jueves, 7 de abril de 2016

BAÑO DE HUMILDAD Y DE REALIDAD

El efecto del Camp Nou solo duró cuatro días en una noche aciaga del equipo de Zinedine Zidane que no demostró ni compromiso ni intensidad en la única competición en la que le quedan posibilidades

Antonio Blanca

Perdió el Real Madrid en Alemania todo el crédito que había ganado en el clásico del sábado en el campo del eterno rival. Una derrota contra el Wolfsburgo alemán, sin haber marcado un gol a domicilio y con la imagen de equipo deslavazado, apático e inconsistente es un paso atrás importante. Lo de este Real Madrid no tiene explicación. O sí.

Venía de salir por la puerta grande en el Camp Nou, ganar con uno menos y arrollar en los últimos veinte minutos al Barça. Aquí puede estar el problema y es justo decir que lo avisó Zidane el día antes del encuentro: “En fútbol, si te relajas lo pagas caro”. En las caras de los jugadores se vio falta de tensión desde el túnel de vestuarios hasta en el himno de la Champions, en el que Cristiano hizo carantoñas con la cámara. Mal síntoma. Eran mejor las caras de concentración sumida en un respeto reverencial que tenían en los minutos previos del partido ante el Barça. Ahí se vio el síntoma de un Madrid dispuesto a morir por algo. En Wolfsburgo buscaron la fiesta o un partido homenaje por ganar el clásico y se han dado un buen tortazo.

El Madrid hizo un partido ramplón, muy malo. No sirve el consuelo del penalti injusto señalado, que puso en ventaja a los alemanes, amén del dudoso gol anulado a Ronaldo en los primeros minutos. Tras el 1-0 perdió el control del partido y se abandonó. Cayó el 2-0 en una jugada horriblemente defendida (el peor partido de Marcelo en años, Danilo firmó su venta anticipada con una actuación digna de un jugador de Segunda B, y Ramos confirmó que este año está muy lejos del nivel que le llevó a ser mejor central del mundo) y se esfumó cualquier plan de ataque (Modric fue otro de los que se sumó a la fiesta de los brazos abajo con un gatillazo sublime).

El Real Madrid se perdió en las dudas y acumuló más problemas. Benzema tuvo que salir del campo lesionado. Entró Jesé, que no mejoró nada y, a partir de este momento, cada uno hizo la guerra por su cuenta. Hasta Cristiano Ronaldo recriminó a sus compañeros que adelantaran las líneas. Los defectos del peor Madrid.

Ahora queda la vuelta en el Bernabéu para afrontar un partido que debía ser un trámite y una fiesta como si fuera la gran final. Lo que era un día para disfrutar se ha convertido en una angustia. Este Real Madrid retrocede. Es un guantazo en toda regla y una bofetada para una afición que esta temporada está harta de creer y descreer en el equipo. Queda el consuelo de que el equipo con Zidane golea en el Bernabéu. El francés de nuevo con la espada de Damocles de cara a la campaña venidera, caer contra un don nadie en Europa cuando se daban por hecho las semifinales es un palo durísimo. Ahora toca invocar espíritus de jugadores que sí dieron todo por esa camiseta, una falta de respeto a la memoria del maravilloso Juan Gómez “Juanito”, que lo dejen en paz, que remonten y honren ese nombre De la prepotencia de salir a jugar pensando que el Wolsfburgo iba a hacerles el pasillo y dejarles golear, a la incredulidad, indolencia y de nuevo interrogantes de un equipo atronadoramente irregular. Cierto que el Bernabéu en Champions es magia, pero no es menos cierto que la eliminatoria y la Undécima están muy lejos. 

miércoles, 6 de abril de 2016

EL ÁRBITRO EMPUJA AL BARÇA

Julio Candela

Los miles de aficionados barcelonistas, que accedían al Camp Nou por las avenidas adyacentes al recinto culé y no serían suficientes para colgar el cartel de ‘no hay billetes’, trataron de engalanar a su coliseo para que se uniformara de ardor tras el doloroso resbalón sufrido en el Clásico. Se planteaban, como también lo hicieron los profesionales, si la apnea de rendimiento que desnudó las costuras del esquema del Barcelona ante su enemigo íntimo se confirmaría como un espejismo, producto de la tesitura -amplio colchón en la cima liguera y resaca de las septentrionales convocatorias nacionales-, o constituía el refresco tangible de los fantasmas pretéritos de complacencia y cansancio. No parecía una jornada propicia para albergar dudas existenciales, pues se cruzaba el antagonista estilístico por excelencia, la mejor defensa del Viejo Continente. Se desparramaba, de este modo, el segundo duelo de altura en cinco días para los locales y el intercambio de inercias anatómicas y psicológicas. Una deliciosa fiscalización mutua con la vista puesta en los últimos peldaños de la élite del balompié internacional.

Luis Enrique Martínez, que maniobró desde la conclusión del fiasco sabatino -negación automática de la derrota mediante- para acunar la estabilidad mental de los suyos, escogió su lista nominal predilecta. La de confianza. Iniesta y Rakitic abrigarían al sostén Busquets; Piqué y Mascherano se ocuparían de salvaguardar el regreso de Ter Stegen; Alba y Alves efectuarían la labor de ida y vuelta acostumbrada; y Messi, Neymar y Suárez habrían de renovar su motivación y lucidez para afrontar el desafío granítico rojiblanco. Buscaba Lucho alcanzar una reproducción aproximada de la fórmula monopolística del control de la pelota, con circulaciones tan fluidas como amenazantes, para golpear sobre el cauce familiar. Pero, además, debía el técnico asturiano ajustar su estructura para no verse desguarnecido, con aspecto de líneas rotas, ante un contendiente de asimilada estrategia a la merengue. La vigilancia tras pérdida y el compromiso en labores de presión o repliegue, de todas las piezas, cobraban tanta relevancia como la aplicación de veneno a cada ocasión fabricada. La consistencia y la puntería padecerían un escrutinio notable de no aclimatarse a la intensidad pronosticada. Proponer y, también, abrasar en robo y salida, marcaban la hoja de ruta blaugrana.

Diego Pablo Simeone hubo de rehacer el guión sobre la marcha. Savic, el sustituto de garantías de Giménez, no superó la prueba previa al duelo y el canterano Lucas ascendía a la titularidad. Como pareja de Godín –sano in extremis- en este baile de campanillas. Y el preparador argentino, estudioso de sus rivales y las situaciones que les descubren como endebles, imaginó un partido y eliminatoria largos y burbujeantes. Tradujo lo visto el sábado y eliminó de su apuesta inicial el encierro pasivo. Sacó a Augusto de la propuesta para incluir a Carrasco. En consecuencia, prescindió de equilibrio y ganó valentía, con la diana inscrita en la espalda del Barça. En el contraataque con sustento. Koke y Saúl trabajarían en la medular para apoyar a Gabi, único pivote nato en liza, y con el fin de estirar al equipo en busca de la efervescencia ideada, con Griezmann, el extremo belga y Torres como adalides. Juanfran y Filipe copaban los laterales de un sistema permeable (4-3-3, 4-4-2, 4-3-2-1 o 4-5-1) de cohesión interlineal innegociable. Anotar a domicilio parecería ser la premisa de arranque, pero se susurraba un envite de paciencia, rigor en las ayudas de retaguardia, astucia en el manejo de la pelota y concreción en la cúspide. Necesitaba el bloque capitalino la mejor versión de su ofensiva para no entregarse a un esfuerzo agónico de achique, desprovisto de especialistas destructores centrales, de 90 minutos. La altura de líneas y el brío posicional de sus carrileros delinearía la ambición visitante en una disposición que, en ningún caso, pretendería exponerse.
  
Bajo el magnetismo del previsible duelo de juegos, quizá la edición más elevada de la ancestral confrontación estilística que se puede degustar en la actualidad, se alzó el telón. Lo hizo con un salto de página precoz. Confirmó el esbozo valeroso el equipo del Cholo para acondicionar el prólogo del enfrentamiento. Intercambiaron los púgiles ejercicios de presión muy elevada, para reducir los espacios del oponente y castigar cada imprecisión. El paisaje, rebosante de exigencia y ritmo, pronto asistió a la transmutación de roles: el Atlético puso en práctica el estado de cocción del enriquecimiento de la plantilla con calidad efectuado en verano, y sumó al flexible orden defensivo que le es propio la pausa obligada para trazar posesiones horizontales que amortiguaron el arranque catalán. Koke, Saúl, Gabi, Filipe y Carrasco emergían como distribuidores y el Barça, que se veía fuera de escena en el dictado del choque, no alcanzaba a presionar con lógica colectiva, permitiendo a los visitantes crecer, sin pausa, en su vigor posicional. No sólo esquivó la entidad madrileña el arrinconamiento sino que, además, situó al gigante rival en una situación de pugna por el cuero. Una línea argumental del todo inesperada.

Intercalaba el sistema de Simeone repliegues razonados en el trabajo de laboratorio –Carrasco y Griezmann apoyaban a Filipe y Juanfran para negar superioridades exteriores a Neymar y compañía, y Koke, Saúl y Gabi se multiplicaban para colapsar el centro, con Torres como marcador de Busquets, en un 4-5-1 de excelsa ejecución- con la subida de líneas. Este último punto guardaba, como marca la teoría, el riesgo inherente a la calidad local. Si el favorito superaba la primera ráfaga erosiva, los espacios se descubrían en transición desde la medular. En esta fórmula surgió Iniesta como maestro de ceremonias. Abrió fuego el manchego al romper en conducción, ceder a la diagonal de Neymar, que atisbó a Messi en la banda contraria. El cuero llegó a las botas del argentino, que se descubrió sin oposición y chutó desviado desde media distancia -minuto 4-.

Trataba el Barça de manejarse en el escenario resbaladizo mientras intentaba arrancar el monopolio de la pelota, y las ocasiones, gestadas con cuenta gotas, se tornaron tangibles antes de la coherencia en el juego. Lucía un mejor desempeño táctico el Atlético y el conjunto barcelonés entremezclaba el escapismo y el temple, todavía sin identificar el ritmo. Los visitantes conseguían anestesiar el mismo con circulaciones desprovistas de ambición y contaminaban la tratativa culé. Pero, como en ocasiones precedentes a lo largo de los dos últimos cursos, las opciones de remate catalanas no tienen porqué verse acompañadas de la ortodoxia combinativa. Así aparecieron los dos últimos remates antes de que la eliminatoria adivinara su punto de inflexión. Neymar encaró a dos, marró Juanfran el despeje, y el carioca abrió para el centro de Alba hacia el segundo poste. Messi, otra vez en soledad, cruzó demasiado su volea -minuto 12-. A continuación, en el 18, Alves puso en órbita un envío que ‘Ney‘ cabeceó por encima del larguero. Ambos avances tomaron forma con el rocoso visitante adelantado.

No obstante, la asunción de riesgos acabaría por entregar la razón a Simeone. Inauguró el sistema rojiblanco su repiqueteo a la meta de Ter Stegen quemado el minuto 20. En el 22 tomó el esférico Griezmann en la frontal para efectuar una acción individual que lamió el poste y en el 25 recogió la cosecha del territorio abonado con anterioridad. A esta altura figuraba el Barça replegado en su frontal, incómodo por la argucia contrincante. Una combinación visitante brillante, vertical, llegó a la posición de Koke en la mediapunta. El cerebro rojiblanco vio el desmarque de Torres, que ganó a Piqué, y el punta batió por bajo a Stegen. Se adelantaba el Atlético como resultado de la personalidad evidenciada. Hurtó el recorrido de partido previsto, tendente al soliloquio catalán, en base a la variante táctica que conquistó el Bernabéu. La campanada se establecía con rotundidad para extender el prisma dubitativo a un Barça que no se asociaba bajo la velocidad ni la intención reclamados por el duelo de este martes.

No mutó el aspecto la conversación en el intervalo posterior al golpe capitalino, si bien el Atlético, toda vez hubo cumplimentado el objetivo de anotar lejos de la Ribera del Manzanares, tendía a la cesión de metros para agazaparse y abrazar el vértigo ante la probable estratagema de redoble de corneta culé. En efecto, adelantó las líneas el hoy conjunto estelado y se dispuso la ecuación del Cholo a exprimir la segunda parte del plan: repliegue intensivo y paciente, en cancha propia, siempre dispuesto a la deflagración en contragolpe. El centro de Torres al espacio que Griezmann tradujo en un control sublime en escorzo y chut cruzado que Stegen envió a córner, con una estirada de póster, no resultó anecdótico. La pelota se pintaría de blaugrana y el peligro desplazaría su foco, con equidistancia, entre el acierto combinativo local y la endeblez en la vigilancia del mismo equipo. Esta llegada, en el minuto 31, no hacía más que subrayar el escenario de rigurosa ejecución rojiblanca con el que se manejaba el primer pestañeo de eliminatoria.

Pero el punto de inflexión nuclear anunciado no frenaría su paréntesis decisivo en el tanto de El Niño. Con el delantero como protagonista extendido, el árbitro, Felix Brych, dictaminó una decisión que condicionaría el resto de envite, complicando la empresa madrileña sobremanera. El 9 goleador había visto la amarilla por un derribo poco ortodoxo a Neymar en la salida azulgrana de pelota con anterioridad y en los minutos consiguientes al 0-1 jugueteó con el listón del colegiado, frenando los gambeteos rivales con zancadillas explícitas. En la última que haría –minuto 35-, sobre Busquets, el colegiado alemán entendió el contacto suficiente para significar la expulsión por doble cartulina del foco clarividente de desahogo visitante. La acción no cortaba contragolpe alguno, pero la reiteración le jugó una muy mala pasada al equipo en ventaja. Falló Torres, sobreexcitado, al colocarse en una situación fronteriza y la polémica interpretación arbitral, de piel muy fina, acabó por revolucionar la lógica de la batalla. De inmediato, una patada consistente de Busquets a Griezmann que no fue castigada con cartulina firmó la desconexión transitoria de un Atlético deslizado, con uno menos y entregado ya al achique, hacia la protesta y escaramuza, con el árbitro como desencadenante.

Recobró el pulso competitivo centrado en la pelota, aliñado por los consejos desde la banda, y prosiguió el ejercicio de basculación impecable el representante madrileño, que constriñó al Barça a buscar el envío aéreo hacia su nueve, que estaba perdiendo el cuerpeo con Godín y Lucas. Sin superioridades por banda y con los avances centrales enfangados por la acumulación coordinada de obreros, Messi y Neymar yacían apagados. Tan sólo Iniesta asumía la verticalidad y el desborde que deshiciera el devenir de una trama replegada sobre sí misma. Una jugada individual del serpenteante Neymar, que tumbó por reprís y potencia a Saúl y chutó a las nubes desde el pico del área -minuto 45- condujo a los futbolistas a vestuarios. Había ganado el descanso la solidez combativa del Atlético, pero el cansancio jugaría en ambas direcciones, obligándoles a virar el esfuerzo defensivo hasta la épica con 45 minutos por delante. La victoria parcial se antojaba como la consecuencia razonable de los merecimientos. Sin embargo pronto se tornaría en un hito su manutención.

No se registraron sustituciones, pero sí modificaciones en la charla. Luis Enrique alentó a los suyos para ordenar un repunte de revoluciones que incendiara el ritmo y acomplejara la valentía posicional de un rival mermado numéricamente. Y, antes de que se pusiera en práctica el libreto general que haría posible, al fin, el monopolio blaugrana, quiso anticiparse y sorprender, de nuevo, el irreverente club del Calderón. No remataron por poco Griezmann ni Saúl el centro tenebroso y escopeteado de Carrasco. Amagó con la subida de líneas el conjunto visitante, pero, con celeridad, encontró el Barça el callejón por el que amainaría el brío oponente y tomaría el bastón de mando del tempo. La tormenta desatada, plena de energía e hiperactividad con y sin pelota, mostró la versión más reconocible del campeón de todo. Iniesta y Messi se asociaban por el centro para abrir por los extremos. Negada la opción entre líneas central –el Atlético ganó ese matiz también en inferioridad-, el perfil de Alves se convirtió en el predilecto para el envío sistemático de centros o el trazo de diagonales que conectaban con la mediapunta. Comenzó la llamarada de exquisitez asociativa penalizando una pérdida de Carrasco, con el equipo adelantado, que Iniesta convirtió en una terrible contra que Neymar culminó al centrar al área. Messi frotó su lámpara y dibujó una chilena de seda que no encontró palos de milagro –minuto 47-. Se abrió la puerta al paroxismo ofensivo venidero.

Ascendió vatios el Barça, que encerró a su rival e impuso un acelerón de ritmo que conectó con el lanzamiento al larguero de Neymar desde el pico del área –minuto 51-. Se había desatado del amarre el equipo del Lucho, que, entonces, estaba descolocando el repliegue de los colchoneros. Leyó Simeone la situación e introdujo en la dinámica a Augusto, el elemento equilibrador urgido por el pelaje que había adoptado el partido. Carrasco, protagonista efectivo del respiro visitante en vuelo, cedió su escaño. Asumía el segundo clasificado liguero que tocaba ceder terreno y exponer capacidad de sufrimiento y agonía. No detectaba aire para respirar ni espacio para contemporizar con balón el esquema del Cholo, y Neymar volvió a cabecear, sólo y desde el centro del área. El centro de Rakitic que enlazó el testarazo del brasileño para que Oblak atajara -minuto 54- añadió picante a la erosión. Volaba la pelota al galope de los creativos catalanes y se resentía el orden visitante. Dos minutos después fue Messi, en acción individual, el que profundizó en el modelo. La Pulga cambió el ritmo, arrastró a tres marcadores y disparó un puntiagudo envío raso que el meta esloveno sacó con dificultades.

Había virado hacia el centro, hacia la atribución del 10 Messi, y los secundarios se agolpaban ya en la frontal rojiblanca. Piqué y Mascherano cerraban la estructura en cancha ajena, con Alba y Alves ejerciendo de extremos. Sudó un cuarto de hora de sollozos el Atlético para aguantar el tipo, pero las ayudas no llegaban a tiempo y las oquedades asomaban gracias a las superioridades laterales. Neymar abrió boca en el 60 -recibió el cuero desde el pico del área y lanzó su chut arquetípico para lamer el poste- y Suárez, hasta entonces impedido por el buen hacer de Godín y Lucas, mordisqueó el plato principal. El empate sobrevino por un centro de Alves hacia el segundo poste que detectó un dos contra uno de Neymar y Alba con Juanfran. El lateral cazó la volea y la dirigió, picuda, hacia el centro del área. El charrúa, exponente mundial del asesino circunscrito al área, empujó el lanzamiento a la red, apostado entre una nube de marcadores -minuto 62-. El grito de las tablas retumbó en una tribuna extasiada por la frugalidad de los suyos, que destaparon la paleta más alegre de su repertorio a tiempo.

Simeone ordenó a los suyos estirarse para sacudir el ahogo, pero la pelota no conectaba con soltura con el descuelgue de jugadores rojiblancos. Le costó al empequeñecido despliegue atlético vislumbrar el horizonte, aunque su tesón en el achique cimentó un intervalo de oxígeno. Rafinha entró por Rakitic, vaciado y menos dotado para el pase decisivo que el brasileño, y completó el proceso de salida de la cueva el conjunto rojiblanco gracias a la volea sin consecuencias de Griezmann, tras acolchar un balón largo y granjearse espacio. Se avistaba el descenso de fuelle en ambos combatientes al tiempo que Suárez arrancaba el rol protagónico de la trama. Antes de consumar la remontada asestaría un golpe en el rostro de Filipe, complicando aún más la actuación del colegiado. La agresión, clamorosa, fue interpretada como simple tarjeta amarilla y, acto y seguido, en la siguiente llegada al área, el cazador urugayo redondeaba su desempeño, esa suerte de optimización, sin par, de las escasas oportunidades. Una circulación fulgurante realizada entre Messi, Suárez y Alves, que coronó el centro del carioca, patrocinó el cabezazo soberbio del charrúa a la red. Corría el minuto 73 y el Barcelona clausuraba el sensacional impulso creativo con la mochila llena.

El partido se disparó hacia su desenlace con los valores energéticos bajo mínimos. La claridad asociativa local nubló su discurrir y el músculo visitante consiguió tejer la maltrecha red de ayudas. Ambos técnicos dibujaron las disposiciones con las que querían dar carpetazo al primer acto de cruce, y Thomas, Sergi Roberto y Arda Turan entraron en escena. Griezmann -gris en ataque y empeñado en su labor en pos del colectivo-, Busquets –necesitado de descanso después del trance frente a los cabezas de lista del fútbol madrileño y cargado con amarilla- e Iniesta –nuevamente responsable del peso distributivo de su ilustre centro del campo- resultaron los titulares sacrificados. Por tanto, Luis Enrique afianzó su intento por asegurarse una mayor placidez con el refuerzo de los pulmones que sostuvieran la vigilancia tras pérdida y la confianza en la resfriada clarividencia del turco. Simeone, por el contrario, se guardaba un as en la manga: el canterano africano, capaz de desplegarse en velocidad, ejercería como el primer defensor del ánimo por eludir el encierro. Su físico serviría para cultivar anestesia y salidas que congelaran el ritmo.


Y añadió una nueva muesca el Cholo para su currículum en el epílogo del envite, de producción atacante bajo cero. Tras la última diana no se registraron intentos. Thomas, lo que quedaba de Saúl, de Koke y de Filipe, Augusto y Gabi soportaron los nublados avances catalanes y sembraron de despejes, conatos de contragolpes y interrupciones la recta final de esta interesante eliminatoria. La testimonial entrada de Correa por el interior zurdo en el tiempo de descuento –se añadieron cinco minutos- cerró el 2-1 final que, visto lo visto, repartió sinsabores por doquier. Fue mejor el Atlético mientras mantuvo once jugadores sobre el verde pero vio sus presupuestos contrariados de manera radical, hecho que rebajó su ambición y rendimiento ofensivo; y se marchó el equipo de la Ciudad Condal con una ventaja inferior a la deseada. Remontó durante el segundo acto pero no logró soltar la estela de los fantasmas reverdecidos en el Clásico. Los guarismos explicitan lo cerrado del cruce: la defensa menos encajadora de Europa cedió 21 acercamientos al área pero sólo concedió cinco tiros a portería por dos lanzamientos propios. El 70% de posesión azulgrana figura como anécdota condicionada de una eliminatoria que viaja a la capital irresoluta. "Estoy tratando de pensar lo más posible porque no puedo decir lo que pienso", afirmó Simeone, comedido, en sala de prensa. Menos tímido se mostró Filipe Luis, que denunció en zona mixta que "el Barça está protegido, se nota que hay un temblor a verle eliminado y esto daña a la UEFA". El técnico del Barcelona, que explicó que "el partido cambia a partir de la expulsión", se limitó a considerar que "las he visto como todos los aficionados culés: clarísimas las dos amarillas. Como todos los aficionados del Atlético habrán visto roja en las entradas de nuestros jugadores". En cualquier caso, el enfrentamiento, cumbre de la presente edición de la Liga de Campeones junto al Bayern-Juventus, guarda todo el interés, y la acidez, para el segundo capítulo madrileño.

lunes, 4 de abril de 2016

CONTRA PRONÓSTICO

El Real Madrid asaltó el Camp Nou tres años después dando una buena imagen en la segunda parte y el Atlético se sitúa a dos partidos de los culés

Antonio Blanca

Goleó el cuadro del “Cholo” Simeone al Betis. El Madrid le ayudó ganando al Barcelona en su casa el día del homenaje al genio desaparecido Johan Cruyff. La BBVA, que sigue siendo blaugrana se comprime un poco. Claro está que una ventaja de seis y siete puntos respectivamente con Atleti y Real es casi insalvable, por más dudas que pudiera haber generado en los pupilos de Luis Enrique la derrota en el clásico. Es un colchón amplísimo, y aunque de los últimos seis puntos, el Barcelona se ha dejado cinco, no es menos cierto, que tanto rojiblancos como merengues andan realizando una campaña muy irregular como para hacer tambalear las posibilidades de alzar el título de los culés. El equipo de Zinedine Zidane sale muy reforzado después de realizar una gran segunda parte, pasando por encima del Barça los últimos veinticinco minutos, luchando contra todos los elementos, hubo falta de Messi a Pepe en el gol de Piqué, y el colegiado se inventó un falta de Bale sobre Alba para anular el gol que daba la vuelta al choque. Ronaldo junto a Modric y Marcelo brillaron por encima de sus compañeros, como Zizou que por primera vez desde que está al timón de mando de la nave blanca, jugó a ser entrenador de pizarra y le salió bien planteando un encuentro a la contra, cual planteamiento de Benítez o “Mou”. Puede, que el astro francés haya dado con el esquema para ciertos partidos a tenor de los efectivos con los que cuenta.

Rayo Vallecano 2-0 Getafe: la emotiva celebración de jugadores y aficionados del Rayo. El viernes arrancaba la trigésimo primera jornada de Liga en el Nuevo Vallecas.El Rayo dio un gran paso para la salvación tras imponerse al Getafe (siempre han marcado a los azulones en primera) en el derbi madrileño y a la conclusión del partido repitió un hecho cada vez más usual. Minutos después de que sonara el pitido final jugadores y afición se convirtieron en uno y celebraron la victoria por todo lo alto.


Atlético 5-1 Betis: Juanfran marca su primer gol en el Calderón tras 247 partidos de rojiblanco. El Atlético de Madrid de Simeone siempre suele cumplir con la estadística y sus jugadores también. Con el argentino en el banquillo los rojiblancos no saben lo que es perder contra un equipo andaluz pero hay más. En la goleada colchonera Juanfran marcó su primer gol en el Calderón en sus 247 partidos como rojiblanco y Griezmann igualó a Forlán como jugador del Atlético capaz de marcar en seis jornadas consecutivas.

Las Palmas 2-1 Valencia: Mustafi anota el gol 'tonto' de la jornada en su propia portería. El Valencia sigue a la deriva en una temporada para olvidar. En Las Palmas se adelantó en el marcador tras un grave error de Javi Varas pero acabó perdiendo. El segundo gol canario lo anotó Mustafi en propia puerta después de que rebotara en su pecho un despeje de Santos.


Barcelona 1-2 Real Madrid: remontada blanca en el Camp Nou 51 años después. El Real Madrid cogió autoestima tras lograr una victoria en el Camp Nou después de que la mayoría de la opinión pública no diera un duro por los de Zidane. Piqué adelantó a los culés y ahí más que nunca la historia jugó en su contra: porque el conjunto blanco no remontaba en el Camp Nou desde 1951. Finalmente lo consiguió. Benzema y Cristiano emularon a Pirri y Serena para lograr una victoria histórica.


Celta 1-1 Deportivo: Aspas continúa con su maleficio y sigue sin marcar y sin ganar ante el Depor. Iago Aspas es el emblema del Celta de Vigo, pero tiene un particular maleficio: tras disputar seis derbis gallegos, nunca ha conseguido marcar ni ganar. Canterano celeste, Aspas siempre se ha caracterizado por ser el abanderado ante el eterno rival, pero cada vez que se enfrenta a los blanquiazules, el Celta no gana. En sus 11 goles de esta temporada en la Liga no hay ninguno ante el Dépor.

Athletic 1-1 Granada: el presidente del Granada paga de su bolsillo 55 entradas a aficionados. El Granada, como cada año, sigue luchando por sobrevivir en la Liga BBVA y Quique Pina, presidente del club, quiere que sus jugadores se sientan como en casa en sus partidos como visitante. Por ello pagó la entrada del choque ante el Athletic Club a 55 aficionados del conjunto nazarí.

Málaga 1-1 Espanyol: el Málaga vuelve a marcar de penalti casi dos año después. Anotar desde los 11 metros parece una tarea sencilla pero hay ocasiones en las que la portería se hace pequeña. Si no que se lo digan al Málaga, que volvió a anotar un penalti casi dos años después. Amrabat fue el último en anotar un penalti y para ello hay que remontarse a noviembre de 2014.

Éibar 1-2 Villarreal: Bruno se convierte en el jugador con más partidos en la historia del Villarreal. El Villarreal venció por 1-2 en Ipurúa y se aferra todavía más a la cuarta plaza de Champions League, pero por encima de la victoria se encuentra el nombre de Bruno Soriano. El capitán del Villarreal ya es el jugador con más partidos en la historia del 'submarino amarillo' (364), superando a Marcos Senna.

Sevilla 1-2 Real Sociedad: La Real termina con la racha de 17 victorias del Sevilla en casa. Bergara y Krychowiak acabaron con la resistencia del feudo del Sánchez Pizjuán. Tras 17 victorias consecutivas en casa, el Sevilla dejó de ganar quedándose a dos partidos de los 19 triunfos conseguidos entre 1950 y 1951.

La jornada pone su punto y final esta noche con el partido y el drama por el descenso entre el Levante y el Sporting de Gijón. 

MESSI VUELVE A SUS DUDOSAS PRÁCTICAS

Aránzazu Gálvez

La Sexta y El Confidencial, en colaboración con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), han sacado a la luz 'Los Papeles de Panamá'. Se trata de una investigación que destapa el funcionamiento del despacho panameño Mossack Fonseca, uno de los cinco primeros del mundo en creación de sociedades 'offshore'.

Entre los casos de supuesto fraude fiscal hay varios deportistas y personas relacionadas con el deporte cuyos nombres han salido a la luz, aunque en los próximos días revelarán más identidades. Entre ellos estarían unos veinte deportistas, varios de ellos juegan o jugaron en la Liga.

El caso más llamativo es el de Leo Messi, futbolista del Barcelona. Según 'Los Papeles de Panamá', el argentino montó otra red de fraude fiscal el día después de ser acusado por Hacienda de haber evadido 4,1 millones de euros, en la tributación de sus derechos de imagen.
El delantero habría adquirido junto a su padre la sociedad panameña ' Mega Star Enterprises Inc', a través de un bufete uruguayo. Al estar afincada en un paraíso fiscal como Panamá, se trata de una empresa 'offshore' que se aprovecha de las ventajas fiscales y de la confidencialidad y la privacidad del sistema.

Un documento firmado por Messi y su padre reveló su relación con la empresa, una sociedad a través de la cual Messi tramita sus ingresos por derechos de imagen, a espaldas de unas autoridades españolas que todavía no la han investigado.

Michel Platini, exfutbolista y presidente de la UEFA 2007-2015, fue sancionado recientemente por el Comité de Ética de la FIFA. Según la información publicada, el francés recurrió a Mossack Fonseca para administrar una sociedad constituida en Panamá en 2007. Platini recibió poder ilimitado para Balney Enterprises Corp., que seguía activa en el Registro Público de Panamá en marzo.

Iván Zamorano, exfutbolista que pasó por la Liga. Cuando jugaba en el Real Madrid, Fut Bam International Ltd. gestionaba sus derechos de imagen y cedió la custodia temporal de esos derechos al club a cambio de un pago total de 195 millones de pesetas. El club debía pagar a Fut Bam 45 millones de pesetas en 1993 y otras 50 millones de pesetas (alrededor de 300.000 euros) entre 1994 y 1996. Fut Bam tenía su sede en Islas Vírgenes Británicas.

Heinze, exfutbolista del Real Madrid y el Manchester United. Cuando jugaba en Inglaterra creó Galena Mills Corp., con sede en Islas Vírgenes Británicas y de la que su madre figuraba como la dueña. Firmó un contrato con Puma y cobraba a través de esta compañía 'offshore'. El exjugador también tenía una cuenta bancaria suiza con UBS.

La Real Sociedad habría gestionado durante ocho años (2001 - 2008 ambos incluidos) el sueldo de siete de sus jugadores a través de empresas 'offshore'. Uno de los nombres revelados es el del exdelantero Kovacevic, quien tenía un sueldo oficial de 1.5000 euros cuando en realidad cobró alrededor de un millón de euros en la temporada 2006/07.

Nick Faldo, el golfista británico con más éxito de la historia. En 2006 se hizo dueño de una compañía 'offshore' en Islas Vírgenes Británicas. Es uno de los cinco golfistas que aparecen en los documentos internos de Mossack Fonseca.

Leo Ulloa, jugador del Leicester, que pasó por el Almería, firmó un contrato para que Jump Drive Sport Rights LLC, sociedad con sede en Nueva York., gestionara sus derechos cuando jugaba en San Lorenzo de Almagro (Argentina). Sus accionistas eran dos sociedades en Samoa en las que participaba José Manuel García Osuna, agente de jugadores que fue investigado por fraude en Castellón desde 2013 e imputado por llevarse parte del dinero de los derechos de imagen de Ulloa.


Juan Pedro Damiani, miembro de ética de la FIFA, habría trabajado para al menos siete compañías 'offshore' vinculadas a un exvicepresidente de la FIFA que ha sido acusado de fraude y blanqueo de dinero en los casos de corrupción del organismo del fútbol mundial. Participó como intermediario en una compañía con base en Nevada vinculada a empresarios que han sido acusados de pagar decenas de millones de dólares en sobornos.

domingo, 3 de abril de 2016

EL MADRID TRIUNFA CONTRA TODO Y TODOS

Carlos de Blas

El delicado y sentido homenaje que el planeta futbolístico rindió a Johan Cruyff engalanó, del modo más idílico, el tributo al balompié que constituye un enfrentamiento entre Barcelona y Real Madrid en el presente lustro. Con el Camp Nou a rebosar cruzaban inercias y convicciones el líder y el tercer clasificado, en un duelo de entreguerras continentales, a pesar de que ambos contendientes se empeñaron en subrayar, en la previa, que el partido paraba el calendario per se. Como antiguamente. "Están como locos por jugar", aseguró el técnico local de sus pupilos. En efecto, la vuelta del 0-4 con que este duelo de enemigos íntimos abrió capítulo esta temporada desempolvaba la rivalidad ancestral que no conoce rotaciones, descansos ni objetivos ulteriores. El orgullo de cada bancada estaba en liza y eso parecía ser suficiente para que el planeta volviera sus pupilas hacia la enseña del fútbol español.

Luis Enrique escogió, con coherencia con la presunción de relevancia entregada al encuentro, a su once preferido. Rakitic e Iniesta sostenían y engrasaban un esquema solidificado por Busquets y coronado por Neymar, Messi y Suárez, que tenían ante sí otra opción de trascender con el Madrid como sujeto pasivo. Alves y Alba ejercerían de carrileros con Piqué y Mascherano guardando la calma de Bravo. Se trataba de reproducir el planteamiento de imposición de la posesión como anestesia y mordiente, sea cual sea el pedigree del oponente. Debía entregar tanta atención a la precisión de los envíos como a la presteza en labores de vigilancia tras pérdida, ante la presunta intención contragolpeadora de su rival. En este sentido, contemplaría el Lucho la oportunidad de ganar verticalidad en transición para jugar con la consistencia de los madrileños. El favoritismo culé no se escondía en la alineación nada especuladora y la filosofía de juego argumentaba tal acepción, sólo matizaba por el nivel de concentración sin pelota.

Zinedine Zidane pretendió testar su viraje en la elección nominal de inicio en un escenario de máxima exigencia. Suturó el técnico galo la inestabilidad merengue con la inclusión de Casemiro en los últimos partidos, desechando el frenesí ofensivo desequilibrado exigido por la trinchera de altavoz masivo. Con James e Isco en el banquillo (no jugarían ni un minuto), el destructor brasileño soltaría a Modric y Kroos para ganar bagaje posicional con y sin balón. Carvajal y Marcelo operarían como sus homólogos exteriores y Ronaldo, Benzema y Bale habrían de mostrar lucidez en ataque y entrega en defensa. Pepe y Ramos regresaban a escena para salvaguardar la valía de Navas. Quedaba por comprobar la intencionalidad de Zizou en la oposición al monopolio del cuero ajeno, la altura de su presión y los cambios a introducir con el paso de los minutos. Se descubría su obra ante el segundo examen contundente tras el resbalón ante el Atlético, esta vez, con menos que perder que su rival. La intensidad de todas sus piezas y la unidad coral disfrutaban de más vigencia que nunca en este viaje.

Se alzó el telón sobre el verde con el susurro de los guiones arquetípicos: el Madrid esperó en su campo, con línea de 4 en la medular que incluía a Bale en la faena defensiva, y el Barça no escondió, ni un segundo, su querencia de la pelota, acompañando este rasgo identitario de una presión elevada que comprometía la salida merengue. No obstante, una pérdida de Marcelo en la salida del juego, acuciado por la emboscada tirada por Rakitic, retrató el plan inicial en el precoz sobresalto sin remate. Reaccionó el tercer clasificado alzando líneas para granjearse un respeto posicional que redujo espacios en el trecho central de la cancha, asumiendo riesgos a la espalda, al igual que el homólogo local. La iniciativa catalana se antojaba horizontal al tiempo que el Madrid abrazaba la verticalidad tras robo.

La lectura blaugrana de intenso ahogo, que otorgaba oxígeno solamente a Casemiro y colapsaba el centro y a Marcelo, cortocircuitando la salida en estático visitante, complicó, con celeridad, la digestión madridista. No rebajó el pulso táctico el líder en el prólogo de una charla desprovista de precisión, pero el primer intento serio sobrevino gracias a la búsqueda de respuesta capitalina. Quiso ocupar por primera vez toda la cancha en labor defensiva el Madrid y la acción mostró la vigencia del enriquecimiento contraatacador que dispara las opciones del Barça: la presión visitante gestó un balón largo de Bravo en el que Suárez ganó el cuerpeo a Ramos y Neymar devolvió el balón para el error estrepitoso del charrúa en la resolución, a portería vacía -minuto 9-. Tocaba tierra, de este modo, el venenoso aviso del doblez vertiginoso azulgrana, capaz de golpear agazapado.

Avanzó el relato propulsado por un ritmo muy alto. La tensión competitiva en alza del Madrid, que ocupaba el tercio central, tratando de taponar los pasillos buscados por Messi, principal elemento de asociación interior con Rakitic e Iniesta, subía la exigencia. Se descolgaba el argentino desde la frontal para participar en la primera fase de elaboración combinativa, ejerciendo de 10. Pero Modric, Kroos y Casemiro se apoyaban en las red ayudas de la línea ofensiva, ganando tiempo en la pugna por las superioridades exteriores –Alves y Alba se adherían a la medular a perpetuidad- y afianzando la niebla entre líneas. Por el camino de su resistencia enganchó el club visitante un saque de falta puntiagudo de Modric al desmarque de Bale. El galés ganó a su par y centró al área para el esfuerzo, in extremis, de Mascherano. Asomaba, asimismo, la gravedad otorgada a los descuidos, también de los catalanes. Y rebatió el Barça estirando la incipiente comodidad rival con un balón largo que cayó en las botas de Suárez, que, a su vez, entregó el anhelado mano a mano a Neymar con Carvajal. El carioca atisbó la llegada de Iniesta, que chutó raso. Ramos repelió el intento en el centro del área -minuto 17-, confirmado lo intrincado de la producción ofensiva.

Messi estrenó su relación de chuts con el consiguiente lanzamiento de falta a una transición veloz, desde la frontal, que no encontró la madera. La ocasión, y el posterior error en la salida de pelota de Pepe, patrocinaron el advenimiento del respingo del Barça yRakitic dibujó un disparo ajustado a la cepa del poste para el vuelo certero de Navas. El control total del Barcelona en el mando del cuero y el tempo empezaba a abrir oquedades en el repliegue visitante. Parecería que el respeto inicial, tendente al centrocampismo, empezaba a resquebrajarse en pos de una mayor velocidad asociativa, que fiscalizaba la pretendida cohesión entre líneas capitalina. La pared entre Neymar y Suárez, que se tradujo en chut a las nubes desde la frontal del brasileño, anunciaba el foco protagónico elegido por Luis Enrique para horadar la actitud contemplativa del tercer clasificado. Cada uno contra uno logrado en la banda de Carvajal y desatendido por Modric o Kroos penalizaría de forma abrasiva a la supervivencia madrileña.

A esta altura, en el ecuador del primer acto, el escenario no admitía rebate: el Barça localizaba aristas en el plan de repliegue y salida de Zidane, ya fuera al espacio o en estático, y sólo un descenso de atención en la vigilancia tras pérdida indigestaría el cómodo devenir a los catalanes. Un slalom descontextualizado de Ronaldo, con recorte y chut desde el pico del área que sacó Bravo, y la posterior volea muy desatinada de Bale remarcaban los riesgos de la voluntad monopolística local. Soltaba parte de su sollozo en el repiqueteo continuo de pérdidas en el cortejo del cuero un Real Madrid que se veía satisfecho tras haber amortiguado el ardoroso arranque blaugrana. El más que posible penalti de Ramos a Messi, de genial maniobra en la frontal y en contragolpe con el Madrid levantando la altura de su defensa, constituyó el salto de página urgido por los visitantes.

Ganó empaque y confianza el conjunto merengue en un paréntesis trompicado de partido, trasformado, entonces, en una especie de guerra de guerrillas salpicada de fricciones anatómicas y del coherente rosario de amonestaciones, que desfiguró la relación de fuerzas y el ordenamiento previsto. Cedió metros el Barça para buscar un mordisco a la espalda del valiente movimiento posicional madrileño y el rigor táctico sufrió una severa enmienda ante la apertura de puertas y ventanas en transición y en ambas direcciones. En efecto, el viraje de la inercia se vio autografiada por la falta directa desde media distancia que Ronaldo envió fuera de diana -minuto 29-. No en vano, a un cuarto de hora del intermedio esbozaba el envite un reparto más equidistante de las sensaciones y el control de la situación. El ratio de pases por posesión catalán amainó para ganancia del equilibrio en la conversación. Modric, Marcelo y Casemiro emergieron para distribuir y anestesiar la línea argumental dominadora del líder. Así, el Madrid jugaba con la verticalidad de sus avances y padeció un trance ciertamente caótico la estructura de un Barça más descoordinado que de costumbre en fase defensiva. La sensación de amenaza del respingo de personalidad madridista hizo mella y eligió la orquestra afinada por Luis Enrique recobrar el respiro bajo su cauce, a través de la gestión pausada de la pelota, sin mayor ambición que la composición de lugar y roles.

La energética disposición de los peones madridistas en labores de cierre, con destacada brega de Bale, negó al Barça el frenesí combinativo buscado en cancha ajena, cercenando los agujeros laterales a explotar por Neymar y Messi, y abonó el terreno para recoger un camino hacia vestuarios en trayectoria ascendente. El baile en el centro del campo lucía igualdad, más de la esperada, con el esquema ideado por Zidane creciendo con balón, catapultado por la seguridad en el achique coral. La mejor versión de la era del técnico galo sin pelota alcanzó a arribar en la Ciudad Condal, para congelar el magnetismo del campeón de todo e inquietar a la meta de Bravo con aceleradas combinaciones concretadas, sólo, en una volea al cielo de Benzema desde el punto del penalti –minuto 42-. Andrés Iniesta asomaba como la única figura que escapaba de la acumulación de peones dispuesta por la expedición madridista, pero Casemiro prosiguió su acopio de legitimidad, bien abrigado por el resto de piezas, para frenar el ingenio manchego. La volea infructuosa desde el pico del área obra de Alves y el chut desde media distancia y muy desviado de Rakitic –minuto 44- clausuraron un primer tiempo de justas tablas, en el que el Madrid se zafó de la trampa barcelonesa con un ejercicio de comprometido escapismo.

 La reanudación asistió a una salida más intensa del Barcelona, como si hubiera acometido el refresco de la vehemencia en sus parámetros de fútbol, y volvió a alzar la presión y a tratar de imponer a su agrandado rival el guión que le es favorable. En consecuencia, el partido sufrió una convulsión en sus revoluciones que pilló algo fuera de eje al Madrid. Así, el derribo de Ramos a la genial gestión física de Suárez –que pudo suponer la segunda amarilla al central- que confluyó en el lanzamiento de falta desviada de Messi -minuto 48- abrió fuego. Pero se desplegó con rapidez la reacción visitante, que volvió a percutir en el pretendido soliloquio local por la vía del contragolpe rápido. Benzema no supo sobreponerse a la marca de un Piqué soberbio en el cierre en el primer acercamiento merengue, que rememoró el paradigma global de incertidumbre del duelo.

Tomó altura el intercambio de argucias, con Neymar fuera de escena, desnudando el ajuste escogido por Luis Enrique con el fin de socorrer la maltrecha labor de vigilancia tras pérdida de los suyos. Rakitic, Busquets y Alves alternaban coberturas para negar la salida al Madrid por el perfil de Marcelo y los culés aceleraban sus combinaciones, con más verticalidad, para arribar, ahora sí, de manera sostenida a la meta defendida por Keylor Navas. Reclamó Messi el foco, más con chispazos aislados en este combate, imaginando una vaselina de seda, sin espacios y desde la frontal, que el gato ‘tico’ sacó con una estirada de foto. Dicho acto artístico nació de la primera asociación fluida entre los componentes del tridente, que entregó la asistencia a Suárez y el chut a La Pulga -Minuto 55-. No había retomado el temple con balón el arrinconado tercer clasificado, que acumulaba suspiros en despejes a saque de esquina. Precisamente, su fenomenal cierre en juego provocó que el peligro y el gol locales arribaran a balón parado. Sería el córner botado por Rakitic y cabeceado, en soledad, por Piqué –minuto 56- el desencadenante del grito de la tribuna. El central ganó la partida a Pepe y las marcas no cambiaron de forma automática para que el zaguero ajustara su testarazo a la red. Recogía su botín el repunte catalán por una vía accesoria.

El tanto inaugural no cambió el rictus ordenado de los merengues, que seguía entregado a su esquema de robo y salida. Aflojó revoluciones el Barça con la ventaja en el electrónico, de forma coyuntural y, finalmente, como tendencia hasta el 90, y los pupilos de Zidane supieron manejarse con solvencia en repliegue para encontrar los espacios para evolucionar y terminar por cambiar el cariz del enfrentamiento en el tramo final. Empezó el renacimiento el bloque visitante con una exhibición de pegada. La contra al galope de Modric, que Marcelo convirtió en peligro gracias a un número de desborde técnico que sentó a Piqué, abrió las suturas locales. El brasileño, desatado de la encerrona ideada por Luis Enrique y capital en el segundo acto efervescente madrileño, cedió para el centro de Kroos. Benzema, apostado en el centro del área, embocó una media chilena que significó las tablas en el minuto 63.

A partir del punto de inflexión, que no resultó ser el empate sino el tanto local que evocó cierta desconexión blaugrana, el físico capitalino comenzó a dictar el tipo de desenlace. La enfangada producción del centro del campo dirigido por el Lucho no superaba la horizontalidad a pesar del despliegue de sus laterales. Y el balance tras pérdida posterior a la primera presión desnudaba los fantasmas que afligieron a este equipo colosal en temporadas precedentes. Por la vía de la transición tras robo surgió el gobierno de Modric y Marcelo, secundados por Carvajal -excelso secante de 'Ney' con fuelle para suponer una amenaza-, Casemiro y Kroos, para arrebatar el tempo a los locales y mutar la calma dominadora oponente en un duelo de ida y vuelta que provocaba el sufrimiento de las líneas del Barcelona, con Busquets superado. El cerebro croata del Madrid sacó otra contra que dirigieron Benzema y Bale para el remate ajustado del galés y atajada de Bravo –minuto 67-. Tan sólo un centro muy bombeado de Alves que Messi transformó en dejada para la volea, sucia, de Suárez, que se marchó fuera mansamente, ofrecía fruto a la inocua circulación culé.
  
Decidió, entonces, Luis Enrique ir a por el partido redoblando la apuesta por la ortodoxia de defensa a través de la posesión. Sacrificó los pulmones de un Rakitic esfumado para dar entrada a Arda Turan, presunta herramienta de desatasque y alimento de la delantera que no escapó de su desfase para con la pauta de su equipo, situación que arrastra todo el curso. Arriesgó el técnico asturiano a su espalda sin atender al escenario de sufrimiento tras pérdida, y acabaría pagándolo muy caro. Zidane escogió a Jesé y Lucas Vázquez para dar descanso al clarividente Benzema y a un notable Bale, y ambos equipos afrontaron el último cuarto de hora con los roles y el reparto de gasolina bien definidos. Leyó el preparador francés la ruptura del duelo y prescindió, con acierto, de James e Isco.

Un pase de terciopelo de Messi a la espalda de la zaga oponente que Suárez disfrazó de cuadro con una deliciosa volea angulada, que lamió el poste más alejado, entregó la razón al movimiento del preparador local, pero no suponía más que un espejismo. Respondió con rapidez el Madrid a través de la enésima contra dictada por Marcelo que Ronaldo colocó en la cabeza de Bale. El galés remató a la red pero el colegiado anuló el tanto por presunta falta del británico sobre Jordi Alba. A continuación disparó el brasileño otra transición sin oposición que, en esta ocasión, resolvió Ronaldo en solitario con un lanzamiento a la cruceta desde el pico del área. Se desataba el mejor tramo del partido de un Real Madrid que supo sufrir como colectivo –la mejor cara de la segunda vuelta- para, desde la solidez, afrontar el asalto del coliseo de su antagonista de forma decidida. Alba y Alves, nombres ejemplificadores del estadio colectivo, veían comprometido su rendimiento al encontrarse en plena indecisión: no sumaban en ataque y no llegaban a tiempo para amarrar a Ronaldo y Bale, siempre dispuestos para el duelo individual.


Se atravesó la merecida expulsión de Ramos, infantil, por falta sobre Suárez, víctima del pique con el uruguayo, en el centro del campo. Se quedaba con 10 jugadores el bloque visitante a siete minutos del final. Sin embargo, encontró, de inmediato, la optimización de sus recursos subido en la inercia del duelo. En vuelo volvió a señalar el Madrid la desorganización de la retaguardia local para lanzar el contraataque definitivo, que concluyó en un centro parabólico de Bale que Alves no acertó a despejar en el segundo poste y Ronaldo -decisivo, de nuevo, para placidez de su hinchada- convirtió en el 1-2 utópico para las casas de apuestas. Tocaba techo la fórmula con que Ancelotti ganó el primer Clásico a Luis Enrique en la pasada temporada (3-1, en el Bernabéu) para frenar la racha de imbatibilidad catalana al borde del récord del Nottingham Forest -39 partidos consecutivos sin doblar la rodilla-. La agonía catalana no llegó a buen término con la producción ofensiva bajo mínimos y se confirmó las catarsis merengue en el mejor escenario posible. La cima de la Liga sigue lejana para los capitalinos -siete puntos-, pero el triunfo de este sábado descubre la potencialidad del vestuario madridista si media el compromiso. La Liga de Campeones tomará el relevo del campeonato doméstico con síntomas de reconstrucción de la candidatura blanca y un ejercicio de desnudez de las flaquezas del gallo barcelonés. Los guarismos finales -68% de posesión catalana pero relación de 14 llegadas al área por barba y victoria madrileña en remates a puerta por tres a seis- entregaron la razón al vestuario puesto en entredicho. La intensidad regresó para plantar bandera y encarar la recta final de año con otro aire.

sábado, 2 de abril de 2016

HOMENAJEAR A CRUYFF Y SENTENCIAR LA LIGA

Jordi Grimau

El Barcelona y el Real Madrid se miden este sábado en el Camp Nou en un encuentro que puede dejar la Liga vista para sentencia, habida cuenta que en estos momentos el equipo azulgrana es el líder destacado con nueve puntos de ventaja sobre el Atlético y diez con respecto al conjunto blanco y sólo restan ocho jornadas para la conclusión del campeonato.

Pese a que un tropiezo de los de Luis Enrique dejaría todavía al cuadro catalán todavía con un margen de puntos con el que en teoría no deberían pasar por apuros para terminar el campeonato en lo más alto, el conjunto de Zidane ha señalado una y otra vez en las últimas semanas que no da la Liga por perdida, especialmente después de haber recobrado la autoestima merced a cuatro victorias consecutivas.

El estado físico de Jordi Alba es la principal preocupación del Barça, ya que el internacional español sufre molestias musculares desde el encuentro que enfrentó el pasado fin de semana a España y a Rumanía. Si se confirma su ausencia su sustituto sería prácticamente segurio Sergi Roberto, ya que Mathieu pasó este jueves por el quirófano por una rotura en el menisco interno de la rodilla derecha y Adriano también es baja, con una lesión muscular en su pierna derecha.

La posible ausencia de Alba ha desatado las especulaciones acerca de si podría ser aprovechada por Zidane para emplear la velocidad de Gareth Bale en la banda derecha aunque el galés ha insistido estos días en que el centro es el lugar en el que se siente más cómodo.

Lo que sí parece claro es que Casemiro estará en el once inicial del Real Madrid, después de que su aportación en los últimos encuentros haya sido vital para dar equilibrio al centro del campo. El brasileño acompañaría en el centro del campo a Kroos y Modric, quedando por delante el ‘tridente’ formado por Benzema, Bale y Cristiano y relegando de nuevo al banquillo a Isco y James.

En defensa, Pepe y Ramos formarán con toda seguridad la pareja de centrales, después de que Varane se haya confirmado como baja por problemas musculares en el gemelo de su pierna izquierda que el defensa galo arrastraba desde que regresó de la concentración de la selección francesa.

Las 23 jornadas consecutivas que lleva el Barcelona sin ser derrotado en Liga convierten al equipo catalán en claro favorito en las apuestas del ‘clásico’, ya que su victoria se paga a 1.57 euros por euro apostado, mientras que la cuota del empate es de 4.50 a 1 y el triunfo madridista cotiza a 4.75 euros por cada euro.


El mosaico de las gradas estará dedicado a Johan Cruyff, fallecido recientemente y quien fue uno de los artífices del germen del Barça que posteriormente llegó a la cima mundial y el holandés también podría ser protagonista en alguno de los goles del equipo azulgrana si es que llegan, ya que Iniesta reconoció esta semana que en el vestuario estaban preparando algo “especial” para homenajearle.

jueves, 31 de marzo de 2016

UN CLÁSICO DESCAFEINADO

Sin dejar de ser el partido más esperado de la liga española este Barcelona-Real Madrid llega en un momento en el que importa más la Champions League por la diferencia exagerada de puntos a favor del club culé

Antonio Blanca

Si atendemos a la clasificación, el Real Madrid no tiene mucho que ganar en el Camp Nou a nivel puramente deportivo. A diez puntos del Barcelona, aunque ganase en el estadio del eterno rival le quedarían apenas siete jornadas por el delante y una diferencia de siete puntos (tres partidos) para intentar alcanzar el liderato y con otro inconveniente, con el ‘golaverage’ previsiblemente en contra.

Sin embargo, está en juego el orgullo y la credibilidad de una plantilla que todavía tiene grabado el 0-4 encajado en la ida en el Santiago Bernabéu, aquel ya histórico ridículo equiparable al 0-5 de Cruyff de los Setenta o al reciente 2-6 de Guardiola. Por ello, y porque en el ADN del Madrid está el no rendirse nunca, el equipo que entrena Zinedine Zidane va a ir al Camp Nou a “dejarse el alma” (Bale dixit) sin pensar más allá de ese partido, aunque el 6 de abril se juegue el primer partido de ida de los cuartos de la Champions ante el Wolfsburgo, la única competición, la fetiche, que le queda a los blancos para salvar una temporada de anodina a catastrófica.

Eso es precisamente lo que ha declarado el jugador brasileño del equipo merengue Carlos Henrique Casemiro, que no ha dudado en lanzar un mensaje a la afición madridista ante la visita en el Clásico liguero del próximo sábado, afirmando que su equipo lo va a dar todo. ¿Se supone por sus palabras que no siempre el Madrid juega dejándose el 100%?

“Nos vamos a dejar el alma dentro del campo en este partido. Que sigan confiando en nosotros porque vamos a seguir siempre trabajando”, manifestó Casemiro a los medios de comunicación de su club, tras la sesión preparatoria de este martes de la primera plantilla.

“Sabemos que es una semana especial para los jugadores, para la afición y para todos, para el Real Madrid. Es un partido que nos apetece jugar, que llegue rápido y ojalá podamos ganar este partido”, ha indicado.

Sobre su actuación en el equipo, donde ha sido titular en los últimos partidos, ha comentado: “Cada partido y cada día que pasa, me siento con más confianza con los jugadores, con el entrenador y con la afición. Ellos saben que estoy aquí para ayudar a todos”.

Habrá que ver si el parón de selecciones afecta a un equipo más que a otro, porque una buena parte de internacionales no se incorpora hasta este miércoles o jueves a los entrenamientos de sus respectivos clubes.

Es el caso por ejemplo de Messi, que ha jugado con Argentina este miércoles de madrugada (hora española) y que ahora ya sí puede pensar en el partido ante el Madrid. “No tuve problemas físicos y ahora será tiempo de volver a Barcelona para pensar en el Clásico, que será una prueba muy exigente“, señaló a los medios el argentino tras el partido contra Bolivia.