lunes, 17 de abril de 2017

SALVAVIDAS ISCO

Con dos goles sublimen en Gijón el malagueño evitó que el Madrid perdiera la ventaja que tiene frente al Barcelona en el momento crucial de la Liga

Antonio Blanca

La Liga atravesó el ecuador de este alocado y trascendental mes de abril con los dos gigantes mostrando síntomas claros de cansancio mental. Real Madrid y Barcelona, que siguieron estrategias diversas a la hora de afrontar sus citas previas a la batalla ante Bayern y Juventus, defendieron sus posiciones con más agonía de lo previsto en dos envites anunciados y confirmados como resbaladizos. Para alcanzar la valiosa cosecha de tres puntos, ambos colosos se apoyaron en la magia de sus mejores jugadores en liza. En esta ocasión Isco acompañó a Messi en esa categoría para desatascar a sus compañeros y rescatarles de un pinchazo que podría condicionar sus candidaturas al título.

El vigente campeón de Europa desplegó en El Molinón un equipo en el que sólo repitieron Sergio Ramos y Nacho con respecto al escuadrón que tomó tres días antes Munich. Asensio, Morata, Lucas Vázquez, James y incluso Coentrao disponían de una alternativa que aprovecharía, sobre todo, Isco. El malagueño fue el jugador sobre el que pivotó la fase ofensiva de un Madrid dominador de la pelota. De sus botas fluyeron las combinaciones que conllevaron los tres goles merengues, con dos dianas de extraordinaria factura, sobre todo la primera. La segunda, más simple, resultaría decisiva porque llegó en el minuto 90 y significaría la cosecha de tres puntos que vendió muy cara el Sporting. Los asturianos, con un modelo de defensa y frenético contragolpe, conseguirían desestabilizar el mando y el equilibrio de un Madrid que notó la suplencia de Casemiro sobremanera. Cop y Vesga adelantaron a los locales en dos ocasiones, pero entre Isco y Morata se apañaron para empatar y completar una remontada que pasó la presión de Chamartín al Camp Nou en la última media hora del enfrentamiento del que los rojiblancos saldrían heridos en su brega por la salvación.

El Barcelona, todavía resacoso por el fiasco de Turín, evidenció las dudas que vino a maquillar el legendario 6-1 ante el PSG. Los pupilos de Luis Enrique, que volvió a la defensa de cuatro y sentó a Iniesta, mostraron un ejercicio de bipolaridad demasiado familiar para la tribuna culé. La Real Sociedad retó a pelear por la posesión a los locales y se jugaría con un ritmo vertiginoso y un compás pleno de espacios y llegadas. Los dos equipos jugaban al ataque y descubrían sus líneas defensivas, dibujando un primer tiempo en el que se anotaron cinco goles. Messi sería el encargado de poner a los suyos 2-0 y de asistir a un válido Alcácer en el 3-1. Ambos resultados parecían sentenciar los puntos, pero el alma guerrera de los de Eusebio agujereó la espalda del sistema blagurana con contras que llevaron el apretado 3-2 al descanso, con dianas de Umtiti en propia meta y Xabi Prieto, sobre la hora. Y, en el segundo acto, el coloso fue borrado del mapa por los donostiarras. El soliloquio visitante probó a Stegen en múltiples ocasiones y contaminaría de incertidumbre el final de un encentro en el que el equipo en ventaja bajó las revoluciones de forma explícita. Sin embargo, llegaría a la orilla el Barcelona y defendería el resultado para seguir la estela de su eterno enemigo, a una semana del decisivo Clásico.

Por detrás sigue asomando un Atlético que destacó por su rendimiento dentro del trío puntero. Los colchoneros golearon a Osasuna con un doblete de Carrasco y una diana de Filipe Luis y edificaron su tercera posición gracias, también, al pinchazo de un impotente Sevilla que no pudo pasar de las tablas sin goles ante el Valencia. Los de Sampaoli, que sufrieron la lesión de Vitolo, mostraron la impotencia goleadora que viene arrastrando y terminaron por evidenciar el intento de controlar a un sistema levantino que puso en aprietos a Diego Rico. Con esos resultados, los rojiblancos viajarán a Inglaterra plenos de fe y los andaluces ven cómo su colchón en Liga de Campeones se ve reducido.

Y es que, a falta de la participación del Villarreal (que jugará contra el Alavés en Mendizorroza), el Athletic se encaramó a la Europa League con fuerza, gracias a los goles de Aduriz y Muniain (dos cada uno) en la goleada que los vizcaínos le endosaron a Las Palmas (5-1). El Espanyol también se ha apuntado a la batalla por los escaños continentales, ya que su triunfo ante el Leganés -0-1, gol sobre la bocina de Baptistao- deja a los catalanes a un punto de un Eibar que resbaló con creces, en cancha del Betis (2-0, con gol andaluz en el primer y último minuto).

En la parte baja no se movería la zona de descenso, pues todos perdieron y también lo hizo el Leganés, que marca la frontera de la salvación en 27 puntos (cinco por delante del Sporting). Cuatro por encima de ese listón se colocó un Deportivo que, al fin, dio una alegría a su graderío y tomó el oxígeno suficiente que le proporcionaron los goles de Joselu y Mosquera ante el plácido Málaga. Así pues, el trío de cola quemó una fecha más de calendario sin reaccionar. Y en la siguiente jornada se enfrentarán Osasuna y Sporting y el Granada viajará al Pizjuán. Los pepineros, por su parte, se la jugarán en Villarreal.

jueves, 13 de abril de 2017

RONALDO, LA BESTIA BLANCA

Colosal partido del portugués para darle la vuelta a un partido en el que el Madrid mereció más pero no mató la eliminatoria contra el Bayern

Antonio Blanca

Hasta hace bien poco, visitar la casa del Bayern de Múnich era sinónimo de derrota para el Real Madrid. Tal era la estadística -16 derrotas seguidas antes del 0-4 de 2014- que se hablaba ya de la maldición alemana (juntando sus visitas al resto de equipos teutones los números no mejoraban demasiado). Pero algo ha cambiado en los últimos tiempos. Y la prueba, más allá del mencionado despliegue de 2014, fue también visible este miércoles.

Sin miedo, serio y sabiendo medir lo que había que hacer en cada momento del partido, el Real Madrid se llevó un triunfo incontestable, con un resultado quizás demasiado corto para la exhibición mostrada en la segunda parte. Tan sólo un imperial Manuel Neuer bajo palos evitó que la eliminatoria quedara resuelta esta miércoles.

La primera parte fue el perfecto ejemplo de partido igualado. Rememorando los viejos enfrentamientos, ambos conjuntos salieron al césped con la idea de luchar por el control del balón. Por fases se fueron turnando el dominio, aunque las ocasiones claras aún no hacían acto de presencia. No fue hasta el minuto 18 cuando un cabezazo de Benzema estuvo a punto de convertirse en el primer tanto del partido cuando acabó siendo rechazado entre el larguero y Neuer, haciendo tangible cierto dominio del Madrid en esos instantes.

Pero en el vaivén de la balanza de juego, el turno de ataque bávaro acabó sacando réditos gracias a sus constantes saques de esquina. En uno de ellos, en el minuto 25, un balón mandado por Xabi Alonso al área acabó en el fondo de la red tras un testarazo inapelable de Vidal llegando desde atrás para rematar de cabeza con fuerza.

El gol dotó de mayor calma a los locales y Thiago pudo aparecer más entre líneas para poner en aprietos a la zaga blanca, donde Nacho, sutituyendo a los lesionados Pepe y Varane, cumplió de manera más que solvente su papel de central efectuando apariciones concisas y sin miramientos.

Seguía rondando el área de Navas el Bayern, con otro cabezazo de Vidal como exponente aprovechando la enésima demostración de Robben de que aun cuando tenga taca-taca, su desmarque hacia el interior seguiría reventando defensas. Y ya en el descuento, un chut de Ribery, con demasiada libertad para revolotear por la frontal, dio en el hombro de Carvajal, considerado mano por los asistentes del colegiado y, por ende, penalti.

Sin embargo, el destinado a ser el héroe de la noche, Arturo Vidal, mandó la pena máxima a los cielos del Allianz haciendo válido el dicho de dudosa estadística "penalti injusto, penalti fallado".

Con el ánimo de haber salvado un 'match ball', el Real Madrid regresó de los vestuarios con ganas de demostrar lo que no había podido en el primer tiempo. No hubo que esperar demasiado para certificar con un gol la reacción. En el minuto 47, un balón puesto por Carvajal desde la derecha -tras un excelente pase previo de Casemiro-, acabó en un remate de primeras de Cristiano Ronaldo, que con inteligencia dio un paso atrás para quedarse con el hueco perfecto dentro del área que acabó marcando la diferencia. El 1-1 subía al marcador y las tornas habían cambiado.

El Madrid echó de menos algo de desborde en la primera mitad, con Marcelo bien cubierto por Lahm y las ayudas de Vidal y con Modric en no una de sus mejores noches. Sin emabrgo, pese a estar el descanso entre medias, el golpe anímico al Bayern con el penalti fallado y el empate nada más entrar en la reanudación otorgó al Madrid el control del partido.

La herida la Bayern fue todavía mayor cuando en un intervalo de cinco minutos, Javi Martínez dejó a su equipo con diez en el minuto 63 tras ver dos amarillas al cortar dos contras de Cristiano Ronaldo, catalizador de la reacción blanca. Poco antes, un Bale renqueante dejó su puesto a Asensio, en otro movimiento vital para el posterior desarrollo del encuentro.

Contra diez, el Madrid cogió la pelota y dio una clase magistral de media hora. Sólo los milagrosos reflejos de Neuer evitaron que la diferencia fuera mayor. Primero ante un cabezazo a lo Vidal de Bale, luego con el pie ante un remate de Benzema y otra vez con el guante ante un chut a bocajarro de Cristiano a dos metros. Inconmensurable el cancerbero de Gelsenkirchen.

Ya en el minuto 77, tras ver al Madrid cocinar a fuego lento la jugada, Asensio se graduó por todo lo alto con un centro medido al segundo palo para que Cristiano, con la plancha, lograra por fin derribar el muro del portero del Bayern. El 1-2 ponía algo de justicia en el marcador. Pero el Madrid seguía sin confirmarse. Con Carvajal entrando como un cuchillo al rojo vivo en la mantequilla, su banda derecha fue la entrada al área bávara, llegando a protagonizar una jugada de escándalo que acabo en gol anulado por fuera de juego de Benzema.

Sumando ocasiones, hasta Ramos cumplió de manera puntual con su hora bruja mandando al fondo de la red un cabezazo en el descuento que celebró con ahínco hasta que el colegiado decretó el fuera de juego desde el que había partido.

El 1-2 acabó como el resultado definitivo en una noche en la que el Real Madrid volvió a enterrar viejos fantasmas de otro tiempo, dejando ya otra exhibición para el recuerdo en el Allianz Arena ante un Bayern que sigue vivo y podrá contar con un arma de destrucción masiva que no tuvo hoy: Robert Lewandowski. Así pues, el martes que viene el Santiago Bernabéu volverá a ser testigo de otra de las épicas batallas del que ya es el clásico de Europa.

miércoles, 12 de abril de 2017

LA JUVENTUS HUMILLA AL BARÇA

Jordi Grimau

El Barça vuelve a sufrir un duro golpe en Europa que le deja de nuevo al borde de la eliminación. La Juventus pasó por encima del conjunto blaugrana evocándole la fatídica noche vivida en París y obligándole a obrar otro milagro para seguir vivo en la máxima competición continental. Dybala se convirtió en el verdugo de los de Luis Enrique con dos goles que encarrilaron la goleada juventina. El joven delantero argentino se reivindicó como auténtico sucesor de Messi en el mejor escenario posible.

Con esta contundente derrota el Barça sufre su Calvario particular en esta Semana Santa. Mucho tendrá que rezar el equipo culé para lograr un milagro similar a la remontada histórica que protagonizó frente al PSG. Además, la Juventus es un equipo experimentado, con mucho oficio en defensa y un bloque sólido y trabajado. Los de Luis Enrique han demostrado que son capaces de hacer cualquier cosa pero se antoja harto difícil repetir la gesta por segunda vez consecutiva.

La Juventus empezó el encuentro apretando al Barça en su campo y robando el balón en zonas peligrosas. Hasta tal punto surtió efecto la presión italiana que Luis Enrique ordenó a su portero a lanzar el balón en largo en vez de arriesgarse a sacarlo jugado. Fue tarde para hacer rectificaciones porque Dybala sorprendió al conjunto blaugrana cuando apenas habían transcurrido siete minutos de encuentro. El delantero argentino recibió un pase de Cuadrado dentro del área y con una buena maniobra se revolvió y sacó el latigazo que acabó colándose en la portería de Ter Stegen.

Todo pudo cambiar en una jugada puntual. El devenir del partido y la eliminatoria pudo ser bien diferente si Iniesta hubiera aprovechado un mano a mano que Buffon solventó con una mano increíble. El eterno portero italiano salvó a su equipo a sus 39 años para agrandar aún más su leyenda. No llegó el empate pero sí el segundo gol de Dybala, que con otro zurdazo ajustado al palo amplió la ventaja para su equipo y desequilibró la balanza del lado juventino.

Tras la reanudación el Barça inclinó el campo hacia el área rival pero la Juventus supo manejar la situación a la perfección. Un escenario que posiblemente se repita en la vuelta en el Camp Nou, con los jugadores culés volcados y los italianos saliendo al contragolpe. Higuaín perdonó al Barça al fallar un claro mano a mano frente a Ter Stegen pero no lo hizo Chiellini en un saque de esquina que remató al fondo de las mallas a pesar del pacaje que le hizo Mascherano. Pudo ser un calco de la noche parisina pero el cuarto lo frenó el colegiado, que señaló un fuera de juego de Dybala inexistente. Su centro posterior, con la jugada ya anulada, lo remató Cuadrado a la red.


El Barça no bajó los brazos a pesar del 3-0, a diferencia del partido del Parque de los Príncipes, porque un gol hubiera servido para hacer del milagro una remontada más asequible. Sin embargo, debajo de los palos se encontraba el incombustible Gianluigi Buffon, un portero con mayúsculas que sacó otra mano salvadora al disparo de Luis Suárez. La definición de milagro es "hecho sobrenatural atribuido a la intervención divina". Dicen que ocurre uno cada mucho tiempo. El Barça ya tuvo el suyo.

LA ESTRELLA DE ZIZOU

Jaime Trevijano

Los más escépticos piensan que los éxitos del Madrid de Zidane han llegado de pura casualidad. Que el entrenador francés tiene una suerte inmensa que le ha llevado a conquistar tres títulos, los tres más importantes a nivel de clubes, en su primer año dirigiendo al conjunto blanco. Que su equipo gana partidos y pasa eliminatorias por fortuna. Pero los triunfos de Zizou no son, ni mucho menos, flor de un día. Al contrario, ha tenido que cultivarla durante muchos meses con cariño y dedicación para que termine mostrándose en todo su esplendor.

Después de un año como inquilino del banquillo madridista, Zidane ha cosechado un balance de 41 victorias, 11 empates y dos derrotas en 54 partidos. Estos fríos datos son capaces por sí mismos de convencer al mayor incrédulo. Pero no sólo es eso, antes de su llegada, el Madrid era un equipo a la deriva, con un vestuario disgustado, eliminado de la Copa del Rey, descolgado en la Liga y sin fe en la Champions. Tras su contratación, el Madrid dio un vuelco total a la situación y empezó a notarse un ambiente de calma y tranquilidad propicio para que los blancos volvieran a ganar.

La suerte se puede tener un día, dos o tres como mucho, pero no cabe hablar de ella dentro de una racha de imbatibilidad en la que el equipo de Zidane lleva ya 39 encuentros sin conocer la derrota. Y no tiene pinta de que se vaya a acabar porque el conjunto blanco mejora sus actuaciones partido tras partido, un ejemplo fue el reciente choque de Copa frente al Sevilla. A parte del potencial ofensivo que siempre ha tenido, el Madrid ahora es un bloque sólido y compacto al que es difícil marcar y generar ocasiones, y al que es difícil ganar en intensidad.

Son muchas las virtudes de Zidane como entrenador. La más notable es el buen manejo de una amplia y equilibrada plantilla. Con él los 24 jugadores del primer equipo, y algún que otro canterano, están plenamente implicados, sabiendo que de un momento a otro tendrán su oportunidad y deberán dar el máximo si no quieren caerse del barco. Por este motivo se explica el alto rendimiento del equipo a pesar de las numerosas e importantes bajas que ha tenido a lo largo de la temporada. Además, Zidane ha demostrado grandes conocimientos futbolísiticos ganando la batalla táctica a Luis Enrique o Simeone en enfrentamientos directos frente a Barça y Atlético.


Entre otras cosas, se habla de la “flor de Zidane” por los muchos partidos que ha remontado en los minutos “noventa y ramos”, o las finales ganadas en la prórroga o en la tanda de penaltis. Incluso para estas gestas existe una explicación razonable más allá del simple y superficial análisis de la suerte madridista. Y es que el entrenador francés ha sabido transmitir un carácter campeón a sus jugadores, les ha inculcado una asombrosa mentalidad ganadora que les hace creer en la victoria hasta el pitido final. Porque en la vida y en la alta competición sin esfuerzo no se consigue nada, Zidane ha tenido una suerte trabajada, una flor cultivada.

lunes, 10 de abril de 2017

UN PUNTO QUE VALE TRES

Horas después de que el empate en el derbi dejara al Real Madrid con un sabor agrio, Michel y su Málaga se encargaron de cambiar el sino de la Liga

Antonio Blanca

La jornada 31 de La Liga propuso uno de los platos principales de su desenlace por el título. El partido cumbre de la fecha reunían en el Santiago Bernabéu a Real Madrid y Atlético. Los de Chamartín luchaban por defender su liderato y presionar al Barcelona, que jugaba cuatro horas más tarde en Málaga; los segundos, por su parte, pugnaban por alimentar su tercera posición recién recuperada. Todo ello en medio de las cuentas pendientes que su renovada rivalidad ha generado y con la vista puesta en los enfrentamientos continentales del miércoles, ante Bayern y Leicester. Y la tensión del contexto sería el pentagrama sobre el que se jugaría en el verde.

Los pupilos de Zidane y los de Simeone se neutralizaron de inicio en una batalla en la que, poco a poco, se desnudaría el guión de ambos: el Madrid tendió a manejar más minutos de posesión al tiempo que los rojiblancos se amoldaban al modelo de repliegue y salida. La coral intensidad reduciría los espacios y las ocasiones, relegando las opciones a fogonazos. Benzema y Ronaldo probarían a Oblak en el primer acto y también en el segundo. Todo ello para vanagloria del meta esloveno. Antes de la segunda ráfaga de chuts, Torres marró un mano a mano despejado por Navas. Y es que ambos jugaban al filo cuando salían del “tacticismo”. Y Koke y Saúl habían adelantado el peso del balón parado en el minuto 2.

Pero en la reanudación se dibujaría otro perfil de ajedrez. Los merengues ascendieron las revoluciones en la salida de vestuarios e hicieron caja gracias a un córner botado por Kroos y cabeceado a la red por Pepe. Y, tras haber dominado a su escurridizo rival, los vigentes campeones de Europa soltaron las riendas del control que venían manejando para entregarse a un ejercicio de especulación de la posesión y cesión de metros que les terminaría por resultar abrasivo. Su condescendencia acrecentó la jerarquía colchonera y los de la ribera del Manzanares cumplirían su venganza con una diana de Griezmann en la recta final. Los cambios y la estrategia del Cholo (final dominante a pesar de contar con menos efectivos) arrancaron el empate de la casa del líder. El apagón de concentración tradicional de los madridistas no superó al exigencia atlética y ponían en bandeja la preponderancia liguera al gigante catalán.

Sin embargo, los blaugrana se olvidaron del ritmo, el ardor y la fluidez combinativa precedentes. Luis Enrique decidió volver al 4-3-3 y se la jugó colocando a Mascherano como lateral diestro. En consecuencia, sacrificó la profundidad por ese perfil y restó soluciones a una circulación que no sería lo suficientemente rápida como para desarbolar al ortodoxo y eficaz cierre de Míchel. Aún así, un pase largo de Jordi Alba dejó a Luis Suárez en mano a mano con un Kameni providencial. Se jugaba sobre la perenne posesión horizontal visitante y los andaluces se atrincheraban en busca de una contra que cazarían antes del descanso.

Un pelotazo de Juancar sintonizó con el desmarque de Sandro, que retrató el agujero táctico de un Barça muy adelantado y plomizo para batir a Stegen. El gol local condujo al descanso y en la reanudación saldría el segundo clasificado con Iniesta en el verde y, sobre todo, con otra actitud. Messi empezó a gozar de huecos para explotar entre líneas y el argentino lo intentaría en juego y, más que nada, a balón parado. Pero no llegaba la producción azulgrana a inquietar a Kameni. Luis Enrique planeó el regreso a los tres centrales como medida para abordar la obligada remontada, pero Neymar, intermitente, se auto-expulsó. Entró en un toma y daca continuo el desenlace, con el árbitro anulando un gol legal a Peñaranda y sacando fuera del área un penalti cometido sobre Sergi Roberto, no pitando otro sobre Fontás del Málaga. No llegaría a la orilla la épica de un Barcelona demasiado endeble. La enésima contra clara cedida a los blanquiazules terminó por sentenciar los tres puntos gracias al 2-0 que anotó Jony. La doble campanada está servida y el Madrid, finalmente, amplió en un punto su brecha en la cima clasificatoria.

Por detrás reaccionó un Sevilla que, en su caída (cinco partidos seguidos sin ganar) ya veía peligrar hasta el cuarto puesto. Los de Sampaoli recuperaron su colorido estilo para entregarse a la locura ofensiva que el Deportivo sólo pudo sostener en un primer acto de cinco goles. Jovetic y Sarabia adelantaron a los hispalenses y Kakuta selló, con un doblete, las tablas. Correa colocaría el 3-2 el borde del intermedio y la portería de Lux seguiría sufriendo una tormenta que cerró Ben Yedder. Así recuperó la sonrisa el club de Nervión en el homenaje a Monchi.

Los escaños por la Europa League siguen sin repartirse. El Villareal golpeó primero el viernes, en un duelo directo frente al Athletic. El Submarino fue muy superior en la defensa de su estadio y Víctor Ruiz, Bakambu y Adrián completaron un 3-1 esclarecedor que redondeó Laporte. Con ese triunfo se despegan los levantinos la estela del grupeto vasco. En ese intervalo clasificatorio, el de las plazas sexta y séptima mostró fuerza un Eibar muy competitivo, que este fin de semana tomó Balaídos ante un Celta con la mente puesta en su duelo continental ante el Genk. Kike García y Pedro León pusieron a los armeros sextos y presionaron a una Real Sociedad que ha de responder este lunes en su combate de urgencias ante el Sporting de Gijón. Por último, Piatti nutrió las aspiraciones europeas de un Espanyol que ganó por la mínima al desmotivado Alavés, para colocarse a un partido de la séptima posición.

La lucha por la permanencia abrió un nuevo capítulo con el único triunfo de Osasuna. Los pamploneses prolongaron su respingo al sumar su primera victoria casera de este curso (la jornada previa ganaron su segundo partido). Lo hicieron tras remontar al gol inicial del Leganés, anotado por Siovas. La fe de los pamploneses encendería a El Sadar con un doblete de Sergio León que colocó a su equipo a 10 puntos de la salvación. Lucieron los rojillos una fe no compartida por un Granada arrollado. Los nazaríes fueron goleados por el Valencia de Zaza (dos goles) en el Nuevo Los Cármenes. Además, el Betis parece apuntarse a la sufrida brega, después de haber sufrido un 4-1 ante un Las Palmas reconciliado consigo mismo.

sábado, 8 de abril de 2017

MEDIA LIGA EN JUEGO

Carlos de Blas

El de este sábado es un enfrentamiento particular. Porque el derbi capitalino de esta trigésima jornada adopta el rol de juez liguero y de primera puerto de categoría especial en este abril alpino; porque el enfrentamiento entre Real Madrid y Atlético servirá para calibrar la pulsión competitiva y el atino de ambos escuadrones antes de aplicarse a la empresa continental (cuatro días después visitarán los merengues al todopoderoso Bayern y acogerán los colchoneros al inmaculado risorgimento del frenético Leicester); y porque desde el 2013, año en que se fracturó la inercia de 14 temporadas sin triunfo rojiblanco, la amalgama de cuentas pendientes entre ambos púgiles ha crecido de manera directa con respecto al aumento del nivel de los visitantes.

Para consultar la relación de rencillas que envolverán de furor el duelo no hace falta encaminarse lejos ni en el tiempo ni en el espacio. Las dos finales de la Liga de Campeones no han hecho más que refutar lo equilibrado de estos cruces. O, por lo menos, no lo ha subrayado menos que el hecho de que los pupilos de Simeone hayan ganado los tres últimos enfrentamientos directos ligueros en el Bernabéu. Las rencillas se extienden con el amargor y la sed de venganza que emana la ribera del Manzanares, pues en el último derbi que acogerá el Calderón triunfó, con sonrojo, el enemigo íntimo. Además, la posibilidad de nublar el anhelo del título doméstico o el objetivo de la tercera plaza a los contrincantes aliña, aún más, una partida de ajedrez, intensidad, calidad y entraña entre dos plantillas que se conocen al extremo.

"Imagino un rival que salga muy fuerte, con una presión muy alta seguramente en el arranque del partido, con mucha velocidad, como lo suelen hacer los 20, 25 minutos. Con Bale, Ronaldo, el juego entre líneas de Benzema, casi seguro que jugará Isco en la mitad de cancha, tendrá mucho más posesión si no juega Casemiro... Es el partido que me imagino; un equipo que va a salir muy fuerte y nosotros llevar el partido muy rápidamente al lugar donde nos sintamos más cómodos y nos podamos sentir más importantes para responder a esa intención que va a tener seguro el rival en el inicio del partido", diagnosticó el técnico argentino en una previa en la que su colega eludió dar pistas y se limitó a aclarar que "esperamos un partido de 90 minutos que tendremos que sufrir y en el que no va a cambiar mucho lo hecho hasta ahora".


Quedará por comprobar cómo gestionan Zinedine Zidane y el Cholo sus planteamientos con respecto al hacinamiento de citas que prevé el calendario. El técnico galo, menos acuciado por las lesiones que su homólogo, llega a la batalla con la plantilla más descansada (ya que su fondo de armario le permitió legitimar su apuesta por rotar sin ambages ante Alavés y Leganés). Los atléticos, por el contrario, se manejan sobre la incertidumbre de las molestias de Gameiro -fuera por una tendinitis en el abductor del muslo izquierdo- o Gaitán -apartado de la convocatoria por una artritis metatarso-falángica del primer dedo del pie izquierdo- y las consabidas bajas de Augusto, Tiago, Moyá y Vrsaljko. Y es en este punto donde entra en juego la duda sobre la convicción en el reparto de esfuerzos, con los cuartos de Champions y el Clásico asomando.

Más allá de esos condicionamientos particularmente decisivos en la apuesta inicial (o posterior) de ambos estrategas, el Bernabéu contrapondrá la inercia dispar de dos equipos en racha pero que navegan atravesando sensaciones encontradas. Los líderes han retomado la vorágine ganadora, más resultadista que convincente, que ya les hizo rozar el récord de partidos sin perder de manera consecutiva. Y es que los madridistas siguen acumulando puntos con la misma facilidad con la que intercalan intervalos de presión coordinada y resolución en el papel controlador con apagones de concentración que desnudan agujeros tácticos y abandonan a la incertidumbre marcadores favorables. Es precisamente el partido de ida (ganaron por 0-3 con hat-trick de un Ronaldo que llegará descansado y hambriento) el clavo ardiendo al que se aferra el camarín y la tribuna locales: presuponen que el vigente campeón de Europa es capaz de conectar compromiso y tino colectivos en los duelos de altura. Pero ese axioma es sólo una sospecha a testar en esta jornada sabatina.

El quebradero de cabeza de Zidane transita entre la baja forma de Modric, la influencia negativa del 4-3-3 en el equilibrio de su esquema y la necesidad de la inclusión de Bale en la dinámica. La reaparición del Benzema resplandeciente en las últimas semanas resulta tan esperanzadora para los punteros como el paso adelante de Isco, Carvajal, Kroos o Ramos, aunque confiar en que un testarazo del sevillano volverá a salvar los muebles aparentaría un optimismo hiperbólico del que lo contemplara. Es por ello que le urge al Madrid cohesionar filas y rendir más atención al manejo del devenir. Deberá elegir Zizou entre presionar o esperar; si mandar o tender a la verticalidad. Porque exponerse a una ruptura interlineal (que se ha dado con demasiada frecuencia, desnudando a un Casemiro desasistido) sería regalar a Griezmann, Koke, Carrasco y compañía demasiada ventaja. Está capacitado el bloque norteño para domesticar la conducción hacia lo físico que podría pretender el Atlético, pero habrá de sintonizar su relación asociativa con el cuero porque ya no es pronosticable un derbi sin sogas adelantadas defensivas de los rojiblancos.



Esto último no quiere decir que Simeone, tal y como ha debido gastar el fuelle de su vestuario por la coyuntura, contemple plantear una presión agresiva y feroz prolongada. Sí cabe en su hoja de ruta discutir la posesión del esférico en fases del encuentro, como ya hizo en los últimos duelos ganados. También parece un apartado de obligado cumplimiento la atención a las superioridades por banda, con Filipe y Carrasco como pareja cumbre y Koke cada vez más acertado en el último pase, desde la mediapunta. Ahora que la evolución del curso devuelve al Atlético la vitola de mejor defensa del Viejo Continente, tiene ante sí el subcampeón de Europa la posibilidad de amenazar a su ilustre rival en estático (con Saúl, Gabi, y la superioridad numérica en la medular -los carrileros se unirán a la circulación y amortizarán los huecos si los delanteros merengues no ayudan en fase defensiva-) o en vuelo. Este punto es al que más atención ha de prestar el estudio de Valdebebas, con Griezmann y sus lanzadores como elementos a vigilar tras cada pérdida. Ambas facetas cimentan un esplendoroso 2017 sin derrota de los sureños.

No se puede olvidar que el empate le vale el conjunto colchonero, mientras que el Madrid está empujado a ganar en el pulso que mantiene con un Barcelona renacido en la excelencia (visitará al casi salvado Málaga). Este contexto constituye, en sí mismo, un parámetro relevante de la fórmula. En este sentido, el Atlético es un emblema del juego psicológico. En la paleta del Cholo sobresale su sabiduría en la lectura de las energías que circundan al césped, y aunque cuente con un banquillo menos dotado, dispone en su maletín de argucias tácticas que podrían desesperar a un rival impotente, arrinconado al centro lateral inocuo (si colapsa los pasillos centrales). Pero también conoce las rutas de acceso al dictado del tempo, con virtuosismo estratégico para disolver el ritmo merengue y hurtar la escena a un equipo al que le cuesta recuperar la pelota y en el que su técnico reniega de la posesión sin problema.


La riqueza de variantes y la clase de los nombres en liza (Marcelo y Torres están por despertar todavía) auguran un paisaje que asumiría con normalidad el duelo de estilos (iniciativa local y especulación visitante, y a la inversa), el intercambio de pautas (centrocampismo o verticalidad de ambos) y el señuelo posicional (defensa adelantada o retrasada, según la voluntad dominadora o contragolpeadora). Lo que queda fuera de toda duda es que las dos escuadras tratarán de negar los espacios, ya sea a la espalda de sus dibujos o entre líneas, en un ejercicio de exigencia desaforado que subrayaría, entonces, la puntería, el balón parado, la solidez en el repliegue y la gestión del resuello como conceptos trascendentales. El mundo balompédico volverá a posar su atención en la capital española y con razón. El espectáculo está servido. Con LaLiga y la confianza de cara a la representación en Champions sobre la mesa.

jueves, 6 de abril de 2017

ASENSIO DIRIGE AL MADRID DE LOS SUPLENTES

Con una alineación totalmente desconocida salió el Madrid en Leganés presionado por la victoria del Barça para vencer y mantener el liderato

Antonio Blanca

"Todos los jugadores son importantes" y "Cristiano Ronaldo llega a este final de año mejor que en otras temporadas" fueron dos de las afirmaciones que redundaron en el riesgo asumido por Zinedine Zidane este miércoles. El técnico francés prosiguió su maniobra de rotaciones para deglutir el cúmulo de partidos trascendentales que le presenta abril y dejó fuera al Balón de Oro, a Bale, Kroos (trío no convocado), Carvajal, Modric, Benzema e Isco (suplentes). A pesar de saberse obligado a ganar, tras el triunfo plácido del Barça ante el Sevilla, el entrenador defendió la coherencia de su discurso y se la jugó. Eso sí, sin revolucionar el esquema.

El Leganés y Butarque pronto le mostrarían lo temerario de su revolución. La confianza en su fondo de armario aparentó un error de cálculo en el tramo inicial de un partido sin gobierno. El primer cuarto de hora acumuló pérdidas del líder en su cancha, fruto de la desacomplejada presión a campo completo pepinera y de lo improvisado de la nómina en la estructura principal del favorito (sólo Ramos, Marcelo y Navas sobrevivían a los cambios). Kovacic se manejaba por delante de Casemiro, con Lucas Vázquez, James y Asensio por delante. El desequilibrio de la puesta en escena le granjeó a los pupilos de Garitano varias llegadas. La primera, en el minuto 2, fue obra de Rico, que lanzó desviado desde media distancia.

Respondería Morata con una rosca desde el perfil zurdo que no encontró el segundo palo. Pero la aproximación merengue llegó sobre el cauce del contragolpe en un ajedrez que negaba el juego en estático. La anarquía propuesta por los locales les proporcionó el espacio y los huecos para que Szymanowski inaugurara sus intentonas y un nubarrón de centros laterales amenazara al meta tico. No duraba la pelota en los piés visitantes, aunque el coloso amenazaba tras recuperación con la velocidad de sus bandas y ante lo adelantado de la valiente zaga blanquiazul. El chut fuera de palos de Luciano Neves subrayaría un paisaje desestructurado en el que la superioridad numérica del club que lucha por eludir el descenso pautaba la verticalidad global.

Sin embargo, el pretendido cara a cara, que mantenía al gigante fuera de su vertiente controladora, se tornaría en el peor de los escenarios para los intereses de los sureños, pues su consistencia se vería demasiado expuesta en cada salida al contragolpe rival. Y la amenaza latente tomaría forma de manera abrasiva en un intervalo de explosión de puntería madridista. James (ausente hasta entonces) sería el engargado de descorchar la bacanal. Abrió el colombiano para que Asensio (el más lúcido de su equipo) entrara en ignición. El cambio de ritmo del balear desbordó a la zaga contrincante, con soltura, y cedió para que el cafetero rematara a la red a placer -minuto 16-.

A continuación, Morata emergería para firmar un doblete frenético. Su primera diana llegaría por la vía del balón parado. Había chutado al poste Danilo en la acción previa (caño delicado mediante) y el ex delantero de la Juventus embocaría un testarazo que se colaría en la portería de Herrerín, manso, ante el desconcierto de los locales -minuto 18-. Cinco minutos más tarde, Kovacic pintaría el tipo de duelo con una arrancada central que deshilachó una medular rebosante de hectáreas para correr. El slalom potente del croata se tradujo en asistencia fina para que el 9 suplente merengue la pusiera en la escuadra. Sólo un remate de Siovas, en balón parado, y otro de Tito, ambos sin consecuencias, dieron alimento al orgullo de un Leganés sobrepasado por la receta de calidad y hambre dispuesta por Zidane.

Tardó en recomponer la figura el Lega, pero la querencia visitante por no domar el esférico sino seguir en el pentagrama vertical le reenganchó a la dinámica cuando hubo tragado el shock. Este estadio post-traumático se daría en el 31. Rico, carrilero izquierdo que había causado problemas al cierre rival, dio argumento a la grada para creer. Su desmarque rompió la espalda de Danilo y tocó línea de fondo. El centro sería rematado a la red con displicencia por Garbiel, tras el despeje errático de Ramos. Y, poco después, la fe local se desbarataría al arrancar un córner que significaría el 2-3 -minuto 35-. Peinó Siovas y Luciano batió a Navas, en soledad. No pretendió Zidane congelar el tempo ni controlar el partido (con la posesión) y las lagunas tácticas de su novedosa relación de nombres le mostró el envés de su apuesta con la misma celeridad con que la calidad evidenció su cara amable. No se había remangado el Madrid y su bajada de revoluciones le castigó cauterizando la brecha conseguida.

Herrerín sostendría la nueva ráfaga energética de los suyos al desviar un remate de Lucas Vázquez en la conclusión de una contra. No aflojaba nadie la efervescencia generalizada y tampoco se dejó de jugar sobre la hoja de ruta desenfrenada que estudió Garitano. Antes del descanso dispondría todavía Danilo de otro chut en la desembocadura de otro contragolpe. Su pretendida vaselina acabó en los guantes de Herrerín -minuto 42-. El intermedio sobrevendría después de un cañonazo de Bustinza que atajó Keylor -falta lateral- y de que Siovas retratara lo desenfadado de la confrontación con una rabona efectuada en el centro del campo. Ganó un partido sin interrupciones aire con la entrada en vestuarios. La oda ofensiva esperanzaba a un Leganés en la lona a los 25 minutos y sonrojaba a un Madrid al que se le presupone un mayor rigor táctico y aplomo para gestionar su ventaja.

Solamente tres minutos se demoraría la entente entre locura y calidad que se venía desarrollando en alcanzar el paroxismo. Una falta lateral lanzada por James finalizó en la meta del Leganés. Falló el cabezazo Morata y su error propició que los manotazos trazados por Bustinza hicieran el 2-4 de la forma más rocambolesca imaginable. Eso sí, un desenlace semejante sí rimaba con la melodía del encuentro. Había reaccionado con gallardía e intensidad el coloso y Lucas Vázquez remató a puerta en otro contraataque que pilló desestabilizado a un equipo que ya no tenía fuelle para prolongar el incendio. En consecuencia, Garitano sacó a Tito y metió a Samu García.

Otra vez debía rehacerse el club humilde y el recién entrado lanzaría demasiado cruzado tras otra pelota ganada después de una presión muy elevada. No existía la medular visitante (sólo para correr al galope de la contra) y eso mantenía abiertas las rutas de acceso a Navas del bloque pepinero. Alberto Bueno también sería incluido en la fórmula (se fue Gabriel) pero las fuerzas no respondían a la pretensión de esfuerzo pautada por el técnico local. El estándar de ritmo había desfallecido y el centrocampismo apareció para regocijo de un Madrid más cómodo en el cortejo del esférico.


Isco sentó a James (gris, como todo el equipo, aunque se marchó con un gol, una asistencia y un enojo colosal) en el 70 y en plena densidad. Los dos goles de distancia pesaban demasiado, aunque los centros laterales siguieron cayendo sobre la jurisdicción de Navas y el Leganés continuaba tratando de trompicar la salida de pelota visitante. La dignidad del decimoséptimo clasificado estaba siendo defendida con bravura pero la postrera contemporización del vigente campeón de Europa clausuró los tres puntos y la inercia. Mariano entregaría respiro a Morata y Modric haría lo propio con Kovacic antes del único chispazo de Szymanowski (desborde en acción individual pero chut lejos de tino), que sería sustituido por Machís. Y Herrerín arrebataría la gloria personal a Vázquez tras una jugada espléndida. Con poco que jugarse, y ni la raspa de las disposiciones tácticas, languideció una batalla en la que el cansancio fue tan relevante como cualquier factor analizable. Su efecto pinchó la burbuja local y facilitó el cierre pausado de un Madrid que volvió a sobrevivir a otro ejercicio de pretendido descontrol.