domingo, 4 de junio de 2017

REY DE EUROPA Y NADIE MÁS

Carlos de Blas

Un 20 de mayo de 1998, un Real Madrid sediento de gloria europea tras 32 años de sequía se medía a la todopoderosa Juventus de aquellos días. El fuera de juego de Mijatovic entró directo a los anales de la historia madridista. Ese tanto no sólo supuso la séptima corona europea, no. Un gigante había sido despertado de su largo letargo.

Diecinueve años después, la providencia dispuso que ambos conjuntos se volvieran a encontrar a las puertas de la gloria. Pero esta vez, el gigante vestía de blanco (morado sobre el campo) y el aspirante hablaba italiano. Pero si bien aquella vez el aspirante se impuso al favorito, este sábado 3 de junio el Real Madrid no dejó espacio para la duda.

Bajo techo en Cardiff, como ocurriera en Amsterdam, el Real Madrid levantó su duodécima Liga de Campeones. Abrió el marcador Ronaldo, igualó Mandzukic con un golazo en la primera mitad y de nuevo el astro portugués, sumándose al trallazo de Casemiro, junto a la guinda en el descuento de Asensio, pusieron el 1-4 que quedará sellado en los anales de la historia.

Lejos quedará que la dicotomía Bale o Isco para el once titular. Se impuso el malagueño sobre un galés en estado de convalecencia. No sin desmerecer la forma de Isco en los últimos meses. Ahí se entra en la valoración de Zidane como técnico del Real Madrid. Se seguirá tildando de "alineador", remarcando su "flor"... pero los hechos están al alcance de todos, dos Ligas de Campeones consecutivas en 18 meses, lo que nadie había logrado hasta ahora, saber repartir los minutos de una plantilla que en una gran final se ha permitido dejar en la grada a jugadores como Lucas Vázquez y James Rodríguez sin que el banquillo se resintiera, reconvertir a Cristiano Ronaldo en un Hugo Sánchez del siglo XXI y marcar cuatro goles en noventa minutos a una Juventus que sólo había recibido tres tantos en contra el resto de la competición (incluyendo los 180 minutos contra una delantera formada por Messi, Luis Suárez y Neymar).

Este el bagaje que queda del Real Madrid de la Duodécima. Regresando al césped del Millenium Staduim de Cardiff tenemos a una Juventus que acongojó al equipo blanco en el primer cuarto de hora de final. Higuaín, invocando fantasmas del pasado, soliviantó la moral en los primeros instantes con dos ocasiones en apenas dos minutos. Luego Pjanic, como un cazador experimentado, aguardaba en la frontal para cazar los rechazos que forzaban una y otra vez las estiradas de Navas.

Pero justo cuando más sufría el Real Madrid, azotado por el dominio de una Juventus enfurecida, llegó un contraataque de oro. Condujo Kroos, repartió a Benzema, de espaldas en el centro, se revolvió el francés y cedió a la derecha para que Carvajal, internándose en el área, devolviera la pelota al centro de la frontal para que apareciera Cristiano Ronaldo para ejecutar un disparo medido a la cepa del poste derecho de Buffon.

Llegó el 1-0 y el Real Madrid lograba poner calma ante el dominio italiano. Pero la alegría en la casa blanca duró bien poco. Seis minutos después del gol a favor, la Juventus, que no se amilanó con el marcador en contra, tuvo en Mandzukic la figura de salvador. El croata, en una jugada con cinco toques sin que el balón bajara al suelo, fimró una medio volea que quedará fijada como uno de los mejores goles de la competición. Quizás Navas pudo hacer algo más, pero lo cierto es que el remate de Mandzukic resultó inapelable.

El empate hizo justicia al juego desplegado por el conjunto italiano durante la primera mitad. Pero en una final poco importa el trabajo hecho hasta el momento si ese momento no es el pitido inicial.

Tras los primeros cuarenta y cinco minutos, la Juventus se quedó con el sabor de tener en su mano la final. Pero en la segunda parte, el Real Madrid cogió de la mano el destino para decir que este miércoles sólo iba a haber un equipo.

Atrás quedó la superioridad de los de Allegri, una vez se dio pie a la última mitad de la competición, el Real Madrid tomó el mando del partido para no dejarlo escapar. Hubo unos primeros minutos de incertidumbre, dominados por los parones y las faltas. Pero dentro de esas pausas había un patrón que no tardó en sobresalir.

El Real Madrid hizo suyo el partido y llevó la final a la mitad de campo italiana, que conglomeraba a sus once jugadores en los límites del área de Buffon. Poco a poco, el grupo formado por Casemiro, Kroos, Modric, Isco y Benzema tomó la pelota y no la soltó. Faltaba ese último esfuerzo para descubrir a Buffon bajo palos, pero la paciencia acabó dando frutos.

En el minuto 61, tras una sucesión de largas posesiones en torno al área italiana, Casemiro no se lo pensó y mandó un trallazo sin contemplaciones desde más allá de los 30 metros de distancia. Ayudado por el toque de un zaguero anónimo, el balón engañó lo suficiente al titán de Carrara para acabar en el fondo de las mallas.

Sin dar tiempo a asimilar el golpe, Modric recuperó la pelota en tres cuartos, lanzó una pared con Carvajal y llegó a la línea de fondo para centrar al primer palo donde Cristiano Ronaldo clavóo al primer toque el mortal 1-3.

Corría el minuto 64 aún, pero la sensación en el estadio fue de punto y final. Lo intentó Allegri con los cambios, pero la desesperación se hizo hombre cuando Cuadrado vio la segunda amarilla en los doce minutos que disputó tras suceder a Barzagli. El éxtasis se fue apoderando de público y jugadores. Esta vez no hubo que esperar al descuento. Pero en caso de duda, Asensio dejó su huella para certificar el 1-4 definitivo en el minuto 90.


Ese guarismo, el 1-4, será el que quede grabado en la historia. Dos goles de Cristiano, uno de Casemiro y Asensio con la guinda, sin olvidar el golazo de Mandzukic que puso la incógnita a una ecuación resuelta en una segunda parte espléndida. Gracias a ella, el Real Madrid puede gritar con orgullo a los cuatro vientos que es el digno vencedor de la actual edición de la Liga de Campeones. La tercera en cuatro años y la segunda de manera consecutiva. La Juventus despertó a un gigante 19 años atrás, hoy se volvió a encontrar con él y no tuvo piedad.

sábado, 3 de junio de 2017

EL MADRID ESPERA LA DUODÉCIMA

Carlos de Blas

El Millennium Stadium de Cardiff acoge este noche el enfrentamiento de anhelos de dos aristócratas del Viejo Continente que se han afirmado como los mejores equipos de la actualidad. El Real Madrid, equipo más goleador del torneo (32 goles frente a los 21 anotados por los italianos) examina su ambición histórica ante la hambrienta Juventus, el mejor muro defensivo del campeonato (con sólo 3 goles encajados y dejando a cero al Barcelona de Messi, Neymar y Luis Suárez). Los españoles ansían condercorar este lustro distinguido con la gesta de destacarse como pionero en la repetición de la conquista de la Copa de Europa -nadie lo ha logrado en la era Champions League- y cerrar el curso con un doblete que no degusta la Cibeles desde 1958. Los turineses, por su parte, quieren vengarse de la afrenta sufrida en 1998 (con motivo de la Séptima merengue), clausurar el triplete en esta temporada única (tras el Scudetto y la Coppa) y refrendar su estatus glorioso tras el descenso administrativo provocado por el Moggigate y la clara derrota ante el Barça de Luis Enrique en 2015.

Los juventinos, que ejercerán como locales en el recinto galés, no han escondido su motivación. "El Real Madrid llega con una sensación diferente a la nuestra, ya que ellos han ganado ya el título. Es un partido que puede cambiar el rumbo de nuestra historia", declaró en al vigilia Gianluigi Buffon, la piedra angular del proyecto -junto con Bonucci, Barzagli, Chiellini y Marchisio- que aspira al Balón de Oro si sale victorioso. El guardameta, de 39 años, había envuelto este duelo como "un final perfecto para mi carrera" y el evento idóneo para "cerrar el círculo" que devuelve a la institución a la élite. El caso es que los bianconeri sólo han ganado dos de las ocho finales de Copa de Europa que han jugado, y el capitán de la azzurra conoce el peso de esa losa porque él ha caído en dos de ellas (ante el Milan en 2003 y en la mencionada ante el Barcelona, en Londres). Ha animado a sus compañeros a afrontar la batalla "sin ningún tipo de resquemor ni problema". "Lo más importante es que seamos un equipo, un grupo compacto, y que los cimientos de nuestro trabajo sean el altruismo y el juego colectivo", zanjó.

La estructura básica de funcionamiento de Massimiliano Allegri ya sabe lo que es eliminar al Madrid en un peldaño prestigioso (lo hicieron en las semifinales de 2015). El conjunto de la familia Agnelli se deshizo, entonces, de Pogba, Vidal, Tévez, Morata, Pirlo y demás peones artísticos, pero no de su bloque defensivo. El técnico ha resultado fundamental en la reconstrucción que ha disparado el protagonismo ofensivo de los laterales (Alex Sandro y, sobre todo, Dani Alves), ha entregado a Dybala e Higuaín la jurisdicción de lo trascendental y ha poblado la medular con lanzadores como Pjanic y Khedira. La presencia de Mandzukic o Cuadrado corresponden a las variantes de estilo y táctica que maneja el campeón italiano (ha ganado las últimas seis ligas). Con el croata en cancha, el balón largo cobra sentido; con el colombiano, regateador que podría caer sobre Marcelo, la amenaza en estático y en transición se multiplica. Pero las dos opciones no influyen en el despliegue coral intenso y tacticista. Allegri dispone también de su tridente defensivo aunque al gigante culé le arrodillaron con defensa de cuatro. Y ahí no acaba lo colorido de su batuta: Dani Alves fue extremo en las semis ante el Monaco, con Barzagli com lateral diestro defensivo.

"Tenemos que elegir el momento de atacar y el momento de defender; si lo hacemos bien tendremos la oportunidad de llevarnos la copa", ha manifestado un preparador ya asentado en la cima de su gremio. "La diferencia con 2015 es que ahora estamos en la final mereciendo estar ahí. Hace dos años no teníamos, quizá, ese convencimiento; veníamos de varios años en los que nos costó mucho en la Champions. Ahora hemos tenido un recorrido distinto, hemos hecho una campaña muy bonita y llegamos con un enfoque diferente", ha argumentado un Allegri que ha entregado el favoritismo al Madrid -astucia de viejo zorro- pero ha subrayado la vehemencia con la que afrontan la empresa: "Esta vez tenemos que poner las manos sobre el trofeo. El Madrid es el favorito, pero vamos a poner lo que ellos no tienen". La visualización turinesa de catarsis, pues, está servida.

"Esperemos que no lleguemos a esos niveles de inquietud ni nerviosismo. En los últimos años hemos vivido momentos únicos y ojalá podamos hacer un partido como lo estamos planeando, porque estamos ante una cita histórica", sintetizó Sergio Ramos en la previa del duelo y sobre la mentalidad de su camarín. "Atravesamos un buen momento anímica y físicamente", expuso un capitán capitalino que concluyó su diagnóstico recalcando que "partimos los dos equipos de cero. En este partido el papel de favorito es una opinión y es respetable. Las estadísticas no ganan partidos y hay que dejar todo al margen". Y, ante la provocación efectuada por Dani Alves (que afirmó horas antes que el gol de Mijatovic fue en fuera de juego), le respondió que "estaremos allí a las 20:45". No aparenta adolecer de personalidad esta final.

Aunque muchos análisis basados en la estadística reducen la constelación de posibilidades a un duelo ortodoxo de estilos -con los bianconeri atrincherados, luciendo músculo defensivo y buscado cazar contras venenosas, y con los españoles dominando la posesión y mandando centros al área, su estratagema preferida-, ambos equipos manejan ratios calcados de posesión de balón (53%) e iniciativa. Porque, aunque rechine, las libretas de Zidane y de Allegri son más similares de lo que pudiera parecer. No obstante, ambos planes de juego se sienten más cómodos al galope de la contra, pero están capacitados para portar el peso de la iniciativa y la propuesta. El Madrid tiene más calidad y fondo de armario, pero la Juve también posee una buena dosis de ambos; los transalpinos gozan si el ajedrez se mueve en la hiperactividad, el físico y la verticalidad, y los madridistas también. Es por ello que el técnico francés ha avisado en su comparecencia: "Va a ser un partido muy abierto de los dos lados. No creo que la Juventus haga catenaccio cerrado. La Juve no tiene sólo eso. Ataca muy bien. Y más hoy en día".


El sustituto de Rafa Benítez ha preponderado el trabajo y el mediocampo como elementos decisivos. Da por hecho que el desafío que se les viene encima contempla la prohibición de caer en una desconcentración o desatención táctica coyunturales, pues la Vecchia Signora es experta en amortizar esos descuidos. El bloque de Concha Espina es el tercer club más goleado del torneo, y de ahí nace la seguridad italiana. Son 17 los goles que ha recogido Navas de su portería y buena parte de ellos han llegado por pérdidas que han pillado partido al equipo o por la vía de la falta de compromiso de todas las piezas en las coberturas defensivas. Esos fantasmas, familiares, han sido mitigados en las últimas fechas, pero han costado a los campeones de Liga más de un esfuerzo agónico a lo largo del curso. Los costados de Casemiro y las superioridades por banda serán los flancos sobre los que podría sufrir un Madrid no cohesionado. Y en la espalda de Alves y Alex Sandro y del doble pivote Pjanic-Khedira (si no lo refuerza Allegri con Marchisio) se despeja el horizonte de la ofensiva española. Bajo un paisaje de reducción de espacios para correr.

Es este apartado el que todavía hace dudar a Zidane. Isco aportaría una mayor control del cuero, juego entre líneas y en la mediapunta, de excelente resultados si se asocia con Benzema por dentro. Además, el 4-4-2 se ha contrastado como el dibujo que da más consistencia a sus pupilos. Pero Bale, que ha confesado no estar al 100%, sangraría a los ofensivos carrileros rivales, convirtiendo cada robo en peligro perenne para Buffon. Ese dilema es el que contempla Allegri con respecto a salir con tres zagueros o apostar por la ambición y punzar con Cuadrado o Alves como extremo. En cualquier caso, esas son argucias que podrían implementarse a lo largo del partido, según la necesidad de cada cual. No se antoja fuera de eje, por tanto, vaticinar tramos de lucha por la pelota, con presiones elevadas, e, incluso, intervalos de cesión de metros y achique madridista. Ambos equipos disfrutan de estructuras líquidas y no rígidas sobre el césped. Esa es la mayor virtud que les ha traído hasta este peldaño.


"Lo que más me interesa es llegar bien físicamente", proclamó el entrenador madridista. En efecto, en este punto del calendario y después de haber llegado hasta el final en casi todas las competiciones, lo anatómico podría marcar diferencias y las rotaciones, de ser así, establecerían un privilegio merengue. Porque, por ellas, Keylor Navas, Luka Modric o Cristiano Ronaldo han llegado en el mejor estadio de forma del curso. El goleador es la punta de lanza del aterrizaje capitalino en este evento, con ocho goles entre cuartos de final y semifinales. Además, los 64 partidos consecutivos habiendo anotado un gol entregan la sensación de amenaza al candidato nacional. Sin embargo, la eficacia en la economía de los toques para llegar a la meta oponente de la Juventus, su pegada y su solidez en el achique, plantean un duelo incierto de alta riqueza táctica. La voluntad de hacer historia o el hambre del faraón caído en desgracia primarán y Europa volverá a tener patrón después de una contienda con aroma a clásico de este deporte.

jueves, 1 de junio de 2017

GRIEZMANN SIGUE SU PULSO

La estrella francesa del Atlético de Madrid no ceja en su  empeño de renovar al alza su contrato o forzar la salida del club

Antonio Blanca

Desde que empezó sus vacaciones ha ido tensando la cuerda más y más. Mientras hace sólo unas semanas prácticamente juraba amor eterno al Atlético de Madrid, ahora sus palabras apuntan a todo lo contrario. Antoine Griezmann ha ido enredando su futuro poco a poco, siempre dando pasos al frente, nunca rectificando lo anterior. Cada vez que habla, nubla más su destino como jugador rojiblanco. Confirmada la sanción, la estrella del equipo carga cada día de más tensión el ambiente. Llenar más los bolsillos, el objetivo...

Tras dejar diferentes mensajes poniendo en duda que vaya a continuar en el Atlético de Madrid, este miércoles siguió por el mismo camino en una entrevista concedida a 'SNTV'. "Mi futuro se decidirá este verano, mis agentes están hablando con el club", afirmó, recalcando que "mi destino está en manos del presidente". Desde hace tiempo hay abiertas firmes negociaciones entre las dos partes con el fin de prorrogar el contrato del futbolista, que expira en 2021. Ha encontrado el momento perfecto, con el castigo del TAS, para sacar tajada y ver sus emolumentos notablemente aumentados, su gran deseo.

En la masa social atlética no ha sentado nada bien la táctica empleada por el futbolista, no olvidan sonadas fugas como la del Kun Agüero. Tampoco en las oficinas del Vicente Calderón baten palmas, más bien todo lo contrario. Recalcó en esta última aparición que es "feliz en el Atlético", igual que deja abierta la puerta de salida al decir que "si me marcho, la fecha dependerá de la fase clasificatoria para el Mundial de Rusia". Los que mandan tienen muy claro que para desconectar por completo este asunto, la única vía es poner encima de la mesa dinero, que es lo que quiere el atacante.

No gustan este tipo de actuaciones en ningún club, menos en el caso del Atlético de Madrid, expuesto a la confirmación de una sanción que no le permitiría inscribir nuevos jugadores hasta enero de 2018. Si se confirma este hecho, una salida de Griezmann dejaría al equipo muy mermado, demasiado para afrontar sin nuevos jugadores los primeros meses de la temporada que viene. Ese escenario es temido porque Simeone dejó claro hace tiempo que necesita efectivos frescos para seguir luchando por permanecer en la élite que tanto le costó alcanzar al club madrileño.

Aunque solo hace un año que estampó su firma en un nuevo contrato, a la vista de los numerosos pretendientes que tenía, los altos ejecutivos del club llevan tiempo intentando negociar unas nuevas condiciones, con prórroga, aumento de ficha para el jugador y subida de la cantidad, 100 millones de euros, estipulada en la vigente cláusula de rescisión. No quiso el francés que su libertad tuviera un precio superior, lo que generó cierta tensión. La sombra de algún club dispuesto a abonar lo reflejado en la citada cláusula permanece acechando la vida de la institución, mientras el protagonista no para de generar dudas.

Reconoció el jugador que ha hablado con Simeone, Koke y Godín últimamente, pero dejó en el aire un "veremos qué es lo que pasa" que no ayuda a desenredar el asunto. Si el Atlético de Madrid le mejora el sueldo, como Griezmann pretende, posiblemente el escenario se despejaría de manera satisfactoria para el club rojiblanco. Otra cosa sería que el TAS hubiera abierto está próxima ventana de fichajes, pues esos 100 millones se podrían emplear para recuperar a Diego Costa, el eterno sueño del entrenador argentino, además de ayudar a cerrar otras contrataciones —Vitolo, Fabinho...— que el argentino considera vitales.

lunes, 29 de mayo de 2017

ROMANCE DE ROMA

Francesco Totti colgó las botas tras toda una exitosa carrera en el club que fue a nivel deportivo el amor de su vida

Antonio Blanca

El 28 de mayo de 2017 quedará inscrito en los evangelios del fútbol italiano, europeo e internacional. Sobre todo en los de la Roma. Tras empezar su último día en la oficina del Olímpico de Roma en el banquillo, Francesco Totti incendió el nivel emotivo cuando salió a calentar. Se descorcharía, en el minuto 54 del partido que su equipo disputaba ante el Génova y en el que se jugaba su futuro en la Liga de Campeones, un acto masivo y catártico que comprendió en similar proporción nostalgia, lágrimas y sonrisas afectivas. Así como satisfacción por haber sido coetáneo del suplente ilustre y coyuntural. El respetuoso honor debido al emblema (en la máxima intensidad imaginable del concepto) que se retiraba de la trinchera coparía cada pulgada del coliseo romano. En consecuencia, el resultado final (3-2 agónico) pasaría a un segundo plano. El descarnado y grave adiós al ídolo absoluto, desde la entraña, se desplegó con todas sus consecuencias.

Totti ha sido y es la Roma. Más de tres cuartos de hora estaría caminando en torno a la pista olímpica el ‘10’ inolvidable e irrepetible cuando hubo finalizado el último de los 786 partidos en los que defendió la elástica giallorossa, durante los últimos 25 años. La ovación restalló atronadora y sedosa, como sus palabras en el discurso postrero. Como la actitud de los otros dos chicos de la ciudad que pugnan en el primer equipo y que no pudieron mirar a los ojos a la leyenda en su último baile. El alma desbordada de Danielle de Rossi y Alessandro Florenzi, dos internacionales de peso, no les permitió cruzar la mirada con el jefe de su manada cuando éste ingresó en el verde, en plena competición. Esa estampa permanecerá en la retina del tifosso de cualquier latitud transalpina como un reflejo de las ruinas de una época pasada. El imperial respeto y lealtad casi fraternal no son sencillos de observar en estos tiempos.

"Tengo miedo, esta vez soy yo quien necesita vuestro apoyo. El apoyo que siempre me habéis dado. Me quedaría otros 25 años. Ser el capitán de este equipo ha sido un honor, mi corazón estará siempre con vosotros", proclamó, micrófono en mano, antes de mandar al fondo sur (su íntimo y radical compinche con el que gastó más de una broma pesada a la Lazio) un balón en el que había escrito "Te echaré de menos". La ofrenda mutua, revestida de una energía que subía del césped a la tribuna y bajaba de nuevo, concluiría con il capitano (otra vez atendiendo al grado sumo de la acepción del término) desanudando el brazalete y entregándoselo a un juvenil. La cesión del timón había sido oficializada en su ámbito, el pasto. Y roto, con borbotones emocionales que se expresaban en el fluir perpetuo e incómodo del llanto, regaló los últimos saludos antes de entrar en la negritud del túnel de vestuarios. Ante un teatro que deglutía, con dolor, lo sangrante del inexorable paso del tiempo.

Pero il Pupone (niño), como es apodado, ya se había despedido el 31 de agosto de 2016. El The players tribune (la plataforma que pone papel y lápiz a los deportistas de élite para que compartan sus reflexiones) publicó aquel miércoles una carta en la que el último trecuartista exquisito esbozó su saludo oficioso a la institución y la hinchada que le acompañó a lo largo de un cuarto de siglo. En ese texto expuso cómo, cuando contaba con nueve años y su natural talento ya resplandecía, su madre negó a los directivos del AC Milan el fichaje del niño que se comprometería, desde entonces, con una camiseta. Sólo Paolo Maldini puede mirar a los ojos a Totti en el desarrollo del sentido de pertenencia, de patria chica irresoluble, a un equipo de fútbol en el cambio de siglo. "Mi abuelo Gianluca -proseguía- le transmitió el sentimiento romanista a mi padre y él, a su vez, hizo lo mismo con mi hermano y conmigo. La Roma ha sido siempre más que un club de fútbol, es parte de nuestra familia, de nuestra sangre y de nuestras almas".

El máximo goleador de la historia de la entidad capitalina (307 dianas) contaba en la misiva pública que como el fútbol no era retransmitido con asiduidad por la televisión en los 80, su padre decidió llevarle a la cancha cuando tenía 7 años. Para que viera aquello de lo que le hablaba con ritualismo religioso. "Todavía puedo cerrar los ojos y acordarme de lo que sentí. De los colores, las canciones y el humo de los petardos que explotaban. Sólo era un niño, pero rodeado de los aficionados de la Roma se me encendió algo que no sé cómo describirlo", narraba. Y de inmediato expuso la raíz de su conexión con cada hincha giallorosso, en tanto que terruño compartido, y con una amplia mayoría del Bel Paese, en tanto que espacios compartidos que devienen en cultura. "No creo que ningún vecino del barrio de San Giovanni me haya visto alguna vez sin un balón. Jugábamos en todas partes: sobre adoquines, al lado de una iglesia o en callejuelas", presume. En efecto, esa es una de las pocas ligazones que vertebran norte y sur en Italia. Y por eso Totti es tan respetado y celebrado. Por eso habrá emocionado a acólitos de otras tribus. "Totti ha unido a una ciudad y un país que se divide por cualquier cosa", aseguró De Rossi horas antes del epílogo.

Por eso se comparte y justifica la alegría socarrona cuando este portador de un gladiador arquetípico tatuado en el hombro derecho hace una mención al sexo oral en dialecto y en plena retransmisión de la celebración por la conquista del Mundial de 2006. Es esa empatía propia de la socialización primaria la que justifica la radicalización de la rivalidad en una nación que necesita poco para que prenda un incendio.

Francesco, que maneja una dialéctica y tono que denota sencillez y cercanía, no ha amainado nunca el folclore barrial en sus expresiones genuinas (aceptando, con humor, la burla coloquial hacia su inteligencia que terminó por tornarse en lugar común), más allá de los foros en los que se reconoce como referente de una población. De un país presa de sus pasiones, en el que el balompié se sienta en un trono sagrado. Por todo ello excede la exclusividad romanista y la pasión que transmite, límpida e instintiva, germina dondequiera. Y su profunda e implicada labor solidaria en pos de la comunidad infantil cohesiona todo lo anterior.

En lo relativo al coqueteo con la pelota, Totti es un futbolista testimonio de la evolución de ese deporte. Entró en los juveniles de su único club con 12 años y debutó en el primer equipo con 16, en 1993. Su idolatría hacia Giuseppe Giannini, mediapunta escultor en medio de una fábrica de tornillos en los 80 italianos, no es casual: con él comparte esquemas y paradigmas con los que convive, choca y sobresale. Porque el cimiento virtuoso de la Roma nació durante los últimos coletazos del modelo anatómico del balompié. Aprendió a sortear la dictadura de los preparadores físicos que cribaban a los jugadores por su altura y morfología biométrica antes que por sus condiciones técnicas. La revolución tacticista que se gestó en los 70 y colocó a la Serie A en la cima mundial (con las huestes poderosas que lucieron el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y la Juventus de Platini) se estiraría hasta la apnea romántica del cambio de siglo. Y el ‘10’ recién retirado debió adecuarse a tales presupuestos, con la técnica depurada y la creatividad como flotadores. Su irreverencia en la finta, la clase que emanaba cada improvisación, lo portentoso de su lectura del juego y lo afilado de su toque (en concreto de su primer toque, ora para distribuir, ora para golear) taparon la boca a los que le exigían la preponderancia del sudor. De hecho, con el ortodoxo de la vieja escuela Capello ganó su único Scudetto (2001). Ya en el rol de gobernador.

En vivo, la genialidad atraviesa la ideología y la diluye. Así, cuando su nivel tomó altura al galope de la permisividad de los entrenadores y la asunción de la predisposición ofensiva como una herramienta valiosa y no como una argucia escapista, su esencia le llevó a salir ovacionado del Bernabéu perdiendo (en 2004) y ganando (en 2008). En plenitud, Totti pastoreaba el tempo de cualquier envite y ante cualquier oponente. Incluso caminando. Como lo haría Pirlo (otro superviviente de la era de reclusión de la inventiva, como Roberto Baggio, Roberto Mancini o Alessandro Del Piero) cuando fue retrasado de la mediapunta al mediocentro organizador. Y casi siempre compitió en inferioridad de condiciones, pues el presupuesto de la Roma jamás se ha correspondido con su hiperbólica autoestima (sólo dispone de tres títulos ligueros y se concibe como un grande), pero ello no le desvió de su camino. Nunca se movería de allí. Florentino Pérez bien lo supo en 2004, cuando trató de cautivarle con la siembra del terreno pomposo sobre el que acumular Balones de Oro. Su fe, anacrónica para cualquier directivo, sólo le permitió la tibia duda. La decisión de permanencia granítica siempre estuvo presente, fruto y nutriente de esa relación de consanguineidad para con la ciudad deportiva de Trigoria y su paisanaje. Con ello, sus vitrinas únicamente lucirían la mencionada Liga, dos entorchados de la Coppa, dos Supercopas domésticas y la Bota de Oro que le arrebató al Van Nistelrooy madridista (en 2007, con 25 goles). Pero, ¿cuánto espacio ocupa en una estantería el amor eterno y recíproco?

"Francesco maravilloso, te deseo un feliz cumpleaños. Y disculpa porque en el 2000 te quité el Balón de Oro. Tú lo merecías, un abrazo". Con este tuit le felicitó el 40 cumpleaños Luis Figo hace meses. Ese chascarrillo, con foto adjunta en compañía de Marco Delvecchio (delantero con el que ganó el Scudetto junto a Batistuta, Cafú, Emerson y demás, y con el que llegó a la final de la Eurocopa del 2000), define la consideración que los profesionales reservan a Totti. Y, aunque sea un absurdo resaltar la unicidad de alguien en tanto en cuanto se antoja obvia, merece la pena regresar a aquel Europeo de Bélgica y Países Bajos, de triunfal salida para la Francia de Zidane. Allí, con toda la presión de los tulipanes (anfitriones) sobre los hombros y aquejado, se supone, por la tensión propia de una tanda de penaltis decisiva, dibujó un lanzamiento a lo Panenka que inmortalizó a Van der Saar como víctima y arrancó, con sedosa factura, un estatus distinguido que le perseguiría siempre.

Y es que este fuoriclasse agigantaba su calidad y trascendencia en los desafíos más elevados. Juventus, Milan, Inter, Nápoles y Lazio han sido acribillados con delicioso carácter impío por este amante de la estética. Voleas de zurda y diestra, sin dejarla caer, que se colaban por la escuadra del palo corto o largo; vaselinas insultantes, por lentas e irrebatibles, que cincelan sonrisas en los rivales seducidos. Un control orientado bastaba para detectar lo distinto de su magnetismo.

Todo ese legado está registrado en hemerotecas y videotecas, con la estadística esputando que se va como goleador más mayor en la Liga de Campeones y segundo máximo anotador de la historia de la liga italiana. Y también está contenido en los anuarios que su retirada estaba pensada para 2016, pero su fulgurante tramo final de curso (con dos goles en cuatro minutos, el 86 y el 89, para la remontada épica ante el Torino o la aportación al viraje urgido del marcador ante el Génova) y su papel de tutelaje en el vestuario terminó por regalar otro año a una mente que arrastra un cuerpo muy mermado por una lumbalgia recurrente, una dolencia en el ligamento cruzado anterior o una fractura de peroné que desplazó los ligamentos del tobillo (y que a punto estuvo de privarle de la justicia poética que constituyó la consecución del Mundial 2006). "Hace un año muchos decían que era un futbolista acabado y que había sido convocado por la selección sólo por mi pasado. Pero las críticas me han traído fortuna ya que he ganado la Copa del Mundo, he sido máximo goleador liguero italiano, conquistado al Copa de Italia, y ahora la Bota de Oro", declaró en 2007. Una década después, su fragancia se ha secado.

Ese caminar erguido, elegante y siempre dispuesto a desbaratar cualquier línea defensiva, con el punzón escondido bajo el frac, como los perfiles de futbolista de su clase y como su lealtad, se extingue. A ver quién sacrifica, en el presente, el éxito y la acumulación por el triunfo. A ver quién presume de ganar partidos caminando con una legitimidad que difumina tal chulería. Totti, ya es leyenda del fútbol. 

domingo, 28 de mayo de 2017

EL BARÇA GANA LA COPA ANTE UN DIGNO ALAVÉS

Jordi Grimau

Felipe VI entregó la Copa del Rey al Fútbol Club Barcelona en el último partido oficial que acogerá el Vicente Calderón. Los favoritos hicieron honor a ese estatus gracias a la calidad de Neymar y Messi y regalaron a su entrenador un entorchado más. Preponderó, por tanto, la intención de maquillar una temporada discreta sobre la ilusión de hacer historia. El Alavés, digno, batalló hasta que las diferencias entre ambas plantillas dictaron el desenlace.

Luis Enrique optó en su adiós a Can Barça por desdeñar el esquema que le permitió reflotar su último curso. Salió con un 4-3-3 que contenía a Umtiti y Piqué como pareja de centrales, a Iniesta como faro y a Alcácer como complemento de la dupla Neymar-Messi (ante la sanción a Luis Suárez). La idea, verbalizada en la previa, era dominar el esférico de forma ortodoxa. Pellegrino aceptaría el reto y elegiría a su planteamiento más defensivo: desplegó una defensa de cinco, con Theo y Femenía como carrileros, en un esquema tendente a la trinchera y la salida vertigionsa. El duelo de estilos se antojaba absoluto.

Exactamente dos minutos tardó el partido en desnudar su esencia. El Barcelona ejecutaría un monólogo con la posesión de la pelota, en cancha rival, y el Alavés cedería metros, agazapado, esperando un error rival para lanzarse a la contra. Cuando sólo se esbozaba ese compás, una pérdida compartida entre Alba y Neymar propulsó la salida clara de Femenía, con centro al que no llegó a rematar Ibai por poco. Theo efectuaría el primer chut, desde larga distancia, de inmediato. La intensidad anatómica de los vitorianos contenía a la circulación culé y ya había mandado un aviso rotundo: el subcampeón de Liga tenía prohibido ser indolente tras pérdida.

Se quemaría el minuto 10 tras un parón que ayudó a trompicar el lento discurrir de la combinación del Barça. Un golpe, en una pugna aérea, entre Marcos Llorente y Mascherano sacó del partido al improvisado lateral diestro escogido por Lucho para suplir la baja de Sergi Roberto. Andre Gomes sustituyó al Jefecito -en su posible último duelo con los colores azulgrana- en el carril derecho y le tocaba al Barcelona refrescar el guión a pesar del mencionado imprevisto desfavorable.

La superpoblación del centro, y la agresividad ejecutada por el aspirante, favoreció el colapso del juego entre líneas del gigante. Así, el duelo transitó de manera continuada con posesiones horizontales inocuas de un Barcelona que sólo conseguía avanzar e inquietar cuando Neymar dibujaba slaloms de espacios reducidos. Los vitorianos, por su parte, alcanzaban a escapar con cierta asiduidad, penetrando a través del centro lateral en los aledaños de Cillessen en una oda a la verticalidad en cada robo. Messi, en el minuto 21, se desperezó para rematar la primera contra límpia, al galope de Neymar. Pero la acción del argentino fue taponada por la ardorosa zaga.

En el 23, la Pulga frotó su pefume para sentar a tres rivales, desanudar una emboscada en al medular y ceder a Ney para un lanzamiento que concluyó el córner. El 10 recordó al respetable que sobre su genialidad iba a gravitar, como cualquier otro encuentro, la resolución del título copero. Y la orquesta blaugrana refutaba tal percepción, pues este no iba a ser el anochecer en el que el tiqui-taca, después de tantos años, renaciera.

Tres minutos más tarde, el Alavés recordó al coloso el axioma: no caer en la relajación. Piqué marró una salida clara de balón e Ibai asustó al banquillo catalán, pues, en dos para dos, chutó un latigazo rasante que se estrelló en la cepa del poste y paseó por la línea de gol sin ser despejado ni rematado. La primera media hora había obedecido al libreto de Pellegrino. Y es que Pacheco estrenó sus guantes en el 27, a tiro desviado de Iniesta. Le faltaba velocidad a la asociación barcelonesa y los blanquiazules no habían sufrido. Pero, en ese suave transcurrir, Messi ajustó un zurdazo de seda para abrir el marcador -minuto 30-. Inventó una pared vertical, entre un bosque de piernas, y subrayó la trascendencia de la técnica.

Y la Copa, en ese trecho del minutaje, refrendaría la espectacularidad de su naturaleza. El golazo del argentino puso el listón arriba y el cañonazo de Theo, en la jugada siguiente, empató el electrónico y la exigencia de exquisitez. Lo desenfrenado de este torneo quedó constatado a fuego: Ibai provocó una falta de Iniesta en el pico del área culé y el lateral zurdo enchufó un misil imperial, con destino al segundo poste. Cillessen nada podría hacer. El Glorioso se reafirmó como contendiente digno -minuto 32-.

Pero hasta el descanso se desharía el gobierno de Marcos Llorente, excelso en la recuperación. Los alaveses salpicaron su recta final de primer acto con subidas de líneas que fueron aprovechadas por el Barça para amenazar, rematar y sentenciar. El respingo que descuadró el equilibrio de las otrora cohesionadas líneas vascas significó un lanzamiento de falta que conectó a Messi con Pacheco, un derechazo cruzado de Rakitic que lamió el palo y el 2-1, obra de Neymar, en el minuto 45. Dejó espacios la estructura de Pellegrino y el carioca y el argentino lo amortizarían. El primero acunó una contra que culminó con asistencia de Gomes y remate a placer prropio, y el segundo aglutinó la atención de los tres centrales oponentes para filtrar un pase delicado que Alcacer tradujo en la cosecha del trofeo.

Arriesgó, con valentía, el noveno clasificado de LaLiga. Se sentía confiado para abordar un combate de tú a tú, visto lo visto, y presionó arriba, pero la ambición le traicionó y cuando deshizo su integrismo defensivo en busca de mayor botín feneció. Resulta complicado censurar el coraje, y más a un club que poco tenía que perder en su intento de asaltar el cielo. Sin embargo, por ese cauce se desinfló toda su candidatura. Tras competir con solvencia.

Rozó la cruceta la apertura de las hostilidades efectuada por Ibai, de espléndido lanzamiento de falta angulado -minuto 47-. Salió de la cueva el bloque blanquiazul e implementaría una presión a campo completo hasta que Messi (un gol y una asistencia hasta entonces) cambió de ritmo y centró para que Alcácer rozara el cuarto (perdonó el delantero levantino, con todo a favor). Anhelaba entrar en el partido de nuevo el Alavés y darían por válido el riesgo, con su defensa a la altura del centro del campo. Ya no había nada que guardar o defender, así que se abría paso una confrontación más abierta y cercana al ida y vuelta. Camarasa -virtuoso de la distribución- y Sobrino sentaron a Edgar e Ibai al tiempo que el ex delantero del Valencia y Rakitic remataban fuera de tino.

Hasta el 90 el paisaje se tornaría en un brochazo grueso de fútbol lento, aliñado con chispazos acelerados, casi siempre en la frontal de Pacheco. Anestesiaron los de Luis Enrique la voluntad vitoriana de subir las revoluciones y quedaron a merced de la circulación controladora azulgrana. Le costaría al Alavés recuperar balones y, mucho más, trazar avances peligrosos. El ejercicio de seriedad culé clausuró la incertidumbre aunque el compromiso guerrero de los de Pellegrino nunca se apagaría y Cillessen conjugó un barullo rematado por Ely antes de que Deyverson anotara en fuera de juego -minuto 71-.

El orgullo del club que este sábado jugaba la segunda final de su historia alimentó la aproximación hacia el banderazo de meta. Un exceso de este parámetro llevó a Sobrino a empujar, sin balón y en el área a Neymar, hecho que no conllevó la pena máxima y sí una escaramuza que despertó a Messi como púgil en un cuadrilátero. El fango coyuntural de la mencionada tangana frenó la pujanza anímica alavesa mientras que el regateador Óscar Romero dio el relevo a un Theo que se despedía, también, de la elástica vasca. Sólo el cansancio se interpuso en la fortaleza mental del conjunto en desventaja.


Alexis Vidal recuperaría sensaciones tras su larga lesión al participar de la dinámica. El lateral entró por Rakitic (industrial, como Iniesta) en paralelo al descalabro físico de los jugadores vascos que abandonarían el verde vacíos. El Rey de Copas ampliaría su palmarés con todo merecimiento. Su campeonato resultó impecable (eliminando al Atlético en semifinales). Tanto como un Alavés que, meses después de regresar a Primera, prendió la ilusión en su infatigable hinchada. La temporada 2016-17 del fútbol español concluyó, en definitiva, con festejo blaugrana.

jueves, 25 de mayo de 2017

MOURINHO DEVUELVE EUROPA AL UNITED

En una final en la que los red devils fueron muy superiores al Ajax, los de José Mourinho logran el único trofeo que faltaba en sus vitrinas

Antonio Blanca

El Manchester United de José Mourinho logró anoche alzarse como campeón de la Liga Europa tras imponerse al Ajax por 2-0 en la final disputada en el Friends Stadium de Estocolmo. Dos goles, obra de Pogba y Mkhitaryan, sirvieron al equipo inglés para dejar encarrilado un partido en el que maniataron al joven equipo neerlandés, que apenas pudo crear ocasiones de peligro.

La Liga Europa, torneo en el que el Sevilla ha reinado en los últimos años, encontró sucesor en el Manchester United. Un equipo que empezó la competición mirándola de soslayo (ya dijo Mou y con razón que la Europe League no es la competición que el United debe disputar) y que acabó la temporada señalando esta fecha en rojo al ser la vía por la que acabarían encontrando la ansiada clasificación a la Liga de Campeones que no obtuvieron con la Premier.

Con esta intención, el triunfo de este miércoles se pudo definir casi como funcionarial. Como hiciera con el Celta en Balaídos, el United maniató a un Ajax cuya juventud (22 años y 282 días de media de edad) le había permitido usar la energía de su valentía para enloquecer los partidos y recabar una buena cuenta de goles. Hoy no fue así.

La experiencia se impuso a la lozanía de un conjunto que fue incapaz de poner el más mínimo aprieto a Romero, el jugador que gozó de la mejor perspectiva de la final con una inusitada comodidad.

Ander Herrera, elegido MVP del partido, dio una clase magistral de dirección desde el centro del campo controlando, y llevando incluso hasta el aburrimiento, un partido que no se le podía escapar al United.

Imponiendo el físico de sus jugadores, el United tomó el control desde el inicio mismo del partido y no fue hasta pasado el cuarto de hora cuando se atisbó algo del Ajax que había asombrado a Europa. Pero justo cuando habían logrado descubrir quién era el portero rival, apareció Pogba desde la frontal para lanzar un chut que acabó en el fondo de las mallas, eso sí, con la fortuna de ser desviado por Sánchez y anular la reacción de Onana bajo palos, que sólo pudo contemplar con mirada de pánico la trayectoria del balón hacia el interior de su portería sin poder hacer nada.

Con el 1-0, el United optó por ceder la pelota y actuar de manera contemplativa reforzando la zaga y esperando a cazar una contra. La red tejida surtió efecto y sólo la tensión de estar ante una final evitó que el bostezo reinara hasta el descanso.

Justo después del paso por vestuarios llegó el golpe definitivo. En un córner lanzado por Mata, Smalling logró rematar de cabeza sin demasiada fortuna, pero desviando lo justo la pelota como para que Mkhitaryan pudiera rematar de manera algo acrobática y de espaldas pero al fin y al cabo efectiva haciendo el 2-0 en el minuto 48.

Si con el 1-0 los red devils se mostraron completamente a gusto, con las diferencias ampliadas el plan no hizo más que reforzarse. El Ajax seguía siendo incapaz de encontrar la salida al laberinto inglés, impotente cada vez que acababa chocando una y otra vez frente a la zaga del United.

Mourinho aprovechó los últimos instantes para homenajear a Wayne Rooney, entrando en el último minuto en lo que parece su despedida del Manchester United. Con el pitido final, el equipo inglés ponía el sello al documento que estaba buscando. Un título que aún no tenía y que le valió para el objetivo principal: entrar en la Liga de Campeones.

lunes, 22 de mayo de 2017

LA LIGA DE ZIDANE

Victoria solvente del Real Madrid en Málaga haciendo los deberes para volver a sumar un título liguero que hace un total de treinta y tres

Antonio Blanca

La fortuna dibujó un guiño retorcido para que la Liga 2016-2017 se definiera en el último día, como ocurrió en dos de las últimas tres ediciones del campeonato doméstico (2016, título del Barcelona y en 2014, con celebración del Atlético). La inclemencia atmosférica, que obligó a posponer la visita merengue a Balaídos hasta el pasado miércoles, y la exigencia que las fases elitistas de la Liga de Campeones impusieron sobre las candidaturas de los dos líderes comprimiría el cuerpeo hasta el punto de retrasar el alirón hasta el último hálito. El cliché ancestral, "jornada de transistores", se acopló a esta era digital, ya que el capítulo final de la interesante trama iniciada en agosto disponía un desenlace simultáneo que sintonizaba, a la vez, lo que aconteciera en La Rosaleda y el Camp Nou. Málaga y Éibar, dos equipos sin nada en juego (y sobre los que recaía la sombra de los maletines y puesta en suspenso de la profesionalidad, sobre todo en torno a los andaluces), serían uniformados de jueces. Casi lo fueron. De la forma más rocambolesca imaginable.

Las dos horas definitivas del calendario del balompié doméstico depararon el triunfo del Real Madrid. El conjunto que alzaría su trigésimo tercera Liga venció, 0-2, a un Málaga desinflado tras el tanto balsámico de Ronaldo en el primer minuto. Los blanquiazules no alcanzarían a inquietar a Navas salvo en contados chispazos de Sandro y Keko. El primer acto madrileño, lúcido con balón (Kameni salvó a los suyos ante dos remates en el área pequeña), demostró la templanza y jerarquía del vigente campeón de Europa. Además, al descanso, el Éibar estaba asaltando el coliseo culé. Los de Mendilíbar salieron con mayor intensidad, por contradictorio que parezca, y aturdieron al aristócrata con una diana precoz de Inui. El 0-1 se mantendría hasta la entrada en vestuarios debido al desatino del tridente (con gol bien anulado).

Se duplicaba la carambola que le urgía al Barça. Y el brete se le ennegrecería aún más, pues mientras que Messi y Suárez seguían patinando en sus intentos, Benzema hacía el 0-2 tras un córner lanzado por Kroos y otra atajada hiperbólica de Kameni. Únicamente un milagro cabía en la hoja de ruta de un equipo desprovisto de convicción. Es más, cinco minutos después, Inui firmaba el chocante 0-2. Y marcaría otro tanto el Éibar a continuación, aunque esta vez sería en propia meta (obra de David Juncá). El ‘10’ culé marraría un penalti para mayor sangrado de los azulgrana. Suárez y Messi acertarían, finalmente, y remontarían (4-2), con un penalti que de falso genera risa. La anestesia con la posesión madridista resultaría la receta adecuada para sellar tres puntos (necesitaban uno) de regusto delicioso para los nuevos campeones del fútbol español.

Supo esquivar el cataclismo postrero que ya degustó la entidad de Chamartín con el Tenerife de Valdano como verdugo. Los pupilos de Zidane salieron vivos de uno de los partidos de los que más se ha hablado en todo el curso (después de las palabras en las que Míchel aseguró ser más madridista que el mencionado argentino al serle cuestionada una situación como la de esta jornada dominical). Así, los merengues alcanzaron, al fin, a retornar el trofeo de la regularidad a sus vitrinas. Cinco temporadas tardó la directiva de Concha Espina en confeccionar una plantilla tan consistente como para alzar el título nacional más importante. A fe que lo ha conseguido, pues al paroxismo de este 21 de mayo le sigue la final de Cardiff ante la Juventus, con la posibilidad de conquistar un doblete que no paladea el gigante de la capital desde 1958.

Esta victoria final, que ejerce como guinda de un proyecto que tomó altura después de la consecución improbable de la Undécima, remarcó la rima entre todos los pisos del club: la presidencia, el cuerpo técnico y el camarín. Con una gestión de los descansos y rotaciones casi temerarias (pero muy sabias), Zizou cosechó el mejor final de ejercicio de Cristiano Ronaldo (25 goles) que se recuerda y mantener involucrados en dinámica a piezas que han resultado muy relevantes en la manutención de un liderato asumido en 33 jornadas (fue puntero desde la fecha nueve, el 23 de octubre, cuando se impuso 2-1 al Athletic). Marco Asensio, James Rodríguez, Nacho, Lucas Vázquez y Álvaro Morata han destacado sobremanera en bretes resbaladizos y entre compromisos de gran enjundia. Kovacic suplió con sobriedad a Casemiro o Modric cuando éstos se lesionaron e Isco creció hasta ejercer de maestro de ceremonias en los repetidos infortunios de Bale (con asistencia en la final de este domingo). Así, el fondo de armario les proporcionó la regularidad que llevó a los madridistas a acumular 64 duelos anotando de manera consecutiva y 40 envites seguidos sin conocer la derrota.

La cabeza de Sergio Ramos, indispensable para nutrir la racha mencionada con dianas en los últimos minutos memorables (empate en el Camp Nou y victoria casera ante el Depor, ambos en el minuto 89) sirvió como pegamento de los agujeros que el equipo dejó al tomar y soltar el control de los enfrentamientos en múltiples ocasiones. Por esa vía de vaivenes se colaría un Barcelona que atravesó intervalos de apagón (la victoria in extremis ante el Leganés y en la Ciudad Condal, tras caer 4-0 ante el PSG es paradigmática) y momentos sublimados, como su victoria en el Bernabéu con gol del pichichi Messi (37 goles y cuarta Bota de Oro). Con un juego más a borbotones que coral, más inclinado sobre el tridente que colectivo, Luis Enrique fue quemando etapas y sobreviviendo a pinchazos propios no aprovechados por los madrileños para recortar 10 puntos de desventaja (si se sumaba entonces el triunfo merengue en Vigo) en el abrasivo abril. El 2-3 del Clásico y el 1-1 arrancado por el Atlético en la casa blanca apretó la distancia, colocando a los blaugrana en el liderato provisional, empatado a puntos con sus enemigos íntimos a lo largo del presente mayo.

Otra buena ejecución de Luis Suárez (29 goles y líder en asistencias, con 13 pases) y la intermitencia de Neymar bastaban a un equipo menos engrasado que de costumbre y no tan comprometido con la fase defensiva como en los dos primeros años del “Lucho” para mantener el pulso. Sin un Iniesta presente de forma prolongada, con cambio de esquema y mermado por la lesión de Rafinha (ni Andre Gomes ni Alcácer respondieron), le costó mucho al combinado barcelonés fluir, y se dejó más puntos que de costumbre (seis empates y cuatro derrotas, por los seis empates y tres derrotas madridistas). Pero su balance goleador (116 dianas) es, sencillamente, irrebatible. Los dos colosos circularon sobre un esquema ofensivo, con menor equilibrio (Carvajal y Marcelo rondaron los dos dígitos en asistencias) y, aún así, nadie les aguantó el reto. Sólo el Sevilla se coló en su duopolio durante una primera vuelta maravillosa.

Sampaoli se erigió en el gran protagonista del tramo de 2016 y Simeone lo sería del de 2017. Los sevillistas acertaron al elegir al entrenador que hizo campeón a Chile de su primera Copa América, y pelearon por incomodar a Madrid y Barça con argumentos y un estilo colorido que trataba de tú a tú a cualquiera. Su libreto atrevido y arriesgado desterró el tacticismo de Emery y sus extraordinarios resultados le dieron la razón (segunda mejor puntuación liguera en la historia del club). Con Sarabia y Vitolo en los extremos, Nasri y N´Zonzi en el centro y sin un goleador letal (hasta la llegada invernal de Jovetic), los hispalenses gritaron foco y atención con legitimidad hasta que les dio el fuelle. En ese momento, coincidente con la eliminación ante el Leicester y los rumores de la salida prematura del estratega milagroso, el Atlético olió sangre y aceleró (dos derrotas en 22 partidos), combinando su enriquecimiento que le granjeaba el mejor trato con la pelota y el refresco de la solidez defensiva. Oblak, Zamora de nuevo (sólo 21 goles cedidos), Antoine Griezmann (16 goles, demasiado aislado en la jurisdicción anotadora), Carrasco, Koke, Saúl y Filipe solidificarían el respingo que les confirmaría como terceros, en detrimento del finalmente deprimido Sevilla. Y un doblete de Fernando Torres despediría a un Vicente Calderón de próxima extinción.

Por detrás se desató una batalla por los puestos que dan la posibilidad de disputar la próxima Europa League que involucraron a Villarreal, Real Sociedad, Athletic (estos tres terminaron por sellar sus billetes, contando los vizcaínos con que el Barça gana al Alavés en la final copera), Éibar, Espanyol, Celta de Vigo e, incluso, Las Palmas. Los fichajes de Jesé y Halilovic se anunciaron en Las Palmas como el salto decisivo para abordar la aproximación continental, pero el equipo sufrió un desplome proporcional a la relajación de saberse fuera de peligro y con un entrenador saliente (Setién) sin las riendas del vestuario. El juego vistoso isleño quedó enterrado en la nada con el paso de las jornadas. Los armeros, por su parte, firmaron una temporada excepcional, con Pedro León, Enrich, Capa y compañía acumulando 54 puntos. Sólo la distancia entre la amplitud de presupuestos y plantillas con sus rivales les sacaría de la pelea. Eso mismo le afligiría al conjunto catalán reestructurado por Quique Flores. El técnico exhibió una capacidad sobresaliente para exprimir los recursos y rozó la gesta. Y los vigueses eligieron, en la despedida de Berizzo, lanzarse a por una histórica aventura europea, sacrificando su despliegue liguero mientras que Iago Aspas (18 goles) se ganaría la internacionalidad.

Así pues, el Submarino (que cambió a Marcelino por Escribá en un giro abrupto y selló el quinto puesto ante el Valencia y en Mestalla), los txuri urdin (guiados tanto por Vela como por Rulli, con Oyarzabal, Illarra y con los laterales resplandeciendo) y los leones (con Aduriz insultantemente incombustible, Raúl García efectivo e industrial y un Williams ya asentado) serán, en principio, los representantes españoles en la antigua UEFA.

El Valencia ejerce como nexo entre batallas. Los de Mestalla, que intercambiaron entrenadores con distinguida alegría, navegaron al borde del abismo social, institucional y deportivo hasta que Voro tomó el timón y los jugadores entendieron que era su obligación compactarse y salvar al club. La llegada de Zaza y Orellana ayudó a alcanzar la calma y, a partir de ahí se desató una suerte de casting por el que un buen puñado de jugadores trataron de reivindicarse en busca de una renovación, un no despido o una buena oferta de traslado. Y es que un rendimiento tan pobre como el que ofrecieron durante dos tercios del curso se antojaba casi imposible de maquillar. Diego Alves ensanchó su mochila de penaltis parados, Parejo añadió poca constancia a su creatividad y Gayá no salió de un círculo de lesiones en una temporada que se anunciaba como la del salto hacia metas mayores y terminó en fiasco.

La huida del descenso se cobró este curso un buen racimo de entrenadores. Lo cierto es que Betis, Leganés y Deportivo acometieron una larga travesía hasta despegarse de las llamas en las que quedaron fundidos Granada, Osasuna y Sporting. Los de Heliópolis contrataron a Víctor para desanudar su deriva. Con Dani Ceballos, Piccini, Durmissi, Adán y Rubén Castro como únicas noticias positivas, el técnico cumplió su trabajo, pero con el equipo salvado sobrevino una racha infame de resultados que sacó del banquillo al artífice del renacimiento, a dos jornadas del final. Para pepineros y coruñeses su recogida de respiro conllevaría algo más de agonía. Los segundos contrataron a Pepe Mel y el entrenador convulsionó a una plantilla talentosa (Emre Çolak sobresalió) para llevarle a la orilla; los primeros, con Szymanowski como estrella, cumplieron el sueño de mantenerse en la élite gracias a la mano de Garitano, un preparador notable.

Por último, los granadinos tocaron fondo tras manejar tres entrenadores, el último Tony Adams (cero puntos sumados), en la quiebra de un proyecto tan ambicioso como poco claro. Finalizarían como farillo rojo. En las últimas jornadas arrebataron esa posición a un Osasuna descendido de forma irremisible con precocidad. De él se extrae el talento del delantero Sergio León. Y los asturianos nunca recuperaron la competitividad perdida con la salida de Abelardo, el héroe que les subió a Primera. El Molinón despidió con una sonora pitada al equipo con mayor calidad técnica de los relegados a la categoría inferior (Burgui no es jugador de Segunda). Además, nombres como Marcos Llorente, Roque Mesa (líderes en recuperaciones de balón), Sandro y Fornals (abanderados de la reacción malacitana apadrinada por Míchel en una recta final de campeonato imponente que pudo con Barça, Sevilla y Real Sociedad), Bakambu, Iborra, Deyverson, Adrián González, Theo (tridente del sorprendente Alavés), Piatti, Andone, Carlos Soler, Sergio Rico o Escudero restallaron en el año futbolístico que se apaga.