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jueves, 19 de noviembre de 2015

CAPITÁN, MI CAPITÁN

Con la perspectiva que da el tiempo (su paso), se comprenderá lo que significó Raúl González Blanco para el Real Madrid y para el fútbol toda vez que se marchó el pasado domingo ganando la liga americana

Antonio Blanca

El pasado fin de semana dijeron adiós dos hombres que han ofrecido mucho espectáculo en los últimos años. Uno dio por terminada su carrera como futbolista tras veintiún años de éxitos. El otro estrenó su cuarta película de James Bond y parece que también será la última tras nueve años.
                  
¿En qué se parecen James Bond y Raúl González Blanco? En muchas cosas. 007 es un caballero de Inglaterra, un hombre con gusto refinado y siempre bien rodeado. Leal a su país, nunca rehúye el cuerpo a cuerpo y se lo deja todo en cada misión. Por su parte, el ‘7’ siempre ha demostrado ser un "gentleman" tanto dentro como fuera del terreno de juego. Su imparable ambición solo ha sido comparada con su profesionalidad. En cada entrenamiento, en cada partido y en cada jugada se dejó el alma por su equipo, por una camiseta, por un fin común, Raúl al servicio del Madrid o de España, nunca viceversa.

Además, el Gran Capitán tenía una característica que le convertía en el mayor temor de sus rivales durante los partidos. Su particular “licencia para matar (golear)”. Cuando otros dudaban, él sentenciaba ganando la banda en Glasgow por ejemplo, poniendo la Novena de cara; cuando para otros la cosa se ponía complicada era cuando mejor sabía actuar; los que les daban por muerto, terminaban siendo los que acababan sepultados. Jamás le pudo la presión y siempre salió indemne de cualquier enfrentamiento, no sin antes haber maculado la zamarra merengue, de barro, césped, sudor, sangre y lágrimas.

Veintidós años en el Real Madrid, muchos de ellos al frente del timón del gran transatlántico. Raúl siempre ejerció de líder en sus equipos. Ya fuera de adolescente con solo diecisiete años, él se echó el equipo a la espalda y sentó a todo un mito como Emilio Butragueño. Poco a poco fue conquistando el corazón de todos los madridistas y acabó siendo el máximo goleador de la historia del club (ahora superado por una “Bestia”) y el futbolista que más veces defendió su escudo.

Pero hubo un día en el que Raúl tuvo que decir adiós. Pellegrini le enseñó el camino del banquillo y la llegada de José Mourinho le invitó a proseguir con un nuevo rol, jugador-ayudante, algo que el ‘7’ agradeció pero nunca quiso como viejo guerrero, la batalla estaba en el campo y no en los asientos mullidos del Bernabéu u otro estadio. Raúl salió a probar fortuna en otros lares. El "señorío" madridista (la fábula inventada) perdió a su gran estilete el día que el Siete se marchó del Bernabéu. El Schalke 04 le acogió y su afición en seguida le caló: "Señor Raúl" le llamaban, pues era un veterano que lo daba todo y que siempre actuaba convenientemente.
       
Tras dos grandes temporadas en Gelsenkirchen, Raúl González Blanco decidió probar fortuna en Asia, donde además de jugar al fútbol estuvo aprendiendo también otra parte de este maravilloso deporte: la enseñanza a los más jóvenes. Poco a poco, Raúl iba abandonando su vida de futbolista.

Su última etapa fue en Nueva York. El New York Cosmos de Pelé llamó a su puerta y el Gran Capitán no dudó en marcharse a Estados Unidos. Allí apenas jugó una temporada, pero la terminó por todo lo alto. En una final y ganando su vigésimo segundo título en veintiún temporadas. Un escándalo.

Desde que semanas atrás Raúl anunciase su adiós, muchas leyendas del mundo del fútbol han tenido palabras para él. Desde ex compañeros como Beckham, Roberto Carlos, Morientes o Cristiano Ronaldo, hasta rivales como Carles Puyol, Pep Guardiola o Luis Enrique. Daba igual si le tenías de tu parte o si estaba a punto de fusilarte: Raúl marcó a todos los futbolistas de los últimos veinte años.

Para muchos sigue siendo el mejor jugador de la historia de este país. Para muchos otros fue un gran jugador, pero nunca ganó nada con la Selección y eso le lastra de cara a esos elogios. Lo que es evidente es que el mundo del fútbol ha perdido a uno de sus mayores estandartes. Y España, también.

Para mí fue el futbolista con el que crecí y desarrollé mi afición por el deporte rey. Para mí fue y será mi capitán, quien sin nada a cambio, sin prebendas, sin esconderse, dando la cara, siempre y siempre puso al equipo por delante de sus intereses. Nunca vi a nadie dejarse tanto la vida por un escudo y una afición. Para mí fue Mi Capitán.

Pero que nadie dude de que Raúl volverá. No se sabe aún cómo ni donde, pero siempre vuelve. Solamente ha dejado su existencia terrenal para pasar a ser una leyenda. Y las leyendas nunca mueren.

martes, 17 de noviembre de 2015

EL MITO DEL '7'

Aránzazu Gálvez

Se retira una leyenda del Real Madrid, del fútbol español y del fútbol mundial. Con 38 años, Raúl González Blanco cuelga las botas coronándose campeón de la North American Soccer League (NASL) en filas del conjunto del New York Cosmos. Atrás queda una trayectoria que contempla 22 títulos conquistados en 21 campañas como profesional sobre los terrenos de juego.

Hablar de Raúl probablemente sea hacerlo del jugador más importante de la historia del fútbol español junto con el exbarcelonista Xavi Hernández. A lo largo de su carrera, el Siete del Real Madrid y de España siempre se caracterizó por su trabajo, lucha y carácter sobre el campo, pero también por una calidad que había quienes se atrevían a negarle. Un auténtico líder que lo fue durante muchos años en el club más laureado de todos los tiempos. Doble mérito.

Como “una obra de arte del madridismo” lo definió Jorge Valdano, el hombre que apostó por él para asumir un rol importante en el primer equipo del Real Madrid cuando solo contaba 17 primaveras de existencia. El entrenador argentino acertó de pleno. Aquel 29 de octubre de 1994 descubrió un diamante en bruto, un chico que terminaría por convertirse en un mito del deporte rey.

El primer gol en Primera División de Raúl llegaría una semana después de su debut en La Romareda, frente al Atlético de Madrid, precisamente un conjunto en cuyas categorías inferiores había cursado parte de su formación. Le asistió el danés Michael Laudrup para que golpeara de primeras y enviara el esférico directamente a la escuadra derecha de la portería rojiblanca. El Santiago Bernabéu asistía entonces el nacimiento de uno de sus grandes héroes.

Tenía el gol entre ceja y ceja y, sobre todo, imaginación para inventarlo, para llegar a él. La carrera de Raúl González Blanco contempla numerosas dianas, amén de decisivas, de bellísima factura. Quién no recuerda el famoso tanto del aguanís transformado por el Siete merengue ante el Vasco de Gama brasileño el 1de diciembre de 1998 y que significaría la conquista de una Copa Intercontinental que se le resistía al Real Madrid desde hacía 38 años. O cómo silenció al Camp Nou. O de la manera en que emuló el gol de Emilio Butragueño en Cádiz pero en el mismísimo estadio Vicente Calderón. O sus fantásticas cucharas, aquellas vaselinas de tan particular ejecución. Impresionante.


Por todo esto y mucho más le llamarían Señor Raúl en sus dos temporadas en el Schalke 04. La despedida que le brindó el Veltins-Arena resultó tremendamente emocionante. Después emprendería sendas aventuras primero en Qatar y seguido en Estados Unidos, donde se ha despedido del fútbol en activo definitivamente. ¿Qué nuevos retos le aguardarán a partir de ahora?

lunes, 16 de noviembre de 2015

EL SIETE DE SIEMPRE

En la noche de ayer, con 38 años a sus espaldas y 21 de profesional, Raúl González Blanco, el “Gran Capitán” se marchó del fútbol venciendo la liga de Estados Unidos

Antonio Blanca

1.015 partidos oficiales después y 7.687 días como profesional, don Raúl González Blanco escribió el epílogo de su carrera y prendió el prólogo de una leyenda forjada sobre un balón, gol a gol, carrera a carrera, gota a gota de sudor, de coraje, de valores y de liderazgo. Se va uno de los jugadores más grandes de la historia, pero deja para la eternidad un espejo en el que deben mirarse todos los chicos que sueñan con ser futbolistas. El 15 de noviembre de 2015 se acabó el jugador, nació el mito.

No fue el estadio más glamuroso o el más asolerado, ni el césped más verde, pero a Raúl, curtido en campos de tierra y sobre el duro cemento de un patio de colegio, nunca le importó remangarse y bajar al fango. Siempre le gustó el fútbol de la calle, habría sido el rey del potrero si hubiera nacido en el barrio de la Boca, pero en la Colonia Marconi la vida tampoco era de color de rosa. Nunca cambió el balón por los focos, ni quiso ser otra cosa que futbolista. Nada más y nada menos.

Soportó el peso de la púrpura y tiró del carro a golpe de riñón. En la pobreza y en la riqueza. En la salud y en la enfermedad. En las buenas y en las malas. Nunca fue ni el más rápido, ni el más habilidoso, ni el más técnico, ni el más fuerte ni el más goleador. Pero sí el más pícaro, el más listo, el más callejero. No era el mejor en nada pero a la vez era el mejor en todo.

Aún con el eco del Star and Spangled banner, el ‘7’ de siempre supo que se jugaba una final y no un homenaje, al recibir una fuerte patada de espaldas. Cual resorte se levantó y se encaró con el colegiado, cabeza con cabeza, igual que hizo con el viejo central de la ‘Juve’, Vierchowod, cuando era un pipiolo de 18 años en su primer año en la Champions.

Tres minutos después, acaso para homenajear a su compañero, Cellerino adelantó al Cosmos con un gol made in Raúl. Controló un melón con el pecho, se coló entre los dos centrales, por donde no había sitio, y consiguió disparar cayéndose al suelo, trompicado, con el portero canadiense a media salida. La pelota se alojó botando, celosa de que  no fuera el siete más siete de todos los sietes, el que la alojara en la red.

Se movía Raúl con la libertad de quien conoce todos los atajos del área, pero con el sigilo del depredador, agazapado en el contraluz de un callejón cualquiera, como un carterista del gol. Un regatito por allí, una asistencia por acá, gustándose como su amigo Enrique Ponce a la verónica. Jugaba de delantero, de mediapunta, de centrocampista al lado de Senna, otro ilustre veterano que colgaba las botas anoche. Y si había que bajar a defender, se bajaba. Era Raúl en estado puro.

Ni el estadio, ni el partido, ni el césped, ni el rival eran dignos de los benditos pies de Raúl, pero el 7 jugaba con las mismas ganas y concentración que si fuera el 20 de mayo de 1998 y estuviera en el Ámsterdam Arena. Fue el día que levantó su primera Copa de Europa, La Séptima del Real Madrid. Cualquier pelota que caía por donde él merodeaba, acababa imantada hacia sus pies, como toda la vida.

Era el último partido de Raúl y lo jugó de blanco, un color que le sentó como a una novia camino del altar, un color que defendió y honró como pocos, porque en sus tiempos del Madrid, su camiseta siempre empezaba inmaculada y acababa más sudada que ninguna. Se iba el ‘7’ al descanso con la sensación del deber cumplido, el equipo siempre por encima de todas las cosas, pero con las ganas de arrancarle al fútbol un último gol.

El que falló su compañero Cellerino nada más empezar la segunda mitad, en boca de gol y a puerta vacía, después de una apreciable jugada colectiva del Cosmos. Y el que anuló el árbitro a Roversio después de que Raúl interrumpiera lo justo la salida del portero. Al Cosmos se le ponía de cara el partido después de que Trafford se bailara un zapateado encima de un rival como si fuera Joaquín Cortés. El Ottawa se quedaba con diez.

Se confiaron los neoyorkinos y encajaron un gol dos minutos después, que marcó Heinemann con mucho arte y poca ortodoxia. Como el partido era un circo infame de golpes y pelotazos, apenas tardó un suspiro el Cosmos en volverse a adelantar, después de una jugada por banda que remató Cellerino en plan ” a mí la legión, que los arrollo”.

Raúl y Senna eran los quarterbacks que ponían la pausa a un fútbol atolondrado y de choque. El último partido de Raúl pasaba con el vértigo de su carrera. Y a la carrera dio el ‘7’ su última asistencia. Lo hizo con el exterior cuando vio la carrera del tanque Cellerino, que sellaba su hat trick y un título más, el último, para la laureada carrera de uno de los jugadores más competitivos que jamás haya pisado un campo de fútbol.
Buscó el gol hasta el final para que la pelota besara la red una última vez, aunque no le hacía falta.

Acabó el partido con el último pase. Fue de Marcos Senna para Raúl, justo antes de que el árbitro emitiera el pitido final del encuentro, la última vez que se enfundará el ‘7’. Luego vino el manteo de sus compañeros, igual que en su despedida en el Bernabéu con el Al-Saad, en aquel partido en el que hasta los cimientos del estadio se removieron.

jueves, 22 de octubre de 2015

ETERNO SIETE

La semana pasada anunció su retirada el posiblemente mejor jugador en la Historia del fútbol español, Raúl González Blanco

Antonio Blanca

Se retira una leyenda del Real Madrid, del fútbol español y del fútbol mundial. Cuelga las botas ni más ni menos que el ‘7’ de España y del Real Madrid. A sus treinta y ocho años, Raúl González Blanco se irá del fútbol (como futbolista) el próximo mes de noviembre, cuando finalice la presente temporada de la North American Soccer League (NASL), competición que disputa en filas del New York Cosmos. Atrás quedará una trayectoria de veintiuna campañas sobre los terrenos de juego como profesional repleta de éxitos.

Porque hablar de Raúl probablemente sea hacerlo del jugador más importante de la historia del fútbol español. A lo largo de su carrera, el Siete del Real Madrid y de España siempre se caracterizó por su trabajo, lucha y carácter sobre el campo, pero también por una calidad que había quienes se atrevían a negarle. Un auténtico líder que lo fue durante muchos años en el club más laureado de todos los tiempos. Doble mérito.

Como “una obra de arte del madridismo” lo definió Jorge Valdano, el hombre que apostó por él para asumir un rol importante en el primer equipo del Real Madrid cuando solo contaba 17 primaveras de existencia. El entrenador argentino acertó de pleno. Aquel 29 de octubre de 1994 descubrió un diamante en bruto, un chico que terminaría por convertirse en un mito del deporte rey, en el escudo del equipo blanco.

El primer gol con la zamarra merengue en Primera División de Raúl llegaría una semana después de su debut en La Romareda, frente al Atlético de Madrid, precisamente un conjunto en cuyas categorías inferiores había cursado parte de su formación. Le asistió el danés Michael Laudrup para que golpeara de primeras y enviara el esférico directamente a la escuadra derecha de la portería rojiblanca. El Santiago Bernabéu asistía entonces el nacimiento de uno de sus grandes héroes, sino el más grande.

Tenía el gol entre ceja y ceja y, sobre todo, imaginación para inventarlo, para llegar a él. La carrera de Raúl González Blanco contempla numerosas dianas, amén de decisivas, de bellísima factura. Quién no recuerda el famoso tanto del “aguanís” transformado por el Siete merengue ante el Vasco de Gama brasileño el 1 de diciembre de 1998 y que significaría la conquista de una Copa Intercontinental que se le resistía al Real Madrid desde hacía 38 años. O cómo silenció al Camp Nou. O de la manera en que emuló el gol de Emilio Butragueño en Cádiz pero en el mismísimo estadio Vicente Calderón. O sus fantásticas cucharas, aquellas vaselinas de tan particular ejecución. O la galopada de París en la Octava o la pillería de su gol en la Novena.  Impresionante.

Un jugador que no destacaba en ninguna faceta del juego sobremanera, pero que realizaba bien todas y cada una de ellas. Con una inteligencia y visión futbolística por encima de la media, Raúl, el Gran Capitán, ejerció de profesional impecable en el Madrid y España, aguantó críticas a veces injustas, porque, ¿quién no tiene baches a lo largo de una trayectoria tan amplia? Mucho pseudo madridista empezó a solicitar la cabeza del Gran Capitán antes de tiempo, ¿"Baúl"? Así lo llamaba mucho seguidor merengue al final de su grandiosa trayectoria en Concha Espina. Esto sí que fue una ofensa para un hombre que supo coger la puerta antes de que le invitaran a tomarla. Jamás vio una tarjeta roja en más de setecientos choques, fue durante largo tiempo el máximo goleador de la selección, su gran lunar, y en el Madrid solo una bestia descomunal y fuera de serie ha sido capaz de superarle en el récord de goles en el Real, Cristiano Ronaldo, un heredero a la altura de ese Siete.

Raúl, un jugador ejemplar, nunca bajó los brazos por lo adverso de las circunstancias, nunca se rindió, siempre buscó mejorarse, jamás tuvo un mal gesto o palabra para un compañero o rival, y siempre defendió a su equipo, siempre. Yo que crecí con Raúl como futbolista, tengo que decir que nunca he visto a otro igual defender una camiseta, un escudo, una afición, un equipo como a Raúl, único e irrepetible futbolista.

Por todo esto y mucho más le llamarían “Señor Raúl” en sus dos temporadas en el Schalke 04. La despedida que le brindó el Veltins Arena resultó tremendamente emocionante. Después emprendería sendas aventuras primero en Qatar y acto seguido en Estados Unidos, donde se despedirá del fútbol en activo definitivamente. ¿Qué nuevos retos le aguardarán a partir de ahora? Su casa ya le está esperando.

viernes, 16 de octubre de 2015

RAÚL, CORAZÓN DE LEÓN

Antonio Toca

Yo soy madridista de cuna. No porque tenga conciencia de ello, sino porque en mi casa hay dos cosas que no faltan nunca desde que tengo uso de razón. Una es el jamón en la cocina y otra es el Real Madrid. Mis primeros recuerdos de madridismo consciente, sentido y dolido se remontan a las Ligas perdidas en Tenerife, donde recuerdo, ahora lo sé, a un Carlos Martínez eufórico mientras yo lloraba con mi temprana edad escolar en una esquina del sofá. Antes de eso ya había estado en el Bernabéu, cuando era todo cemento, viendo al Cádiz y otros equipos perdidos ahora en categorías inferiores. Después de todo eso, del cemento en el Bernabéu, de las Ligas que el Barcelona se llevó a punta de maletín, llegó Raúl. Y ahí sí. Ahí ya lo recuerdo todo.

Recuerdo su primer gol. Al Atleti. Al primer toque fue. Y corrió despavorido, porque casi que no sabe correr de otra manera, a abrazar a Dani, que será famoso toda su vida por esta celebración más que por su carrera como futbolista. Y recuerdo cómo mandó callar al Campo Nuevo con la camiseta más incómoda que ha tenido el Real Madrid en su historia. Y el aguanis por la mañana, a esas horas en las que el fútbol no sabe a fútbol, pero uno falta a clase y ve el partido porque es el Real Madrid, porque es la Intercontinental y yo eso no lo había visto nunca antes. Y el gol de la Octava, donde Cañizares lo veía enfilar su portería sabiendo que al Valencia nunca le quedaría París. Y el de la Novena, en una jugada más que hablada con Roberto Carlos. Y muchos más goles. Tantos que sólo Cristiano Ronaldo, que es una fuerza sobrenatural, ha podido superarlo.

Pero a mí me gusta más hablar del corazón de Raúl que de su fútbol. Su historia con el Real Madrid está ahí, cualquiera puede visionar vídeos y comprobar lo que fue como futbolista. Pero su corazón es algo que no está al alcance de nadie que no sea madridista. Porque su madridismo es el mío, porque siente lo que yo, lo que tú, lo que cualquiera que ame al Real Madrid. Para los demás, el Raúl futbolista. Para mí, el Raúl futbolista y madridista.

Se ha ganado su sitio en la historia, en la del fútbol, en la del Real Madrid y en el corazón de millones de madridistas que se declaran raulistas. Competidor definitivo. El 7 del Madrid y el 7 de España, por mucho que Luis Aragonés lo mandara al ostracismo de la selección demasiado pronto. No ganó nada con la camiseta nacional, pero formó parte de una selección que nos representaba y defendía, muy lejos de lo que es ahora esa cosa que llaman La Roja. Raúl, que parecía que no estaba pero siempre aparecía, corría hasta por los balones que se precipitaban por el Paseo de la Castellana, con una chispa de fuego que finalmente terminaba contagiando a unos compañeros invadidos por la desidia cuando el marcador era adverso. Se convertía en un caníbal de la defensa rival y levantaba el partido y la grada. Insaciable y feroz.

Alcanzó la excelencia sin ser el más rápido, ni el más fuerte, ni el más técnico. Fue un genio porque así tenía que ser. Porque, entre otras cosas, es de San Cristóbal, donde los más buenos pasaron su infancia soñando con lo que estaba por venir. Como el cantautor Luis Ramiro. Cuando anunció que dejaba el club blanco volví a mi esquina del sofá, aquella donde lloré viendo las Ligas perdidas en Tenerife y, con Real Madrid TV delante de mis ojos, lloré en su despedida igual que él lo hacía. Porque lo que él siente es lo que yo siento, lo que tú sientes. ¿Y ahora qué? Me pregunté. Se abría ante mí un libro de incertidumbres. Ahora que su retirada definitiva es una realidad, lo sé. Ahora Raúl pondrá su madridismo al servicio del Madrid desde el banquillo y ya veo las Copas de Europa.

Señor Raúl, así lo bautizaron en Alemania, donde supieron valorar al mito más que en España. El 7 del Real Madrid. El 7 de España. El gen ganador. La obcecación personalizada. Ninguna tarjeta roja y tres Copas de Europa, una detrás de otra. Torpe en la carrera, el más listo del área. La vida es un partido del Real Madrid con el espíritu de Raúl. Furia y temperamento. Frialdad apasionada. Esfuerzo y superación.


Yo vi jugar a Raúl González Blanco. Futbolista de profesión, madridista de corazón. Capitán del mejor club del mundo. Goleador en todas las porterías de Europa. Corría como un pollo para que yo, para que tú, nos fuéramos a la cama felices. Y así fue. Y así será porque volverá el eterno capitán.

LA LEYENDA DEL '7'

Aránzazu Gálvez

El 15 de octubre de 2015 es una fecha para la historia en el madridismo y en el fútbol mundial. Es el día en el que Raúl González Blanco anuncia que cuelga las botas en una decisión que él mismo califica de difícil. Un paso complicado de dar, que le habrá tenido noches y noches de desvelos. Si ha dado el paso es porque ya no le quedan más pilas, más fuerzas y porque las piernas le han dicho que hasta aquí hemos llegado. La cabeza nunca le ha frenado porque si algo tenía el gran Raúl es que era el más fuerte de todos mentalmente. Indestructible en la adversidad e insuperable en la derrota. Con esta mentalidad, sus valores, su pasión y su ambición hizo un Real Madrid para la historia.

A sus 38 años pone fin a una trayectoria para enmarcar. Raúl ha sido el mejor fichaje que ha hecho el Real Madrid en los últimos 20 años y me quedo corto. Hay que darle las gracias a Jorge Valdano que, como ya es sabido por todos, apostó ciegamente por este enclenque canterano que salió del Atleti para hacer una carrera plagada de éxito en el Real Madrid. Valdano hizo una advertencia cuando era entrenador del Real Madrid en el año 1996: “Quien se quiera comer el mundo tiene las puertas abiertas del primer equipo”. Y el loco de Raúl se devoró, nada más ni nada menos, que al emblema de la Quinta del Buitre, a Emilio Butragueño.

Tres días antes de debutar con 17 años en La Romareda, Valdano llamó al imberbe Raúl a su despacho en la Ciudad Deportiva antigua del Real Madrid, donde hoy están las cuatro torres gigantes que se hacen llamar Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham. En ese despacho de vestuario, Valdano le dijo a Raúl: “¿Niño, estás preparado para cuando dé la alineación antes del partido y diga tu nombre? No quiero que te desmayes”. Raúl contestó: “Míster, si quiere ganar sólo tiene que ponerme”. Este era Raúl. El gran descarado, el ambicioso, el incombustible y la mentalidad más voraz que he conocido como futbolista. Un inconformista. Vivía el fútbol las 24 horas del día. Con un carácter fuerte, ganador, carisma y un señor respetado por todos los rivales. Acaba su carrera sin haber sido expulsado en ningún partido.


Me quedo para este día del adiós con una fotografía que publica otro mito y rival como Puyol, el gran capitán del Barcelona, que puso por la mañana, antes de que se hiciera oficial la retirada del ’7′, un abrazo de los dos y el siguiente mensaje: #rivalesnoenemigos. Puyol ya lo sabía. Antes que nadie. El resto de la historia ya lo conocen. Un palmarés histórico con tres Champions, por ejemplo. Para mí, que viví muy de cerca toda su carrera en el Real Madrid y en la selección, es principalmente el artífice de un fin de ciclo en Europa. Con Raúl llegaron las Copas de Europa en color. La Séptima, Octava y Novena. Y muchos más títulos. Me pongo en pie y le aplaudo. Gracias Raúl.

jueves, 30 de octubre de 2014

20 AÑOS DE RAÚL


El eterno capitán blanco, el ‘7’ del Real Madrid que cuenta con 37 años y juega para el Cosmos neoyorquino hace veinte años que debutaba en Primera división con 17 años

Antonio Blanca

Ayer 29 de octubre de 2014 se cumplieron veinte años (que no son nada) desde que un joven de 17 años recién cumplidos debutase con el Real Madrid en Zaragoza. Aquella noche de sábado otoñal, Raúl González Blanco empezaba a escribir su historia como jugador del Real Madrid, club en el que permaneció 16 temporadas y anotó 323 goles en encuentros oficiales.

Ese 29 de octubre de 1994 Jorge Valdano decidió alinear de titular a un jovencísimo delantero que sin embargo no pudo estrenar su cuenta de goles en su debut en la Romareda, donde el Madrid cayó por 3-2. Y oportunidades tuvo para ello. Lejos de retirarle la confianza, el técnico argentino volvió a contar con él de cara al encuentro siguiente, el derbi en el Santiago Bernabéu ante el Atlético de Madrid. Ahí, Raúl provocó un penalti y estrenó su casillero histórico de goles con un zurdazo a la escuadra. Empezaba la leyenda.

El Atlético de Madrid volvería a ser la víctima, en la temporada 1996/97, de otro de los grandes e históricos goles de Raúl con el Madrid. En el Vicente Calderón, el Madrid venció por 1-4 con dos goles del siete blanco, uno especialmente para el recuerdo.

Como el que dejó en el Molinón, uno de los templos del fútbol, en el curso 1997/98. Un zurdazo sutil con el exterior  cerca de la frontal del área para elevar la pelota por encima de Ablanedo y hacer inútil su estirada.

Esa misma campaña nos dio otra perla, ante la Real Sociedad. Raúl se prepara él solo un balón de manera magistral elevándolo sobre un defensa del conjunto donostiarra para dejar lista la pelota y batir al portero rival.

Pero sin duda alguna, el mejor gol de ese 1998 y quizá uno de los mejores de siempre de Raúl fue el anotado en la final de la Copa Intercontinental ante el Vasco de Gama. Fue el gol del aguanís, nombre de un famoso regate que practicaba Raúl en la infancia y que lo puso sobre el césped en ese duelo intercontinental para anotar el gol del triunfo merengue.

Uno de los recursos que más se ha visto a lo largo de la carrera de Raúl es su capacidad para picar la pelota por encima del guardameta cuando éste salía al encuentro del delantero blanco. Esa situación se dio en 1999 en el Camp Nou y Raúl elevó el esférico sobre Hesp para marcar ante el eterno rival y dar paso a su famosa celebración, donde Raúl mandó callar al público culé.

La Copa de Europa de la temporada 1999/2000 dejó dos momentos únicos en la carrera deportiva de Raúl. El Madrid acabaría alzando la octava Copa de Europa, ante el Valencia, en París, al vencer por 3-0. El último tanto lo firmó Raúl en una cabalgada en solitario dirección a la meta de Cañizares, al que enseña el balón antes de recortar y supéralo, para depositar el balón en la red ante la estéril carrera de Djukic.

Un poco antes, en los cuartos de final  de esa Champions, Old Trafford enmudeció con el taconazo y caño incluido de Fernando Carlos Redondo a Berg, defensa del Manchester United. Después, el argentino cedió a Raúl, que empujó a la red el balón, colocando el 0-3 y añadiendo el segundo a su cuenta particular de aquella noche.

De nuevo, dos años después de tocar el cielo europeo, el Raúl volvió a dejar poso en la historia del fútbol, y del Madrid, con dos goles trascendentales. En la vuelta de las semifinales de la Champions ante el Barcelona, Raúl colocó un tiro letal en la escuadra blaugrana, para sentenciar todavía más una eliminatoria muy de cara desde el partido de ida en la Ciudad Condal. Ese día de mayo de 2002 el Bernabéu asistió a la clasificación del Madrid para la final de la Copa de Europa, con golazo incluido del capitán.

En esa final de Glasgow, la de la volea de Zidane y las paradas agónicas de Casillas, Raúl enseñó el camino con el 1-0. Un gol de astucia, de talento, ante el que nada pudo hacer la defensa del Bayer Leverkusen.

Desde ese momento, Raúl siguió anotando goles, con mayor o menor frecuencia, hasta el día de su adiós en el Madrid. Para el recuerdo, momentos como el hat trick ante el Sevilla o el tanto último marcado en Zaragoza. Raúl no volvería a vestir más la camiseta blanca, pero en la Romareda en 2010, cerró el círculo que se había abierto en 1994 en el mismo escenario maño. Nadie mejor que el propio protagonista para relatar cómo fue su último acto de servicio a la causa madridista. Y lesionado.

jueves, 29 de agosto de 2013

RAÚL, EL ETERNO CAPITÁN

Hace una semana que el Bernabéu pudo rendir homenaje a quién junto con Alfredo di Stéfano es el máximo baluarte de la historia del Real Madrid

Antonio Blanca

Tres años han tenido que transcurrir desde que aquel 27 de julio de 2010 el hasta entonces ‘7’ blanco y capitán del Madrid saliera del club de sus amores, de forma poco merecida, casi a escondidas, sin llevarse el inmenso abrazo de toda su afición, la que tanto le admira y quiere. Fue un día triste para él y para todo el madridismo. El mayor símbolo de los últimos cincuenta años del club de la capital de España no merecía ese trato, esa despedida rozando lo furtivo, una simple rueda de prensa y una mera palmadita en la espalda. Craso error del hoy también presidente Florentino Pérez. Raúl por fin tuvo su merecido tributo, su Santiago Bernabéu vibró con él, se emocionó a la par y le demostró cuanto le quiere y que ya es eterno, mito del mejor club del Siglo XX.

Un futbolista de cuyos valores se podría trazar un decálogo para colocarlo en la entrada de cualquier vestuario, para que los chavales de la cantera se lo aprendan de memoria desde la primera a la última letra, para que lo lleven efecto.

1. Mentalidad ganadora: es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. En cierta ocasión decía: “Sólo me doy un diez en ganas de ganar”. Toda la gente que marca diferencias son personas muy competitivas. Si hay algo que les produce alergia y no soportan es la derrota.
2. Ambición: cada reto conseguido necesita renovarlo por otro nuevo. Cada cota la convierte inmediatamente en el valle de la siguiente cima. Tiene hambre. Y es que nadie vuela demasiado alto siendo excesivamente conformista. A lo largo de su carrera ha ido sucesivamente batiendo récords. Debutó con tan sólo 17 años; fue el más joven en llegar a los 100 goles en el Real Madrid; máximo goleador en la historia madridista; máximo goleador de la Liga de Campeones y máximo goleador de la historia en competiciones europeas.
3. Tolerancia a la presión: Jorge Valdano, que le hizo debutar el 29 de octubre de 1994, escribía de él: “Se siente cómodo en los momentos cruciales. Donde al común de los mortales le entran dudas, él tiene certezas; donde todos tiemblan, él disfruta. Resulta increíble lo poco que le cuesta lograr cosas difíciles”. Di Stéfano sentenció: “Raúl consigue lo que muy pocos se animan a hacer: entrar a un estadio con cien mil personas y jugar como si estuviera en el barrio”. Así son los ganadores, gente a la que la adversidad les sirve de acicate e incluso les divierte.
4. Convicción: tiene tal confianza en sí mismo que cualquier cosa que intenta parece estar predestinada a tener un desenlace positivo. Valdano también dijo de él: “Si una jugada tiene diez respuestas posibles, puede que Raúl no elija la mejor, pero su decisión tiene tal carga de fe, que terminará convenciéndonos”. Mucha gente se queda en el camino por no creer demasiado en ellos mismos. La autoestima es determinante en la consecución de objetivos.
5. Inteligencia: en los inicios de su carrera profesional tuvo un desliz con la noche. Pecados de juventud. Al inteligente no se le mide por cometer o no errores (todos fallamos) sino por su habilidad para aprender de ellos. No volvió a tropezar en la misma piedra. Gracias a su madurez precoz, él mismo se dio cuenta que lo que había hecho no estaba bien, entonó el mea culpa, enderezó el rumbo y siguiendo sumando partidos, goles, títulos y premios.
6. Valentía: Sin riesgo no hay evolución ni crecimiento. Como afirmaba Sun Tzu: “Donde hay grandes recompensas hubo hombres valientes”. La seguridad no es una virtud que defina a los que descubren nuevos mundos, a los que dejan atrás records históricos, a los que cambian las reglas... Cuentan que cuando fue a Zaragoza a jugar su primer partido oficial, en el vestuario, rodeado de veteranos, mientras todos calentaban, se hizo un rondo y se atrevió a hacerle un caño al capitán, Manolo Sanchís.
7. Humildad y generosidad: en el debate nacional sobre si debía o no ir a la selección para la Eurocopa 2008 de Austria y Suiza adaptó una postura discreta digna de elogio. Sabía que los intereses colectivos estaban por encima de los individuales. No buscó generar polémicas desestabilizadoras aunque le fuesen beneficiosas, es más convocó aquella rueda de prensa con Luis Aragonés para salvarle el trasero a quién no fue honrado con el capitán blanco. En cualquier equipo (deportivo y empresarial) la estabilidad y la unión son el primer requisito para conseguir cosas grandes. Los egos, los personalismos, las individualidades son demoledores para los equipos de trabajo.
8. Resistencia: como todos, Raúl ha pasado por momentos difíciles, pero su fortaleza emocional le ha permitido aguantar los sinsabores con madurez. Hay personas que suben y luego caen. Él ha sabido mantenerse sin dejarse dominar por la depresión del momento. Ninguna biografía (ni en lo personal ni en lo profesional) es una línea recta. Periodos mejores y peores se alternan, por ello, saber resistir es un sello distintivo de las personalidades más valiosas.
9. Trabajo: cuando llegó al primer equipo la pierna derecha la tenía de adorno, era un enclenque con cara de niño y se pasaba el partido corriendo. A base de trabajo, poco a poco fue ganando habilidad con la diestra, su musculatura fue tomando forma, fue dosificando su energía en el terreno de juego y demostrando a todo el mundo que haría historia en el balompié. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso. Detrás de cualquier éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio.
10. Deportividad: o fair play o ética. En un ganador, la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa con tal de conseguir resultados. Un dato: su currículum está limpio de tarjetas rojas.

Que el homenaje llegó tarde, muy a destiempo, lo sabe cualquiera, es del todo innegable, aunque tal vez dicho retraso haya servido para mirar con perspectiva, 17 años atrás o veinte inclusive y comprobar la talla de tan inigualable jugador, de lo que verdaderamente simboliza Raúl, el ‘7’, para el Real Madrid y para su gente. La espera mereció la pena.

La noche del pasado jueves 22 de agosto fue para saborear, para deleitarse, para vivirla allí, en el campo, el lugar donde Raúl se convirtió en leyenda. Cada detalle de lo que rodeó al partido tuvo un poco de simbolismo. Madrid fue tomada por miles de camisetas con el ‘7’ a la espalda. Desde aquella primera que vistió Raúl con 17 años a la última que lució en el club de sus amores para un partido amistoso dedicado completamente a su figura. Se coreó su nombre en el estadio una y otra vez, los video marcadores recordaron por qué Raúl tiene el cariño de la afición blanca. No es sólo por ser el máximo goleador de la historia del Real Madrid (323 goles), ni por ser el futbolista que más veces ha vestido la elástica merengue (741 partidos). Cifras que solo un mago del balón podría conseguir. Pero esto no es todo. En competición internacional Raúl, es el máximo goleador de la historia de la Champions League con 71 tantos, por delante de su ex compañero Ruud Van Nistelrooy con 56. De la misma forma, es el jugador con más partidos disputados en la historia de la Copa de Europa, junto con Ryan Giggs.
 Raúl no es sólo una cifra a batir. Raúl es muchas más cosas para los suyos.

El “eterno capitán” representa el carisma que aprecia la parroquia blanca, el espíritu de superación, de dejarse la piel para ser el mejor, aun sabiendo que hay muchos mejores. Pero no tan grandes. Porque el Bernabéu se enrojeció las palmas de las manos en cada carrera, en cada balón recuperado, cada vez que inquietaba al portero rival o permanecía atento a un posible descuido de la zaga contraria. Porque sigue siendo el más listo de la clase diluyéndose entre rivales para aparecer donde nadie lo espera. Porque sigue teniendo ese olfato goleador y abrió la cuenta madridista, produciendo la locura, el éxtasis en plena Castellana. Todos sus compañeros actuales y los del Madrid estaban asombrados con la figura del capitán. Raúl está dejando parte de lo que fue, de lo que es, a otros futbolistas. Un maestro.

Fueron 16 temporadas dignificando un escudo que lleva grabado a fuego, desde aquel año en que la miopía de Jesús Gil le hizo cerrar la cantera del Atlético y dejar escapar al mayor talento del fútbol español. Y su afición lo sabe. Por eso regresó en varias ocasiones del amistoso aquella cantinela del ‘Raúl, selección‘. Y, obviamente, no fue para pedir a Del Bosque que le incluya en sus convocatorias (el salmantino ya ha faltado a su palabra no dándole la despedida que le prometió). Es, simplemente, una reivindicación a su trayectoria. Su salida del combinado nacional fue traumática. Injusta en cierta manera. Hay quienes, con mucho menos, regresaron para vestir la camiseta de España. Con él las cosas fueron distintas. Y esa espinita no sólo le queda a él, también la llevan clavada sus miles de seguidores. Madridistas o no. Porque Raúl es patrimonio de todos, no sólo del madridismo.

Muchísimas anécdotas, goles, gestos, triunfos, derrotas que también las hubo para recordar en la extensa larga historia de Raúl con la camiseta merengue. Siempre dejándose el alma desde su primer gol hasta el último, el gol “del cojo”. Siempre luchando sin bajar los brazos, cargado en la convicción que da creer en uno mismo, muestra de una fe inquebrantable que le ha hecho ser parte de la historia no pasar solo por ella.

Así que como no podía ser de otro modo, su noche también tuvo esas acciones que se quedan para la posteridad. El capitán fue manteado, recogió el capote en el fondo norte para dar unos pases de pecho, lloró, hizo llorar, salió al césped entre un pasillo hacia los trofeos conquistados como madridista, recogió una placa conmemorativa de manos del Rey, dio la vuelta al ruedo y se fue al centro del estadio. Se arrodilló y besó el césped de un estadio que es su templo, y que le dio el homenaje que merecía; aunque, seguramente, todavía se haya quedado pequeño para tanto cuanto ha dado a su afición. “¡Presidente!”, le gritaban. Lo mejor de esto es que Raúl siempre vuelve. Y al Bernabéu volverá, convertido en presidente o en lo que él quiera. Se lo ha ganado. Gracias, Raúl.

* Palmarés: 6 Ligas (1995, 1997, 2001, 2003, 2007 y 2008), 3 Copas de Europa (1998, 2000 y 2002), 2 Copas Intercontinentales (1998 y 2002), 1 Supercopa de Europa (2002), 4 Supercopas de España (1997, 2001, 2003 y 2008).