jueves, 18 de mayo de 2017

TOCANDO LA LIGA

Gran victoria del Real Madrid de Zidane en una plaza complicada como Vigo en la que el partido estuvo plagado de intensidad pero un Cristiano superior llevó al cuadro merengue a los tres puntos

Antonio Blanca

El Real Madrid queda a un punto de proclamarse campeón de Liga tras vencer por 1-4 al Celta de Vigo en Balaídos en el partido que le quedaba aplazado desde enero, el de la polémica de un Alcalde con ganas de llamar la atención y de paso y como un mal gestor de lo público calentar a sus conciudadanos de manera innecesaria. Dos tantos de Cristiano Ronaldo, en la primera parte y en la reanudación tras el descanso, sirvieron a los blancos para poner ventaja en un partido en el que el Celta pecó de falta de puntería y que sentenció Benzema tras la locura que se desató tras la expulsión de Iago Aspas.

Este miércoles llegó por fin el partido con la previa más larga que se recuerda. Casi cinco meses después de que un temporal aplazara el duelo entre celestes y merengues, la larga temporada europea de ambos conjuntos trasladó hasta esta fecha un duelo que ya se adivinaba fundamental para los intereses ganadores del Real Madrid. La importancia capital del mismo fue tomada en serio por el equipo de Zidane, que recurrió (y ganó en derecho) al Comité de Apelación la amarilla que dejaba a Nacho fuera del mismo. Sin embargo, el técnico francés decidió apostar por el mismo once que salió en el Vicente Calderón y dejó al defensa en el banquillo.

El cuadro de Berizzo, que ya no se jugaba nada en la competición doméstica tras vaciarse en la Liga Europa, quería dejar contenta a su afición y redimir la ocasión perdida en Old Trafford con un gran triunfo, jugando a una intensidad descomunal para un equipo que nada ponía en liza salvo la posibilidad de primas en forma de maletines. Lo cierto es que el equipo gallego lo dio todo, pero la ansiedad acumulada tras el fiasco del jueves (hecha carne en un John Guidetti que no tuvo el día) deparó una falta de puntería que acabó condenando a los locales.

El Real Madrid, por su parte, salió con el ímpetu del que tiene un título en juego y, al contrario que su rival, fue recompensado a los diez minutos en forma de zurdazo de Cristiano Ronaldo. Asistido por Isco, el portugués se aprovechó de un fallo de Wass al corte en un envío a su espalda de Marcelo. Ronaldo recibió en la frontal y con la zurda colocó el balón en el fondo de las mallas.

El tanto de ventaja dio una excesiva confianza a los blancos, que poco a poco fueron perdiendo el pulso del partido y entregaron el mando a un Celta que se cortocircuitaba una vez se instalaba en la línea de tres cuartos. El Madrid logró despertar a tiempo poco antes del descanso gracias a los contraataques que igualaban la carga de trabajo de Sergio Álvarez con la de Navas.

Esa reacción se mantuvo en la reanudación, con los mismos protagonistas en liza. Y el segundo gol del Real Madrid sirvió como perfecto ejemplo de lo que habían sido los primeros cuarenta y cinco minutos.

De un potencial empate del Celta con el lío que se hizo Guidetti dentro del área visitante, el Real Madrid lanzó una contra con Isco a la carga que acabó en el segundo tanto de Ronaldo. El malagueño realizó una genial conducción, zafándose en hasta dos ocasiones de los intentos de robo del “Tucu” Hernández, para acabar cediendo el balón dentro del área al devorador de goles, que no perdonó con un remate de primeras apuntando al único hueco posible entre Álvarez y el poste.

Cualquiera diría que con un 0-2 a favor en el minuto 47, el Real Madrid podría dedicarse a controlar con tranquilidad el partido. Pero no fue así. Poco después, ya en el minuto 62, una caída de Iago Aspas dentro del área tras un choque con Ramos fue considerada como "piscinazo" por parte del árbitro, que no dudó en sacar la segunda amarilla que significaba su expulsión, pese a que parecía lo contrario ( efectivamente fue) como un penalti no pitado.

Dos cero a favor y un rival con uno menos. Otra vez parecían las mejores condiciones para que el Madrid respirara con tranquilidad hasta el final. Pero hete aquí que Guidetti, más veces visto clamando al cielo por un error en una noche infructuosa, acabó gritando de alegría tras anotar, regalo de Isco a Sisto y toque de Ramos mediante, un chut que ponía el 1-2 en el marcador con veinte minutos por delante.

La esperanza celeste duró lo que un gato tarda en lanzar un arañazo. Un minuto después, Karim Benzema puso la firma al 1-3 aprovechando un pase de la muerte de Marcelo desde la línea de fondo.

Ahora sí, el golpe del francés fue definitivo para el cuadro vigués que se había vaciado en busca del gol y que ya notaba la inferioridad numérica. El Real Madrid asumió el control del balón y se pasó los últimos veinte minutos de partido asediando una y otra vez la portería de Sergio Álvarez, esencial su actuación para evitar la goleada.

El acoso y derribo blanco tuvo como último premio el tanto de Kroos (pleno de clase y calma para pisar la pelota, tirar al defensa y ajustarla al palo) para cerrar el 1-4 definitivo. El Real Madrid cumplió sobremanera con la penúltima de sus finales ligueras y fija su vista ya en La Rosaleda, donde el domingo a partir de las ocho de la tarde buscará, como mínimo, el punto que le valdrá para ser campeón de Liga. Un triunfo que saboreó por última vez en 2012, cuando José Mourinho era el comandante en jefe de la nave blanca, esa que fue y sigue siendo la Liga de los Récords.

lunes, 15 de mayo de 2017

EL CAMPEÓN EN UNA SEMANA

Real Madrid y Barcelona endosaron un 4-1 o 1-4 respectivamente a Sevilla, y Las Palmas a domicilio y el campeón se dilucidará el próximo domingo

Antonio Blanca

La Liga 2016-17 decidirá en la última jornada el título y los clubes que competirá en la próxima edición de la Europa League. Estas dos trincheras quedaron abiertas tras la intensa fecha dominical. Sin embargo, otros frentes como el descenso y el reparto de las plazas de Liga de Campeones zanjaron la incertidumbre con el Atlético de Madrid como gran beneficiado y el Sporting de Gijón en el papel del mayor agraviado, ya que la temporada venidera competirá en la categoría de plata del balompié nacional.

Barcelona y Real Madrid sostuvieron sus candidaturas con victorias más sufridas de lo que indican sus resultados finales. Los líderes provisionales viajaban a Gran Canaria para medirse a una UD Las Palmas en flagrante descenso competitivo. Los pupilos de Quique Setién bajaron los brazos al comprobar que no daban para luchar por acercarse a Europa acumularon una relación de goleadas sonrojante que se entrecruzaba con el hambre catalán por salvar el curso por medio del entorchado liguero. Así, con la baja de Piqué y una defensa de circunstancias, el sistema de Luis Enrique alcanzó a imponer su libreto con una versión resplandeciente de Neymar.

El carioca sembró de placidez un envite bajo presión con una actuación sensacional. Desbordó, repartió juego y remató a sus anchas. De hecho, abrió el marcador y dio paso a un impulso goleador rematado por Suárez en el que el Barcelona se puso 0-2 entre los minutos 25 y 27. Pero, cuando el devenir parecía sentenciado y los visitantes aflojaron, Bigas inyectó algo de angustia a sus rivales y alborozo en la tribuna. El canterano recortó distancias en el 63, pero poco duraría la tensión: Neymar estaba en pleno proceso de ignición y reventó el enfrentamiento con otro par dianas (minutos 67 y 71). El protagonismo de Neymar resultó formidable y uno de sus mejores partidos con la elástica azulgrana le valió la categoría de referencia ofensiva en este tramo final de ejercicio.

La otra parte de los focos en la pugna por la cima la acaparó Cristiano Ronaldo. El luso ayudó al Real Madrid a salir a flote del hoyo en el que ellos mismos se metieron. Y es que los de Chamartín se pusieron 2-0 gracias a la astucia de Nacho y un remate a la red del portugués. Zidane rotó (dejó fuera a Benzema, Marcelo, Isco, Casemiro y Modric) y la apuesta le pareció salir redonda en el minuto 23. Pero el Sevilla no había dicho su última palabra. No obstante, los de Sampaoli dominarían gran parte del partido, convirtiendo a Keylor Navas en el mejor de los suyos.

Jovetic se toparía dos veces con la madera antes de acertar en los primeros minutos del segundo acto. Los merengues habían vuelto a soltar las riendas del partido y, otra vez, eran castigados con un marcador ajustado que les empujaba a la enésima agonía. Dominó el sistema hispalense hasta que Zidane rectificó su apuesta e introdujo a Casemiro y Modric (y a Lucas Vázquez). De ese triple cambio surtió la voluntad jerárquica de recuperar el centro del campo y el cortafuego se activó de manera instantánea. El croata salió a escena en el minuto 70 y en el 78 Ronaldo anotó su gol 400 como madridista (de sublime volea). Kroos cerraría el 4-1, con asistencia de un Nacho pletórico, para volver a salvar las aspiraciones de doblete y ahorrarse un nuevo cierre sufrido. Toda vez que tragaron este obstáculo, todavía dependen de sí mismos los de Chamartín (que establecieron el nuevo récord de 62 partidos goleando de manera consecutiva).

Por detrás amaneció la resaca continental del Atlético de Madrid. Los colchoneros viajaron al Villamarín y sacarían sólo el punto que les hacía falta para terminar el calendario en la tercera plaza. Un gol de Savic en el segundo tiempo fue suficiente para que el pragmatismo de los de Simeone neutralizara el respingo de un Betis con ganas de legitimarse tras la salida de Víctor. Bajo el faro del mejor partido de Dani Ceballos se cerraría un 1-1 que contentó a todos. Y otros tres empates se registrarían en la escaramuza inmediatamente inferior. La guerra por acabar entre los seis primeros vio cómo se quemaba una jornada más sin cambios, pues Villarreal, Athletic y Real Sociedad no pasaron de las tablas en sus compromisos. Los primeros, lo hicieron sin goles ante el Deportivo (resultado que salvó a los coruñeses de manera matemática) y en la despedida del Estadio de la Cerámica; los segundos empataron a uno (con gol de Aduriz), ante el Leganés, hecho que también salvó a los pepineros en el adiós del fútbol hasta agosto a San Mamés; y los donostiarras arrancaron el 2-2 definitivo, sobre la hora y con gol de Bautista, trasverse sometidos a la táctica del Málaga de Míchel (que no se juega nada pero se juega todo tras las palabras de su entrenador). De este modo, levantinos, vizcaínos y txuri urdin siguen separados por un punto (64, 63 y 63).

Como se mencionó con anterioridad, el Sporting ocupó, de manera oficial, la última plaza de descenso. Los asturianos debían ganar y esperar que Deportivo y Leganés perdieran. Pues bien, de ese supuesto sólo se cumplió el primero, el que dependía de ellos mismos. Un gol de Burgui sirvió a los rojiblancos para tomar, de significado inocuo, Ipurúa, uno de los recintos más indigestos de la categoría. Las lágrimas de la delegación asturiana contrastaron con la resignación que lucieron Osasuna y Granada en el duelo de descendidos que disputaron el sábado (con triunfo navarro). Además, el Alavés hizo caja en el rodaje de cara a la final copera sobre la depresión del Celta (3-1) y el Valencia ganó en ambición de crecimiento al Espanyol (0-1, gol de Gayá).

viernes, 12 de mayo de 2017

MOURINHO PINCHA EL SUEÑO

Jaime Trevijano

a vuelta de las semifinales de la Europa League, con un marcador previo tan escueto, no parecía ser el escenario propicio para efectuar probaturas. La perspectiva histórica de acceder a su primera final continental alimentaba al Celta y el clavo ardiendo que supondría ganar el torneo para acceder a la próxima Champions iluminaba al Manchester United. Por eso, ambos equipos desplegaron sus onces de gala y sus libretos tradicionales (y plagiados, con 4-3-3 por bando). Así, el sistema de Berizzo trató de reproducir su receta de toque y los de Mourinho buscaron agazaparse para picar a la contra. En ese duelo de estilos explícito arrancó el evento más importante de la entidad gallega.

Y lo hizo sobre los preceptos deseados. Wass, el Tucu Hernández y Radoja dominaban el centro del campo y la pelota, celeste, volaba con la fluidez que no alcanzó en Balaídos. Los movimientos de monopolio en la posesión trazaban profundidad al encontrar a Iago Aspas entre líneas. El icono celtiña resultaría la pieza desequilibrante en un arranque pleno de valentía y personalidad. No obstante, los visitantes arrinconaban a los locales y el punta zurdo, colocado en el perfil diestro, inauguró las hostilidades con un cañonazo cruzado que Romero envió a córner de acertado vuelo -minuto 4-. La superioridad en las sensaciones de los pupilos de Toto permaneció casi hasta que se atravesara el minuto 15. Entonces, el United comenzó a exigir al equilibrio de una defensa española muy adelantada.

Mkhitarian amanecería como el elemento trascendental en las transiciones venenosas locales que abriría Pogba con un envío preciso para que Rashford metiera el susto a la delegación gallega. La perla inglesa remató fuera de tino en la primera acción clara de unos red devils que acomplejaron a sus oponentes. Cada imprecisión de Wass y compañía, con Pione Sisto insistente pero bien cubierto, servía de rampa de lanzamiento para Pogba y Ander Herrera. Ambos propulsaban contragolpes que rompían el ritmo de un conjunto celeste que volvía a ser presa de su desatino combinativo. Y empezó a morir el sistema de Berizzo en una de sus señas: el marcaje al hombre. Un desborde y centro de Rashford (referencial) fue conectado a la red por Fellaini, que ganó la espalda al Tucu para golear en solitario -minuto 17-.

El zarpazo de la estructura de Mourinho culminaba una reacción que había atrincherado la calidad en favor del ida y vuelta, del estandar anatómico. La movilidad de la línea ofensiva británica y el ascenso del compás entregó la iniciativa a un United que asumiría el patrón de juego, disparado e impreciso, en detrimento de un Celta que acusaría el golpe. No recompuso la figura el bloque español hasta el último tercio del primer acto. En ese intervalo cedería varias opciones de remate a las ráfagas locales. Los espacios proporcionados por la valentía posicional viguesa alimentaron los intentos de Mkhitarian, Lingard y Pogba. Sólo un chispazo del Tucu, que sacó el acertado Romero -minuto 27-, sirvió de respiro al incómodo equipo gallego.

Le costaría al Celta responder y recobrar la iniciativa, con posesiones en campo oponente. Fellaini, Herrera y Pogba, que rozaría el segundo al mandar por encima del larguero un balón suelto en la frontal, se bastaban para sostener los avances horizontales visitantes. En estático le costaba hacer daño al representante de LaLiga, pero los costados se erigirían como la solución al colapso central. A falta de la mediapunta, Sisto apareció para provocar centros peliagudos y volver a exigir a un Romero bien colocado -minuto 42-. Wass también lo probó, a balón parado y culminando un pase de Sisto con un testarazo que se fue desviado por poco. Se encaminaron ambos contendientes a los vestuarios con la relación de fuerzas recompuesta. Ahora le tocaba a los españoles efectuar el salto de ambición y calidad que reivindicara la importancia de los goles a domicilio.

Para hacerse con ese objetivo Berizzo interpretó que la entrada de Jozabed, más atacante, por Wass, más factor de equilibrio, daría a los suyos el margen de maniobra ofensivo que les había costado implementar. Y su movimiento sutiría efecto, pues el ex jugador del Rayo engrasó una circulación viguesa que, casi siempre, concluía en las botas de Sisto. El United se replegó, dispuesto a especular para sentenciar a la contra (su guión nuclear) y Romero legitimó esa apuesta con una mano salvadora al envío angulado de Hugo Mallo -minuto 46-. Se reviró el combinado inglés refrescando su amenaza al vuelo y Mkhitarian conduciría al lucimiento de Sergio, providencial al repeler un latigazo del armenio desde la frontal -minuto 48-. E Iago Aspas y Guidetti remataron construcciones claras que minaban la estabilidad británica. El Celta estaba de vuelta, trasladando a la tribuna de Old Trafford la sensación de caminar al borde de un alambre (tan familiar esta temporada).

La superioridad numérica y versatilidad de la medular visitante, que asociaba en el interior a Aspas, Sisto, Jozabed y Guidetti para sorprender con los carrileros por los extremos, estaban complicando al achique intensivo del United. Por eso, a falta de media hora ordenó Mourinho un ascenso de líneas y presión que trompoicara el soliloquio en campo ajeno del Celta. El riesgo de ceder un tanto a domicilio cobraba aspecto real. Aún así, la contra vertiginosa de los de Manchester yacía latente, y Sergio ganó un mano a mano nítido a Rashford en el 64 (después de un slalom resplandeciente del precoz internacional con Inglaterra). Este era el tramo de la eliminatoria, con los gallegos acumulando hasta seis piezas en la frontal rival. Sin embargo, el muro local se ajustó y le costaba volver a generar llegadas. Así, el desborde de Bongonda sentó a Radoja en una sustitución ultra ofensiva.

Quedaban 20 minutos y el entrenador argentino redoblaba su apuesta atacante, sacrificando parte de su equilibrio. Fellaini lo aprovechó al instante con un zurdazo a la cepa del poste que desvió Sergio (impecable). Pero Jozabed rozó la madera, a continuación, entregando razón a la gallardía de su estratega. Lo probó desde media distancia con un derechazo industrial -minuto 71-. Y el cierre de partido no escondió el catenaccio de los de Mourinho. Nueve jugadores vestidos de rojo fluctuaban en su frontal cuando Guidetti perdonó un cabezazo en franquía (a centro de Hugo Mallo, en el minuto 75). Entonces, Carrick entró por Mkhitarian (el más lúcido del partido) y para reforzar la barrera que relegaba al Celta a un asedio de centro lateral. Esta escena plana evocó que el Toto sustituyera a Sisto por su último delantero: Beauvue. Más rematadores en el centro del área.


La recta final autografió la renuncia al juego rasante de Berizzo. Se trataba de concatenar parábolas hacia el punto de penalti y el técnico argentino acertó: un centro de Bongonda, cerrado, fue conectado hacia el segundo poste por la cabeza de Roncaglia -minuto 84-. Quedaban seis minutos de agonía y el empate desencadenó un crepúsculo enfangado. Tras el 1-1 Guidetti fue agredido y se desplegó un brete de escaramuzas que frenó la inercia viguesa. El colegiado decidió cobrarse las expulsiones de Roncaglia y Bailly como sentencia del lance que quemó tres minutos decisivos. Mou dio entrada a Smalling por Rashford cuando el tempo desenfrenado español se congeló. Un gol más celtiña acercaba la utopía y los visitantes debieron luchar contra la embarrada inercia. La guerra de guerrillas (más o menos sucia, más o menos inteligente) dictada por los ingleses contaminó al inexperto sistema gallego y el hito no llegaría a la orilla, aunque Guidetti tuvo el paroxismo en sus botas y en la última jugada. El danés no acertó y la agilidad y multiplicidad de vías en la pérdida de tiempo local condenó a un Celta que murió de pie. Con el honor salvaguardado tras estrujar a un aristócrata (tres veces campeón del Viejo Continente). "El Celta fue mejor y deben estar orgullosos con lo conseguido", confesó el entrenador portugués.

jueves, 11 de mayo de 2017

EL MADRID CONQUISTA EL CALDERÓN AÚN DERROTADO

A pesar de caer 2-1 tras una exhibición de orgullo y pundonor del Atlético de Madrid, el Real Madrid corona la cima de la final de la Copa de Europa en la última gran noche del Vicente Calderón

Antonio Blanca

El miércoles 10 de mayo de 2017 contaba con una caracterización histórica “per se”, en lo que a fútbol se refiere, más allá de lo de que en el verde aconteciera. Tal fecha ha sido la que ha despedido al Vicente Calderón de la Copa de Europa y de los derbis madrileños. Además, por si eso no bastara, el aura pomposa de la cita se esclarecía al albergar el cuarto cruce en semis o finales de Liga de Campeones, en una horquilla de cuatro cursos, entre clubes de la misma ciudad. Lo nunca visto en la era de la vieja competición continental. Con estos ingredientes, se perfilaba la plataforma soñada (utópica) para enmarcar una remontada jamás vista en esta altura de la mejor competición del Viejo Continente (para sonrisa del Atlético) o el empujón casi definitivo para que el Real Madrid abordara el hito pionero de repetir triunfo en Champions. Esa amalgama de circunstancias, amén de la rivalidad caldeada y las cuentas pendientes entre ambos enemigos íntimos ("Orgullosos de no ser como vosotros", rezaba el mosaico inaugural de la tribuna del estadio del Manzanares), empaquetaba un día inolvidable para el balompié nacional. Con el mundo entero mirando.

Diego Pablo Simeone, consciente de lo complicado de la empresa tras el 3-0 de la ida, vaticinó una salida ardorosa. Necesitaba desestabilizar al rival y avanzó la pretensión de plantear una guerra de guerrillas que peleara por cada segundo. Por cada centímetro de campo. Para poner en práctica dicho guión volcánico hubo de sobreponerse a los infortunios padecidos por su plantilla, ya que Juanfran y Gameiro no llegaron a tiempo al duelo (el primero no fue convocado y el segundo empezó en la banca). Torres jugaría en punta, con Giménez como improvisado lateral diestro. Volvía el sistema del argentino a sufrir un agujero en el perfil de Ronaldo y Marcelo. Pero, por el contrario, un Carrasco en plenitud entró en la titularidad para acribillar la baja de Carvajal, única reseñable en el equipo visitante y asaetar a Danilo cuantas veces pudo en un fulgurante comienzo. Zidane aseguró que no especularía y reproduciría lo acaecido hace ocho días, y así lo atestiguó un 4-4-2 en el que Isco desatascaría y Danilo volvería a ser examinado. Varane también refrescaba su preeminencia como pareja de Ramos. Se trataba, entonces, de comprobar qué púgil imponía su estrategia.

Los colchoneros golpearon primero. Con ferocidad voraz. Había tratado el equipo en ventaja de congelar el ambiente, prolongando su receta de posesión controladora, pero un minuto tardaría el club local en asestar una bofetada de realidad a tal propósito. Modric la perdió en su cancha, víctima de una emboscada, y Griezmann abrió fuego con un latigazo desviado. La respuesta de Ronaldo, desde larga distancia y fuera de arco, y el intercambio de ocasiones peligrosas en saques de esquina (una de Koke, paradón de Keylor Navar, otra de Casemiro con la correspondiente réplica de Oblak) corroboró la hiperactividad como herramienta clave para navegar en un arranque incendiado de enfrentamiento. Los merengues no podrían empastar tal condición. En este capítulo era la circulación atlética la que fluía, con Carrasco encarando a Marcelo como punzón predilecto.

Sin embargo, el meta visitante no pudo evitar que el testarazo de Saúl, a la salida de un córner, inscribiera el 1-0 en el electrónico (minuto 11) e insuflara gasolina a la fe del coliseo. La presión del subcampeón de Europa asfixiaba a un Madrid que tampoco estaba cómodo en el cierre. La ola de efervescencia le desbordaba y ni en ataque ni en defensa encontraba sendas de desahogo. Así, jugando en cancha ajena, el Atlético alcanzó el paroxismo en el minuto 15: Varane derribó a Torres en el área en un fallo de bulto. La idea de buscar la espalda de Kroos y Modric, en la mediapunta colchonera estaba agujereando a los favoritos. En el Bernabéu no dio fruto, pero este miércoles hizo tremar a una delegación madridista que no esperaba la tesitura construida por los locales. Griezmann transformó el penalti y colocó a los suyos 2-0, con 75 minutos de eliminatoria. El Calderón sublevado en éxtasis. A las nueves pasadas, ¿quién no creía que por fin la gran remontada jamás vista era posible?

Se estaba jugando sobre el cumplimiento ortodoxo del plan local, sembrar dudas desde el inicio a su oponente y, tras cosechar, pasar a defender y entregar la iniciativa. Un gol era, entonces, la distancia para con la prórroga. ¿Conservar la ventaja sin descuidar la espalda?

En torno al minuto veinte de juego, el paisaje contemplaba al Madrid, temeroso y dubitativo, monopolizando el cuero para respirar pero desprovisto de fluidez y argucias (la ausencia de Carvajal era ya un agujero negro en la salida de pelota) que significaran una amenaza para Oblak. Sólo escapadas a la contra salían de la densidad visitante (de una de ellas nació su mejor opción del primer acto, con recorte y remate de Isco a las manos del esloveno). Al tiempo, el listón físico traducía la pugna en el medio del campo reinante en escaramuzas que el colegiado turco se negaba a sancionar y el brillo precedente se apagó para efectuar una aproximación plomiza al descanso. Modric se hizo el bálsamo merengue en la tormenta.

En esa reducción de espacios extrema, en la que el sudor y la entrega desaforada arrinconaron la trascendencia del estilo colorido, en esa compresión mutua al que quedó abocado el duelo, amaneció la clase de Karim Benzema para convulsionar la lógica interpretada, con excelso rigor, por los colchoneros. Una transición rápida proveniente de un saque de banda de Ronaldo dejó al galo en el córner. Recibió de espaldas al marco y a su marcador, Savic, y contemporizó. Al alzar la vista intuyó, de reojo, la llegada de la ayuda de Godín, que despoblaba el centro de la zaga contrincante. Entonces cambió de ritmo, pivotando sobre su precaria situación en cuanto a margen de maniobra, y a través de un cambio de dirección bailó sobre el precipicio de la línea de fondo en un ejercicio maravilloso de escapismo. Ya sin osbtáculos, cedió para el remate de Kroos que salvó Oblak en una respuesta de reflejos prodigiosa y que Isco remató a las mallas en el 2-1. Corría el minuto 42 y la calidad rescataba, otra vez, a los de Chamartín. Golpe a la moral más inquebrantable, tanto que esta vez sí se partió.

Amortizaron los de Zidane la suelta del mando local (62% de posesión, 9-9 en tiros y 3 a 5 en intentos entre palos en el primer tiempo) gracias a un fogonazo individual, cima aislada de un movimiento coral de seducción del control del esférico. Simeone había negado los espacios a un equipo que sufría para ser profundo en estático, a pesar de Isco, pero se fue a vestuarios con la empresa a enfrentar duplicada.

La reanudación alzó el telón sin chispa y con la sensación de riesgo trasladada a la trinchera de enfrente. El Atlético quiso repetir comienzo desorbitado, pero se sabía frágil si no terminaba las jugadas. De hecho, Ronaldo encendió las hostilidades con una falta lateral que Oblak se quitó de encima con los puños. El Madrid esta vez no compró la película de terror del primer tiempo, se puso la coraza y se fue a la guerra. Griezmann respondería con otro lanzamiento, más centrado, que no ligó la dirección adecuada, pero el compás era jurisdicción de un equipo que ha marcado en 61 partidos consecutivos y que logró dictar el tipo de encuentro con el valor doble de los goles anotados a domicilio. Isco, nuclear en el mando, pudo empatar en pleno manejo sosegado del tempo. La pelota era blanca (anoche negra y morada) y se jugaba en la frontal del portero local. Simeone, sometido a un desafío contra el reloj, decidió mover ficha sin abandonarse al asalto del cielo, Thomas y Gameiro entraron por Giménez y Torres.

Anheló el “Cholo” que los suyos refrescaran el punch evidenciado, pero el Madrid había salido del hoyo y competía a sus anchas: ora en la disposición de la iniciativa, ora cediendo metros y en contraataque. Ronaldo también lanzó sin tino (varias veces) mientras que el reloj se quemaba irremisiblemente. Modric marcó gol y el árbitro otomano no le dio validez. Entre tanto, hacía rato que la grada premiaba a los suyos no por el despliegue presente, sino como homenaje a la ilusión que han hecho germinar en ella (en este lustro y en este mismo lance) esos futbolistas que perecían ante la combinación perpetua visitante. Un doble remate de Carrasco y Gameiro, que Navas leyó como coronación propia, en una exhibición de agilidad, constituiría la única llegada clara de un Atlético que presionaba pero se partía. El peligro era potestad madridista, con un tanto anulado a Ramos y un puñado de remates faltos de precisión.

Gameiro no acertaría a poner la guinda a un desborde estiloso del recién entrado Correa (sustituyó a un Koke desfondado, retrato de la ejecución global de su vestuario) cuando Zidane empezó a dar respiro. El técnico galo reservó para la final a Casemiro, Benzema e Isco, dando la altentiva a Lucas Vázquez, Asensio y Morata. Volvía Zizou a mandar un mensaje de contragolpe a su dibujo, cediendo el control del cuero, cuando se dejaba atrás el minuto 80. Como en la ida, aunque sin más en juego que el orgullo. Los últimos diez minutos de fútbol elitista en la ribera del Manzanares certificarían el billete a Cardiff de un Real Madrid superviente de sí mismo (tragó sus demonios de compromiso para, a la postre, ser más calmado, solvente y resolutivo) y atestiguarían la dignidad de la obra de Simeone. Un proyecto que, otra vez, tiene su frontera en el vecino de la capital (nadie eliminó a un equipo cuatro años seguidos en competición europea). La tromba de agua que sobrevino como envoltorio épico del desenlace que se degustaba ante los acordes del cántico de la hinchada local supuso el cénit eléctrico a las últimas líneas de la deliciosa rivalidad capitalina (18 a 17 disparos fue la vibrante relación ofensiva final) que acogió el Calderón. Otro equipo español buscará ampliar el monopolio nacional en Champions (últimas tres ediciones ganadas).

El Madrid se llevó el triunfo global en la última noche de gala de un estadio que se ha hecho gigante por una afición enorme, entregada a unos colores, los rojiblancos. Algún día, el éxito llegará en modo de Copa de Europa y ellos lo verán y paladearán. Ahora, el 3 de junio, Cardiff reedita la final de hace 19 años de Ámsterdam. El Rey de Europa ante la Vecchia signora, el Madrid que ya es leyenda sempiterna, la institución deportiva más grande de todos los tiempos, en pro de otra conquista que acrecente su grandeza. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

ÚLTIMO DERBI PARA LA HISTORIA

Carlos de Blas

"A este equipo le falta una gran remontada y va a ser el día", sintetizó Gabi, capitán rojiblanco, cuando le preguntaron por la esencia con la que plantean este Atlético-Real Madrid encuadrado en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones. "Tenemos que tener mucho equilibrio emocional, ser un equipo compacto, sólido, no cambiar nada de nuestra manera de jugar y poco a poco ir llevando el partido a nuestro terreno", expuso en la vertiente pragmática que también entra en la fórmula espiritual verbalizada: "El otro día en el Bernabéu, después de perder 3-0, lo único que se escuchaba era la afición del Atlético de Madrid cantando el himno a capela, y eso me pone la piel de gallina, son cosas con las que me identifico y el Real Madrid tiene que ver dónde está jugando". "Este equipo nunca se ha dado por vencido y sólo pensamos en ganar el partido, en no meter el segundo antes que el primero", relató el mediocentro tapón y organizador de la red colchonera.

Su comparecencia previa al duelo de este miércoles, tercer derbi más importante de la historia madrileña (tras las finales de 2014 y 2016), sirvió para retratar la complicada labor que ha de realizar el gurú del Calderón, Diego Pablo Simeone. Y es que el técnico que ha de hacer rimar el furor inherente a su vestuario, a la rivalidad, al ambiente debidamente caldeado con la frialdad del estudio de las situaciones y la ejecución quirúrgica de lo pautado. Quizá, por eso, se mostró muy escueto y escondió su tradicional enarbole de la bandera tribunera en la vigilia. "¿Qué le diría a aquel que a estas alturas no crea en la remontada", le preguntaron desde la trinchera periodística y el argentino, en lugar de trazar un alegato sentimental encendido, como es tradición, se limitó a comentar que "cada uno es libre de creer en lo que quiera". No hay espacio en esta pelea "minuto a minuto, segundo a segundo" para gastar energías en lo accesorio.

"Lo emocional equilibrado, desde lo futbolístico, es el mejor camino para hacer un gran partido", explicó el Cholo antes de anunciar que "está claro que nuestra aspiración es empezar el partido fuerte, como todos los equipos que juegan en casa". Gabi, en este sentido, confirmó la hoja de ruta local: "tenemos que intentar jugar lo máximo posible en campo rival y me acuerdo del último 4-0 (ante el Madrid, el 7 de febrero de 2015, en el declive de Ancelotti). Me acuerdo que marcamos dos goles muy pronto. Eso nos hizo jugar un poquito más replegados y en la segunda parte salir a la contra y marcar dos goles más".

Tiene la dupla Simeone-Burgos que localizar la utilidad a lo desaforado del apartado anímico. Desestabilizar el plano mental del equipo en ventaja es la (única) estrategia implementada por el Atlético desde el pitido final de la ida. La hinchada, los jugadores y los mensajes institucionales publicados en esta semana han buscado rascar en la solidez psicológica mostrada por los merengues en el Bernabéu. Las alusiones al sentimiento de pertenencia -ajeno a los éxitos- y la humildad -cebo picado por Sergio Ramos este martes- constituyen la maniobra externa rojiblanca trazada para ser rematada por lo interno, en el ajedrez del césped. Y, ahí, el libreto rojiblanco anhela morder desde temprano y examinar el cierre madridista con volcánico convencimiento. Sembrar la duda es la senda y una diana precoz abriría las compuertas de la utopía. Para ese empeño se ha casi vaciado la enfermería (sólo Vrsaljko y Augusto son bajas) y Juanfran, Giménez, Gameiro y Carrasco han sido convocados. Y el acierto de Griezmann (en el remate o último pase) vuelve a ser condición sine qua non, tanto como la búsqueda de la espalda de Modric y Kroos. Por el centro y en la mediapunta.



Eso sí, la ráfaga estruendosa pretendida, de estándar anatómico hiperbólico, viene amarrada por el raciocinio. "Yo considero que mañana hay que defender bien para estar muchos más minutos dentro del partido y todo lo que sea defender bien y estar dentro del partido nos va a dar opciones para ir en busca de lo que queremos, que es pasar la eliminatoria", declaró un Simeone que plantea el envite sin el envoltorio de la remontada, como un simple (y enorme) partido. Un evento en el que el valor doble de los goles anotados a domicilio es determinante (por ese callejón se desorientó en la ida tras descomponer a su sistema). Por ello, a pesar de necesitar llevar la iniciativa, es complicado que el Cholo repita el error de vaciar su centro del campo para abandonarse a una apuesta ultra-ofensiva, dominadora y combinativa. Contemporizar y volver a probar la mezcla de calidad y orden (que naufragó en Chamartín pero ha conducido a los rojiblancos a esta altura) son epígrafes obligados en un marco de restablecimiento de la autoestima: "Nosotros confiamos en lo que nosotros somos capaces de hacer. Sabemos de nuestras fuerzas y confío muchísimo en mis futbolistas, los conozco desde hace cinco años y medio a la mayoría y no tengo ninguna duda de que mañana van a hacer un buen partido".

Esto último, la condición anímica se destaca como un parámetro de mayor peso que lo táctico, la superpoblación de la medular, la batalla por la pelota, la presión elevada o las superioridades laterales. En un cruce con un 3-0 en el electrónico ha de darse un descalabro generalizado de uno de los contendientes para que asome la prórroga o la remontada. Y un exceso de vanidad está en perfecta disposición para romper la racha que ostenta el Real Madrid (lleva 15 partidos sin perder en Champions, la mejor racha de su historia, tras la derrota ante el Wolfsburgo, el 6 de abril de 2106).

Desde Valdebebas se desplazará una delegación en la que no están incluidos Bale y Carvajal y en la que Zinedine Zidane recuperará a Varane y, probablemente, al 4-4-2 que nutre la calidad en el cortejo del cuero que proporciona Isco (emblemática su actuación, en este sentido, en el 0-3 de Liga). La superioridad evidenciada en la ida, merecida, se desenvolvió sobre el abono de la intensidad, el compromiso colectivo, la precisión en el manejo de la posesión, la pericia a la contra y la capacidad de funcionar con los automatismos corales bien engrasados. Y, ojo, también con el acompañamiento indispensable de un anochecer horroroso colchonero en torno a la precisión. Por esa fisura se secó la amenaza contragolpeadora rojiblanca y, con ello, muchas de las opciones del conjunto sureño. Amén de la mencionada solvente vigilancia sin pelota merengue.

Con esto se quiere decir que los fantasmas de indolencia y autocomplacencia que han perseguido al Madrid durante esta temporada -convirtiendo en épicos los cierres de un buen puñado de partidos controlados previamente- son latentes y estructurales. Y no sería un encuadre idóneo la batalla de este miércoles para su toma de la escena. Por eso el 4-4-2 movible -con opción para buscar el gol de la sentencia a la contra desde el banquillo- se antoja indispensable. "Si pensamos que les hemos ganado dos finales nos equivocamos", avisó un Zidane claro en su manejo de la motivación en este marco de clara ventaja: "En el fútbol nunca se ha ganado nada y hay que hacer un partido excelente para pasar la eliminatoria".



Es más, el técnico galo promete menos defensa que su homólogo, por contradictorio que pudiera parecer. Se trata de filosofías de juego y estilos. "Entraremos al campo pensando en dar el máximo para ganar el partido. Lo único que queremos es jugar y ganar. Nuestra idea no va a cambiar, el camino es siempre el mismo", arguyó un técnico que recalcó que no especularán (si bien, pudiera ceder metros para golpear en el vértigo de su transición en tramos del duelo): "Pienso en todo lo contrario, vamos a intentar jugar y marcar como siempre. No va a cambiar nada lo que queremos hacer". Llevan 60 partidos anotando de manera consecutiva y jugar con el reloj o con el marcador cosechado el pasado martes no pasa por la cabeza del estratega. Al menos en principio.

Entonces emerge el mantra madridista explicitado por Ramos: "Tenemos que salir con las ideas muy claras, en el fútbol siempre puede pasar de todo pero vaciándonos, dejándonos el alma, manteniendo el nivel de concentración. Tenemos que confiar en nosotros mismos. La clave del éxito está en la unión y el sacrificio". Ese vestuario sabe por dónde flaquea y, al parecer, tiene "bien claro" que hará lo posible por competir con la misma intensidad que su rival. Del agujero en el lateral diestro habrá de encargarse Zizou. La posibilidad de participación tanto de Pepe como de Varane abre a Nacho la opción de sortearse con Danilo el escaño, según la pretensión ofensiva o defensiva que el entrenador designe para esa parcela (con Carrasco al 100% enfrente). No hay muchas más variantes pronosticables en la hoja de ruta visitante, por lo que se trata de reproducir una versión lo suficientemente atenta a lo táctico y el equilibrio que aleje un escenario de incertidumbre y regale al potencial goleador liderado por un Ronaldo en ignición la oportunidad de sellar el pase a la final ante la Juventus.


Así pues, el coliseo de la ribera del Manzanares se despide para la Copa de Europa con un derbi que está en vías (optimistas) de resultar histórico. La despedida de los focos continentales del Paseo de los Melancólicos bien podría significar la remontada nuclear del currículo colchonero en su diatriba por el Viejo Continente -nunca vista en las semifinales de esta competición, descorche de la gran vendetta al presente lustro de luces y desasosiego- o el paso previo a la consecución de la Duodécima y de la firma pionera de la primera vez que un club alza el trofeo de la Liga de Campeones en dos años concatenados. La atmósfera viene cargada y el segundo capítulo de este cruce responderá, sin duda, a las expectativas.

LA VIEJA SEÑORA EN OTRA FINAL

Jaime Trevijano

El equipo madrileño que sobreviva a la semifinales fratricidas de este miércoles ya sabe que se las verá en Cardiff con la Juventus de Turín. Los campeones del Scudetto han confirmado en este curso el regreso definitivo de la Vecchia Signora a la élite de la aristocracia futbolística continental. Y es que los bianconeros supieron gestionar con una maestría aplastante la ventaja cosechada en el Louis II para refrendar las características que retrotraen al espectador al estilo que llevó al éxito a los transalpinos en los 90. El Mónaco lo intentó pero su exhuberancia goleadora y de ritmo no fue suficiente ante un bloque competitivo hasta el absurdo.

Se lesionaría a última hora Dirar, uno de los punzones capitales de la joven hornada de talento monegasca. Jardim, el estratega que ha disparado el rendimiento de los del Principado decidió sorprender a Allegri de salida, y lo hizo. Sentó el desborde de Lemar y viró su dibujo hacia un 3-5-2 que le valió para aturdir al gigante en los primeros 15 minutos. En el minuto seis cuatro fueron las llegadas al área de los visitantes, con Falcao, Mendy, Mbappé y Moutinho como protagonistas. Los largos carrileros del equipo en desventaja y la colocación ofensiva de Bernardo Silva en la mediapunta y en asociación con el creativo Moutinho entregaron el patrón de salida a los rojiblancos.

Buffon y el tridente defensivo se las vieron para achicar agua en una salida estruendosa y plena de personalidad de los aspirantes, que no favoritos. Sin embargo, su arreón "sólo" se cobraría la víctima de un Khedira que es seria duda para la final -lesión muscular mediante que dio entrada a Marchisio-. El infortunio del teutón -minuto 10- no frenó el ritmo disparado de un partido con aspecto de ida y vuelta fulgurante. Dybala, Pjanic y compañía sufrían para lanzar contras o, simplemente, participar. La presión del líder de la Ligue 1 ahogaba la salida de pelota de una Juve que encontraba soluciones siempre que colgaban un pelotazo para que Manduzukic bajara la pelota en campo rival. La argucia del croata, ruda, fue efectiva hasta que Subasic empezó a compartir la inquietud padecida por Buffon.

Dybala inauguró el bagaje productivo de la Juventus más vertical imaginable -minuto 15-. La versión estilística que llevó a la leyenda a Marcelo Lippi enfangaría el corazón impreciso derrochado por los visitantes. Cada pérdida o despeje a centro lateral rival se traducía en una contra venenosa local. Aún así, el Monaco asumió el riesgo. Mendy, carrilero zurdo que se sintonizaba con el neutralizado Mbappé, centró para que Chiellini robara el gol a Falcao y, acto y seguido, sería Jemerson el cortafuegos que negó a Higuaín un mano a mano al contragolpe. Ese intervalo de espacios y anarquía remitiría en el ecuador del primer acto para ceder el testigo al magnetismo de la amenaza juventina.

Los líderes de la Serie A se sentían en pleno control del tempo, a pesar de haberse atrincherado en su cancha, y toda vez que se hubieron sacudido la presión, el fluir en transición de Dybala y las salidas de Dani Alves y Alex Sandro como puñales exteriores terminó por devolver las riendas de la iniciativa a los de Allegri. Y, ya en el control de la dinámica, la eficacia del coloso volvería a evidenciar que esta Juventus no está para matices. Con un compás disparatado Higuaín perdonaría un cara a cara concluido con una vaselina que supo leer el meta rival -minuto 25-, Mandzukic remataría fuera un centro de Alves -minuto 26- y Pjanic chutaría desviado -minuto 28-. Estaba sufriendo su endeblez táctica un sistema monegasco desbordado a la media hora: un saque de Buffon hacia su lateral zurdo nutrió la lucidez de Dybala, que permitió al ex carrilero culé sumar su quinta asistencia de la competición para el cabezazo a gol de Mandzukic -minuto 32-. La anestesia local había funcionado.

Acusaría el golpe el equipo entrenado por Jardim, que estaba empequeñecido ante la trascendencia del líquido dominio de la escena de Dybala. El argentino mandaba al galope o en estático, como su equipo. E Higuaín y el ex del Palermo perdonarían otro puñado de opciones antes del descanso y antes de que Alves redondeara su actuación y la de los suyos con una volea imperial a la red tras un despeje de Subasic al saque de esquina -minuto 43-. Chiellini sacó bajo palos un remate de Mendy para subrayar las dos facetas en las que el club transalpino es puntero: la pegada y el cierre. La vuelta de tuerca, capaz de dominar con la posesión como un arma, efectuada por Allegri con respecto a sus antecesores históricos comulga con una intensidad táctica sólo desestabilizada en los primeros 10 minutos de insolencia monegasca.

Los de Jardin no querían salir del partido y el entrenador efectuaría dos cambios antes del minuto 68. Fabinho sentó a Mendy, en una recomposición del dibujo que se aliaría con la bajada de competitividad juventina para que Moutinho abriera fuego en la reanudación de mayor presencia visitante. Lemar entraría por un vaciado Bernardo Silva para reforzar una amenaza creciente que llegaría a puerto en las botas de Mbappé (asistencia estilosa de Moutinho). La perla gala ya forzó una estirada llena de clase de Buffon para sellar el 2-1 de inmediato -minuto 69-. Allegri había dado descanso a Dybala (entró un Cuadrado que dispuso de la única opción clara local en el segundo acto) y la resaca del gol pudo resultar trascendental: Lemar lo intentó, con el Monaco acogotando a los italianos, Glik pisó la rodilla a un Higuaín lloroso y Fabinho fue objeto de penalti.

Esa relación estrambótica de acontecimientos significaba el tercer gol encajado de la Juventus en esta Champions -cifra insultante- y podría haber dejado al Pipita fuera de la final (con Khedira presumiblmente apeado de la cita). Corría el minuto 75 y los visitantes estrujaban su convicción con el monopolio de la pelota ante la desconexión de una Juve a placer en la eliminatoria. Germain entró por un Bakayoko más acertado que en la ida, en la maniobra final de Jardim por quemar las naves. El ambiente en el verde ardía, con escaramuzas casi continuas. Y, casi sin fútbol, ante la densidad del mandato visitante, sólo un chut lejano y desatinado de Moutinho significó un salto de página.


Entonces, a cinco minutos del final, los locales impondrían una buena ración de hielo. Benatia sentó a Bazagli, decidió Allegri que las porterías serían anécdotas y el tempo del enfrentamiento volvió a ratios pausados que interesaban a una Juventus sólo centrada ya en que el ardor de la batalla no eliminara de la final a más efectivos. Cerró con categoría el resultado un equipo colosal, que se maneja con liderazgo en cualquier tesitura y capacitado para exigir hasta el extremo con y sin pelota. En cancha propia o presionando. Corriendo y caminando. Real Madrid o Atlético lo tendrán muy complicado para mandar por encima del guión físico-táctico y salpicado de talento de un faraón renacido que, por si fuera poco, está hambriento. Quince a once disparos (y seis a dos, a puerta) fue el registro final de llegadas, a pesar del asedio racheado de un conjunto visitante conducido a la impotencia (personificada en la nulidad de Falcao y lo intermitente del brillo de Mbappé).

martes, 9 de mayo de 2017

EL BARÇA SE POLITIZA TODAVÍA MÁS

Julio Candela

El siete de octubre de 2012, en el minuto 17 y 14 segundos de cada tiempo del clásico Barça-Real Madrid de la temporada 2012-2013, un grito resonó en un Camp Nou abarrotado con casi 100.000 almas: "¡In-inde-independencià!". Un número y un año, el 1714, que rememora la fecha en la que Barcelona cayó frente a las tropas borbónicas y Felipe V abolió las instituciones catalanas. Ese día del otoño de hace cinco años y medio, en el coliseo blaugrana lució la senyera (bandera catalana) más grande de la historia del club y miles de 'esteladas' (enseñas independentistas).

El grito a favor de la independencia de parte de la masa social culé ha seguido escuchándose en cada partido de Messi y compañía, al igual que la proliferación de esteladas, que ha provocado un serio conflicto entre la entidad presidida por Josep María Bartomeu y la UEFA. Destacados azulgranas como el ex presidente Joan Laporta o el técnico Pep Guardiola, ahora en el Manchester City, se han declarado abiertamente partidarios de la independencia de Cataluña; otros, como los futbolistas Gerard Piqué o Xavi Hernández han dicho públicamente que son partidarios del referéndum, aunque el actual Presidente blaugrana, Josep María Bartomeu, escribía en su cuenta de twitter el 15 de julio del 2015 que quería "un club independiente del poder político. El Barça es una pasión, que está por encima de ideologías y partidos".

Ahora, en mayo de 2017, el Fútbol Club Barcelona se adhiere a la campaña a favor del referéndum sobre la independencia de Cataluña impulsada por una plataforma creada a propuesta del Parlament y con el apoyo de la Generalitat, que en dos meses ha recogido más de 400.000 firmas y 4.000 entidades adheridas.

A través de un breve comunicado, el Barça informó este sábado que se adhiere al acuerdo que apuesta por un referéndum "efectivo" así como "a la campaña de adhesiones para recabar el apoyo de instituciones, entidades, electos y particulares, de dentro y fuera de Catalunya, para la celebración de un referéndum sobre el futuro político de Catalunya".

De hecho este mismo sábado más de 200 voluntarios del Pacto Nacional por el Referéndum estuvieron en el Camp Nou para recoger firmas a favor del referéndum. Con motivo del partido de Liga Barça-Villarreal, el PNR puso así en marcha una nueva acción para seguir sumando apoyos en la recogida masiva iniciada por Sant Jordi y el Primero de Mayo.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se congratuló por la decisión del club azulgrana, -que siempre se ha considerado 'mès que un club' y una especie de punta de lanza y portavoz de la sociedad catalana-, a través de su cuenta de Twitter, en la que retuiteó el comunicado del club con el comentario: "La democracia nos hermana" (en referencia a una frase del himno del Barça escrito por Salvador Espiù).

En el manifiesto de esta plataforma se insta al Gobierno y a la Generalitat a "superar las dificultades políticas y los apriorismos" y a alcanzar un acuerdo que establezca las condiciones y las garantías "justas y necesarias" para la celebración de un referéndum "reconocido por la comunidad internacional", cuyo resultado deberá ser "políticamente vinculante y efectivo".

La plataforma se constituyó el 23 de diciembre pasado a propuesta del Parlamento catalán y con el impulso de la Generalitat y está integrada por entidades sociales, culturales y políticas con el objetivo de que se llegue a un pacto entre el Gobierno y la Generalitat que permita la celebración de un referéndum "eficaz y vinculante" para que los catalanes "puedan votar sobre su futuro político como nación". El último evento de la PNR se celebrará el próximo 19 de mayo en el Palau de Congresos de Cataluña, cuando se presenten todas las rúbricas conseguidas en los últimos días.

El Pacto incluye un amplia gama de partidos favorables al referéndum pero con posiciones distintas sobre el proceso soberanista, por lo que los miembros del comité ejecutivo evitan entrar en el rifirrafe del día a día político.

El PNR afirma que es posible hacer un referéndum con la legalidad actual y forman parte de él partidos abiertamente independentistas como el PDeCAT, ERC y la CUP,  pero también formaciones que no lo son como los 'comuns', además de entidades de muy diverso signo.

Pero la decisión del Barça ha creado controversia, tanto en Cataluña como fuera de la región, en el resto de España. Así, El diputado y coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, advirtió por su parte al FC Barcelona de que "no se puede mezclar política con deporte". "El Fútbol Club Barcelona no es de sus directivos sino de todos los que sentimos sus colores", manifestó a través de su cuenta en Twitter.


En la misma red social, el presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, hizo bandera de ser socio del RCD Espanyol, "un club que se dedica exclusivamente al deporte y respeta la pluralidad ideológica de sus socios", aseguró en un mensaje. La líder de Ciudadanos en Catalunya, Inés Arrimadas, también ha criticado al Barça por apoyar el referéndum, pero quizás el más expresivo, utilizando la jerga futbolística, ha sido el secretario de Política Social y Sectorial del PP, Javier Maroto: "Creo que la directiva del barça se ha metido un gol en propia puerta. ¿Es que no hay miles de seguidores del Barça que no se sientan independentistas?", ha sentenciado. Y mientras... el mundo del deporte español y catalán, callan.