jueves, 8 de junio de 2017

UNA SOBERANA TEMPORADA

Desde 1958 el Real Madrid no firmaba un doblete de Liga y Copa de Europa, ahora con Zidane en el banquillo el club blanco ha cerrado un año inolvidable

Antonio Blanca

Cuando Zinedine Zidane empezó este verano la que era su primera temporada completa, y, por tanto, primera planificación realizada desde su cabeza, dejó un mensaje claro: "La Liga es lo más importante". El francés daba honores al torneo que siempre se tiraba, diciendo claramente a su plantilla que este año no se iba solo a por la Champions, competición que desde hace ya años no hace falta explicar que había que ganar.

Zidane ha conseguido, gracias a una gestión innovadora que dentro de algunos años se tendrá que estudiar, completar la mejor temporada de la historia moderna del Real Madrid. Nunca antes, tal y como está el fútbol entendido actualmente, los blancos habían ganado las dos competiciones más importantes el mismo año, Liga y Copa de Europa, y tampoco se había visto a un Madrid tan serio en ideas.

Ese ha sido el principal avance. Al fin el Real Madrid entendió que el discurso de un título por año era corto. Valía, porque nadie recordará 2014 y 2016 como malos años (se ganó la Champions), pero no reflejaba la realidad de un club a la altura del Madrid.

¡Claro que se podían ganar los dos trofeos y claro que era posible luchar por ellos hasta el final! Eso lo cambió Zidane, que ya lo hizo factible el pasado año, aunque se quedó a un punto de Liga, y que esta vez lo ha redondeado. Se podía conseguir el doblete. No era una quimera.

Liga y Copa de Europa se han logrado principalmente por mor de cinco factores: la planificación de Zidane, que ha repartido los minutos con inteligencia y ha conseguido que todos estuvieran bien en el tramo importante de la temporada; la amplia y gran plantilla de este año, en una mezcla de veteranos y noveles, con jugadores de primerísimo nivel y otros que no lo eran tanto pero que han ido creciendo; la felicidad y unidad que ha demostrado el banquillo, desembocando en algo inaudito, que es que no se le revolviera Zidane ningún jugador por disputar menos partidos; la figura de Cristiano, mucho más decisiva que otros años: y el gen ganador, ese olor a campeón que siempre tuvo y que lo sacó en momentos muy adversos. La famosa 'flor' no era suerte, era ADN blanco.

Solo tuvo el Real Madrid una etapa de dudas en toda la temporada, la que fue desde finales de septiembre a inicios de octubre. Empató entonces cuatro partidos seguidos, ante Villarreal, Las Palmas, Dortmund y Éibar en lo que fue conocido como la fiebre amarilla. El único borrón llegó el 18 de enero, cuando cayó en el Bernabéu contra el Celta de Vigo (1-2) y perdió la Copa del Rey en cuartos de final (lo hizo oficial una semana después con el 2-2 en Balaídos). La competición del KO es siempre un tercer plato, no es prioridad para los grandes equipos, incluso este año ni salvó la mala temporada del Barcelona, pero acaba sumando. ¿Qué sería del Real Madrid si hubiera ganado la Copa y, por lo tanto, el Triplete? Un equipo 10. Ahora acabó en el 9,9.

La temporada del Real Madrid solo se puede entender desde la regularidad. Después de muchos años, los blancos no tuvieron ni un solo mes de bajón y las únicas derrotas que tuvieron vinieron por cosas naturales del fútbol. Perdieron solo cinco encuentros: en el Sánchez Pizjuán, en Mestalla y ante el Barcelona, todos ellos por la mínima (2-1, 2-1 y 2-3), en Liga, en el Vicente Calderón en Champions, pero contando que llevaba una más que amplia renta de la ida, y el recordado de Copa ante el Celta.

Además, dejó momentos brillantes como la goleada en el último partido liguero en el Calderón con un hat-trick de Cristiano, la superioridad en Múnich ante el Bayern, el otro 3-0 al Atlético, esta vez en la Champions, el partido de Copa ante el Sevilla, las exhibiciones del equipo B en campos como Butarque, Riazor, Los Cármenes y El Molinón.... Pocos recuerdan que la Liga arrancó con paseo triunfal en el siempre difícil Anoeta (0-3), la primera de las 20 goleadas que ha firmado el Madrid este año.

También hubo tiempo para la épica: el gol de Ramos en el Camp Nou o ante el Deportivo, la agonía de la eliminatoria ante el Bayern, la jugada mágica de Benzema en el Calderón, los puntos sacados más allá del minuto 80 en Liga... El Madrid no podía dejar de lado esa característica que va unida a su historia.

Ha sido esta la temporada de los 40 partidos seguidos sin perder (récord nacional), aunque algunos ya venían de la anterior, y la de los goles en todos los partidos. Y todos son todos, desde el primero, la Supercopa de Europa ante el Sevilla (3-2), hasta este último, la final de Champions contra la Juventus. 65 partidos seguidos marcando, un hito mundial.

Y eso que el año ha sido larguísimo para el Madrid. Comenzó un 9 de agosto en Noruega, con la mencionada Supercopa de Europa, y acaba un 3 de junio en Cardiff. Nunca antes una temporada del Real Madrid había durado tanto, 10 meses, ni había tenido tantos partidos, 60 (38 de Liga, 13 de Champions, seis de Copa, dos de Mundial de Clubes y uno de Supercopa de Europa). Y que se preparen, porque a esos se les añade este verano dos de Supercopa de España y nada menos que ante el Barcelona.

Ese es el horizonte de un Madrid que tiene ahora el reto más difícil: igualar lo que ha conseguido esta temporada. Superarlo solo se podría conseguir con el Triplete, pero obtener algo menos el próximo año sabría a poco, aunque sería lo más normal. Pero esto es fútbol y ver al Madrid tan arriba hace pensar que en 2018, por estas fechas, tiene que repetirlo. Así de bonito es el deporte.

MORATA SALVA A ESPAÑA

Carlos de Blas

Un tanto de Morata en uno últimos minutos de arreón final permitió a España seguir con la vitola de invicto en la era Lopetegui como seleccionador. Dominó España pero no fue un empate fácil. Un error de Azpilicueta y Piqué, sumado a la indecisión de Reina, precipitó el empate de Colombia a manos de Cardona tras un primer tanto de Silva para abrir el marcador.

En la reanudación, una mala salida de Reina volvió a dejar en bandeja el gol a Falcao, que remató de cabeza a placer el centro de un destacado James. Con el marcador en contra, y tras el carrusel de cambios, España siguió llevando la manija del partido gracias a la insistencia de Asensio en el que es su tercer partido como internacional y donde ya pedía la pelota como un pilar fundamental que aún no es pero será. Un centro de Saúl y un testarazo de Morata pusieron la firma al 2-2 definitivo.

Pese al dominio de España, fue un jugador colombiano el que brilló con luz propia sobre el césped de La Nueva Condomina: James Rodríguez. El '10' dio un recital del talento técnico que atesora para liderar al conjunto de Pekerman. Este España-Colombia, aún con el polvo en el aire tras la caída del telón de la última temporada, pareció por momentos de todo menos amistoso. Muchas ganas de reivindicación sobre el campo, con el propio James como mayor exponente. No sólo el despliegue de los jugadores hacía pensar esto sino la intensidad de algunas fases, con una agresividad inusitada en este tipo de encuentros.

Curioso, por llamarlo de alguna manera, fue el trato de parte de la afición murciana a uno de los jugadores del combinado nacional. Piqué, que ya se llevó abucheos en los entrenamientos tras sus declaraciones sobre los últimos triunfos del Real Madrid, volvió a ser pitado cada vez que tocaba el balón durante la noche de este miércoles.

La alineación de Lopetegui tampoco daba pistas sobre sus verdaderas intenciones, ya que el partido clave es el del domingo ante Macedonia, valedero para la clasificación del Mundial de Rusia. Entre tanto, Silva decidió coger la pelota y tratarla con el cariño habitual. Con su juego, España empezó poco a poco a coger ritmo y dar sus primeras muestras de juego de toque.

Así, llegó el 1-0 en el minuto 22 con culminación del jugador canario a una buena jugada de la selección con un último centro de Pedro. James ya se habí apauntado poco antes a ese duelo de talentos y mantuvo el nivel tras el tanto en contra, generando una ocasión tras otra a sus compañeros.

Sin embargo, la luz desprendida por James y Silva se vio eclipsada por el festival de patadas. Pedro sobre James, Alba y Cuadrado, Sánchez y Aspas...

La dureza terminó con un fallo en cadena de la zaga española que propició el empate. Piqué y Azpilicueta no se pusieron de acuerdo en un pase, el balón siguió hasta el área de un Reina que tampoco se decidía a salir a por él. Y en caso de duda, Cardona no se lo pensó para cazar el esférico y poner una vaselina a un Reina a medio camino.

Poco después del descanso, Reina volvió a ser protagonista cuando fue engañado en su salida por el efecto de un centro de James. Falcao y su testa estaban ahí para no perdonar el 1-2.

España ya no tenía ni a Silva ni a Iniesta, pero entraron en escena Asensio, Vitolo, Saúl, Deulofeu y Morata. Menos control pero más verticalidad. Los de Lopetegui sólo tenían un objetivo en mente: la portería de Ospina.


Colombia se defendía como podía, incluyendo alguna entrada más dura de lo protocolario, pero llegó contar con algún contraataque de peligro para aumentar sus diferencia. Sin emargo, ya en el minuto 87, llegó el centro de Sául y el remate inapelable de cabeza de Morata para salvar la racha de su entrenador.

lunes, 5 de junio de 2017

RONALDO MEJOR JUGADOR DEL MUNDO

La estrella portuguesa del Real Madrid, todo un recordman sigue pulverizando estadísticas y llevando en volandas al Madrid a la leyenda

Antonio Blanca

Si nadie había ganado dos Copas de Europa seguidas, tampoco nadie había conseguido tres en cuatro años. El Real Madrid hizo posible lo imposible para los demás y rubricó que desde 2013 es el mejor equipo del mundo. Los últimos cuatro años, justos los que coincidieron con la cuarta legislatura de Florentino Pérez, están entre los más brillantes de la historia del Madrid.

A este equipo ya eterno lo lideró, otra vez, Cristiano Ronaldo, que ha completado en este 2017 su mejor año en el Real Madrid, precisamente cuando más se dudaba de su continuidad y cuando más pitos escuchó de un sector (libre pero errático) de la siempre exigente afición del Santiago Bernabéu.

Por quinto año consecutivo, Ronaldo ha sido el máximo goleador de la Champions League, pero la grandeza de este año no tiene comparación con cualquiera de los anteriores. Mientras otras temporadas llenaba sus registros con los equipos menores y en primera ronda (lo que hizo Messi esta temporada), Ronaldo ha sido este año el jugador más decisivo con diez, ¡diez!, goles en las rondas más importantes: cinco al Bayern en cuartos, tres al Atlético en semifinales y dos a la Juventus en la final.

No hay antecedente superior. No hay jugador que hiciera una Copa de Europa tan completa, decisiva, relevante y mayúscula como la que acaba de firmar Cristiano Ronaldo. La gestión de Zidane, el único entrenador que convenció al ‘7’ merengue de que era mejor descansar en muchos partidos que se ganan igualmente con el equipo B, ha conseguido que Cristiano llegara al tramo final de temporada mucho más bravo que un toro. Ha sido descomunal sus tres últimos meses con goles en todos los partidos importantes del Madrid, también los de Liga.

El portugués tiene ya cuatro Champions (2008 con el United y 2014, 2016 y 2017 con el Madrid), todas de ella como figura principal y solo perdió una final, la de 2009. Es el único jugador en marcar en tres finales de Champions (y no se cuenta aquí el penalti decisivo de la Undécima) y ya ha ganado, a falta que se lo den, su quinto Balón de Oro, los mismos que la estrella del Barcelona.

En Cristiano Ronaldo ha pilotado el enésimo proyecto de Florentino Pérez, que en su cuarta legislatura por fin ha construido el Madrid que tanto soñó. El presidente fue reelegido hace justo cuatro años, el 4 de junio de 2013, por aclamación popular. No tuvo entonces rival, como tampoco lo tendrá este verano, en la que Florentino sellará su quinta etapa al frente del club blanco, tercera consecutiva.

El discurso del máximo mandatario blanco siempre ha ido ligado a la historia del Real Madrid. De su boca siempre han salido las palabras "excelencia", "inconformismo", "competitividad", "autoexigencia" o "superación". Y eso es el Real Madrid. Por eso cuando decidió echar a Carlo Ancelotti tras una segunda temporada horrible, en la que el Madrid se sumió en un hundimiento impropio del club, lo que hacía el presidente era aplicar todas esas premisas. El tiempo le ha dado la razón.

El Madrid no tenía equipo para quedarse en blanco en 2015, como tampoco lo tenía en 2013 con Mourinho, que también se fue. En el fútbol pueden pasar muchas cosas y la línea entre la victoria y la derrota es muy fina, pero con la plantilla que tiene, no ganar como mínimo un título por año es un fracaso. Por eso desde ese rechazo a la autocomplaciencia que entrenadores como Pellegrini o Ancelotti instauraron en el Bernabéu, el Madrid ha ido hacía arriba.

El actual Real Madrid nació en la temporada 2010/11, cuando se cerraron las catástrofes contra los equipos de 2ª B y las vergüenzas de las eliminaciones de octavos y se recuperó el gen competitivo que llevaba un lustro sin aparecer. Ese Madrid, que ganó menos de lo que debió, encontró la gloria a partir de 2013, coincidiendo con la mencionada legislatura de Florentino.

Desde ese verano de 2013 y hasta el actual, cuatro años justos, el Real Madrid ha ganado tres Copas de Europa, una Liga, una Copa del Rey, dos Mundial de Clubes y dos Supercopa de Europa. Su mandato, con el paso del tiempo, se debe recordar como una dinastía, como la dictadura de un equipo que no dio opciones a los demás en Europa.

La clave ha estado en formar un bloque que tenía capacidad de seguir siendo exitoso aún cuando había alguna pieza que no funcionaba, como pudo ser Rafa Benítez o algún que otro jugador. Florentino Pérez aseguraba tras la final de este sábado que nunca había visto un vestuario tan unido. Ramos, al que el presidente le señaló como "el artífice" de hacer esto posible, comentó que "cuando hay un equilibrio y estabilidad desde arriba (en referencia a la directiva), eso se nota en el vestuario".

El buen ambiente entre unos y otros y la coordinación entre todos los estamentos también ha llevado al Madrid a ganar. No se han necesitado hacer grandes revoluciones y tampoco fichajes galácticos para ganar estas tres finales. Al contrario, se han mantenido las principales piezas, dejando a otras que maduraran y añadiendo algunas que perfeccionaron al grupo.

Si el Real Madrid ha ganado la Duodécima con los mismos jugadores que la Undécima, más clarificador es el dato con los que estuvieron en las tres Copas de Europa de estos últimos cuatro años. Son doce los jugadores (con relevancia en los títulos) que, como mínimo, estuvieron desde 2014: Carvajal, Marcelo, Sergio Ramos, Pepe, Varane, Nacho, Casemiro Modric, Isco, Benzema, Bale y Cristiano Ronaldo. Esto es más de la mitad de una plantilla, una barbaridad.

El Madrid es ya el mejor equipo de la historia del fútbol y posiblemente sin el posible lo es de la historia del deporte.

LA DUODÉCIMA POR TODO LO ALTO

Aránzazu Gálvez

Tras los protocolarios actos en las sedes de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, la plantilla del Real Madrid mantuvo su fiel cita con la diosa Cibeles una vez más. Llegados a una plaza abarrotada con miles de aficionados en un autobús descubierto, los jugadores se dirigieron a la plataforma montada alrededor de la fuente al ritmo del himno del club.

Los dos capitanes del equipo, Ramos y Marcelo, acudieron con el trofeo hasta lo alto de la estatua para vestir a la diosa con una bufanda del Real Madrid, una bandera de España con el escudo del club y coronarla con el trofeo ganado en Cardiff la noche del sábado. Para despedirse, con uno a cada lado, propiciaron sendos besos a las pétreas mejillas.

Una vez saciado el ánimo de los aficonados que llevaban horas esperando a sus ídolos, los jugadores regresaron al autobús para culminar el día con la gran fiesta preparada en el Santiago Bernabéu.

Ya en el estadio, liberados de los compromisos, la apoteosis se desató ante una afición que llenó la grada. Con un espectacular escenario e iluminación, la comunión entre público y jugadores fue total mientras se iban sucediendo los cánticos y agradecimientos. El tramo final de la celebración echó a andar al ritmo de la canción de Luis Fonsi "Despacito". Las luces se apagaron y solo el resplandor de los teléfonos móviles y las imágenes de las pantallas del escenario propiciaban algo de iluminación a la situación.

El año de cada una de las doce Copas de Europa logradas por el club asomaron en medio del tablado instaurado en el centro del césped del recinto.

Fue el momento en el que uno por uno fueron apareciendo, reclamados por Miki Nadal y alumbrados por un magnífico juego de luces. Zinedine Zidane y el resto del cuerpo técnico fueron los primeros en alcanzar el escenario preparado. Después cada jugador. Cristiano Ronaldo, Marcelo y Sergio Ramos fueron los últimos en ser llamados por el locutor. El portugués fue el más ovacionado. El brasileño apareció con el trofeo de Liga, que también fue ofrecida a la afición. El capitán, Ramos, puso el cierre a la relación de integrantes de la plantilla. Irrumpió con la Duodécima en sus manos y una corona con SR4 inscrita, en su cabeza.


Con el plantel al completo los jugadores elevaron los trofeos acompañados por el "We are de champions" para dar paso a los discursos de Zidane, Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo, para el que el público pidió un nuevo Balón de Oro.

domingo, 4 de junio de 2017

REY DE EUROPA Y NADIE MÁS

Carlos de Blas

Un 20 de mayo de 1998, un Real Madrid sediento de gloria europea tras 32 años de sequía se medía a la todopoderosa Juventus de aquellos días. El fuera de juego de Mijatovic entró directo a los anales de la historia madridista. Ese tanto no sólo supuso la séptima corona europea, no. Un gigante había sido despertado de su largo letargo.

Diecinueve años después, la providencia dispuso que ambos conjuntos se volvieran a encontrar a las puertas de la gloria. Pero esta vez, el gigante vestía de blanco (morado sobre el campo) y el aspirante hablaba italiano. Pero si bien aquella vez el aspirante se impuso al favorito, este sábado 3 de junio el Real Madrid no dejó espacio para la duda.

Bajo techo en Cardiff, como ocurriera en Amsterdam, el Real Madrid levantó su duodécima Liga de Campeones. Abrió el marcador Ronaldo, igualó Mandzukic con un golazo en la primera mitad y de nuevo el astro portugués, sumándose al trallazo de Casemiro, junto a la guinda en el descuento de Asensio, pusieron el 1-4 que quedará sellado en los anales de la historia.

Lejos quedará que la dicotomía Bale o Isco para el once titular. Se impuso el malagueño sobre un galés en estado de convalecencia. No sin desmerecer la forma de Isco en los últimos meses. Ahí se entra en la valoración de Zidane como técnico del Real Madrid. Se seguirá tildando de "alineador", remarcando su "flor"... pero los hechos están al alcance de todos, dos Ligas de Campeones consecutivas en 18 meses, lo que nadie había logrado hasta ahora, saber repartir los minutos de una plantilla que en una gran final se ha permitido dejar en la grada a jugadores como Lucas Vázquez y James Rodríguez sin que el banquillo se resintiera, reconvertir a Cristiano Ronaldo en un Hugo Sánchez del siglo XXI y marcar cuatro goles en noventa minutos a una Juventus que sólo había recibido tres tantos en contra el resto de la competición (incluyendo los 180 minutos contra una delantera formada por Messi, Luis Suárez y Neymar).

Este el bagaje que queda del Real Madrid de la Duodécima. Regresando al césped del Millenium Staduim de Cardiff tenemos a una Juventus que acongojó al equipo blanco en el primer cuarto de hora de final. Higuaín, invocando fantasmas del pasado, soliviantó la moral en los primeros instantes con dos ocasiones en apenas dos minutos. Luego Pjanic, como un cazador experimentado, aguardaba en la frontal para cazar los rechazos que forzaban una y otra vez las estiradas de Navas.

Pero justo cuando más sufría el Real Madrid, azotado por el dominio de una Juventus enfurecida, llegó un contraataque de oro. Condujo Kroos, repartió a Benzema, de espaldas en el centro, se revolvió el francés y cedió a la derecha para que Carvajal, internándose en el área, devolviera la pelota al centro de la frontal para que apareciera Cristiano Ronaldo para ejecutar un disparo medido a la cepa del poste derecho de Buffon.

Llegó el 1-0 y el Real Madrid lograba poner calma ante el dominio italiano. Pero la alegría en la casa blanca duró bien poco. Seis minutos después del gol a favor, la Juventus, que no se amilanó con el marcador en contra, tuvo en Mandzukic la figura de salvador. El croata, en una jugada con cinco toques sin que el balón bajara al suelo, fimró una medio volea que quedará fijada como uno de los mejores goles de la competición. Quizás Navas pudo hacer algo más, pero lo cierto es que el remate de Mandzukic resultó inapelable.

El empate hizo justicia al juego desplegado por el conjunto italiano durante la primera mitad. Pero en una final poco importa el trabajo hecho hasta el momento si ese momento no es el pitido inicial.

Tras los primeros cuarenta y cinco minutos, la Juventus se quedó con el sabor de tener en su mano la final. Pero en la segunda parte, el Real Madrid cogió de la mano el destino para decir que este miércoles sólo iba a haber un equipo.

Atrás quedó la superioridad de los de Allegri, una vez se dio pie a la última mitad de la competición, el Real Madrid tomó el mando del partido para no dejarlo escapar. Hubo unos primeros minutos de incertidumbre, dominados por los parones y las faltas. Pero dentro de esas pausas había un patrón que no tardó en sobresalir.

El Real Madrid hizo suyo el partido y llevó la final a la mitad de campo italiana, que conglomeraba a sus once jugadores en los límites del área de Buffon. Poco a poco, el grupo formado por Casemiro, Kroos, Modric, Isco y Benzema tomó la pelota y no la soltó. Faltaba ese último esfuerzo para descubrir a Buffon bajo palos, pero la paciencia acabó dando frutos.

En el minuto 61, tras una sucesión de largas posesiones en torno al área italiana, Casemiro no se lo pensó y mandó un trallazo sin contemplaciones desde más allá de los 30 metros de distancia. Ayudado por el toque de un zaguero anónimo, el balón engañó lo suficiente al titán de Carrara para acabar en el fondo de las mallas.

Sin dar tiempo a asimilar el golpe, Modric recuperó la pelota en tres cuartos, lanzó una pared con Carvajal y llegó a la línea de fondo para centrar al primer palo donde Cristiano Ronaldo clavóo al primer toque el mortal 1-3.

Corría el minuto 64 aún, pero la sensación en el estadio fue de punto y final. Lo intentó Allegri con los cambios, pero la desesperación se hizo hombre cuando Cuadrado vio la segunda amarilla en los doce minutos que disputó tras suceder a Barzagli. El éxtasis se fue apoderando de público y jugadores. Esta vez no hubo que esperar al descuento. Pero en caso de duda, Asensio dejó su huella para certificar el 1-4 definitivo en el minuto 90.


Ese guarismo, el 1-4, será el que quede grabado en la historia. Dos goles de Cristiano, uno de Casemiro y Asensio con la guinda, sin olvidar el golazo de Mandzukic que puso la incógnita a una ecuación resuelta en una segunda parte espléndida. Gracias a ella, el Real Madrid puede gritar con orgullo a los cuatro vientos que es el digno vencedor de la actual edición de la Liga de Campeones. La tercera en cuatro años y la segunda de manera consecutiva. La Juventus despertó a un gigante 19 años atrás, hoy se volvió a encontrar con él y no tuvo piedad.

sábado, 3 de junio de 2017

EL MADRID ESPERA LA DUODÉCIMA

Carlos de Blas

El Millennium Stadium de Cardiff acoge este noche el enfrentamiento de anhelos de dos aristócratas del Viejo Continente que se han afirmado como los mejores equipos de la actualidad. El Real Madrid, equipo más goleador del torneo (32 goles frente a los 21 anotados por los italianos) examina su ambición histórica ante la hambrienta Juventus, el mejor muro defensivo del campeonato (con sólo 3 goles encajados y dejando a cero al Barcelona de Messi, Neymar y Luis Suárez). Los españoles ansían condercorar este lustro distinguido con la gesta de destacarse como pionero en la repetición de la conquista de la Copa de Europa -nadie lo ha logrado en la era Champions League- y cerrar el curso con un doblete que no degusta la Cibeles desde 1958. Los turineses, por su parte, quieren vengarse de la afrenta sufrida en 1998 (con motivo de la Séptima merengue), clausurar el triplete en esta temporada única (tras el Scudetto y la Coppa) y refrendar su estatus glorioso tras el descenso administrativo provocado por el Moggigate y la clara derrota ante el Barça de Luis Enrique en 2015.

Los juventinos, que ejercerán como locales en el recinto galés, no han escondido su motivación. "El Real Madrid llega con una sensación diferente a la nuestra, ya que ellos han ganado ya el título. Es un partido que puede cambiar el rumbo de nuestra historia", declaró en al vigilia Gianluigi Buffon, la piedra angular del proyecto -junto con Bonucci, Barzagli, Chiellini y Marchisio- que aspira al Balón de Oro si sale victorioso. El guardameta, de 39 años, había envuelto este duelo como "un final perfecto para mi carrera" y el evento idóneo para "cerrar el círculo" que devuelve a la institución a la élite. El caso es que los bianconeri sólo han ganado dos de las ocho finales de Copa de Europa que han jugado, y el capitán de la azzurra conoce el peso de esa losa porque él ha caído en dos de ellas (ante el Milan en 2003 y en la mencionada ante el Barcelona, en Londres). Ha animado a sus compañeros a afrontar la batalla "sin ningún tipo de resquemor ni problema". "Lo más importante es que seamos un equipo, un grupo compacto, y que los cimientos de nuestro trabajo sean el altruismo y el juego colectivo", zanjó.

La estructura básica de funcionamiento de Massimiliano Allegri ya sabe lo que es eliminar al Madrid en un peldaño prestigioso (lo hicieron en las semifinales de 2015). El conjunto de la familia Agnelli se deshizo, entonces, de Pogba, Vidal, Tévez, Morata, Pirlo y demás peones artísticos, pero no de su bloque defensivo. El técnico ha resultado fundamental en la reconstrucción que ha disparado el protagonismo ofensivo de los laterales (Alex Sandro y, sobre todo, Dani Alves), ha entregado a Dybala e Higuaín la jurisdicción de lo trascendental y ha poblado la medular con lanzadores como Pjanic y Khedira. La presencia de Mandzukic o Cuadrado corresponden a las variantes de estilo y táctica que maneja el campeón italiano (ha ganado las últimas seis ligas). Con el croata en cancha, el balón largo cobra sentido; con el colombiano, regateador que podría caer sobre Marcelo, la amenaza en estático y en transición se multiplica. Pero las dos opciones no influyen en el despliegue coral intenso y tacticista. Allegri dispone también de su tridente defensivo aunque al gigante culé le arrodillaron con defensa de cuatro. Y ahí no acaba lo colorido de su batuta: Dani Alves fue extremo en las semis ante el Monaco, con Barzagli com lateral diestro defensivo.

"Tenemos que elegir el momento de atacar y el momento de defender; si lo hacemos bien tendremos la oportunidad de llevarnos la copa", ha manifestado un preparador ya asentado en la cima de su gremio. "La diferencia con 2015 es que ahora estamos en la final mereciendo estar ahí. Hace dos años no teníamos, quizá, ese convencimiento; veníamos de varios años en los que nos costó mucho en la Champions. Ahora hemos tenido un recorrido distinto, hemos hecho una campaña muy bonita y llegamos con un enfoque diferente", ha argumentado un Allegri que ha entregado el favoritismo al Madrid -astucia de viejo zorro- pero ha subrayado la vehemencia con la que afrontan la empresa: "Esta vez tenemos que poner las manos sobre el trofeo. El Madrid es el favorito, pero vamos a poner lo que ellos no tienen". La visualización turinesa de catarsis, pues, está servida.

"Esperemos que no lleguemos a esos niveles de inquietud ni nerviosismo. En los últimos años hemos vivido momentos únicos y ojalá podamos hacer un partido como lo estamos planeando, porque estamos ante una cita histórica", sintetizó Sergio Ramos en la previa del duelo y sobre la mentalidad de su camarín. "Atravesamos un buen momento anímica y físicamente", expuso un capitán capitalino que concluyó su diagnóstico recalcando que "partimos los dos equipos de cero. En este partido el papel de favorito es una opinión y es respetable. Las estadísticas no ganan partidos y hay que dejar todo al margen". Y, ante la provocación efectuada por Dani Alves (que afirmó horas antes que el gol de Mijatovic fue en fuera de juego), le respondió que "estaremos allí a las 20:45". No aparenta adolecer de personalidad esta final.

Aunque muchos análisis basados en la estadística reducen la constelación de posibilidades a un duelo ortodoxo de estilos -con los bianconeri atrincherados, luciendo músculo defensivo y buscado cazar contras venenosas, y con los españoles dominando la posesión y mandando centros al área, su estratagema preferida-, ambos equipos manejan ratios calcados de posesión de balón (53%) e iniciativa. Porque, aunque rechine, las libretas de Zidane y de Allegri son más similares de lo que pudiera parecer. No obstante, ambos planes de juego se sienten más cómodos al galope de la contra, pero están capacitados para portar el peso de la iniciativa y la propuesta. El Madrid tiene más calidad y fondo de armario, pero la Juve también posee una buena dosis de ambos; los transalpinos gozan si el ajedrez se mueve en la hiperactividad, el físico y la verticalidad, y los madridistas también. Es por ello que el técnico francés ha avisado en su comparecencia: "Va a ser un partido muy abierto de los dos lados. No creo que la Juventus haga catenaccio cerrado. La Juve no tiene sólo eso. Ataca muy bien. Y más hoy en día".


El sustituto de Rafa Benítez ha preponderado el trabajo y el mediocampo como elementos decisivos. Da por hecho que el desafío que se les viene encima contempla la prohibición de caer en una desconcentración o desatención táctica coyunturales, pues la Vecchia Signora es experta en amortizar esos descuidos. El bloque de Concha Espina es el tercer club más goleado del torneo, y de ahí nace la seguridad italiana. Son 17 los goles que ha recogido Navas de su portería y buena parte de ellos han llegado por pérdidas que han pillado partido al equipo o por la vía de la falta de compromiso de todas las piezas en las coberturas defensivas. Esos fantasmas, familiares, han sido mitigados en las últimas fechas, pero han costado a los campeones de Liga más de un esfuerzo agónico a lo largo del curso. Los costados de Casemiro y las superioridades por banda serán los flancos sobre los que podría sufrir un Madrid no cohesionado. Y en la espalda de Alves y Alex Sandro y del doble pivote Pjanic-Khedira (si no lo refuerza Allegri con Marchisio) se despeja el horizonte de la ofensiva española. Bajo un paisaje de reducción de espacios para correr.

Es este apartado el que todavía hace dudar a Zidane. Isco aportaría una mayor control del cuero, juego entre líneas y en la mediapunta, de excelente resultados si se asocia con Benzema por dentro. Además, el 4-4-2 se ha contrastado como el dibujo que da más consistencia a sus pupilos. Pero Bale, que ha confesado no estar al 100%, sangraría a los ofensivos carrileros rivales, convirtiendo cada robo en peligro perenne para Buffon. Ese dilema es el que contempla Allegri con respecto a salir con tres zagueros o apostar por la ambición y punzar con Cuadrado o Alves como extremo. En cualquier caso, esas son argucias que podrían implementarse a lo largo del partido, según la necesidad de cada cual. No se antoja fuera de eje, por tanto, vaticinar tramos de lucha por la pelota, con presiones elevadas, e, incluso, intervalos de cesión de metros y achique madridista. Ambos equipos disfrutan de estructuras líquidas y no rígidas sobre el césped. Esa es la mayor virtud que les ha traído hasta este peldaño.


"Lo que más me interesa es llegar bien físicamente", proclamó el entrenador madridista. En efecto, en este punto del calendario y después de haber llegado hasta el final en casi todas las competiciones, lo anatómico podría marcar diferencias y las rotaciones, de ser así, establecerían un privilegio merengue. Porque, por ellas, Keylor Navas, Luka Modric o Cristiano Ronaldo han llegado en el mejor estadio de forma del curso. El goleador es la punta de lanza del aterrizaje capitalino en este evento, con ocho goles entre cuartos de final y semifinales. Además, los 64 partidos consecutivos habiendo anotado un gol entregan la sensación de amenaza al candidato nacional. Sin embargo, la eficacia en la economía de los toques para llegar a la meta oponente de la Juventus, su pegada y su solidez en el achique, plantean un duelo incierto de alta riqueza táctica. La voluntad de hacer historia o el hambre del faraón caído en desgracia primarán y Europa volverá a tener patrón después de una contienda con aroma a clásico de este deporte.

jueves, 1 de junio de 2017

GRIEZMANN SIGUE SU PULSO

La estrella francesa del Atlético de Madrid no ceja en su  empeño de renovar al alza su contrato o forzar la salida del club

Antonio Blanca

Desde que empezó sus vacaciones ha ido tensando la cuerda más y más. Mientras hace sólo unas semanas prácticamente juraba amor eterno al Atlético de Madrid, ahora sus palabras apuntan a todo lo contrario. Antoine Griezmann ha ido enredando su futuro poco a poco, siempre dando pasos al frente, nunca rectificando lo anterior. Cada vez que habla, nubla más su destino como jugador rojiblanco. Confirmada la sanción, la estrella del equipo carga cada día de más tensión el ambiente. Llenar más los bolsillos, el objetivo...

Tras dejar diferentes mensajes poniendo en duda que vaya a continuar en el Atlético de Madrid, este miércoles siguió por el mismo camino en una entrevista concedida a 'SNTV'. "Mi futuro se decidirá este verano, mis agentes están hablando con el club", afirmó, recalcando que "mi destino está en manos del presidente". Desde hace tiempo hay abiertas firmes negociaciones entre las dos partes con el fin de prorrogar el contrato del futbolista, que expira en 2021. Ha encontrado el momento perfecto, con el castigo del TAS, para sacar tajada y ver sus emolumentos notablemente aumentados, su gran deseo.

En la masa social atlética no ha sentado nada bien la táctica empleada por el futbolista, no olvidan sonadas fugas como la del Kun Agüero. Tampoco en las oficinas del Vicente Calderón baten palmas, más bien todo lo contrario. Recalcó en esta última aparición que es "feliz en el Atlético", igual que deja abierta la puerta de salida al decir que "si me marcho, la fecha dependerá de la fase clasificatoria para el Mundial de Rusia". Los que mandan tienen muy claro que para desconectar por completo este asunto, la única vía es poner encima de la mesa dinero, que es lo que quiere el atacante.

No gustan este tipo de actuaciones en ningún club, menos en el caso del Atlético de Madrid, expuesto a la confirmación de una sanción que no le permitiría inscribir nuevos jugadores hasta enero de 2018. Si se confirma este hecho, una salida de Griezmann dejaría al equipo muy mermado, demasiado para afrontar sin nuevos jugadores los primeros meses de la temporada que viene. Ese escenario es temido porque Simeone dejó claro hace tiempo que necesita efectivos frescos para seguir luchando por permanecer en la élite que tanto le costó alcanzar al club madrileño.

Aunque solo hace un año que estampó su firma en un nuevo contrato, a la vista de los numerosos pretendientes que tenía, los altos ejecutivos del club llevan tiempo intentando negociar unas nuevas condiciones, con prórroga, aumento de ficha para el jugador y subida de la cantidad, 100 millones de euros, estipulada en la vigente cláusula de rescisión. No quiso el francés que su libertad tuviera un precio superior, lo que generó cierta tensión. La sombra de algún club dispuesto a abonar lo reflejado en la citada cláusula permanece acechando la vida de la institución, mientras el protagonista no para de generar dudas.

Reconoció el jugador que ha hablado con Simeone, Koke y Godín últimamente, pero dejó en el aire un "veremos qué es lo que pasa" que no ayuda a desenredar el asunto. Si el Atlético de Madrid le mejora el sueldo, como Griezmann pretende, posiblemente el escenario se despejaría de manera satisfactoria para el club rojiblanco. Otra cosa sería que el TAS hubiera abierto está próxima ventana de fichajes, pues esos 100 millones se podrían emplear para recuperar a Diego Costa, el eterno sueño del entrenador argentino, además de ayudar a cerrar otras contrataciones —Vitolo, Fabinho...— que el argentino considera vitales.