sábado, 6 de junio de 2015

EL BARÇA COMO GRAN FAVORITO

Jordi Grimau

La final de la Liga de Campeones regresa para consolar el sollozo que aflige al deporte que gobierna el viejo continente en las últimas semanas. El talento individual -natural y salvaje- confluido en el punto calibrado de cocción del trabajo colectivo y de laboratorio toman la escena envueltos en la edición pulida de dos estructuras que culminan la obra de reconstrucción de dos aristócratas despojados de galones en las temporadas precedentes. Los focos regresan al verde, allá donde perdura, impoluta, la esencia descontextualizada del fútbol. Esa receta de calidad innata, pasión inherente en el cortejo o ruptura de la estética en el trato oponente -según el libreto abrazado-, sabiduría táctica y tesón anatómico en la pugna que elude y arrincona lo plomizo de los tratos de altas esferas. El balompié desnuda su sino a tiempo para sanar heridas de deslegitimación emotiva y en el escenario cumbre.

Lo hace, para aliñar el menú con mayor romanticismo, tomando cuerpo en el Olímpico de Berlín. El coliseo capital de la Manschaft asistió en julio de 2006 al epílogo de la eficiencia especulativa y advenimiento del tramo histórico que catapultó la vigencia y peso icónico del gusto por el juego combinativo. La Italia de Lippi consumía su exuberancia competitiva levantando el Mundial, Alemania degustaba el agrio sabor de la derrota previa a la final para cambiar su estilo -en un camino que ha cerrado con el alegre entorchado de Rio de Janeiro- y Luis Aragonés murmuraba la decisión que cambiaría el devenir de España. El estilo sobre el que pivotar giraría en torno a Xavi. El escorzo del destino ha salpicado de poesía el desenlace de la carrera del mediocentro paradigmático, colocándole, de nuevo, en el lugar que acogió la génesis de su travesía hacia la excelencia. Congregando, además, el presumible saludo de despedida de este peldaño de exigencia europea de dos símbolos de aquella sonrisa azzurra. Andrea Pirlo y Gianluigi Buffon, capacitados como Xavi para recibir el estatus de referencias únicas en la leyenda de su país, también disfrutan ante sí de este guiño elitista antes de la extinción de sus días en activo y muten a mitos.

La empresa que afrontarán Barcelona y Juventus viene a medir la magnitud del proyecto de rehabilitación emprendido desde el decreto de la era post Guardiola, por el bando catalán, y desde que la justicia italiana arrastrara a la entidad de los Agnelli con la contaminación de Luciano Moggi. Hacía 12 años que los bianconeri no arribaban a las semifinales de la máxima competición de clubes. Precisamente, los culés ejercieron de sujeto pasivo en los cuartos de final de 2003 -con actuación estelar de Mauro Zalayeta-, allanando el paso a su contendiente de este sábado hacia la final ante el Milan de Ancelotti. La explosión del Moggigate estiró la depresión de la Vecchia Signora, que navegó sin horizonte en el desierto de la instracendencia hasta que Conte pescó a Pirlo y organizó la rinascenza en torno al cerebro rossonero. A lomos de la ola imperante y el crecimiento del talento en los mimbres, la Juve efectuó un viraje en la concepción del juego, gustando cada vez más de introducir el dominio de la pelota en la conversación hasta atracar en este puerto. Allegri, perfeccionista continuador de la obra, ha extremado el modelo alcanzando el equilibrio entre la tradición -orden, compromiso en el repliegue, pegada, intensidad y ardor en el achique- y el novedoso planteamiento que permitió al aristócrata italiano saltar con garantías al escenario internacional.

Can Barça caminó en depresión continental en directa relación con la añoranza al esplendor pretérito. La pelota seguía volando con fluidez en la circulación usual bajo el mandato de Tito Vilanova, Roura y el Tata Martino, pero el gigante blaugrana se desangraba sin equilibrio entre líneas. Los contraataques rivales suponían una merma en la seguridad colectiva que concluía en la niebla generalizada que entregaba la cosecha a la exclusiva irregularidad del talento. Así, la producción ofensiva permanecía asegurando dígitos soberbios, pero la consistencia jugaba, definitivamente, en contra y penalizaba al conjunto del equipo ante clubes bien armados y con salida inteligente tras robo -Bayern Munich en 2013 y Chelsea en 2012-. Los tres años de búsqueda desde la final de Wembley ante el United post-Ronaldo conocieron su techo en la desidia que aquejó a un Messi con vistas al Mundial del pasado estío, enfangando la condición de la candidatura de su plantilla hasta el vació de la temporada pasada. Sin embargo, la llegada de Luis Enrique y su victoria en la guerra de guerrillas planteada en la gestión de las suplencias de todos, con independencia del nombre y estrellas en el pecho, ha reconducido la caída por el conducto de la autocomplacencia.

El técnico asturiano impuso, primero, y negoción, después de Anoeta, su idea de juego. Sobre todo sin balón. El punto de inflexión que supuso la caída donostiarra y el proceso de desmantelamiento táctico sufrido en el Bernabéu alimentó la rocosa cohesión actual. Lucho entendió que el centro del campo cojeaba en el apartado físico y de repliegue si mantenía la trinidad Xavi-Iniesta-Busquets. Rafinha y, finalmente, Rakitic ocuparon buena parte de los minutos del organizador de Terrasa por el bien de la equidistancia competitiva del bloque. Y el capitán se sacrificó de buen grado. De la escaramuza con el 10 surgió la cimentación de la fe del vestuario en el libreto del entrenador: el vestuario entendió que todos tendrían minutos y jugarían un rol necesario y la solidaridad de esfuerzos disparó la presión sin pelota, un elemento olvidado en las ediciones precedentes. Y la Pulga comprendió que su liderazgo terrenal, el que pueden seguir sus compañeros, no tiene tanto que ver con el tanto que abrió la final de Copa. El resultado, cocinado con la explosión de Neymar y la caída, de pié de la inteligencia de Suárez, viene dado además por el cultivo de la erosión del dogma en estático para exprimir la capacidad devoradora de la verticalidad. El contragolpe, sin prejuicios ortodoxos, ha multiplicado la amenaza de un tridente de calidad sin parangón en el paisaje actual. Un triunfo desde el banquillo que va camino de granjear el segundo triplete en la era de la Liga de Campeones -el otro pertenece al Barça de los seis títulos-.

El análisis del duelo quedó esbozado por el paso por sala de prensa de los protagonistas: Luis Enrique aclaró que “no creo que sea una lucha de estilos” (el reparto de posesión media se reparte en 59 y 55% en favor catalán y los italianos sólo son superados en pases completados en el torneo por Bayern, Barça y Madrid); Allegri, por su parte, aludió a la necesidad de no encerrarse -como hizo ante el Madrid- porque “el partido no acabará 0-0”; Piqué subrayó que “somos un equipazo y tenemos la oportunidad de demostrarlo”; y Buffon avisó: “Nosotros no venimos como la víctima a la que van a sacrificar mañana”.

Esta final no resulta casual. Se enfrentan los clubes con mejor conciencia colectiva del viejo continente. Por ende, no cabe espacio para la tendencia al simplismo de pelaje absoluto que entrega a la clase individual el diseño del resultado de este enfrentamiento. Bien es cierto que la delantera del Barcelona, con Messi en estado fosforescente, ha batido del récord de dianas en un ejercicio que pertenecía a la terna madridista y que Morata ha confirmado el susurro de su progresión que desestimaron en el Bernabéu y Tévez, empeñado en elevar su pedigree, ha firmado los registros anotados más elevados de su estancia en Europa. Pero la teoría y práctica señalan que en la versión moderna del balompié tacticista no hay éxito individual sin perfección colectiva. Con y sin balón. Es por esta corriente generalizada que el alegato del meta juventino merece consideración.

La riqueza de matices de dos sistemas que huyen de la ejecución tecnócrata de los principios dogmáticos no sólo añade regusto al paladar del partido, sino que dibuja los caminos por los que podría discurrir el duelo.

La Juventus no contará con su baluarte defensivo, Giorgio Chiellini, el peón que apuntala la repulsa de balones al área rival que no superó una lesión en el recto femoral de la pierna derecha. Su lugar será ocupado por Barzagli, que presumiblemente completará la valiente apuesta de Allegri que diseñaría defensa de cuatro eludiendo los tres centrales. Bonucci, Evra y Leichteiner apuntan a titulares. La altura de estos dos últimos -reconvertibles en carrileros según el objetivo y ambición- actúa como señal de intenciones en ambas escuadras -con Alves y Alba en el lado barcelonés-. Pirlo quedará abrigado por el trabajo y capacidad distributiva, de lanzamiento de transiciones y de llegada desde segunda línea de Marchisio, Vidal -recuperado física y psicológicamente para la causa- y Pogba. Nombres estos que definen la huída del catenaccio turinés a través del cambio del prototipo de la medular. Por delante parece complicado que Morata y Tévez, pareja complementaria en vuelo y estático, cedan sus escaños. Aguardarían su espacio la brega de Sturaro, el desequilibrio de Pereyra y la presencia de complicada digestión de Llorente. La efectividad en el cierre de las líneas de pase catalanas –usando el subterfugio de colapsar el carril central- y la circulación de la pelota tras robo, amén de la imposición del ritmo intenso coherente con su preponderancia física, marcarán el camino del campeón italiano. Un vestuario acostumbrado a cambiar de piel -manejar la pelota a achique, robo y salida- sin comparación posible.

El Barcelona ahondará en su estructura de hoja de ruta. La pelea por ejercer el monopolio en el control del ritmo de partido a través de la pelota se antoja como escenario elemental. Los pupilos de Luis Enrique deberían ganar de manera holgada este apartado sin renunciar a la verticalidad y movilidad de sus tres puntas, con Messi descendiendo al papel de organizador, Suárez como factor fijador y Neymar en el desborde en la sombra. La fluidez en el cuidado y avance del esférico parecería tan relevante como la vigilancia de los veloces delanteros contendientes. Pique -en versión efervescente- y Mascherano guardarán la calma de Ter Stegen. El despliegue de Iniesta no ofrece certezas, pero el nivel del ardor en la presión tras pérdida, que podría ahogar a la Juve o abrir hectáreas a explotar por la eficacia al espacio de Pirlo, marcará el envite tanto como la astucia para entregar metros al crecimiento de los transalpinos con el fin de afilar las puntiagudas contras blaugranas que hicieron hincar la rodilla a Atlético, PSG, Bayern y Real Madrid. 
Variable esta que queda en el apartado de las incógnitas a resolver, ya que no ha quedado esclarecido que entre dentro de los riesgos asumibles por el técnico de la entidad del Piamonte. La capacidad de anestesiar a través de la pelota de Xavi y Rafinha y el desborde de Pedro esperarán turno. Las ayudas en las coberturas para impedir superioridades en banda o transición funcionarán como elemento decisivo en ambas direcciones.

El fútbol recupera la atención del mundo sin ser relacionado con el FBI, Joseph Blatter o el sistema de elección de los Mundiales de Rusia y Catar. El aficionado tiene ante sí, entonces, la oportunidad de abandonarse a la primigenia condición imprevisible de este deporte. Messi intentará añadir otra muesca a su imperecedera escultura, arrastrando al Barça hacia su quinta copa, y la Juve tratará de despojarse de ese cariz perdedor en esta altura redefiniendo los colores y clase social de las historias entrañables de resurrección en el deporte. Tres de los futbolistas dominadores del presente siglo dirán adiós, salvo sorpresa, a los focos que más lustre aportan. La Liga de Campeones regresa a tiempo, como siempre, para rescatar el brillo del balompié. Los mejores equipos -nótese la relevancia conceptual y funcional del término- discutirán en el mejor escenario. La fiesta queda, pues, servida.

jueves, 4 de junio de 2015

BENÍTEZ AÑO I


El técnico madrileño se convierte en el sucesor de Carlo Ancelotti al frente de la nave merengue y regresa a la que fue su casa veintiún años después

Antonio Blanca


Dos décadas de ir y venir por distintos equipos de España y Europa son las que han tenido que pasar, para que Benítez Maudes, Rafael, regrese a la que ha sido su casa, a su Tierra Soñada. Cuatro lustros hace que salió del Real Madrid, la escuela donde recibió las primeras lecciones que le han valido para hacerse un hueco entre los mejores entrenadores del mundo, llegando a convertirse en uno de los más completos estudiosos del fútbol, donde a veces no todo es posible estudiarlo, en el que los intangibles que en muchas ocasiones determinan la marcha de un partido, de un equipo, de una temporada poco tienen que ver ni con la lógica ni con el método.

Al nuevo inquilino del Santiago Bernabéu le acusan habitualmente de algo y al mismo tiempo de lo contrario: de defensivo y de demasiado vistoso, en función del país donde juega, de la idiosincrasia futbolística del mismo y de la crítica a la que se enfrente. Por ejemplo, no es lo mismo hablar de fútbol de ataque en la filosofía del Calcio que hacerlo en la Liga. Esta personalidad, para muchos camaleónica, del nuevo entrenador del Real Madrid es lo que han buscado los rectores del club para devolverle la personalidad a un equipo que acabó la temporada sin fuelle y sin rumbo, naufragando tras la doctrina del compadreo y del despilfarro de millones muy mal administrados. Así, Florentino Pérez ha buscado “el nuevo impulso”.

Una apuesta arriesgada porque, de entrada, el juego de sus equipos no gusta a los aficionados y ninguna de las encuestas publicadas estos pasados días le daba como el deseado para el puesto; una apuesta que puede salirle mal al mandatario de Concha Espina, si finalmente los más pesimistas (anhelantes) acaban teniendo razón. Los títulos cosechados por Benítez en cada club desde que entrenó al Valencia son su mejor aval; el club español, Liverpool, Inter, Chelsea y por último Nápoles pudieron verle levantando trofeos.

Él mismo es el primero que asegura, o aseguraba antes de llegar a su nuevo club, que lo importante no es ganar a toda costa y que prefiere hacerlo jugando bien, aunque nadie se ponga de acuerdo respecto a lo que esto significa. Pero lo cierto es que llega a una forma de vida en la que se le va a exigir, desde el primer día, no sólo jugar bien sino también ganar por encima todo, como premisa grabada a fuego.

¿Cómo será el Real Madrid de Rafa Benítez y qué cambiará respecto al visto en los últimos años?  De entrada, el fichaje de Benítez traerá consigo a todo su equipo de trabajo. Antonio Gómez como analista; Paco de Miguel como preparador físico; Xavi Valero como preparador de porteros, Pedro Campos como ojeador e incluso su propio encargado de comunicación: Juan Francisco Sánchez.  Él trabaja siempre con los suyos como lo suelen hacer todos los entrenadores de élite. En contraposición, sí que contará con un segundo entrenador nuevo, todavía por decidir. Este cargo lo decide en función del club, ya que suele ser un hombre con experiencia dentro de la casa.

En esa dirección se ha hablado sobre todo de Fernando Morientes, ex del Real Madrid, delantero de Benítez en el Liverpool y  que ahora ejerce de entrenador en las categorías inferiores merengues. El que fuera también jugador del Mónaco y Valencia ha hablado de cómo se comporta Rafa con los jugadores: “Puede ser algo pesado, pero al final, en los partidos, te das cuenta de que todo tiene su sentido. Pensabas que había terminado el entrenamiento y era cuando empezaba el trabajo físico”.

No es el único que se ha referido a su llegada en los últimos días. Vicente Del Bosque, con el que ya trabajó cuando coincidieron en el Real Madrid en los años noventa, le avala: “La llegada de Benítez me parece muy bien y una buena solución, puesto que es un hombre preparado que intentará hacer un Real Madrid mejor. Yo lo conocí hace años, tenía la idea de dedicarse al fútbol profesional y para eso se preparó, y se ha preparado bien”.

Algunos de sus futuros rivales en los banquillos, como Ernesto Valverde en el Athletic, o Marcelino en el Villarreal, le consideran una referencia. Mucho tiene que ver el haber sido pionero en triunfar fuera de España, antes incluso que Guardiola. Valverde destaca “su metodología de trabajo y capacidad de organización”. Benítez se ganó el reconocimiento y el respeto de los técnicos españoles tras los éxitos -dos Ligas y una Copa de la UEFA- logrados con el Valencia.

Hay varios aspectos que son indiscutibles cuando se analiza un equipo de Benítez. El técnico es un auténtico estudioso de la materia: analiza los datos de su equipo y de los rivales hasta el agotamiento. Antes de pasar por el verde hay muchas horas de metódico y casi obsesivo trabajo de laboratorio. Todo para sacar la máxima eficacia y dejar lo mínimo posible al azar. Un claro ejemplo de esto es el uso de rotaciones en las que Benítez es el rey. Y esta será sin duda una de las grandes diferencias con el Madrid de este año en los que hubo un reparto de minutos totalmente desequilibrado.

Otro de los temas que ha condicionado y mucho a la hora de decidirse por un cambio en la dirección deportiva del equipo ha sido el de la búsqueda de una preparación, de una cultura física muy superior a la evidenciada con el entrenador italiano recientemente despedido. El equipo acabó, como ya ocurrió en 2014 pese a la Décima, fundido. Consideran los rectores del Real Madrid que es un tema que ha lastrado a la plantilla en las últimas semanas de competición de las dos últimas temporadas, y que les ha hecho perder, quien sabe, dos campeonatos nacionales de Liga.

Un equipo, insisten, del que se podía haber obtenido un rendimiento físico muy superior al conseguido bajo la tutela de Carlo Ancelotti. Creen sus valedores en la Junta Directiva que con Benítez esto va a cambiar. Con análisis físicos detallados de cada jugador y entrenamientos personalizados desde el primer día, tratarán de evitar que esto vuelva a ser un problema. “Entrenamiento duro, éxito seguro” es una de las máximas en las que se basa el trabajo del nuevo entrenador.

En los últimos años en el Santiago Bernabéu se ha vivido un cambio en el juego del Real: se ha buscado el contragolpe en detrimento de la posesión. El entrenador madrileño es un apasionado del control, sin que ello signifique que no pueda buscar la portería usando la línea recta. Benítez es considerado en España por su etapa en Valencia como un entrenador defensivo y que prioriza la búsqueda de la velocidad para aprovechar los errores del rival. En Italia, sin embargo, se le considera ofensivo y mirando las cifras goleadores del Nápoles es difícil discutirlo. Nadie se pone de acuerdo en cuanto a su manera de jugar. Esto conlleva que sus equipos tengan variantes, muchas variantes que aumentan en función de la calidad de la plantilla a sus órdenes.

En ese sentido llama también la atención que su referencia sea el Milan de Arrigo Sacchi, que admire el juego de los equipos de Pep Guardiola y que critique a José Mourinho por su juego aburrido. De lo que él y su cuerpo técnico presumen es de saber adaptarse a las plantillas que tienen a su disposición. Y también a las de sus rivales. Algo que ofrecerá un plan B a su nuevo equipo, aunque es consciente de que como primera opción siempre se le exigirá ser el protagonista del partido. El Real Madrid siempre tiene que salir a mandar. Ahora dispondrá de diferentes variantes técnicas y de distintos camino para llegar y mancillar la portería rival. Lo suyo dicen que es el fútbol total y que cada rival merece un planteamiento distinto.

Lo que en los blancos será incuestionable la temporada que viene será el orden y ese fútbol total. A él le gusta decir que cuando hay talento hace falta orden para que todo funcione mejor. En defensa, sus equipos están muy trabajados y ejercen de maravilla en labores de estrategia. Será un conjunto firme y sólido, sin apenas fisuras.

Pero ese orden también se verá en ataque. No se dejará tanto margen para la inspiración de las estrellas, que formarán parte de un plan mayor. Se tratará de un sacrificio que está por ver cómo afecta a unos jugadores que han gozado de mucha libertad. Ryan Babel, ex pupilo de Benítez en el Liverpool ya ha vaticinado que convertirá a Cristiano Ronaldo en un gran defensa. Se detecta cierto resentimiento en sus palabras hacia un técnico que en su carrera ha acumulado muy buenas palabras de sus jugadores, pero también algunas como las de Babel.

Los partidos de fútbol se deciden por pequeños detalles y esos los trabaja el técnico sin descanso. Entrenadores como Maradona o jugadores como Fernando Torres coinciden en destacar lo minucioso que es Rafa Benítez y cómo se fija en pequeñas cosas que acaban resultando importantes. El delantero del Atlético de Madrid también habla de que le enseñó a “no relajarse y exigirse el máximo cada día”. Lo que hace Benítez es enseñarle una y otra vez al jugador lo que quiere de él, para que lo comprenda y así convencerle y hacerle partícipe de lo que se hace y por qué se hace.

Sus futbolistas siempre contarán con ayudas y no se verá a un conjunto tan largo y con tantas distancias entre líneas. El 4-2-3-1 es el sistema más utilizado por Benítez, pudiendo variar a un 4-4-2. Y cada una de esas piezas tiene unas características comunes en función del equipo. Quiere laterales ofensivos, dos hombres por banda,  y dos mediocentro creadores con uno de ellos ayudando también en labores defensivas. A esto hay que sumar un mediapunta con llegada y un delantero centro con capacidad rematadora y que trabaje la presión sobre la salida del balón del equipo contrario.

Algunos de esos elementos los tiene en la plantilla actual. Los jugadores que le faltan para aplicar ese sistema eran ya previsibles fichajes. Tanto el mediocentro que pueda servir de equilibrio  como el delantero parecen los principales puntos a reforzar. Aunque no sería el primer entrenador al que Benzema, el `nueve’ actual, acaba convenciendo. La recuperación de Illarramendi de centrocampista se maneja también como opción.

Asunto espinoso seguirá siendo el de la portería. Al recién salido del Nápoles le gusta que los porteros participen en el juego como uno más, buscando siempre el mejor pase posible. Que sean el último defensor y el primer jugador ofensivo. Esas no son las mejores virtudes de Casillas, que podría volver a vivir más partidos en el banquillo de los que le gustaría. La temporada para el capitán blanco será sin duda objeto de debate y como maneje Benítez el asunto vendrá marcada en gran medida por su gestión de un vestuario en el que cuenta la meritocracia.

La cuestión es que ni Keylor Navas ni David De Gea, si llegara, son guardametas que se adaptan a las características que le complacen al nuevo entrenador. Ninguno de ellos destaca por su intervención en el juego colectivo. Bernd Leno, portero alemán del Bayer Leverkusen que también ha sonado como fichaje, se acerca más a ese perfil.

Para completar la plantilla habrá nuevas incorporaciones. Forma parte del ADN de Florentino Pérez la llegada anual de algún jugador especialmente mediático. Segura es ya la incorporación de Danilo, lateral derecho brasileño procedente del Oporto que quizás provoque la salida de Arbeloa. Ricardo Rodríguez ha sonado para el lateral izquierdo y Coentrao podría marcharse, pero también quedarse. En el medio campo habrá variaciones con la salida Khedira y la posible venta o cesión de alguno de los actuales. La vuelta de Oporto de Casemiro es una de las opciones además de pensarse en el italiano Verrati o el chileno Vidal más que en el francés Pogba.

Se desconoce todavía si para llevar a cabo la planificación de incorporaciones contará o no con un director deportivo o tomará las decisiones junto al presidente y José Ángel Sánchez. En el Liverpool él desempeñaba esa función en solitario, pero en el resto de equipos siempre ha colaborado con alguien de su confianza y con quien tuviera sintonía. Esto le supuso problemas en el Valencia y no hay que descartar que también los pueda tener en Madrid, dada su fuerte personalidad a la hora de ser él quien elija a sus jugadores.

A diferencia de los entrenadores que han recalado en el Real Madrid desde hace más de diez años, Rafa Benítez no tendrá en el cogote la presión de la Décima. Pero tras la destitución de Carlo Ancelotti también tendrá muy claro que en su nuevo equipo no hay margen de error y que no vale fallar.

No se trata de una sorpresa para él. Conoce bien cómo funciona el Real Madrid. Y conoce mucho mejor todavía como se mueve su entorno, ese ente que rodea y desgasta hasta la saciedad a los habitantes del banquillo blanco. Y también en el club le conocen a él. Y en el vestuario ya empiezan a saber de él, de su pizarra y de su enciclopedia futbolística. De hecho durante las últimas semanas Álvaro Arbeloa, con el que Benítez coincidió en el Liverpool, no para de responder a las preguntas de algunos de sus compañeros que quieren saber si el nuevo míster es tan fiero como lo pintan.

Lo es. Porque exprimirles todo el jugo para hacer el mejor zumo posible será desde ahora la meta de Rafa Benítez en su vuelta a casa.

miércoles, 3 de junio de 2015

BLATTER PLIEGA ALAS Y DIMITE

José Antonio Moya

Joseph Blatter, presidente de la FIFA, anunció este martes en rueda de prensa que pone su cargo a disposición del organismo e informó de que habrá un congreso extraordinario para elegir al nuevo mandatario del máximo organismo futbolístico mundial.

"A pesar de haber sido apoyado en elecciones, ese apoyo no lo comparten todos. Por eso pongo mi renuncia a disposición. Tomo esta decisión de renunciar para limpiar la imagen de la FIFA. La FIFA necesita una profunda reestructuración", aseguró Blatter.

El suizo seguirá en el cargo hasta que se conozca su sucesor, que saldrá de un congreso extraordinario aún por fechar. "No seguiré y ahora puedo concentrarme sin las limitaciones de una elección en una reforma profunda", añadió. Blatter, que ha estado al frente del organismo 17 años, llegó a decir que se necesita "una limitación de mandato" y que ha "luchado por esto aunque sus esfuerzos han sido neutralizados".

Blatter fue elegido presidente electo el pasado viernes 29 de mayo, dos días después de la detención de siete altos cargos de la FIFA en Suiza a petición de la justicia de Estados Unidos, que solicitó su extradición para juzgarlos por presunta corrupción. Preguntado ese día por la televisión suiza sobre si debía dimitir, respondió: "¿Por qué debería hacerlo? Eso significaría que habría hecho algo mal".

Entre esa declaración y la de este martes ha habido un hecho significativo. El New York Times, que ya sacó la exclusiva de la detención de los directivos de la FIFA, publicó este lunes que el secretario general de la FIFA y mano derecha de Blatter, Jerome Valcke, conocía de primera mano que la Federación Sudafricana de Fútbol pagó diez millones de dólares a Jack Warner, presidente de la CONCACAF y miembro del comité organizador del Mundial de 2010, sin que hiciera nada al respecto.

Tras la declaración de Blatter tomó la palabra Domenico Scala, jefe del departamento de auditoría y cumplimiento de la FIFA, para aclarar que será el encargado de establecer las condiciones necesarias para una nueva elección, que según sus palabras tendrá lugar "entre diciembre y marzo". Además, anunció la intención de abordar los asuntos que afectan a la FIFA y reformar la forma en la que la gente ve la institución. "La FIFA no debe usarse para enriquecer a aquellos que tengan conexiones con los gobiernos", sentenció.

Las reacciones a la decisión del dirigente suizo no se han hecho esperar. Y entre ellas destacan las de dos de sus reconocidos opositores públicos.

Por un lado, el presidente del UEFA, Michel Platini, declaró que "fue una decisión difícil, valiente y correcta". El francés pidió a Blatter que dimitiera un día antes de las elecciones para limpiar la imagen de la organización y anunció que la los países de la UEFA, salvo España y Rusia, votarían en bloque a su oposotor, el príncipe jordano Ali bin Al-Hussein, quien se retiró tras perder en una primera votación por 133 a 73 votos.

Por otro, el presidente de federación inglesa (FA), Greg Pyke, fue menos diplomático en sus declaraciones. "Ha dimitido, se ha ido. Vamos a celebrarlo. Esto no tiene nada que ver con el señor Blatter siendo honorable, no lo ha sido en años".

lunes, 1 de junio de 2015

LA PITADA DE LA VERGÜENZA


Desde que se supo el escenario de la final de Copa del Rey entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, los pitos al himno de España eran algo más que sabidos

Antonio Blanca

Que el pasado sábado la Marcha Real española iba a ser pitada en el Camp Nou lo sabía hasta el más ingenuo de los niños de una guardería de hasta tres años. Pasó en 2009 en Valencia y en 2012 en Madrid (Vicente Calderón), ¿cómo no iba a ocurrir en Barcelona, cuándo desde marzo se había instaurado un ambiente propicio para ellos? Las dos primeras fueron en presencia de don Juan Carlos I, la del sábado de don Felipe VI. ¿Está en el sueldo del jefe del Estado, que representa a todos los españoles (también a los que no quieren serlo, de momento) aguantar que se ofenda a todos y los que sentimos como propio uno de nuestro símbolos? Me aventuro a decir que no. Pero claro, don Felipe tiene más educación que todos los “chifladores” del sábado juntos sentido común. Me temo también que no será la última vez que se pite el himno cuando se junten equipos de tales ideologías más que nacionalistas independentistas, anti españolas.

En 2012 la Audiencia Nacional dijo que silbar el himno no se incardina en el artículo 543.2 del Código Penal, el cual no reproduciré para no convertir el tema en un monográfico jurídico. Claro que por encima de todo debe residir la libertad de expresión del individuo, pero ¿hasta qué punto? Tu libertad llega hasta donde empieza la mía. Porque si alguien lanza silbidos, soflamas u ofensas contra los símbolos de otro, si ese otro responde de la misma manera, ha de estar amparado del mismo modo por dicha libertad de expresión, ¿no?

Este uso maniqueo y torticero de la libertad de expresión, busca su justificación en no poder decir nada a quienes pitan el himno, y de paso ofenden al resto de habitantes de un país que lo sienten como propio. Quizá reclamar independencia durante los noventa minutos de la final, gritar Visca Cataluña o reivindicar lo suyo sin mancillar lo de los demás sí sea libertad de expresión, como desear que Madrid o Atlético o Sevilla pierdan sus partidos por ser representantes de España, así como la selección de fútbol o Rafa Nadal.

Este uso de libertad de expresión lo han venido defendiendo el Barcelona (sí, ese equipo imputado por fraude fiscal y cuya estrella es un avezado futbolista así como evasor de impuestos), el Athletic de Bilbao, la Real Federación Española de Fútbol, los gobiernos autonómicos de Cataluña y País Vasco, así como representantes de ambas sociedades.

No se trata de buscar razones, es una trampa. Al final se trata de la demostrada incapacidad que tenemos los españoles (y los que no quieren serlo) para respetar lo que significan los símbolos, algo tan intangible y a la vez tan importante como eso, los símbolos y lo que representan. Ya sea la Marcha Real, Els Segaors o la Marsellesa.

Aquí, que hicimos presidente a un hombre cuya primera decisión que se le recuerda en materia internacional fue permanecer sentado al paso de una bandera, se puede repetir que España es un país de pandereta y llegar a creérselo incluso. Pero cuidado con que alguien diga algo de nuestro aceite de oliva, nuestro vino o la Virgen de nuestro pueblo. Y más aún si ese alguien viene de fuera. Incoherencias sólo a la altura de prohibir los toros en Cataluña, pero cuidadito con tocar los corre bous. En este escenario tan típicamente nuestro, la sonora pitada del Camp Nou no aporta muchas cosas nuevas a un país acostumbrado a valorarse poco a sí mismo. Incluso puestos a escandalizarse, escandaliza más que se silbe un minuto de silencio por un asesinado de ETA como pasó en San Mamés tras la muerte de su paisano Isaías Carrasco (2008).

De nada sirve tratar de convencer a quienes silbaron el sábado que sientan como propio ese himno. Ni siquiera es necesario, de hecho. Aquí sólo se está hablando de educación y respeto. De nada sirve tampoco tratar de explicar que ese “chunda chunda” representa mucho más que a un rey o a unos políticos más o menos honrados. Que junto a la bandera o la Constitución representa un Estado de Derecho y unas leyes, cosa no menor en algunos puntos de España como el País Vasco hace no mucho tiempo. Ni siquiera daría resultado apelar entre los silbadores a esa reacción tan humana como es la de ponerse en el lugar del débil, que evidentemente en este caso fue Felipe VI. En la más absoluta soledad aguantó estoicamente el insulto nada espontáneo de decenas de miles de personas mientras a su derecha un Artur Mas de sonrisa giocondina parecía aguantar las ganas de blandir con sus propias manos al monarca y ofrecerlo a la enfervorecida masa oprimida. El gesto de satisfacción de Mas viene a poner de manifiesto un odio a España que su discurso oficial siempre ha tratado de disimular entre promesas de buena vecindad al final de su natural y supuestamente nada revanchista proceso de independencia. O de Aduriz, del que espero ya nunca más sea convocado por España, al sonreír durante la pitada al himno.

Un sentimiento que debería mostrar congruencia y tanto Barça como Athletic no deberían participar ni en la Copa del Rey de España ni en la Liga Española, pues no se entiende que a tanta repulsa se participe.