lunes, 19 de octubre de 2015

EL CELTA SIGUE DE FIESTA

Hacía tiempo que la Liga de fútbol no vivía un inicio tan apretado en la zona alta de la clasificación y hasta cinco equipos se encuentran en un pañuelo de dos puntos

Antonio Blanca

Ya se han disputado ocho jornadas de la BBVA y no hay luz al final del túnel. El Madrid sigue sin perder, vence pero no convence como ya dijo Unamuno hace más de un siglo. El Barcelona ídem adem ídem. Los de Luis Enrique tampoco encuentran el toque necesario, los partidos les cuesta sacarlos adelante y atrás, sufren en demasía. Así que ante este panorama, por el momento, habrá que ver en febrero o marzo como está la clasificación, hay tres equipos que no aguantan el ritmo, sino que lo imponen ellos. Sobre todo el Celta de Vigo. Los de Berizzo han ganado a Sevilla, Barcelona y Villarreal, y este sábado próximo espera el Real Madrid. Con un fútbol descarado y vistoso, como el submarino amarillo, ambos cuadros están en esa horquilla de dos puntos. El quinto en discordia, que tampoco enamora, pero que se muestra fiable es el Atlético de Simeone. Otra victoria más, a la chita callando, y como no, Griezmann. El francés se ha destapado como el ‘9’ colchonero, siguiendo la estela de Forlán, Agüero, Falcao y Diego Costa. Lo dicho, pronto, muy pronto, pero por ahora entretenimiento, igualdad e incertidumbre. Bueno para el aficionado.

El sábado en el Bernabéu se ponía de largo la jornada. Ganó el Madrid 3-0 al Levante en un partido raro. No le fue fácil a los de Benítez que siguen sin mostrar esa solidez defensiva que quiere su entrenador. Marcó Ronaldo de nuevo, como Jesé, dos grandes goles. El primero lo anotó Marcelo tras buena combinación con el monstruo portugués, a la postre el brasileño fue junto con Keylor Navas el mejor del Madrid. También a buen nivel parte de la unidad B, incluso C del Madrid. Vázquez, Casemiro, Jesé, Nacho… Benítez sigue construyendo su Real Madrid, que no encaja goles, pero que concede demasiadas oportunidades al rival. Los atacantes granotas unas veces por desatino y otras por la aparición de la “Pantera” Navas no supieron sacar tajada. El Madrid de nuevo es líder, es la lectura positiva que pueden hacer.

Partido muy intenso el jugado entre el Éibar y el Sevilla. Los visitantes salieron con un once muy físico, algo que aprovechó el equipo local para tener el balón, consiguiendo romper la igualada inicial por medio de Borja Bastón que sigue con su racha.  Gameiro en la segunda parte puso las tablas, un empate que deben darlo ambos por bueno, ya que el partido les permitió a ambos tener el protagonismo en diferentes momentos.

El Barcelona sacó el rodillo y para variar volvió a golear a un Rayo Vallecano muy valiente, demasiado. Alguien debería explicarle a Jémez, con todo el mérito que tiene arrebatarle la posesión a los culés, que así no se les gana. Neymar sacó la chistera a pasear y demostró estar más que preparado para tirar de este Barça. Pese a todo el conjunto madrileño consiguió adelantarse en el marcador por medio de Javi Guerra, pero luego Neymar con cuatro tantos (dos penas máximas, el Barça ya suma nueve en ocho jornadas) y Luis Suárez colocaron un clamoroso 5-2 final en el electrónico. Este resultado permite respirar al equipo de Luis Enrique, que sigue de colíder y al que tanto en defensa como en ataque le queda un mundo por mejorar.

El Valencia batió 3-0 al Málaga y con ello sumó tres puntos vitales, sobre todo para su entrenador Nuno, máxime tras el castigo a Negredo. André Gomes volvió a brillar en el cuadro che, y eso vaya que sí lo agradeció el equipo. Duda desperdició un penalti y el Valencia se vino arriba y se impuso sin problemas a los de Gracia, que sigue inmerso en la zona baja de la tabla tras un flojo arranque liguero.

El Espanyol estuvo muy serio en el Benito Villamarín y venció con claridad a un Betis desorientado. Los visitantes comandados por un grandísimo Asensio, se llevaron la victoria con contundencia por 1-3 sin dar opción alguna a su rival. Victoria que deja al Espanyol cerca de Europa, permitiéndoles además superar al Betis en la clasificación, que se queda en tierra de nadie.

Duelo de gallitos en la matinal del domingo entre el Villarreal y el Celta de Vigo que se llevó el conjunto de Berizzo 1-2. Orellana se salió para guiar a su equipo a lo más alto de la clasificación, ya que con esta victoria el Celta se coloca con los mismos puntos que el Madrid y el Barcelona. Orellana marcó el 0-1 en el 41. El Villarreal perdió a Bailly por expulsión, algo que complicó aún más una posible remontada, pero aun así Denis Suarez pudo ver puerta en el 67. Todo parecía que iba a acabar empate, pero tuvo que aparecer el de siempre para dar 3 puntos de oro al Celta. Nolito en el 90 vio puerta, cerrando un partidazo.

El Atlético de Madrid sumó una nueva victoria en Anoeta frente a una Real Sociedad muy correosa. La igualada inicial la rompió Griezmann con un golazo recordando al de Ronaldo contra el Valencia cuando militaba en las files culés. El cuadro de Simeone fue muy superior en la primera parte, pero sin gol. Los de Moyes mejoraron en la segunda y rozaron el empate en varias ocasiones. La jugada clave ocurrió en el minuto noventa, ya que lo que pudo ser un penalti a favor de la Real, se transformó en el 0-2 definitivo por medio de Yannick Carrasco. Este resultado mantiene al Atlético en la pomada europea, mientras que la Real se queda coqueteando con los puestos de descenso.

Clara victoria del Getafe por 4-0 frente a Las Palmas. Los de Escribá vencieron con contundencia, gracias a los goles de Víctor Rodríguez, Sarabia y Scepovic por partida doble, aprovechando dos fallos defensivos de los visitantes en el segundo acto, en el que tuvieron un hombre más por expulsión de Culio. Los azulones fueron superiores y estuvieron listos para aprovechar sus oportunidades, mientras que los canarios no fueron capaces de generar claras ocasiones de gol, permitiendo a los locales sumar una jornada más sin encajar.

El Athletic de Bilbao y el Deportivo de la Coruña empataron a dos en un partido con goles y ocasiones para ambos. Reparto de puntos que deja al Depor en Europa League y al Athletic cerca de los puestos de descenso.

Esta noche partido de urgencias en el Molinón para cerrar la jornada entre el Sporting y el Granada, actual colista. 

viernes, 16 de octubre de 2015

RAÚL, CORAZÓN DE LEÓN

Antonio Toca

Yo soy madridista de cuna. No porque tenga conciencia de ello, sino porque en mi casa hay dos cosas que no faltan nunca desde que tengo uso de razón. Una es el jamón en la cocina y otra es el Real Madrid. Mis primeros recuerdos de madridismo consciente, sentido y dolido se remontan a las Ligas perdidas en Tenerife, donde recuerdo, ahora lo sé, a un Carlos Martínez eufórico mientras yo lloraba con mi temprana edad escolar en una esquina del sofá. Antes de eso ya había estado en el Bernabéu, cuando era todo cemento, viendo al Cádiz y otros equipos perdidos ahora en categorías inferiores. Después de todo eso, del cemento en el Bernabéu, de las Ligas que el Barcelona se llevó a punta de maletín, llegó Raúl. Y ahí sí. Ahí ya lo recuerdo todo.

Recuerdo su primer gol. Al Atleti. Al primer toque fue. Y corrió despavorido, porque casi que no sabe correr de otra manera, a abrazar a Dani, que será famoso toda su vida por esta celebración más que por su carrera como futbolista. Y recuerdo cómo mandó callar al Campo Nuevo con la camiseta más incómoda que ha tenido el Real Madrid en su historia. Y el aguanis por la mañana, a esas horas en las que el fútbol no sabe a fútbol, pero uno falta a clase y ve el partido porque es el Real Madrid, porque es la Intercontinental y yo eso no lo había visto nunca antes. Y el gol de la Octava, donde Cañizares lo veía enfilar su portería sabiendo que al Valencia nunca le quedaría París. Y el de la Novena, en una jugada más que hablada con Roberto Carlos. Y muchos más goles. Tantos que sólo Cristiano Ronaldo, que es una fuerza sobrenatural, ha podido superarlo.

Pero a mí me gusta más hablar del corazón de Raúl que de su fútbol. Su historia con el Real Madrid está ahí, cualquiera puede visionar vídeos y comprobar lo que fue como futbolista. Pero su corazón es algo que no está al alcance de nadie que no sea madridista. Porque su madridismo es el mío, porque siente lo que yo, lo que tú, lo que cualquiera que ame al Real Madrid. Para los demás, el Raúl futbolista. Para mí, el Raúl futbolista y madridista.

Se ha ganado su sitio en la historia, en la del fútbol, en la del Real Madrid y en el corazón de millones de madridistas que se declaran raulistas. Competidor definitivo. El 7 del Madrid y el 7 de España, por mucho que Luis Aragonés lo mandara al ostracismo de la selección demasiado pronto. No ganó nada con la camiseta nacional, pero formó parte de una selección que nos representaba y defendía, muy lejos de lo que es ahora esa cosa que llaman La Roja. Raúl, que parecía que no estaba pero siempre aparecía, corría hasta por los balones que se precipitaban por el Paseo de la Castellana, con una chispa de fuego que finalmente terminaba contagiando a unos compañeros invadidos por la desidia cuando el marcador era adverso. Se convertía en un caníbal de la defensa rival y levantaba el partido y la grada. Insaciable y feroz.

Alcanzó la excelencia sin ser el más rápido, ni el más fuerte, ni el más técnico. Fue un genio porque así tenía que ser. Porque, entre otras cosas, es de San Cristóbal, donde los más buenos pasaron su infancia soñando con lo que estaba por venir. Como el cantautor Luis Ramiro. Cuando anunció que dejaba el club blanco volví a mi esquina del sofá, aquella donde lloré viendo las Ligas perdidas en Tenerife y, con Real Madrid TV delante de mis ojos, lloré en su despedida igual que él lo hacía. Porque lo que él siente es lo que yo siento, lo que tú sientes. ¿Y ahora qué? Me pregunté. Se abría ante mí un libro de incertidumbres. Ahora que su retirada definitiva es una realidad, lo sé. Ahora Raúl pondrá su madridismo al servicio del Madrid desde el banquillo y ya veo las Copas de Europa.

Señor Raúl, así lo bautizaron en Alemania, donde supieron valorar al mito más que en España. El 7 del Real Madrid. El 7 de España. El gen ganador. La obcecación personalizada. Ninguna tarjeta roja y tres Copas de Europa, una detrás de otra. Torpe en la carrera, el más listo del área. La vida es un partido del Real Madrid con el espíritu de Raúl. Furia y temperamento. Frialdad apasionada. Esfuerzo y superación.


Yo vi jugar a Raúl González Blanco. Futbolista de profesión, madridista de corazón. Capitán del mejor club del mundo. Goleador en todas las porterías de Europa. Corría como un pollo para que yo, para que tú, nos fuéramos a la cama felices. Y así fue. Y así será porque volverá el eterno capitán.

LA LEYENDA DEL '7'

Aránzazu Gálvez

El 15 de octubre de 2015 es una fecha para la historia en el madridismo y en el fútbol mundial. Es el día en el que Raúl González Blanco anuncia que cuelga las botas en una decisión que él mismo califica de difícil. Un paso complicado de dar, que le habrá tenido noches y noches de desvelos. Si ha dado el paso es porque ya no le quedan más pilas, más fuerzas y porque las piernas le han dicho que hasta aquí hemos llegado. La cabeza nunca le ha frenado porque si algo tenía el gran Raúl es que era el más fuerte de todos mentalmente. Indestructible en la adversidad e insuperable en la derrota. Con esta mentalidad, sus valores, su pasión y su ambición hizo un Real Madrid para la historia.

A sus 38 años pone fin a una trayectoria para enmarcar. Raúl ha sido el mejor fichaje que ha hecho el Real Madrid en los últimos 20 años y me quedo corto. Hay que darle las gracias a Jorge Valdano que, como ya es sabido por todos, apostó ciegamente por este enclenque canterano que salió del Atleti para hacer una carrera plagada de éxito en el Real Madrid. Valdano hizo una advertencia cuando era entrenador del Real Madrid en el año 1996: “Quien se quiera comer el mundo tiene las puertas abiertas del primer equipo”. Y el loco de Raúl se devoró, nada más ni nada menos, que al emblema de la Quinta del Buitre, a Emilio Butragueño.

Tres días antes de debutar con 17 años en La Romareda, Valdano llamó al imberbe Raúl a su despacho en la Ciudad Deportiva antigua del Real Madrid, donde hoy están las cuatro torres gigantes que se hacen llamar Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham. En ese despacho de vestuario, Valdano le dijo a Raúl: “¿Niño, estás preparado para cuando dé la alineación antes del partido y diga tu nombre? No quiero que te desmayes”. Raúl contestó: “Míster, si quiere ganar sólo tiene que ponerme”. Este era Raúl. El gran descarado, el ambicioso, el incombustible y la mentalidad más voraz que he conocido como futbolista. Un inconformista. Vivía el fútbol las 24 horas del día. Con un carácter fuerte, ganador, carisma y un señor respetado por todos los rivales. Acaba su carrera sin haber sido expulsado en ningún partido.


Me quedo para este día del adiós con una fotografía que publica otro mito y rival como Puyol, el gran capitán del Barcelona, que puso por la mañana, antes de que se hiciera oficial la retirada del ’7′, un abrazo de los dos y el siguiente mensaje: #rivalesnoenemigos. Puyol ya lo sabía. Antes que nadie. El resto de la historia ya lo conocen. Un palmarés histórico con tres Champions, por ejemplo. Para mí, que viví muy de cerca toda su carrera en el Real Madrid y en la selección, es principalmente el artífice de un fin de ciclo en Europa. Con Raúl llegaron las Copas de Europa en color. La Séptima, Octava y Novena. Y muchos más títulos. Me pongo en pie y le aplaudo. Gracias Raúl.

jueves, 15 de octubre de 2015

LA PLAGA

La enfermería del conjunto blanco se llena de futbolistas asolada por las lesiones que se agudizan merced al virus FIFA

Antonio Blanca

Otra vez con Croacia, otra vez Luka Modric, otra vez una lesión muscular. A diferencia de lo ocurrido el pasado noviembre, es una dolencia menos grave, pero no menos incómoda, tres semanas de baja por una rotura en el aductor que le hará perderse el vital partido ante el PSG en Champions League. Me pregunto, ¿qué le hacen a Luka en Croacia para que convocatoria tras convocatoria regrese lesionado?

Con la baja del croata, resucitan los viejos fantasmas. No es para menos, siempre que el '19' no ha estado en el terreno de juego, el Real Madrid lo ha notado mucho. Pasó durante los más de tres meses que se tiró en el dique seco, y posteriormente en el tramo final del curso. En este caso concreto, James tomó las riendas y fue de lo poco destacable de un equipo que acabó fundido. Pero ahora el colombiano no está.

La pregunta es la siguiente, ¿quién coge el relevo? Toni Kroos ha comenzado la temporada en una versión muy gris. Por él pasa buena parte del juego, pero no es capaz de darle una rápida circulación a la pelota. A diferencia de lo que ocurre con Modric o James, el alemán no ha sido capaz en lo que de curso de dejar su señal en el centro del campo. Ha pasado prácticamente desapercibido, e incluso se habló de una hipotética suplencia tras el gran partido de Casemiro en el Calderón.

Precisamente, el brasileño queda excluido de esta tarea de liderar al equipo en la medular. Su cometido es importante, pero no del que estamos hablando. A esto escapa Mateo Kovacic, aunque por razones diferentes, el croata no ha llegado al Real Madrid a hacer la función de su compatriota. No, al menos, en lo que se refiere a adoptar todo tipo de responsabilidad en el juego. Sí es un complemento (un perfecto complemento si exhibe el nivel mostrado en San Mamés) de mucha valía, incluso un socio y recambio de cierta garantía. Pero en esta situación, con las bajas de los dos motores blancos en el centro del campo, parece difícil que sea el '16' el que recoja los galones.

Las miradas se van a Isco, dada la falta de alternativas. Y esta tarea le llega al malagueño en un momento extraño, está contando con los minutos que reclamaba, pero no los está aprovechando como debería. No ha vuelto el Isco que sostuvo al Real Madrid cuando comenzaba a experimentar un bajón crucial. No hay noticias del jugador que llegó a provocar que parte de la afición pidiese sentar a Bale en el banquillo.

Sin pretendientes a un trono que queda vacío: así encara el Real Madrid las siguientes tres semanas de competición hasta el próximo parón de selecciones. Tres visitas muy duras como las del PSG, Celta y Sevilla esperan. Lo ocurrido con el Barcelona es suficiente precedente para ver lo difícil que es conquistar esos estadios, aunque el duelo en el Sánchez Pizjuán estará en el alambre. Todos ellos, en definitiva, son partidos de altura. Y sin Modric, algo más difíciles todavía.

martes, 13 de octubre de 2015

DE GEA Y DIEZ MÁS

Carlos de Blas

Regresaba la selección española al escenario que alumbró el cénit futbolístico que corona la etapa de del presente seleccionador. El punto del inflexión que ofreció miel en aquel 1 de julio de 2012 y la travesía por el desierto desatada desde entonces. Aquel excelso 4-0 ante Italia en la final de la Eurocopa, oda al juego estético ofensivo, significó la máxima expresión del estilo que convirtió en trascendental el intervalo propulsado por el Barça de Guardiola y que fructificó en el lustro de monopolio nacional en el escenario mundial. Pero también marcó la senda hacia la (inexorable, según algunos analistas) decadencia, la inseguridad en el paradigma y el baile de nombres. Este lunes volvía la vigente campeona continental, en pleno pico de sensaciones colectivas, para celebrar su clasificación a Francia´16, sin nada en juego, y degustar el campo experimental de aquellos que están llamados a sostener el peso creativo. Ucrania, por contra, disputaba la calidad de su billete.

Vicente del Bosque creyó oportuno, en consecuencia con la calma cosechada, revolucionar la relación de participantes en la apuesta inicial con Morata y Silva lesionados en Logroño. De Gea defendería la portería flanqueado por Nacho y Etxeita. El central vasco unía su estatus de debutante al de Mario, lateral derecho titular. Azpilicueta ocupaba el perfil izquierdo. San José ejercería de sostén táctico en una medular que debía fluir con el cuero a través de Cesc, Thiago e Isco, para encontrar el desborde de Nolito -pegado a la cal- y la astucia de Alcácer, punta único. La hoja de ruta marcaba imponer estilo con piezas que susurraban la conveniencia de manejar el control. La cohesión de líneas y el compromiso en la vigilancia de los contragolpes oponentes supoínan elementos centrales en esta visita de tanteo.

Fomenko, por contra, no permitió espacio para probaturas con la necesidad de la victoria como directriz única. Dispuso una medular de velocidad agresiva y tendente a apoyar el flujo atacante al frenesí por la vía de los extremos, ocupados por sus dos piezas destacadas, Iarmolenko y Konoplyanka, ambos colocados a pié cambiado para forzar chuts y diagonales. Rotan -dotado mediapunta- actuaría como colofón de un centro del campo salpicado por llegadores -Garmash se añadía al cóctel- y sólo sujetado por Stepanenko. La altura de los carrileros (Shevchuk y Fedetskiy) marcaría la ambición de un colectivo que seguía manteniendo su telón de Aquiles en el repliegue. Todo o nada para el equipo que habría de medirse al coloso español.

Se abrió la batalla al dibujar con precocidad el cariz que sintetizaría el tipo de ajedrez: España pugnaría por monopolizar el tempo a través del manejo del esférico y los locales tratarían de contaminar de inestabilidad y constantes llegadas puntiagudas a los pupilos de Del Bosque. La intensidad no quedaba repartida de manera simétrica, resultando el combinado necesitado con una altura mayor de vatios. Combinada presión a toda cancha y ardor en el cierre de la propia el equipo de la Europa oriental, que, en toda tesitura -ya fuera en estático o en vuelo-, reducía sus variantes a la deflagración vertical. Los tricampeones del viejo continente se aferraban a su rol y bregaban por anestesiar el empuje con calidad y pelota, aunque las llegadas se multiplicaban en un envite de escurridizo espíritu.

Rotan inauguró las hostilidades con un remate desviado, en soledad y con todo a favor en el área española, al centro cerrado de Kravets, que desbordó desde el pico del área en el tercer minuto. Azpilicuetra reaccionaban en el 5 con un disparo muy alejado desde la banda, tras la fugaz combinación con Nolito, y Garmash encontraba la réplica en un disparo desde media distancia que atajó De Gea, a continuación. El robo de San José que trasladó Thiago, condujo Isco y remató lamiendo el poste Cesc -en el 9 de juego- esbozaba el pliegue del guión nacional que se asentaría en el segundo tiempo. Cedió la respuesta Etxeita en otro fallo en la salida del balón que tradujo en contra efervescente Kravets. Su lanzamiento en mano a mano fue repelido por el meta del United, que destapó su continuado brillo en la noche de Kiev con el despeje posterior a la volea bien coordinada de Rotan.


La selección española parecía mejor posicionada, subiendo las líneas de presión y con los laterales inyectados en la elaboración medular, pero Ucrania ascendía en exigencia física y generaba desestabilización visitante en cada transición. Las imprecisiones en la circulación quedaban penalizadas al tiempo que España exhibía verticalidad a la contra, el pliegue del sistema Del Bosque para jugar fuera de casa a esta altura de la reconquista del respeto internacional. Y sobrevino lo excelso de la asociación nacional para estrenar el electrónico. Una acción de desborde de Nolito, que atrae la atención de dos marcadores y engaña con el cebo del centro para dejar espacio a Thiago, conectó con el centro talentoso al segundo poste para el testarazo a la red, claro e impecable, de Mario. La fina sinfonía de clase y afinación marcaba la diferencia en el 21.

Otra transición tras despeje de la cueva que recuperó Alcácer confirmó el mejor intervalo nacional. El cuero llegó a Nolito -pieza nuclear del desborde-, que aguardó el desmarque de Cesc y filtró el abrasivo pase interior para el derribo, desesperado, de Kucher. Fábregas asumió la responsabilidad pero Pyatov sacó el centrado penalti con una reacción de foto. Pudo matar la empresa en el 23 de línea argumental, pero subsistió viva para el respingo ucraniano, que no cambió el rictus tras la concentración de golpes, y lanzó su rebate. Tomó forma con el chut de Kravets y despeje de De Gea, el cabezazo desatinado de Garmash, sin portero, al saque de esquina consiguiente -con brillo posicional de Azpilicueta-, y el remate del interior que sacó Etxeita tras el envío de Shevchuk -salida de balón en estático predilecta que apuró su extensa subida-.

Consumida la primera hora quiso España recuperar el balón con posesiones largas y más determinación. Cesc, Thiago e Isco debían asumir su atribución para que el colectivo respirase de esa tensa incertidumbre sin el control sobre el ritmo. Y, bajo este escenario se decretó el intermedio. Hubo espacio todavía para opciones más o menos difusas: Nolito chutó a las manos de Pyatov tras un centro de Mario en el 33 y Rotan lo intento, sin éxito, en dos ocasiones. El paisaje pintaba una victoria parcial visitante sólo acompañada por las sensaciones en el tramo final. Konoplyanka e Iarmolenko se mantuvieron inutilizados en el ataque ucranio, apostados en los extremos sin contacto continuado con el balón por el buen repliegue español. Thiago e Isco sobresalieron en el cortejo del esférico.

Apuntó el técnico local la situación y la leyó entregando el protagonismo a sus artistas del baile con el marcador. En consecuencia, la intermitente calma de circulación horizontal española saltó por los aires para desplegar 20 minutos de desenfreno. El pelotazo inicial, que el mal cálculo de Azpilicueta derivó en chut desviado del extremo del Dínamo de Kíev, lejos de resultar un oasis significó el ejempló simbólico que lo que quedaría impuesto.

El partido transcurrió atropellado, sin pausa en el centro del campo, con Isco, Cesc y Thiago dispersos en el afán del equipo por cazar una contra y sentenciar el duelo. Por el camino se confeccionó un caos que favorecía el empeño desorganizado local, feliz por saberse cómodo en la escena. Iarmolenko volvió a tocar la puerta en el 50 con un número de desborde y remate al primer poste que no hizo diana. El exterior de la bota derecha de Thiago -tan relamido como lúcido en la posesión- remarcó el contexto con un envío que detectó y alimentó el desmarque en profundidad de Isco en el 53. El malagueño buscó la vaselina y Pyatov envió a saque de esquina. Nada podría hacer el meta del Shakthar en el 55, cuando Thiago, Isco, Nolito concibieron una combinación de carácter antológico en el interior del área, con reducción de espacios, que la zaga sacó, in extremis y el colegiado chapó al anular el gol de San José.

El desconcierto, patrocinador del espectáculo y del cabreo de los estrategas, prosiguió con el disparo muy desviado de Shevchuk, el cabezazo sin oposición de Garmash a centro de Rotan que provocó el despeje de póster de De Gea -en el 57-, la diagonal estilista de Konoplianka con remate y reacción de urgencia del meta español, y el chut desviado del sevillista con dirección al segundo poste -en el 63 de partido-. Ucrania había elevado su intensidad y presión y España, feliz con su movimiento de repliegue y contraataque, estaba pagando la inferioridad en la necesidad de los puntos y la imposición de la lógica física, en detrimento de la calidad.

Mata entró en escena por Cesc (fluido en el primer tiempo y centenario) y Ribalka ocupó el lugar de Garmash, pero el esfuerzo ucrania mantendría su fuerza con los extremos erosionando la consistencia visitante de manera notable. Iarmolenko encaró, superó a su par e inventó un centro raso que Konoplianka no remató -a portería vacía- de milagro. La capacidad agonística española sufriría más demanda sin respiro -la suposición de amenaza se disipaba por la escasez de precisión en el último pase- en las botas del sevillista con el chut desviado por San José tras el regate que sentó a Exteita en la frontal; en las de Rakinski, que probó suerte desde larga distancia; y por el camino del desacierto de Kravets, que mandó al cielo el centro desde la derecha y al averno su notable control en el área.

Interpretó Del Bosque que el equipo no llegaría a la orilla bajo este paraguas de sufrimiento sin posibilidad de oxígeno creativo e introdujo en el sistema a Jordi Alba por Nolito -para frenar la superioridad en el extremo de Iarmolenko- e hizo lo propio con Busquets -que sustituyó a un desasistido Alcácer, quizá víctima de la acumulación de talento que le rodeó en la alineación-, mutando el pelaje del equipo y la idea de juego, que en el último cuarto de hora viraba hacia el cierre de la victoria a través de la templanza del ritmo y la recuperación del equilibrio con balón.

Ucrania, que atravesó un paréntesis de desesperación y protesta ante el cambio de enfoque que tocó tierra con la acumulación de faltas, asistía al valle anatómico de sus centrocampistas. Sin embargo, con Isco en la posición de punta, la horizontalidad española no supondría ya un obstáculo a la vehemencia local, que gozó de margen para efectuar un escorzo de rendimiento postrero y concluir su fase clasificatoria llegando a la meta de De Gea. Rybalka abría fuego en el 83 sin puntería y Stepaneneko remataba con peligro tras el duelo malabarista de Iarmolenko en el 85. Fomenko metía a Seleznov y Zinchenko -por Rotan y Kravetsa- en la fórmula del envío colgado desde la banda y el delantero referencia remataba fuera en el 88, antes de que Rybalka evocara los reflejos del portero madrileño -imponente esta noche para refrescar las telarañas del inmovilismo del banquillo para con el relevo a Casillas- desde el centro del área. Murió el rebelde conjunto local con tres rematadores en los aledaños del gol en cada centro, pero no alcanzó su objetivo entre el deshilachado centro de la retaguardia patria.


España concluye su travesía hacia el Europeo con su séptima victoria consecutiva -después de tocar fondo en Eslovaquia-, su séptimo partido encadenado con la portería a cero, y la tranquilidad de saberse en manos Isco y Thiago, dos proyectos soberbios en potencia que están en disposición de entregar fruto ya. Sacó Del Bosque jugo al trámite antes de que se desate la cadena de amistosos. Parecería que coexiste un fondo de armario competitivo con el plan prioritario, no sólo en nombres sino también en variantes de juego. La verticalidad mostrada enriquece el libreto a falta de encontrar una jornada con más acierto en los metros definitivos. La esperanza por la bifurcación de opciones confirma su escencia en el estadio que acunó el mejor recuerdo del espejo a cuya infructuosa imitación se ha abandonado la selección en los últimos años. Más que el cierre de un círculo, este retorno bosqueja que la huída hacia adelante padecida cobra sentido en este punto. En el último peldaño antes de volver a la élite en 2016.

lunes, 12 de octubre de 2015

UN NUEVO "BIG BENZ"

En el Real Madrid se han quedado helados con la lesión muscular de Karim Benzema, jugador que estaba tirando de los de Benítez en el inicio de campaña

Antonio Blanca

Atraviesa por el mejor momento de su carrera profesional. Los inicios de la temporada 2015-16 están dejando a su paso la versión más completa de Karim Benzema desde que llegara al Real Madrid en verano de 2009, contando también con la segunda temporada a las órdenes de José Mourinho. Su aportación ya no se reduce a calidad pura exhibida a ráfagas; ahora ofrece ese mismo talento sumado a una mayor experiencia, madurez y, sobre todo, compromiso. La actitud del francés es otra bien distinta a la de aquel joven que aterrizó en el estadio Santiago Bernabéu con tan sólo 21 años y derrochaba clase en su juego al tiempo que mostraba cierta apatía en su carácter.

El delantero galo se sabe hoy imprescindible en el conjunto blanco, y actúa como tal. Considera que su peso dentro del equipo le legitima para transmitir sus opiniones y ser escuchado, incluso a la hora de poner en evidencia su disconformidad respecto a asuntos concretos. Así lo hizo al criticar públicamente el planteamiento de Rafa Benítez en la segunda parte del encuentro de Liga que enfrentó al Real Madrid con el Atlético de Madrid en el Vicente Calderón: "Si estamos tan atrás es difícil marcar, y necesitábamos un gol para ganar".

A finales del pasado mes de agosto se apreció un detalle que podría servir para establecer el punto de inflexión a partir del cual cobró vida el cambio de actitud de Benzema. Se mostró tajante al referirse a su futuro a través de la red social Twitter: "A los payasos que hacen creer cosas a mis fans: el Real Madrid es mi casa". Casi nadie se hubiera imaginado que el francés realizaría tales declaraciones, no tanto por el contenido de las mismas como por la forma de expresarlas; manifestó un rotundo enfado ante rumores que él entendía sin fundamento alguno.

A las puertas de cumplir  los 28 años, el ariete natural de Lyon ha mejorado en números y se muestra más determinante que nunca. Sus goles llegan en momentos clave en las contiendas. Sirven para abrir la lata, como ante el Shakhtar Dontetsk; para ganar partidos, como frente al Granada o el Athletic de Bilbao, o para al menos puntuar, como contra el Atlético de Madrid.

El nuevo Benzema aparece cuando el Real Madrid lo necesita y ha desarrollado la personalidad propia de un líder. En este sentido, huye del conformismo y busca constantemente la manera de progresar individual y colectivamente. Y en el Santiago Bernabéu lo celebran. El problema, la lesión con Francia parte de un virus FIFA que últimamente asola al Real Madrid. Habrá que ver como digiere Benítez y el equipo la falta del jugador más en forma, el que hace jugar a todos. 

sábado, 10 de octubre de 2015

CUMPLIR SIN BRILLO

Carlos de Blas


Las Gaunas ejercía este viernes de icónico escenario acogedor del arribo español a la orilla. La indigestión mundialista y el tropiezo ante Eslovenia en Zilina -9 de octubre de 2014- contaminaron de incertidumbre la seguridad con la que, hasta entonces, se manejaba el bloque nacional, que conseguía imponer su libreto a propios y extraños, a valientes o atrincherados, sin necesidad de mutar el pentagrama de juego. Sin embargo, el retiro de maestros de ceremonias -Villa, Xavi, Xabi Alonso o Puyol- y el consiguiente descenso de jerarquía se entremezcló con cierta merma en el hambre competitiva, precipitando un escenario resbaladizo en el tramo de transición. Cada cita con un oponente encerrado suponía un desafío más trompicado de lo acostumbrado, por lid de la desconcentración que alimentaba el peligro de las transiciones rivales. Pero, tras la inflexión eslovaca, seis partidos sellados con victoria de manera consecutiva y autografiados con intensidad, compromiso y profesionalidad condujeron a esta cita, la que debía suponer el billete para la Euro´16, con tan sólo un punto como requisito previo. Para sacudir la presión de la travesía y eludir el viaje a Ucrania con algún cabo sin atar.

Apostó Vicente del Bosque por el mejor bloque imaginable ante las bajas de Sergio Ramos, Iniesta y Diego Costa. Tan sólo la inclusión en el once de Cazorla por Thiago -que regresaba a una convocatoria meses después de su grave infortunio- admitía debate. Piqué y Bartra se verían apoyados por Busquets y, a partir de esa línea, Juanafran y Alba sumarían su escaño a la medular para generar superioridad y engrasar la asociación que liderarían Cesc y Silva. Morata y Pedro, dos puntas de posición flexible, se añadirían al collage de movilidad y creatividad maleable que traducía la idea del seleccionador. La activación tras pérdida, vigilancia del contraataque ajeno y paciencia en el manejo del cuero -el técnico había diagnosticado la empresa como un ejercicio de "motivación maratoniana"- mantenían su vigencia.

Luc Holtz, por su parte, dispuso un sistema rocoso que, sin embargo, no renunciaba a discutir la escena. El dibujo definía un 4-4-2 con las líneas muy juntas y los puntas, Joachim y Bensi, aislados para desahogar el encierro y buscar espacios de crecimiento con la llegada de los laterales largos -sobre todo Martins-. No desembarcó con la actitud de mera comparsa el combinado centro europeo. Buscaba anotar el primer gol a España de su historia y afianzar el ascenso competitivo mostrado en la fase clasificatoria -llegó a La Rioja con una victoria y un empate- atacando al coloso en su guarida. 

Así, con esta confrontación de estilos y estatus, arrancó el partido. No cedió tiempo para la improvisación el equipo español, que dibujó con presteza el guión del primer tiempo: monopolizaría la posesión y obligaría al desacomplejado contrincante a ejercer de sujeto pasivo. Morata confirmó el paradigma con la recepción en el área, la ganancia de hueco y el chut que atajó Joubert en el minuto 3 de juego. Luxemburgo se aposentó sobre el césped con ardor defensivo y en la presión, tratando de interrumpir el ritmo con faltas. Además, no figuró entre sus recursos el balón largo. Intentaban, con descaro, salir en asociación ante un sistema local que adelantó líneas desde el primer suspiro, asumiendo el riesgo a su espalda. 


Con el aterrizaje del paisaje ya asentado sobrevino el primer revés a la línea argumental: David Silva, decisivo en el recorrido continental, resultaba lesionado en el 9 de envite y Mata ocupaba su lugar y atribuciones. Pero no se permitió dudar una España en ascenso de revoluciones. La conversación venía salpicada por la intercalación de posesiones horizontales, en estático, con envíos verticales y de frenética ejecución en el último cuarto de cancha. De este modo buscaban desestabilizar los pupilos de Del Bosque, en una directriz que extendió la concentración y exigencia durante los primeros 45 minutos. Y las ocasiones, en consecuencia, se multiplicaron: una incorporación y centro de Juanfran condujo al chut en semi fallo de Cazorla y remate arriba en el segundo palo deAlba -minuto 10-; la combinación brillante entre Juanfran, Cesc, Pedro, Morata confluyó en el remate al larguero de Cazorla -minuto 21-; la presión española recuperó el cuero en campo rival yMorata culminó el esfuerzo con un cambio de ritmo y disparo cruzado que lamió el poste -minuto 22-; Pedro probaba suerte desde media distancia sin éxito -minuto 24-; y el delantero de la Juventus repetía intento a través de un testarazo en saque de esquina que no hizo diana por poco -minuto 28-. 


Se postularía el canterano madridista como responsable involuntario del segundo imprevisto español. El peso de un zaguero cayó sobre su pierna izquierda para que se viera obligado a pedir el cambio. Alcácer entraba en escena en el 32 de partido y, del mismo modo que en el primer infortunio, España no titubeó en su determinación ante la tesitura adversa. Las subidas de los laterales estaban haciendo daño en proporción similar a la movilidad de los interiories, que generaban agujeros por la velocidad combinativa. Pedro rozaba la madera desde la frontal tras otra puntiaguda combinación entre Cesc y Alcácer tres minutos después y el delantero valenciano enviaba a las nubes un lanzamiento profundo de Piqué en el 37 sellando el tipo de dominio. 

Se estiró con capacidad de llegada Luxemburgo por primera vez en el 39 de la batalla. El buen trabajo de Busquets en la anticipación y el repliegue colectivo complicó la papeleta al voluntarioso tándem, que, por contra, encontró el terreno abonado para el disparo de Bensi, sin éxito, en una contra en minoría con un único acompañante, el punta Joachim. Un oasis tangible por mérito del compromiso español.

Antes del intermedio consiguió arrancar el conjunto dirigido por Del Bosque el rédito a su serio trabajo de creatividad, paciencia y concentración. Una apertura de Fábregas a la subida de Juanfran -preeminente- encontró el centro para el chut de Pedro. El defectuoso al despeje de Joubert entregó un balón suelto en el área a Cazorla, que inauguró el marcador sin piedad ni oposición en el 42. Se adelantaba, con justicia, una selección nacional que obtenía recompensa a una exhibición de profesionalidad ante el granítico repliegue luxemburgués. Con 1-0, 72% de posesión y una relación de 11 a dos en tiros se bajó el telón. El laborioso empeño de control había plasmado en resultado. Era cuestión de estirar el rendimiento en ambas fases y cerrar la clasificación.

Pero con el inicio de la reanudación España fue relegando su monopolio en el discurso por el ascenso de intensidad y ambición de Luxemburgo, que trataba con vehemencia de adelantar las líneas para presionar y recuperar oxígeno a través de la pelota. Pedro abría las hostilidades sin hacer diana al rematar carente de atino el mal control de Alcácer tras un pase largo en el 48 y el duelo entró en un intervalo de guerra de guerrillas en la medular de 20 minutos antes de romper en apertura de espacios y opciones. La primera de ellas, en consonancia con la diferente amalgama de calidad, significó el segundo gol patrio. Alcácer batió el meta con venenosa finura al encontrar un resquicio Cesc en el desmarque al espacio del delantero del Valencia. Corría el minuto 66 y el partido quedaba sentenciado.

Pero no quedó descontextualizada la subida de revoluciones ni el descenso de afán en el repliegue. El segundo tanto local sólo pareció espolear la inercia y las llegadas a ambas porterías se reprodujeron a buen ritmo hasta el pitido final. Joachim, en acción individual con remate desviado final y Gerson, en clara posición de remate para el desperezo de Casillas, asumieron el rol protagónico de las aventuras visitantes, cada vez mejor en el manejo del cuero en campo ajeno. Y en pleno caos táctico arribaron las sustituciones que rubricarían el resultado en el epílogo de la clasificación. Nolito vería recompensado su soberbio rendimiento vigués para sustituir a Pedro y Deville y Da Mota entrarían al partido por Bensi y Martins. 

Cesc -omnipresente en la creación- y Alcácer dispondrían de las opciones inocuas del seleccionado español previas a la magnética irrupción en la trascendencia del extremo andaluz. De sus botas, cada vez más legitimadas, tomó cuerpo la deflagración de Jordi Alba, que recogió el milimétrico pase entre líneas de Nolito para apurar su anatomía, interceptar la dubitativa salida de Joubert y ceder para elremate a placer del rematador valenciano -que cada vez confirma con mayor solidez su idilio con el gol y la preponderancia como anotador con la elástica nacional-. El tercer tanto llegó en el 79 y el cuarto lo haría en el 85. El canterano del Barça, que rozó la vuelta a la ciudad condal con la venta londinense de Pedro, acaparó el faro del desborde para anestesiar a la replegada zaga -a estas alturas Luxemburgo quedó aferrada al achique de balones- y patrocinar la llegada de segunda línea deCazorla. El asturiano -excelso como distribuidor- cerró su doblete y el guarismo global de ajustado chut inmisericorde, para redondear una actuación muy responsable en lo individual y lo colectivo.

No falló España en el día señalado. Quedaron despejados los fantasmas de fases clasificatorias cercanas y lejanas y se protegió la casa y la plaza para la Eurocopa -la selección no falta a esta cita desde el 92 alemán-. Enamorando e imponiendo tempo y estilo. El respingo postrero de la transición muestra una inercia esperanzadora de cara al eventó francés, con un incremento en la consistencia y confianza notable. Sin sustos, con convicción, intensidad y eficacia, el grupo capitaneado (hoy) por Fábregas -centenario-, Cazorla, Mata y Nolito dispara su pelaje competitivo de cara a un europeo con sabor a reconquista. Para el anecdotario quedará la alineación mutilada de madridistas -por primera vez desde hace más de seis años- y la fricción de silbidos y aplausos que cayó, cual tormenta, sobre Piqué. Cabría contemplar esto último desde el prisma de la perspectiva, esa que interpreta las similitudes entre este caso y el de Casillas, esta noche espectador hierático de la exhibición. Se necesitaba un punto y se arrancaron tres. Se buscaba ganar por encima de todo y se consiguió seducir. Toda una alegoría de la recta final de la fase clasificatoria que permite, a esta altura, que los futbolistas españoles reclamen respeto en el escenario internacional.