martes, 15 de mayo de 2018

TODO TIENE SU FIN

Aránzazu Gálvez


El Barcelona cerró su ciclo invicto. Contra pronóstico, el Levante se convirtió en el primer verdugo de la escuadra barcelonista desde que el Málaga, en la temporada anterior, derrotara a los azulgrana un 8 de abril de 2017 (2-0). Desde entonces, 43 partidos (un año y cinco semanas) sin manchar el casillero de partidos perdidos, desglosados en siete jornadas de la campaña 16-17 y 36 de la 17-18 a punto de ser clausurada.

El Barcelona de Ernesto Valverde y, antes, de Luis Enrique toma el relevo como equipo con más encuentros sin perder que poseía la Real Sociedad entrenada por Alberto Ormaetxea (38 partidos imbatido entre las temporadas 78-79 y 79-80). Aquella Real que en la 80-81 y en la 81-82 se alzaría con sus dos campeonatos ligueros. Su imbatida secuencia anterior daba muestras de modo anticipado de un bloque que muchos niños de entonces recitaban como el padrenuestro. Arconada, Celayeta, Zamora, Perico Alonso, Satrústegui o López Ufarte conformaron un equipo con unos honores que no tenían mucho que envidiar de los Ter Stegen, Piqué, Busquets, Iniesta, Messi o Luis Suárez.

Si el delantero ghanés Boateng fue el principal artífice del fin del récord del Barcelona con sus tres goles, aquella mítica Real Sociedad vio interrumpida su ristra de choques sin perder por dos goles del delantero argentino sevillista Bertoni. Fue un 8 de mayo de 1980 y el Sevilla se impuso en el Ramón Sánchez-Pizjuán por 2-1 cuando faltaban dos jornadas para el final de la competición. El joven López Ufarte se hartó de llorar en la caseta del estadio nervionense, pero no por haberse truncado la extraordinaria marca, sino porque el conjunto donostiarra se quedaba sin opciones, con esa derrota, de ganar su primera Liga.

El registro del Barcelona no es un caso insólito en el fútbol europeo. Un vistazo a las ligas de los países vecinos deja entrever rachas no menos meritorias que la lograda por el conjunto azulgrana de Luis Enrique y Valverde.

En la cúspide de los registros continentales luce el Milan de Fabio Capello, que no perdió después de 58 jornadas ligueras entre las temporadas 1991 y 1993. Aquel equipo de Baresi, Maldini, Rijkaard, Ancelotti, Gullit o Van Basten cayó derrotado finalmente ante el Parma con un tanto de Asprilla.

Al equipo rossonero le sigue el Bayern Múnich de Jupp Heynckes y Pep Guardiola, que se mantuvo sin hincar la rodilla un total de 53 jornadas entre los años 2012 y 2014. De Baviera a las islas británicas, en las que el Arsenal de Arsene Wenger acumuló 49 partidos ganados entre 2003 y 2004. De nuevo en el continente, en Francia, el escalón más alto del podio lo ocupa el PSG de Laurent Blanc con 36 choques entre 2015 y 2017.

En las competiciones menores, las cifras se multiplican. Ahí cabe destacar, como anécdota, los periodos hegemónicos del Steaua de Bucarest (1986-89) de Belodedici, Boloni, Lacatus o Balint: 104 partidos invicto. Y más cerca de casa, los 88 partidos sin perder del Lincoln gibraltareño entre 2009 y 2014. Pero eso ya es otra historia... y otro nivel.

lunes, 14 de mayo de 2018

LIGA SIN RÉCORD

El Barcelona cayó en el Ciudad de Valencia y ya no podrá firmar una liga en la que no haya conocido la derrota

Antonio Blanca

Aún falta una última jornada de La Liga Santander por disputarse, pero no habrá nada nada en juego. Ya están decididos todos los puestos europeos y los descensos de la próxima temporada. El Villarreal y el Betis irán a Europa sin disputar previa de Europa League, mientras que el Sevilla ya tiene asegurada la séptima plaza.

El Sevilla, después de empatar 2-2 en el estadio del Betis, selló su billete para la próxima edición de la Liga Europa, competición de la que se despidió el Getafe tras perder 0-1 ante el Atlético, segundo en la clasificación por delante del Real Madrid, que goleó 6-0 al Celta.

Los principales focos de la jornada apuntaron a dos sitios: el Benito Villamarín y el Coliseum Alfonso Pérez, donde Sevilla, en un duelo al rojo vivo con el Betis, y el Getafe, incapaz de ganar jamás a un Atlético dirigido por Simeone, se jugaban en 90 minutos la séptima plaza y última con acceso continental.

Al final, el Sevilla se llevó el gato al agua después de sufrir ante su gran rival, que en el choque de ida le propinó un humillante 0-5. El empate fue suficiente para aventajar al Getafe en tres puntos y, con la diferencia de goles a favor, se adjudicó la posición para la que fue contratado Joaquín Caparrós. El técnico del Sevilla ha conseguido enderezar el mal rumbo que llevaba su equipo antes de su llegada. En el Benito Villamarín, culminó su trabajo pese a iniciar el duelo con un tanto de Marc Bartra en los primeros minutos después de cabecear una falta sacada por Joaquín. Ya en la segunda parte, Ben Yedder empató el duelo con un tanto extraño en una jugada con un resbalón y un rebote que favoreció al francés para hacer tablas. Después, a once minutos del final, el danés Simon Kjaer adelantó al Sevilla y luego Loren evitó la derrota del Betis. Todos acabaron contentos, el Betis, que aún puede ser quinto y no perdió con su vecino, y el Sevilla, que aseguró la séptima plaza.

Lo logró porque el Getafe no pudo con el Atlético. Sin duda, con Simeone en el banquillo, es su "bestia negra". En 13 partidos entre Liga y Copa, ha sumado dos empates y once derrotas con 26 goles en contra y ninguno a favor. De antemano, eran datos poco halagüeños que se ampliaron tras la victoria por 0-1 con un gol de Koke Resurrección en la primera parte. En un duelo muy trabado, con muchas faltas que podrían haber perjudicado al club rojiblanco a pocos días de disputar la final de la Liga Europa ante el Olympique de Marsella, entre Koke y el esloveno Jan Oblak, que paró un penalti al marroquí Fajr, acabaron con el sueño del Getafe. Fajr falló la séptima pena máxima del Getafe esta temporada, en la que ha dispuesto de hasta once lanzamientos. Si hubiera marcado, el club azulón habría tenido opciones en la última jornada de jugar en Europa. Pero no fue así y el Atlético, además, se mantiene en la segunda plaza que se jugará con el Real Madrid el último día.

El equipo de Zidane, sin Ronaldo y sin Sergio Ramos, con el regreso de Isco Alarcón tras superar una lesión y con una gran actuación de Bale, pasó por encima del Celta (6-0) en un encuentro trámite a dos semanas de la final de la Liga de Campeones. Bale se reivindicó de cara a la final con dos buenos goles, sobre todo el segundo, que obligará a Zidane a meditar si el galés merece un hueco contra el Liverpool. Isco también llamó a la puerta de la titularidad con otra actuación sobresaliente y con una obra de arte en su tanto, el tercero. El Real Madrid, afina la maquinaria para el asalto a la decimotercera Copa de Europa.

En Riazor, el Villarreal ahondó en la herida del Deportivo, que brindó a sus aficionados una derrota en su último partido en Primera división ante ellos. Aunque tuvo un arranque de dignidad en la segunda parte, con dos goles de Borja Valle, dilapidó los puntos en un primer acto errático. En los 45 minutos iniciales, el cuadro castellonense no tuvo piedad y, en una primera parte eléctrica cimentó los puntos con los que se mantiene en la quinta plaza. Primero, con un golazo de Samu Castillejo, que quitó las telarañas de la escuadra derecha de la portería defendida por Rubén Iván Martínez con un disparo desde fuera del área; después, acertó Manu Trigueros, tras cabecear un centro de Mario Gaspar; y, de nuevo, Castillejo, al borde del descanso, hizo el tercero.

Mientras, en Anoeta,la Real Sociedad vivió un día emotivo por las despedidas de Xabi Prieto y Carlos Martínez. Ni el conjunto vasco ni el Leganés se jugaban nada y el foco apuntó a dos jugadores que disfrutaron de una despedida a la altura de su carrera. Los dos llegaron al primer equipo procedentes de la cantera. Han sido un par de hombres de club. Carlos Martínez ingresó en la primera plantilla en la temporada 2009/10 y Xabi Prieto en la 2003/2004. Su entrenador, Imanol Alguacil, tenía reservado para ambos su momento de gloria. Empezaron el duelo en el banquillo y en los diez últimos minutos entraron en el campo para sustituir a Juanmi Jiménez y a Álvaro Odriozola. El resultado final, 3-2, con goles de Mikel Oyarzabal, Sergio Canales y Willian José de penalti para la Real, y de Diego Rico y de Miguel Ángel Guerrero para el Leganés, fueron lo de menos. Lo mejor vino después del encuentro, cuando Xabi Prieto y Carlos Martínez disfrutaron de un pasillo, una vuelta de honor y un manteo con los que fueron reconocidos por aficionados, jugadores y técnicos. La afición del cuadro donostiarra coronó el momento cantando el himno de la Real a "capella".

En Éibar también se vivió otro día de despedidas en otro partido intrascendente. Se marcharon dos jugadores clásicos del club, Dani García y Capa, y el resultado 1-0 ante Las Palmas, con un gol de Charles, fue el mejor homenaje para dos hombres que fueron ovacionados.

El Valencia, después de seis partidos sin ganar, por fin se resarció con una victoria. La consiguió a domicilio frente al Girona con un solitario tanto de Luciano Vietto. El cuadro catalán, sólo ha ganado uno de los últimos ocho encuentros que ha disputado. Los hombres de Pablo Machín, acabarán mal su buena temporada.

En Vitoria, el Alavés celebró la renovación de Abelardo Fernández con una victoria sobre el Athletic (3-1) con la que aseguró acabar la Liga por encima de sus vecinos. José Ángel "Cuco" Ziganda, por contra, inició su despedida del banquillo rojiblanco con una derrota. Lo mejor del encuentro, el golazo de falta de Munir El Haddadi.

Por último en el Ciudad de Valencia, el cuadro de la ciudad del Turia sacó los colores del actual campeón, que tuvo tiempo de maquillar el resultado para un 5-4 final, que supuso la primera derrota del equipo de Ernesto Valverde que echó muchísimo de menos que Messi no jugara, no pudiendo cerrar así una Liga sin caer derrotado en alguno de los 38 partidos.

jueves, 10 de mayo de 2018

PREPARANDO EL ADIÓS

El Atlético de Madrid se hace a la idea que la salida del ‘7’ francés hacia el Barcelona es inexorable

Antonio Blanca

Antoine Griezmann tiene los días más contados en el Atlético de Madrid. Es a lo que parece abocado un caso en el que, salvo trucos legales (el Atleti pretende mantener el precio del futbolista en 200 millones para el Barça), quedará visto para sentencia a partir del 1 de julio, cuando su cláusula sea de 100 'kilos'. Una salida que deja un doble boquete en el Metropolitano. El primero, obvio, el deportivo. Parece complicado que los de Simeone vayan a encontrar, de partida, un futbolista tan top como el francés. Al igual que sucedió en su día con el propio 'Principito', tocará buscar un buen jugador y convertirlo en un clase mundial bajo el cincel del Cholo. El otro boquete tiene que ver con los ingresos que dejará el francés. Es la cara B del caso.

Porque el Atlético de Madrid no recibirá todo el dinero que suponga la salida de Griezmann. El 20% lo perderá y se marchará rumbo a Donosti. Cuando la Real Sociedad vendió a su entonces jugador al Atlético firmó que se guardaría ese porcentaje, una quinta parte, de cualquier futuro traspaso del ariete. Era la 'venganza' txuri-urdin a un proceso complejo. Complicado.

En aquella operación fue el Atleti el equipo que, como ahora está haciendo el Barça, presionó de mil y una maneras para quitarles a Griezmann a la Real. Lo logró. Por 30 millones de euros y ese pacto del 20% que ahora le reportará, mínimo, otros 20 a la arcas vascas. Negocio redondo. Para los de Anoeta, se entiende.

Porque para el Atlético será de todo, menos redondo. No solo por perder a su mejor futbolista, sino por hacerlo a precio de saldo (100 millones) y dejar menos dinero todavía (80) en sus cuentas. Es, en todo caso, el peaje colchonero al pacto que cerró la temporada pasada con el ariete, cuando estuvo a punto de irse al Manchester United.

Con el veto FIFA vigente, la directiva colchonera le pidió que se quedara un año más. El delantero aceptó a cambio de que su valor menguara un año más tarde y su ficha se disparara en esta temporada. Así ha sido. Y como se vaticinaba entonces, también parece que el ariete dejará el club cuando termine el curso.

lunes, 7 de mayo de 2018

EL MADRID NO PUDO CON EL ÁRBITRO


Polémico a la par que nefasto arbitraje el pergeñado por Hernández Hernández en el Camp Nou, donde sus decisiones perjudicaron sobremanera al equipo de Zinedine Zidane


Antonio Blanca


1 - El campeón mantiene su imbatibilidad
En inferioridad numérica, agarrándose a la épica y a la máxima entrega durante toda una segunda parte sin Sergi Roberto, se mantiene invicto en el campeonato liguero el Barcelona, sumando su noveno empate del curso liguero por 26 triunfos y ninguna derrota. Fue uno de los partidos que sintió más de cerca la posibilidad de caer pero ni la resolución del campeonato y la poca importancia de los puntos, le hizo rebajar la intensidad. Con lucha y carácter, amén de dos errores arbitrales a su favor, salvó un punto y su récord.

2 - La polémica se apodera del Clásico
Debía ser el último Clásico de Andrés Iniesta, genial futbolista español, una exhibición futbolística a la que ayudaba la intrascendencia de los puntos en juego y medir el orgullo de dos gigantes. La realidad fue bien distinta y en lugar de hablar de fútbol, la resaca está repleta de acciones polémicas y decisiones arbitrales. Zinedine Zidane se mantiene invicto en el Camp Nou tras cuatro visitas y el Real Madrid acabó clamando por la actuación arbitral pidiendo falta a Varane en el tanto de Leo Messi y penalti a Marcelo. Ernesto Valverde ve de cerca acabar una Liga sin derrota y el Barcelona responde a las quejas con la permisividad a una dura entrada de Bale y un gol anulado dudoso.

3 - El Espanyol acaba con un fortín
Nadie había sido capaz de conquistar el Wanda Metropolitano hasta que lo pisó el Espanyol. Un Atlético de Madrid con la mirada desviada a la final de la Liga Europa, con el desgaste de las semifinales en sus piernas y con un bajo rendimiento de los jugadores de refresco por los que apostó Diego Simeone, se vio superado con claridad por el equipo 'perico' que puso el cierre a la racha de imbatibilidad rojiblanca en partidos oficiales en su nuevo estadio en 1.152 minutos. Después de doce victorias y cinco empates, en su decimoctavo partido en su nueva casa, el Atleti volvió a perder un partido de local.

4 - Caparrós resucita al Sevilla
Después de siete partidos de Liga sin ganar, ganando 3 de los últimos 21 puntos para complicarse sus posibilidades de jugar competición europea la próxima temporada, el cambio en el banquillo sevillista surgió el efecto deseado. La resurrección del Sevilla llega con el técnico que mejor lo conoce, Joaquín Caparrón, que trece años después se volvió a sentar en el banquillo local del Sánchez Pizjuán para aportar a su equipo la fe y garra que le faltaba desde que su sueño de 'Champions' se desvaneciese ante el Bayern. El triunfo por la mínima ante la Real Sociedad devuelve la confianza antes de recibir al Real Madrid y la esperanza de no vivir un año sin competición europea con el Real Betis, eterno enemigo, ya clasificado para la Liga Europa.

5 - El Valencia vuelve a la Champions
Tres años después de su última participación en la competición de mayor prestigio del mundo a nivel de clubes, la Liga de Campeones, el Valencia regresa gracias a la mano de Marcelino García Toral, los fichajes de Neto, Guedes o Kondogbia, el nivel de Dani Parejo y Rodrigo en una gran Liga, con una espectacular primera vuelta en la que firmó 40 puntos y hasta llegó a soñar por momentos en poder pelear el título. La derrota del Real Betis en San Mamés certificaba el premio antes de iniciarse el derbi de la Comunidad Valenciana en la casa del Villarreal. Poco importó salir derrotado en la recta final del duelo, el gran objetivo del curso tras años deambulando se había certificado con dos jornadas aún por jugarse. Tras perder dos finales seguidas en 2000 y 2001 ante Real Madrid y Bayern, el equipo ché volverá a estar entre los mejores de Europa.

CLÁSICO DE ALTO VOLTAJE

Carlos de Blas

El Camp Nou reclamó los focos del planeta este domingo. El Barcelona, ya campeón de La Liga, y el Real Madrid, finalista de la Liga de Campeones, reprodujeron en el último partido del día otro capítulo de la rivalidad inherente al Clásico. Quizá la más genuina, pues no había nada en juego más allá del orgullo y del ajuste de cuentas acumulado. No obstante, los catalanes fueron vapuleados en la Supercopa de España y los capitalinos sufrieron un 0-3 en el Bernabéu, en el duelo de la primera vuelta. Así, el balompié mundial volvió a sentarse para degustar este evento de dimensión hiperbólica.

Lo que se vería fue un reto mutuo. Tanto Ernesto Valverde como Zinedine Zidane no ahorraron en los nombres de los comparecientes ni repartieron descansos. Además, dibujaron sendos 4-4-2 con la intención de herir a las flaquezas ajenas. Los culés salieron con Iniesta y Jordi Alba para atacar a Nacho y con Coutinho y Sergi Roberto para golpear a Marcelo. Los merengues quisieron ganar verticalidad y tender a la espalda de los laterales locales situando a Bale y Ronaldo como punzones exteriores. Y, por si fuera poco, los dos escuadrones presionaron a cancha completa y adelantaron sus líneas. Arriesgando sobremanera.

El delicioso planteamiento, predispuesto para el espectáculo atacante, constituyó un escenario de dominio alterno en el que la posesión no resultó un monólogo de nadie y los dos sistemas asumieron como válido el contraataque cuando rebasaban el primer filtro del cierre rival. De esta manera, el talento no tardó en amortizar el ajedrez, y los espacios consabidos, y antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora el electrónico lucía 1-1.

Avisó Luis Suárez con un remate urgido tapado por Navas -minuto 4-, tras pase entre líneas de Messi, y respondió Ronaldo con un centro-chut que estrenó los guantes de Stegen -minuto 5-. El luso abriría su relación de disparos de inmediato, al culminar una fluida combinación entre Benzema y Marcelo. El portero germano atajaría de nuevo el esférico. En la salida consiguiente, Sergi Roberto rompió en conducción y conectó con el delantero charrúa, que fracturó el balance defensivo madridista por el carril que debían cubrir Kroos y el lateral zurdo. Roberto llegaría hasta la línea de fondo para emitir un centro que Suárez envió a las redes desde el segundo poste y con un golpeo cruzado de tibia. 

Golpeó primero un Barça carente de menos revoluciones en el ritmo, pero cinco minutos más tarde se impondría el diapasón visitante. Busquets cometió un error en campo propio que Kroos tradujo en una transición venenosa. No replegó con la celeridad exigida el puntero y Ronaldo abrió con un taconazo para el centro del alemán. La parábola cayó en el segundo palo. Allí, Benzema cabeceó la redonda para devolverla al centro del área, lugar desde el que Ronaldo firmó las tablas. El luso quedó tendido en el verde, pues se había torcido el tobillo tras una entrada de Piqué. A 20 días de la final de Champions parecería lógico pedir el cambio. Asensio salió a calentar y se sentaría, pues el Balón de Oro no quiso irse de la escena. Sólo el tiempo definiría el ejercicio de gallardía como prudente o temerario.

Bale y Coutinho yacían fuera de una dinámica que frenó el tempo pasada la traca descrita. Cuando se atravesó el minuto 20, Jordi Alba no embocaba entre palos el pase de Messi, que detectó la enésima incorporación astuta del carrilero. Era el conjunto catalán el que aparentaba portar las riendas, con circulaciones controladoras que sólo el manchego o el 10 eran capaces de dotar de profundidad -retraro de todo el curso-. Sin embargo, desde el 25 de envite la personalidad madridista gritó protagonismo. Kroos, Ramos, Marcelo y Benzema cultivaron una red de ayudas que construyó una asociación continuada que negó al Barça la recuperación rápida, obliglándole a ceder metros y la iniciativa.

Los de Zidane amontonarían peso en el minutaje y llegadas con peligro, fruto de esa maniobra autoritaria. La primera aconteció en el 23, con centro de Nacho y cabezazo desviado de Ronaldo. El portugués acumularía otros tres intentos: un remate que salvó Stegen, un lanzamiento que lamió la madera y un testarazo que no encontró arco. En el entretanto, se congeló el ardor del achique azulgrana -pisotones de Rakitic y Coutinho al tobillo de Casemiro y al talón de Marcelo, en el prólogo- y Benzema y Kroos también ejecutaron tratativas desatinadas. En definitiva, el Txingurri decretó el modelo de repliegue y contragolpe para ganar el descanso.

Pero antes del camino a los vestuarios, y después de que Navas tapara la única aproximación de Messi -culminada con chut a las nubes de Rakitic, en el 41-, la temperatura entró en un estándar explosivo. Se afeó la visión y la tensión rebosó. Bale se ganó la roja con un planchazo al gemelo de Umtiti -no vio tal cartulina- y Sergi Roberto fue expulsado por un manotazo a Marcelo. Este nubarrón oscureció el valiente despliegue de los dos faros del balompié nacional. Y complicó aún más la pretensión de dominio de un Barça cortocircuitado por la atención en fase defensiva y la lucidez con el cuero de los de Chamartín.

Zidane decidió enclaustrar la ambición de Ronaldo, sustituido por Asensio antes de la reanudación, y Valverde señaló a un Coutinho intrascendente como el artista sacrificado para que entrara Semedo y remendara el agujero sobrevenido en su banda diestra. Bale pasó a la delantera, con el balear ocupando el papel del cuarto centrocampista pensado por el técnico galo y Marcelo alzó el telón con un robo a Iniesta y zurdazo por encima del larguero -minuto 47-. El zurdo recién entrado se toparía con Stegen en otra salida fulgurante merengue -minuto 51-, en el susurro de que la superioridad numérica iba a ser un factor notable. Pero aparció Messi para negar tal percepción: recogió la pelota proporcionada por Suárez -tras cometer una falta flagrante sobre Varane que Hernández Hernández decidió omitir- y ajustó su remate para el 2-1.

Valverde movió ficha, renegando del cuero y eligiendo el físico en tal circunstancia, y sentó a Iniesta -ovacionado en su última carrera en un Clásico- para incluir a Paulinho. La ola anímica brotada con la diana del argentino propulsó a un Barcelona corajudo y descarado, que mordió los desajustes tácticos del esquema madridista y racheó la subida de líneas. Entonces, se convencieron de firmar la gesta. Y se desdibujaron Kroos y la templanza y compromiso de los visitantes.

Zidane esperó hasta el minuto 68 para aumentar el armamento. Sacó a Nacho y metió a Lucas Vázquez. Había pasado la euforia barcelonesa y el cansancio comenzó a hacer mella en el equipo en ventaja. Se anunciaba un desenlace de esfuerzo agónico para el campeón de Copa, cada vez más recluido y con menos intrerés en combinar en estático. Se aferraba al talento de su estrella para cazar una contra que sentenciara, y esa opción se presentó en el minuto 71: Messi quedó en mano a mano con Ramos, en trayectoria vertiginosa, y su zurdazo fue desviado por un Navas extraordinario. Y dos minutos más tarde Asensio filtró un pase espinoso para que Bale empatara, de latigazo ajustado y en desmarque centrado -minuto 73-.

El cuarto de hora postrero no comenzó con aspecto de asalto madrileño a la meta de Stegen. El primer lance fue un  penalti clamoroso de Jordi Alba a Marcelo, que de nuevo el árbitro no quiso ver, subrayando que el peor sobre el césped era el árbitro, que perjudicaba a los de blanco. La colocación de Asensio, Bale y Benzema en la mediapunta, con Marcelo y Lucas Vázquez abriendo el campo, complicaría la defensa del invicto culé. Sólo Messi perturbó la inercia con dos relámpagos -uno fuera y otro exigiendo a Keylor-. Kovacic relevó a Kroos, Alcácer a Suárez y los intentos infructuosos de Modric y Marcelo darían carpetazo a un combate que gozó de muchos de los ingredientes que le son característicos.

jueves, 3 de mayo de 2018

NO HAY DOS SIN TRES


De nuevo se vuelve a hablar de la flor de Zidane tras la clasificación para la tercera final consecutiva del Madrid en Liga de Campeones bajo la batuta del astro francés, que más allá del azar, al menos algo estará haciendo bien


Antonio Blanca


Las malas hierbas crecen haya donde pueden. La orquídea perfumada de la noche solo crece los martes y los miércoles. A las 20:45. A la luz del foco europeo. Al resguardo de un equipo que sabe abonarla con delicadeza. Nitrato el que se ha sacado para aplazar el día de la flor al sábado. Tres años seguidos teniendo que viajar en sábado. Viaje a su lugar idílico. A un lugar que unos llaman utopía y que del que ellos han hecho costumbre.

El Real Madrid jugará su tercera final de Copa de Europa en tres años, ante otro clásico del viejo continente, el Liverpool de Klopp. Otra vez otra final. Otro gigante que cae por el camino. La flor que decían en los sorteos. Que eran equipos flojos. PSG, campeón en su país. Juventus, titán (también campeón) en Italia. Bayern Múnich, monopolio germano. Así año tras año. Otro partido épico, otra noche perfumada por aromas de grandeza. Otra noche vestida de blanco.

Empezó convulsa. Ramos sacó su lado más mainstream y decidió despejar de espuela en vez de sacarla fácil. Primero la A y luego la B, Sergio. Otra vez Kimmich abrió la lata. Un deja vú que se solucionó pronto. Escasos minutos después, Benzema puso las tablas para dejar claro que aquello era solo un error.

La eliminatoria la ha definido el acierto. El sustrato que nutre al gol. El Bayern ha echado mucha tierra pero se ha olvidado de regarla. Zidane ha sabido combinar el humus con la perlita. La flor no es otra que el éxito de un equipo épico camino de la leyenda.

La heroica, no obstante, la pusieron Modric, Benzema y Keylor. El  croata sentó cátedra con un partido magistral. Enésima lección de un futbolista digno de pasar al olimpo merengue. Los goles de Benzema esta vez fueron el agua de mayo de un manantial árido y sin vida el resto de la temporada. En la portería, uno que no hace ruido. Uno que para y no polemiza. Un tico que salió de Albacete y va camino de su tercera Champions League. Pura y larga vida para él.

24 segundos tardó Benzema en hacer el segundo tras pasar por vestuarios. Con ayuda de los alemanes, que se olvidaron de que había pitado el árbitro. Una venganza a escala de aquel gol de Makaay. 11 años ha del KO más rápido de la historia de la competición. El gato se demoró 12 segundos más para poner el 2-1.

Lejos de amedrentarse, los bávaros sacaron fuerzas de flaqueza. Tiraron con todo. Un Madrid endeble en defensa paró varios corazones en la grada y otros tantos que no sabían si agarrarse a la cerveza en el sofá o salir a fumar neurasténicos. Chapeau la actitud del cuadro de Heynckes. A decir verdad, fueron mejores en el cómputo global.
  
Pero goles son amores. Y a las flores dele usted amor. A esa orquídea perfumada de la noche prematura que solo necesita unas gotas de lujuria. De pasión futbolera y exacerbado éxtasis. Desde la disidencia, James empató el partido y dejó a los suyos a tiro de piedra.

Otra vez Keylor salvó a sus compañeros, a su entrenador y a ese señor que, tumefacto, no sabía si mirar a la televisión o poner la radio. Noche, por cierto, muy radiofónica. Noche de Champions. Tres palabras que debería incorporar el Madrid a su escudo. Tres finales seguidas tres. Doce títulos y uno que espera en Kiev. Plaza fría. Habrá de darle calor Zidane a esa dulce y linda flor.

miércoles, 2 de mayo de 2018

SUFRIR PARA HACER HISTORIA

Carlos de Blas


El Real Madrid sigue escribiendo con letras de oro su historia en la Liga de Campeones. Logró lo que no se había hecho hasta ahora el pasado año cuando repitió título en Europa y subió el listón este martes al clasificarse para su tercera final consecutiva. La obra de Zinedine Zidane.

Para ello tuvo que sobrevivir al Bayern de Múnich logrando un agónico empate a dos, haciendo valer la también sufrida victoria de la ida. Un doblete de Benzema por delante y una exhibición de Navas bajo palos.

Dos nombres que quedarán en la memoria de un equipo alemán que hizo todo lo humanamente posible para marcar. Con cualquier otro rival, la goleada en campo rival habría sido de órdago. Pero enfrente estaba un Real Madrid al que el destino aún le reserva otra noche europea más: Milán, Cardiff y ahora Kiev.

Si un mensaje había calado en el Real Madrid a lo largo de la semana que ha separado el partido de ida y de vuelta, era el de que no había que permitir un comienzo con el de la Juventus.

Zidane y Ramos habían hecho hincapié en que resistir la salida del Bayern iba a ser fundamental. Y pese a tanto aviso y con la experiencia de la Juventus, el pitido inicial sirvió para demostrar que la mente de los jugadores blancos no estaba en el partido de vuelta.

El técnico francés sorprendió en con un once titular en que solventó la baja de Carvajal en el lateral derecho bajando a Lucas Vázquez hasta ahí. Kovacic suplió a Casemiro como general en el centro del campo y Asensio y Benzema como acompañantes de Cristiano Ronaldo en la delantera.

Por su parte, Heynckes se encontró con la papeleta de suplir a Javi Martínez en la medular. El español, que arrastraba molestias desde la ida, quedó relegado al banco. El joven Tolisso fue el encargado de ocupar su lugar.

Con estos mimbres, el arranque del partido fue para el equipo alemán. La salida en tromba del Bayern fue asistida por el despiste del equipo local. En el minuto 4, el mejor ejemplo de ello cristalizó en el 0-1.

Dos llegadas claras por las bandas en un par de minutos y la tercera, desde la derecha, acabó en premio. El centro fue mal despejado por Ramos, que dejó la pelota muerta en las inmediaciones del área pequeña, donde llegó Kimmich para cazar el balón suelto y mandarlo con un testarazo al fondo de la red. Los ecos juventinos acallaron por momentos la repleta grada del Santiago Bernabéu.

El balón era de los alemanes y el Madrid se dedicaba a despejar como podía y buscar una contra rápida. En uno de estos momentos, pasados los diez minutos, Marcelo, que sigue jugando con su particular balanza de fallos atrás y acciones decisivas en el ataque, se marcó un centro medido al segundo palo donde apareció Karim Benzema para rematar de cabeza a gol.

Este empate rápido le valió al Madrid para templar ánimos, pero aún así, el dueño del partido seguía siendo el Bayern. Con una facilidad pasmosa lograba plantarse delante del área de Navas. Tolisso, Thiago y James ejercían de manera impasible su autoridad sobre el césped. En especial, destacaba el recital de pases del colombiano.

Si los fantasmas italianos acechaban al Madrid, los más recientes de la ida hacían lo propio con el Bayern, que seguía sin encontrar el gol pese a la ingente cantidad de ocasiones que generaba.



Ribéry volvía a hacer demostración de una segunda juventud pero Lewandowski no acababa de culminar el trabajo de sus compañeros. El francés, el colombiano y el hasta el central teutón Hummels entraban por el área rival sin apenas dificultad ante la parsimonia de la defensa blanca.

Entretanto, apenas una intervención de Cristiano Ronaldo al otro lado servía para apuntar ocasiones del lado local. Cuneyt Cakir pitaba el descanso y jugadores blancos y graderío respiraban. Habían sobrevivido a la primera mitad.

Con los mismos protagonistas sobre el césped, el destino guardaba un giro de guión para la reanudación. El saque de centro del Bayern acabó con la pelota en pies de Tolisso, que ante la presión decidió ceder la pelota a su portero para el pertinente despeje. Y aquí entra en juego Ulreich, que no podía coger la pelota con la mano por cesión y erró el buscar la pelota con el pie. Resbaló, cayó al suelo y asistió con una mirada terrorífica a la llegada de Benzema para empujar a placer la pelota al fondo de la red. El 2-1 subía al marcador.

Teniendo medio grogui por el golpe al Bayern, el Real Madrid aprovechó para combinar casi por primera vez en el partido. En el 53, un chut fuerte de Modric desde la frontal se marchó fuera por poco.

Poco después, entregado ya al contraataque ante la necesidad alemana, el Madrid tuvo sus mejores momentos con una doble ocasión. Primero, llegando por banda derecha y poniendo un centro que, en otro fallo de Ulreich al salir a por la pelota, no encontró rematador por poco. Recogiendo la pelota al otro lado, Marcelo mandó una golosina al interior para que Ronaldo, de manera inexplicable, mandara a las nubes una pelota que le cayó de frente a la portería. Una dosis de optimismo que acabó en mero espejismo.

El Bayern redobló esfuerzos a toque de corneta y sometió al Madrid a un asedio constante. Un chut detrás de otro sin que el Madrid consiguiera despejar. De entre todos, acabó James por derribar la infranqueable barrera del gol no sin insistencia. Un centro de Süle que despejó Varane le cayó a James, que en segunda instancia, de nuevo a contrapié contra Navas, acabó anotando el empate a dos.

El agobio continuaba y el Madrid necesitaba poner coto al nerviosismo. Zidane tomó medidas con un doble cambio en el 72. Benzema y Kovacic se retiraban para hacer hueco a Bale y Casemiro.

Apenas sin tiempo para adaptarse a las incorporaciones, apareció Tolisso cazando un balón muerto en la frontal y envió un zapatazo que desató al mejor Navas, que protagonizó un paradón que salvó el 2-3. La figura del costarricense se tornó en gigante para unos quince minutos –veinte con el añadido- en las que se erigió como el gran héroe de la noche. La última trinchera que fue incapaz de superar el ejército teutón.

Por delante, 1200 segundos que pusieron a prueba no ya los nervios de los jugadores sino el corazón de los aficionados. Un tramo de partido que consistió en resistir. Resistir dentro del área y achicando balones. Un descenso a los abismos del que volvió a salir vencedor el Real Madrid.

Un destino que además puso en valor a dos de los nombres cuya continuidad está en duda para la próxima temporada: Karim Benzema, con otra cita titánica en una semifinal, y Keylor Navas, con una actuación de las que merecen un nombre grabado en la futurible orejona.

El sufrimiento se transformó en éxtasis con el pitido final. El Real Madrid había sobrevivido a la segunda parte, al encuentro de vuelta y a una semifinal ante el Bayern de Múnich de pleno dolor y, a la vez, de celebración. Ya en el horizonte la bruma se disipa y queda a la vista una fecha y un lugar: 26 de mayo, Kiev. El lugar donde el rey de Europa busca conservar su corona.