En
plena pugna por el ‘9’ de la selección entre Diego Costa y Álvaro Morata surge
a sus treinta y seis años, Aritz Aduriz, como otra posibilidad
Antonio Blanca
Julen
Lopetegui siempre ha sido discreto, como jugador primero, ahora como entrenador.
No llamaba la atención especialmente, salvo por sus paradas cuando le dejaban
ponerse entre los palos, que para su desgracia no fue con la constancia que
habría deseado. Una vez convertido en entrenador, trasladó su moderación a su
relación con la prensa, a la que trata con enorme respeto, pero ante la que
rara vez se abre de verdad. Por tanto, resulta natural que ahora como
seleccionador, con mucha diferencia la mayor responsabilidad que ha adquirido
en su vida, su mesura sea todavía más evidenciada. Siempre deja la puerta
abierta a las preocupaciones que puedan existir, como la hipotética vuelta de
Casillas al equipo nacional, los jugadores que se quedan fuera de la lista, o
los que están en la misma disputando un puesto en el once. Vamos que sabe manejar
con la soltura de un avezado “capoteador” el cargo.
En
el caso de los delanteros, Lopetegui ha hablado en el campo, que es el lugar
donde más alto y más claro se pronuncian las ideas, aunque no se emita ningún
sonido. De los cuatro partidos en los que han coincidido Álvaro Morata y Diego
Costa en plenitud física, el técnico ha escogido en tres de ellos al ariete del
Chelsea, que ha correspondido su confianza con tres goles. En el otro, jugó
Morata, pero unas molestias le mandaron al banquillo y Costa pudo jugar casi
setenta minutos en Bruselas contra Bélgica.
Ahora,
en noviembre, Lopetegui añadió una nueva alternativa al frente de ataque con
Aritz Aduriz, al contrario que lo que había decidido en octubre, sesión aquella
en la que solo contó con Costa y Morata. Si el seleccionador esperó hasta el
último momento para contar con el ex del Atlético fue porque su idea era que
fuera de la partida contra Macedonia, como lo había sido con anterioridad. Es
su '9' de confianza, el que le ha dado el peso del ataque que no acertó a
ofrecerle Vicente del Bosque, que acabó por preferir a Morata para que asumiera
esa carga durante la Eurocopa, con un resultado bastante óptimo, al marcar tres
goles en los cuatro partidos que jugó.
Sin
Costa, el partido ante los macedonios era una oportunidad estupenda para
Morata. Lopetegui cuenta con él y le da su apoyo siempre que tiene ocasión,
pero hasta el momento lo había utilizado como segunda opción, y su titularidad
contra Macedonia fue, finalmente, un segundo plato. Como decimos, de haberse
recuperado Costa del hematoma que sufría, habría jugado de inicio en Granada.
Por ello, el madridista podía agarrarse con goles al puesto y obligar a
Lopetegui a plantearse de nuevo su estrategia en el manejo de la opción para la
delantera.
Indiscutiblemente,
el partido de Morata fue más que aceptable. Desde su debut hace ahora dos años,
Morata cayó de pie en la selección, como el delantero que le faltaba a España
después de las ausencias (que no retiradas, ojo con la diferencia) de Villa y
Torres. Se asociaba con los centrocampistas creativos españoles con naturalidad
y explotaba los espacios generados por la circulación del balón, lo cual es una
de sus mayores virtudes como atacante. Le faltaba gol, eso es cierto, porque en
sus primeras ocho participaciones apenas marcó uno ante Ucrania, pero su
conexión con el equipo era muy buena, mejor que la de Diego Costa con una
diferencia bien notable. Este vínculo con sus compañeros se volvió a apreciar
en Los Cármenes, pero esta vez Morata no tuvo la fortuna de encontrar el gol,
que al final es la vara sobre la que medir a los delanteros. Probó en repetidas
ocasiones al portero contrario sin acierto, se enfurruñó porque cayó varias
veces en el área sin que el árbitro apreciara nada punible y se marchó con un
golpe que lo dejó tocado y cabreado. Hizo todo lo que tenía que hacer, menos lo
más importante, en resumen.
En
medio de esta preciosa lucha ha surgido un tercer contendiente presto a acudir
con sus mejores armas al campo de batalla. En su momento, cuando Del Bosque
llamó a Aduriz a la Eurocopa se le veía como una alternativa esporádica,
únicamente para cubrir la baja de Diego Costa, y que el donostiarra no tendría
hueco una vez volviese el hispano-brasileño a la selección. Pero es que este
señor de 35 años se está haciendo cada vez mejor. Conforme cumple años va
aumentando sus registros, convirtiéndose en un delantero superior, en justo lo
que no tiene ahora mismo la Absoluta: un rematador nato. Los cinco goles que le
endosó al Genk en la última jornada de Europa League obligaron a Lopetegui a
incluirlo en la convocatoria.
Ha
tenido poco tiempo para demostrar si tiene el nivel de España, pero cuando ha
jugado, ha rendido. Su gol a Macedonia es otra muestra más de lo que es: un
goleador nacido para hacer lo que hace. De hecho, sus dos tantos como
internacional han llegado saliendo desde el banquillo. Pero en el Athletic marca
goles siempre, da igual el momento y por eso su candidatura a ser el '9'
titular de la selección está muy viva. ¿Por qué el viejo no iba a competir con
los jóvenes? Y aún falta Iago Aspas por debutar. Todo esto sin contar con Paco
Alcácer, que si no juega en el Barça, lo va a tener muy complicado para volver
a la selección.