner la mente en el próximo año, tras realizar una aceptable liga, muy buena dirán algunos, pero no tanto para un club de la exigencia del Real, que tiene que ganar siempre, y por más que haga 96 puntos si hay un equipo (Barcelona) que te los supera, ya has perdido. Eso le ha pasado al Real Madrid, temporada en blanco, fiel a su más distinguido color.